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lunes, 22 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Domingo 21

Hoy se ha revelado Dios y tiene nombre de Paolo Sorrentino

 

3ª jornada en el Zinemaldia. Y a pesar de la lluvia siempre pongo buena cara, sobre todo porque me acompaña el buen cine.


Fotograma de "Couture"

 

El mundo de la moda es algo que me fascina y si Angelina Jolie está presente qué puede fallar. Pues falla. Hace de directora de cine ¡de terror! y le han propuesto rodar un spot para una pasarela de moda en Paris. Le preguntan para un programa de redes sociales cómo definiría en dos palabras la moda:”Inútil y necesaria”, responde. Pues yo me quedo con la primera palabra para calificar esta propuesta de Alice Winocour. 

La estructura de “Couture” -vocablo francés que significa Alta costura- es interesante y responde a esta secuencia: 1,2,3,0. Siendo cada número un personaje: el 1 para la directora, el 2 para la modelo negra (Anyer Anei) que proviene de Sudán del Sur escapando de la guerra; el 3 es la historia de una maquilladora (Ella Rumpf) que quiere convertirse en escritora y ve vídeos de Margarite Duras; el 0 es para un personaje menos relevante pero que es la que se deja la piel cosiendo los modelos: la modista. Cada historia se presenta alternadamente con algún cruce de personajes esporádicamente. El resultado es un monstruo de Frankenstein donde los remiendos se ven con horror. 

Produce Angelina Jolie y por eso se entiende que la parte de la historia que le afecta tenga tintes autobiográficos. El mundo de la alta costura está lleno de sinsabores, relaciones superficiales, desgaste físico y emocional, pero la descripción de esa trastienda -lo que no se suele ver antes, durante y después del desfile por la pasarela- no tiene el menor alma de verosimilitud. Bellezones a mansalva pero la saturación provoca un interés desigual. 

Eso sí la rueda de prensa llena de fotógrafos amateur que podrán poner en instagram que capturaron la belleza pasajera de la Angelina. Les aseguro que muchos no habrán visto la película. 

El director de "La Grazia", Paolo Sorrentino

 

 Este señor de la fotografía de arriba es hoy en día como si hablásemos de Ford, Hitchcock o Welles por poner tres grandes. En el Victoría Eugenia -¡qué mejor escenario!- hemos podido asistir a las 11:30 al milagro del cine. "La grazia" es la Capilla Sixtina, es otra obra maestra del director de Nápoles que se le añade a "La gran belleza", "La juventud" o "Parthenope". 

Había pensado dejar en blanco este espacio, pues ¿qué puedo garabatear que esté a la altura de no ya de la película, sino de ni siquiera un plano? Cada composición, cada movimiento de cámara, cada nota musical, cada gesto, cada iluminación de plano, cada latido de pixel (antes eran fotogramas), cada línea de guion es un cincelado para la escultura con que está materializada "La grazia".

La emoción que me ha embargado durante los 130 minutos que dura la historia de Jep Gambardella -así será siempre como lo veo a Toni Servillo, que en esta ocasión hace de Mariano de Santis, presidente de la República de Italia- me ha provocado la eyaculación del Festival. Litros y litros han inundado el patio de butacas. Los espectadores han tenido que nadar para no quedar sepultados por esa torrencial lluvia de inspiración lírica audiovisual. Porque Sorrentino es de los pocos directores que escribe poesía visual, alejada de esa prosa concienciada y social que tanto abunda, sobre todo, en este Festival. No significa que no le importe el mundo. ¡Claro que le importa! 

A Mariano de Santis, alias "Hormigón armado", le pesa la gravedad de su puesto: la presidencia italiana de la República. Quiere ya jubilarse y ser ingrávido, él,  un jurista de lo penal que siempre busca la verdad. Y una duda le asalta durante los 40 años: su fallecidad mujer, a la que considera la mujer perfecta para él porque nunca se olvidó de él, le engañó. Y no sabe quién es el amante. La duda lo reconcome. 

Sorrentino busca siempre provocar -en el mejor sentido del término-, dota a su obra de unos diálogos soberbios y la puesta en escena es de una fuerza que parece haber surgido del Renacimiento junto a Rafael, Tiziano, Buonarroti, Rafael...

Alguien podrá criticar afirmando que el autor de "Fue la mano de Dios" parece contar la misma historia: el amor por una mujer, la pasión, el fingimiento, la búsqueda de lo inalcanzable, las dudas, la angustia ante la vejez y la muerte, la pérdida, la belleza, el cambio de sociedad que no se entiende, la música, la familia y la soledad, siempre, la soledad... por mucho que uno intente buscar, como lo hace De Santis, palabras de consuelo en un Papa negro (!).

Es de agradecer que ante tanta trascendecia, surja un Paolo Sorrentino guasón, mordaz, humorístico que provoca en el espectador una sonrisa tan hermosa como la de la Gioconda, mientras ve al soberbio Toni Servillo fumarse un cigarrillo. Desde Humphrey no ha habido otro igual.

 

Imagen del filme "Lurker"

 

 En la sección Zabaltegi, he podido ver "Lurker" en el Trueba 2. Está dirigida por Alex Russell y huele a esas películas que salen de Sundance. Se ve con cierto agrado, sobre todo, si te pones la camisa de los 20 años con las que buscaba cine con aire fresco. Trata de un chico veinteañero que conoce en la tienda de ropa donde trabaja a un cantante en ciernes que busca el éxito. Pero como todos los artistas siempre duda de su creatividad y seguridad. El cantante busca una familia -un grupo de gente de su edad que le dé estabilidad y cierta confianza- y el dependiente ve en ello la oportunidad para acompañarle en la carrera hacia el éxito. 

