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lunes, 26 de octubre de 2026

Seminci 26. Día 4

Lunes de resurrección 




En la presentación a la prensa en el Salón de los Espejos nos informan de que “La violinista” es la segunda obra de animación que participa en la liza por la Espiga de Oro en los 71 años de historia de Seminci. Me gustan esas estructuras en las que arrancan con un misterio que alguien se empeña en descubrir. Recuerden el señero inicio de «Ciudadado Kane» y la pronunciación de una misteriosa palabra, «Rosebud», y la posterior investigación por saber qué significaba. Aquí tenemos a un periodista valenciano que asiste a un concierto en Singapur. En lugar de entrevistar al joven primer violinista de la orquesta, el periodista sale del concierto al ver salir a una señora mayor, que resulta ser una violinista famosa que lleva cuarenta años tocando el mismo violín. ¿Por qué? El periodista le lleva una foto de muy joven junto a un amigo de infancia que vivió y estudió violín como ella. ¿Qué fue de él? ¿Por qué se separaron? 

El singapurense Ervin Han y el español Raúl Garcia nos relatan a través de la anciana violinista en un largo flashback las vicisitudes de esta relación rota por la II Guerra Mundial. Creo que el arco temporal que abarca la película es su gran lastre: desde la década de 1930 hasta los años ochenta. Eso y el recorrido por los múltiples conflictos que asisten los protagonistas que viven en Singapur, incluida en lo que antes fue la Malasia Británica.

Con un dibujo de marchamo europeo en dos dimensiones, aunque con movimientos de “cámara” que permite hoy en día las tecnologías digitales, la narración peca de ser un tanto convencional. Una pena que tanto trabajo en los cuidados planos se vea perjudicado por unas voces en español que no me convencen. Eso sí, tiene un final emotivo que hará que más de uno derrame alguna lágrima. 



Se agradece muy mucho que un festival tan de autor programe de vez en cuando una comedia y, si es de calidad como la que he visto en el Calderón, miel sobre hojuelas. «A Good Little Soldier» es un drama revestido de una capa carcajeante de humor. Es difícil que el público de la Seminci suelte la risa de la jaula de esa corrección política. Allá ellos. El filme de Stéphane arranca con una escena antológica (creo que alberga muchas más): el plantel ejecutivo de una empresa de seguros Amelí analiza la propuesta de una agencia de publicidad. Se trata de un anuncio de empresa en el que todos los que aparecen son trabajadores discapacitados. Tras una serie de loas, el jefe, magnífico Vincent Lindon, carga contra todas esas ideas bien pensantes de los ejecutivos, pues tras ver el anuncio lleno de cuerpos mutulados, parapléjicos, cojos, mancos… le entra una verdadera angustia. Y los accionistas no están para ver perder dinero. Urge cambiar la propuesta. Ahí entra Carla, (magnifica Alba Rohrwacher) una ejecutiva que dirige los Recursos humanos de la empresa. Se verá obligada a tomar decisiones cada vez más comprometidas para su estabilidad mental y familiar. 

«A Good Little Soldier» es una propuesta que, a medida que la disfrutas, también la sufres al ver cómo los personajes se ven inquisitoriamente  sometidos a un guion magnífico, con escenas que sonrojarán a muchas de esas empresas que se dedican a desarrollar actividades para mejorar las relaciones humanas entre los trabajadores. Delirantes los ejercicios motivacionales y de buen rollitoa que se ven sometidos los que allí trabajan. Algo que al parecer, estando en un sistema de producción capitalista, parece que según Brizé es imposible. Al menos esa parece decir. Pero ese mensaje está debajo de la alfombra del vestíbulo de Amelí, sin abultar mucho.



La tarde siguió gozosa a pesar de que el Teatro Cervantes no reúne las condiciones para un festival de este prestigio. Allí vi «Talento para matar». Supongo que a estas alturas, no habrá que presentar a la escritora norteamericana Patricia Highsmith. Famosa por la adaptación que hizo Hitchcock de «Extraños en un tren» y, sobre todo, por las cinco novelas cuyo protagonista Tom Ripley la hizo famosa y rica. 

Ella es la coprotagonista (excelente encarnación de Hellen Mirren) del filme de Antón Corbijn, junto a un joven editor (Alden Ehrenreich, seductor nato), el cual viene a los Alpes suizos donde Patricia vive para cumplir con la misión de convencerla de que escriba su sexta novela con el personaje de Ripley, un alter ego más guapo y exitoso con las mujeres de lo que posiblemente lo fue ella. 

«Talento para matar» se disfruta sin mirar el reloj. Es un juego en el que la vida y la ficción parecen mezclarse. Patricia Highsmith en un momento mira la máquina de escribir, pues está atascada. La llegada del editor se convertirá en un toma y daca donde cada uno querrá obtener del otro lo que desea: ella salir del atasco creativo; él, seducirla como hacía Ripley con sus “víctimas” para obtener la firma del contrato de publicación de una nueva novela.

