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viernes, 15 de marzo de 2024

Los Oscar de 2024

Premios Oscar, Oscars, Óscares... pero ¿a quién le importa?


Hace años, décadas tal vez, los premios Oscar constituían un tema de tertulia, antes y después de celebrarse en el Dolby Theatre de Los Ángeles, habitual escenario. Tengo la sensación de que con el paso del tiempo apenas, salvo para ese círculo masónico de cinéfilos cada vez más añoso, conserva ya la misma importancia. Supongo que hay factores que han contribuido a ese desinterés: dejando aparte lo aburrido que pueden ser tres horas de agradecimientos a padre, madre y demás familia y luego a los compañeros de rodaje, están la disminución de la importancia de la sala cinematográfica, el consumo superficial del cine en canales, la apuesta de las plataformas por las series o miniseries, la diversidad del ocio de hoy en día...

El pasado sábado tuve la suerte de comer con mi cuadrilla. ¿Creen ustedes que a un día vista de la gala salió no ya los Oscar sino algún tema cinematográfico entre los temas que se abordaron en la sobremesa? Tal vez no sea significativo de nada. Pero a mí se me ocurrió pensarlo.

A estas alturas, ya sabrán que el bueno de Christopher Nolan ha ganado con su "Oppenheimer" el Oscar a mejor película y dirección, un relato de 180 minutos absorbente sobre el Proyecto Manhattan y sobre las consecuencias que tuvo en el padre de la bomba atómica. Me alegra saber que los dos actores, Cilliam Murphy y Robert Downey Jr. se hayan llevado los premios de interpretación. 

Desde que empezó a ser conocido, hace ya 24 años con la fascinantemente estructurada "Memento" (2000), ha rodado filmes que ha interesado al público en mayor o menor medida. Y créanme, "Oppenheimer" llenó las  salas cuando creo que nadie lo esperaba. Cine clásico que se amolda a una narrativa que no siempre tiene que salir bien porque nadie, cuando se pone a rodar, sabe a ciencia cierta si eso va a constituir un éxito. Tal vez el hecho de que Puttin esté dando por culo a Ucrania y amenazando con sacar las ojivas nucleares de donde las tenga, haya influido en eso que llaman el subconsciente colectivo. Vaya usted a saber.

Creo recordar que de los 180 minutos de metraje apenas se alude en dos ocasiones a lo que supuso sendos bombardeos en Hiroshima y Nagasaki. Es un pero que leí sobre el filme de Nolan. Pero claro, la historia no iba de las consecuencias en la población civil japonesa. Así debió quedar la Naturaleza en esas ciudades después de soltar los pepinos. Cada vez que veo árboles en estado invernal siento que la destrucción atómica es algo parecido. El contraste con el cielo azulado con ribetes de núbes lo hace más trágico si cabe.

 


 

Oppenheimer acaparó 7 galardones. Después vienen las migajas. Esos Oscar que, cual pedrea en la lotería, alegran un poco y alejan del sabor a hiel del fracaso estrepitoso. "Pobres criaturas" del terrible adulte griego Yorgos Lanthimos  se llevó al zurrón 4 de los 11 a que aspiraba. Poca recompensa para una película logradísima, inteligentísima, divertidísima y todos los -ísimos que puedan imaginar. Sí, es feminista, pero me divertí tanto viéndola y disfrutando de la vitriólica mirada al siglo en que vivieron Mary Wollstonecraft Shelley y Lord Byron que no me salieron sarpullidos. Además, el plantel compuesto por Emma Stone, segundo Oscar tras el de La La Land (2017), Mark Ruffalo (de vacío) y Willem Dafoe hace que los 141 minutos pasen como un suspiro. De admirar el despliegue de decorados y vestuario que tuvieron su justa recompensa en esta edición.

La otra pedrea ha sido para la actriz de reparto Da'Vine Joy Randolph que, dicen los que la han visto en "Los que se quedan" de Alexander Payne, está soberbia. Y la película es muy recomendable. Sobre todo porque la confronta el bueno de Paul Giamatti. 

