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jueves, 24 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026. 6ª jornada

 Hoy he visto un peliculón: “La bendición de la tierra”


El equipo de “La bendición de la tierra” del noruego Hand Peter Moland


Tal vez no sean los programadores sino uno mismo quien, al elegir, el subconsciente le lleva a una selección representativa del momento en que vive. La jornada 6ª veo que tiene un asunto común entre las cuatro elegidas:  la supervivencia. 

En el caso de “En el corazón de la bestia” del impersonal (artesano se decía antaño) David Ayer –y protagonizada por Brad Pitt y un perro, en realidad cuatro por eso de los sindicatos perrunos– se ha de afrontar dos retos de supervivencia: la de las cicatrices emocionales de su pasado bélico y las que la naturaleza en Alaska les tiene guardadas en ese viaje en hidroavión para pasar unos días apacibles. Porque ya se sabe que un relato de aventuras no es más que unos personajes agarrándose a la larga cuerda aventurera y anudarla cada vez que un evento dramático la rompe, so pena de perder la vida. “En el corazón de la bestia” se ve y se olvida con cierta facilidad. En la rueda de prensa posterior me habría gustado saber de boca de Brad Pitt si le llamó a Leonardo di Caprio para saber por lo que iba a sufrir como le pasó a él en “El renacido”. Bueno, Ayer no se las gasta como el mejicano González Iñárritu, aquel prefiere más el cine hollywoodiense. Película para amantes de los perrihijos. No he visto a Brad Pitt recibir y dar besos a mujeres como los que da y recibe de su perro con pata postiza en esta película. 


¡Braaaad Piiiiitt!


A la salida del Kursaal, un compañero me comentaba que cómo era posible que este tipo de películas estuvieran en la Sección Oficial (fuera de concurso en este caso). Pues es muy claro, si usted quiere tener a estrellas como Brad Pitt, que van a alterar la tensión arterial de muchos donostiarras, Rebordinos tendrá que ofrecerle algo a cambio: la promoción de su nueva película.

Pocas veces el público del Kursaal 1 es dado a aplaudir en medio de la proyección. Ha pasado este mediodía en una secuencia que pasará a los anales de la historia del cine entre Paul Giamatti y Julianne Moore en “ El debut”. Su director se llama Jesse Eisenberg y su anterior y segunda película, "A Real Pain", tuve el placer de disfrutarla en 2024 en la Seminci con una buena combinación de comedia y drama.

Al igual que la anterior, "The debut" tiene el aroma de las películas que triunfan en el Festival de Sundance. Esta propuesta de Jesse Eisenberg, que también aparece en un pequeñito papel, narra la historia de Mona Fiedman, una ama de casa de clase media con un marido y dos hijos que están a punto de graduarse, pero que no la valoran lo suficiente. Se apunta para aspirar a un papelito en una obra teatral de aficionados en New Jersey. “El debut” propone un interesante y entretenido juego de máscaras: las que nos ponemos en la realidad y con las que se caracterizan los actores. Giamatti, viejo zorro y director teatral, sabe que Mona Friedman es un diamante en bruto pero que su autoestima no la deja explotar todo ese potencial. De ahí que su papel en el musical de un conserje de comunidad le va a permitir (como si de un manual de autoayuda se tratase, lo que para mí es lo peor de este buen filme) que su autoestima se afirme y surja un personaje que le dará unos improvistos problemas al director de la función.


Jesse Eisenberg en la rueda de prensa de su película "El debut"


Decir que Julianne Moore está soberbia (tímida, frustrada y carente de amor por sí misma al inicio; empoderada, vital y renacida, en una transformación muy típica del cine yanqui, después) y que Paul Giamatti como el director Jerry, que hace de Giamatti, le da contrarréplica oportuna y eficaz, no es decir gran cosa por su obviedad. Moore es desde ya una clara aspirante a premio en el Zinemaldia. Veremos si viene a recogerlo.

La revelación del 74ª Zinemaldia ha venido a las 15:30 en el Kursaal con una película en Sección Oficial y de más de dos horas y media titulada "Growth of the Soil" (o por el subtitulado en castellano "La bendición de la tierra"). Su director noruego se llama Hans Peter Moland y su filmografía anterior no es para echar cohetes. Así que esto  o ha sido un milagro, o ha podido por fin hacer su película, o vaya usted qué astros se han alineado para que salgo esta notabilísima obra. La hora invitaba a sestear, y qué quieren que les diga: sesteé en la primera hora. Su escritura fílmica era proclive a ello: poco diálogo, escasísima banda sonora salvo en los momentos precisos y oportunos, planos de cadencia lírica y contemplativa. Todo esto no lo comento como crítica, sino que no favorecían que mis ojos estuviesen bien abiertos por culpa de una sopa de verduras, un cordón bleu (vamos el san jacobo), arroz con leche y media botella de vino en buena compañía... masculina.

Sospecho que la gran duración se ha debido a que habrá querido adaptar en su gran extensión la novela homónima del premio Nobel noruego Knut Hamsun, cuya edición por parte de Nórdica en su primera edición de 2015 tiene 362 páginas.


El equipo de "La bendición de la tierra" tras la exitosa proyección en Kursaal 1


"La bendición de la tierra" arranca en un tiempo lejano, que pudiera ser finales del s. XIX en un medio hostil como es la zona montañosa en la que aparece nuestro personaje: un desconocido cargando con poco más que su propia determinación de nombre Isak, un hombre sin pasado, y que busca un lugar donde asentarse y labrarse una vida trabajando la tierra. En el arranque vemos cómo se topa con una mujer de labio leporino (aspecto que tendrá gran relevancia en la historia) que quiere cruzar la montaña. Él al ver una figura humana agarra una piedra, pero al reconocer una figura femenina la deja caer. Ella, sin embargo, al ver a un hombre hace lo propio y no la soltará hasta comprobar que mayor enemigo son las condiciones meteorológicas. 

Peter Moland muestra una escritura fílmica notabilíma, donde los planos, las lacónicas frases, la interpretación de Herbert Nordrum y Asta Kamma con sus miradas, el paso del tiempo y el uso del desenfoque y los focales de cámara, por ejemplo, hace que "Growth of the Soil" te vaya ganando por completo... a pesar de la puta hora ¡porque no quieres dormirte ante el milagro que contemplan tus adormilados ojos! 

Quiero ponerles un ejemplo. Cuando por ciertas circunstancias la esposa está ausente en la mesa donde se sienta la familia, la escena está filmada con un plano desde el plato vacío de ella y, al fondo, el resto de los miembros desenfocado. Tiempo después, cuando las circunstancias han cambiado para ella, ese plano reaparece: ella sentada en el lugar presidencial donde se sentaba él, a trasluz del ventanal, luminosa, henchida de estima; él, en cambio, en el lugar de aquel plato, en la completa oscuridad tanto física como emocional. Debería estar en el palmarés.


El equipo de "Más allá de la sociedad" con J. A. Bayona con el micrófono


Acabo esta crónica con la presentación por parte de Carlos Torres de su serie documental para Netflix de "Más allá de la Sociedad" en el Principe 7 con la presencia también de J. A. Bayona, que ha participado en la creación. Me picaba la curiosidad por ver qué más se podía relatar después del gran éxito que tuvo Bayona con "La sociedad de la nieve" que arrasó en los Goya 2024 y fue candidata al Oscar a película internacional. Creía erróneamente que se trataría de aprovechar en cierto modo todos esos miles de minutos que grabó para la película. En parte así es, pero hay mucho más.