 Se nota que procede de una obra de teatro (titulada «Switzerland») a pesar de que haya un esfuerzo por airearla y convertirla en filme. La única pega es que Anton Corbijn no dota de autoría a esta entretenida y eficaz película. Y de ahí que me sorprenda su incursión en la S.O., eso sí, fuera de concurso. 




Por último, la prueba de 158 minutos vino de Singapur. Ha gustado en general “We are all strangers” de Anthony Chen. Dicen que es una de las películas más conmovedoras del año y, por lo que pude escuchar a la salida del Cervantes, se confirmaba la sensación de que Chen logra por momentos notas de una gran belleza sencilla y emotiva. Se narra la historia de una familia: el padre lleva un pequeño restaurante de calle especializado en fideos Hokkien; el hijo está alistado en el ejército. Asistimos en una narrativa alterna el doble enamoramiento de ambos. Bellísimo el momento en que el padre invita por primera vez a una camarera que trabaja al lado de su puesto a salir ¡en un viaje en autobús porque tiene aire acondicionado y afuera hace mucho calor! Chen logra perlar las vicisitudes de esta familia con frases lapidarias en ocasiones o situaciones que te encoge el corazón. No falta la crítica soterrada a una sociedad opulenta como es la de Singapur, en donde siempre existirán personas –como los protagonistas de esta película- que acaben siendo excluidas de tal opulencia. 

Seminci 26. Día 3

Domingo de espinas





La mañana del domingo antes de entrar en la cafetería El minuto de la calle vallisoletana Macías Picavea observo a los barrenderos limpiar los restos de la jarana nocturna. La fiesta va por barrios. En mi caso no hay fiesta que valga en el primer pase en el Teatro Calderón. “Hermanas” no es asunto festivo. Ione Hernández Sáenz, su directora, sabía que se la jugaba, pues es paridora añosa (como se las llama a las mujeres de cierta edad que deciden alumbrar). 
Como confiesa Ione, es ahora cuando siente el peso de la responsabilidad de no fallar, pues cuando la seleccionaron en el Festival de Toronto el entorno tan alejado jugaba a su favor para no sentir ese miedo al fracaso en la recepción por parte del público y la prensa. En el pase matutino puedo dar fe de que varias espectadoras se secaban las lágrimas. 

El tema es peliagudo y últimamente el cine lo está abordando con profusión (véase la reciente «Josephine»): el asunto de la violación o de las agresiones sexuales. Ione aborda con una prosa fílmica —que no se aleja de las realizadoras de último cuño— lo que sucede en una familia al ver que la posible agresión ha sido intrafamiliar. Sospecho que la elección de dos consagradas actrices como son Emma Suárez y Elena Anaya era un modo de asegurarse una cierta tranquilidad interpretativa. Pero Ione se desenvuelve mejor en las escenas finales que en toda el desarrollo de la trama. 





Tiene escenas logradas entre las dos hermanas que se ven enfrentadas al saber que una tendrá que defender a su hijo de una acusación de violacion y la otra de no naufragar ante los daños infringidos a su pequeña hija. Ahí está el muro de la casa que las separa cuando Elena va a pedir algo de información cuando sabe que su hijo está detenido y Emma no le abre la verja; o la secuencia en la cafetería entre ambas cuando se enfrentan en una decisión que podrá cambiar el curso de sus hijos. Es una obra que podría haber resultado más convincente, aunque teniendo en cuenta que es su ópera prima sale viva de la apuesta, que no es poco.




La segunda propuesta de la Seminci oficial nos lleva a Ucrania y al momento en que estalla la guerra con Rusia.  
La directora alemana Isabelle Stever se concentra en una pareja queer (¡cómo iba a ser si no en estos tiempos en que vivimos!). Deciden escapar y exiliarse en Alemania ya que, aunque Oleh es transexual, no le exime de integrarse en el ejército ucraniano. Su título es muy poético: «I rarely wake up dreaming». En un momento de la noche le cuenta Olya a Oleh que ha tenido un sueño: consiste en un cementerio pero no de cadáveres enterrados sino de años. Ve 2016, 2018… enterrados Hasta que descubre que también 2021, que no ha empezado también se halla en ese campo santo. Muy poético todo. Nada de lo que veo me interesa, con una exposición en imágenes que cocean mis pupilas. Un cine que no se verá más que en Locarno, de donde salió este engendro, y en los pases programados en la Seminci. Yo escapé a la hora cuando la novia lesbiana se va a hacer las uñas mientras el gobierno de Kiev impide la salida de los hombres (porque son hombres) mayores de 18 y menores de 60 años. 