A Payne le tuve cerquita un año en el Zinemaldia -estaba de presidente en el Jurado- en una proyección de una obra maestra que había sido restaurada: El ladrón de bicicletas (1948). A veces he estado cerca de dioses, aunque mi inglés de la Escuela de Idiomas me ha convertido en un Woody Allen tartaja y timorato.


ESPAÑA SE VUELVE DE VACÍO

Este año el cine patrio presentaba dos solidísimas candidaturas. Por un lado, la magnífica "La sociedad de la nieve" de J. A. Bayona. Desgraciadamente, el nivel en la categoría de Mejor Filme Internacional era altísimo. Todas podrían haberse llevado el premio. Sin embargo, fue "La zona de interés" de Jonathn Glazer quien se llevó el Óscar al agua con una vuelta de tuerca sobre un tema muy llevado al cine: el holocausto judío en la II Guerra Mundial. Atención al uso del sonido en esta película, algo que en el cine no se suele dar importancia pero que aquí es fundamental en muchas escenas.

 


 

 Y en el apartado de largometraje animado, nuestro bilbainísimo Pablo Berger presentaba su candidatura con "Robot Dreams", la relación amistosa entre un perro solitario y su robot de compañía. No ganó porque en frente tuvo al dios de la animación japonesa, que había anunciado hace tiempo que a sus 83 años ya no estaba para más anime. Su obra "El chico y la garza" cuenta un drama que va pasando del realismo a lo fantástico con escenas cada vez más ininteligibles para mí. La tendré que volver a ver con un diccionario Español-Miyazaki. No quiero dejar de recomendar la obra de Berger, sencilla, emotiva, con trazos naífs, que en momentos puede estar a punto de caer en la sensiblería, pero que al salir del cine uno respira más y mejor. Vamos, como si hubieras ido al masajista del alma. Sorprende gratamente cómo el autor de "Blancanieves" adapta de una manera muy personal la novela gráfica de Sara Varon. Es lo que se dice un autor, no un simple adaptador.

No me extrañaría que Damien Chazelle, si se hubiera topado con Pablo Berger en la alfombra roja, le hubiera recriminado que su final era muy semejante al de "La La Land", pero en perruno.




 


domingo, 11 de febrero de 2024

Goyas: Bayona 12, Urresola 3, Berger 2, Erice 1

Bayona deja en evidencia cuál fue la mejor película en 2023 con permiso de Víctor Erice

 

La Academia en su 38ª edición de los premios Goya otorga 12 de las 13 estatuillas a que aspiraba al filme 'La sociedad de la nieve' de J. A. Bayona



 

'La sociedad de la nieve' de J. A. Bayona se llevó los premios a mejor película, dirección, fotografía (Pedro Luque), producción, montaje, música original (Michael Giacchino) y demás premios técnicos. Vamos, que arrasó en la noche del cine español que, en esta ocasión, se puso de gala en Valladolid. Se ha convertido en la tercera película española con más premios tras 'Mar adentro' y 'Ay, Carmela'.

El director barcelonés dedicó el premio al público que ha asistido a las salas de cine, 450.000 espectadores según anunció, y eso que las dos grandes cadenas de exhibición en España no aceptaron las condiciones de Netflix para su exhibición en sus circuitos. Allá ellos. No regaló los oídos a los allí presentes -entre otros la plana mayor del Gobierno socialista encabezado por Pedro Sánchez- al manifestar con pesar que "no estamos en un buen momento para hacer películas. Con pocos recursos se están haciendo hoy en día". Dedicó el premio a mejor dirección -como no podía ser menos- a los que sobrevivieron en los Andes y a los que allí quedaron. Quiso plantarse a 4.000 metros en el Valle de las Lágrimas (Andes), lugar donde tuvo lugar el accidente de aviación uruguayo, para pedir permiso a los que allí quedaron de entre los tripulantes, el equipo de rugby y sus familiares para poder hacerla de la mejor manera y lo más respetuosamente posible. Los espíritus se conjuraron para que así fuera junto con el beneplácito de los supervivientes. Ahora a Hollywood.