El accidente de los Andes no terminó con el rescate. Hay otra parte que empezó cuando los supervivientes regresaron al barrio donde les esperaban las familias de quienes no volvieron. Mientras el mundo convertía su tragedia en un relato universal, ellos tuvieron que aprender a convivir con el peso de lo que habían hecho. La serie recorre en tres capítulos medio siglo de una comunidad marcada por la grieta entre vivos y muertos. Los títulos ya indican cómo Torres y Bayona han abordado el proyecto documental: "Los vivos", "Los muertos" y "Los cuentitos". En otras palabras, se trata de dar testimonio de los que 16 que sobrevivieron; de dar voz, a través de testimonios de algunos familiares, de los que murieron (especial mención a las madres que abrieron una biblioteca para los más necesitados en memoria de sus fallecidos, un modo de desahogarse). Y, por último, la explotación en los medios y la plasmación de la tragedia a través de un libro al ver que había sinfín de subproductos sensacionalistas y fantasiosos. El libro que recoge horas y horas de grabación de los supervivientes fue ¡Viven! del historiador británico Piers Paul Read, que no sabía ni papa de castellano. Posteriormente, se cuenta la adaptación al cine de la mano de Frank Marshall en 1993 y sus consiguientes derivadas. No sé si el final abordará la obra de Bayona, pues me tuve que ir o perdía el autobús rumbo a Bilbao. Lo que habría supuesto un pequeño drama.


martes, 22 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026.5ª jornada

 Necesidad de buen cine sin que me den el último adiós amargándome las navidades

  

Joseph Lynn / ©️ Thin Man Films Ltd





 












Les juro que los programadores del Zinemaldia a veces me sorprenden a la hora de configurar la programación. Y hoy martes ha sido uno de esos días. Los muertos han estado presentes en tres de las cuatro películas que he visto, bueno en la última está fuera de campo, pero es un elemento de la trama. Si me han leído en otras ediciones que he comentado sobre el Zinemaldia, en ocasiones tengo la convicción de que alguien con gotero, renegado de Ford o Hawks y con conciencia obrera tiene mucha influencia en el comité de selección. Al grano.

Mike Leigh, ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes y nominado al Óscar, regresa con un nuevo largometraje que continúa su lúcida exploración del mundo contemporáneo. Esto es lo único que se señala en la página del Festival. ¡Coño, ni siquiera indican algo del argumento! Así que voy virgen, pero en guardia porque Leigh es de los que meten el dedo en la herida social de su querida Inglaterra o Gran Bretaña o Reino Unido. Y, claro, los problemas sociopolíticos de allá son semejantes a los de acá. 

Hace dos años Leigh vino en cuerpo presente y con cachava (bueno, bastón) para presentar en el Kursaal 1 su "Hard Truths" (Mi única familia) dentro de la Sección Oficial. Me fastidió la cena para prensa pues preferí acudir a ver qué había rodado el hombre que había creado obras como "Secretos y mentiras" o "Another Year". Me decepcionó mucho.

Así que esta mañana iba con cierto escepticismo. "Tender Loving Care" (Cuidados intensivos) me ha convencido sin ser siquiera un notable alto. Me temo que la Concha de este año sale barata. Arranca con un primerísimo primer plano de un anciano barbudo recostado en una cama de hospital. Es un infartado. Se presenta una mujer de servicios sociales para ocuparse de él porque no saben dónde vive y le comunica que el doctor le ha dado el alta y no puede seguir en el hospital porque "no es el Ritz". Él le dice que habría ahorcado al médico. Y Leigh nos interpela como diciendo para qué vivir si no hay nadie que nos cuide. De ahí el título. 

El resto de la historia se dedica a hacer un retrato familiar, íntimo, plagado de anécdotas familiares de Marion Bailey y Paul Jesson, un matrimonio anciano y bien avenido cuya hija, Kate O'Flynn ha dejado una relación de cinco años y ha vuelto a casa de una amiga, Alice Bailey. Estos los cuatro personajes sobre los que Mike Leigh dedica su historia. Algunos dedicarán adjetivos como película de cámara, obra menor interesante o un Leigh que revive los viejos tiempos de juventud. Contiene una escena final que, si hubiera sido John Ford, habría noqueado al público. No lo es ni lo pretende. A pesar de ello me huelo a que estará en el palmarés.


Muestra de la cosecha del cine vasco: Zinemira













Hoy es la Gala de Cine Vasco y yo sin acudir a comerme los canapés un año más. He visto en el Primcipe 3 (cine que detesto porque parece la catacumba para los primeros cristianos-espectadores) “Azken agurra” de Koldo Almandoz. Su recorrido en salas será, auguro, como el de Iñigo Azpitarte y su negocio de servicios funerarios laicos. La película tiene un tono interpretativo a lo Aki Kaurismakis pero a lo vasco. Su protagonista es un desastre total: fracasa en todos los aspectos de la vida y aún así uno no puede dejar de tenerle cariño. “Azken agurra” (Último adiós en castellano) es irregular, pero su humor a mí me funciona en muchos momentos. Arranca dejando claro que es vasca y con dinero público vasco y muy vasco. Estamos en la cima de un monte y los asistentes al funeral civil esperan a que llegue el desastre de Iñigo a dirigir la cemermonia. Se excusa diciendo que ha tenido atasco. Sobre una ikurriña se colocan las cenizas del difunto y, tras un aurresku de honor, se esparcen al aire cubriendo a algunos de los allí asistentes. Almandoz ya deja claro que estamos ante una comedia un tanto absurda sobre un personaje perdedor, incapaz de afrontar la vida. Mucho menos llevar un negocio sobre la muerte.


Fotograma de “Irailak”


En el Trueba 2 asistí a “Irailak” (Septiembres) de Izaskun Arandia. El espectador antaño se quejaba del exceso de filmes sobre la Guerra Civil española, un tópico bastante falso. Hoy en día surgen muchos documentales sobre qué pasó con personas que desaparecieron y que todavía muchos miles de ellas están en fosas comunes sin identificar. Tras décadas de silencio auto impuesto por miedo, las generaciones posteriores han empezado a hacerse preguntas y solicitar respuestas. Es el caso de la directora, cuyo bisabuelo, Miguel Varga, dejó a su familia en Tolosa en 1935 y se fue a su pueblo natal de Burgos. Con el tiempo a la familia le notificaron que falleció en la contienda pero el cuerpo no apareció. En 2018 el programa ADN del Instituto Góngora descubrió tras unos análisis que el cuerpo hallado en una fosa burgalesa era el del bisabuelo de Izaskun Arandia: era el primero. De ahí que junto con su aita, Arandia coja una roulotte y viaje a Burgos para encontrar más claves de por qué desapareció. “Irailak” es casi un “cuaderno audiovisual” interesante como testimonio pero no alcanza ni brillantez ni una emotividad que el material prometía. Una pena. 

De todas formas, contiene unas escenas en el cementerio de Sad Hill en el valle de Mirandilla cerca de donde fusilaron a Miguel Varga, que le permite a su directora hacer una interesante reflexión de cómo un lugar donde se rodó “El feo, el bueno y el malo” está repleto de tumbas vacías, mientras que en fosas se acumulan cadáveres de la guerra incivil que piden yacer en sus tumbas. 


Presentacion en Made in Spain de “Amarga navidad”


Por último, cierro mi jornada con una película de la sección Made in Spain: “Amarga Navidad” de Pedro Almodóvar. La presentación por parte de su productor, Agustín Almodóvar, y dos de sus actores, Vicky Luengo y Patrick Criado, me amargaron la proyección. La duración se alargó tanto que tuve que coger el autobús sin poder ver el final. Así que esta crónica queda coja. Tan solo diré que contiene los peores defectos de su cine (artificio grandilocuente, trascendencia impostada, dramatismo Corte Inglés...) y lo que podrían ser sus virtudes (véase ciertos chistes que en los 80 hacían destornillarse al publico o planos visuales para expresar una idea como la del plano picado de la orilla del mar en Lanzarote) ahora me parecen ya marchitadas. No niego que la trama tenga su interés, mejor dicho, cómo la estructura en la historia ubicada en 2004 de Elsa (Bárbara Lennie), directora de cine y publicidad, y la de Raúl (Sbaraglia) en 2026 que está escribiendo un guion de cine. Ambas historias se conectan, de la misma forma en que realidad y ficción tienen vasos comunicantes. Ya lo dijo Agustín Almodóvar en la presentación: es un peligro estar casado o que en la familia haya un escritor, pues se corre el peligro de que tu vida se vea reflejada un día en su novela. Autoficción parece que lo llaman los franceses. Yo lo llamaría en el caso de Pedro Almodóvar autofelación.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026. 2º Premio Donostia

Lynch, Bayona, Iñárritu, Verbinski, Jackson entre otros lo hicieron posible


Naomi Watts, segundo Premio Donostia

Es extraño que los dos únicos Premios Donostia que se dan este año vayan seguidos: viernes 18 y sábado 19. Supongo (Rebordinos, el director del sarao, se reirá si lee esto) que las agendas de Herzog y de la Watts mandan más que el Zinemaldia. Vaya usted a saber. Lo habitual y lo razonable es ir soltando los premios para que la prensa tenga su carnaza informativa. ¡Pero alimentarla los dos primeros días de festi para luego dejarla a régimen de adelgazamiento informativo...!