La tercera propuesta se proyecta en la poco propicia hora de las cuatro de la tarde. Se trata de «Rose» de un tipo austriaco con aspecto de callejón sin salida llamado Schleinzer que solo había rodado hasta entonces otra película, «Angelo», hace ya varios años y que dejó al Kursaal con diarrea y bostezo narcotizante. No me extraña nada que le haya costado seis años contar esta historia de una mujer en el siglo XVII que suplanta a un soldado muerto para recibir la herencia en un pueblo. Allí se hace pasar por hombre y¡deja preñada a la mujer con la que se esposa! Yo ya estaba roncando plácidamente hasta que un energúmeno lanza la proclama: «¡Abajo la tortura!» Sospecho que batirá récords de recaudación en taquilla y saldrá premiada de la Seminci. La interpreta Sandra Hüller (dicen que en una actuación de Oscar) y con bella fotografía. Hay una voz en off que cuenta aspectos de la narración que habrían llevado a las ocho horas si las rodase.

En el coloquio posterior en el teatro Calderón (se nota que soy masoquista) un espectador le pregunta por qué ha rodado en blanco y negro. Markus Schleinzer comenta con cierta retranca que es la pregunta más famosa de lo que lleva de estancia en Valladolid. Nadie pregunta a los directores  por qué ruedan sus películas en color. Misterios.




He tenido que recurrir a la enciclopedia del siglo XXI para averiguar qué es La Gradiva, a parte de ser el título de la película de Marine Atlan. Se trata de una figura famosa de la historia del arte, una joven representada en un relieve de la Antigüedad romana, caminando con un pie levantado. Estuve 145 minutos esperando a descubrirla por algún lado hasta que me di cuenta del mensaje metafórico que propone la francesa. La historia de un viaje de fin de curso de chavales a Nápoles y Pompeya es el eje vertebrador. Sale de una trama convencional y ese es su logro: con situaciones que van ganándote al ir conociendo los miedos, los deseos, el sexo, la decepción, sus tristezas y discusiones sobre lo humano y lo divino. Su manera de rodar no es la que a mí más  me gusta, pues la cama viaja con los chavales, captando las miradas, los diálogos frescos y juveniles. Pero ahí creo que está su gran acierto: ese es el estilo que Atlan impone para esa etapa en la que las ilusiones y desesperanzas se viven con esa energía típica del final de la adolescencia antes de llegar a la uniersidad. Napole se convierte en otro personaje fundamental, lo cual engrandece este filme que ya logró su éxito en su paso por el Festival de Cannes.

domingo, 25 de octubre de 2026

Seminci 2026. Día 2

Ojalá fueran así los días festivaleros 



Dos fotogramas de «Woman Unknown»


La segunda jornada de la Seminci ha sido notable. Firmaría por que hubiera alguna más, pues la semana se haría muy llevadera. Les confieso que he llegado a creer que mis dolencias físicas y mi ánimo alicaído me impedirían saborear el buen cine de darse en pantalla. Afortunadamente, todavía mantengo la capacidad de poder ser feliz ante una pantalla como la del Teatro Calderón o del Carrión cuando descubro que existe un pergeñador de historias que sabe contarlas con delicadeza, entretenimiento y fundamento. 

Es el caso de la ganadora del Leon de Oro, «Woman Unknown» de una realizadora de nombre aparentemente poco danés: May el-Toulhy. La autora de la también admirable «Reina de corazones» sigue la senda de los caminos tortuosos, alejados de esas dos tonalidades que tanto gustan por estos pagos: el blanco y el negro. La trama de «Woman Unknown» nos traslada a la primavera de 1945 en Dinamarca. La contienda bélica ha finalizado, pero la caza de brujas ha comenzado. ¿Qué pasa con aquellas que han colaborado o son sospechosas de haberlo hecho con el régimen nazi? El espléndido guion (y la cámara siempre con ella) se centra en la vida de Marie, una sirvienta que va a casarse con un viudo empresario productor de guantes. El-Toukhy sabe escribir con la cámara, con una puesta en escena soberbia, el ascenso social de Marie (insuperable Mathilde Arcel) y las dudas que sobre ella recaerán por haber tenido un pasado ligado al nazismo. Todo en «Woman Unknown» está calculado con precisión y elegancia: desde esa luz expresiva en el interior de esa casa (véase ese vestido de boda de la anterior mujer del empresario fallecida por un cáncer) o el plano nadir inicial en el que con una leve apertura de ángulo parece que, en lugar de un bloque de edificios, asistiéramos al interior de una cárcel. Todo ello acompañado con sonido de tambores que connotan una atmósfera como si asistiéramos a la ejecución sumarísima de alguien. Admirable descripción de un ambiente paranoico en una sociedad que sale de una contienda, pero que deja un tema pendiente: qué hacer con aquellos colaboracionistas y, lo más terrible, cómo combatir el veneno insidioso de las habladurías. La directora danesa nos hace asistir a una múltiple radiografía de la mujer protagonista para paradójicamente ocultarnos aquello que ella celosamente guarda: su pasado. Un pasado que, como bien dice Marie en un momento de la película, debería perdonarse. Sobre todo si se quiere seguir mirando hacia el futuro. 



