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domingo, 15 de febrero de 2026

14 de febrero, día de...

Cafestore Lopidana Francia 

 

  


 

 Hoy les podría hablar de algunas películas del género romántico (¿o será subgénero dentro del género drama?), pero creo que lo que estoy viendo podría convertirse en argumento para un corto antirromántico

Veamos. Estoy sentado en una cafetería de esas que hay en zonas para echar gasolina, un pis y, si se tercia, una siesta. Está en el Área de Servicio Lopidana Francia; enfrente su gemela, el Área de Servicio Lopidana Madrid. Como ven lo de Francia y Madrid nos aclara el sentido de la carretera. 

Dentro, en el frontal de la barra, “Cafestore”. Ya saben que si no lo ponen en inglés el pincho o el café, it would stop being worth an arm and a leg* Ahí están los camareros, con cara de pocos amigos (como si les hubieran dejado este día la pareja). Al lado del rótulo “Cafestore”, un texto ocurrente de algún publicista: “¿Nada más? ¡Ni nada menos!” Ya me lo imagino con un bolígrafo entre sus dientes imaginando con sonrisa autocomplaciente la escena: el barman preguntando tras servir el café, "¿nada más?"; el cliente exclamando dichoso, "¡ni nada menos!"

Afuera un día de perros, como si los ángeles tuvieran incontinencia urinaria tras haber flechado a casi todo dios. Entra el frío por la dichosa puerta automática (me cago en los ingenieros que diseñaron esa mierda, con lo bien que funcionan las puertas con muelles de toda la vida) y me siento en el lugar más alejado del frío siberiano de la llanada alavesa. 

La camarera me pregunta qué va a ser. Y tras mirar la carta con opciones que hacen del McDonald un antro donde sirven comida delicatessen, le pido algo que no arriesgue mi salud, aunque no así mi bolsillo. 

El atraco es a mano sin armar (estamos en la época de Pedro Sánchez y los robos se hacen sin violencia pero con convicción de que no lo son). El bocadillo de pan de mármol (nada de Ferrara, créanme) con un vomito de atún de lata y dos trozos de, ¡ay!, pimientos de… China me cuesta 7,25 €. En el ticket lo denominan Boc. Cantábrico. Mayor sorna no puede haber, ¿no? Para pasar el mármol de Ferrara pido una Coca Cola con un hielo para fastidiar, pues la temperatura no supera los 6ºC afuera, aunque dentro no variará mucho más. Lo que me apetece es un caldo bien caliente mientras la puta puerta corredera se abre y se abre al salir y al entrar más cándidos pardillos que osan hacer parada. Me doy cuenta de que en el Oeste las paradas y fondas tenían más dignidad y calidad que estos antros fundados por Repsol o cualquier otra empresa que ven la oportunidad de sablearte al tomar un café mientras cargas combustible. Vean cualquier película de John Ford o Anthony Mann.Total que pago 9,85 € y me cago en Arlete, que es la camarera que me ha atendido según indica el comprobante.

Me siento junto a una fachada de cristal. ¿Y creen ustedes que desde ese gran ventanal puedo disfrutar al menos del desenfreno de torrencial lluvia que este día de San Valentín me ofrece? El diseñador de "Cafestore" pensó que por las tardes el sol caería a plomo por ese lado y tuvo la ocurrencia de poner una especie de vinilo de protección solar. Así que la imagen que tengo es la de un cristal con perforaciones minúsculas por donde ver la A-1 al fondo y los autos aparcados en primera línea. 

 Mientras trato de no dejar ninguna pieza dental en el bocata, observo que en la pared lateral de la barra, sobre fondo negro, se revela un texto que dice: "¡Qué difícil es elegir cuando te gusta todo!" El publicista tiene la mordacidad de poner "todo" en una tipografía de cuerpo mayor que el resto. Me quedo rememorando las raciones que había en las vitrinas refrigeradas de la barra. Y ese "todo" se me cae a los pies.

 Doy un trago a la Coca Cola para pasar la pulga. Delante de mí, a mano izquierda, un par de mujeres de atrezzo frente a frente disfrutan de una opípara comida. La que tengo delante de mí viste un polo blanco que cubre unas tetas como las de Maria Antonietta Beluzzi en Amarcord (la estanquera que abraza al joven fascinado por su voluptuosidad), pantalón de chándal azul oscuro y un pelo otoñal grasiento y sin ir a la peluquería demasiado tiempo. Sobre la mesa, tan sólo atisbo dos vasos y una botella de plástico de agua embotellada. Doy fin al bocata de atún mientras pienso que Beluzzi (no la Bellucci) tiene una cara regordeta coloreada con unas cejas que, al mirarla, ningún querubín querría asaetearla ni en el día de san Valentín. 

