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domingo, 13 de julio de 2025

Zinemaldia 2025: cine español en Sección Oficial

La homosexualidad, la droga como tabla de salvación y la emigración, temáticas de la Sección Oficial en la 73ª edición del Festival de San Sebastián

 

La dupla Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, José Luis Guerin y Alberto Rodríguez, directores que competirán por la Concha de Oro

 

 

 

 Suele ser ya tradición ir a la sede de la Academia Española en Madrid a presentar la programación de cine español que se verá en el Zinemaldia. Su director Jose Luis Rebordinos lo hizo este pasado viernes 11 de julio anunciando que serán 22 títulos de producción española (17 largometrajes, 2 cortometrajes y 3 series) los que podrán verse entre el 19 y el 27 de septiembre en la Sección Oficial y demás apartados. Además, se informó de que el tradicional Premio Nacional de Cine, que otorga el Ministerio de Cultura, será este año para el actor barcelonés de 60 años Eduard Fernández.

La presentación previa la hizo el vicepresidente primero de la Academia, Rafael Portela, que no obvió la situación política mediante este comentario: "Estamos pasando tiempos de incertidumbre con tramas, argumentos y villanos que solo pensábamos que veríamos en películas malas". Seguro que más de algún representante político asistente se removería incómodo en su asiento, o pensaría que con él no iba la alusión. Portela recurrió al tópico de que ante estos tiempos "nos queda el cine, el cine extraordinario que seguro veremos en San Sebastián para entender lo que está pasando, para emocionarnos, entendernos y para que nos ayude «a articular una respuesta», la mejor que podamos". 

Rebordinos, por su parte, comentó que "este es un gran año para el cine español, incluso mejor que el año anterior por el mayor número de películas españolas". Y pasó a demostrarlo señalando la repercusión que ha tenido nuestro cine en recientes festivales como Cannes (compitiendo con Sirât de Oliver Laxe y Romería de Carla Simón), Berlín (Sorda de Eva Libertad) o "la seguridad de que habrá en la próxima edición de Venecia agradables sorpresas para el cine español dentro de su programación".

 

Sección Oficial

Tras el panegírico obligado, el director del Zinemaldia informó de que en la Sección Oficial a concurso estarán tres películas, todas de cineastas que comenzaron sus carreras en San Sebastián, como es el caso de Alberto Rodríguez y el tándem formado por Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, a quienes el Festival ha ido acompañando en sucesivas películas como "parte de su decidido apoyo al cine español". También regresará José Luis Guerin, que ganó el Premio Especial del Jurado en 2001 con la magnífica En construcción

 

Maspalomas
Aitor Arregi (izq.) y Jose Mari Goena en la presentación en Madrid de Maspalomas


 


 

Cine Vasco

Ya lo dijo hace tiempo Rebordinos, que no habría cine vasco a competición por sistema sino por criterios de calidad. No lo hubo el año pasado ni el anterior, pero este año el vacío lo ocupará Jose Mari Goenaga (Ordizia, 1976) y Aitor Arregi (Oñati, 1977), que vuelven a optar a la Concha de Oro con Maspalomas. El actor Jose Ramon Soroiz da vida a Vicente, quien a  sus 76 años, y tras romper con su pareja, lleva la vida que le gusta en Maspalomas, localidad de la isla de Gran Canarias. Su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta.

 

 

 

El colectivo Moriarti, trío de cineastas que se completa con Jon Garaño y que han sido los niños mimados (con justicia) del Zinemaldia durante estos últimos años, ha concitado un cada vez mayor interés en sus propuestas. Participaron en sus inicios con Lucio y 80 egunean. Ya en la Sección Oficial estrenaron con éxito y gran aceptación de público Loreak (2014), Handia (2017), que obtuvo el Premio Especial del Jurado y el Premio Irizar, y La trinchera infinita (2019), Concha de Plata a la mejor dirección, Premio al mejor guion, Premio Irizar y Premio FIPRESCI. Por último, Marco (2024) clausuró Perlak tras estrenarse en la sección Orizzonti de Venecia.