«Una familia» es la ópera prima del realizador Ricardo Gómez, la primera propuesta de cine español aunque fuera de concurso. Es un intento un tanto irregular pero no falto de interés por recuperar ese cine que se etiquetó como «cine quinqui». Aquí estamos en el Madrid de los años 90 y no existen robos a bancos ni persecuciones con autos robados. Se intuye que Ricardo Gómez (protagonista de «Cuéntame cómo pasó») pone en el guion aspectos de su entorno y eso se agradece como espectador. Sin embargo, hay ciertas aspectos de la historia de amor entre el convicto Enrique (Patrick Criado) y la hermosa e ingenua bailarina Clara (Claudia Traisac) que fallan o no convencen del todo. El mensaje feminista no está subrayado, lo cual se agradece, pues las mujeres de épocas recientes como Clara han aprendido a alejarse de personajes que no les conviene ni a ellas ni a sus hijos, a diferencia de lo que ocurría con las del pasado.



La tercera, esta a competición, se trata de «The Echo Chamber» del director italiano Andrea Pallaoro. Cuenta que se trata de un guion de Bernardo Bertolucci que no pudo llevar a cabo. Tal vez porque su vida en silla de ruedas y los dolores de espalda se lo impidieran. Muchos de los que asistieron al pase habrán pensado que mejor que hubiese seguido el guion del autor de «Novecento» en el cajón. Allá ellos. A mí me ha parecido una estimable historia de cámara que transcurre en un piso entre un productor musical (Luca Marinelli) de autoestima baja y dolores de espalda insufribles, una vieja cantante que quiere crear, tras años de silencio, otro disco (Susan Sarandon) y la enfermera masajista (Alicia Vikander),  que quedará prendida por el encanto de aquel. Como bien le dice en un momento Sarandon a su productor, “nosotros los artistas afrontamos el dolor para transformarlo en algo llamado arte”. Y de eso va creo «The Echo Chamber», de saber transformar el dolor físico y emocional en algo que, al combatirlo, además de asumirlo como algo fundamental de la vida, lo podamos convertir en arte. 



Por último, otra obra que compite por la Espiga de Oro es la muy notable e interesantísima «Queen at Sea» de Lance Hammer. Oso de Plata en Berlín, Hammer logra con una formalidad en la composición de planos la atmósfera desasosegante que estalla cuando Amanda (aquí una soportable Juliette Binoche) sorprende a su padrastro octogenario haciendo el amor con su esposa demenciada. La historia servirá para acalorados debates, por cuanto él es acusado por el sistema legal inglés de posible violacion a su mujer al quedar en duda de si una mujer anciana con demencia avanzada puede decidir o no a acostase con su marido. Hay aciertos no solo interpretativos (convincente Anna Calder-Marshall) sino de puesta en escena (cada vez que salen a la calle los sonidos ambientales desaparecen y son sustituidos por música clásica, modo de expresar ese recluimiento mental de una demenciada), con ideas de guion brillantes como el montaje alterno de la historia de amor de la adolescente hija de Amanda, claro contraste de la plenitud juvenil con el del amor otoñal de sus abuelos. 






domingo, 18 de octubre de 2026

71ª Seminci 2027

 La 71ª edición de la Seminci selecciona 22 largometrajes en la Sección Oficial en busca de la Espiga de Oro

 

Cartel diseñado por el director Apichatpong Weerasethakul

 

Desde el pasado 7 de octubre, la Seminci completó la Sección Oficial al anunciar los títulos restantes hasta completar los 22 largometrajes a concurso. No se entiende que hayan incorporado a esta misma S. O. otros 9 títulos más con lo que son 31 obras las que se proyectarán dentro de este apartado.

Los organizadores de la 71ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid informaron de los  nueve nuevos títulos a su Sección Oficial, firmados por cineastas como Lisandro Alonso, Alain Gomis, Marie Kreutzer, Stéphane Brizé, Shinya Tsukamoto, Andrea Pallaoro, Lance Hammer, Isabelle Stever y May el-Toukhy. 

La directora danesa, May el-Toukhy, competirá en Valladolid con Woman Unknown, ganadora del León de Oro de Venecia, en una selección que reúne también los nuevos trabajos de algunos de los autores más reconocibles del cine contemporáneo y nombres destacados de la interpretación internacional.
 