Lo peor

La nota discordante la tuvo que poner Pedro Almodóvar que, junto a Penélope Cruz, fueron los encargados de anunciar el premio gordo a Mejor película. Justo antes de desvelar lo que ya se intuía, el manchego afirmó con un rotundo "creo en el cine español" su amor al cine... de izquierdas, claro. Y lamentó las palabras del asistente por primera vez a la gala, el vicepresidente de la Junta de Castilla y León de Vox, García Gallardo, que aprovechó la alfombra para llamar "señoritos" a los del cine que cogen las subvenciones para después hacer películas que no va nadie a verlas. Almodóvar llegó a afirmar "que las subvenciones que recibimos los del cine español las devolvemos con creces al Estado. A este hombre lo odio". Ni era el momento, ni el lugar, haciéndose protagonista con sus palabras de un instante en que lo importante era el Goya a Mejor película para 'La sociedad de la nieve'. Pero, claro, quién le va a toser al Dios patrio de media España.

Si no fue poco el bochorno de Pedrito, anteriormente no desaprovecharon sus 'chicas' otro momento que la Academia había preparado para celebrar el 25 aniversario de la exitosa 'Todo sobre mi madre'. Rememorando la escena del sofá, en el escenario se congregaron las actrices del filme, Cecilia Roth, Marisa Paredes, Penélope Cruz y Antonia San Juan hablando que chupar pollas y el tiempo que hacía que no chupaban ninguna. Lástima que el realizador no pusiera un plano de la homenajeada Sigourney Weaver de 74 años para ver su rostro. Bueno, supongo que el nivel de castellano básico la libraría del sonrojo de tener que escuchar el mal gusto de las 'chicas almodovarianas'. O lo que quedan de ellas.

 


 

Lo Mejor

La teniente Ripley supo estar a la altura de la noche al recibir de manos de Bayona, realizador que la dirigió en 'Un monstruo viene a verme' y por la cual fue nominada al Goya de reparto en 2016. Su discurso engrandece estos premios. Una señora de los pies a la cabeza: sabe lo que dice y cómo lo dice.Se ha esforzado mucho por no dejar que Hollywood defina o limite sus elecciones. Sin leer, emocionada y con sinceridad en sus palabras dijo 'estar llena de gratitud' en un aceptable castellano. Aludió a un grande, Luis Buñuel, y a una película, 'Viridiana'. Elogió el cine español, que "ha  dado obras maestras a lo largo de los años, audaces, conmovedoras e inquietantes" y ha sabido producir películas que escapan a lo estandarizado. Y un detalle anecdótico que la hace más grande aún como persona. Mencionó a su amigo Bill Murray, que le comentó que siempre su interpretación es mucho mejor doblada al español. De ahí que 'realmente la actriz que me dobla debería estar aquí arriba también. Me ha doblado en más de 30 películas empezando por 'Alien'. Se llama María Luisa Solá".

 

La noche tenía algo de suspense al inicio ya que Estíbaliz Urresola Solaguren con su '20.000 especies de abejas' venía de haber ganado premios en el Festival de Berlín, Málaga, en los Feroz y también en los Forqué. Pero fue como jugar contra el Real Madrid en el Bernabéu. Sus quince nominaciones, discúlpenme la sinceridad, eran a todas luces desorbitadas. Se tuvo que conformar, que no es poco, con los de dirección novel, guión original y, sobre todo, con el más emotivo al de actriz de reparto, que lo recibió la actriz vasca Ane Gabarain. Esta y la protagonista de '20.000 especies de abejas', la niña Sofía Otero, protagonizaron la escena más tierna y emotiva de la velada al entregar esta el premio a la que hace de tía en la película, una relación francamente lograda en la pantalla.



Los premios a mejor interpretación cayeron en David Verdaguer, por su papel del humorista Eugenio, y para Malena Alterio, que interpreta a una mujer que ha de reinventarse en taxista para seguir adelante en 'Que nadie duerma' de Méndez Esparza, una película que no debería pasar desapercibida para el que esto lee. 

Verdaguer recordó las palabras de Ignatius, "el humor es lo contrario al miedo. Yo he descubierto haciendo esta peli que Eugenio era una persona que tenía mucho miedo. Y la mayoría de las personas que estamos aquí tenemos miedo, pero lo aparcamos y hacemos películas, que quizás las que las vean durante un ratito se olviden de sus miedos".