 

Un documental de José Luis Guerin

Si el año pasado la Concha de Oro fue a un documental, o cine de no ficción, en esta ocasión será otro grande de este género el que vuelve a San Sebastián. Casi 25 años después de alzarse con el Premio Especial del Jurado y el Premio FIPRESCI gracias a En construcción (2001), José Luis Guerin (Barcelona, 1960) regresa a la competición oficial con una nueva no ficción, Historias del buen valle, rodada en Vallbona, barrio barcelonés con un importante porcentaje de población migrante.

 

El director José Luis Guerín presenta Historias del buen valle

Guerin ha sido autor presente en festivales, cuya repercusión siempre ha sido bastante limitada entre el gran público. Últimamente su obra ha ido espaciándose y con menor acierto. Sin embargo, si alguien tiene curiosidad le recomendamos las que en mi opinión son sus dos obras más sobresalientes junto a En construcción: la mágica, original y extraña Tren de sombras (1997) y la nostálgica búsqueda de las huellas de John Ford y del rodaje de El hombre tranquilo titulada Innisfree (Zabaltegi, 1990), ambas presentadas en su momento en Cannes.

 

Alberto Rodríguez por partida doble

Habitual por estos lares desde que hace ya 25 años rodara su primer largometraje, Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) presentará Los Tigres, escrita junto a Rafael Cobos, en la que Antonio de la Torre y Bárbara Lennie encarnan a dos hermanos que trabajan como buzos profesionales para el petróleo. Su vida cambia cuando Antonio tiene un accidente y descubren que no puede bucear más. Una situación que puede cambiar cuando dan con un alijo de cocaína escondido en el casco de un petrolero.

 

Los tigres, séptima participación del director Alberto Rodríguez en el Zinemaldia

No le ha ido mal en el Zinemaldia a Rodríguez, que mostró en sus incios El factor Pilgrim (codirigida con Santi Amodeo, 2000) y El traje (2002) en la sección New Directors. Participa por séptima vez en la Sección Oficial, donde presentó 7 vírgenes (2005), con la que Juan José Ballesta obtuvo la Concha de Plata al mejor actor, y La isla mínima (2014), que brindó esa misma distinción a Javier Gutiérrez, además del galardón a la mejor fotografía y 10 premios Goya posteriores. Eduard Fernández consiguió otra Concha de Plata con El hombre de las mil caras (2016), tras la que Rodríguez inauguró el Festival fuera de concurso con Modelo 77 (2022). El cineasta, el primero en estrenar una serie en la Sección Oficial con La peste (2017), fue también uno de los directores de la serie Apagón (2022).

 


 

 

Alberto Rodríguez participará por partida doble y presentará fuera de competición Anatomía de un instante, una miniserie de tres episodios basada en el libro homónimo de Javier Cercas sobre el intento de golpe de estado que España sufrió el 23 de febrero de 1981. En el reparto figuran, entre otros, Álvaro Morte, que da vida al presidente Adolfo Suárez; Eduard Fernández, que interpreta al dirigente comunista Santiago Carrillo; Manolo Solo, que asume el papel del militar y político Gutiérrez Mellado y David Lorente, que encarna al teniente coronel golpista Antonio Tejero.

 

Fuera de concurso y proyecciones especiales

Nunca he entendido ni entenderé por qué se programan en esta sección competitiva por definición obras que no aspiran más que al aplauso (o al bostezo o abucheo) del público. Así en esta 73ª edición, Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) regresa con Un fantasma en la batalla un largometraje inspirado en la mayor operación encubierta contra ETA que cuenta la historia de una joven guardia civil que trabajó durante más de una década como agente encubierta en la organización terrorista. Susana Abaitua encabeza un reparto completado por Andrés Gertrudix, Iraia Elias, Raúl Arévalo y Ariadna Gil. Tal vez es una manera de restañar la criticada no participación del año pasado de Arantxa Echevarría con su película La infiltrada de similar temática.