 En la Dinamarca posterior a la Segunda Guerra Mundial se desarrolla Woman Unknown, de May el-Toukhy, en un momento en que la sociedad intenta ajustar cuentas con quienes colaboraron con los alemanes. Marie, una joven empleada doméstica interpretada por Mathilde Arcel, oculta un episodio de su pasado que puede comprometer el futuro que está construyendo. El filme, protagonizado también por Carsten Bjørnlund y Thorbjørn Hedegaard, además del máximo galardón, recibió la Copa Volpi a la mejor actriz, y ha sido elegido para representar a Dinamarca en los Oscars.

 

 

Woman Unknown, ganadora del León de Oro de Venecia


Veinticinco años después de La libertad, película que contribuyó decisivamente a la renovación del cine argentino de comienzos de siglo y situó a Lisandro Alonso entre las voces más singulares del cine de autor internacional, el director retoma en La libertad doble a Misael, el trabajador forestal al que ya acompañó en aquella película. El personaje continúa trabajando en soledad en los bosques hasta que la necesidad de cuidar de su hermana altera por completo el mundo que había construido y plantea qué ocurre cuando la presencia del otro obliga a compartir una vida concebida desde el aislamiento.

Dos acontecimientos separados geográficamente, pero unidos por sus protagonistas, articulan Dao, de Alain Gomis, cineasta franco-senegalés al que el Centro Pompidou de París dedica actualmente una retrospectiva bajo el título «Alain Gomis. Histoires communes». Una boda en Francia, celebrada por una familia de ascendencia africana, y un rito funerario en Guinea-Bisáu se convierten en dos momentos de reunión, celebración y despedida que permiten reconstruir las historias de quienes se fueron y de quienes decidieron quedarse. Gomis combina personajes de ficción con personas reales y testimonios surgidos de la propia comunidad. El director de Félicité, Gran Premio del Jurado de la Berlinale en 2017, regresa así al largometraje de ficción.

Grandes intérpretes femeninas: Seydoux, Deneuve, Rohrwacher, Binoche

 

Una familia aparentemente estable es el punto de partida de Un monstruo amable, donde Marie Kreutzer (La emperatriz rebelde) aborda las tensiones que surgen cuando la imagen construida sobre uno de sus miembros empieza a resquebrajarse. Lucy, una pianista interpretada por Léa Seydoux –premio a la mejor actriz de la 68 Seminci por The Beast–, vive con su marido y su hijo en una casa en el campo hasta que la llegada de la policía para investigar a Philip revela un aspecto de su vida que obliga a la protagonista a revisar todo lo que creía saber sobre él. Catherine Deneuve, Jella Haase y Laurence Rupp completan el reparto.

La contradicción entre el discurso empresarial sobre el bienestar de los trabajadores y las exigencias de productividad está en el centro de A Good Little Soldier, de Stéphane Brizé (La ley del mercado, El jardín de Jeannette). Carla, una ejecutiva que asciende a la dirección de Recursos Humanos de una gran compañía de seguros, debe conciliar ambas posiciones hasta que descubre una situación de gestión tóxica que hace cada vez más difícil sostenerlas. Protagonizada por Alba Rohrwacher y Vincent Lindon, la película obtuvo en Venecia el premio al mejor guion para Brizé, Coralie Amédéo y Olivier Gorce.

En Queen at Sea, Juliette Binoche, Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall se enfrentan a una decisión especialmente compleja: quién puede decidir por una persona cuando la demencia empieza a privarla de esa capacidad. Dirigida por Lance Hammer, la película obtuvo el Oso de Plata Premio del Jurado en Berlín, mientras Courtenay y Calder-Marshall compartieron el Oso de Plata a la mejor interpretación de reparto.

El último guion de Bernardo Bertolucci


El deseo y la atracción dan paso a una relación marcada por la dependencia, las drogas y la dificultad para separarse en The Echo Chamber, de Andrea Pallaoro. Luca Marinelli, Alicia Vikander y Susan Sarandon protagonizan esta historia sobre los mecanismos de poder dentro de una pareja, en la que Leo y Anne quedan progresivamente atrapados en un vínculo del que ambos parecen incapaces de salir. La película parte del último guion escrito por el legendario cineasta Bernardo Bertolucci junto a Ilaria Bernardini y Ludovica Rampoldi antes de su fallecimiento en 2018.

Vidas atravesadas por la guerra


El relato autobiográfico de Allen Nelson, un exmarine estadounidense que regresó de Vietnam marcado por haber sido entrenado para matar, sirve de base a Mr. Nelson, Did You Kill People?, de Shinya Tsukamoto, figura de culto del cine japonés cuya trilogía Tetsuo se convirtió en un referente internacional del cyberpunk. Geoffrey Rush y Rodney Hicks protagonizan esta historia que cuestiona la maquinaria que convierte a un hombre en soldado. La película ganó en Venecia el Leoncino d’Oro, concedido por el jurado de jóvenes de la Mostra.