Malena Alterio recordó la variedad de papeles de las allí nominadas: una vasca (Patricia López Arnaiz), una gallega (María Vázquez), una extremeña haciendo de catalana (Carolina Yuste), una catalana (Laia Costa) y ella, hispano-argentina. ¡Viva la pluralidad!

 


 

El bilbaíno de Nueva York

No debemos olvidar en esta reseña otro gran triunfador de la noche en Valladolid. El vizcaíno Pablo Berger, que aspiraba a cuatro cabezones, se llevó dos: el premio a mejor película de Animación y el mejor guion adaptado. Curioso que la historia muda entre un perro y un robot se haya llevado este último. Pero como dice el autor de 'Torremolinos 73', "antes de director soy guionista", ensalzando la importancia en esta ocasión del 'storyboard'. Quiso dejar claro que la animación no es un género, y expresó el deseo de que alguna vez una película animada esté en el apartado de Mejor película.

 Mención merece la aparición de José Sacristán que, en nombre del homenajeado y no presente, el director de fotografía y mucho más, Juan Mariné, hizo gala de su saber estar. Para empezar usó el Don para un personaje que quizás no sea muy famoso, ni falta que hace, pero que es justo la distinción, pues ha demostrado amor, rigor y dedicación al cine y a la conservación de éste. Consiguió lavar la cara a los haluros de plata que componen el 35 mm para así evitar de la destrucción las imágenes y las voces del patrimonio cinematográfico español. Mariné decía que su retina era casi una emulsión fotográfica. Sus 90 años de sus 103 años actuales así lo atestiguan. No pudo estar presente pero su representante, Sacristán, estuvo a la altura con su poderosa voz.

 


 

Adiós, Erice, adiós 

 Y acabo lamentando la ocasión perdida que los académicos han desperdiciado al no haber premiado a la obra testamentaria de Víctor Erice, 'Cerrar los ojos', más que con un premio de las once candidaturas a las que aspiraba. José Coronado fue el único que pudo subir al escenario para recibir su galardón a mejor actor de reparto. Tuvo que sufrir en la alfombra rosa preguntas del tipo '¿qué te parece que Vox acuda a la gala de los Goya?'. En fin, Erice no estuvo. Seguro que se fue a tocar el clarinete como hacía Woody Allen, otro apestado.

Hubo mucha reivindicación. Lo de siempre: feminismo por aquí, empoderamiento por allá, ecologismo, no a la masacre en Palestina y alguna cosilla más que se me olvida. De  tractores nada. Que debe ser que los actores y directores no comen del campo sino que se alimentan de las subvenciones.

Me despido con un chiste que contó David Verdaguer en la alfombra rosa. Era el que más le gustaba de los que contaba Eugenio pero que no aparece en 'Saben aquell' de David Trueba. Un tipo se acerca a otro con una navaja y le espeta: "¿La chupa o la vida?". Y el otro le contesta sin vacilar: "¡La chupo, la chupo!"

Como ven la 38º edición fue muy fálica. Y 'Un amor' y su directora se fueron sin chupar premio alguno.


Artistas que han sido nominados y que nunca han logrado el Goya


lunes, 16 de octubre de 2023

Sitges 2023: Palmarés

La película argentina 'Cuando acecha la maldad' se lleva el premio a mejor película en Sitges 2023

 

Es la primera vez que una película hispanoamericana se alza con el máximo galardón en los 56 años de historia del Festival de Sitges 


El actor Ezequiel Rodríguez (izq.) y el director Demián Rugna de la película ganadora de Sitges: 'Cuando acecha la maldad'


Les confieso que el día en que proyectaron 'Cuando acecha la maldad' tuve que levantarme a las 6:40 de la mañana pues ese martes, 10 de octubre, comenzaba la jornada de Sitges con un  plato muy apetecible: a las 8.15 en el Auditori Meliá se proyectaba 'Pobres criaturas' de Yorgos Lanthimos, recién ganadora del León de Oro en Venecia. Comprendí que tras degustar caviar, todo lo que viniera después me sabría a Gula del Norte. 
 