 Ustedes se preguntarán qué hago en una estación de servicio de la autovía A1 cerca de Vitoria-Gasteiz en el día de los enamorados: huir. En lo que me queda de vida, habrá una imagen que me perseguirá: la de mi hijo pequeño de seis años preguntándome desde la puerta de la habitación de casa "¿qué has hecho, aitá?" Y yo con el cuchillo en la mano; y ella postrada sobre un charco de sangre, sin hilo de vida al que agarrarse.

Ya vienen. La sirena apagada, las luces de la patrulla encendidas. Apenas las puedo vislumbrar a través del ventanal por el maldito vinilo protector. Ya entran, diligentes a proceder al arresto. "No arme escándalo", me ordena uno de los agentes, mientras el otro queda más atrás. Me agarra del brazo y me sacan afuera. Apenas Antonietta Beluzzi se da cuenta de lo que pasa al levantar la mirada del móvil y me dirige una mirada entre admirativa (el mal siempre seduce a los perdedores) y sorprendida.

En el exterior, mi rostro queda bañado por las gotas de lluvia entremezcladas por alguna lágrima furtiva por el amor que fue y ya no lo es en el día de san Valentín. Y cuando me introducen en el auto patrulla, el director de la escena al fin exclama: "¡Corten!" Y yo todavía con trozos de la pulga con vómito a atún en el fondo del paladar.

 

domingo, 1 de febrero de 2026

La importancia del sonido

Muere Fernando Esteso, un cómico grande, único y libre 





Llega una edad en la que las conversaciones con tus coetáneos se visten de luto, sufrimiento y penalidades diversas. ¡Bendita infancia! Esta mañana mientras degustaba una magdalena de sexo convexo, mojada en el café, me dispuse a escuchar por la radio la final del Open de Australia entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic, 16 años de diferencia, la juventud versus la madurez deportiva. 

Quien haya leído un relato breve titulado Por un bistec, escrito por Jack London, recordará que trata de un boxeador llamado Tom King al que le ofrecen un combate de boxeo contra un joven venido de Nueva Zelanda, donde gozaba de gran popularidad. Pero como en Australia no le conocen, le enfrentan con el viejo Tom King, ya en franco declive.

En la radio no es frecuente que transmitan un partido completo de tenis. Así que los locutores se las ven y se las desean para narrar el intercambio de raquetazos entre Djokovic y Alcaraz. El primer set cae del lado del serbio y, por un momento, parece como si llegar a los 25 Grand Slam a sus 38 años estuviera al alcance de su raqueta.

En Por un bistec, Tom King es el único de la familia que ha podido comer un plato de gachas antes del combate. Había mandado a los niños a la cama antes de la hora acostumbrada para que con el sueño no recordaran que no habían cenado. Nadie le había querido fiar para poder tomar un bistec antes del crucial combate. Era un viejo que sólo quería ganar una bolsa para pagar al casero y a los tenderos.

El Open de Australia de esta mañana no se teñía del dramatismo de la pobreza ni de la necesidad acuciante en que transcurría el relato de London, pero sí se mascaba el dramatismo por la gesta heroica de saber si Djokovic se erigía no ya como el tenista con mayor número de Grand Slam, sino si lograría superar a Margaret Court, tenista con la que empataba en títulos y, lo más importante, si lograba vencer a la Juventud.

A Carlitos Alcaraz las cosas no le iban bien en ese primer set. Algún comentarista revelaba lo que podía ser la clave del partido: «Si Carlos logra alargar el partido a cinco sets, entonces más probabilidades tendrá de que la final caiga de su lado».

Al boxeador Tom King, mientras acudía andando dos millas al Gayety Club donde tendría lugar el combate, le vino a la memoria «la imagen de la juventud, de la juventud gloriosa, pujante, exultante e invencible, la juventud de músculos ágiles y piel satinada, de corazón y pulmones que no conocían la fatiga, de la juventud que reía del ahorro del esfuerzo»

Djokovic sabía que tenía que golpear desde el principio y lo hizo. Pero después, Carlos Alcaraz lograba ganar el segundo set por 6-2 y dar la vuelta al partido en el tercero imponiéndose por 6-3. No sé en qué momento, tal vez cuando me alejaba de la radio ubicada sobre la mesa de la cocina, haciendo quehaceres hogareños, me percaté de algo: aunque no lograba entender las palabras de los locutores con nitidez, me iba dando cuenta de qué lado caían los puntos. La explosión de júbilo del público asistente en el Rod Laver Arena era más intensa cuando el serbio Nole lograba ganar un punto que cuando el de El Palmar lo sumaba. Bueno, Novak es el rey de Australia (10 títulos) frente a un veinteañero que no lo había logrado ganar todavía. El cariño del público estaba claro.

