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domingo, 26 de abril de 2026

Silver Film Festival 2026

 «Hemos creído que nuestros mayores no tenían sexo», afirma la sexóloga Lorena Berdún en el Silver Film Festival


Ángel Miró, Paco Revuelta, Lorena Berdún y el director José Mari Goenaga (dcha.)


Durante el pasado día 20 al 24 de abril tuvo lugar en Bilbao la IV edición del Silver Film Festival, cuyo subtítulo aclara que es un festival internacional de cine y pensamiento. Este año el equipo dirigido por Marian Gerrikabeitia quiso programar un ciclo de películas donde el sexo en las personas mayores de 60 años era el ingrediente principal. Así, los directores vascos Garaño, Arregi y Goenaga tuvieron doble presencia con 80 egunean (la programaron a las 16:00, flaco favor, pues no hubo muchos espectadores en la sala BBK) y Maspalomas, sobre la historia de Vicente, un señor de 76 años que sufrirá un ictus y tendrá que volver a su ciudad natal a recobrarse sin saber si su vida sexual ya se habrá terminado; también se proyectó la francesa El placer es mío de Reem Kherici (el público femenino del auditorio del Guggenheim disfrutó de esta comedia romántica sobre un aparato que provoca orgasmos femeninos); o la nueva propuesta del siempre interesante Cesc Gay con Mi amiga Eva, sobre una mujer que descubre un deseo olvidado: volver a enamorarse. Esta era parte del menú, en el que según el programa: "Dicen que si has dejado de hablar de sexo después de los 60, es probable que ya no lo tengas". 

De la carta que proponía el SFF, elegí el coloquio que el 23 de abril, Día del Libro, tuvo lugar entre Lorena Berdún, psicóloga y referente de la divulgación sexual en la televisión, Jose Mari Goenaga, codirector de Maspalomas (cuyo actor protagonista José Ramón Soroiz ganó el Goya y la Concha de Plata en San Sebastián), y José Luis Rebordinos, director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. El título del coloquio me parecía lo suficientemente atractivo, "La distancia entre la vida y el cine", como para aflojar 3 euros por la entrada.

Desgraciadamente, como anunció Gerrikabeitia al inicio, Rebordinos se cayó del cartel por el fallecimiento de un familiar. Así que siguiendo el símil taurino, tuvieron que sacar dos sobreros para rellenar el hueco dejado sin mucho acierto: el director y actor teatral Paco Revuelta y el guionista Ángel Miró.

Me acerqué al Auditorio del Museo Guggenheim de Bilbao con la idea de despejar la duda que venía en el folleto del SFF: "Hay algo paradójico que está sucediendo: mientras la sociedad está cambiando y cada vez más personas mayores viven su sexualidad de forma activa, el cine parece estar experimentando una involución sexual silenciada. ¿Por qué el cine no representa lo que está pasando?". Después de escuchar las cuatro voces les aseguro que sigo sin saber por qué existe esta brecha... si es que la hay.


Marian Guerrikabeitia, directora del Silver Film Festival

Berdún. –El tema de la sexualidad entre los mayores en el cine parece un asunto algo aparcado. No me atrevería a decir que es un tema tabú, pues creo que hoy en día no hay temas tabúes en sexualidad, se puede hablar prácticamente de todo. Pero sí que es un tema que se queda un poquito escorado. No sé si es una cuestión de miradas o que no es un asunto que interesa [en el cine]. Tú, Jose Mari, acabas de dirigir Maspalomas, que es precisamente una película que habla de la sexualidad en la madurez y también tratas la homosexualidad, pero ¿no tienes la impresión de que es un tema que no se trata mucho en el cine?

Goenaga–Sí. De hecho cuando arrancamos con el proyecto, yo escribí el guion, realmente no nos planteamos tanto este tema. Además, somos reincidentes porque la primera película que hicimos, 80 egunean (En 80 días), era la historia de amor –en esta ocasión no había tanto sexo– entre dos mujeres mayores de 70 años. Una vez concluido el guion de Maspalomas, tú mismo te haces la pregunta de si ya existirá esto: el sexo entre mayores. Pero en el proceso de documentación, ves que existen mayores activos sexualmente. También te comentaban los trabajadores de las residencias que muchas veces tenían que estar discutiendo o hablando sobre temas de índole sexual que atañían a algún residente. Es una realidad muy silenciada. También hay gente mayor que te lo cuestiona porque ellos no tienen relaciones ya. Hace faltan referentes, pues la sociedad evoluciona a medida que tú vas mostrando referentes en pantalla. También lo uno en Maspalomas con el asunto de la homosexualidad. Hasta hace 30 años, esta apenas estaba representaba y cuando aparecía se hacía de una manera muy concreta: eran tragedias donde el personaje homosexual acababa mal, o comedias muy alocadas. En el Hollywood clásico, había que leer entre líneas la existencia de la homosexualidad, como en los dramas de Tennessee Williams.

Berdún–¿Os acordáis de La fiera de mi niña, cuando Cary Grant está vestido con la batita [de mujer] y llega la tía y pregunta que quién es éste y qué hace aquí? Grant contesta que "de repente me he vuelto...", y no se oye, pues en la traducción española no decía "gay". Pero en la versión original en inglés él sí lo dice. 

Goenaga–Creo que a medida que la homosexualidad se ha representado más en pantalla, los homosexuales han tenido dónde mirarse, ¿no? Eso es importante para que una sociedad evolucione. Me parece que eso es algo que con la gente mayor está pendiente de hacer más a fondo, pues tengo la impresión de que la gente mayor están representados como los "abuelos" y si lo relacionas con el sexo, ya tenemos la figura del "viejo verde", ¿no? Tiene este punto negativo. Hay un camino muy largo que recorrer. 

Berdún–Podemos ver cine en el que se representan historias de amor entre señores mayores, pero no tanto se evidencia escenas de deseo. Sí que se enamoran, un reaparecer del amor en la tercera edad, pero no vemos la carne, por esa cosa que tenemos con el edadismo y la imagen que tenemos de la juventud eterna. Las carnes prietas a lo mejor no quedan bien retratadas. 