Lo mejor es el ambiente enfermizo y obsesivo de la relación que se desarrolla entre ambos. No hay necesidad de violencia, pero como sucede en "Taxi driver", poco a poco se va cuajando una turbiedad en la relación que la hace malsana. ¿Hasta cuándo podrá subsistir dicha convivencia en un mundo tan voluble como el del artista musical? Tendrán que verla si quieren averiguarlo.

 

Plano del filme "Los domingos"

En la Sección Oficial he podido ver en el Teatro Principal un rareza en el cine de hoy: cine religioso. Su título es “Los domingos” y está dirigida por esa directora que pasó a tener reconocimiento con su ópera prima “Cinco lobitos” llamada Alauda Ruiz de Azúa. La escritura cinematográfica de Alauda no me seduce, pero he de reconocer que la historia me va conmoviendo poco a poco a medida que descubro el rostro joven y seductor (por la interpretación convincente) de una jovencita que creo no tenía mayor experiencia interpretativa llamada Blanca Soroa. 
He de afirmar que entre un público nada inclinado a la oración mariana ni a la vida monacal como es la prensa que asiste al pase, la obra se ha visto con interés y emoción en algunas escenas donde Blanca Soroa nos agarra de los dídimos con dulzura y nos desarbola. Se tiene fe o no se tiene. Pero en estos tiempos de incredulidad o ateísmo, que Ruiz de Azúa plantee que una chica de casi 18 años quiera ser monja de convento ya son ganas de provocar. Acudirán los votantes de Vox a verla; acudirán los de izquierda abertzale aunque solo sea para oír una versión de Aitormena que tantas veces hemos escuchado del bardo Benito Lertxundi.
Voy a explicar la trama de la película en un símil futbolero. Imagínense que tienen una hija que no quiere ser ni del Real Madrid (como su aita) ni del FC Barcelona (como su madre) sino del Athletic Club. Equipo que está en franca minoría frente a los ganadores, algo así pasa con las vocaciones religiosas de clausura. 
En la familia surgirán posiciones encontradas y enfrentadas. Ruiz de Azúa logra algunas escenas conmovedoras y la interpretación de Patricia López Arnaiz como tía atea que no quiere que Dios le arrebate a su sobrina juega muy bien como contrapeso dramático.  

 

Imagen de la obra "The Stranger" de François Ozón

 Los programadores han tenido la mala baba de programar alas 22:30 una de las Perlas -esas películas que han pasado ya por otros festivales de renombre- un conocido del Zinemaldia: François Ozon. Su adaptación de la novela francesas homónima “El extranjero” de Albert Camus - obra señera de las letras francesas del siglo XX- me provocó ganas de marcharme durante la primera hora. Como decía Jeannette Luc Godard, cualquier obra se puede adaptar al cine, pero lo que hace Ozon -ganador de una Concha de Oro hace años- es tan moroso que cuando llegas a ver algo con cierto interés ya ha dejado de interesarte ese personaje llamado Meaursault. Vive en Argel en los años 30 del pasado siglo en una de esas colonias francesas que luego se independizaron. Y su existencialismo, esa corriente filosófica en la que enfatiza la existencia del individuo, puede que esté muy bien reflejada en la peli. Pero ver al tipo que se la sopla todo -salvo follar con su amiguita-, incluso la muerte de su madre  o el asesinato con un revólver de un árabe en una playa, me provoca hastío. Tal vez porque el hijoputa de profe que tuve de Filosofía tan solo me soltó sus apuntes y me dijo: “Enfréntate tú con los existencialistas franceses”. 

Siento acabar la noche así: escopetado rumbo a mi hotel donde el hueco de la cama me recuerda, a diferencia de Meaursault, que nadie te podrá abrazar para consolarte de “El extranjero”. Ni ganas de leer ya la novela de Camus publicada por Gallimard en 1943.

Otro día más despejado me parezca una obra maestra pero tras ser la quinta el equipaje de imágenes que contienen mis ojos ya está petado.

 

sábado, 23 de agosto de 2025

Perlas en el Zinemaldia 2025

Platos gourmet: Sorrentino, Baumbach, Lanthimos, Trier, Panahi y Ozon entre otros, ingredientes de la sección Perlas en la 73ª edición del Zinemaldia

Richard Linklater inaugurará la sección con Nouvelle Vague y Rebecca Zlotowski la clausurará con Vida privada


Linklater abre Perlas con Nouvelle Vague, Zlotowski la clausura con Vida privada.


El estado de ánimo de un cinéfilo para ir al Festival Internacional de Cine de San Sebastián lo mide la sección Perlas de otros festivales. Dependiendo de la pinta que tenga el menú que programa Rebordinos, su director, y resto del equipo, uno puede ir de mejor o peor humor, con mayor o menor aliciente. De alguna manera, la seccion Perlas, lo mejor de otros festivales, es un analgésico que casi siempre funciona cuando la Sección Oficial te provoca dolor de cabeza, malestar y ganas de abandonar el Kursaal 1, el teatro Victoria Eugenia o el teatro Principal, sedes donde la prensa se congrega. Siempre te queda la buena compañía de los periodistas que van a cubrir el evento y la carísima comida donostiarra a precio de gota de agua en medio del desierto.

