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domingo, 1 de febrero de 2026

La importancia del sonido

Muere Fernando Esteso, un cómico grande, único y libre 





Llega una edad en la que las conversaciones con tus coetáneos se visten de luto, sufrimiento y penalidades diversas. ¡Bendita infancia! Esta mañana mientras degustaba una magdalena de sexo convexo, mojada en el café, me dispuse a escuchar por la radio la final del Open de Australia entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic, 16 años de diferencia, la juventud versus la madurez deportiva. 

Quien haya leído un relato breve titulado Por un bistec, escrito por Jack London, recordará que trata de un boxeador llamado Tom King al que le ofrecen un combate de boxeo contra un joven venido de Nueva Zelanda, donde gozaba de gran popularidad. Pero como en Australia no le conocen, le enfrentan con el viejo Tom King, ya en franco declive.

En la radio no es frecuente que transmitan un partido completo de tenis. Así que los locutores se las ven y se las desean para narrar el intercambio de raquetazos entre Djokovic y Alcaraz. El primer set cae del lado del serbio y, por un momento, parece como si llegar a los 25 Grand Slam a sus 38 años estuviera al alcance de su raqueta.

En Por un bistec, Tom King es el único de la familia que ha podido comer un plato de gachas antes del combate. Había mandado a los niños a la cama antes de la hora acostumbrada para que con el sueño no recordaran que no habían cenado. Nadie le había querido fiar para poder tomar un bistec antes del crucial combate. Era un viejo que sólo quería ganar una bolsa para pagar al casero y a los tenderos.

El Open de Australia de esta mañana no se teñía del dramatismo de la pobreza ni de la necesidad acuciante en que transcurría el relato de London, pero sí se mascaba el dramatismo por la gesta heroica de saber si Djokovic se erigía no ya como el tenista con mayor número de Grand Slam, sino si lograría superar a Margaret Court, tenista con la que empataba en títulos y, lo más importante, si lograba vencer a la Juventud.

A Carlitos Alcaraz las cosas no le iban bien en ese primer set. Algún comentarista revelaba lo que podía ser la clave del partido: «Si Carlos logra alargar el partido a cinco sets, entonces más probabilidades tendrá de que la final caiga de su lado».

Al boxeador Tom King, mientras acudía andando dos millas al Gayety Club donde tendría lugar el combate, le vino a la memoria «la imagen de la juventud, de la juventud gloriosa, pujante, exultante e invencible, la juventud de músculos ágiles y piel satinada, de corazón y pulmones que no conocían la fatiga, de la juventud que reía del ahorro del esfuerzo»

Djokovic sabía que tenía que golpear desde el principio y lo hizo. Pero después, Carlos Alcaraz lograba ganar el segundo set por 6-2 y dar la vuelta al partido en el tercero imponiéndose por 6-3. No sé en qué momento, tal vez cuando me alejaba de la radio ubicada sobre la mesa de la cocina, haciendo quehaceres hogareños, me percaté de algo: aunque no lograba entender las palabras de los locutores con nitidez, me iba dando cuenta de qué lado caían los puntos. La explosión de júbilo del público asistente en el Rod Laver Arena era más intensa cuando el serbio Nole lograba ganar un punto que cuando el de El Palmar lo sumaba. Bueno, Novak es el rey de Australia (10 títulos) frente a un veinteañero que no lo había logrado ganar todavía. El cariño del público estaba claro.

El sonido es mucho más sugerente que la imagen, es más connotativo frente a la imagen, que es habitualmente más denotativa. Y ahí me quedé pensando en ello mientras sostenía la escoba entre las manos y el griterío me connotaba que el público quería que la Vejez se impusiera ante la Juventud. El sonido en muchos casos transmite emociones, sensaciones y contextos más allá de su significado literal. Un sonido puede tener una connotación emocional: por ejemplo, el sonido de un trueno puede connotar peligro, tensión o incluso terror, dependiendo del contexto; las notas o acordes pueden crear una atmósfera, transmitir melancolía, alegría, ansiedad, etc. El sonido grave de un violonchelo puede connotar seriedad o tristeza.  Así que, en general, el sonido suele apelar más a lo emocional, simbólico o abstracto, que a lo literal. Esa es la fuerza, su poder. 