Por si fuera poco el menú no competitivo, en Sección Oficial se incluirá en su apartado Proyecciones Especiales cuatro títulos fuera de concurso: un largometraje de ficción y otro de no ficción, y dos series.  

 


 

En la serie Zeru ahoak (Bocas de cielo), de cuatro episodios, el donostiarra Koldo Almandoz recupera a los personajes de Hondar ahoak (2020) para urdir un nuevo thriller protagonizado por Nagore Aranburu, Josean Bengoetxea y Ramon Agirre entre otros. El segundo largometraje de Almandoz, Oreina ya ganó el Premio Irizar al Cine Vasco. 

El drama histórico Karmele, dirigido por el vergarés Asier Altuna es una adaptación de la novela de Kirmen Uribe Elkarrekin esnatzeko ordua (La hora de despertarnos juntos), protagonizada por Jone Laspiur, Eneko Sagardoy y Nagore Aranburu. Altuna ha codirigido con Telmo Esnal Aupa Etxebeste! (New Directors, 2005), que ganó el Premio de la Juventud y Agur Etxebeste! (Gala del Cine Vasco, 2019). En solitario, ha participado en la Sección Oficial con dos largometrajes, Bertsolari (2011), proyectado fuera de concurso, y Amama (2015), que ganó el Premio Irizar. 

Flores para Antonio es el título de la película de no ficción con la que Isaki Lacuesta (Girona, 1975) y Elena Molina (Madrid, 1986) exploran la vida y el legado del músico Antonio Flores a través de abundante material de archivo y testimonios de su hija Alba Flores y sus hermanas Lolita y Rosario, así como de un buen número de artistas. Lacuesta es uno de los pocos cineastas que ha ganado incomprensiblemente (un caso de misterio para Iker Jiménez) dos veces la Concha de Oro con Los pasos dobles (2011) y Entre dos aguas (2018). 

 


 

Óscar Jaenada y Ricardo Gómez protagonizan La suerte, una serie de seis episodios dirigidos por Paco Plaza (Valencia, 1973) y Pablo Guerrero (Lorca, 1975) sobre un taxista convertido súbitamente en chófer de un torero y su cuadrilla. Completan el reparto de La suerte Carlos Bernardino, Óscar Higares, Pedro Bachura y Jason Fernández, entre otros. Plaza concursó en la Sección Oficial con La abuela (2021). El año pasado su película Mugaritz. Sin pan ni postre (2024) se alzó con el Premio Culinary Zinema

 

jueves, 3 de octubre de 2024

El 47 (2024), autobús que no llega al extrarradio

Torre Baró es Barcelona



Los cines Getxo Zinemak del Puerto Deportivo de Getxo. 



Estimado primo S.:

Antes de que fuera al Zinemaldia me preguntaste por El 47, la película de Marcel Barrena. Te contesté que no la había visto, así que no podía decirte nada. Querías verla y antes de hacerlo, me solicitabas mi opinión. Bueno, te dije, en cuanto regrese de la guerra de proyecciones me aventuro a verla y te comento. Una palabra dada es ley en el País Vasco. Ayer, en un día desapacible en lo meteorológico, me fui a verla aprovechando que los miércoles es más barato.

El 47 se estrenó el 6 de septiembre de 2024. En un mes en cartelera lleva recaudado un millón ochocientos mil euros y la han visto 263.000 espectadores. ¿Un milagro? Casi. Hoy en día, un milagro es que un millón de asistentes acudan a verla; medio milagro, medio millón. Así que la película de Barrena está obrando el cuartillo de milagro. Estoy convencido de que todo este éxito les ha pillado de sorpresa; vamos, que no esperaban tal aceptación.