De la actriz Naomi Watts me vienen dos recuerdos al escribir esta crónica de su Premio Donostia. El primero tiene que ver con la obra de David Lynch, "Mullholland Drive" (2001), en la que la rubia Naomi es la protagonista junto a la morena Laura Harring. Cuando la vi en su momento –ya no recuerdo el cine de Bilbao, tal vez en los Mikeldi– salí con la convicción de que no había entendido un carajo. Los laberínticos meandros mentales de Lynch me desnortaron. Años después, un amigo de trabajo me comentó que "Mullholand Drive" era la película que "todos los años veo con un compañero de infancia mientras nos fumamos unos porros. Desde entonces siguen escapándosenos claves para entenderla. Pero la amamos".

No es extraño que la actriz y productora Naomi Watts dedicara el sábado a David Lynch el segundo Premio Donostia de la 74ª edición del Festival de San Sebastián al recogerlo en el Auditorio Kursaal. La actriz recordó las dificultades que tuvo en sus inicios hasta que David Lynch la dirigió en "Mullholand Drive". "Todas las heridas de aquellos rechazos de repente se transformaron en crecimiento. Me dio un papel que ni siquiera habría podido soñar. David cambió mi vida", declaró ante el auditorio. "Me dio una comprensión diferente de lo que significaba actuar: confiar en el instinto, aceptar la incertidumbre, no tener miedo de lo extraño ni de aquello que no tiene explicación. Pero, por encima de todo, creyó en algo que había en mí antes de que yo misma confiara plenamente en mí. Es un regalo que nunca se olvida. Así que este premio tiene mucho que ver con él. David, te echo de menos", afirmó en alusión al cineasta fallecido en enero de 2025.


El segundo recuerdo que me ha asaltado es verla sufrir por un tsunami en la película de J. A. Bayona "Lo imposible" en 2012, año en el que a mí me vino otro meses antes con el derrame cerebral que dejó a mi amatxu en sillas de rueda. Si María (Naomi) logra al fin recuperar, tras una búsqueda desesperada, a su hijo desaparecido en la catástrofe que asola la costa tailandesa, yo logré a partir de la enfermedad y el cuidado de mi ama su Amor. El tsunami que vimos venir en el Kursaal 1 antes más de 2.000 espectadores tuvo para mí un momento catártico.


Entrega de la mano de J. A. Bayona a Naomi Watts del Premio Donostia 



No es extraño, pues, que en una ceremonia presentada por el actor Jon Plazaola, fuera el cineasta J. A. Bayona quien le entregara la máxima distinción honorífica del certamen, al que le dio las gracias y evocó la aventura que supuso rodar a sus órdenes en "Lo imposible" (2012), que le valió una segunda nominación al Oscar tras haber interpretado "21 gramos".

Antes de entregarle el premio, Bayona protagonizó una emotiva introducción en la que desveló estar viviendo "un sueño hecho realidad". "Hace un tiempo soñé que Naomi Watts recibía el Premio Donostia y que yo se lo entregaba. Hablaba de la extraordinaria lista de directores con los que ha trabajado Naomi. Una lista impresionante, solo superada por su talento", señaló.

Bayona ha recordado cuando trabajó con la actriz en "Lo imposible", estrenada fuera de concurso en la Sección Oficial. "Hay un momento en ese rodaje que aún hoy me emociona", reconoció. "Tras ser arrastrada por el tsunami, su personaje, María, es rescatada por dos ancianas tailandesas que no eran actrices profesionales. Naomi se dejó llevar por la autenticidad e hizo su magia. Empezó a llorar desconsoladamente. Nada de lo que salió estaba en el guion. No había personajes solo una mujer rota buscando el consuelo de unas desconocidas. Esa fuerza de la naturaleza aparece cuando Naomi confía", subrayó el director, para quien aquella experiencia cambio su manera de entender el cine y la forma de dirigir a actores y actrices.


"The Housewife" (La esposa perfecta). Ben Shirinian, Lena Olin y Naomi Watts



La intérprete de "La esposa perfecta" (con la que se ha presentado al Zinemaldia) aseguró que "la satisfacción de ser actriz es pasar la vida intentando habitar a otras personas y, en el camino, descubrir más de ti misma".  Además, señaló que "las mujeres de mi edad tenemos que vernos reflejadas en las pantallas", y reconoció sentirse afortunada por ser uno de los rostros que están contribuyendo a ese cambio de paradigma. Aseguró que hace treinta años tenía "esperanzas y sueños", pero nunca imaginó que le fueran a llevar "tan lejos". Por ello, dijo sentirse "profundamente conmovida y agradecida" por el Premio Donostia y por tener el "privilegio" de trabajar en lo que ama. "El cine es la forma de arte más hermosa. Necesitamos contar historias ahora más que nunca. Y estoy profundamente agradecida de que una mujer de mi edad —a pesar de que a los 31 años, cuando estrené "Mulholland Drive", me dijeran que todo habría terminado a los 40— pueda formar parte del cambio de esa narrativa. Tenemos que vernos reflejadas en las pantallas. Y quizá lo más importante que puedo decir es que, después de todos estos años, todavía quiero saber qué pasa después", afirmó.






Zinemaldia 2026. 2ª Jornada

La meseta castellana como metáfora de lo visto en la segunda jornada del Zinemaldia


El plantel artístico de “5 minutos más” con su director Javier Ruiz Caldera (dcha)


La segunda jornada ha sido mesetaria tras haber visto "5 minutos más", "Cute", "Sucederá esta noche" o "Krux", es decir, no hay de las cuatro películas vistas algo que brille con muchísima intensidad, Roy. 

Me estrenaba en la Sección Oficial con algo español: "5 minutos más" de Javier Ruiz Caldera. La filmografía de Ruiz Caldera no invitaba al exceso de optimismo, la verdad. En su curriculum vitae presenta películas de tono cómico ("3 bodas de más") con otras en las que abordó personajes del tebeo español ("Superlópez" y "Anacleto") sin dejar nunca meter el tinte cómico. La obra que se pudo ver en el Kursaal 1, repleta de público y con buenas reacciones en ciertos momentos, sigue la misma senda: un poco de fantástico trufado con dosis de humor negro y trágico. La partida argumental es sencilla y clara, lo cual se agradece. Narra la historia de un matrimonio (irregulares Berto Romero y Belén Cuesta) en crisis que decide pasar un fin de semana de turismo rural en una casa aislada en el campo. Allí se reúnen con un encargado de la agencia (Javier Cámara, pelín excesivo en su caracterización) que les enseña la casa y les entrega las llaves. Pero antes de que los deje solos, sucede una cosa extraordinaria: el tiempo retrocede 5 minutos.

Supongo que los que peinan canas o calvicie, se acordarán de la magnífica "Atrapado en el tiempo" de Harold Ramis. La brillantez de las situaciones y de los diálogos no están al mismo nivel en "5 minutos de más" pero funciona con fluidez y cierto interés gracias al guion de Berto Romero y a un montaje que no se anda por las ramas.

Quiero señalar algo muy curioso, anecdótico pero tal vez representativo de los últimos tiempos. Delante de mí se sentó una famosa (hasta el punto de que una espectadora a su lado le pidió una foto con ella) periodista de información cinematográfica que estuvo en la Ser. Pues bien, si ya desde el principio el filme de Caldera está trufado de humor, la susodicha no hizo gestos de troncharse hasta que llegaron los momentos donde se desataba el humor más negro (cruel) contra las figuras menos simpáticas de esta historia, que, curiosamente, eran tíos.


La directora de “Cute”, Marlene Emile Lyngstadr


Después de comer en la Zurriola el menú de 17,5 € tras una espera de veinte minutos y comprobar que el vino sigue siendo malísimo, acudí al Príncipe 2 a ver "Cute" dentro de New Directors, ópera prima de una noruega de tan sólo 29 años, Marlene Emilie Lyngstadr. Me resultó interesante por el tratamiento y por tener un guion sólido y dos actores acertadísimos en sus papeles. Creo que si la hubiera reducido, le habría quedado niquelado para lo que narra. 

Richard está atormentado por los sentimientos prohibidos que alberga hacia su hijastra, que tiene siete años. La situación se le hace insostenible hasta el punto que acude a su doctora para que le medique algo que incluso puede llegar a su castración química. No quiere tratamiento psiquiátrico, así que abandona la vía médica y decide dejar a  su novia para refugiarse en la casa donde creció y reformarla antes de venderla. Pero el retiro que se ha autoimpuesto se ve perturbado por la presencia de Stella, la aniñada cuidadora de su madre. Pronto descubre que ella lleva una doble vida como camgirl, haciendo de Lolita y empiezan una relación transgresora, como si fueran padre e hija, que se hace añicos cuando la hijastra a la que abandonó, retoma el contacto. 