Revuelta. –En general, no se representan demasiado bien los cuerpos en el cine. Hay como unos estándares. Últimamente menos en determinado tipo de cine. Y dentro de los 45 años en adelante, se muestran cuerpos para mostrar lo bien que están, como el de Brad Pitt o Nicole Kidman. Echo en falta los cuerpos "estándar", que no son ni vigoréxicos ni gente que va al gimnasio todos los días. 

Berdún–No vemos cama, al menos en el cine mainstream, ¿no, Ángel?

Ángel–Tal vez porque vemos hoy más sexo en las redes sociales. También creo que arrastramos los pecados de muchas décadas en las cuales lo sexual en el audiovisual era producto de depredadores, presentando a actrices desnudas. Las escenas de sexo se convertían en problemáticas porque había un abuso de poder. Hoy no tenemos ya la normalización de una mirada masculina en la que siempre nos gustaba ver cuerpos desnudos femeninos hasta cierta edad. Creo que a partir de ahora se abrirá una nueva puerta para nuevas e interesantes historias entre hombres y mujeres sobre su sexualidad a partir de los cuarenta.

Berdún–Lo que nos ha enseñado siempre el cine con respecto a la sexualidad, ha sido una mentira atroz. Estos polvetes contra una pared en el que el ángulo es imposible. Te dices: cómo tendría que tener este "señor" las "cosas" para poder hacer lo que están haciendo. Imposible, ¿no? Siempre nos han enseñado imágenes muy falsas de lo que es la sexualidad. ¡Cuántas relaciones frustradas!

Goenaga–El cine ha estado durante muchísimos años contado por el "hombre blanco heterosexual". Y tenemos la mirada educada desde esa perspectiva. Por ejemplo, viendo Maspalomas había gente que decía que el comienzo se le hacía muy duro. Entiendo que se nos haga duro, pero hay que reflexionar por qué se nos hace así. Lo que está sucediendo ahí es que un hombre [gay] mayor está disfrutando del sexo y es un sexo consensuado, no hay ningún tipo de violencia. Pero hay ciertos espectadores que sí lo viven así. Estamos educados para ver a mujeres desnudas, a jóvenes desnudos... Hay como una escala: señoras desnudas en el sexo, todo el mundo lo acepta; sexo entre hombres, ya un poco menos; y si es entre mayores ya heterosexual u homosexual, pues mucho menos. Cuando estuvo la película acabada, los de producción la enseñaron a una plataforma, cuyo nombre no desvelo, y una de las personas presentes nos decía que se les había hecho un poco dura. Y el productor les preguntaba si era por el sexo homosexual. No, era porque era sexo de mayores. 

Berdún–Cuando os ponéis a escribir vuestras historias, no diría censura, pero ¿no os planteáis a vosotros mismos esta cosa de es un tema que no interesa, plantéate otra cosa o explora por otro lado ya que las plataformas tal vez no lo vean bien? 

Revuelta–Creo que sí. Cuando me planteo crear un espectáculo teatral, el presentar gente desnuda en un escenario y, si encima es mayor, los programadores creen que el público se va a asustar, van a salir corriendo, no van a volver nunca más a su teatro... Es verdad que pasa con ciertos temas que te planteas para un espectáculo. Por ejemplo, el abuso infantil es un tema que me interesa e he investigado mucho, pero no encuentro el momento para llevarlo a escena. 

Goenaga–Ahí también está el problema de cómo representar el tema del abuso infantil. A ver cómo haces para proteger al niño en esa representación teatral o cinematográfica. 

Revuelta–Bueno, nosotros no usaríamos un niño porque no es cine. El teatro es otro tipo de lenguaje. Además, a mí no se plantea por la cabeza el momento del abuso, para nada, sino todo el conjunto de consecuencias y traumas que eso puede derivar ya en una persona adulta y la relación entre abusador y abusado. Además, con gente mayor en escena.

Berdún–Pero, ¿os autocensuráis por el tema?

Revuelta–Tienes el tema en la cabeza pero no lo plasmas en escena. Lo dejas aparcado y vas a otros asuntos. Y te engañas diciendo ya lo haré. Tengo 55 tacos y todavía no lo he llevado adelante. Es una especie de autocensura.

Goenaga–Nosotros somos unos privilegiados porque somos productores de lo que escribimos. Hemos hecho alguna película para un canal privado, pero el resto son producciones para TVE o EITB y no hemos tenido un marcaje editorial tan marcado, como pueda haber en Netflix u otras plataformas, y hablo desde la ignorancia o de lo que he oído. Tanto en 80 egunean como en Maspalomas no nos pusimos ningún freno, contamos lo que quisimos contar. En la primera, bromeábamos diciendo: una película de personas mayores, temática lésbica y, encima, en euskera, es un veneno para la taquilla lo mires por donde lo mires. Creo que el espectador te sorprende y rompen con los prejuicios que generan los propios financiadores o las plataformas. Maspalomas no ha sido un taquillazo, pero para ser una película rodada en euskera ha funcionado muy bien [129.000 espectadores y 763.000 euros de recaudación].

Ángel–Cuando hablamos de dinero, hay una aversión al riesgo. Las historias interesantes son aquellas que tienen un elemento de riesgo porque, de lo contrario, entras en lo que todo el mundo hace y sin más. 

Goenaga–Hay a veces como una especie de involución en la representación de las cosas en pantalla, sobre todo en el cine mainstream, que creo que cada vez más es un cine mojigato. Creo que esto está más relacionado con otro tipo de corrientes que va más allá de lo comercial, ¿no?

Berdún–Existe una involución clara. Se podía hablar de sexo antes y ahora hay una especie de pazguatismo. Es un tema delicado, pero hace veinte años había programas de sexualidad y no pasaba nada, con mucha apertura. Ahora parece que tenemos más sexo que nunca, más expuestos y con información sexual a raudales, pero hay temas en los que estamos más reprimidos. 

Goenaga–Sobre la representación del sexo en una película, productores y muchas plataformas dirán que la gente tiene fácil acceso en redes al porno, y para qué vamos a representarlo. Pues si tiene sentido en la historia, habrá que hacerlo, ¿no? Se piensa hoy que meter escenas de sexo es como si fuese un elemento de consumo pornográfico. 