El sonido es mucho más sugerente que la imagen, es más connotativo frente a la imagen, que es habitualmente más denotativa. Y ahí me quedé pensando en ello mientras sostenía la escoba entre las manos y el griterío me connotaba que el público quería que la Vejez se impusiera ante la Juventud. El sonido en muchos casos transmite emociones, sensaciones y contextos más allá de su significado literal. Un sonido puede tener una connotación emocional: por ejemplo, el sonido de un trueno puede connotar peligro, tensión o incluso terror, dependiendo del contexto; las notas o acordes pueden crear una atmósfera, transmitir melancolía, alegría, ansiedad, etc. El sonido grave de un violonchelo puede connotar seriedad o tristeza.  Así que, en general, el sonido suele apelar más a lo emocional, simbólico o abstracto, que a lo literal. Esa es la fuerza, su poder. 





En el cine recuerdo una película vista en la Seminci titulada The Guilty (2018) del danés Gustav Möller sobre un oficial de policía que ha sido relegado a operador del servicio de emergencias. Durante un turno de noche recibe la llamada de una mujer que está en una situación delicada, pues dice estar secuestrada en un auto por su marido. Möller tiene el acierto de que durante los 85 minutos que dura la historia jamás traslada la cámara ni el punto de vista a otro lugar que no sea la propia sala de emergencias donde está el agente. La conversación y los ruidos que oímos a través de los auriculares del policía es connotativo, nos impele a imaginarnos la situación desesperada en la que vive la protagonista. Es la fuerza del sonido ausente de toda imagen que le acompañe. La pueden ver en RTVE gratis por si quieren comprobarlo.

La fórmula se repite en otra película que se ha estrenado hace tiempo en salas y que está nominada este año a Mejor Película Internacional en los Oscar. Se trata de La voz de Hind de la tunecina Kaouther Ben Hania. Relata cómo el 29 de enero de 2024 los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia. Se trata de una niña de seis años que está atrapada en un coche en Gaza que ha recibido el fuego del ejército israelí y suplica ser rescatada. Se da la circunstancia de que Ben Hania no tiene el menor escrúpulo de haber utilizado las grabaciones auténticas de la voz de Hind Rajab como material de audio para su obra. Ben Hania, como ya lo hiciera Möller, no abandona la sala de emergencias y se vale del sonido y de las palabras de la niña para connotarnos su situación dramática.

El partido entre Djokovic y Alcaraz afronta el cuarto set. En esos momentos, se ve interrumpido por un boletín informativo de la SER en el que se nos informa de que el actor Fernando Esteso ha fallecido a los 80 años. El cómico llevaba dos días ingresado en el hospital universitario de La Fe por una insuficiencia respiratoria. Fue conocido en los ochenta por rodar películas de carácter machista junto a Andrés Pajares.

Ya en el informativo de las 14:00, Aida Bao nos hacía un breve: «Lo hemos confirmado apenas hace una hora, ha muerto Fernando Esteso, famoso actor del destape a los 80 años. Alcanzó la fama en las décadas de los 70 y 80 junto a Andrés Pajares con el que formó dúo cómico. Esteso nació el 14 de enero de 1945 en Zaragoza y ha muerto esta madrugada en Valencia a los 80 años. Hacía tiempo que tenía problemas respiratorios».

El cuarto set caía del lado de la Juventud. Alcaraz se imponía a la Vejez por 7-5 y ganaba por primera vez el Open de Australia.

Con la imagen evanescente de Esteso imitando a voces de cantantes de los 70 en RTVE, me vino a la cabeza mientras notaba en mi cuerpo la artrosis en las muñecas, el dolor de espalda y la polaquiuria, aquellas palabras del relato de Jack London: «Sí, la juventud era Némesis, la diosa de la venganza. Destruía a los viejos sin darse cuenta de que al hacerlo se destruía a sí misma. Se dilataba las arterias y se aplastaba los nudillos, y con el tiempo era a su vez destruida por la juventud. Porque la juventud era siempre joven; sólo envejecía la vejez».