La puesta en escena no es demasiado destacable, pero la directora logra con su mirada hacia estos dos personajes, atormentado él por sus inclinaciones sexuales, y ella por un trauma de apego, que podamos empatizar con ellos. 


Fotograma de “Sucederá esta noche” de Nanni Moretti


Nani Moretti a sus 73 años ha rodado una película romántica: "Sucederá esta noche". Sorprende porque en su filmografía apenas ha tocado este (sub)género de manera pura. Lo suyo es la comedia (añádase adjetivos a su lado como política), drama o documental. Y no acierta. Me pareció de lo más flojo que le he visto a Moretti. Bien es verdad que ver a Jasmine Trinca a sus 45 años le consuela por verla en pantalla. No me extraña que el últimamente omnipresente actor francés Louis Garrel se enamore de ella.

Interpreta a Matteo. Un día en que juega un partido de tenis con una amigo ve cómo una mujer vestida de novia irrumpe en la pista. Es Greta. Ella se quita los zapatos, coge una raqueta y le propone jugar. Durante siete años, Matteo no dejará de pensar en esa mujer. Mientras ambos recorren sus caminos y vidas paralelas, el destino parece empeñado en no reunirles de nuevo. "Sucederá esta noche" responde que en el amor se juega al todo o nada. De otro modo, no es auténtico y verdadero amor. Por eso, hay que arrancarse las cadenas: la de los hijos, la de los maridos o esposas... 

"Sucederá esta noche" empieza mal y mejora poco a poco, con un final que pone broche imaginativo a esta historia que en su puesta en escena carece de ella. Como curiosidad, decir que el título es la última frase de la película. Arrancó aplausos incomprensibles para mí. La coproducción entre Italia, España y Francia malogra todo intento de dar fuste a esta historia romántica que se pierde en vericuetos. Lamentable las escenas que transcurren en San Sebastián-Donostia en las que parece que había prisa por rodar y pasar a otras localizaciones. Ni la banda sonora de Alberto Iglesias mejora el resultado.


La realizadora alemana firma "Krux", la herida de la II Guerra Mundial todavía supura


Acabo la crónica con la película de la Sección Oficial que, como alguien soltó a la salida del Teatro Principal tras verla, puede que recabe algún premio del certamen. Se titula "Krux" ("Encrucijada" en el subtitulado). Y no le falta razón, pues tiene asunto serio (suicidio colectivo tras la derrota alemana en la II Guerra Mundial), mucho aliento poético, trama de bella factura e interpretaciones intensas y la dirige una mujer. ¡Vaya!, tuve que soltar mi observación antiwoke.

Como se señala en los títulos de crédito finales, está inspirada en hechos reales. "Krux" narra la oscura historia de un pequeño pueblo del noreste de Alemania al final de la II Guerra Mundial, cuando el régimen nazi ordenó a sus habitantes no dejar nada vivo que el enemigo pudiera encontrar. La mayoría de los hombres están en el frente. Lo que queda es un puñado de mujeres, niños y los pocos hombres a quienes se les permitió quedarse. La vida aún se sostiene en sus viejos rituales: escuela, iglesia, bodas, trabajo. Los vecinos todavía creen que todo terminará bien. Entonces el río devuelve cuerpos que nadie puede nombrar. Nadie sabe cuándo llegará el enemigo ni qué ocurrirá cuando lo haga. Los rumores llenan el silencio donde deberían estar los hechos. De ese silencio crece un miedo más grande que el propio enemigo. 

La ópera prima de Tony Vahl funciona escena por escena, pero el conjunto a mí se me hizo "bola negra". Vahl nos propone una idea muy interesante: la de cómo oponerse a la masa sin dejar de ser arrastrada por ella ante ideas nada razonables como es la del suicidio colectivo por temor a la respuesta del frente vencedor al alcanzar el pueblo. Así hay una escena en la que una mujer que ha tenido que casarse con el casco de su marido fallecido en el frente (literal) llega a plantearle al maestro del pueblo de que por qué está enseñando a los niños de su clase a hacer la lazada típica con la que se suicidarán llegado el momento de la llegada de los vencederos. No hay respuesta. Tendrá que ser el espectador el que barrunte cuál es el motivo que mueve a todo un pueblo a tomar esta decisión del suicido colectivo. 

Es un tópico decir que cuando se habla de la fotografía es señal que la historia ha funcionado menos. Pues el tópico se cumple en esta ocasión. Si la narración de este horror colectivo de este pequeño pueblo rural (que a mí me dejó frío) hubiera estado a la altura de la luz natural (en muchas ocasiones con velas) que crea el director de fotografía, Piotr Sobocinski, "Krux" habría sido una obra maestra. Desgraciadamente, cuenta con muchos personajes (el cura, el alcalde, el maestro, las viudas...) que hacen que se conviertan más en arquetipos que en seres de cuerpo y alma. Y es una pena, la verdad.


viernes, 18 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026. 1ª Jornada

 ¿Y si a la primera, la vencida?





La vida de un bloguero es dura: todo lo que escribe es por amor al arte. En este caso al cine. La única recompensa es encontrar una película que dé sentido a esta actividad. Los hoteles de Donostia-San Sebastián están a rebosar, no solo por esa especie cada vez más en extinción llamada crítico de cine, o simplemente por los amantes del cine, sino por “el turista”. Ahora son los “guiris” jubilados o de mochila de cualquier país quienes recorren las calles Fermín Calbeton, Esterlines, Enbeltrán o la Mayor del Casco Viejo, las cuales conducen al santuario cercano a la Basílica de Santa María del Coro llamado Teatro Principal. Ya lo decía Rebordinos, director del certamen siempre tan socialdemócrata él: es una pena que la juventud no pueda estar muchos días con los precios de los alojamientos. Es lo que tiene la turistificación de los centros de las ciudades.

El primer día del Zinemaldia ha traído lluvia y poco ambiente festivalero. Tan solo por la tarde algo más de gentío ante los escenarios de siempre: Teatro María Cristina y Kursaal 1, este último con protestas a favor de Palestina. Los críticos nos alejamos de estos saraos. Sin embargo, hay que justificar el presupuesto con merecidos (no siempre) premios Donostia. El director, guionista y productor alemán Werner Herzog ha recibido esta noche el primer Premio Donostia de la 74ª edición del Festival de San Sebastián, en una gala inaugural celebrada en el Auditorio Kursaal que ha servido para dar comienzo a nueve días de cine.

El director alemán ha recibido el máximo galardón honorífico del Festival de la mano del actor Orlando Bloom, presente en el reparto de su última película, “Bucking Fastard”, previamente proyectada en el Teatro Victoria Eugenia. El Festival ha querido poner en valor una trayectoria marcada por "la exploración de los límites del cine y por una mirada siempre singular, libre y arriesgada".

Tras recibir una larga ovación, Herzog ha confesado su "conexión" con el pueblo vasco desde que filmó Aguirre, la cólera de Dios, (1972), al tiempo que ha evocado el rodaje de (La cueva de los sueños olvidados (2010), durante el que se sintió muy cerca de quienes hicieron las pinturas rupestres hace miles de años.

Werner Herzog y Orlando Bloom



También ha elogiado la cultura vasca y el euskera –"una lengua increíble, la más antigua de Europa"-, y ha mostrado su admiración por los bertsolaris (improvisadores orales) como representantes de una comunidad de poetas. "No sé exactamente de qué hablan, pero siento que hay una comunidad de la que me siento parte. Recibo este premio de un pueblo de poesía", ha concluido.

Por su parte, Bloom ha destacado a Herzog como un "cineasta excepcional" con una "voz inconfundible". "Explorando ya sea lo extremo de la naturaleza, los extraños recovecos del comportamiento humano o los límites entre la realidad y la ficción, Werner siempre ha concebido el cine como una aventura", ha asegurado.

Perlas 

Temo que de lo poco que veré este año, “Minotauro” del ruso Andrey Zvyagintsev será la joya 💎 con la que me tendré que conformar para poder pasar el año soñando con ella. El autor de "Leviatán" o "Sin amor", tiene una filmografía muy corta para los 62 años de almanaque que tiene. Una pena, aunque supongo que un consuelo para el régimen de Putin. 