José Luis Rebordinos, director del Zinemaldia,  se cayó a última hora del coloquio


Berdún–Como espectadores, ¿nos apetecer ver este tipo de películas? También puede ser que sea algo defensivo, rechazamos este fenómeno que denominamos la "evitación experiencial", que es como no ver aquello que tú sabes que también te va a pasar: el envejecimiento, la pérdida del atractivo normativo por decirlo de alguna manera. 

Goenaga–Creo que se mezcla lo que tú sabes a dónde vas a acabar y, por otro lado, comentaba mi codirector Aitor [Arregi], que el ver a gente mayor practicando sexo en pantalla es como ver a tus padres, un terreno en el que uno tal vez no quieres entrar, ¿no?

Berdún–La directora Patricia Ortega realizó una película con Kiti Mánver [69 años cuando la rodó] en 2023 que se titulaba Mamacruz, la historia de una mujer, abuela, que llevaba muchos años sin saber lo que era un orgasmo y quiere experimentar su sexualidad. En una entrevista decía que se planteó filmar esta historia porque un día vio la fotografía de su madre desnuda y le conmovió la idea de que tuviera sexualidad. Es verdad que si imaginamos a nuestros padres o abuelos así, es algo como raro, que chirría. 

Ángel–Hay batallas que parecen superados pero que reaparecen de otro modo. ¿Os acordáis de la crítica a los cuerpos extremadamente delgados de la moda o a los retoques que se hacían con photoshop en las fotografías?

Revuelta–Hace veinte años ibas a ver teatro contemporáneo y ya lo que querías es que no se desnudaran. Estabas harto de ver espectáculos con gente desnudándose. ¡Que alguien se deje al menos un gayumbo puesto al menos!, pensabas. Hubo una moda de poder decir vamos a hacer lo que queramos no solo en el cine sino desnudarnos en el teatro. Parece que ya estaba superado, pero hemos vuelto a la mojigatería. 

Goenaga–Hace un par de años, creo que en el Festival de Berlín, Emma Thompson salía [con 63 años] en una película desnuda [Buena suerte, Leo Grande] y defendió que pudiera salir así en varias escenas en pantalla.

Berdún–Mira Carmen Maura que en su última película, Calle Málaga, ha suscitado que todos los titulares fueran: Carmen Maura a sus 80 años, desnudo integral en la película. ¡Como si fuese sólo eso la película!

Goenaga–Cuando se habla de la representación de la sexualidad entre la gente mayor, no necesariamente tiene por qué salir un desnudo en la película, ni tienes que verle practicando el acto sexual. Puede quedar en off (sugerido), sin que haya nada explícito, pero creo que ya incomoda al espectador porque no estamos habituados a ello. 

En esos momentos una asistente al coloquio espontáneamente le interpela al director Jose Mari Goenaga. "¿Y por qué no? Creo que ese es el camino que tiene que hacer el cine", le dice. 

Goenaga–Creo que lo tiene que hacer el cine y lo tiene que hacer el espectador. En una proyección en Francia, hubo cincuenta personas que se salieron del cine viendo Maspalomas.

Y la señora volvió a interrumpir: "Lo más terrible que me ha parecido de su película no fue el sexo que [Vicente] tenía, sino que puedan intervenir tu vida los hijos, la sociedad y tengas que dejar de hacer aquello que quieres hacer porque eres mayor". 





miércoles, 14 de enero de 2026

Goyas: lectura de candidaturas 2026

Los invitados esperados asistieron a La cena


Los domingos y Sîrat se medirán frente a frente en la 40ª edición de los Goya, mientras que Maspalomas, La cena y Sorda asistirán de comparsas en el apartado de Mejor Película


Las súplicas de la monja de clausura se cumplieron: 13 nominaciones para Los domingos



El próximo día 28 de febrero si se asoman por la tele pública, la estatal o nacional, y aguantan con un cubata en la mano hasta la una y pico de la madrugada, sabrán que Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa habrá sido la ganadora de la 40ª edición de los Premios Goya, con permiso de Sirat: trance en el desierto.

Ayer martes, mi admirado Arturo Valls (admirado por encarnar a Jesús Quesada en Cámera Café y pare usted de contar) y la tinerfeña licenciada en Derecho, Toni Acosta, (su nombre real es Antonia del Carmen Acosta León, como ven mejor abreviar) dieron lectura a los aspirantes a los Goya en las 28 categorías desde la Academia de Cine que, junto al Goya de Honor al cineasta Gonzalo Suárez (¿para cuándo uno para José Luis Garci?) conformarán el menú de esta 40ª edición.

Se les notaba a Valls y a Acosta cierta emoción en la lectura (ambos tenían remotísimas posibilidades de ser nominados, ella por Padre no hay más que uno 5; él por Los futbolísimos 2) y fueron perlando la monotonía de la lectura por categorías con chistes improvisados: «Lo estamos haciendo bien, ¿no?», ella. «Yo creo que sí. Se nos está entendiendo muy bien», él. «Sabes leer», ella. «Que no me salgan los nombres en euskera, por favor», él.

En esta edición se han inscrito un total de 218 largometrajes, de los que 122 son de ficción (se nota la abundancia de subvenciones públicas y desgravaciones fiscales para tanta sopa caliente Starlux que nadie probará), 87 son documentales (esos ya ni se ponen en La 2) y 9 de animación (animada la cosa en esta sección no está). Estos fueron los datos objetivos que Toni Acosta, honrando a su generación de la cincuentena al ponerse las gafas para la lectura de cerca, con una dicción poco canaria y bien audible nos pudo dar al inicio. Completó la información afirmando que de los 218 largos, 67 son óperas primas (pocos de esos volverán a rodar de nuevo), 129 guiones originales y 42 son guiones adaptados. 

Como lo más interesante se lee al final, como mal periodista también lo pongo al final. No vaya a ser que sólo lean el titular y la entradilla y pasen a otra cosa mariposa, como hacen los jóvenes millennials, otra cagarruta anglosajona. Pues bien, las cinco películas que aspiran al Goya a Mejor Película son: Los domingos dirigida por Alauda Ruiz de Azúa; Maspalomas dirigida a cuatro manos por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga; Sirât, trance en el desierto de Oliver Laxe; La cena de Manuel Gómez Pereira y, por último, Sorda dirigida por Eva Libertad. 