Y ahora escuchaba por la radio el júbilo de los locutores, la exaltación de Alcaraz, el griterío de parte del público del Rod Laver Arena y las palabras exultantes de sus más allegados que creía verlos abrazarse a él. Es lo que tiene la radio, que es connotativa. Y Tom King, a su regreso al hogar, no llevaba en los bolsillos ni un sólo centavo. Se hacía viejo. Lo más duro, pensaba, mucho más que haber perdido el combate, era comunicarle a su mujer el resultado. 

Y en la lápida sonora de la SER, la infamia de reducir a Fernando Esteso, vencido por la Vejez, como un cómico que hizo películas machistas y adquirió fama por ser actor del destape. D.E.P... la SER.



domingo, 18 de enero de 2026

Los Soprano

 Charles Foster Kane homenajeado en Los Soprano

  


 

No me gusta ver series —sobre todo si se tiran varias temporadas—, ni suelo verlas. Lo mejor es esperar a que pongan lo que antes en el cine era el rótulo de The End y, entonces, si merecen la pena, intentarlo. Dense cuenta de que la vida es muy corta, aunque cuando se está en la veintena uno tiene la distorsión juvenil de que hay que quemar gasolina sin temor a agotar las reservas de la Shell o Exxon juntas. 

El caso de Los Soprano (The Sopranos, 1999-2007) de David Chase, creador y coguionista, consta de seis temporadas de 86 episodios en total. He hecho un cálculo sencillo: si cada episodio son 50 minutos aproximadamente, entonces ver Los Soprano es como si hubieras ido al cine a ver unas 36 películas de dos horas. ¿Ven lo que les digo?

Así que de ver series, trato de ser muy selectivo: Breaking Bad, Juego de Tronos, Chernobyl, Black Mirror (esta no es realmente una serie), House of Cards o la danesa Borgen, junto a las españolas que no desmerecen para nada las anteriores, Patria y Antidisturbios, son las excepciones a mi frase "ni suelo ni me gustan las series".

Como me gusta escribir sobre el Cine, sí con mayúsculas, y busco como sabueso en cualquier lugar y tiempo piezas de caza que pueda mostrar en este cuartito bloguero de cazador, pues lo he hallado en Los Soprano. Esta serie de HBO, de las más reputadas entre los seriéfilos, trata de una familia de mafiosos italoamericana de Nueva Jersey encabezada por Tony Soprano. El actor que lo encarnaba, James Gandolfini fallecido a las 51 primaveras, nos guiaba por los escenarios tanto de su vida familiar como laboral, con paradas a lo Woody Allen en la consulta de la hermosa (¡cuántas veces me habré quedado mirando sus piernas y tener que darle al rewind para volver a poner atención a la conversación!) psiquiatra Jennifer Melfi (Lorraine Braco).

Las dos escenas que les traigo, como si de dos piezas de caza mayor se trataran, están en la segunda entrega de la temporada 5ª, que lleva por título otro guiño cinéfilo —no por casualidad, como suele pasar en este magnífico guion—: Rat Pack, alusión al grupo de artistas de los cincuenta y sesenta del s. XX formado por Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr. entre otros. 

Pues bien, Carmela Soprano, la esposa de Tony Soprano, invita a sus amigas (entre ellas a su cuñada Janice) a su casoplón, donde tiene montada una salita para proyecciones de cine en VHS. ¡No había llegado el digital todavía! 

—Aquí está, la primera en la lista de las mejores películas nacionales del Instituto de Cine Norteamericano, Ciudadano Kane —comenta Janice mientras saca el vídeo del estuche.

—¡Dios, es en blanco y negro! —exclama una del grupo a punto de salirle un sarpullido.

—¡Oh!, eso es lo que se pretende en un cineclub de cine: probar cosas nuevas —dice Carmela Soprano mientras abre una guía de cine de 2004—. Ahora veamos a modo de introducción qué dice Leonard Maltin. 'Un filme que rompió todas las normas e inventó algunas nuevas. La cinematografía, la música y el guion ganador de un Oscar de Welles y Herman no sé qué son de primer orden'.

En el arranque de la proyección hay un aviso de que el FBI advierte de que la difusión, alquiler y demás zarandajas están prohibidas sin el permiso del dueño del copyright. Si ven el capítulo sabrán que el FBI está al acecho sobre Tony Soprano y demás miembros que conforman la famiglia. Así que como ven todo está hilado.