Se puede decir brevemente que este año los caladeros donde han pescado los 16 largometrajes de la sección Perlas han sido Cannes y Venecia exclusivamente. Y por países si nos atenemos a los autores, será Francia de largo la que acapare con seis propuestas la mayor representación. No podía faltar EE. UU., Italia, Brasil, Irán, España con sendas películas, a las que se añaden otras geografías con menor músculo de producción como Irlanda, Irak, Túnez, Islandia y Noruega.


INAUGURACIÓN Y CLAUSURA

Richard Linklater tiene el honor de inaugurar Perlas con su homenaje a ese movimiento heteróclito francés de los años 60, sobrevalorado en mi opinión, titulado homónimamente Nouvelle Vague y, en especial, a la producción de 1959 de la película Al final de la escapada del, en general insufrible e intelectual del cine, Jean-Luc Godard. El estadounidense es conocido por su famosa trilogía del "antes": Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013). Las tres están protagonizadas por la misma pareja de actores, Ethan Hawke y Julie Delpy, con encuentros en distintas etapas vitales. Linklater es otro director sobrevalorado. Salvo inesperados cameos, en esta ocasión creemos que ninguno de los dos aparece en Nouvelle Vague. ¿Tendré que sufrir otra vez ver de modo inverosímil cómo recibe un disparo en la espalda mientras Belmondo corre moribundo por las calles parisinas?

La clausura viene de la mano de la directora la parisina Rebecca Zlotowski con Vida privada. Un curioso reparto encabezado por Jodie Foster, que interpreta a una reputada psiquiatra que emprende una investigación privada sobre la muerte de uno de sus pacientes al que cree que lo han asesinado, y los sempiternos e incombustibles actores franceses Daniel Auteuil y Mathieu Amalric. Vista su filmografía anterior espero que esta sección no le venga grande. 




LOS MAESTROS

Podríamos etiquetar con jamón cinco estrellas la selección de Paolo Sorrentino que con su La grazia vuelve a contar con su alter ego Toni Servillo y Anna Ferzetti. Su película inaugurará el Festival de Venecia. No se han esforzado mucho en la reseña de la película los del Zinemaldia, pues tan sólo se dice que el director de Nápoles la define como "una historia de amor ambientada en Italia". Antes de morir, les recomiendo que vean alguna de sus obras, en especial La gran belleza (2012) con el que obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. El año pasado ya estuvo su anterior película, Parthenope (2024) que pasó ante los miopes ojos de prensa y público con más pena que gloria.



Otra figura esperada es la del director griego Yorgos Lanthimos que competirá por el León de Oro en Venecia con Bugonia, una comedia negra cuyo argumento no suele pisotear la Tierra. En esta ocasión tenemos a dos jóvenes conspiranoicos que secuestran a una presidenta de una gran compañía convencidos de que se trata en realidad de una extraterrestre (!). El director ateniense hace un tipo de cine que no es para todos los públicos, pero a mí me encanta cuando afila su colmillo para ofrecernos sátiras de humor corrosivo y raruno. Lanthimos y la actriz Emma Stone han formado un tándem productivo y bien avenido, siendo así la cuarta colaboración tras La favorita (2018), Pobres criaturas (2023) y Kinds of kindsness (2024), con excelentes resultados en general.

François Ozon es un realizador que suele frecuentar la Sección Oficial con bastante éxito. Así fue en el caso de En la casa de 2012, con la que ganó la Concha de Oro y el mejor guion, Mi refugio (2009) que obtuvo Premio Especial del Jurado, o el año pasado con Cuando cae el otoño (2024), que logró la Concha de Plata a mejor interpretación de reparto y el Premio del Jurado al mejor guion. Además, también participó con Bajo la arena (2000) y Una nueva amiga (2014). Ozon es un realizador muy prolífico que no duda en adaptar novelas, teatro, readaptaciones de otras películas o bien escribe él mismo sus propios guiones. En esta ocasión presentará en Perlas El extranjero, adaptación de la novela homónima de Albert Camus con la que concursará en Venecia. Benjamin Voisin y Rebecca Marder forman parte del elenco.

La única representación norteamericana en Perlas viene de la mano del director y guionista Noah Baumbach. El neoyorquino se ha paseado con su filmografía por todos los festivales de renombre: Venecia, Sundance, Cannes y Berlín. Tan sólo he podido admirar Historia de un matrimonio (2019), donde Scarlett Johansson y Adam Sandler tratan de superar un proceso de divorcio. En esta ocasión concursará previamente en Venecia con Jay Kelly, en la que George Clooney encarna a una gran estrella de cine que atraviesa una crisis personal. Le acompañan entre otros Adam Sandler, Laura Dern y Emily Mortimer, también coguionista. 




 LOS DIRECTORES EXITOSOS

No recuerdo si ha habido más de un director que haya ganado los tres grandes galardones festivaleros: Palma, León y Oso de oro. Lo que sí sé es que el iraní Jafar Panahi es uno de ellos. En 2000 logró con El círculo el máximo galardón en Venecia por "una imaginativa fusión entre fondo y forma en su abordaje de la situación de la mujer en una sociedad patriarcal"; luego sería con la magnífica Taxi Teherán en 2015 cuando logró el Oso de Oro en Berlín, siendo el propio Panahi el que conducía un taxi con una cámara en el salpicadero por las calles de Teherán ya que el gobierno islámico le tenía prohibido rodar; por último, el realizador consiguió la Palma con la película que veremos en San Sebastián: Un simple accidente. Sospecho que todos los premios han tenido un componente político por parte de los jurados para denunciar el régimen iraní presidido por Mahmud Ahmadinejad. Afortunadamente, el cine de Panahi no se queda en la mera propaganda, sus historias son sencillas pero con interés y gran fuerza narrativa a pesar de los escasos medios técnicos. Curiosamente, el régimen de Irán le prohibió viajar y hacer cine en 2010; desde entonces ha rodado de manera clandestina y cosechando triunfos, todo lo cual contribuyó a sufrir en 2021 una condena de seis años.