La guerra de Ucrania condiciona la relación y la identidad de Olya y Oleh en I Rarely Wake Up Dreaming, de Isabelle Stever, cuando la transición de género de uno de ellos coincide con la invasión y llega a intervenir incluso en las decisiones sobre el propio cuerpo. Escrita por Stever junto a la guionista ucraniana Anna Melikova a partir de experiencias de su entorno, la película sitúa así una historia de amor y transformación personal frente a las decisiones que impone un conflicto bélico. 


Cine español en S. O. 

 


 

Estos títulos completan los 22 que participarán en la Sección Oficial a concurso. Junto a los anunciados el pasado 7 de octubre, optarán por la Espiga de Oro los 13 que la organización informó el pasado 27 de agosto, entre las que estaban las tres cintas españolas, Hermanas, Las islas afortunadas, y la cinta de animación La vionista. Además participarán en S. O. fuera de concurso otras tres: El confidente de Daniel Calparsoro, Un hombre en un  puente y Una familia.

 

En Hermanas, Ione Hernández Sáenz, estreno europeo en Seminci tras su paso por Toronto, sitúa a Elena Anaya y Emma Suárez frente a una herida familiar que obliga a dos hermanas a replantearse los vínculos que las unen. Chelo y Marta se enfrentan a un dilema en el que protección, justicia y lealtad entran en conflicto, mientras aquello que no se dice adquiere tanta importancia como las palabras. La ópera prima de Hernández cuenta además con Carlota Keiko, León Martínez, Josean Bengoetxea, Aritz Kortabarria y Nora Otxoeko en el reparto.

La violinista será la segunda película de animación en optar a la Espiga de Oro en la historia de Seminci. Una obra dirigida por Ervin Han y Raúl García, animador y cineasta madrileño con una extensa trayectoria internacional, que incluye una década en Walt Disney Studios y su participación en títulos como ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, además de un Goya por El lince perdido y una nominación al Óscar como productor de La dama y la muerte. Ambientada entre el Singapur de los años treinta y el presente, la película fusiona animación 2D y 3D para seguir a dos jóvenes unidos por la música cuyo destino queda marcado por la guerra y la ocupación japonesa. La violinista se ha convertido en la primera película española en alzarse con el Cristal al mejor largometraje en Annecy.

Las islas afortunadas, de Helena Girón y Samuel M. Delgado, viaja hasta las Canarias del siglo XV para contar la historia de Fátima, una mujer esclavizada cuyo destino está ligado al único pozo de agua dulce de la isla. La película está protagonizada por Luisa Ahl Laabiad, que debuta en el cine junto a Lou Castel, rostro icónico del cine europeo, y Grégoire Colin, habitual del cine de Claire Denis. Entre la aventura, el misterio y el drama histórico, el entorno adquiere una presencia decisiva: el paisaje y los rostros de quienes lo habitan parecen conservar una memoria de la historia colonial del archipiélago. 

Resto de la S. O. 

La Sección Oficial a concurso programará, además, La gradiva, de Marine Atlan, y Un hombre de nuestro tiempo, de Emmanuel Marre, dos de las películas más aclamadas por la crítica francesa, que llegan a Valladolid después de competir en Cannes. El avance incluye además We Are All Strangers, de Anthony Chen; Everytime, de la austriaca Sandra Wollner, ganadora de Un Certain Regard en Cannes; Aquí, de Tiago Guedes, con Manolo Solo en uno de sus últimos papeles ante las cámaras; el Oso de Oro de la 76 Berlinale, Yellow Letters, de İlker Çatak; Rose, de Markus Schleinzer, premio a la mejor interpretación en Berlín para Sandra Hüller; Prosecution, de Faraz Shariat, y A Bit of Light, de Ali Asgari.

Los títulos franceses más aplaudidos del año



                                  
       

En La gradiva, un grupo de estudiantes franceses se desplaza a Nápoles para visitar Pompeya, en un recorrido en el que deseo, violencia y descubrimiento desbordan progresivamente sus relaciones. Marine Atlan convierte este viaje en un lúcido retrato del momento en que la adolescencia pasa abruptamente a la edad adulta. Ópera prima de la cineasta, obtuvo el Gran Premio de la Semana de la Crítica de Cannes.

 



Un hombre de nuestro tiempo, premio al mejor guion en Cannes, se sitúa en la Francia de 1940, en plena instauración del régimen colaboracionista. Su protagonista, interpretado magistralmente por Swann Arlaud, acaba integrándose en el aparato administrativo de Vichy, lo que permite a Emmanuel Marre evidenciar la inquietante facilidad de adaptación, el oportunismo y las responsabilidades individuales ante la ocupación alemana.