Acaba la proyección y la novia de Christopher Moltisanti, primo de Tony, nos hace spoiler de la película de Ciudadano Kane:

—Bueno, así que era un trineo, ¿eh? Debería habérmelo dicho alguien.

—Creo que es fascinante que el hombre tuviera todas esas cosas —en alusión al protagonista de la película, Foster Kane, magnate de medios de comunicación—, pero no sé, que muriera solo sin nada ni nadie.

—¡Qué tío! 'Tú pones los titulares, yo pondré la guerra' —rememora otra sobre el poder de Kane—. ¡Era un creído!

La verdad es que como película... —dice una.

—Es muy buena —concluye Carmela. 

Se hace un silencio incómodo. El coloquio de cineclub parece que no dar más de sí. Y entonces las mujeres vuelven a su mundo real:

—¿No os he contado que vi a Laura Basi en el probador de Loehmann's? Seguro que se ha hecho un arreglo. Una talla más de pecho y un lifting.

—Bueno, dijo que estaba reformando el piso de arriba, pero no tenía ni idea. (Risas).

La segunda escena completa la anterior, con un poco de humor sobre los personajes. Volvemos al mismo escenario y con las mismas mujeres, que se reúnen en torno a un picoteo. Un matiz, Toni Soprano, en pleno proceso de divorcio de su mujer Carmela, se ha llevado el aparato reproductor de vídeo, así que no hay sesión de cineclub.

—Francamente, Carmela, esto es mucho mejor que ver Casablanca —se sincera una.

(Evidentemente, la situación no da para romanticismos como la película de Bogart y Bergman).

—De todos modos no necesitaba volver a verla. Aunque eso mate a Tony, recuperaré el equipo para la próxima vez. ¿Cuál es la siguiente en la lista? —pregunta Carmela, que se está divorciando.

—Número tres, El padrino —lee de la guía de cine de Leonard Maltin su cuñada.

En Rat Pack ven Ciudadano Kane por motivos simbólicos, no por casualidad. La serie recurre a menudo al cine para explicar a sus personajes. En este caso Tony se identifica con Charles Foster Kane, un hombre poderoso como el mafioso, que lo tiene todo pero está sólo y vacío. Tony en este punto de la historia se encuentra en un punto parecido, con poder, dinero y respeto, pero cada vez más aislado y desconfiado. La película es un espejo de Tony.

Ciudadano Kane me fascinó desde muy joven, pues se trataba de la pérdida de la infancia  —yo que era un recién náufrago abandonando ese paraíso—, simbolizado en el trineo. En el capítulo Rat Pack se refuerza la idea de que muchos problemas de Tony provienen de su infancia y su madre, algo que está presente a lo largo de los capítulos con la visita asidua a la psiquiatra. Recordemos que Foster Kane es entregado a un tutor legal por su propia madre (¡), el banquero Walter Parks Thatcher, para que lo críe y administre la fortuna que herederá, arrebatado así de su infancia y de su hogar afectivo con sus tíos que lo habían acogido. 

Por último, no querría dejar de comentar el título del episodio. La ironía surge de que los integrantes del Rat Pack original simbolizaban la amistad y la lealtad, algo que no ocurre en el grupo de mafiosos, que desconfían constantemente uno de otros, e incluso tienen confidentes policiales dentro del mismo.

Así que ya saben, Ciudadano Kane refuerza el mensaje del capítulo, pues el poder absoluto conduce al aislamiento, y la verdadera pérdida no es el dinero ni el imperio, sino la capacidad de confiar y amar. Los seres dañados desde la infancia tienden a ello. Como Foster Kane o Tony Soprano. 

 

miércoles, 14 de enero de 2026

Goyas: lectura de candidaturas 2026

Los invitados esperados asistieron a La cena


Los domingos y Sîrat se medirán frente a frente en la 40ª edición de los Goya, mientras que Maspalomas, La cena y Sorda asistirán de comparsas en el apartado de Mejor Película


Las súplicas de la monja de clausura se cumplieron: 13 nominaciones para Los domingos



El próximo día 28 de febrero si se asoman por la tele pública, la estatal o nacional, y aguantan con un cubata en la mano hasta la una y pico de la madrugada, sabrán que Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa habrá sido la ganadora de la 40ª edición de los Premios Goya, con permiso de Sirat: trance en el desierto.