Imagen de El agente secreto, con Wagner Moura de protagonista

Multipremiada en Cannes con premio a mejor director y actor, El agente secreto del brasileño Kleber Mendonça también es cine político con envoltura de thriller. Su protagonista Marcelo, encarnado por Wagner Moura, es un experto en tecnología de 40 años con un pasado misterioso que está huyendo. Llega a Recibe durante el carnaval con la esperanza de reencontrarse con su hijo. Mendonça vuelve a la década de los 70 como ya hiciera con la notable Aquarius —que aquí se tituló Doña Clara (2016)— donde retoma temas ya abordados allí: la dictadura, el cambio del paisaje urbanístico, la música, la memoria familiar, etc. 

Por último, entre este grupo de exitosos con premio reseñamos la presencia de Valor sentimental del copeghanense Joachim Trier, con el que logró el Gran Premio del Jurado en Cannes. Trier tiene una filmografía escasa pero con títulos notables como pueda ser Oslo, 31 de agosto (2011) en el que presenta a un personaje, Anders, que busca encontrar un sentido a su vida errática, o una de las mejores obras de 2021 titulada La peor persona del mundo, que tuvo una considerable repercusión entre el público y aspiró al Oscar al mejor guion y a mejor internacional, con un tono existencial típico del cine nórdico y, en especial, del danés.


Joachim Trier presenta Valor sentimental


LOS OUTSIDERS Y OTROS PARA ECHARSE A TEMBLAR

En español, el outsider suele significar el extranjero, el marginado, el extraño, pero también dentro del argot hípico, outsider es el caballo que aún teniendo pocas opciones de ganar la carrera puede hacer de este modo rico al apostante. En este grupo caben las obras animadas, experimentales, no ficcionadas, interpretadas por actores no profesionales o aquellas que provocan sueño o, peor, ganas de asesinar al director y al programador.

Algo así pasa con películas de directores como la tunecina Kaouther Ben Hania, el madrileño Guillermo Galoe, el iraquí Hasan Hadi, el islandés Hlynur Pálmason o el haitiano Raoul Peck. Si logran el Premio del Público Ciudad San Sebastián, otorgado por los asistentes a la primera proyección púbica, conseguirán 50.000 euros o, si es europea la película, 20.000 euros para el distribuidor en España, siendo así que su obra pueda verse y su figura puesta en la retina del espectador, ya que este está más habituado a ver las pelis de Santiago Segura o las de Marvel.




De Kaouther Ben Hania, podremos ver La voz de Hind, una ficción basada en el caso real de una niña gazatí de seis años que en 2024 fue asesinada junto a parte de su familia durante un ataque del ejército israelí. De Ben Hania, puedo recomendar su anterior obra, Las cuatro hijas (2023) cuyo mayor mérito a nivel formal es narrar la historia de una madre y sus cuatro hijas en un tono de documental ficticio y que aspiró al Oscar.

Ciudad sin sueño de Guillermo Galoe es su debut en el largo. Una obra rodada con intérpretes no profesionales en la Cañada Real de Madrid, continuación de un corto anterior. Curiosidad siento por La tarta del presidente del iraquí Hasan Hadi, que narra las peripecias de una niña en el Irak de los años 90 por conseguir los ingredientes para prepararle una tarta de cumpleaños a nada más ni nada menos que Sadam Hussein. 

Pálmason presenta El amor que permanece, un año en la vida de una familia cuyos padres afrontan su separación. Y con un título curioso que hará complicado su búsqueda en internet, Orwell: 2+2=5 de Raoul Peck, trata sobre el escritor George Orwell y la que será su última y más importante novela 1984 escrita en sus últimos dos años de vida en la isla escocesa de Jura. De dicha obra provienen conceptos como la sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información, se practica la vigilancia masiva y la represión política y social. A muchos les sonarán el concepto de Gran Hermano por el reality show de Tele 5, sin saber que proviene de la novela. 

La animación estará presente de la mano de Mailys Vallade y Liane Cho Han con Little Amélie, adaptación libre de la novela Métaphysique des tubes (Metafísica de los tubos, 2000), en la que la escritora belga Amélie Nothomb recreó su infancia en Japón.

Finalmente, sería una agradable sorpresa si no me durmiera viendo lo último de Olivier Assayas, que trae un drama político (esta edición parece que abundará) titulado El mago del Kremlin. El argumento promete, pues narra cómo un joven artista y productor de televisión se convierte en asesor de Vladimir Putin. El plantel actoral lo componen Jude Law, que hace de Putin y que vuelve a trabajar con Alicia Vikandi tras La última reina, Paul Dano y Tom Sturridge.


La grazia del genial Paolo Sorrentino vendrá al Zinemaldia 2025


domingo, 29 de septiembre de 2024

Crónica del Zinemaldia 2024 (p. m.)