Zvyagintsev aprovecha la historia que narró Claude Chabrol en 1969 titulada “La mujer infiel”. Uno tuerce el morro pensando que el director tiene que pagar el peaje porque no encuentra financiación salvo en Francia. Pero Andrey es mucho Andrey y de la historia de Chabrol solo aprovecha la argamasa para construir otro sopapo de dimensiones cósmicas a la sociedad rusa y a sus cimientos, corroídos hasta el tuétano, en la que no hay escapatoria salvo que seas amigo de Putin o algún derivado político, empresarial, religioso o policial. 

Gleb es un empresario de éxito casado con una hermosa mujer con la que tiene un hijo ya adolescente. La situación bélica en la que se halla el país será el telón de fondo, pero no por ello lo menos esencial, que “decora” este drama de celos del marido al sospechar que su mujer se la está pegando con otro. 
La fotografía de Mikhael Krichman está basada en el contraluz y en unos tonos cada vez más fríos y oscuros, pues el viaje a los infiernos de Gleb le harán poner a prueba todo lo que tiene y cuanto es. ¿Estará dispuesto a todo por conservar su status social y familiar? Zvyagintsev  vuelve al tema que ya abordó en otros filmes: la corrupción, no solo de la sociedad sino del individuo, dinamita toda posibilidad de democratización, justicia y libertad en la sociedad rusa.

Contiene varias escenas a lo largo de los 141minutos que dura la película que provocan el éxtasis para el que esto escribe. No puedo dejar de reseñar que la cuidada banda de sonidos, sí, no la de música sino de los ruidos que acompañan a la escritura visual de esta sobresaliente obra es para tenerlo en cuenta.


El director Aitor Arregi no se quiso perder “Minotauro” en Teatro Victoria Eugenia 



A partir de aquí, la coreana “Hope” de Na Hong-jin, la canadiense "Tangles" de Leah Nelson y la polaca "Fatherland" del siempre interesante Paweł Pawlikowski me resultan muy inferiores. Es lo que tiene probar el jabón de jabugo: después todo sabe a mortadela o jamón York.

Venía con mucha expectación procedente de Cannes, pero "Hope", una especie de thriller, fantástico con monstruo, se me hace excesivamente larga en sus 157 minutos.  Bum-seok, jefe del puesto policial de Hope Harbor, es requerido por unos cazadores que han encontrado en medio de la carretera una vaca que ha sido atacada por algún extraño animal. Lo que parece que pudiera ser un tigre acabará convirtiéndose en un verdadero monstro. Bum-seok contará tan sólo con la agente Sung-ae, para defender una aldea habitada por ancianos. Mientras en las montañas, Sung-ki y los lugareños que salieron a rastrear a la bestia se han convertido en presas. "Hope" funciona muy bien la primera hora en la que la fiera no da la cara. Sin embargo, la segunda parte es una alargada persecución que llega a hacerse excesiva en muchos aspectos. Y el del montaje no es el menor.

La animación en blanco y negro es la característica formal de "Tangles", la ópera prima de Leah Nelson, cofundadora de Giant Ant, un estudio de animación galardonado con varios premios Emmy y con sede en Vancouver. Cuando el alzhéimer comienza a borrar la personalidad de su madre, Sarah deja atrás su vida como artista y activista en la San Francisco de los años 90 para regresar al pueblo pequeño y conservador donde vive su excéntrica familia. Al principio cree que podrá hacerse cargo de la situación, pero pronto comprende que solo aceptando la dura y desconcertante realidad de la enfermedad podrá convertirse en la hija que su familia necesita. "Tangles" se deja ver y, en el caso de la espectadora que tenía a mi lado, se ve con el moquero sobre la nariz. No es mi caso. La veo pero ni me apasiona ni me deja excesivamente frío. Nelson es coherente con su planteamiento, pues la historia siempre está vista desde la mirada de la hija a lo que le ocurre a su madre y al resto de la familia.





Para ser la más corta,  se me ha hecho bola "Fatherland". Y mira que el polaco Pawlikowski me fascinó con la ganadora al Oscar internacional "Ida" o mantuvo el tipo con "Cold war", su siguiente película. Pero "Fatherland" me parece demasiado "intelectual", fría y distante hacia el espectador. se centra en la relación entre el escritor Thomas Mann, ganador del Premio Nobel, y su hija Erika, actriz, escritora y piloto de rallies. En el verano de 1949, en pleno auge de la Guerra Fría, padre e hija emprenden un exigente y emotivo viaje por carretera en un Buick negro que los lleva a través de una Alemania en ruinas: desde la Fráncfort dominada por Estados Unidos hasta la Weimar controlada por la Unión Soviética. De regreso a casa tras 16 años de exilio en EEUU, Thomas Mann debe enfrentarse no solo a una patria dividida, sino también a una fractura profunda dentro de su propia familia.
No niego que hay buenos momentos, pero el conjunto creo que le falta una mayor consistencia en el esqueleto dramático. Mann parece no decantarse ni por Mickey Mouse ni por Stanlin, de ahí que en el auto, una vez acabada la gira por ambas zonas, enciende la radio: sintoniza una emisora americana y acto y seguida sintoniza otra rusa. Como parece que ninguna le convence, apaga el transistor. No es de extrañar que en plena Guerra Fría, el escritor alemán decidiera ir a vivir sus últimos años a Suiza.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Lo que nos espera: Zinemaldia 2026

17 obras de cine en busca de la Concha de Oro y del adiós a Rebordinos, su director


Glaxo de Benjamín Nahistat, una de las participantes en la Sección Oficial


El Zinemaldia 2026 transcurrirá del 18 al 26 de septiembre y dirá adiós definitivo a su director, José Luis Rebordinos, que durante 16 ediciones ha comandado con habilidad el certamen señero cinematográfico. Durante todo este tiempo, la gestión le ha minado su salud —"llegué sano y ahora soy diabético, hipertenso y tomo pastillas para el colesterol"—, comentó a varios medios.

Él no será protagonista, sino una amplia representación de cineastas, intérpretes, productores y guionistas de todo el mundo que acudirá a la 74ª edición del Festival de San Sebastián. Como en estos últimos años todo ha ido tendiendo al gigantismo, el certamen ofrecerá un total de 263 títulos procedentes de 47 países. Como haría un buen taxidermista, estos títulos se clasifican en variadas secciones para que, parafraseando las cinco leyes de la biblioteconomía del indio Ranganathan, "a cada espectador, su filme y a cada filme su espectador". 

Así tenemos la Sección Oficial, en la que se concede la Concha de Oro y otros premios de relumbrón,  Perlas de otros festivales, Horizontes Latinos (películas hispanas recientes, algunas apoyadas por el festival), New Directors (un riesgo, pues puedes hallar joyitas y bodrios diarreicos de directores que dan sus primeros pasos), Klasikoak (obras restauradas para la divulgación como son esta edición "El desencanto" (1976) o "Alguién voló sobre el nido del cuco"), Zinemira (cine actual vasco como "Las ciegas hormigas" de Igor Legarreta o "Un tal Karlos" de Arantxa Aguirre) y otras tantas más para no dejar a nadie defraudado como en un gran bufet.

En la rueda de prensa celebrada el pasado viernes 4 en Tabakalera, el director del Festival, José Luis Rebordinos, y la subdirectora Maialen Beloki dieron a conocer un listado de nombres que harán las delicias de los que se apostan durante horas, sin tener mejor cosa que hacer, en el Teatro Victoria Eugenia o en la alfombra que conduce al Kursaal 1. Así tienen prevista su llegada, entre otras personalidades, Orlando Bloom, Marion Cotillard, Penélope Cruz (abonada al Hotel María Cristina como yo a la pensión Milagros), Ricardo Darín (cartel de este año), Eduard Fernández, Dolores Fonzi, Jeremy Irons, Vincent Lindon, Rami Malek (¿seguirá con el gesto facial a lo Freddie Mercury que le valió un Oscar?, Noémie Merlant, Mercedes Morán, Lena Olin, Nahuel Pérez Biscayart, y, por su puesto, Brad Pitt. 

Habrá más pero por mi longeva edad ya no los pongo cara por ser o demasiado jóvenes, demasiado guapos e inalcanzables para los mortales o demasiado mediocres... como yo, que cruzo el puente de la Zurriola sin ser molestado.