Ayer martes, mi admirado Arturo Valls (admirado por encarnar a Jesús Quesada en Cámera Café y pare usted de contar) y la tinerfeña licenciada en Derecho, Toni Acosta, (su nombre real es Antonia del Carmen Acosta León, como ven mejor abreviar) dieron lectura a los aspirantes a los Goya en las 28 categorías desde la Academia de Cine que, junto al Goya de Honor al cineasta Gonzalo Suárez (¿para cuándo uno para José Luis Garci?) conformarán el menú de esta 40ª edición.

Se les notaba a Valls y a Acosta cierta emoción en la lectura (ambos tenían remotísimas posibilidades de ser nominados, ella por Padre no hay más que uno 5; él por Los futbolísimos 2) y fueron perlando la monotonía de la lectura por categorías con chistes improvisados: «Lo estamos haciendo bien, ¿no?», ella. «Yo creo que sí. Se nos está entendiendo muy bien», él. «Sabes leer», ella. «Que no me salgan los nombres en euskera, por favor», él.

En esta edición se han inscrito un total de 218 largometrajes, de los que 122 son de ficción (se nota la abundancia de subvenciones públicas y desgravaciones fiscales para tanta sopa caliente Starlux que nadie probará), 87 son documentales (esos ya ni se ponen en La 2) y 9 de animación (animada la cosa en esta sección no está). Estos fueron los datos objetivos que Toni Acosta, honrando a su generación de la cincuentena al ponerse las gafas para la lectura de cerca, con una dicción poco canaria y bien audible nos pudo dar al inicio. Completó la información afirmando que de los 218 largos, 67 son óperas primas (pocos de esos volverán a rodar de nuevo), 129 guiones originales y 42 son guiones adaptados. 

Como lo más interesante se lee al final, como mal periodista también lo pongo al final. No vaya a ser que sólo lean el titular y la entradilla y pasen a otra cosa mariposa, como hacen los jóvenes millennials, otra cagarruta anglosajona. Pues bien, las cinco películas que aspiran al Goya a Mejor Película son: Los domingos dirigida por Alauda Ruiz de Azúa; Maspalomas dirigida a cuatro manos por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga; Sirât, trance en el desierto de Oliver Laxe; La cena de Manuel Gómez Pereira y, por último, Sorda dirigida por Eva Libertad. 

Llama la atención que en ese quinteto se haya colado una comedia como La cena, una adaptación al cine de la obra teatral del dramaturgo José Luis Alonso de Santos, La cena de los generales. La ha rodado un director abonado a ese género (tan noble y difícil) y mediocre como es Manuel Gómez Pereira, de cuya filmografía menciono títulos tan significativos de lo que se gasta como son Todos los hombres son iguales (1994), Salsa rosa (1991) o Entre las piernas (1999). 

Además del tema de la Guerra Civil en tono de comedia negra, el asunto de la intolerancia y la intransigencia aparece en Los domingos, la homosexualidad y la vejez en Maspalomas (a ella le daría el Goya), la insania trágica en un trampantojo como es Sîrat, y otra peli más sobre la discapacidad (esta vez auditiva) como es el caso de la revelación de Sorda.


Maspalomas, otro intento (¿fallido?) de lograr el Goya a Mejor Película



En cuanto a los directores sorprende saber que dos de las películas nominadas al premio gordo no tienen su réplica en la sección de Mejor Dirección: son Eva Libertad (aparece, en cambio, en Mejor Dirección Novel) y Manuel Gómez Pereira. 
 
Así, un año más se irán de vacío los vascos Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga (por mucho que diga este que "ha sido un año muy bueno para el cine vasco. Cada vez hay una cinematografía más descentralizada y es un fenómeno que afecta a todas las regiones"); la baracaldesa Alauda Ruiz de Azúa (que se convertirá en la cuarta mujer en ganar este galardón), la catalana Carla Simón, que sustituye a Eva Libertad por ser ésta directora novel, y los dos enfant terribles sucesores de Buñuel y Almodóvar como son Oliver Laxe y Albert Serra, cuya Tardes de soledad, por cierto, no ha podido estar en Mejor Película y sí está en Mejor Documental. Cosas de la Academia, o mejor, de los académicos.