 Tardes de soledad de Albert Serra se lleva el rabo en la plaza de cine de San Sebastián

 

En las orejas (dirección ex aequo) hubo disparidad de opiniones, merecida para la directora portuguesa Laura Carreira por On Falling y la protestada por la faena de Pedro Martín Calero, director de El llanto


Foto que al ganador de la Concha de Oro, Albert Serra, le habría gustado para la portada de este artículo


Este año el jurado oficial presidido por Jaione Camborda no ha errado mucho el tiro, es más, en honor a la verdad la principal decisión, la Concha de Oro, ha dado en la diana. Según se comentó ayer en la ceremonia, los miembros del jurado han vivido estos días sin relacionarse con los equipos artísticos de las 16 películas que optaban a la Concha para evitar interferencias. Ese retiro monástico les ha debido de venir bien, pues aunque todo palmarés es opinable, no ha habido decisiones descabelladas como sí las hubo otros años, para desgracia del Zinemaldia y su historia.
 
Esta edición ha sido muy nutrida en protagonistas. Dice su director, José Luis Rebordinos, que de los 14 años que lleva de jefe el año que más estrellas ha concitado. La lista ha sido larga: a los Javier Bardem, Cate Blanchet y Pedro Almodóvar que acudieron  a recoger sendos premios Donostia, se les unieron también tanto actores conocidos por el público (Johnny Depp, Pamela Anderson, Tilda Swinton, Monica Bellucchi o Isabelle Huppert) como directores de prestigio (Mike Leigh, Tim Burton, Rodrigo Cortés o François Ozon). Y la asistencia, a pesar de los días de lluvia y viento, sigue aumentando: más de 160.000 espectadores y más de 5.000 personas acreditadas.

 
El capitán Sparrow presentaba una película que no convenció a la crítíca: Modi, Three Days on the Wing of Madness, sobre la figura del pintor italiano Modigliani en París

 
 

Palmarés

 
He de confesarles que no había visto nada de Albert Serra. Iba con cierto temor. Y más al saber que, como me dijo un periodista de medio importante, él se había comido muchos truños del catalán, un tío valorado y hasta idolatrado en Francia con películas como Pacifiction (varios César), punto de inflexión en su carrera. Ya saben que los franceses les gusta elevar a los altares a los artistas, sobre todo si son de este lado de los Pirineos (forma de darnos por culo a los incultos).
 
 
 
Albert Serra se toma un Vichy Catalán después de recibir buenas críticas por Tardes de soledad (Concha de Oro 2024)


 
Desde que se proyectó el pasado lunes en el teatro Victoria Eugenia a las 8.30 para el pase de prensa, hubo un runrún de haber asistido a algo meritoriamente distinto y único: Tardes de soledad era un duelo en Ok Corral, pero sin la dramaturgia del western, un Gary Cooper solo ante el peligro, armado con una capa taurina y una espada frente a la muerte empitonada vestida de luto. Porque entiendes que ese duelo acabará en luto para uno o para otro. Habitualmente sabes cómo acaba el combate -como las películas de Hollywood hasta los 60-, pero no siempre está ahí la suerte del lado del torero, no siempre le sonríe. 

 
Cuenta el director, Albert Serra, que el proyecto se lo ofrecieron hace años un amigo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que tenía un máster documental pero no tenía un tema para realizarlo. Ni ganas de hacerlo. Pasaron años y, al final, escogió un tema extremo, el taurino, que era lo único que le estimulaba. Serra profesa admiración (!) por directores chinos y rusos que tocan temas serios. Y el toreo es un asunto serio... más en los tiempos animalistas en que vivimos, en que ponemos ropita a las mascotas y las llamamos perrihijos, tortuhijas o gatinueras. Él quería acercarse de manera pura, inocente, aún sabiendo que sería algo controvertido.


Casting en un documental taurino

 
Necesitamos protagonista, humano. Pues de los otros, los astados, no se les pregunta ni se les hace firmar un documento de colaboración para un documental. La mirada de unos toros (negro azabache, mulato o zaíno, no recuerdo bien) al inicio del documental a cámara nos interpela. "No quiero participar en esto", parece decirnos. El ganadero se enfada y les dice que no les va a mantener todo este tiempo sin currar, que ya vale de vivir a cuenta ajena en la dehesa. Y los apuntan. 

Pero los humanos son más suyos, salvo los matadores Roca Rey y Paco Aguado, que se ofrecieron generosamente. Hubo alguno más. La idea era ofrecer el arte taurino entre tres figuras de la fiesta. Al final se centraron en el que más interesó desde la obra documental: el peruano Andrés Roca Rey, con un magnetismo y compromiso admirable. Y la cuadrilla que le acompaña es la que es. Ahí no hubo casting. Y a Albert Serra le sonrió la suerte, porque como bien dice él mismo, "la suerte sonríe a los audaces" y algunos integrantes de la cuadrilla de Roca Rey, por ejemplo el sevillano Antonio Chacón, tienen frases elogiosas poéticas, exageradas ("la vida no vale nada") y humorísticas, que ponen contrapunto a la seriedad de lo que vemos.


Rodaje

 
La fascinación del documental consiste en buscar, buscar con la cámara cosas que se ven y olvidarse de los aprioris. Esta es la esencia del documental, que ahora se puede hacer porque lo digital y su producción no es tan caro como era el celuloide. El autor bañolense rueda con tres cámaras o en ocasiones con más, nunca mira el visor y apenas da indicaciones a sus cámaras, "fue un proceso de aprendizaje, de descubrir aspectos" como las conversaciones de la cuadrilla tras las faenas o previas a ellas, que le sirvieron durante el montaje para darse cuenta de que podían servir para estructurar el documental.
 
