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domingo, 16 de noviembre de 2025

Porque te vas

 Porque te vas o por qué te vas

 


 

Esta semana he leído en X que el periódico El País ha sacado un listado de los 50 mejores libros españoles del último medio siglo, es decir, desde 1975 a 2024. No sé si es una relación por orden de calidad o simplemente están los 50 mejores sin mayor elucidación. Me alegra saber que, aún habiendo muchos que no he leído, están presentes algunos que recientemente acabo de leer o que he leído en estos últimos años y cuya sombra todavía me cobija ante esta sombría vida. Algún lector se preguntará cómo puede uno cobijarse bajo la sombra de otra sombra. Cosas de la literatura.

En el primer lugar, aparece la novela Corazón tan blanco de Javier Marías. Confieso no haber leído nada del madrileño. En mi estantería están, a la espera de que un lector monte en su locomotora e inicie la aventura lectora, esta misma obra, –en cuya faja puedo leer que "el mejor homenaje es leerlo"–, la de título tan hermosamente poético, Mañana en la batalla piensa en mí, y una de sus últimas novelas antes de morir en 2022: Los enamoramientos.

En segunda posición, aparece Crematorio de Rafael Chirbes, también fallecido, un poco antes, en 2015. Existe una serie que se hizo de esta maravillosa obra que todavía uno tiene pendiente de ver. Hubo un tiempo en que recomendaba su lectura a  todo dios para saber cómo era la España del pelotazo urbanístico y cómo estalló todo en la crisis de 2008.

Este año, sabiendo que Alberto Rodríguez iba a estrenar en el marco del Zinemaldia una serie, adaptación de la obra literaria, me leí Anatomía de un instante de Javier Cercas que escribió en 2009. Se trata de una crónica o ensayo histórico novelado y muy bien documentado sobre el fracaso del golpe de estado en España en 1981. Todavía tengo pendiente de ver la que dicen es una magnífica traslación de Alberto Rodríguez con Álvaro Morte, Eduard Fernández y Manolo Solo encarnando a figuras políticas cruciales de la Transición: Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y el teniente coronel Gutiérrez Mellado.

Y qué decir de Los girasoles ciegos de Alberto Méndez, que el mismo año en que se publicó (2004) tiene el desparpajo de fallecer. Aunque hace años leída, todavía me queda ese grato sabor de su lectura sobre un matrimonio cuyo marido en 1940 todavía tiene que esconderse en el hueco de su dormitorio so pena de sufrir las represalias del régimen; lectura algo amargada por haber visto después una floja versión homónima en la pantalla dirigida por José Luis Cuerda.

Sorprende ver una historia gráfica titulada Arrugas de Paco Roca, publicada originalmente en 2007 por la editorial francesa Delcourt, y que luego pasó a una versión animada que tuvo muy buena aceptación, incluyendo dos Goya a mejor película de animación y guion adaptado.

Aparece también Obabakoak de Bernardo Atxaga, cuya adaptación al cine la llevó sin mucha repercusión, aunque se presentara en el Zinemaldia, Montxo Armendariz con el título Obaba. Mayor acierto al cine (transformada en sobresaliente serie) tuvo Patria de Fernando Aramburu, que pude degustar en plena pandemia de Covid en 2020, con mascarilla incluida y sin ir al baño porque no había descanso en el Kursaal, en aquel Zinemaldia sin público y con la prensa sentada a metros de distancia unos de otros.

Un amor de Sara Mesa también está en el listado para mi sorpresa y cuya traslación al cine por Isabel Coixet en 2023 me dejó aún más frio y desencantado. Como no podía faltar, ahí están los nombres de gente muy apegada al periódico: los Almudena Grandes, Carmen Martín Gaite, Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas, María Zambrano...

Por eso me sorprende, aunque no debería porque es magnífico, que esté la obra de Francisco Umbral –fallecido también, en 2007– y que estoy leyendo en estos momentos: Mortal y Rosa. Es una obra híbrida, con fragmentos propios de memorias, monólogos, diarios personales y prosa poética hermosamente escrita.

Quiero transcribir un fragmento:

«En la noche, cuando el mundo se reduce al redondel de luz de la lámpara, y todo el resto del mundo es incógnito, extenso en círculos de sombra y nada, de astros y fábricas, abro un libro y quedo ahí, preso en la luz, leyendo. ¿Qué hago yo con un libro en la mano? ¿Qué es un libro? Un objeto rectangular, una caja, practicable, una sucesión de signos monótonamente ordenados. El libro es sólo el pentagrama del aria que ha de cantar el lector. En el libro no hay nada. Todo lo pongo yo. Leer es crear. Lo activo, lo creativo, es leer, no escribir. De esos signos, de esa tipografía hormigueante y seca, mi imaginación levanta un mundo, kun bosque, una idea, y continuamente salen volando pájaros de entre las páginas del libro».


Hace un rato, mientras meditaba escribir todo esto, pasé por la lavandería de mi barrio. Vi a una pareja de jóvenes que esperaban a que la lavadora industrial les devolviera la ropa limpia de los escarceos amorosos de la tarde de un domingo. Ella le decía: «Siempre he admirado a quienes escriben». Y él, mientras ella dejaba caer su cabeza sobre el hombro del muchacho, le respondía: «Yo, a los que leen… porque es lo creativo».

Y me preguntaba en esos momentos: ¿habría leído a Francisco Umbral? Descarté la idea por su juventud –me temo que los jóvenes de ahora leen menos– y seguí rumbo a casa sin pasar por el bar Stop para escribir este artículo, sabiendo que todavía de los 50 libros me quedan muchas noches reducidas al redondel de la luz de la lámpara. 

Y en el patio, mientras tecleo en la máquina de escribir, escucho en la lejanía la letra de una canción: «Hoy en mi ventana brilla el sol. Y el corazón se pone triste contemplando la ciudad porque te vas». Siempre tuve dudas de si era "por qué te vas" o "porque te vas", pues tal y como lo pronuncia Jeanette, a la que descubrí en la película de Carlos Saura, Cría cuervos, se hacía difícil de discernir.

Y en eco apagado, un verso de la canción me llega ya apenas audible: 

Bajo la penumbra de un farolSe dormiránTodas las cosas que quedaron por decirSe dormiránJunto a las manillas de un relojEsperaránTodas las horas que quedaron por vivirEsperaránTodas las promesas de mi amor se irán contigoMe olvidarás.

 

domingo, 13 de julio de 2025

Zinemaldia 2025: cine español en Sección Oficial

La homosexualidad, la droga como tabla de salvación y la emigración, temáticas de la Sección Oficial en la 73ª edición del Festival de San Sebastián

 

La dupla Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, José Luis Guerin y Alberto Rodríguez, directores que competirán por la Concha de Oro

 

 

 

 Suele ser ya tradición ir a la sede de la Academia Española en Madrid a presentar la programación de cine español que se verá en el Zinemaldia. Su director Jose Luis Rebordinos lo hizo este pasado viernes 11 de julio anunciando que serán 22 títulos de producción española (17 largometrajes, 2 cortometrajes y 3 series) los que podrán verse entre el 19 y el 27 de septiembre en la Sección Oficial y demás apartados. Además, se informó de que el tradicional Premio Nacional de Cine, que otorga el Ministerio de Cultura, será este año para el actor barcelonés de 60 años Eduard Fernández.

La presentación previa la hizo el vicepresidente primero de la Academia, Rafael Portela, que no obvió la situación política mediante este comentario: "Estamos pasando tiempos de incertidumbre con tramas, argumentos y villanos que solo pensábamos que veríamos en películas malas". Seguro que más de algún representante político asistente se removería incómodo en su asiento, o pensaría que con él no iba la alusión. Portela recurrió al tópico de que ante estos tiempos "nos queda el cine, el cine extraordinario que seguro veremos en San Sebastián para entender lo que está pasando, para emocionarnos, entendernos y para que nos ayude «a articular una respuesta», la mejor que podamos". 

Rebordinos, por su parte, comentó que "este es un gran año para el cine español, incluso mejor que el año anterior por el mayor número de películas españolas". Y pasó a demostrarlo señalando la repercusión que ha tenido nuestro cine en recientes festivales como Cannes (compitiendo con Sirât de Oliver Laxe y Romería de Carla Simón), Berlín (Sorda de Eva Libertad) o "la seguridad de que habrá en la próxima edición de Venecia agradables sorpresas para el cine español dentro de su programación".

 

Sección Oficial

Tras el panegírico obligado, el director del Zinemaldia informó de que en la Sección Oficial a concurso estarán tres películas, todas de cineastas que comenzaron sus carreras en San Sebastián, como es el caso de Alberto Rodríguez y el tándem formado por Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, a quienes el Festival ha ido acompañando en sucesivas películas como "parte de su decidido apoyo al cine español". También regresará José Luis Guerin, que ganó el Premio Especial del Jurado en 2001 con la magnífica En construcción

 

Maspalomas
Aitor Arregi (izq.) y Jose Mari Goena en la presentación en Madrid de Maspalomas


 


 

Cine Vasco

Ya lo dijo hace tiempo Rebordinos, que no habría cine vasco a competición por sistema sino por criterios de calidad. No lo hubo el año pasado ni el anterior, pero este año el vacío lo ocupará Jose Mari Goenaga (Ordizia, 1976) y Aitor Arregi (Oñati, 1977), que vuelven a optar a la Concha de Oro con Maspalomas. El actor Jose Ramon Soroiz da vida a Vicente, quien a  sus 76 años, y tras romper con su pareja, lleva la vida que le gusta en Maspalomas, localidad de la isla de Gran Canarias. Su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta.

 

 

 

El colectivo Moriarti, trío de cineastas que se completa con Jon Garaño y que han sido los niños mimados (con justicia) del Zinemaldia durante estos últimos años, ha concitado un cada vez mayor interés en sus propuestas. Participaron en sus inicios con Lucio y 80 egunean. Ya en la Sección Oficial estrenaron con éxito y gran aceptación de público Loreak (2014), Handia (2017), que obtuvo el Premio Especial del Jurado y el Premio Irizar, y La trinchera infinita (2019), Concha de Plata a la mejor dirección, Premio al mejor guion, Premio Irizar y Premio FIPRESCI. Por último, Marco (2024) clausuró Perlak tras estrenarse en la sección Orizzonti de Venecia.

 

Un documental de José Luis Guerin

Si el año pasado la Concha de Oro fue a un documental, o cine de no ficción, en esta ocasión será otro grande de este género el que vuelve a San Sebastián. Casi 25 años después de alzarse con el Premio Especial del Jurado y el Premio FIPRESCI gracias a En construcción (2001), José Luis Guerin (Barcelona, 1960) regresa a la competición oficial con una nueva no ficción, Historias del buen valle, rodada en Vallbona, barrio barcelonés con un importante porcentaje de población migrante.

 

El director José Luis Guerín presenta Historias del buen valle

Guerin ha sido autor presente en festivales, cuya repercusión siempre ha sido bastante limitada entre el gran público. Últimamente su obra ha ido espaciándose y con menor acierto. Sin embargo, si alguien tiene curiosidad le recomendamos las que en mi opinión son sus dos obras más sobresalientes junto a En construcción: la mágica, original y extraña Tren de sombras (1997) y la nostálgica búsqueda de las huellas de John Ford y del rodaje de El hombre tranquilo titulada Innisfree (Zabaltegi, 1990), ambas presentadas en su momento en Cannes.

 

Alberto Rodríguez por partida doble

Habitual por estos lares desde que hace ya 25 años rodara su primer largometraje, Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) presentará Los Tigres, escrita junto a Rafael Cobos, en la que Antonio de la Torre y Bárbara Lennie encarnan a dos hermanos que trabajan como buzos profesionales para el petróleo. Su vida cambia cuando Antonio tiene un accidente y descubren que no puede bucear más. Una situación que puede cambiar cuando dan con un alijo de cocaína escondido en el casco de un petrolero.

 

Los tigres, séptima participación del director Alberto Rodríguez en el Zinemaldia

No le ha ido mal en el Zinemaldia a Rodríguez, que mostró en sus incios El factor Pilgrim (codirigida con Santi Amodeo, 2000) y El traje (2002) en la sección New Directors. Participa por séptima vez en la Sección Oficial, donde presentó 7 vírgenes (2005), con la que Juan José Ballesta obtuvo la Concha de Plata al mejor actor, y La isla mínima (2014), que brindó esa misma distinción a Javier Gutiérrez, además del galardón a la mejor fotografía y 10 premios Goya posteriores. Eduard Fernández consiguió otra Concha de Plata con El hombre de las mil caras (2016), tras la que Rodríguez inauguró el Festival fuera de concurso con Modelo 77 (2022). El cineasta, el primero en estrenar una serie en la Sección Oficial con La peste (2017), fue también uno de los directores de la serie Apagón (2022).

 


 

 

Alberto Rodríguez participará por partida doble y presentará fuera de competición Anatomía de un instante, una miniserie de tres episodios basada en el libro homónimo de Javier Cercas sobre el intento de golpe de estado que España sufrió el 23 de febrero de 1981. En el reparto figuran, entre otros, Álvaro Morte, que da vida al presidente Adolfo Suárez; Eduard Fernández, que interpreta al dirigente comunista Santiago Carrillo; Manolo Solo, que asume el papel del militar y político Gutiérrez Mellado y David Lorente, que encarna al teniente coronel golpista Antonio Tejero.

 

Fuera de concurso y proyecciones especiales

Nunca he entendido ni entenderé por qué se programan en esta sección competitiva por definición obras que no aspiran más que al aplauso (o al bostezo o abucheo) del público. Así en esta 73ª edición, Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) regresa con Un fantasma en la batalla un largometraje inspirado en la mayor operación encubierta contra ETA que cuenta la historia de una joven guardia civil que trabajó durante más de una década como agente encubierta en la organización terrorista. Susana Abaitua encabeza un reparto completado por Andrés Gertrudix, Iraia Elias, Raúl Arévalo y Ariadna Gil. Tal vez es una manera de restañar la criticada no participación del año pasado de Arantxa Echevarría con su película La infiltrada de similar temática.

Por si fuera poco el menú no competitivo, en Sección Oficial se incluirá en su apartado Proyecciones Especiales cuatro títulos fuera de concurso: un largometraje de ficción y otro de no ficción, y dos series.  

 


 

En la serie Zeru ahoak (Bocas de cielo), de cuatro episodios, el donostiarra Koldo Almandoz recupera a los personajes de Hondar ahoak (2020) para urdir un nuevo thriller protagonizado por Nagore Aranburu, Josean Bengoetxea y Ramon Agirre entre otros. El segundo largometraje de Almandoz, Oreina ya ganó el Premio Irizar al Cine Vasco. 

El drama histórico Karmele, dirigido por el vergarés Asier Altuna es una adaptación de la novela de Kirmen Uribe Elkarrekin esnatzeko ordua (La hora de despertarnos juntos), protagonizada por Jone Laspiur, Eneko Sagardoy y Nagore Aranburu. Altuna ha codirigido con Telmo Esnal Aupa Etxebeste! (New Directors, 2005), que ganó el Premio de la Juventud y Agur Etxebeste! (Gala del Cine Vasco, 2019). En solitario, ha participado en la Sección Oficial con dos largometrajes, Bertsolari (2011), proyectado fuera de concurso, y Amama (2015), que ganó el Premio Irizar. 

Flores para Antonio es el título de la película de no ficción con la que Isaki Lacuesta (Girona, 1975) y Elena Molina (Madrid, 1986) exploran la vida y el legado del músico Antonio Flores a través de abundante material de archivo y testimonios de su hija Alba Flores y sus hermanas Lolita y Rosario, así como de un buen número de artistas. Lacuesta es uno de los pocos cineastas que ha ganado incomprensiblemente (un caso de misterio para Iker Jiménez) dos veces la Concha de Oro con Los pasos dobles (2011) y Entre dos aguas (2018). 

 


 

Óscar Jaenada y Ricardo Gómez protagonizan La suerte, una serie de seis episodios dirigidos por Paco Plaza (Valencia, 1973) y Pablo Guerrero (Lorca, 1975) sobre un taxista convertido súbitamente en chófer de un torero y su cuadrilla. Completan el reparto de La suerte Carlos Bernardino, Óscar Higares, Pedro Bachura y Jason Fernández, entre otros. Plaza concursó en la Sección Oficial con La abuela (2021). El año pasado su película Mugaritz. Sin pan ni postre (2024) se alzó con el Premio Culinary Zinema

 

martes, 4 de octubre de 2022

Modelo 77 (2022)

 MODELO DE NADA


El director en la cárcel Modelo de Barcelona durante el rodaje

 


Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) atesora ya una filmografía muy interesante. Arrancó en 2000 con El factor Pilgrim y con Modelo 77 son ya 8 los largometrajes que tiene en su haber, sin contar series. Con La isla mínima (2014) tocó el techo del éxito y, por qué no decirlo, de la excelencia, recibiendo 10 premios Goya y la Concha de Plata al mejor actor (Javier Gutiérrez) y mejor fotografía.

Rodríguez siempre le ha gustado hacer un cine de denuncia, social o político, aunque para ello haya que enmascarar sus películas en formato thriller. Lo hizo con La isla mínima, El hombre de las mil caras o en Grupo 7. En esta ocasión con Modelo 77 sigue retratando fragmentos de la España contemporánea, y el aspecto sociopolítico es más evidente, dejando en parte el armazón del thriller. Y sale perdiendo.

En esta ocasión el director pone el foco en la Transición española. Según sus palabras en la rueda de prensa del Zinemaldia, el germen de la película estuvo en “el conocimiento de la fuga de 45 presos en el año 78 y, luego, de la existencia de COPEL – una coordinadora de presos-. La cárcel es un sitio donde todo el mundo se separa y en la que la identidad de los presos la borran. No sabíamos cómo la gente podía haberse unido como pasó en la cárcel Modelo, donde unas doscientas personas se habían cortado las venas para que la prensa pudiera entrar y contarles las condiciones en las que estaban. Eso ya nos pareció increíble. Esta es una película en la que desde 2005 estuvimos trabajando. Hemos tardado una barbaridad en poderla hacer, entre otras cosas porque la Modelo estaba funcionando”.

Así pues el escenario donde transcurre prácticamente toda la historia es en la cárcel Modelo de Barcelona. Arranca desde febrero de 1976, a tres meses de la muerte del Caudillo, hasta 1978. En ese microcosmos carcelario veremos diversa tipología: desde el protagonista, Manuel (Miguel Herrán), un joven contable encarcelado y pendiente de un dilatado juicio por cometer un desfalco, a Pino (Javier Gutiérrez) que ya ha asumido que los años que le quedan de vida los pasará en la cárcel refugiándose en su libertad interior, o el Marbella (Fernando Tejero) que ha convertido su estancia en un modus vivendi para enriquecerse. Tampoco faltan otros personajes con más conciencia política, como el médico preso gay, que poco a poco harán que Manuel tome conciencia social y se integre en la Coordinadora de Presos en Lucha.

La película tiene sus grandes aciertos, sobre todo en la descripción de la tipología de los presos y la dinámica en la cárcel. Pero hay grandes desaciertos. Para empezar la interpretación de Miguel Herrán, que a sus 26 años se ve superado por los actores que le rodean. El guión funciona a las mil maravillas en su primera media hora con diálogos brillantes pero hay situaciones poco verosímiles. Por ejemplo, la relación que tiene a lo largo de la historia entre el joven y la hermana de la que fue su novia no funciona. Otro problema que se plantea es se abarcan muchas microhistorias, con demasiados personajes que no acaban de cuajar. Añadamos que todos los funcionarios de la cárcel son malos malísimos incluido el director de la misma. Incluso en esas pinceladas de maldad recubiertas de mofa se le va la mano. Véase las risas de Manuel y Pino desde la ventana de  su celda cuando ven a los funcionarios correr en el patio tras una gallina que han echado desde la calle o cuando deciden quemar los libros de Pino y entre ellos había escondido un poco de hachís.

En conclusión, Alberto Rodríguez y su habitual coguionista, Rafael Cobos no han sabido, en mi opinión, conjugar los dos ejes temáticos del filme: el asunto individual (¿saldrá Manuel de la cárcel?) y el tema de los presos comunes de la cárcel (la ley de amnistía de 1977 sólo incluía a los presos políticos, autoridades y funcionarios que hubieran cometido delitos hasta 1976).

Es verdad que el tono de la película es demoledor. Alberto parece decirnos que cuando la sociedad no cree en el individuo y en su reinserción, a este no le queda más que el camino individual, el sálvese quien pueda. Al menos en esa época en donde la reinserción era una palabra apenas valorada. Un plano recurrente a lo largo de la película y muy acertado es aquel de la celda de Miguel que, a través de la ventana enrejada, ve un anuncio luminoso de una marca de TV donde un clavadista se tira hacia abajo en busca del color. La TV en España dejaría de ser en blanco y negro para pasarse al color justo en la época de la Transición a la democracia. Como vemos, Rodríguez no desaprovecha la metáfora política. Y en eso funciona a las mil maravillas. Aunque ahora se vean a todo color las miserias de nuestra sociedad.

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