Alice, Iniesta de mi vida y...
| El Enamoramiento rueda la vida en Cinemascope |
Esta tarde de domingo, 19 de julio de 2026, me he acercado al bar Stop. Afortunadamente, la temperatura es agradable para ser verano: 29º C. Saludo a Cecilia, la dueña, que hoy tampoco libra. "Es lo que tiene ser capitalista, Ignacio, que el negocio es como un hijo, no puedes despreocuparte de él si no quieres que se descarríe", me comenta tras la barra mientras me sirve un licor Beirâo portugués. "Algo que los zurdos que no han trabajado en su puñetera vida no entenderán jamás", me añade. Yo asiento. No quiero contradecirla con matizaciones.
Al fondo, encuentro sentado a Xabier Durán y Durán. Me saluda y me hace un gesto de que me aproxime. Hace meses que no sé nada de él. Le veo mala cara. Cosa rara en él, pues suele ser un tipo que muestra su bonhomía mayormente.
—¿Qué bebes? —inquirió Xabier, mirando fijamente la copa de color ámbar dorado.
—Licor Beirâo.
—¡O licor de Portugal! —suelta la frase bañada de cierta nostalgia—. Pídeme otra a mí con hielo, por favor.
Alzo el brazo para indicarle a Cecilia que nos acerque otra copa de lo mismo. Solícita se acerca a la mesa y, conociéndonos a los dos, nos deja la botella junto a las copas.
—Os recuerdo que hay final de la Copa de Fútbol a las nueve y os quedan varias horas todavía —nos recuerda maternalmente Cecilia, tratando de que lleguemos en buenas condiciones para ver el Argentina-España.
—Recuerdo la final de la Copa Mundial de Fútbol de 2010 por un motivo sentimental: llevaba varios meses sobrellevando como podía una depresión por una separación. El 11 de julio vi el partido solo en casa entre España y Holanda —se sincera Xabier con un brillo húmedo en su mirada—. Ahora se dice Países Bajos, pero somos de la época en que para referirnos a ese territorio preferimos la sinécdoque.
—La sinécdoque, sí —y sonreímos al mirarnos.
—Te voy a confesar que vuelvo a entrar en una depresión por separación.
Le miro con sorpresa. No sabía que Xabier estuviera con pareja. Hacía tiempo que le veía de "solterón" tras aquel episodio que le quebró la salud durante dos años. Y continúa confesándose:
—Hace poco hicimos un viaje a Elvas, allí compré dos botellas de este licor que estamos bebiendo, O licor de Portugal.
Entra en ese momento una chica joven al baño, con vaqueros ajustados y una camiseta que deja traslucir que no lleva sostén. A esas edades se lo puede permitir, claro. Observo que Xabier sigue mirando los colores que desprenden los cubitos de hielo sumergidos en el licor. De alguna manera, el cerebro entra en ese duelo donde el deseo por los jeans ajustados, los escotes pronunciados o los bellos andares femeninos se apaga. Xabier continúa:
—Y ahora me toca de nuevo verlo sólo. La historia se repite. ¿No es ironía del destino?
—Yo recuerdo mejor el documental titulado "Cuando fuimos campeones" que lo llevó el difunto Michael Robinson. ¿Y sabes por qué lo recuerdo mejor? —Me mira negándome con la cabeza—. Porque eligieron la música de Danny Elfman que este compuso para "Alicia en el país de las maravillas".
—¿La de Tim Burton?
—La de Tim Burton —le respondo.
—Es curioso —reflexiona Xabier—. Vi ese documental hace poco. Una forma de caldear el ambiente para la final de hoy. Se cuenta como una odisea en la que las principales piezas, Andrés Iniesta y Fernando Torres, viven más de mes y medio una experiencia de supervivencia, pues ambos venían de lesiones. Arrancan palmando contra Suiza y acaban triunfando en la final con un gol de Iniesta en el 116 de la prórroga.
Y agarra la botella de Beirâo para volver a rellenar la copa.
—Mi viaje fue al revés: goleé a Suiza y mi chut en el 116 de la prórroga salió por encima del travesaño —me mira con una tristeza honda soldada al semblante. Y añade:— Pero no recordaba que el gol de Iniesta estuviera musicado con la banda sonora de Danny Elfman de Alicia.
Le pongo Youtube con el tema de Alice de Elfman. Arranca con una melodía con gran protagonismo de la cuerda, algo lírica y circular y con unos coros femeninos algo etéreos que alternan delicadeza con algo de esfuerzo heroico. Y mientras la escuchamos y bebemos —él para olvidar la pena, yo para recordar aquella hermosa final—, le pregunto si entiende la letra.