Rodar toros es muy difícil porque se mueven, todo es imprevisible, los operadores de cámara tenían que entender cómo podían filmar técnicamente y saber qué era lo interesante, buscarlo. Fue un proceso azaroso, largo, complicado, cada plaza de toros era un mundo para filmar. Además, una corrida puede resultar brillante o muy aburrida o la suerte de tener cogidas o no. Una obra que se ha ido creando en la sala de montaje con las imágenes rodadas. En principio querían filmar en una única plaza donde no se había filmado anteriormente con un montón de cámaras. Al final, ha sido un recorrido por muchas plazas de toros pero se quedaron con las más relevantes, por el tamaño del toro y la importancia de la faena: Vista Alegre (Bilbao), La Maestranza (Sevilla) y Las Ventas (Madrid).
 
 
Javier Bardem recibió el sábado 21 de septiembre el premio Donostia, que no pudo recoger el año pasado

 

El arte por el arte

 
Las fascinación de Tardes de soledad es haber sabido captar planos que, con los ojos humanos, no pueden verse porque estás lejos, no tienes la concentración necesaria, u otra razón. Serra nos sumerge en una atmósfera y desde una perspectiva nunca vista, como si tuviera algo de mágico, burlesco, admirativo y cruel a la vez. La realidad y lo extrañamente antropológico de lo que acontece se enfrentan como el toreo y el macho bovino.
 
¿Cuál es el mérito artístico de este documental? La mirada y el sonido (gracias a los micrófonos inalámbricos de 5 horas de duración). Por un lado, un intento de mostrar algo distinto, único hasta la fecha e inmersivo. Y mira que es difícil por cuanto Canal + ha ofrecido cientos de corridas durante años y años. Y, por otro, que tanto taurinos como antitaurinos  pueden verla desde su burladero mental.  
 
Serra en su documental elide al público, lo folklórico y lo sociológico, que ya estaba visto otras veces. Tan sólo dejar ver la arena, los picaderos, burladeros y, como mucho, el callejón, la furgoneta donde va con Roca Rey la cuadrilla, hoteles, donde se viste Andrés Roca (fascinante esa manera de vestirse que parece una señorita apunto del sacrificio ritual). Y una mujer, sólo una, que llega a hacerse una foto con él... por admiración.
 
Recuerdo la anécdota que tuve al salir de la sesión con un compañero. Él juraba y perjuraba que Tardes de soledad era una brutal denuncia contra lo taurino, donde el director nos mostraba la crueldad del hombre martirizando a un animal, rodando las lágrimas del tauro boqueando su último aliento de vida. Yo, por contra, no era partidario de esta visión con anteojeras y le aseguré que iría a la rueda de prensa para escuchar las palabras del director, en la creencia de que sí había cierta visión admirativa, no exenta de los momentos de crueldad que existe en la tauromaquia. La música con tono fúnebre del final del documental, al acabar la faena, parecía corroborar la opinión de mi compañero. Pero no lo veía yo nada claro. En la rueda de prensa, Conchita Casanovas de RNE pregunta a Albert Serra sobre su posicionamiento de la tauromaquia según lo visto en el documental y su respuesta fue:
"No, sí que se posiciona (el documental) un poco, en el sentido de que, digamos, se nota un cierto aprecio por la tauromaquia. Esto es indiscutible, pero al mismo tiempo la honestidad del relato hace que todos los elementos visualmente más interesantes estén con toda su expresividad y viveza, con algo de humor e ironía. Hay cierta fascinación por el tema y, bueno, un cierto aprecio incluso por el protagonista principal por su compromiso, pero, al mismo tiempo, no se renuncia a hacer una película de arte en sí misma y que tiene que tener esos elementos propios que no están al servicio ni de una causa ni de nada. Están al servicio del cine".

 

Resto de premios del palmarés

 

 La Concha de Plata a la mejor dirección ha ido a parar ex aequo a dos debutantes: Laura Carreira y Pedro Martín Calero por sus respectivos trabajos en On Falling  y El llanto. Loable es que empujen las carreras incipientes de directores, pero si Carreira muestra cierta solvencia en describir el desmoronamiento de una joven portuguesa que curra en una especie de Amazon en Escocia, lo del Martín Calero me parece más cuestionable. Y la idea de esta historia de terror (la presencia de una figura extraña y fantasmal en la vida de varias mujeres en lugares y tiempos distintos con un denominador común: violencia de género) pesa más, sospecho, que las cualidades del realizador vallisoletano.

 

Patricia López Arnaiz, ganadora a mejor actriz protagonista por Los destellos

 

 

La tercera obra de Pilar Palomero, Los destellos, se llevó la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista. Patricia López Arnaiz cumple de sobra en un papel que le va como anillo al dedo. Tenía este año fuertes rivales: Noémie Merlant (Emmanuelle), Mariane Jean-Baptiste (Mi única familia) o Joana Santos (On Falling). Tal vez sepa a poco este premio, pues era una de las historias que más habían convencido. Isabel debe afrontar el cuidado de su exmarido, del que se separó hace ya quince años, por petición de su hija común. Un viaje doloroso pero lleno de ternura y sanación a la vez y que servirá para el crecimiento de madre e hija.

Los dos premios que se llevó Cuando cae el otoño de François Ozon me parece a todas luces excesivos. Nada que decir a la mejor interpretación de reparto para Pierre Lottin que hace de hijo de una amiga de la  protagonista, Michelle, una abuela que vive una jubilación tranquila en un pueblecito de Borgoña. Sin embargo, el Premio del Jurado al de mejor guion a Ozon y Philippe Piazzo me parece que no está a la altura. Ozon ya ganó este premio, junto a la Concha de Oro por En la casa en 2012. Más se lo merecía, por ejemplo, Cónclave de Edward Berger, un absorbente thriller sobre la elección de un nuevo papa con un final sorprendente. Berger ya se lo temía y tan sólo vino él a promocionarla. No pasa nada, recaudará mucho más que el conjunto de muchas de las que han participado en la sección oficial.