También acudirán a San Sebastián a presentar sus películas directores como Fatih Akin, Beth de Araujo, Lukas Dhont, Jesse Eisenberg, Nicole Garcia, Pablo Larraín, Diego Luna, Valentina Maurel, Martin McDonagh, Tsai Ming-Liang, Cristian Mungiu, Hans Peter Moland, Olivier Nakache y Eric Toledano, Pawel Pawlikowski, Ira Sachs y Andrey Zvyagintsev. La mayoría como ven podrán pasear a lo largo del Urumea o tomarse un baño entre los demás donostiarras en la playa de la Concha sin ser molestados, salvo por algún petardo cinéfilo chancletón o, ya menos, alguna golfilla con ganas de plano en su próxima película.

El cineasta Ira Sachs presidirá el jurado compuesto por el director Genki Kawamura, la guionista Catherine Paillé, las actrices Alice Braga y Patricia López Arnaiz, el actor Bill Skarsgård y el productor Mike Goodridge. 


PREMIOS DONOSTIA

Además, recibirán el Premio Donostia el cineasta alemán Werner Herzog, que presentará junto al actor Orlando Bloom su nuevo largometraje, Bucking Fastard, y la actriz Naomi Watts, protagonista de la película The Housewife (La esposa perfecta) dirigida por Ben Shirinian, a quien también acompañará la intérprete Lena Olin. Bloom entregará el Premio Donostia a Herzog y el cineasta J.A. Bayona, a Naomi Watts.



Naomi Watts, una de las actrices más talentosas y reconocidas de su generación, recibirá el Premio Donostia el sábado 19 de septiembre en una gala en el Kursaal. La actriz y productora presentará en la 74ª edición del Festival de San Sebastián el largometraje The Housewife (La esposa perfecta), debut en la dirección del canadiense Ben Shirinian.

El trabajo de Watts combina cine de autor con grandes producciones en la pequeña y en la gran pantalla. Ha estado nominada al Óscar en dos ocasiones: por su papel en 21 Grams (21 gramos, 2003), de Alejandro González Iñárritu, y por el de The Impossible (Lo imposible, Sección Oficial fuera de concurso, 2012), de J.A. Bayona.

Su consagración internacional llegó gracias a Mulholland Dr. (Mulholland Drive, 2001), de David Lynch, una interpretación considerada referente del cine contemporáneo. También ha trabajado con cineastas como Peter Jackson, David Cronenberg, Clint Eastwood, Michael Haneke, Audrey Diwan, Noah Baumbach o Rodrigo García, con quien en 2009 viajó a San Sebastián para clausurar la Sección Oficial fuera de concurso con Mother & Child (Madres e hijas).

Naomi Watts, actriz que recibirá uno de los dos Premios Donostia


El segundo Premio Donostia lo recibirá el director, guionista, productor y actor Werner Herzog en reconocimiento a su carrera durante la gala de apertura del Festival de San Sebastián el 18 de septiembre. La máxima distinción honorífica del Festival para el cineasta alemán irá acompañada de la proyección de su nuevo largometraje, "Bucking Fastard", que ha competido en el Festival de Venecia.

A lo largo de una carrera que abarca seis décadas, Werner Herzog se ha convertido en una de las figuras más influyentes del cine contemporáneo, "construyendo una obra extraordinaria ―alrededor de 80 filmes― y moldeada por la obsesión, las situaciones extremas y las contradicciones de la naturaleza humana", señala el Festival. Sus películas, tanto de ficción como de no ficción, "están pobladas por soñadores y conquistadores que se enfrentan a paisajes extremos y fuerzas que escapan a su control. Guiado por su concepto de "verdad extática", Herzog defiende un cine que trasciende la mera observación de los hechos para revelar una dimensión más profunda y poética de la realidad", añaden.

La proyección del Premio Donostia, que tendrá lugar en el Teatro Victoria Eugenia antes de la ceremonia de entrega en el Kursaal, contará con la última película de Werner Herzog. Protagonizada por Rooney Mara, Kate Mara, Orlando Bloom y Domhnall Gleeson, Bucking Fastard cuenta la inusual historia de dos hermanas gemelas cuyo vínculo extraordinario las lleva a hablar al unísono, amar al mismo hombre y compartir los mismos sueños.


Segundo Premio Donostia, al director alemán Werner Herzog


SECCIÓN OFICIAL

Junto a la ya comentada en otro artículo participación española de 5 minutos más, El mal padre y Sants, en la Sección Oficial a concurso tendremos entre otro cine alemán, inglés, norteamericano, japonés, brasileño, argentino y, por supuesto, el habitual desembarcó del cine galo. El listado de presencias internacionales lo abrirá Fatih Akin, director de Ghost Song, y sus protagonistas Mariam Dawoud y Eren M. Güvercin, que encarnan a Farasha y Faris, unos veinteañeros que se conocen en una fiesta de graduación. Una mirada lo cambiará todo, pero Farasha muere esa misma noche. Negándose a separarse de él, descubre un modo de cruzar la frontera de ambas dimensiones.

Por su parte, Jesse Eisenberg presentará su tercera película tras la cámara, El debut. Desgraciadamente, no la acompañará ni Paul Giamatti ni Julianne Moore, la cual interpreta a Mona Friedman, una ama de casa tímida y discreta que consigue un pequeño papel en un teatro comunitario, lo que la convertirá en una apasionada actriz, dispuesta a hacer cualquier cosa para proteger la integridad artística de su papel, aunque eso signifique entrar en guerra con el autoritario director de la obra.

La actriz Marion Cotillard acompañará a la directora Nicole Garcia para presentar 7h40 ce matin-là. Cotillard es Alice, que llega a una tranquila ciudad de provincias y empieza a trabajar en una cafetería, integrándose sin problemas en una vida que no es la suya. Pero no está allí por casualidad, sino por Milo, un joven mecánico de un garaje cercano. Para él, Alice es una forastera. Para ella, él es alguien ligado a un pasado que nunca ha dejado atrás.


Y más cine francés, esta vez con la enésima adaptación de tres horas de la obra de Victor Hugo y aroma de superproducción de Netflix, Los Miserables. La dirige el realizador Fréderic Cavayé, cuya filmografía no invita al optimismo. Acudirá con él Vincent Lindon, Tahar Rahim, Noémie Merlant, Camille Cottin y Benjamin Lavernhe.

Marion Bailey, Paul Jesson y Alice Bailey Johnson representarán a Mike Leigh, director de Tender Loving Care. Hace dos años el director también participó con Mi única familia con nulo éxito en el palmarés. El británico seguirá suponemos con el cine social contemporáneo.

El veterano director noruego, Hans Peter Moland, vendrá con Herbert Nordrum y Asta Kamma August para presentarnos una historia de 155 minutos titulada Growth of the Soil. También mostrarán sus películas en la competición Amanda Kernell (Brace Your Heart) y Yeşim Ustaoğlu (What Remains), además de tres debutantes: la directora alemana Tony Vahl (Krux), la japonesa Maha Harada (My Father’s Room) y el chino Ah Biao (Border). Fuera de concurso, el actor y productor Brad Pitt respaldará el estreno de En el corazón de la bestia, dirigida por David Ayer, y el cineasta belga Michaël R. Roskam clausurará el Festival con Le Faux Soir, cuyo reparto encabeza Arieh Worthalter.

CINE HISPANO EN LA SECCIÓN OFICIAL


La habitual presencia de cine latinoamericano en el Festival comprende presencias prácticamente en todos sus apartados. En la Sección Oficial, la actriz Lali Espósito y el actor Marcelo Subiotto participarán en el estreno de Glaxo, del argentino Benjamín Naishtat, mientras que Mercedes Morán y Dolores Fonzi, además de la escritora Mariana Enriquez, respaldarán la participación de Mis muertos tristes, del chileno Pablo Larraín, en la Sección Oficial, que también acogerá el estreno de Vicentina pede disculpas del brasileño Gabriel Martins.

El chile Pablo Larraín regresa con Mis muertos tristes, serie que en el Festival será presentada en su formato de largometraje y en cuyo reparto figuran Mercedes Morán, Dolores Fonzi y Carolina Álvarez. La historia, basada en cuatro relatos de Mariana Enriquez, cuenta el caso de Ema, una mujer que puede ver y escuchar a los muertos. Habitual de citas como Venecia, Cannes o Berlín, el director, guionista y productor chileno presentó años atras en Horizontes Latinos obras como Tony Manero (2008), Post mortem (2010) y El club (2015). En Perlak, proyectó No (2012), nominada al Oscar a la mejor película en lengua extranjera, además de Neruda (2016) y Ema (2019).