Llama la atención que en ese quinteto se haya colado una comedia como La cena, una adaptación al cine de la obra teatral del dramaturgo José Luis Alonso de Santos, La cena de los generales. La ha rodado un director abonado a ese género (tan noble y difícil) y mediocre como es Manuel Gómez Pereira, de cuya filmografía menciono títulos tan significativos de lo que se gasta como son Todos los hombres son iguales (1994), Salsa rosa (1991) o Entre las piernas (1999). 

Además del tema de la Guerra Civil en tono de comedia negra, el asunto de la intolerancia y la intransigencia aparece en Los domingos, la homosexualidad y la vejez en Maspalomas (a ella le daría el Goya), la insania trágica en un trampantojo como es Sîrat, y otra peli más sobre la discapacidad (esta vez auditiva) como es el caso de la revelación de Sorda.


Maspalomas, otro intento (¿fallido?) de lograr el Goya a Mejor Película



En cuanto a los directores sorprende saber que dos de las películas nominadas al premio gordo no tienen su réplica en la sección de Mejor Dirección: son Eva Libertad (aparece, en cambio, en Mejor Dirección Novel) y Manuel Gómez Pereira. 
 
Así, un año más se irán de vacío los vascos Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga (por mucho que diga este que "ha sido un año muy bueno para el cine vasco. Cada vez hay una cinematografía más descentralizada y es un fenómeno que afecta a todas las regiones"); la baracaldesa Alauda Ruiz de Azúa (que se convertirá en la cuarta mujer en ganar este galardón), la catalana Carla Simón, que sustituye a Eva Libertad por ser ésta directora novel, y los dos enfant terribles sucesores de Buñuel y Almodóvar como son Oliver Laxe y Albert Serra, cuya Tardes de soledad, por cierto, no ha podido estar en Mejor Película y sí está en Mejor Documental. Cosas de la Academia, o mejor, de los académicos.

Vamos con el morbo del careto de los actores que se les pone al saberse nominados y al instante perdedores salvo uno. En cuestión de Mejor Actor, sólo hay uno que puede hacerle algo de sombra al que ganará (Jose Ramón Soroiz). Se trata de Mario Casas por Muy lejos, otra peli curiosamente de temática gay (los actores heteros sacando esa parte oculta se les da muy bien al parecer). Si estuviéramos en Jolivú, habría manifas alrededor del Kodak Theather o manis digitales por las redes sociales quejándose de por qué un hetero hace de gay. Cosas de los sudnorteamericanos (manera muy mía de referirme a EE.UU.). Los demás irán ensayando el rictus de rigor: sonrisa estirada no más de los segundos en que les enfoca la cámara de La 1 (antes la televisión de todos, ahora de la mitad): Alberto San Juan por La cena, Miguel Garcés por Los domingos y Manolo Solo por la muy notable Una quinta portuguesa (si digo notable, es para hacerles una recomendación, ¿lo pillan?).

Y el morbo femenino. Estas lo tienen más fácil de haberse inoculado bótox previamente, lo de la sonrisa perdedora me refiero. Aquí puede que la cosa esté más reñida y el resultado arroje algo de emoción: dos vitorianas como son Patricia López Arnaiz por Los domingos (que lleva tres años seguidos logrando estar nominada, ahí es nada) y Susana Abaitua por Un fantasma en la batalla; las barcelonesas Ángela Cervantes por La furia y Nora Navas por Mi amiga Eva (Nora como el Guadiana, siempre aparece con alguna candidatura interpretativa de vez en cuando, o tiene una agencia de lobbystas en Cataluña) y, por último, la chilena Antonia Zegers por Los tortuga.

En definitiva, podemos indicar que el grado de mayor a menor satisfacción colectiva según proyectos de rodaje ha sido el siguiente: con 13 nominaciones, Los Domingos es la película más nominada, seguida de Sirât, con 11 opciones a galardón. Por su parte, Maspalomas cuenta con 9 nominaciones y La cena con 8 opciones a galardón; mientras que Sorda, El cautivo y Los Tigres tienen 7 nominaciones cada una; Romería ha logrado 6 nominaciones y Ciudad sin sueño cuenta con 5 nominaciones. 

Resto de candidaturas en este enlace:



viernes, 21 de noviembre de 2025

Libro: Los últimos artesanos

Un libro producto de conversaciones con colegas




Esta semana ha caído entre mis manos un libro titulado Los últimos artesanos de Imanol Rayo. En la cubierta nos informa más detalladamente de que se tratan de conversaciones mantenidas con los directores Pedro Olea (Bilbao, 1938), Imanol Uribe (San Salvador, 1950), Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) y el colectivo Moriarti, formado por José Mari Goeneaga (Ordizia, 1976), Jon Garaño (Astigarraga, 1974) y Aitor Arregi (Oñate, 1977). Lo edita Erein y contiene 214 páginas.

Imanol Rayo es un director de cine nacido en Arbizu en 1984. Con tan sólo 27 años –dos más que Orson Welles cuando realizó Ciudadano Kane (1941)– realizó su primer largometraje: Bi anai (Dos hermanos, 2011), una adaptación del relato breve homónimo de Bernardo Atxaga. Entró con buen pie, pues fue seleccionada para ser proyectada dentro de Zinemira (escaparate de la mejor cosecha del cine vasco) del Festival de Cine de San Sebastián ese año. Además, logró ganar el Premio Zinemira. Se estrenó el 11 de noviembre de 2011 y tan sólo la vieron en cines 3.500 espectadores.

Supongo que Imanol Rayo se llevaría una decepción (o no). Tardó nueve años en levantar un segundo proyecto que se tituló Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto, 2020), que competió en el mismo festival pero en la sección Nuevos Directores con menos suerte. La historia está basada en la novela 33 ezkil, de Miren Gorrotxategi, que comienza con la aparición de un cráneo en los terrenos de un caserío. El estreno en cines en noviembre de 2011 supuso que 7.000 espectadores se rascaran el bolsillo para verla. 

No creo que este libro supere las cifras dadas en sus películas, pero lo merecería. Según el prólogo firmado por Miguel Zozaya Fernández, Rayo con este trabajo «nos acerca a cuatro cineastas (uno de ellos tricéfalo), cuatro generaciones y sus distintas maneras de entender y practicar el oficio cinematográfico en el contexto vasco y español». Imanol Rayo se sirve de un género (o subgénero) no muy frecuente en el panorama editorial como es el de la entrevista en profundidad, siguiendo la estela de una obra cumbre sobre el cine como es El cine según Hitchcock (Le Cinéma selon Alfred Hitchcock, 1966) de François Truffaut, un libro de entrevistas que recoge las conversaciones que mantuvieron el director inglés y el cineasta francés.

Creo que el público objetivo al que va destinado esta obra es aquel lector que tenga un interés previo por el cine y, aunque en ocasiones se hable de cuestiones técnicas, esto no es óbice para seguir con sumo interés las declaraciones a las preguntas de otro compañero de oficio como es Rayo.

De todos los cineastas que ha reunido en el libro, los integrantes de Moriarti (productora nacida en 2000 en Urnieta donde se conocieron) son los únicos que empezaron a hacer cine en el siglo XXI. Es por ello y, sobre todo, porque han estrenado hace ocho semanas su última y sobresaliente obra, Maspalomas (habiendo atraído a las salas en ese tiempo a 120.000 espectadores).  


De izq. a dcha: Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi


Rayo lanza preguntas de sumo interés y Jose Mari Goenaga, Jon Garaño y Aitor Arregi responden con no menos atractivo. Quiero exponer algunas pinceladas de lo que contiene esta entrevista a tres de los directores no ya más sobresalientes del panorama vasco (en Madrid no se les conoce por sus nombres sino por los de sus películas o por los Vascos) sino de la cinematografía española.

Así les pregunta si cada película es el reflejo del tiempo en el que se ha creado. Jon Garaño contesta que «cuando se rueda una película histórica se narra siempre desde el punto de vista actual, ¿no? Es muy bonito ver de nuevo cómo se trabajaban las distintas épocas en las películas antiguas... la ciencia ficción, el futuro, la antigüedad». Rayo reflexiona sobre que «las películas históricas son documentales de la época en la que se hicieron, más que de la época que retratan». Los Moriarti se enzarzan en una interesante reflexión, pues hay gente que aunque vive en el presente, razona como si fuese de otra época, como si tuviera una pie en el pasado. Y en el cine, según cómo se la visión del director, puede que conecte con la realidad presente o pasar de ella. Y ponen un caso concreto: «En el cine podemos encontrar un "José Luis Garci". Pero, por otra parte, no es el mismo Garci el de la película El crack de 1981  –que trata de la realidad del momento– que el de El crack cero de 2019  –que es una peli "retro", de época y nostálgica–. Garci, como ser humano, ha cambiado su pensamiento, su visión de las cosas...». Rayo participa en esas reflexiones añadiendo en este caso que creía que «tras terminar Asignatura aprobada, Garci comentó que no le interesaba más tratar el presente y que, desde entonces, haría películas de época».

Pregunta Rayo sobre la influencia cinematográfica de los Moriarti, a lo que Goenaga responde que «si tengo que mencionar una influencia, sería Hitchcock». Jon Garaño comenta que «muchas veces nos han preguntado cómo empezó nuestra cinefilia y decimos siempre que Goenaga y yo vimos en los 80 un ciclo sobre Hitchcock en TVE que nos marcó. Fue un descubrimiento increíble. Eso y haber leído el libro de Truffaut, Le cinéma selon Alfred Hitchcock». Eran tiempos en los que ver la tele y leer un libro formaban… y servían para despertar vocaciones. 

En las 50 páginas que abarca la entrevista a los autores de Loreak, se hace un repaso por asuntos como la influencia de otros realizadores (Spielberg), el estilo cinematográfico, la autocensura, los ensayos, el orden del rodaje, la puesta en escena, cuántas tomas hacen, el formato de pantalla usado, semanas de rodaje… «La mayoría de las veces, nuestras películas se han rodado entre seis y ocho semanas. Bueno, para Handia fue un poco más, 8 y 1/2. En Loreak y 80 egunean fueron seis semanas, pero incluyendo sábados. Y Marco fueron siete sin sábados –ya se nota que no son bibliotecarios y que empiezan a ser realizadores consagrados–. 


Handia la vieron en sala 39.000 espectadores y obtuvo 10 premios Goya


No faltan tampoco anécdotas sobre si prefieren localizaciones reales, en decorados o en una combinación de ambos. Aitor Arregi comenta que «en Handia recuerdo cuando rodamos en el Palacio de la Diputación en Bilbao. El exterior era “Londres nevado” y el interior “el Palacio de la Reina en Madrid”. Cuando terminamos la secuencia exterior, subimos arriba y vimos el interior… fue un subidón increíble. Sabíamos adonde íbamos, pero no lo conocíamos. Y esto fue una hora antes de rodar. Una Epifanía total». 

Si usted quiere visitar el Palacio de la Diputacion Foral de Bizkaia y ver dónde se rodó la escena con su majestad la reina Isabel II con el gigante de Altzo, puede solicitar una visita guiada al teléfono (+34) 94 608 35 37. Es gratuito y la duración es de 45-60 minutos. 

En frente está la Biblioteca Foral donde disponemos de un ejemplar del libro que les hablo por si no quieren gastarse el dinero y desean echarle una hojeada. 

Yo , si Imanol Rayo no me envía uno gratis por este artículo, iré a comprármelo a una librería… como se hacía en el siglo XX. Soy de los que aún les erotiza el sonido de cámara que hacen las páginas al pasarlas. Cosa de viejos.  

 

 

 

 

 

domingo, 28 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Sábado y Palmarés

 Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa consigue la Concha de Oro 


Además, Joachim Lafosse logra la Concha de Plata a Mejor Dirección por "Six Days in Spring" y los actores José Ramón Soroiz (Maspalomas) y la china Zhao Xiaohong (Her Heart Beats in Its Cage) la Concha ex aequo de Plata a Mejor Interpretación



Valla en la que aparece el cartel de Los domingos, ganadora del Zinemaldia 2025


Si les nombro los siguientes nombres: Dea Kulumbegashvili, Alina Grigore, Laura Mora, Jaione Camborda y Alauda Ruiz de Azua, ¿les suenan de algo? Bueno, sobre la última, directora baracaldesa, tal vez hayan leído que ayer ganó la Concha de Oro por "Los domingos". El resto también desde 2000. Tan sólo un "enfant terrible" ha podido meter pitón entre tantas "conchas" que dirían los argentinos: Albert Serra.