Como supongo que ya la habrás visto, no te desvelo nada si te cuento que El 47 narra la vida de un extremeño, Manolo Vital (Eduard Fernández), que junto a tantos emigrantes de otras regiones de España tuvieron que emigrar en busca de un sustento a tres zonas que, por los 50 en adelante del pasado siglo, estaban más industrializadas y ofrecían más oportunidades de mejora de vida: Cataluña, Madrid y País Vasco. Así empieza la película, con un dato que a muchos les parecerá peregrino: había una ley de por entonces que señalaba la imposibilidad de tirar abajo una construcción si esta ya tenía techo al amanecer. 

Uno de los planos que conserva todavía mi retina es ver a los picoletos encabalgados o andando hacia el incipiente barrio de Torre Baró en Barcelona junto a una cuadrilla para echar abajo las construcciones de viviendas (chabolismo) que no tuvieran tejado. Las han construido gente emigrante y humilde pero que han pagado por esas parcelas. Y vemos el sol ya por encima de la montaña, despertándose y despertando la maquinaria autoritaria y "legal": como no están techadas, el guardia civil, de orígenes andaluces creo recordar  y magníficamente interpretado por Vicente Romero, manda derruirlas. 

Lástima que el antagonista salga tan poco. En la primera confrontación le pregunta al que parece el líder del grupo que quiere asentarse "detrás de la montaña de Barcelona", Manolo Vital:

—¿De dónde es usted? —le pregunta.

—Soy de Valencia de Alcántara, provincia de Cáceres.

—¿No había espacio suficiente allí para vivir?

Manolo tiene una idea para que al día siguiente todo el esfuerzo de aquellas humildes gentes no se vaya al garete. Les propone que, en lugar de levantar cada uno su propia vivienda, empiecen con una. Así les dará tiempo a techarlas. Y la suspicacia, que es enemiga de toda solidaridad en un colectivo, aflora. Alguien pregunta que por la casa de quién empezarán. Y Manolo le responde con convicción solidaria: por la tuya. El ayudarse era algo que entre todo vecino era habitual. Vete tú ahora a pedir sal al vecino que ni siquiera conoces. Eso se ha perdido. Tal vez porque ya no nos necesitamos el uno al otro.

Lástima que el personaje de Romero, el guardia civil, quede en tres intervenciones apenas. Y ese es problema de guion, que durante los 110 minutos va dando retazos de una época pero que no contribuyen a armar un verdadero armazón dramático que haga que la película tenga mayor interés. Hay pequeñas historias paralelas que, aunque den nota de color, como el personaje de la hija, la esposa ex monja y su vocación de maestra en Torre Baró, el incendio en una casa, el vecindario, etc. no contribuyen a una vertebración de lo que nos importa: la llegada de los servicios públicos a los extrarradios. El hecho que da pie al título, el secuestro del autobús de la línea 47 por parte de Manolo Vital, autobusero de profesión, ocupa la parte final, pero en mi opinión se queda en una anécdota, insuficiente para insuflar mayor interés a la historia de reivindicación vecinal y de lucha por la dignidad.

Porque de eso se trata El 47, de la dignidad de unos inmigrantes que tratan de integrarse en una sociedad catalanoparlante, excluyente y clasista. De eso, Marcel Barrena apenas da apuntes, pues sabe muy bien que no ha de incomodar a nadie, salvo a Franco y al régimen franquista (ese monumento que es arrollado por el autobús al inicio de la cuesta que lleva al barrio de Torre Baró). Manolo Vital en su periplo por la burocracia administrativa recibe una contestación que vislumbra lo que para los ciudadanos de primera suponían los inmigrantes que venían a trabajar, a labrarse un futuro, a mejorar (la esposa de Vital incluso quiere alquilar un piso en el centro barcelonés con agua caliente y luz): "¿Usted para qué quiere que un autobús vaya a esa barriada de Torre Baró?". Y Manolo le responde: "Para que mi mujer o cualquier vecino pueda llegar a su casa". La respuesta, mi querido primo, evidencia a todas luces que en los 70 de aquella época había ciudadanos fantasmas: los desarraigados inmigrantes. Aquellos que, habiendo tenido que dejar sus vínculos afectivos y el terruño, veían que en el nuevo paraíso no eran nada, invisibles. Sin embargo, los extremeños, gallegos, castellanos u andaluces tuvieron el tino de acudir a aquellos lugares donde había trabajo. Y por eso pudieron salir adelante muchos de ellos. Dar una mejor vida a ellos y a sus descendientes.