Vamos con el morbo del careto de los actores que se les pone al saberse nominados y al instante perdedores salvo uno. En cuestión de Mejor Actor, sólo hay uno que puede hacerle algo de sombra al que ganará (Jose Ramón Soroiz). Se trata de Mario Casas por Muy lejos, otra peli curiosamente de temática gay (los actores heteros sacando esa parte oculta se les da muy bien al parecer). Si estuviéramos en Jolivú, habría manifas alrededor del Kodak Theather o manis digitales por las redes sociales quejándose de por qué un hetero hace de gay. Cosas de los sudnorteamericanos (manera muy mía de referirme a EE.UU.). Los demás irán ensayando el rictus de rigor: sonrisa estirada no más de los segundos en que les enfoca la cámara de La 1 (antes la televisión de todos, ahora de la mitad): Alberto San Juan por La cena, Miguel Garcés por Los domingos y Manolo Solo por la muy notable Una quinta portuguesa (si digo notable, es para hacerles una recomendación, ¿lo pillan?).

Y el morbo femenino. Estas lo tienen más fácil de haberse inoculado bótox previamente, lo de la sonrisa perdedora me refiero. Aquí puede que la cosa esté más reñida y el resultado arroje algo de emoción: dos vitorianas como son Patricia López Arnaiz por Los domingos (que lleva tres años seguidos logrando estar nominada, ahí es nada) y Susana Abaitua por Un fantasma en la batalla; las barcelonesas Ángela Cervantes por La furia y Nora Navas por Mi amiga Eva (Nora como el Guadiana, siempre aparece con alguna candidatura interpretativa de vez en cuando, o tiene una agencia de lobbystas en Cataluña) y, por último, la chilena Antonia Zegers por Los tortuga.

En definitiva, podemos indicar que el grado de mayor a menor satisfacción colectiva según proyectos de rodaje ha sido el siguiente: con 13 nominaciones, Los Domingos es la película más nominada, seguida de Sirât, con 11 opciones a galardón. Por su parte, Maspalomas cuenta con 9 nominaciones y La cena con 8 opciones a galardón; mientras que Sorda, El cautivo y Los Tigres tienen 7 nominaciones cada una; Romería ha logrado 6 nominaciones y Ciudad sin sueño cuenta con 5 nominaciones. 

Resto de candidaturas en este enlace:



domingo, 14 de diciembre de 2025

Premios Forqué 2025

 Empiezo a preferir Los lunes

 

 

 

 

Algún día me meterán en la cárcel. Más pronto que tarde, ya verán. No me importa mucho: tienes catre, comida caliente y una vida ordenada y disciplinada. Algo así como una vida monacal, pero sin Cristo ni Dios de por medio. Y encima gratis, a costa del erario público. Se preguntarán por qué. Verán, desde hace ya bastantes años llevo viajando en el metro de Bilbao. Y tengo una colección de fotos robadas de personas que viajan a mi lado en el vagón. Son viajeros que cumplen una única condición: leen en papel, ya bien sean libros, periódicos (los menos), páginas volanderas, cuadernos de apuntes, etc. Ustedes se preguntarán el porqué. No es obsesión, sino la necesidad de fijar algo que, me temo, ya está en vías de extinción.

Esta mañana, de regreso a casa, he inmortalizado a una mujer joven: gabardina beige, medias negras tupidas, playeras blancas con franjas negras y un bolsón colgado del hombro. Me llamó la atención por ser oriental, coreana probablemente. Lo sé por haber visto películas de directores coreanos como Bong Joon-ho, Hong Sang-soo o Park Chan-wook. Tenía en sus manos un libro en castellano. Lo supe porque mi mirada ávida rastreó las páginas hasta averiguar el idioma. Lo que hizo que, con disimulo, cogiese el móvil y la fotografiase es que pasaba las páginas e iba poniendo esas etiquetas adhesivas o marcadores de colores de una manera casi impulsiva sobre las hojas. Me preguntaba para qué necesitaba gastar dos lotes de colores distintos en los márgenes del libro. 

Cuando estuve a punto de preguntárselo, cosa harto arriesgada hoy en día porque puede considerarse violencia de género a poco que se tuerzan las cosas, algo desvió mi atención de halcón hacia otra situación más romántica. Había entrado una chica pizpireta en edad universitaria al vagón y se dirigió hacia los brazos del mocetón que tenia delante de mí, apoyado sobre la repisa de la ventana del metro. La situación me incomodó algo pues, aunque uno ya no esté para erecciones, la muchachita no hacía más que abrazarle y besuquearlo constantemente delante de mis narices. Él no parecía estar para muchos escarceos románticos. 