Familias, pérdidas y nuevos comienzos


Anthony Chen, ganador de la Cámara de Oro de Cannes por Ilo Ilo, presenta We Are All Strangers, un drama familiar ambientado en el Singapur contemporáneo. Un acontecimiento inesperado altera la vida de un joven y obliga a su padre, inmerso en una nueva etapa sentimental, a replantearse sus vínculos y responsabilidades. La película construye un relato sobre el cuidado, los afectos y la capacidad de crear nuevas formas de familia.

También competirá Everytime, de Sandra Wollner, Premio Un Certain Regard en Cannes y elegida para representar a Alemania en los Oscar. Una tragedia reúne a una madre, su hija y un adolescente en un aparentemente idílico viaje a Tenerife. La película indaga en el duelo, la culpa y la posibilidad del perdón a través de una propuesta formal tan extraordinaria como inesperada y una narración en la que pasado y presente se superponen.

 

Aquí del director Tiago Guedes

 


El portugués Tiago Guedes compite con Aquí, adaptación de la Trilogía de Jesús del premio Nobel de Literatura J. M. Coetzee. En un territorio sin pasado ni identidad definida, Simón se hace cargo de David, un niño que ha perdido a su madre, y busca una figura materna para construir una nueva familia. El reparto incluye a Patricia López Arnaiz, Sergi López, Ángela Molina y Manolo Solo, que se despide del cine con esta interpretación magistral.

La identidad frente al poder


En Rose, Markus Schleinzer retrocede hasta el siglo XVII para contar la historia de una mujer que adopta una identidad masculina para acceder a una libertad negada. Gran éxito de público en Alemania, la película plantea cuánto está dispuesta a esconder de sí misma para poder vivir como desea. Sandra Hüller, protagonista del largometraje, elegido para representar a Austria en los próximos Oscar, recibió el premio a la mejor interpretación en la Berlinale.

Yellow Letters, de İlker Çatak, ganadora del Oso de Oro de la Berlinale, sigue a una pareja de artistas turcos cuya vida en Ankara se ve alterada por la presión política. La persecución que sufren afecta también a su relación y convierte el espacio privado en escenario de un conflicto político. El filme ofrece una estampa dolorosa del avance del autoritarismo y continúa el interés de Çatak por las estructuras de poder, después de La sala de profesores, nominada al Oscar a la mejor película internacional y premio al mejor montaje de la 68 Seminci.

En Prosecution, Premio del Público de Panorama en la Berlinale, Faraz Shariat pone el foco en la violencia de extrema derecha y el racismo institucional a través de una fiscal de origen coreano que, tras sufrir una agresión racista, decide investigar el caso y se enfrenta a los responsables y a las resistencias del sistema judicial. La intensidad del relato se apoya en una protagonista que se niega a convertirse en víctima y decide desafiar al sistema para buscar justicia.


A Bit of Light, de Ali Asgari, otro filme a concurso


A Bit of Light, de Ali Asgari, ambientado en el Irán actual asolado por las bombas estadounidenses, sigue a un médico que, tras ser detenido y ver clausurada su consulta, pierde la confianza en el futuro. La película, que competirá por el León de Oro del próximo Festival de Venecia, se detiene en las tensiones y restricciones de la sociedad iraní con un relato profundamente humanista sobre el tránsito de la oscuridad a la luz a través de los afectos. Asgari regresa a Valladolid tras ganar con El silencio la Espiga de Oro al mejor corto de la 61 edición y presentar un año después su primer largo, Disappearance.  

 

Algo más que imágenes: el sonido

 Cuando el cine aprendió a hacer "ruiditos"

 

Vampyr (1932) de Carl Th. Dreyer

 

La SEMINCI de este año 2026 ha tenido una buena ocurrencia: programar una sección retrospectiva titulada "Una historia del sonido (en el cine)". De la misma forma que en el plantel técnico, la script siempre es un trabajo minusvalorado frente a otros, el sonido ha sido siempre la cenicienta dentro del lenguaje audiovisual. Por eso me alegra mucho que el Festival dedique una atención especial al sonido como herramienta narrativa y expresiva fundamental en la creación cinematográfica.

 

Willie D. Burton, Espiga de Honor de Seminci



 

 Es por ello que el sonido tendrá también un papel destacado entre los reconocimientos de esta 71 edición. Así, Willie D. Burton, uno de los profesionales más reconocidos de la industria cinematográfica estadounidense en este ámbito, recibirá una Espiga de Honor durante la inauguración del festival, en reconocimiento a una trayectoria de más de cinco décadas. Nacido en Tuscaloosa (Alabama), Willie D. Burton cuenta con más de cinco décadas de trayectoria y más de un centenar de películas en su filmografía como especialista en sonido. A lo largo de su carrera ha trabajado con cineastas como Steven Spielberg, Clint Eastwood, David Fincher, Sam Mendes y Christopher Nolan, y ha participado en títulos tan emblemáticos como El color púrpura, Los Goonies, Indiana Jones y la última cruzada, Cadena perpetua, Seven, Los puentes de Madison, Tenet y Oppenheimer.