Benjamín Naishtat ganó en 2018 con Rojo la Concha de Plata a la mejor dirección y al mejor actor para Darío Grandinetti, además del Premio a la mejor fotografía. Puan (2023) le valió el Premio a mejor guion escrito junto a María Alché, y la Concha de Plata ex aequo a la mejor interpretación protagonista para Marcelo Subiotto. En esta ocasión, el cineasta opta a la Concha de Oro con la película Glaxo, escrita por el director a partir de la novela homónima de Hernán Ronsino y protagonizada, entre otros, por Lali Espósito y Marcelo Subiotto. Transcurre en 1957 en un tranquilo pueblo argentino, donde la llegada de un siniestro excomisario de policía y su seductora esposa fractura el vínculo entre cuatro jóvenes inseparables. 
 
Vicentina pede desculpas es el tercer largometraje del brasileño Gabriel Martins (Belo Horizonte, 1987), en el que una mujer busca el perdón de las familias de un accidente provocado por su hijo. 



Fotograma de Ghost Song de Fatih Akin


domingo, 30 de agosto de 2026

¿Quién cojones son Mortimer y Cooke?

Una serie en la que aparece siempre una cita al cine




Llegado uno a cierta edad, tan sólo si se han cultivado algunas aficiones o puedes aún mantener cierta amistad con algún ser de este mundo, te permite no hundirte del todo. En mi caso, de lo último me escasea y no siempre está disponible, pero de la primera todavía puedo mantener el idilio con el cine y, con más fatiga, la literatura. Cine y Literatura.

Hay gente que se entrega a la melatonina, a la raíz de valeriana o a la pasiflora; otros buscan algo más fuerte: el lorazepam, el diazepam o el alprazolam; en mi caso, busco calmar el insomnio y la fatiga de la vida con la ficción acompañándola con algunas gotas de alcohol.

Por eso bendigo a dos medicamentos del alma llamados Johnnie Mortimer y Brian Cooke, ambos guionistas ingleses. Parieron unas cuantas sitcom, comedias de situación, para la televisión británica de los años 60 y 70 del siglo pasado. Mortimer falleció en 1992 a los 62 años, con lo que la pareja, dibujantes de viñetas y cómics en origen, se vio truncada. 

Ahora que estoy revisitando Un hombre en casa (Man About the House, 1973-1976) me he dado cuenta de que los quiero aún más. ¿Por qué? Bueno, diremos antes que esta serie narraba las vicisitudes de tres jóvenes veinteañeros (Chrissy, Jo y Robin Tripp) que convivían en el piso de arriba de una casa en la que los caseros vivían en la planta baja (los Roper). La fórmula era sencilla: presentaban situaciones de enredo, diálogos breves, chispeantes, ágiles, a veces mordaces pero nunca hirientes, uso de anfibología o juego de palabras; el amor/sexo siempre flotaba en el ambiente (Robin solía cortejar sin éxito a Chrissy, cuya virginidad trataba de poner a salvo) mientras que Jo era la que, pareciendo tonta, tomaba el pelo a los demás, y las situaciones se cerraban siempre poniendo una sonrisa en los labios de los telespectadores. De algún modo, la serie se convirtió en una manual de sexualidad en episodios, nuestra educación por televisión en blanco y negro, aunque se hubiese rodado en color.

Y digo que los quiero aún más porque he descubierto que tienen algo en común a mí: aman el cine porque, sospecho, lo han mamado. Un hombre en casa se compone de seis temporadas y 39 episodios en total. En cada uno de ellos hay al menos una mención al séptimo arte. ¿Cómo lo descubrí? Porque en una de las temporadas, me sorprendió que en los títulos de crédito finales apareciese una imagen con referencias explicitas a figuras del cine. ¿Qué carajo hacían ahí Clarke Gable, Humphrey Bogart, una mujer medio desnuda o Dennis Hooper en Easy Rider (Buscando mi camino) ? Y de ahí que mi fino olfato de sabueso se puso con el rabo tieso y la mirada auscultadora: en cada episodio había uno o más guiños al cine. Esa fue mi hipótesis.

En el primer capítulo, Tres son multitud, se nos presenta la necesidad de buscar un tercer compañero de piso que acompañe a Chrissie y Jo. Tras una fiesta de despedida de la antigua compañera, hallan al día siguiente en la bañera dormido a Robin. Su destreza como cocinero, las hace considerar la posibilidad de ofrecerle ocupar ese hueco. Hay un inconveniente: es un chico y los caseros (sobre todo George Roper) puede que no lo vean con buenos ojos. Mortimer y Cooke, en los 24 minutos que dura el capítulo, introducen esta mención al cine en el momento en que Robin quiere poner las cosas claras con sus futuras compañeras:

—Suponiendo, en fin, suponiendo que quiero... Bueno, ya sabéis... traer a una chica. Quiero decir, traer a mi novia para tener... para tener una conversación tranquila... —trata de exponerles Robin Trip.

—Nos vamos a ver una película —contesta con aparente ingenuidad Jo.

El segundo episodio, Y con mamá somos cuatro, la casera Mildred se topa con Robin y Jo, que han salido del piso para que la madre de Chrissie no sepa que un hombre va a compartir el piso con su hija. Mildred le pregunta a Robin por su orientación sexual, pues en el primer episodio había un equívoco con ello. Y tras aclararle que es heterosexual eso enciende a Mildred que le espeta:

—Estoy segura que encajará muy bien en nuestra pequeña vecindad. 

—¿No puedo... no puedo tentarla? —pregunta Robin tímidamente.

—Con bebida, no —responde Mildred—. De todas formas, he de volver y preparar su cacao a Omar Sharif.

En este caso, la alusión al actor egipcio, protagonista Lawrence de Arabia, va con retranca, pues se refiera a su marido, George, que presenta un claro síntoma de hipoactividad sexual.

La segunda alusión al cine se menciona cuando Chrissie no revela la verdad a su madre y le hace creer que todavía la habitación de la tercera compañera está vacía. Su madre, entonces, decide pasar la noche en lugar de volver a su hogar. 

—Oye, si tu madre se va a quedar esta noche, ¿dónde va a dormir esta noche Robin? —le pregunta Jo desde un teléfono del pub.

—En la lavandería, o si no mejor en la estación o en el cine Essoldo, que dura toda la noche —le responde Chrissie desde casa.

Chrissie acude al pub para tratar de convencerle a Robin:

—Guerra y paz, la proyectan toda la noche en el Essoldo —le propone Chrissie.

—No, no, no me convence eso —contesta Robin.

—Es la versión original rusa de 1932 —matiza Jo.

—Eso puede ser peor —responde Robin.

No existe una versión rusa de Guerra y paz de 1932. Supongo que Mortimer y Cooke traerían a las mientes la obra de Sergei Bondarchuk de 1965, pero llevarlo a unas décadas anteriores les haría más gracia.

El trío acuerda una solución: Robin pasaría la noche en la habitación de ellas para no ser descubierto por la madre. Pero al ir a cerrar la puerta del balcón por el viento, es descubierto. Y ahí se cierra la mención cinéfila anterior:

—Pasaba por aquí y he pensado... a lo mejor alguna de las chicas quiere... quiere ir a alguna sesión de cine larguísima. Es una película que dura cuatro horas y media. Es Guerra y paz en el Essoldo—aclara Robin ante la madre de Chrissy y de las dos chicas —. Pero ya veo que están a punto de acostarse. De manera que me iré yo solo a esa sesión de toda la noche. 

Realmente, Essoldo no era un cine, sino una de las cadenas de cines independientes más grandes e icónicas del Reino Unido. Durante la década de 1970, varios de sus locales operaban activamente en diferentes zonas de Londres y el resto del país antes de ser absorbidos por otras compañías o transformarse en salas de bingo.

Curiosamente, el nombre "Essoldo" era un acrónimo familiar. Fue creado por el fundador de la cadena, Solomon Sheckman, combinando las iniciales de su esposa (Esther), las suyas (Sol) y las de su hermano (Dony). En Londres tuvieron salas muy conocidas en zonas londinenses como Chelsea, Bethnal Green y Burnt Oak. En 1972, la marca Essoldo desapareció de las calles cuando el circuito fue vendido a la compañía Classic Cinemas Ltd., la cual renombró la mayoría de las salas. Así que cuando se rodó la primera temporada, Brian Cooke y Johnnie Mortimer tendrían en el recuerdo dicha cadena de cines.