En el cine recuerdo una película vista en la Seminci titulada The Guilty (2018) del danés Gustav Möller sobre un oficial de policía que ha sido relegado a operador del servicio de emergencias. Durante un turno de noche recibe la llamada de una mujer que está en una situación delicada, pues dice estar secuestrada en un auto por su marido. Möller tiene el acierto de que durante los 85 minutos que dura la historia jamás traslada la cámara ni el punto de vista a otro lugar que no sea la propia sala de emergencias donde está el agente. La conversación y los ruidos que oímos a través de los auriculares del policía es connotativo, nos impele a imaginarnos la situación desesperada en la que vive la protagonista. Es la fuerza del sonido ausente de toda imagen que le acompañe. La pueden ver en RTVE gratis por si quieren comprobarlo.

La fórmula se repite en otra película que se ha estrenado hace tiempo en salas y que está nominada este año a Mejor Película Internacional en los Oscar. Se trata de La voz de Hind de la tunecina Kaouther Ben Hania. Relata cómo el 29 de enero de 2024 los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia. Se trata de una niña de seis años que está atrapada en un coche en Gaza que ha recibido el fuego del ejército israelí y suplica ser rescatada. Se da la circunstancia de que Ben Hania no tiene el menor escrúpulo de haber utilizado las grabaciones auténticas de la voz de Hind Rajab como material de audio para su obra. Ben Hania, como ya lo hiciera Möller, no abandona la sala de emergencias y se vale del sonido y de las palabras de la niña para connotarnos su situación dramática.

El partido entre Djokovic y Alcaraz afronta el cuarto set. En esos momentos, se ve interrumpido por un boletín informativo de la SER en el que se nos informa de que el actor Fernando Esteso ha fallecido a los 80 años. El cómico llevaba dos días ingresado en el hospital universitario de La Fe por una insuficiencia respiratoria. Fue conocido en los ochenta por rodar películas de carácter machista junto a Andrés Pajares.

Ya en el informativo de las 14:00, Aida Bao nos hacía un breve: «Lo hemos confirmado apenas hace una hora, ha muerto Fernando Esteso, famoso actor del destape a los 80 años. Alcanzó la fama en las décadas de los 70 y 80 junto a Andrés Pajares con el que formó dúo cómico. Esteso nació el 14 de enero de 1945 en Zaragoza y ha muerto esta madrugada en Valencia a los 80 años. Hacía tiempo que tenía problemas respiratorios».

El cuarto set caía del lado de la Juventud. Alcaraz se imponía a la Vejez por 7-5 y ganaba por primera vez el Open de Australia.

Con la imagen evanescente de Esteso imitando a voces de cantantes de los 70 en RTVE, me vino a la cabeza mientras notaba en mi cuerpo la artrosis en las muñecas, el dolor de espalda y la polaquiuria, aquellas palabras del relato de Jack London: «Sí, la juventud era Némesis, la diosa de la venganza. Destruía a los viejos sin darse cuenta de que al hacerlo se destruía a sí misma. Se dilataba las arterias y se aplastaba los nudillos, y con el tiempo era a su vez destruida por la juventud. Porque la juventud era siempre joven; sólo envejecía la vejez».

Y ahora escuchaba por la radio el júbilo de los locutores, la exaltación de Alcaraz, el griterío de parte del público del Rod Laver Arena y las palabras exultantes de sus más allegados que creía verlos abrazarse a él. Es lo que tiene la radio, que es connotativa. Y Tom King, a su regreso al hogar, no llevaba en los bolsillos ni un sólo centavo. Se hacía viejo. Lo más duro, pensaba, mucho más que haber perdido el combate, era comunicarle a su mujer el resultado. 