La película del argentino se proyectaba a las 18:00 y ya me había metido entre pecho y espalda otras dos más: 'Best Wishes to All' del japonés Yûta Shimotsu, que parte de una idea muy interesante como es que para que uno sea feliz debe haber alguien que sea infeliz, vamos que pague la fiesta del otro; sin embargo, la puesta en escena es pobretona y con escenas que no sabes si son pretendidamente cómicas o no. La segunda era la argentina 'La extorsión' de Martino Zaidelis, que narra la historia de un veterano piloto comercial, encarnado por el siempre convincente Guillerno Francella, que es extorsionado por el servicio de inteligencia de su propio país. Se deja ver con facilidad, la misma facilidad con la que se olvida.
 
Esto de ingerir tanto al día -Sitges es un buffet libre con 369 obras cinematográficas repartidas entre las diferentes secciones en 7 salas- provoca una borrachera audiovisual, surgiendo en tu cabeza un efecto distorsionador: una especie de hartazgo inmediato de todo aquello que no despierta tu interés en los primeros minutos. Me pasó con la película ganadora de Demián Rugna. Desde el mismo arranque, no entré. Estamos en una casa de labor, dos hermanos oyen de madrugada varios disparos. Se arman y salen a averiguar qué es lo que ha ocurrido. Por el camino, descubren el resto de un cadáver de cintura para abajo. Al acercarse a una casa para averiguar algo más, hallan a un "embichado", es decir, en jerga argentina un hombre postrado en la cama, extremadamente hinchado, lleno de pústulas, infectado por fuerzas malignas. No entiendo nada de lo que se narra, ni por qué actúan unos matando reses, que se suponen malditas, ni a qué se debe ese pánico. Desde ese momento, la cuestión será deshacerse de aquellos "embichados" sin usar armas de fuego contra ellos, porque eso puede desencadenar la maldición en aquel que haya disparado y ser poseído por el Mal.
 
Una huida constante de toda la familia del protagonista podría interpretarse como la desbandada de los argentinos de su patria ante la ruina que se avecina en este hermoso país. Pero eso es cosecha mía. Ni siquiera el final es claro, viniéndose abajo casi desde el inicio por unos actores que están a grito pelado todo el tiempo. La nueva obra del responsable de 'Aterrados' (2017) promete mantenernos pegados al asiento con este relato de posesiones demoníacas y a mí lo único que consiguió fue provocarme una agradable cabezada.

Premio especial del Jurado

 
El palmarés de la Sección Oficial ha estado muy repartido, con un total de trece películas que han logrado algún premio de las 31 que se presentaban. El segundo premio en importancia, Gran Premio del Jurado, ha ido a parar ex aequo a 'Vermin: la plaga' y 'Stopmotion'. De la primera diré que la dirige un francés debutante llamado Sébastien Vanicek y que el ingrediente terrorífico está en la línea de películas como 'Tarántula' de Jack Arnold o 'Aracnofobia' de Frank Marshall. En este caso, tenemos a Kaleb, un joven francés de raíces norteafricanas al que le gustan los animales exóticos. Ni que decir tiene que la compra de una arañita y la suelta involuntaria en su piso provocará la muerte de  varios de los vecinos, con lo que la comunidad en la que vive tendrá que ser confinada por la fuerza hasta poder descubrir la causa de tan extraños fallecimientos, extraños para la policía, claro. El argumento es tan predecible y los diálogos son tan anodinos que, aunque tenga un ritmo frenético, no levanta el interés ni acompañando su visionado con un platito de arañas precocinadas la Gula del Norte. Dice el jurado que la premia por ser una película de monstruos poderosa y política. Lo de poderosa será porque los arácnidos crecen en cada plano que aparecen. Y lo de política lo dirán por cómo trata la policía a los vecinos, franceses de primera generación de padres de origen africano que viven en una urbanización de los múltiples guetos que hay en Francia.