 



 



 

Aparté la mirada y descubrí a un hombre maduro, con gorra, barba canosa y periódico entre las manos. Leí el titular: «Los domingos alcanza la gloria en los Forqué con mejor película y actriz». Más abajo podía leer que la actriz Patricia López Arnáiz compartía protagonismo interpretativo con  José Ramón Soroiz, que se había alzado con el premio a Mejor Actor por su labor en Máspalomas. Pensé en ese momento que los directores guipuzcoanos de la productora Moriarti, Aitor Arregi y Jon Garaño, volvían a ser desbancados de la Gloria por la directora baracaldesa Alauda Ruiz de Azúa. Una pena.

Mi mirada lectora continuó bajando. Podía atisbar en la página que el Mejor Documental era para Flores para Antonio; Belén se llevaba el premio a Mejor Película Latinoamericana; Sorda al Cine y la Educación en Valores y la Mejor Serie de Ficción para Anatomía de un instante. Saqué el móvil e inmortalicé el momento del tipo leyendo con la página de los Premios Forqué delante. Pensé que la intimidad de la lectura con los móviles es más inquebrantable, salvo que escudriñes por la espalda. Ventajas del tamaño tabloide para el fotógrafo frente al más exiguo del smartphone que usan los lectores hoy en día.

Abrí el móvil para entretenerme y pude ver en X que Alauda Ruiz de Azúa dejaba claro de qué va su película Los domingos: "Esta es una película que explora cómo el adoctrinamiento religioso puede distorsionar tu percepción o tus sentimientos. Gracias a los 600.000 espectadores que habéis ido a ver la película y que habéis estado abiertos a reflexionar y debatir porque eso solo puede hacernos más humanos y menos obedientes», declara al recoger el premio Forqué a Mejor Filme. Y me quedo con la boca abierta. O no me he enterado de qué iba su película o Alauda ha tenido un rapto de izquierdismo en el Palacio Municipal IFEMA de Madrid en su 31ª edición.

Volví a girarme y la pareja seguía en actitud cariñosa. Bueno, para ser precisos era ella la que se recostaba sobre el cuerpo de él, como si el mozo se hubiera convertido en almohada XXL. El chico le contaba que tenía partido de fútbol ese fin de semana. Ella parecía no escuchar, estaba en otra onda: la amorosa retozona. Llegamos a la estación de Leioa. Él intenta deshacerse de los brazos de su chica, con escaso éxito. Le comenta que debe bajarse y ella como si el despertador de enamorá no sonase. La puerta del metro se abre y al verse en riesgo de no salir a tiempo del vagón, el chico se zafa de ella sin poder evitar darle sin querer un cabezazo en la naricilla respingona. «¡Ay!», se queja ella mientras le ve partir, en un lamento anfibológico. Se frota la punta dolorida. Y yo no puedo evitar comentarle: «El amor, en ocasiones, también duele». Un treintañero que me escucha no puede dejar de sonreír ante la ocurrencia.

La situación vivida en el metro me recordó la anécdota que le contó Alfred Hitchcock a François Truffaut sobre «el beso más largo de la historia del cine». Así se publicitó la escena del beso entre Ingrid Bergman y Cary Grant, en la que ambos debían ir hacia el teléfono que sonaba, continuar besándose durante la duración de la comunicación, y luego un segundo desplazamiento que les conducía hasta la puerta. En esa escena Hitchcock sabía que era esencial que no se separaran y que no se rompiera el abrazo. La cámara, que representaba al público, debía admitirse como una tercera persona unida a ese largo abrazo: «Daba al público el gran privilegio de besar a la vez a Cary Grant y a Ingrid Bergman. Era una especie de matrimonio triangular temporal».

La idea le vino al director de Encadenados (1946) de un viaje en tren de Bolulogne a París. «Era domingo por la tarde; veía por el cristal una gran fábrica con un edificio de ladrillos rojos y, pegada a la pared, había una pareja de jóvenes; el chico y la chica estaban completamente abrazados y el muchacho orinaba contra la pared; la chica no dejó nunca de abrazarle; miraba lo que él hacía, contemplaba el tren pasar, luego miraba de nuevo al muchacho... Pensé que ahí tenía, de verdad, el verdadero amor "en faena", el verdadero amor que funciona», comentaba Hitchcock en la entrevista de Truffaut.

Recordando esa anécdota me di cuenta de que me había pasado de parada. En esta ocasión, no hubo zafada ni cabezazo en la nariz. Aunque, la verdad, me habría gustado... porque como dice Truffaut: «Cuando dos personas se aman, no se separan».

Postdata: Tendré que volver a ver Los domingos para ver si la entiendo. 

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