El tercer episodio, Una velada encantadora, el hilo argumental sigue a Jo y a su primer escarceo amoroso, que tan sólo se ha rematado en un primer encuentro con un apretón de manos. Eso hace dudar de su atractivo hacia los hombres. Chrissy trata de animarla recordándole lo que le pasó con un chico y, de paso, los guionistas aprovechan para meter su primer guiño cinéfilo:

—Una vez salí con un chico que nada la primera vez. La segunda vez, nada. La tercera vez como el encuentro entre King Kong y Godzilla —le comenta Chrissy para indicarle que no todo sucede en una primera cita.

Como la cita entre Jo y su invitado transcurre en el piso, Robin y Chrissy han de estar fuera hasta las doce de la noche. Así que en un momento en que entra Mildred para dejarles copas y cubertería para la cena "especial", Chrissy pregunta:

—¿Sabe qué película proyectan esta noche en el Essoldo?

—¡Ah, sí! Ya, ya me acuerdo. Es un estudio sensible de la agonizante pasión entre una chica y un simple granjero... y cómo la deja morir —le recuerda Mildred.

—No creo que vaya.

Mildred les invita a Chrissy y a Robin a pasar por su piso durante el tiempo que hayan de estar fuera. A lo que Robin al bajar las escaleras le comenta a Chrissy:

—Si te he de ser sincero, preferiría haber ido al cine, pero los Roper se sentirán solos. Y es de buenos vecinos pasar y darles un poco de buena compañía. 

—Sí, como les debemos un mes.

—Sí, he pensado en eso —añade Robin —. ¿De qué vamos a hablar? ¿Tiene él algún hobby?

—Sí, es la máxima autoridad del país en marcas de latas de cacao. Las colecciona.

—Lo bien que estaría yo en el cine.

¿Ven por qué ahora les quiero más a Brian Cooke y Johnnie Mortimer, guionistas tanto de Un hombre en casa y Los Roper, entre otras exitosas series de su tiempo?

Si siguiera con el resto de los episodios, esto daría para una tesina. Pero por hoy es suficiente. Me voy al bar Stop a ver a mi Athletic, que está último con cero puntos. 

 









domingo, 23 de agosto de 2026

Tres retratos de mujeres

Los cuadros de cine que no aparecerán en los Museos


Laura (1944) de Otto Preminger


Hace unos días visité el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Uno de los movimientos más repetidos entre los asistentes al contemplar el arte contemporáneo es ver la obra, alejarse un poco (o mucho) con pose de experto y volver a acercarse esta vez hacia la pequeña cartela o etiqueta. Lo hacemos con la vana esperanza de que la información nos revele algo de esa misteriosa pieza artística (pintura, dibujo, grabado...). Sin embargo, a menudo todo queda en una mera información "técnica". Algo así como:

Vincent van Gogh
(Zundert, Países Bajos, 1853 - Auvers-sur-Oise, Francia, 1890)
La noche estrellada
1889
Óleo sobre lienzo
73,7 cm x 92,1 cm

Y, claro, toda esa oblicua información nos impide adentrarnos en la intrahistoria de la imagen que contemplamos colgada de la pared. Nuestra mirada se torna torva al comprobar que esa obra que tenemos ante nuestras narices escapa a nuestra comprensión. Bretón decia: "Para mí, un cuadro es una ventana que se abre sobre algo. La cuestión es saber sobre qué".

Mientras paseo por el museo, me viene a la mente tres películas en las que hay cuadros que tienen una importancia básica en la trama, pero que jamás verán ustedes colgados en ninguna pared de sala de exposición. De alguna manera, visitar los museos es como pasear por galerías manchadas con los sueños de los artistas en la pared nívea. El Arte hecho sueño, los sueños inmortalizados con el arte. 

Laura (1944) arranca con un cuadro, retrato de la protagonista (Gene Tierney), y una voz que afirma: "Nunca olvidaré aquel fin de semana en que murió Laura". Esta podría ser la cartela que pudiera acompañar al retrato. No nos revela el misterio que yace en el noir de Otto Preminger, sino que lo agranda, lo intensifica. Laura es una joven diseñadora publicitaria que es hallada en su apartamento con el rostro desfigurado a causa de un disparo de escopeta (curioso modo de morir). El teniente McPherson (Dana Andrews) es el encargado de la investigación. McPherson acabará enamorándose del retrato de la muchacha, "un necrófilo enamorado de la imagen de una muerta".* En un momento dado, el teniente se queda dormido contemplando el retrato de Laura y, como si el sueño se transformase en realidad, la joven se le aparecerá, haciendo palidecer la pintura que preside el salón.


Laura (1944)


En el mismo año 1944, Fritz Lang rodó La mujer del cuadro. Richard Wanley (Edward G. Robinson) es un profesor de psicología que pasa unos días en solitario tras la marcha de su familia a pasar unas cortas vacaciones. Antes de entrar a un club social, pasa por delante una galería de arte y queda fascinado por el retrato de una hermosa mujer que hay en el escaparate. Los amigos que le acompañan le bromean calificándola como la mujer de sus sueños. Esa misma noche la mujer de sus sueños aparecerá para seducirle.

Wanley observa el cuadro con el mismo deseo que la mayoría de los que no hemos nacido con los ojos de Paul Newman, los andares de Henry Fonda o la sonrisa cautivadora Burt Lancaster. Nos conformamos con señoras de rulos, bata de andar por casa o lanzamiento de jabali-reproches. 


La mujer del cuadro (1944) de Fritz Lang


Por último, les menciono la tercera película que se rodó cuatro años después: Jennie de William Dieterle. Ya no estamos ante una historia de cine negro, sino de un drama romántico con tintes fantásticos. Joseph Cotten encarna a un pintor cuya inspiración parece serle esquiva. Un día se topa con una jovencita en Central Park, cuya vestimenta inapropiada para la época le llama la atención. Ella irá creciendo en las sucesivas apariciones a lo largo de la historia y se convertirá en musa inaprensible para el pintor. Aquí lo fantástico, un derivado de los sueños, es el motor de esta historia que recuerda al Romanticismo del siglo XIX.


Jennie (1948) de William Dieterle

Si observan con mirada atenta, los tres retratos de sendas mujeres (Gene Tierney, Joan Bennett y Jennifer Jones) son pintadas con una pose oblicua o vista de tres cuartos, lo que hace que las retratadas cobren una dimensionalidad mayor que si fueran pintadas en plano frontal. Parecen que quisieran salir de la ensoñación, del marco de lo pictórico para hacerse carne. 

En los dos primeros cuadros (género noir, son mujeres calculadores, frías y manipuladoras) ambas están con el brazo al descubierto, claro síntoma de seducción, en el de Jennie al ser el propio protagonista quien la retrata lo hace con mayor "recato", vestida, pues ella se ha convertido más en su musa, en su motor de creatividad, que en una proyección de su deseo sexual.

Los rostros están inclinados, claramente en pose sensual y miradas desafiantes en los dos primeros; en el tercero, no hay sino una vaga ensoñación, algo que recuerda a un ser espectral, la mirada no es seductora, ni retadora, sino más bien melancólica, ausente de la "realidad".

Claro, que esto que les cuento no está en ninguna cartela, sino en la intrahistoria de los cuadros, o sea en la narración fílmica en el que aparecen. Ahora que lo pienso, son retratos de una muerta, de una ensoñación y de una fantasía del pasado. Ya sabrán de qué les hablo si las han visto.

Al regresar a casa, abro la ventana que da al patio. Contemplo las de mi vecino: todas cerradas a cal y canto. Desde que supe que lleva más de tres semanas hospitalizado, la imagen de esas ventanas cerradas con las persianas se me asemejan a esos párpados que se cierran definitivamente.

Como todos los pintores a la hora de crear, uno busca un motivo, y este se convierte en boceto. En mi caso, para este artículo empecé desde hace días escribiendo lo siguiente: imaginen que por un día los asesinatos estuvieran permitidos.

Pero esta mañana un buen amigo me mandó una imagen con el siguiente comentario: “Lánguido e intelectualoide cine francés sesentero”. Como es muy bromista, afilé la mirada. Se trataba de una escena de una mujer sentada tras una mesa redonda sobre la que había un jarrón con claveles rojos y amarillos. Al observar los bordes me di cuenta de que no pertenecía a un fotograma sino que se trataba de una foto. Era su madre fallecida, me aclaró. 

Ya ven que los caminos de la inspiración en ocasiones son muy oblicuos… como la pose de los retratos de estas tres mujeres. 


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