 
Sébastien Vanicek (izq.) y el equipo artístico de 'Vermin: la plaga'  presentando la película en el Auditori Meliá, que logra el Premio Especial del Jurado de la Sección Oficial de Sitges

 

Premios de dirección e interpretación

 
No he visto 'Omen', por la que su director, el congoleño Baloji afincado en Bélgica, recibió el premio a Mejor Director. Venía anteriormente de la sección Un Certain Regard de Cannes. En mi opinión, de las 14 vistas de la Oficial, este premio podría habérselo llevado alguno de los directores españoles que participaban: Pablo Berger por la estupenda historia de animación sin diálogos 'Robot Dreams' y que tuvo que conformarse con el Premio del Público; bien, Aritz Moreno por 'Moscas', interesante caída a los infiernos del empresario sin escrúpulos encarnado por el magnífico Ernesto Alterio; o bien, por último, F. Javier Gutiérrez por 'La espera' pues logra sacar petróleo a su sencilla historia y demuestra saber lo que es una cámara de cine. Pero al parecer, la única española presente en el Jurado, Ana Torrent, no debió de considerarlo oportuno y presionar para ello. Tan sólo 'Moscas' tuvo por parte del Jurado una mención especial "por su bonita visión del lado feo de Buenos Aires". Aquí añado el emoticono de ese rostro con los ojos saltones de sorpresa. Y el jurado tras motivar dicha mención siguió comiendo pan tumaca y escalivada en el Hotel Meliá, sede principal del Festival de Sitges.

Acertado me parece que el Premio de Interpretación Femenina fuese a Kate Lyn Sheil por 'The Seeding' por su poderosa actuación. La casualidad de la vida hizo que días antes, y en el marco del Zinemaldia, viese ´La mujer de la arena' dentro de la retrospectiva al japonés Hiroshi Teshigahara. Comento esto pues la primera es un nada encubierto remake del segundo. En este caso preferimos el original a la copia. La historia es muy similar. En 'The Seeding' se trata de un excursionista, en lugar de un entomólogo como ocurría en la obra original, que pasa un día en el desierto para fotografiar un eclipse. Encuentra a un niño perdido y cuando trata de ayudarle, éste desaparece y el fotógrafo se desorienta. Busca refugio en una sima, en donde hallará a una mujer que vive en un humilde hogar. Pronto se dará cuenta de que ha caído en una trampa perversa cuyo propósito él desconoce.
 
Karim Leklou recibió el Premio al Mejor Actor por su actuación en 'Vincent debe morir' en la que se ve atacado por personas extrañas con claras intenciones homicidas. Se ve obligado a huir y cambiar su vida por completo. No habría sido ningún desbarre si se le hubiera premiado a Ernesto Alterio, que en sus últimas actuaciones parece haber encontrado la llave del método Stanislavski, o a Víctor Clavijo en 'La espera', ambientada en la Andalucía rural de los 70, pues ambos son las columnas maestras que sostienen sendas películas.

Otros premios

 
El mejor guión fue para la película 'Late Night with the Devil', película australiana cuyo metraje es una anomalía hoy en día: 86 minutos.
 
Clama al cielo que 'La morsure' se haya llevado un premio, en este caso el de fotografía. Será porque buena parte del metraje transcurre de noche. Y hay un trabajo de iluminación. La historia se ambienta en los años sesenta en un colegio religioso francés femenino. Dos adolescentes, Françoise y Delphine, escapan de su colegio católico para asistir a una fiesta de disfraces con la intención de acostarse y perder la virginidad. Tras un viaje en un auto robado conducido por un adulto que queda embelesado por una de ellas, en la fiesta nocturna que ocurre en una mansión se toparán con que el anfitrión, otro adolescente  con cara de alelado, dice ser un vampiro. Si a eso le sumamos que Françoise está convencida de que esa noche morirá ya tenemos una película de lánguido metraje y soporífera siesta. Como dice el único adulto que aparece en la película: "En muchas ocasiones la expectativa del propio viaje es mucho más interesante que la experiencia de la fiesta en sí misma".

Por último, el premio a los mejores efectos especiales -galardón que en este género es en ocasiones fundamental- fue para la película 'El reino animal', que gustó mucho a juicio de los que pudieron verla. Y el premio a mejor música fue para Markus Binde por 'Club Zero'. Sorprende, y mucho, que una obra como 'La teoría universal' de Timm Kröger no se llevase nada. Es una película extraña, con una banda sonora magníficamente introducida en los pasajes de la historia y con un juego con el espectador que, en ocasiones, puede ser exasperante pero a la vez magnético. Estamos en 1962 donde Johannes, un doctor en física, viaja con su supervisor de doctorado a un congreso científico en los Alpes suizos. Lo que parece una película de misterio, poco a poco va girando a una hermosa historia de (des)amor cuando el físico descubre en una actuación jazzística en el hotel a Karin, una pianista de jazz de la que poco a poco va enamorándose. He de reconocer que no sé si Timm Kröger, también coguionista junto a Roderick Warich, se está quedando con el personal o si todo lo que uno ve tiene cierta lógica. Trataré de averiguarlo en la Seminci próximamente, pues la organización del Festival de Valladolid la ha programado en su sección "Academia del Cine Europeo". Y necesito verla de nuevo.
 