—No, ya sabes que de inglés, poquito.
Escojo la versión subtitulada en español que dice así:
Oh, Alice, querida, ¿dónde has estado? ¿Tan cerca, tan lejos, tan en medio? ¿Qué has escuchado? ¿Qué has visto? ¡Alice! ¡Alice! ¡Por favor, Alice! Oh, dinos si eres grande o pequeña, ¿para probar este o probarlos todos?. Es un largo, largo camino para caer. ¡Alice!, ¡Alice! ¡Oh, Alice! ¿Cómo puedes saber de esa manera, no de esta? Tú escoges la puerta, tú escoges el camino. Tal vez deberías volver otro día, otro día. Y nada es lo que parece. Estás soñando. ¿Estás soñando? ¡Alice! Oh, ¿cómo vas a encontrar tu camino? (bis). Hoy no hay tiempo para llorar hoy (ter). Tantas puertas, ¿cómo elegiste? Tanto que ganar, tanto que perder. Tantas cosas se interpusieron en tu camino. No hay tiempo hoy. Tenga cuidado de no perder la cabeza. Piensa en lo que dijo el ratoncito... ¡Alice! ¿Alguien te tiró de la mano? ¿Cuántas millas a El País de las Maravillas? Por favor, dinos para entenderlos, ¡Alice! ¡Alice! ¡Oh, Alice! Oh, ¿cómo vas a encontrar el camino? (bis)
—Es muy curioso. Elfman compuso una letra para la historia de Alicia de Lewis Carroll, pero de algún modo cuando la escuchas puedes adaptarla también a la situación de Iniesta o de cualquiera de los jugadores que participaron en esa final. Mira alguna de las frases que parecen retumbar en tu cabeza de otro modo si la ves en la jugada del gol que aparece en el documental. Por ejemplo, "es un largo camino para caer..." en una final. "¿Cuántas millas..." a Sudáfrica? "¡Oh, Alice! Oh, ¿cómo vas a encontrar el camino..." hacia el gol y el triunfo final? "Tantas cosas se interpusieron en tu camino"... en referencia a las lesiones.
—En el fútbol, como en la vida, has de elegir en qué momento correr o parar la pelota, dar un pase a uno u a otro jugador. Son elecciones, como Alicia cuando escoge una puerta o escoge un camino. Y nunca, nunca, nunca sabes si acertarás —añade Xabier en su reflexión con voz baja y fatigosa, pensando en su situación de ruptura sentimental claramente—.
—Sí, eso es —añado. Y vuelvo a llenar las copas de O licor de Portugal—. En la novela de Carroll, hay un episodio titulado "Una merienda de locos". Sentados a una mesa, están el Sombrerero y la Liebre de Marzo. Llega Alicia y, tras una serie de diálogos absurdos, el Sombrerero increpa a la Liebre de Marzo por haber usado mantequilla para arreglar la maquinaria de su reloj. Para el Sombrerero, el Tiempo es un personaje, auténtico, real, con el que hay que llevarse bien. Él tuvo un incidente con él y desde entonces el Tiempo se niega a hacer nada por él. "Ahora son siempre las seis de la tarde", le comenta a Alicia.
—Estaban atrapados en el tiempo por culpa del Tiempo.
—Algo así —le respondo y apuramos otra copa más—. En el momento del pase de gol de Cesc Fábregas a Iniesta, este comenta en el documental: "Se para todo y sólo estamos yo y el balón".
Y volvemos a poner el Tema de Alice de Elfman con ese coro que parece anunciar que Alicia-Iniesta llegarán al momento decisivo, que tomarán la correcta opción en sus vidas. La imagen del derechazo de Iniesta se ve ralentizado. En el cine, como en el amor, las cosas trascendentales se ven "como cuando ves una imagen a cámara lenta" y el silencio apaga el sonido de las vuvuzelas y de lo que le rodea a una pareja besándose. Recuerden "Deseando amar", una película donde la ralentización de la imagen es una constante.
Salimos del bar Stop tras pagar la botella casi vacía de Beirâo. "Atrás queda Elvas", me comenta con un profundo dolor Xabier. "El tiempo en que me enamoré de ella, pareció que todo se paraba y sólo estábamos ella y yo", me confiesa en una reflexión semejante a la mía.
—¿Cómo se llamaba? —le pregunto.
—Isa, aunque yo siempre gusté en llamarla Anabel.
No me atrevo a invitarle a ver la final. Si gana hoy España, no podrá enjugar la tristeza con la victoria; y si pierde quedará sumido un poco más en el absurdo de el País del Desamor. Para él la final estaba perdida.
Tema de Alice (BSO de Alicia en el país de las maravillas de Danny Elfman)