Nada puedo decir al galardón a la mejor fotografía a Bound in Heaven, la película china y ópera prima de Huo Xin, pues no pude verla. En opinión de muchos, una obra notable y conmovedora sobre un enfermo terminal y una mujer atrapada por la violencia, historia de un amor que sobrevive a los estragos de la muerte y un fugaz destello de vida entre sus sombras.

El Premio Especial del Jurado, el segundo en importancia, recayó en la norteamericana The Last Showgirl dirigida por Gia Coppola, que se pudo ver el último día del festival. Un tanto extraño esta elección, pues reconocía el trabajo de su elenco de actrices y actores -entre quienes figuran Pamela Anderson, Kiernan Shipka, Brenda Song o Jamie Lee Curtis- "por su alta calidad interpretativa, repleta de verdad y de matices, que con gran sutileza y contención acerca a los sentimientos de un grupo de personas que debe enfrentarse a un oficio que se pierde, a un mundo que se acaba", indicaba el acta. 



On Falling de Laura Carreira, ganadora del premio mejor directora, fue una de las películas destacadas del certamen



Otros premios oficiales

Tan sólo queda destacar que el Premio Nuevos Directores fue a parar a Bagger Drama (Suiza), segunda película de Piet Baumgartner. El Premio Horizontes fue para El jockey, filme de Luis Ortega con el que competirá Argentina en los Oscar y que participó en la última Mostra de Venecia, mientas que el Premio Zabaltegi-Tabakalera recayó en otro título programado también en Venecia, April, segundo largometraje de Dea Kulumbegashvili, cuyo debut Beginning (2020) ganó la Concha de Oro.



Festival pasado por agua pero con glamour.



 

 





miércoles, 31 de julio de 2024

Zinemaldia 2024. Sección Oficial

 El menú oficial del 72º Festival de San Sebastián está casi servido, lo que provocará diarrea, vómitos y cortes de digestión entre el público

 

El pasado martes 16 la organización presentó las 12 películas que, junto a las ya conocidas 4 españolas, conformarán la Sección Oficial competitiva. Destacan por nombre las obras de François Ozon, Costa-Gabras, Mike Leigh o Maite Alberdi



 

No nos engañemos, cada año que pasa pierdo más interés en lo que puede ofrecerme la sección oficial. La mayoría será como esa comida «fast food» artística, que no alimenta ni el cuerpo ni el alma y, encima, daña la salud del gusto cinéfilo; alguna que otra satisfacción, que no compensará la cantidad de omeprazol tomada, y algún plato combinado que te dará corte de digestión. Por eso, últimamente me mantengo a dieta de lo que ofrece el Kursaal 1, sede del oficialismo: esa cosecha anual que no se ha visto en ningún certamen anterior y que, ¡oh!, será estreno mundial. ¡Como si al espectador de La Concha le importara ese detalle!

La carta de degustación para los días 20 al 28 de septiembre tiene nombres de directores, los cuales algunos ya conoces, otros que no les conocen ni en su casa aunque hayan rodado maravillosas y excelsas obras, y luego están los debutantes: dos directoras, la china Xin Huo con Bound in Heaven (2024), y la lusa Laura Carreira que presenta On Falling (2024). Hay que conseguir la paridad cueste lo que cueste. No espero nada de ellas, ojalá me equivoque.

 En cuanto a países, pues lo de siempre: mayoría de cine español (4 filmes, que para eso se juega en terrero propio) y francés (3, por eso de que están al otro lado de los Pirineos, aunque realmente son 4); luego viene la obligada muestra de cine yanki (nada del estilo Ford, Hawks, Scorsese o Tarantino); representación de cine social inglés, el ¿turbio y duro? cine danés y, cómo no, de Hispanoamérica alguna muestra (siempre algo argentino); del cine asiático, este año algo japonés afrancesado y una muestra china. Sorprende que en el menú no haya un poco de representación del cine coreano ni del centro y este de Europa, que el comunismo está de capa caída por ahí. Veremos cómo se complementa a ultima hora la Sección Oficial.

 


 

Los directores ya clásicos

 

El director francés François Ozon es la sexta ocasión que participa en la Sección Oficial, donde ganó la Concha de Oro y el Premio del Jurado al mejor guion con la notable En la casa (2012), de las pocas veces que no tildé la decisión de incomprensible. Sus películas al menos plantean cuestiones curiosas y  sacuden al público con asuntos de  índole ética (menor de edad que le gusta prostituirse, hombre que le agrada vestirse de mujer...). Se ven con mayor o menor interés y, al menos, no es un cine estomagante o soporífero. Ahí tienen para comprobarlo Una nueva amiga (2014) o Joven y bonita (2013), por ejemplo.

Ozon trae en esta ocasión Cuando cae el otoño (2024), protagonizada por Hélène Vincent y Josiane Balasko. Narra la historia de una mujer jubilada cuya vida cambia al conocer a un hombre, el hijo de una amiga, recién salido de prisión.