Títulos a destacar, ambiente festivalero y homenajes

 
De los títulos vistos, y que no he reseñado hasta ahora, quisiera recomendarles el visionado de 'Black Flies' enmarcada en la sección Órbita. Dirigida por Jean-Stéphane Sauvaire e interpretada con una fuerza interpretativa digna de Óscar por Tye Sheridan y Sean Penn. Sauvaire describe sin ninguna concesión al espectador la vida diaria de los paramédicos que recorren en ambulancia las calles de Nueva York. Una película dura y magnífica que dará que hablar en su estreno próximamente.
 
 
Junto a Brando de Sica tras la proyección de su película en Cinema Casino Prado.
 

Por último, quisiera resaltar dentro de Noves Visions la obra novel del nieto de Vitorio de Sica, Brando de Sica. Con su 'Mimí, el Príncipe de las tinieblas' quiere hacer un homenaje a aquellas películas en las que aparecía la figura de Drácula. De  Sica hace una relectura hermosa y muy original del mito del vampiro llevándolo a la actualidad a Nápoles. En esta ciudad vive Mimí, un adolescente huérfano nacido con los pies deformes que trabaja en una pizzería. Un día conoce a Carmilla, una joven que afirma ser la descendiente del mismísimo Conde Drácula. El descubrimiento del primer amor hará que Mimí quiera estar a la altura del "amour fou" al que le impulsa Carmilla.

Sitges 2023 es un monstruo compuesto de numerosas secciones: la Oficial, Sesiones Especiales, Noves Visions, Panorama Fantástic, Órbita, etc. Algo inabarcable. Uno tiene la sensación de ser devorado por el Auditori Meliá, la sede principal del certamen y al cabo de dos horas ser regurgitado por la parte trasera del mismo... y vuelta a empezar. La pega de la sede es que está a unos 20 minutos del centro de la ciudad, donde se encuentran dos recintos importantes como son el Cinema Casino Prado y el Cinema Retiro.
 
Está claro que el Festival cuenta con un nutrido apoyo por parte de un público que está volcado con las proyecciones y aplaude enfervorecido cada vez que aparece el título o las productoras en pantalla. Según el director, Ángel Sala, si el año pasado se alcanzó los 160.000 espectadores, este año no sería extraño que se superase esa cifra.
 
 
 
El Auditori Meliá, sede principal del Festival de Sitges, con una gran acústica y pantalla hermosa. La lástima son las butacas que, a pesar de estar en plano inclinado, no permiten la visibilidad perfecta de los títulos de crédito que están debajo de la pantalla
 
 
 
 
Una de las actividades que se celebraron y que más regocijo trajo al público de Sitges fue la Sitges Zombie Walk del sábado 7 de octubre, en donde mucha gente -como se puede ver en la foto- se prestó a ser maquillada para convertirse en zombies, convirtiendo a este festival en algo lúdico y lleno de regocijo.
 
Para acabar, uno de los carteles que poblaron Sitges durante el 5 al 15 de octubre ha sido el de la figura de King Kong debido a que se cumplían 90 años de la versión original de 1933 dirigida por dos aventureros del cine como eran Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper y que inspira el logo del festival. La obra maestra de la RKO se proyectó el día 14 en el Cinema Casino Prado. 

Sitges también quiso homenajear en su clausura con el Premio Máquina del Tiempo a Hideo Nakata, cuyo 'The ring' (1999) ganó el premio a mejor película, y a Brad  Anderson, que presentaba 'Blood'. También J. A. Bayona lo recibió aprovechando que el certamen había programado su magnífica 'La sociedad de la nieve' el pasado día 9.
 




 

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