Y en la lápida sonora de la SER, la infamia de reducir a Fernando Esteso, vencido por la Vejez, como un cómico que hizo películas machistas y adquirió fama por ser actor del destape. D.E.P... la SER.



miércoles, 24 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Martes 23

 Hoy martes ni el director griego Lanthimos me salva el Zinemaldia



La vida es demasiado corta como para tomar café del malo”, leo en el bar Iturralde de la avenida Libertad. Parafraseando un poco hoy en la 5ª jornada del Zinemaldia podría decir: la vida es demasiado corta para ver mal cine. Hoy ha pasado. 


Imagen del filme "Las corrientes"


Milagros Mumenthaler es la directora argentina de “Las corrientes” vista a las 8:45 en el Kursaal 2. No se llena la sala más pequeña del Kursaaal y eso me da mala espina. Acierto. No sé si les pasará a ustedes que, en ocasiones, hay películas que, desde el primer minuto, te sacan de la pantalla. Y me pongo a pensar en mi vida real: en las lentejas y hamburguesa que me servirán en el Erdialde, un garito para pensionista a módico precio. 

“Las corrientes” trata de una mujer treinteañera, estilista (lo dice la sinopsis pues me he pasado todo el tiempo pensando a qué se dedicaba), casada y con una niña. Le dan un premio por su trabajo, lo lanza después a la basura, sale a la calle y se lanza al río. ¿Intento de suicidio?

Y claro, todo así para que te pases bastante tiempo averiguando de qué va esta tarada, guapa y con mucha sensibilidad para la belleza (ratificado en los innumerables planos de detalle de las cosas en las que se fija). Yo miro el reloj, entre planos detalle de una cabellera de la prota que no se moja porque tiene fobia. El psicólogo que esté en la sala disfrutará de la historia; yo, en cambio, la sufro.

Mumenthaler va de artista pretenciosa, de las que quiero pero no puedo. Hay alguna escena con interés (la del faro que ilumina la ciudad, que más bien ilumina el interior de ella y, de paso, descubrimos la razón de su trauma infantil), pero mi cabeza ya está en las lentejas que están sirviendo, un poco sin sal (porque en este establecimiento para viejitos tienen en cuenta la hipertensión).

El trato en el Bar Erdialde es cortés. Se dirigen a ti con tu nombre. En “Las corrientes” hay un letrero en una cocina -mientras cinco infantes miran cada uno pantallas electrónicas- que “la cortesía es la mejor forma para hacer un mundo mejor”. Ha faltado poco para insultar a la pantalla y a las ínfulas artísticas de la directora argentina. Sin embargo, he querido ser cortés y he aplaudido y me he marchado como corresponde a un caballero.


Fotograma de la película "Ya no quedan junglas"


Parece que el destino de hoy es ir acostumbrándome a la vejez y saber que, durante ella, lo mejor que puedes hacer hasta tu final es aguantar los dolores que te esperan. Eso dice en un momento del filme “Ya no quedan junglas” Ron Perlman, que hace de Theo, un exmilitar americano envejecido que vive de los recuerdos. Se cita los jueves con una prostituta que le recuerda a su mujer. Es el único consuelo que le queda. Ah, y juntarse en el bar del Casco Viejo de San Sebastián con Karra Elejalde, que le habría gustado ser Lee Marvin con txapela.

Los espectadores se ríen de los diálogos de tan ridículos, falsos y sonrojantes que son. Alguien en RTVE que ha puesto la pasta debería dimitir. Y el director, un tal Luis Gabriel Beristain, debería dedicarse a lavar los platos en el bar Erdialde. Sería de mayor utilidad para la sociedad.

Esto estaba programado en la sección Galas de RTVE, que se supone que es lo mejor que producen. Que Dios nos coja confesados. 


Plano del filme "La voz de Hind"

Era una de las películas que había que ver sí o sí en el Zinemaldia. Está en Perlas y su duración de por debajo de la hora y media convenía a estas alturas de festival. “La voz de Hind” de la tunecina Kaouther Ben Hania. Un título sobreimpresionado nos avisa que estamos en el 29 de enero de 2024 y que está basado en un suceso real. Arranca con la llamada de un tío de una niña de seis años a Emergencias de la Media Luna avisando de que ella está atrapada en un automóvil bajo el fuego militar. Desde ese momento, tratarán de mandar una ambulancia para salvarla. La historia transcurre fundamentalmente en la sala de la Media Luna y en conversación continua con esa criatura.  

Aquí podemos comentar la película desde la perspectiva sociopolítica y propagandística o sobre consideraciones cinematográficas. Con respecto a lo segundo, si usted han tenido ocasión de ver “The Guilty” del danés  Gustav Möller pueden hacerse una idea de cómo va la puesta en escena -aunque he decir que esta es muy superior en mi opinión-. 

Con respecto al primer asunto, me debato en el dilema si el filme es pornografía fílmica o no. Me explico. La directora Kaouther avisa al espectador desde el principio de que en las conversaciones que vamos a escuchar aparece la voz de la verdadera niña a la que le pasó lo que se narra. Lo demás estará ficcionado, pero el  espectador ya no se puede abstraer del todo de que lo que está viendo sin dejar de pensar que parte de ello es o ha sido “real”. No sé si la película es dura o durísima. Lo que percibo es un sepulcral silencio durante el tiempo que ha durado el desalojo del Teatro Pricipal. Luego a seguir con nuestras vidas. 


El director Yorgos Lanthimos ha dirigido "Bugonia", su último filme

 

 Sabiendo que en su filmografía tiene películas tan famosas como “Pobres criaturas”, “La favorita” o la que a mí me encandiló cuando el nombre de Yorgos me sonaba a marca de colonia para hombres, “Canino”, la última del griego era una gran esperanza para salvar el día. Pues ni por esas. “Bugonia” es de un argumento tan sencillo como el mecanismo de un sonajero. Dos jóvenes conspiranoicos -algo que debe abundar en esa Norteamérica lejos de Nueva York- secuestran a la dueña de una gran empresa farmacéutica en la creencia de que es la responsable de que las abejas estén desapareciendo. Y, claro, con ellos el mundo. Si le quitamos que la protagoniza Emma Stone y que está dirigida por Lanthimos, pensaríamos que es de esas pelis de raptos que acaban en los festivales de terror. Ni el uso de la música de orquesta atronadora y potente en ciertos momentos -marca del director y obra del compositor Jerskin Fendrix- logra salvar la historia de un cierto déjà vu. 

Hay que esperar a las dos últimas escenas para que el espectador se asombre de algo: primero de convertir un thriller en algo cómico-fantástico y luego reconvertirlo en una distopía con unos planos finales sobrecogedores. Pero para eso me quedo con “El planeta de los simios”, la de 1968 por supuesto. 

A la salida me comentan que es un remake de la película coreana “Salvar el planeta Tierra” (2003). Y como curiosidad, por si les da por verla y se preguntan como yo por el significado del título, comentar que la palabra en español, bugonia (del griego bous -buey- y gonia -generación-), se refiere a la creencia en la Antigüedad en la generación espontánea de vida, particularmente la idea de que las abejas pueden surgir del cadáver de un buey u otro animal sacrificado. Este concepto se encuentra en la literatura antigua, como las Geórgicas de Virgilio, donde el apicultor Aristeo crea un nuevo enjambre de abejas a través de la bugonia. Gracias a la IA que me ha informado.


Plano de la película de "El amor que permanece"


Venía con la escopeta cargada pues ya vi en su momento la morosa “Godland”. No sé las veces que he disparado al proyeccionista por ver si se paraba la proyección y podía huir del Teatro Principal. Hasta que me di cuenta de que la proyección era automática y ya no había persona contra la que cargar. Esto que les parece una ocurrencia mía, lo he vivido esta noche viendo “El amor que permanece” del islandés Hlynur Palmason. Es cine de ocurrencias, ocurrencias poéticas visuales unas, ocurrencias humorísticas otras, ocurrencias dialogales sobre un tema… Escasa narración sobre la vida de una familia cuyos padres están separados. Le reconozco al director islandés un estilo propio de filmar pero de las ocurrencias no se vive. 
In ejemplo. El tipo yace tumbado y ella pasa por encima con lo que su falda larga cubre la cabeza de él; vemos un olano picado desde la perspectiva de él observando absorto las piernas y las bragas de ella. El se envuelve col falda dejando el semblante descubierto; en otro plano vemos como ella desaparece y es sustituida por una fuente de luz solar que cubre la falda. Ocurrencias… a veces bonitas pero que llegan a cansar. 

sábado, 23 de agosto de 2025

Perlas en el Zinemaldia 2025

Platos gourmet: Sorrentino, Baumbach, Lanthimos, Trier, Panahi y Ozon entre otros, ingredientes de la sección Perlas en la 73ª edición del Zinemaldia

Richard Linklater inaugurará la sección con Nouvelle Vague y Rebecca Zlotowski la clausurará con Vida privada


Linklater abre Perlas con Nouvelle Vague, Zlotowski la clausura con Vida privada.


El estado de ánimo de un cinéfilo para ir al Festival Internacional de Cine de San Sebastián lo mide la sección Perlas de otros festivales. Dependiendo de la pinta que tenga el menú que programa Rebordinos, su director, y resto del equipo, uno puede ir de mejor o peor humor, con mayor o menor aliciente. De alguna manera, la seccion Perlas, lo mejor de otros festivales, es un analgésico que casi siempre funciona cuando la Sección Oficial te provoca dolor de cabeza, malestar y ganas de abandonar el Kursaal 1, el teatro Victoria Eugenia o el teatro Principal, sedes donde la prensa se congrega. Siempre te queda la buena compañía de los periodistas que van a cubrir el evento y la carísima comida donostiarra a precio de gota de agua en medio del desierto.

Se puede decir brevemente que este año los caladeros donde han pescado los 16 largometrajes de la sección Perlas han sido Cannes y Venecia exclusivamente. Y por países si nos atenemos a los autores, será Francia de largo la que acapare con seis propuestas la mayor representación. No podía faltar EE. UU., Italia, Brasil, Irán, España con sendas películas, a las que se añaden otras geografías con menor músculo de producción como Irlanda, Irak, Túnez, Islandia y Noruega.


INAUGURACIÓN Y CLAUSURA

Richard Linklater tiene el honor de inaugurar Perlas con su homenaje a ese movimiento heteróclito francés de los años 60, sobrevalorado en mi opinión, titulado homónimamente Nouvelle Vague y, en especial, a la producción de 1959 de la película Al final de la escapada del, en general insufrible e intelectual del cine, Jean-Luc Godard. El estadounidense es conocido por su famosa trilogía del "antes": Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013). Las tres están protagonizadas por la misma pareja de actores, Ethan Hawke y Julie Delpy, con encuentros en distintas etapas vitales. Linklater es otro director sobrevalorado. Salvo inesperados cameos, en esta ocasión creemos que ninguno de los dos aparece en Nouvelle Vague. ¿Tendré que sufrir otra vez ver de modo inverosímil cómo recibe un disparo en la espalda mientras Belmondo corre moribundo por las calles parisinas?

La clausura viene de la mano de la directora la parisina Rebecca Zlotowski con Vida privada. Un curioso reparto encabezado por Jodie Foster, que interpreta a una reputada psiquiatra que emprende una investigación privada sobre la muerte de uno de sus pacientes al que cree que lo han asesinado, y los sempiternos e incombustibles actores franceses Daniel Auteuil y Mathieu Amalric. Vista su filmografía anterior espero que esta sección no le venga grande. 




LOS MAESTROS

Podríamos etiquetar con jamón cinco estrellas la selección de Paolo Sorrentino que con su La grazia vuelve a contar con su alter ego Toni Servillo y Anna Ferzetti. Su película inaugurará el Festival de Venecia. No se han esforzado mucho en la reseña de la película los del Zinemaldia, pues tan sólo se dice que el director de Nápoles la define como "una historia de amor ambientada en Italia". Antes de morir, les recomiendo que vean alguna de sus obras, en especial La gran belleza (2012) con el que obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. El año pasado ya estuvo su anterior película, Parthenope (2024) que pasó ante los miopes ojos de prensa y público con más pena que gloria.



Otra figura esperada es la del director griego Yorgos Lanthimos que competirá por el León de Oro en Venecia con Bugonia, una comedia negra cuyo argumento no suele pisotear la Tierra. En esta ocasión tenemos a dos jóvenes conspiranoicos que secuestran a una presidenta de una gran compañía convencidos de que se trata en realidad de una extraterrestre (!). El director ateniense hace un tipo de cine que no es para todos los públicos, pero a mí me encanta cuando afila su colmillo para ofrecernos sátiras de humor corrosivo y raruno. Lanthimos y la actriz Emma Stone han formado un tándem productivo y bien avenido, siendo así la cuarta colaboración tras La favorita (2018), Pobres criaturas (2023) y Kinds of kindsness (2024), con excelentes resultados en general.

François Ozon es un realizador que suele frecuentar la Sección Oficial con bastante éxito. Así fue en el caso de En la casa de 2012, con la que ganó la Concha de Oro y el mejor guion, Mi refugio (2009) que obtuvo Premio Especial del Jurado, o el año pasado con Cuando cae el otoño (2024), que logró la Concha de Plata a mejor interpretación de reparto y el Premio del Jurado al mejor guion. Además, también participó con Bajo la arena (2000) y Una nueva amiga (2014). Ozon es un realizador muy prolífico que no duda en adaptar novelas, teatro, readaptaciones de otras películas o bien escribe él mismo sus propios guiones. En esta ocasión presentará en Perlas El extranjero, adaptación de la novela homónima de Albert Camus con la que concursará en Venecia. Benjamin Voisin y Rebecca Marder forman parte del elenco.

La única representación norteamericana en Perlas viene de la mano del director y guionista Noah Baumbach. El neoyorquino se ha paseado con su filmografía por todos los festivales de renombre: Venecia, Sundance, Cannes y Berlín. Tan sólo he podido admirar Historia de un matrimonio (2019), donde Scarlett Johansson y Adam Sandler tratan de superar un proceso de divorcio. En esta ocasión concursará previamente en Venecia con Jay Kelly, en la que George Clooney encarna a una gran estrella de cine que atraviesa una crisis personal. Le acompañan entre otros Adam Sandler, Laura Dern y Emily Mortimer, también coguionista. 




 LOS DIRECTORES EXITOSOS

No recuerdo si ha habido más de un director que haya ganado los tres grandes galardones festivaleros: Palma, León y Oso de oro. Lo que sí sé es que el iraní Jafar Panahi es uno de ellos. En 2000 logró con El círculo el máximo galardón en Venecia por "una imaginativa fusión entre fondo y forma en su abordaje de la situación de la mujer en una sociedad patriarcal"; luego sería con la magnífica Taxi Teherán en 2015 cuando logró el Oso de Oro en Berlín, siendo el propio Panahi el que conducía un taxi con una cámara en el salpicadero por las calles de Teherán ya que el gobierno islámico le tenía prohibido rodar; por último, el realizador consiguió la Palma con la película que veremos en San Sebastián: Un simple accidente. Sospecho que todos los premios han tenido un componente político por parte de los jurados para denunciar el régimen iraní presidido por Mahmud Ahmadinejad. Afortunadamente, el cine de Panahi no se queda en la mera propaganda, sus historias son sencillas pero con interés y gran fuerza narrativa a pesar de los escasos medios técnicos. Curiosamente, el régimen de Irán le prohibió viajar y hacer cine en 2010; desde entonces ha rodado de manera clandestina y cosechando triunfos, todo lo cual contribuyó a sufrir en 2021 una condena de seis años.


Imagen de El agente secreto, con Wagner Moura de protagonista

Multipremiada en Cannes con premio a mejor director y actor, El agente secreto del brasileño Kleber Mendonça también es cine político con envoltura de thriller. Su protagonista Marcelo, encarnado por Wagner Moura, es un experto en tecnología de 40 años con un pasado misterioso que está huyendo. Llega a Recibe durante el carnaval con la esperanza de reencontrarse con su hijo. Mendonça vuelve a la década de los 70 como ya hiciera con la notable Aquarius —que aquí se tituló Doña Clara (2016)— donde retoma temas ya abordados allí: la dictadura, el cambio del paisaje urbanístico, la música, la memoria familiar, etc. 

Por último, entre este grupo de exitosos con premio reseñamos la presencia de Valor sentimental del copeghanense Joachim Trier, con el que logró el Gran Premio del Jurado en Cannes. Trier tiene una filmografía escasa pero con títulos notables como pueda ser Oslo, 31 de agosto (2011) en el que presenta a un personaje, Anders, que busca encontrar un sentido a su vida errática, o una de las mejores obras de 2021 titulada La peor persona del mundo, que tuvo una considerable repercusión entre el público y aspiró al Oscar al mejor guion y a mejor internacional, con un tono existencial típico del cine nórdico y, en especial, del danés.


Joachim Trier presenta Valor sentimental


LOS OUTSIDERS Y OTROS PARA ECHARSE A TEMBLAR

En español, el outsider suele significar el extranjero, el marginado, el extraño, pero también dentro del argot hípico, outsider es el caballo que aún teniendo pocas opciones de ganar la carrera puede hacer de este modo rico al apostante. En este grupo caben las obras animadas, experimentales, no ficcionadas, interpretadas por actores no profesionales o aquellas que provocan sueño o, peor, ganas de asesinar al director y al programador.

Algo así pasa con películas de directores como la tunecina Kaouther Ben Hania, el madrileño Guillermo Galoe, el iraquí Hasan Hadi, el islandés Hlynur Pálmason o el haitiano Raoul Peck. Si logran el Premio del Público Ciudad San Sebastián, otorgado por los asistentes a la primera proyección púbica, conseguirán 50.000 euros o, si es europea la película, 20.000 euros para el distribuidor en España, siendo así que su obra pueda verse y su figura puesta en la retina del espectador, ya que este está más habituado a ver las pelis de Santiago Segura o las de Marvel.




De Kaouther Ben Hania, podremos ver La voz de Hind, una ficción basada en el caso real de una niña gazatí de seis años que en 2024 fue asesinada junto a parte de su familia durante un ataque del ejército israelí. De Ben Hania, puedo recomendar su anterior obra, Las cuatro hijas (2023) cuyo mayor mérito a nivel formal es narrar la historia de una madre y sus cuatro hijas en un tono de documental ficticio y que aspiró al Oscar.

Ciudad sin sueño de Guillermo Galoe es su debut en el largo. Una obra rodada con intérpretes no profesionales en la Cañada Real de Madrid, continuación de un corto anterior. Curiosidad siento por La tarta del presidente del iraquí Hasan Hadi, que narra las peripecias de una niña en el Irak de los años 90 por conseguir los ingredientes para prepararle una tarta de cumpleaños a nada más ni nada menos que Sadam Hussein. 

Pálmason presenta El amor que permanece, un año en la vida de una familia cuyos padres afrontan su separación. Y con un título curioso que hará complicado su búsqueda en internet, Orwell: 2+2=5 de Raoul Peck, trata sobre el escritor George Orwell y la que será su última y más importante novela 1984 escrita en sus últimos dos años de vida en la isla escocesa de Jura. De dicha obra provienen conceptos como la sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información, se practica la vigilancia masiva y la represión política y social. A muchos les sonarán el concepto de Gran Hermano por el reality show de Tele 5, sin saber que proviene de la novela. 

La animación estará presente de la mano de Mailys Vallade y Liane Cho Han con Little Amélie, adaptación libre de la novela Métaphysique des tubes (Metafísica de los tubos, 2000), en la que la escritora belga Amélie Nothomb recreó su infancia en Japón.

Finalmente, sería una agradable sorpresa si no me durmiera viendo lo último de Olivier Assayas, que trae un drama político (esta edición parece que abundará) titulado El mago del Kremlin. El argumento promete, pues narra cómo un joven artista y productor de televisión se convierte en asesor de Vladimir Putin. El plantel actoral lo componen Jude Law, que hace de Putin y que vuelve a trabajar con Alicia Vikandi tras La última reina, Paul Dano y Tom Sturridge.


La grazia del genial Paolo Sorrentino vendrá al Zinemaldia 2025


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