Ha sido nominado ocho veces al Oscar al mejor sonido o mezcla de sonido, que ganó en dos ocasiones: por Bird, de Clint Eastwood, en 1989, convirtiéndose en el primer afroamericano en recibir este galardón, y por Dreamgirls, de Bill Condon, en 2007. Entre sus reconocimientos figuran también el Bafta por Juegos de guerra (1983) y el premio a toda una carrera de la Cinema Audio Society en 2005. Su trayectoria incluye, además, dos nominaciones a los Emmy por su trabajo en la miniserie Raíces. Con una presencia destacada en la historia del sonido cinematográfico estadounidense, Burton ha contribuido a películas de géneros y estilos muy diversos y continúa en activo, con La odisea, de Christopher Nolan, entre sus trabajos más recientes. Figura de referencia en el ámbito del sonido cinematográfico, Burton protagonizará además una sesión de Pensar el cine el sábado 24 de octubre. 
 

‘Una historia del sonido (en el cine)’


Playtime de Jacques Tati
    La conversación de F. F. Coppola                                                                                                                                   

La retrospectiva Una historia del sonido (en el cine) constituye uno de los ejes de la programación de la 71 Seminci. El ciclo propone un recorrido por la evolución de la creación sonora cinematográfica, sus usos expresivos y su capacidad para transformar la experiencia del espectador. Recorre la evolución del sonido como recurso narrativo y expresivo de la experiencia cinematográfica.

El itinerario arranca con M (Fritz Lang, 1931), pionera en el uso narrativo del sonido a través del célebre silbido del asesino, y Enthusiasm: Symphony of the Donbas (Dziga Vertov, 1931), donde el montaje sonoro sirve a la construcción ideológica. La experimentación continúa con los paisajes acústicos urbanos de Playtime (Jacques Tati, 1967), que satirizan la modernidad, y la cadencia austera de Lancelot du Lac (Robert Bresson, 1974), construida mediante la repetición de armaduras, pasos y choques. En La conversación (Francis Ford Coppola, 1974), la escucha articula el relato; en El grito (Jerzy Skolimowski, 1978), el sonido adquiere una dimensión física e inquietante, y en Blow Out (Brian De Palma, 1981), la manipulación del audio impulsa la narración. Lisbon Story (Wim Wenders, 1994) reflexiona sobre la relación entre imagen y sonido a través de la grabación del paisaje acústico de Lisboa.

El bloque dedicado al siglo XXI reúne obras que hacen del sonido el eje de la experiencia. En The Tribe (Myroslav Slaboshpytskiy, 2014), protagonizada por personajes sordos, su presencia y ausencia determinan la expresión y la percepción. Lawrence Abu Hamdan explora su dimensión política y forense en Rubber Coated Steel (2016), mediante el análisis acústico de disparos, y su capacidad para documentar conflictos y construir memoria en The Diary of a Sky (2024). En Atlantics (Mati Diop, 2019), el paisaje sonoro del mar conecta lo visible y lo invisible a través de la emoción. En Memoria (Apichatpong Weerasethakul, 2021), el sonido actúa como una huella persistente que la protagonista intenta descifrar. La zona de interés (Jonathan Glazer, 2023) desplaza el horror hacia el fuera de campo sonoro, mientras Preemptive Listening (Aura Satz, 2024) explora el poder de las sirenas para moldear la percepción colectiva y funcionar como instrumentos de alerta y control. 

 

Vampyr, de Dreyer, con música en directo de la OSCyL


Como suele ser ya habitual, la 71ª Seminci programará una película de la época muda/inicio del sonoro. Años atrás solía incluirla el jueves de la semana en que tenía lugar el certamen. Sin embargo, por la razón que sea, este año la han programado el jueves anterior al arranque del festival.

Este año recuperará Vampyr (1932), una de las obras maestras del cine fantástico y primera sonora de Carl Th. Dreyer, con una proyección acompañada en directo por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) el 22 de octubre en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del Centro Cultural Miguel Delibes. La formación interpretará la partitura original de Wolfgang Zeller, reconstruida por Timothy Brock a partir del manuscrito original, bajo la dirección del británico Robert Ames. La sesión permitirá redescubrir la atmósfera inquietante y onírica de esta singular película, incluida también en el ciclo Una historia del sonido (en el cine), de uno de los autores más estrechamente vinculados a la historia de Seminci. 
 

 

 

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