El octogenario inglés Mike Leigh será la primera vez que participe en la Oficial, aunque  ya ha pasado por «Perlak» -sección de obras proyectadas en otros festivales- con su obra maestra, Secretos y mentiras (1996). Su filmografía contiene un puñado de buen cine británico realizado en las últimas décadas como El secreto de Vera Drake (2004), Todo o nada (2002) o una que me gusta mucho como es Another Year (2010). Últimamente su producción ha ido espaciándose sin lograr resultados tan redondos.

En esta ocasión, Leigh trae Hard Truths (2024), producción anglo-española y protagonizada por Marianne Jean-Baptiste y Michele Austin. Fiel a su estilo insobornable, la cinta retrata el día a día de una familia londinense y explora temas como las relaciones familiares, el duelo y la salud mental.

Homenajeado con el Premio Donostia en 2019, el nonagenario realizador franco-griego Costa-Gavras regresa a la Sección Oficial, donde presentó El capital en 2012, con su nuevo trabajo El último suspiro (2024). Al igual que Leigh, Gavras ya dio lo mejor de sí hace años, con películas tan notables como Desaparecido (1982), Z (1969) o La caja de música (1989).

Su última obra recoge las reflexiones sobre la vida de un médico de cuidados paliativos y un escritor. Está protagonizado por Denis Podalydès y Kad Merad.

Rodada en francés, aunque dirigida por un veterano director nipón no muy conocido en Occidente, Kiyoshi Kurowasa, Serpent's Path (2024) es una película sobre un hombre que urde un plan para vengar la brutal muerte de su hija. Está protagonizada por Ko Shibasaki, Damien Bonnard y Mathieu Amalric, Es una nueva versión de la homónima que el propio Kurosawa dirigió en 1998. ¿Razones para rehacer? Él sabrá. En la carrera del prolífico autor japonés, destaca la que le dio cierta relevancia por estos pagos, la soporífera La mujer del espía (2020) que incomprensiblemente recibió el premio Mejor dirección en la Mostra de Venecia. Le confundirían con el fallecido Kurosawa.

 


 

El cine hispanoamericano


La chilena Maite Alberdi saltó a la fama -un caso digno de Iker Jiménez- con dos obritas documentales: una es una simpática ocurrencia de convertir a un añoso señor en un espía dentro de una residencia para comprobar si hay maltrato a una anciana, titulada El agente topo (2020), y la pornográfica y edulcorada historia de una relación matrimonial, donde él padece alzheimer y ella es la cuidadora en La memoria infinita (2023), ambas nominadas al Oscar documental.

Alberdi participa por primera vez por la Concha, deja el documental y se pasa a la ficción con El lugar de la otra (2024), adaptación de uno de los casos recogidos en Las homicidas, ensayo de Alia Trabucco Zerán. Cuenta la historia real de la escritora María Carolina Geel, que en 1955 mató a tiros a su amante. Me apuesto el bigote que Alberdi nos convence de que bien asesinado estaba el amante. Al tiempo.

Por otra parte, de Argentina tenemos El hombre que amaba los platos voladores (2024) de Diego Lerman. El director bonaerense regresa por tercera vez a la competición con un filme sobre la creación audiovisual de presencia alienígena más recordada de la televisión argentina. Destacan en el plantel actoral, Leonardo Sbaraglia (atención a su peinado), Sergio Prina y Renata Lerman -hija del director- y que obtuvo, ¡con tan sólo 12 años!, la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto por El suplente (2022), dirigida también por Lerman.


 

Cine norteamericano, inglés y danés


La expectación vendrá por la que es nieta de Francis Ford Coppola y sobrina de Sofía Coppola, Gia Coppola (37 años). Dicen que desde pequeña ya trasteaba por los rodajes de su tía y esperemos que algo se le haya pegado del apellido y de su admiración por el abuelo. Trae The Last Showgirl (2024), con Pamela Anderson, Jamie Lee Curtis y Dave Bautista en el reparto. Su filme es el retrato de una veterana bailarina de 50 años situada en la encrucijada cuando cierra el espectáculo en el que ha trabajado durante 30 años. Como madre, se esforzará en reparar una tensa relación con su hija que no ha sabido atenderla en ese tiempo.

 Tengo algo de esperanza por ver lo que  ha cocinado Edward Berger, cuya película anterior Sin novedad en el frente (2022) ganó varios Oscar, entre ellos el de Mejor película internacional. Se agradece en principio que haya un thriller dramático de índole religiosa como es Cónclave (2024). Tenemos a Ralph Fiennes que interpreta a un cardenal que, tras el repentino fallecimiento del Papa, debe supervisar el cónclave del que saldrá elegido su sucesor. El cineasta alemán ha contado también con otros actores reconocidos y reconocibles: Stanley Tucci, John Lithgow e Isabella Rossellini. 

Acabamos el repaso de la Sección Oficial con The End (2024), la primera incursión en el cine de ficción del tejano Joshua Oppenheimer. Tilda Swinton, Michael Shanno y George MacKay entre otros destacan en este musical distópico sobre una familia adinerada que sobrevive en un búnker dos décadas después del fin del mundo. La obra documental anterior (The Act of Killing o La mirada del silencio) no destacaba por su optimismo en la humanidad y por la alegría de vivir sin violencia. 

Menos mal que al salir del Kursaal 1 podré disfrutar de una comida donostiarra un poco más edulcorada, picantona y sabrosona, sin que me provoque acidez ni amargo regusto. De la comedia, y su ausencia otra edición más, hablamos otro día (salvo que alguna lo sea). Me resuena en los oídos las palabras del director José  Luis Rebordinos en alguna pasada entrevista, «siempre intentamos buscar buenas comedias, pero no las encontramos o no las hay».


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