Visitas de las páginas en total

Mostrando entradas con la etiqueta We are all strangers (2026). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta We are all strangers (2026). Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de octubre de 2026

Seminci 26. Día 4

Lunes de resurrección 




En la presentación a la prensa en el Salón de los Espejos nos informan de que “La violinista” es la segunda obra de animación que participa en la liza por la Espiga de Oro en los 71 años de historia de Seminci. Me gustan esas estructuras en las que arrancan con un misterio que alguien se empeña en descubrir. Recuerden el señero inicio de «Ciudadado Kane» y la pronunciación de una misteriosa palabra, «Rosebud», y la posterior investigación por saber qué significaba. Aquí tenemos a un periodista valenciano que asiste a un concierto en Singapur. En lugar de entrevistar al joven primer violinista de la orquesta, el periodista sale del concierto al ver salir a una señora mayor, que resulta ser una violinista famosa que lleva cuarenta años tocando el mismo violín. ¿Por qué? El periodista le lleva una foto de muy joven junto a un amigo de infancia que vivió y estudió violín como ella. ¿Qué fue de él? ¿Por qué se separaron? 

El singapurense Ervin Han y el español Raúl Garcia nos relatan a través de la anciana violinista en un largo flashback las vicisitudes de esta relación rota por la II Guerra Mundial. Creo que el arco temporal que abarca la película es su gran lastre: desde la década de 1930 hasta los años ochenta. Eso y el recorrido por los múltiples conflictos que asisten los protagonistas que viven en Singapur, incluida en lo que antes fue la Malasia Británica.

Con un dibujo de marchamo europeo en dos dimensiones, aunque con movimientos de “cámara” que permite hoy en día las tecnologías digitales, la narración peca de ser un tanto convencional. Una pena que tanto trabajo en los cuidados planos se vea perjudicado por unas voces en español que no me convencen. Eso sí, tiene un final emotivo que hará que más de uno derrame alguna lágrima. 



Se agradece muy mucho que un festival tan de autor programe de vez en cuando una comedia y, si es de calidad como la que he visto en el Calderón, miel sobre hojuelas. «A Good Little Soldier» es un drama revestido de una capa carcajeante de humor. Es difícil que el público de la Seminci suelte la risa de la jaula de esa corrección política. Allá ellos. El filme de Stéphane arranca con una escena antológica (creo que alberga muchas más): el plantel ejecutivo de una empresa de seguros Amelí analiza la propuesta de una agencia de publicidad. Se trata de un anuncio de empresa en el que todos los que aparecen son trabajadores discapacitados. Tras una serie de loas, el jefe, magnífico Vincent Lindon, carga contra todas esas ideas bien pensantes de los ejecutivos, pues tras ver el anuncio lleno de cuerpos mutulados, parapléjicos, cojos, mancos… le entra una verdadera angustia. Y los accionistas no están para ver perder dinero. Urge cambiar la propuesta. Ahí entra Carla, (magnifica Alba Rohrwacher) una ejecutiva que dirige los Recursos humanos de la empresa. Se verá obligada a tomar decisiones cada vez más comprometidas para su estabilidad mental y familiar. 

«A Good Little Soldier» es una propuesta que, a medida que la disfrutas, también la sufres al ver cómo los personajes se ven inquisitoriamente  sometidos a un guion magnífico, con escenas que sonrojarán a muchas de esas empresas que se dedican a desarrollar actividades para mejorar las relaciones humanas entre los trabajadores. Delirantes los ejercicios motivacionales y de buen rollitoa que se ven sometidos los que allí trabajan. Algo que al parecer, estando en un sistema de producción capitalista, parece que según Brizé es imposible. Al menos esa parece decir. Pero ese mensaje está debajo de la alfombra del vestíbulo de Amelí, sin abultar mucho.



La tarde siguió gozosa a pesar de que el Teatro Cervantes no reúne las condiciones para un festival de este prestigio. Allí vi «Talento para matar». Supongo que a estas alturas, no habrá que presentar a la escritora norteamericana Patricia Highsmith. Famosa por la adaptación que hizo Hitchcock de «Extraños en un tren» y, sobre todo, por las cinco novelas cuyo protagonista Tom Ripley la hizo famosa y rica. 

Ella es la coprotagonista (excelente encarnación de Hellen Mirren) del filme de Antón Corbijn, junto a un joven editor (Alden Ehrenreich, seductor nato), el cual viene a los Alpes suizos donde Patricia vive para cumplir con la misión de convencerla de que escriba su sexta novela con el personaje de Ripley, un alter ego más guapo y exitoso con las mujeres de lo que posiblemente lo fue ella. 

«Talento para matar» se disfruta sin mirar el reloj. Es un juego en el que la vida y la ficción parecen mezclarse. Patricia Highsmith en un momento mira la máquina de escribir, pues está atascada. La llegada del editor se convertirá en un toma y daca donde cada uno querrá obtener del otro lo que desea: ella salir del atasco creativo; él, seducirla como hacía Ripley con sus “víctimas” para obtener la firma del contrato de publicación de una nueva novela.

 Se nota que procede de una obra de teatro (titulada «Switzerland») a pesar de que haya un esfuerzo por airearla y convertirla en filme. La única pega es que Anton Corbijn no dota de autoría a esta entretenida y eficaz película. Y de ahí que me sorprenda su incursión en la S.O., eso sí, fuera de concurso. 




Por último, la prueba de 158 minutos vino de Singapur. Ha gustado en general “We are all strangers” de Anthony Chen. Dicen que es una de las películas más conmovedoras del año y, por lo que pude escuchar a la salida del Cervantes, se confirmaba la sensación de que Chen logra por momentos notas de una gran belleza sencilla y emotiva. Se narra la historia de una familia: el padre lleva un pequeño restaurante de calle especializado en fideos Hokkien; el hijo está alistado en el ejército. Asistimos en una narrativa alterna el doble enamoramiento de ambos. Bellísimo el momento en que el padre invita por primera vez a una camarera que trabaja al lado de su puesto a salir ¡en un viaje en autobús porque tiene aire acondicionado y afuera hace mucho calor! Chen logra perlar las vicisitudes de esta familia con frases lapidarias en ocasiones o situaciones que te encoge el corazón. No falta la crítica soterrada a una sociedad opulenta como es la de Singapur, en donde siempre existirán personas –como los protagonistas de esta película- que acaben siendo excluidas de tal opulencia. 

ÚLTIMO ARTÍCULO PUBLICADO:

Seminci 26. Día 7

Jueves de pasión (de sufrimiento, aclaro) Tras haber asistido al visionado de anteriores propuestas del cine español en la Seminci (alguna d...

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS