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domingo, 15 de marzo de 2026

Torrente, para qué te metes

 ¡Pónnos, Cecilia, otros dos cubatas!





Llevaba mucho tiempo sin acudir al bar Stop de Astrabudua desde que mi cuadrilla me abandonó. He podido refugiarme en el alcohol, pero por suerte el amor llamó a mi puerta y la abrí de par en par. Me acabo de sentar en frente del televisor que Cecilia, la dueña, tiene puesta al fondo del local. Algo de suciedad sobre la pantalla –creo que pudiera ser grasa de la fritanga de la cocina– no me impide contemplar que, como cada sábado por la tarde noche, Informe Semanal acude puntual a La 1 desde 1973. La actualidad manda y la presentadora Lourdes Maldonado trata de explicar el fenómeno cinematográfico del año: Torrente Presidente de Santiago Segura. 

Contemplo con un cubata de whisky con Coca-Cola entre las manos, un poco rebajado ya que es Coca-Cola light, que el reportaje arranca con los inicios exitosos de Segura en el cine. Allá quedan lejanas las imágenes de 1993 con su primer Goya por un cortometraje de ficción  titulado Perturbado. También recoge el reportaje la subida al escenario del Palacio Municipal de Congresos de Madrid de un Santiago Segura con cara embotada y grasienta –¿o será la fina capa de grasa de la cocina sobre el televisor?– que corre presto a recibir su segundo Goya de actor revelación por El día de la Bestia de Álex de la Iglesia. En aquella ocasión desbancaba a dos actores más jóvenes y guapos que él: Juan Diego Botto y el hoy desaparecido Carlos Fuentes.

En la multipantalla se puede observar cómo Santiago Segura se muerde las uñas y Juan Diego Botto articula con su sonriente boca quién va a ganarlo, antes de que la actriz Silke pronuncie el nombre del ganador escrito en el tarjetón. Sube rápido al proscenio, da la mano a Liberto Rabal y besa a Silke y a Candela Peña que formaban el trío presentador del premio. Pido a Cecilia que suba un poco el volumen del aparato y escucho:

 «Hola. Me han dicho que no bese a las chicas. Je,je,je, no he podido evitarlo. Quiero que en general toda España y las chicas, en especial, sepan que no se me va a subir a la cabeza esto. Seguiré siendo el tipo asequible y sencillo que soy. Un hombre fácil en definitiva. Los agradecimientos de este año van para... ¡qué nervios!». Segura saca un sobre cerrado y con algo de tembleque lo rasga y saca una hoja. «Es que como mis compañeros de El día de la bestia son tan escuetos, creo que tengo como tres minutos». Agradece a la familia y al equipo de la película, «menos a dos que me caían mal. Y a Álex de la Iglesia, un excelente amigo y mejor director o al revés, no estoy seguro». Y sorpresivamente incluye a la familia Trueba, que «los quiero un montón».

Un minuto dura el agradecimiento. Así que los de Informe Semanal no tienen que remontarlo. Doy un trago al cubata en vaso largo y estrecho, como le gustaría a Torrente. 

Gráfica de votaciones que radiografía a un país sobre la situación política actual


La siguiente secuencia da un salto en el tiempo y la voz en off narra que el de Carabanchel logra su mayor reconocimiento académico en 1999 con Torrente, el brazo tonto de la ley al ser premio a Mejor Director Novel. Como en la anterior ocasión, sale en traje oscuro y todavía corre más rápido al proscenio para abrazar a Antonia San Juan antes de ser devorada por el cáncer. No recuerdo a nadie ir corriendo a recibir un Goya. Le escucho:

 «Estoy muy agradecido a los académicos que me han votado; a mi equipo de mensajería; sobre todo a los que estáis aquí y a los que están en sus casas que han ido a ver mi película. Ser director novel está chupado si tienes un equipo de actores y técnicos, en definitiva, amigos que he tenido yo». La lista de agradecimientos vuelve a coincidir como en la anterior ocasión a Fernando Trueba y a Andrés Vicente Gómez, productor, «que, como muy bien ha dicho Tony Leblanc, sabe firmar un contrato con un apretón de manos en una cafetería, en un bar, en la calle». Y añade para finalizar algo que se me antoja muy revelador: «Sobre todo que sepáis, niños, que cuando crezcáis no quiero que seáis como Torrente». 

El agradecimiento dura prácticamente un minuto como la anterior vez. La voz en off no señala que Santiago Segura había prácticamente rescatado a Tony Leblanc que llevaba retirado del cine 15 años debido a las secuelas por un accidente de tráfico. Y lo hacía en un papel de un padre enfermo en silla de ruedas, gruñón, símbolo de una España del pasado cuyo hijo, Luis Torrente, lo cuida de modo displicente.

Doy otro trago al cubata y casi lo dejo seco. En eso entra Enriqueto, amiguete de toda la vida. Y se sienta a mi lado. Me pregunta si la he visto, de modo implícito, mientras mira el televisor. Ahora en la pantalla veo una sucesión de críticos y expertos en cine –Carlos Boyero, Carlos del Amor, Javier Ocaña, Luis Martínez...– que tratan de abordar el éxito inexplicable de la «deleznable, soez y fascista» figura de Torrente, adjetiva alguno de ellos.

Enriqueto fue el primero que la anterior semana me mandó un recorte de prensa de El Mundo, semana del estreno, en que se señalaba que «Torrente Presidente revienta la taquilla en su primer día: recauda 2,4 millones de euros, suma 300.000 espectadores y es el mejor estreno del cine español en 15 años». El mensajito de marras ruló por el whatsapp de todo Dios. Enriqueto me preguntó aquel día si quedábamos para tomar algo y hacernos unas... Y aquí estoy, pidiendo a Cecilia un segundo cubata de whisky con Coca-Cola, en esta ocasión sin rebajar, que la ocasión lo merece.

Enriqueto deja de mirar el grasiento y casposo televisor de La 1 y me sentencia que en España no se sabe tratar a ciertos cómicos como se merecen. «Mira Tony Leblanc, que si recibió el Goya de Honor fue gracias a que le sacó del ostracismo Santiago Segura. Y éste desde Torrente no ha vuelto a pisar la alfombra roja o del color que sea ahora salvo para que en 2008 dirigiera la Gala de los Goya. Eso sí», me recuerda Enriqueto, «no desaprovechó la ocasión para quejarse con el estilo humorístico propio de la falta de nominaciones a las películas taquilleras. ¿Te acuerdas cuando salió diciendo que estaba deprimido, triste, que estaba hecho polvo, pues de las 29 categorías que hay en los Goya no le han habían votado en ninguna?». Y alguien en la sala saltó a voz en cuello aquello de "es que eres malo", mientras Segura subía un poco el tono para taparlo, le recuerdo. Y reímos al recordar aquel momento. 

No, Santiago Segura desde entonces no fue santo de la devoción de los académicos. Pero ahí están sus éxitos de taquilla. Esos sí que son auténticos Goya: los del público. 

Tras la ingesta de varios cubatas con Enriqueto, salimos juntos no sin despedirnos de Cecilia. En la calle, el tiempo amenaza con lluvia. «¡Qué suerte tuvo Santiago el pasado fin de semana que fue pasado por agua! El mal tiempo y el cine son pareja de hecho. ¿O más bien de conveniencia? Y el jodío de él va y no gasta ni un euro en promoción publicitaria. Y les obliga a los de la prensa a gastarse la pasta para poder criticarla a gusto. Audaz que es el jodío este», medito. 

Mientras estoy enfrascado en estos pensamientos, Enriqueto sigue con su perorata vocinglera: «Y algún ingenuo seguirá pensando que los políticos han venido a solucionar los problemas de los ciudadanos. Bueno, maticemos: han venido a joder a muchos y, de paso, hacer que otros tantos parasiten a los primeros. Alguien me dijo: 'Los políticos están para crear problemas y, después, buscar soluciones imposibles a los problemas creados'. No me extraña que la juventud de hoy vote a Vox». Me quedé pensando si Torrente estaría de acuerdo con la reflexión de Enriqueto. Si aquella alusión a los niños de Segura alertándolos de que se alejaran de la figura de Torrente no habría sido en vano. ¡Maldito fascista este Enriqueto!

 

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