Cola de espectadores en el interior de Getxo Zinemak del Puerto Deportivo de Getxo


Los tiempos de hoy han cambiado. Ahora te vienen  de culturas, creencias religiosas y con lenguas distintas. Y no precisamente a trabajar muchos. No tienen  nada. Tienen la suerte de que hay un estado del bienestar que en los setenta del s. XX estaba en mantillas. Ahora las cosas son distintas pero los problemas de integración son mayores. Serán mayores.

No quiero desviarme, primo. Tan sólo recordar otra escena que me parece destacable. Es Manolo Vital que parece estar ensayando su reivindicación y ,al abrir el plano, le vemos que está en el puesto del alcalde del Ayuntamiento de Barcelona. Algunos políticos entran en el salón de plenos y uno le pide que le traiga una vaso de agua. Le confunden pues no pueden imaginar que un autobusero pueda llegar hasta allí en busca de una petición legítima: servicio de autobús para una barriada del extrarradio barcelonés. Costaba acercarse a la autoridad. Porque en aquella época, la autoridad era mucha autoridad (recuerda las escenas en que Manolo tiene que ensayar su discurso sobre qué y cómo debe pedir su reivindicación). No como ahora, en la que cualquier mindundi demagogo, inculto, vocinglero y arribista puede llegar a ser concejal, alcalde, ministro o...

Salíamos de una dictadura, primo, donde la palabra reivindicación no estaba en el diccionario de los ciudadanos. De ahí que las pintadas en las fachadas se convirtieran en los gritos de la ciudadanía que no tenían de casi nada: ni luz, ni agua corriente, ni escuela (recuerda el autobús que ejerce de aula de el Torre Baró) ni servicio médico. Recuerda el Seat seiscientos abandonado al inicio de la cuesta al barrio con una pintada: Torre Baró también es Barcelona.

En fin, a mí me ha parecido que la producción de Mediapro está realizada con poco dinero. Y eso se nota  para mal. La labor de dirección artística no me parece que contribuya a darle un mayor empaque de verismo a la historia. Es loable, por contra, el uso de imágenes de la época en color y formato 4:3 que le dan una pátina documental. No olvides, mi querido primo, que el barcelonés Marcel Barrera había realizado antes de lograr éxitos en la ficción (100 metros y Mediterráneo), labores documentales. Tal vez, tú que vives en El Carmelo, otrora extrarradio y como dice Juan Marsé “barrio que es una ensalada picante de varias regiones de varios países”, la hayas disfrutado con mayor emoción nostálgica que yo. Y eso que ganas como espectador que apela a tus orígenes. 


Una espectadora contempla el cartel de la película que va a ver


Como testimonio de una época, me parece suficiente pero como película, como obra artística, creo que no es nada del otro jueves. La vi con gente mayor, de 45 años en adelante. Esa es la clave de su éxito. Hay un público que desea revivir una época de reivindicaciones de la izquierda, de peticiones que mejoraban la vida de la gente, porque eran necesidades justas, vitales y de justicia. Las mismas que ahora (ironía “on”).

A la espera de que Correos te haga llegar pronto esta carta, recibe un fuerte abrazo de tu primo y felicita el cumpleaños a mi tía.



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