Un compañero de fatigas en esto de cubrir el Zinemaldia, oliéndose lo que se venía, ponía ayer sábado el siguiente tuit: "Ha sido un festival político y me temo, un palmarés político". No se equivocó. Desde hace años ya sé que no se valora el cine, sino el tonelaje de dinamita ideológica que contiene la película ganadora. A veces, ocurre que la calidad cinematográfica y la reivindicación –del tipo que sea– van unidas; en muchas otras ocasiones, no.

Viendo el listado de premiados en la Sección Oficial –los otros ya ni te cuento–, se revela por dónde van los tiros: la intransigencia –de cualquier tipo–, la diversidad cultural, la homosexualidad, el maltrato a la mujer, el derecho al aborto, la desigualdad social, el amor interracial... Bueno, por no faltar no faltó que un chico con down subiera al escenario a reivindicar mayor visibilidad y oportunidades artísticas.

Cumplida la agenda woke, vayamos a juzgar un poquito qué tal ha ido el palmarés, teniendo en cuenta que J. A. Bayona ha presidido el Jurado Oficial junto a la cineasta portuguesa Laura Carreira y la directora estadounidense Gia Coppola; la actriz Zhou Dongyu; la cantante e intérprete argentina Lali Espósito; el actor británico Mark Strong y la productora francesa Anne-Dominique Toussaint. Creo que dice poco y malo del Festival de Cine de San Sebastián el hecho de que de los siete premios, cuatro fueran a parar a largometrajes españoles, frente a los dos que se llevó Francia, uno Argentina y el ex aequo de China. Demasiado casero para ser un festival que se las da de internacional. 

Desde que el pasado domingo 21 se pudo ver en el pase de prensa, "Los domingos" se perfiló como una de las aspirantes a la Concha de Oro. Todavía le estoy dando vueltas a un asunto: ¿por qué razón milagrosa y oculta este filme de Alauda Ruiz de Azua ha gustado tanto a críticos de derecha (ABC, El Mundo, El Diario Vasco) como de izquierdas (Gara, Berria)? A la salida del cine pegaba la oreja a ver qué comentaban los jóvenes –todavía los hay que van al cine, al menos como los caracoles salen en días de festivales– y, ¡oh, sorpresa!, parecía haberles interesado también. Me tiene tan intrigado desde aquel día que he tenido noches sin dormir. 

 

La directora Alauda Ruiz de Azúa

 

 "Los domingos" es una buena película pero no es una obra maestra. Para explicar la unanimidad sobre un tema en apariencia tan poco atractivo como el hecho de que una hija estudiante de bachiller quiera probar si merece la pena meterse a monja de clausura, hay que dar con la tecla. Y la tecla que ha tocado Alauda en estos momentos tan polarizados en la sociedad española es... la intransigencia. La película interpretada por la inexperta (inocencia pura) Blanca Soroa (estará en los Goya) y la antagonista dramática Patricia López Arnaiz puede ser leída desde los dos frentes ideológicos de la misma manera: ¿Ves lo que pasa cuando no me aceptas y crees que tú llevas sólo la razón y la verdad escrita en tu bandera?

 Alauda en rueda de prensa comentaba lo siguiente: "He intentado construir la película desde la tensión, de tal modo que los espectadores tienen que dilucidar hasta qué punto la joven Ainara experimenta un sentimiento genuino, auténtico o espiritual o es algo que realmente está acompañado, influido o empujado por un adulto, debido bien a sus carencias con el padre o bien empujado por los religiosos. También se habla de la vulnerabilidad que hay en la adolescencia, pues empiezas a sentir cosas muy adultas y no siempre las traduces bien. Una de las hipótesis que plantea la película es que la vulnerabilidad te puede llevar a una necesidad de afecto y querer sentirte especial”. 

Me quedo con una respuesta que la directora realizó a la pregunta de qué significaba para ella los domingos: "Los domingos suele ser un día de ver cine, la verdad". 

 

José Luis Guerín ganó el segundo premio por Historias del buen valle

  

Resto del palmarés 

El jurado dio el Premio Especial, una manera de resaltar una segunda buena película, a "Historias del buen valle" del interesantísimo documentalista José Luis Guerín. Nada que objetar, pues aunque no es una obra redonda contiene momentos de gran brillantez en la descripción de un barrio periférico de Barcelona: Vallbona. Como dijo el Jurado, el premio va a "una película que dirige su cámara hacia la periferia, hacia rostros y paisajes pocas veces filmados para trazar una mirada que fluye generosa y humana sobre el tiempo, evocando en ese viaje la esencia misma del cine". Guerín volvía así a triunfar otra vez –hace veinticinco años lo hizo con la espléndida "En construcción– con el mismo Premio Especial del Jurado. 

José Luis Guerín dudaba mucho de que le cayera algo sabiendo que el jurado estaba mayoritariamente integrado por actores y actrices cuando no contaba con actores y actrices en su película. Pero no tuvo en consideración la ayuda del presidente J. A. Bayona, que le confirmó que es del barrio La Trinitat Nova, colindante con Vallbona donde rodó Guerín.

Me temo que no la verá ni dios y pasará al catálogo de Filmin, sección Documentales. Y seguirá sin verse.

Como el wokismo hizo que el Zinemaldia (siguiendo la estela de la Berlinale) sólo concediera, a partir de 2021, un premio a la interpretación principal, pues hecha la ley, hecha la trampa. La Mejor Interpretación sin sexo ni género fue a parar ex aequo a dos actores: uno hombre, José Ramón Soroiz, por su papel en Maspalomas, en el rol de su vida que le han dado Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, y por el que logrará el Goya el próximo año; y otra mujer, la actriz Zhao Xiaohong, por el largometraje chino Her Heart Beats in Its Cage. Tiene la curiosidad esta notable película que Zhao Xiaohong interpreta el mismo papel que tuvo ella en la vida real: haber pasado diez años entre rejas por haber matado a su marido maltratador y tratar de recuperar la relación con su hijo.

Argentina tenia a concurso tres películas. Pues tuvo que ser la más demagógica y panfletaria la que se llevara algo. Camila Plaate obtuvo la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto por su interpretación en Belén. Interpreta a una joven mujer que es acusada de haberse provocado un aborto y, luego de dos años en prisión preventiva, es sentenciada a ocho años de prisión por homicidio agravado por el vínculo. Una abogada tucumana luchará por su libertad junto al apoyo de miles de mujeres y organizaciones, quienes se unirán para cambiar el curso de la historia. Cine para convencidos de las causas.


Jose Ramón Soroiz

 

 

  

Zhao Xiaohong

 


 








Y aquí vino el desvarío completo. Esos momentos en que piensas que los miembros del jurado o bien han sufrido una indigestión, los han drogado o han sufrido una abducción marciana de carácter belga. No sólo uno, sino dos premios obtuvo la floja y mal iluminada propuesta del realizador belga Joachim Lafosse  ya obtuvo la Concha de Plata a la mejor dirección con Los caballeros blancos en 2015. Esta vez ha vuelto a ganar el mismo premio por Six Days in Spring (Bélgica-Francia-Luxemburgo) y también el Premio del Jurado al mejor guion, galardón que comparte con Chloé Duponchelle y Paul Ismaël. En el panel de críticos del Diario Vasco, estaba situada en la antepenúltima posición de los 17 largometrajes que concursaban. Y con baja puntuación. La mía no llegaba al aprobado.

Al Jurado no le parecía mucho dar tres galardones al cine made in Spain, sino que optaron por un cuarto, a todas luces excesivo aunque no desatinado. La distinción a la Mejor Fotografía ha sido para Pau Esteve por su trabajo en Los Tigres. Es verdad que tiene unas tomas submarinas impresionantes y que expresan muy bien la labor de los buzos y la tensión que hay debajo del agua. Y honra que Pau Esteve reconociera que el premio tenía que compartirlo con Eric, el director de fotografía de subacuático, "que es bastante suyo".

 

Jennifer Lawrence, cerca de mí, cerca del cielo.

 
Mis lamentaciones inútiles. Una pena que ni Franz de Agnieszka Holland sobre la figura de Kafka ni Nuremberg dirigida por el norteamericano James Vanderbilt se fueran de vacío. Les regalaré gafas de ver buen cine a estos siete magníficos integrantes del jurado. 

La actriz Itsaso Arana y el actor Óscar Lasarte presentaron ayer noche la ceremonia de clausura en el Kursaal 1, donde tras desvelarse los galardones tuvo lugar la proyección de Winter of the Crow (La conspiración del cuervo), la película de clausura de esta edición. Los dos numeritos de Óscar Lasarte (el de Gila metiendo en el mismo saco a Trump, Puttin o Milei y el truco mágico con la calculadora) fue de bochorno. Creo que tirándome un pedo con la boca o leyendo la Biblia en hebreo habría provocado mayores carcajadas en el Kursaal, algo al estilo de Tony Clifton. Ya saben, o si no vean la maravillosa Man on the Moon.

 

The End 2025 


 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Sábado 20

El cine me guiña el ojo por tres veces

 


Segundo día de rodaje de la 73ª edición del Zinemaldia. Hay días que merece levantarse a las 7:30 de la mañana aunque estés de “vacaciones”. Y con lluvia.

 

Fotograma de "Nouvelle Vague" de 

 

No iba con grandes esperanzas para ver una de las Perlas de esta edición titulada “Nouvelle Vague” dirigida por ese idolatrado Richard Linklater, pero he de decir que he disfrutado como un enano. Y mi estimación por el enfant intelectual llamado Jean Luc Godard ha subido en la cotización de “aprecios”. Sé que es una película que apreciarán, disfrutarán y entenderán los muy cinéfilos. A mi lado un Mafaldo joven que se habrá tragado ya más películas que yo con su edad así me lo confirma. 

Lo más milagroso es que una peli en blanco y negro, con aroma a ese año de 1960 donde un crítico de cine llamado Godard y con ínfulas de comerse el mundo se pone a dirigir en 20 días un demencial rodaje que acabará siendo una de las películas más idolatradas titulada “Al final de la escapada” con Jean Seberg y un desconocido Jean Paul Belmondo. ¡Y funciona!

Milagro me parece que un guion lleno de humor, repleto de citas y un casting meritorio con un sinfín de personajes que existieron en esa época funcione. Y funciona como si fuera un motor de F-1. 

En una de las secuencias del proceloso rodaje de “Al final de la escapada”, un personaje le comenta al director que al crear una película existen cinco: la que escribes en el guion, la que haces en el casting, la que ruedas y la que montas y la quinta se me ha olvidado. Aparecen decenas de personajes que alumbraron la Nouvelle Vague gracias a Cahiers su Cinemá, todos con su nombre sobre impresionado en pantalla que hace menos desorientador el vericueto de personajes. 

Jean Luc Godard era un intelectual que rodó con un productor que, si no hubiera sido su amigo, habría suspendido el rodaje de una película que no tenía plan del mismo. Todo estaba al albur de lo que se le ocurría al bueno de Godard mientras jugaba al pin ball en una cafetería parisina a la espera de la inspiración. El productor tenía que escarbar en la papelera en busca del papel de rodaje que había tirado el director para saber qué se iba a rodar… si se fuera a rodar, claro. No había maquillaje, no había raccord  no había diálogos escritos, por no haber no había ni inspiración en algunos de esos días. Truffaut le aconsejaba, Rohmer, Jean Pierre Melville, Chabrol, Bresson… Vemos el quién es quien de la década de los sesenta en el cine francés. Todo un homenaje lleno de amour fou por parte de Linklater.

Ya tenemos dos versiones de lo que es el cine: una nos la ofreció François Truffaut en “La noche americana”; la otra Linklater con esta visión del rodaje de “Al final de la escapada”. 

Como dice Jean Seberg, por fin se ha acabado esta mierda de rodaje que,  milagrosamente, se ha convertido en una película que lucirán en sus anaqueles los cinéfilos, tanto de Godard como de Linklater. 

 

 

Maïlys Vallade y Liane-Cho Han, directores de "Little Amélie"


 Aquí tienen los rostros que para la gran mayoría de la humanidad son desconocidos. Son los creadores de una película de animación que me ha parecido maravillosa. Su título es “Little Amelie” y es una adaptación de una novelita de Amélie Nothomb publicada en Anagrama cuyo título, un tanto críptico, es “Metafísica de los tubos”. La idea fundamental es describir una etapa de una niña que vive con sus padres belgas en Japón en 1968 desde que cumple dos añitos hasta los tres. 
Una etapa que la inmensa mayoría ya no recuerda pero que es fundamental porque, entre otras cosas, uno aprende a andar, a hablar, a decir mamá y papá, a tener consciencia de quien nos quiere y quién no, de la importancia de mojarnos, de descubrir la belleza, la tristeza, la esperanza, la ilusión, la despedida, el renacer, la ausencia, la muerte, la alegría, los recuerdos y un sinfín de acontecimientos que formarán parte de nuestro ser. La gran originalidad es haber protagonista a un infante de dos años. 
Vuelvo a ser feliz regresando a ese periodo del milagro constante, porque constante es abrir los ojos por todo lo bello y fantástico que se abre ante ti. Y sobre todo si es en Japón.

 

  

"Un simple accidente" de Jafar Panahi

 

La tercera Perla que hemos podido ver en el Tratro Principal tenía  el marchamo de haberse erigido en la ganadora de la Palma de Oro en Cannes. “Un simple accidente” es una película profundamente política, una diatriba contra el régimen actual del gobierno del líder supremo Ali Hamenei. Panahi tiene una forma de escritura cinematográfica que no me seduce y, siendo ya la tercera y a una hora como son las 16:45, pues se me hace cuesta arriba asistir a un viaje o recorrido donde diferentes personajes se van apuntando para descubrir si un hombre es un antiguo miembro del Servicio de Inteligencia que ha ejercido la violencia en complicidad con el régimen.

Los que han sufrido sus devastadores métodos de tortura, no pueden afirmar con rotundidad que es él y no otro como afirma el retenido. Las torturas dejan huella indelebles: desde recuerdos olfativos, olorosos (el sudor) o táctiles como las cicatrices en una de las piernas que tiene el torturador y que se regodeaba en el pasado al obligar a sus víctimas a tocarlas. Pero nadie de sus víctimas le ha visto la cara. Con ese suspense juega el guion mientras los personajes se debaten en qué hacer. 

 La historia comienza como drama y poco a poco va deslizándose hacia situaciones ciertamente cómicas, por no decir absurdas. Pero Jafar Panahi se vuelve a poner serio para enjaretarnos un plano secuencia fijo que se hace agotador y revelador de las intenciones políticas del director iraní. A constatar el muy comentado plano final entre los asistentes como uno de los más evocadores e inspirados de que la sombra de cualquier régimen dictatorial es alargada aún no ejerciendo la violencia explícita. 


Cartel de "Maspalomas" de los directores Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi

 

 Era difícil superar el nivel de la dos primeras películas de esta mañana. Pero José Mari Goenaga y Javier Arregi, Arregi y Goenaga, porque tanto monta como monta tanto con su “Maspalomas” lo han igualado o tal vez superado. El guion es espléndido -algo a lo que Jean Luc Godard no daba importancia-, es la base para que todo lo demás funcione. Ayer me topé con ellos ante los cines Príncipe de San Sebastián y les comentaba que si hay un tema que está presente en todos sus filmes es el de la identidad. Ellos me lo confirmaron. Y viendo la historia de Vicente de 76 años que durante cincuenta años pasó de ocultar su identidad verdadera a vivirla durante otros 25 años con naturalidad, se confirma. Es una historia luminosa, tierna, a ratos humorística, intimista, sensible y, por qué no decirlo, hasta puede considerarse una feel movie. De esas historias que sales creyendo en la humanidad, de que el mundo es cada vez más lúcido a pesar de que el coronavirus -se desarrolla entre 2019 y 2020- obligará a Vicente a meterse no en el armario sino en casa por la obligada reclusión de la población. Hay escenas que se te quedan clavadas en la retina y -lo que es mejor- en el corazón. Diálogos, miradas y una música que revitaliza -más que acompañar- a este hombre que deberá ingresar en una residencia. 




Algo muy vasco es decir las cosas porque aquello que no tiene nombre no existe. “Soy homosexual. Ya está. Lo he dicho”, dice Vicente a una psicóloga. Peor ahora se siente vacío pues lo que durante años fue un problema que ocupó su cabeza ahora no existe. Antaño uno ligaba -siendo hetero o gay- en los bares. Ahora nos quedan las aplicaciones y Maspalomas, que como bien dice Vicente, no deja de ser otro armario pero más grande. 

Ya es hora de que los de Moriarte e Irusoin se lleven la Concha. Y teniendo en cuenta que que J.A. Bayona es el presidente y sabiendo por dónde van sus gustos este año sí o sí. Nos alegraremos mucho pero si no ocurre nos alegraremos más si el público asiste a esta obra. A la salida oía calificativos como “peliculón”, “maravillosa” y a espectadores emocionados ovacionar otra vez tras los títulos de crédito mientras escuchamos a Franco Battiato cantar “La estación de los amores”.


 

Fotograma de "Una quinta portuguesa" de Avelina Prat

 

La noche quiso darme una sorpresa. No ya por la película de Avelina Prat, Una quinta portuguesa, sino porque de las cientos de películas que hay programadas, de los cines que existen para el Zinemaldia, de horarios, filas y asientos me siento con una paisana. De alguna manera verla es como sentirse en casa. Y algo tiene que ver también con el filme, una ópera prima con evocación a pieza de cámara con pocos personajes y donde el azar juega su baza. La elección de Manolo Solo, un profesor de geografía, es el gran acierto del filme. Los mapas sirven para limitar fronteras y ordenar el caos que es el mundo. Pero la vida de  Fernando se verá alterada cuando su mujer abandona la principal frontera que tenemos todos: la puerta de su hogar de regreso a Serbia. La huida sin explicaciones hará que Fernando también cruce otras fronteras: las emocionales y la de hacerse pasar por otro. En Portugal descubrirá que puede encontrar refugio en una quinta portuguesa, una casona rodeada de espacio suficiente para cultivar plantas y frutales, unos seres menos complicados que las personas. 

 

 

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