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domingo, 28 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Sábado y Palmarés

 Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa consigue la Concha de Oro 


Además, Joachim Lafosse logra la Concha de Plata a Mejor Dirección por "Six Days in Spring" y los actores José Ramón Soroiz (Maspalomas) y la china Zhao Xiaohong (Her Heart Beats in Its Cage) la Concha ex aequo de Plata a Mejor Interpretación



Valla en la que aparece el cartel de Los domingos, ganadora del Zinemaldia 2025


Si les nombro los siguientes nombres: Dea Kulumbegashvili, Alina Grigore, Laura Mora, Jaione Camborda y Alauda Ruiz de Azua, ¿les suenan de algo? Bueno, sobre la última, directora baracaldesa, tal vez hayan leído que ayer ganó la Concha de Oro por "Los domingos". El resto también desde 2000. Tan sólo un "enfant terrible" ha podido meter pitón entre tantas "conchas" que dirían los argentinos: Albert Serra.

Un compañero de fatigas en esto de cubrir el Zinemaldia, oliéndose lo que se venía, ponía ayer sábado el siguiente tuit: "Ha sido un festival político y me temo, un palmarés político". No se equivocó. Desde hace años ya sé que no se valora el cine, sino el tonelaje de dinamita ideológica que contiene la película ganadora. A veces, ocurre que la calidad cinematográfica y la reivindicación –del tipo que sea– van unidas; en muchas otras ocasiones, no.

Viendo el listado de premiados en la Sección Oficial –los otros ya ni te cuento–, se revela por dónde van los tiros: la intransigencia –de cualquier tipo–, la diversidad cultural, la homosexualidad, el maltrato a la mujer, el derecho al aborto, la desigualdad social, el amor interracial... Bueno, por no faltar no faltó que un chico con down subiera al escenario a reivindicar mayor visibilidad y oportunidades artísticas.

Cumplida la agenda woke, vayamos a juzgar un poquito qué tal ha ido el palmarés, teniendo en cuenta que J. A. Bayona ha presidido el Jurado Oficial junto a la cineasta portuguesa Laura Carreira y la directora estadounidense Gia Coppola; la actriz Zhou Dongyu; la cantante e intérprete argentina Lali Espósito; el actor británico Mark Strong y la productora francesa Anne-Dominique Toussaint. Creo que dice poco y malo del Festival de Cine de San Sebastián el hecho de que de los siete premios, cuatro fueran a parar a largometrajes españoles, frente a los dos que se llevó Francia, uno Argentina y el ex aequo de China. Demasiado casero para ser un festival que se las da de internacional. 

Desde que el pasado domingo 21 se pudo ver en el pase de prensa, "Los domingos" se perfiló como una de las aspirantes a la Concha de Oro. Todavía le estoy dando vueltas a un asunto: ¿por qué razón milagrosa y oculta este filme de Alauda Ruiz de Azua ha gustado tanto a críticos de derecha (ABC, El Mundo, El Diario Vasco) como de izquierdas (Gara, Berria)? A la salida del cine pegaba la oreja a ver qué comentaban los jóvenes –todavía los hay que van al cine, al menos como los caracoles salen en días de festivales– y, ¡oh, sorpresa!, parecía haberles interesado también. Me tiene tan intrigado desde aquel día que he tenido noches sin dormir. 

 

La directora Alauda Ruiz de Azúa

 

 "Los domingos" es una buena película pero no es una obra maestra. Para explicar la unanimidad sobre un tema en apariencia tan poco atractivo como el hecho de que una hija estudiante de bachiller quiera probar si merece la pena meterse a monja de clausura, hay que dar con la tecla. Y la tecla que ha tocado Alauda en estos momentos tan polarizados en la sociedad española es... la intransigencia. La película interpretada por la inexperta (inocencia pura) Blanca Soroa (estará en los Goya) y la antagonista dramática Patricia López Arnaiz puede ser leída desde los dos frentes ideológicos de la misma manera: ¿Ves lo que pasa cuando no me aceptas y crees que tú llevas sólo la razón y la verdad escrita en tu bandera?

 Alauda en rueda de prensa comentaba lo siguiente: "He intentado construir la película desde la tensión, de tal modo que los espectadores tienen que dilucidar hasta qué punto la joven Ainara experimenta un sentimiento genuino, auténtico o espiritual o es algo que realmente está acompañado, influido o empujado por un adulto, debido bien a sus carencias con el padre o bien empujado por los religiosos. También se habla de la vulnerabilidad que hay en la adolescencia, pues empiezas a sentir cosas muy adultas y no siempre las traduces bien. Una de las hipótesis que plantea la película es que la vulnerabilidad te puede llevar a una necesidad de afecto y querer sentirte especial”. 

Me quedo con una respuesta que la directora realizó a la pregunta de qué significaba para ella los domingos: "Los domingos suele ser un día de ver cine, la verdad". 

 

José Luis Guerín ganó el segundo premio por Historias del buen valle

  

Resto del palmarés 

El jurado dio el Premio Especial, una manera de resaltar una segunda buena película, a "Historias del buen valle" del interesantísimo documentalista José Luis Guerín. Nada que objetar, pues aunque no es una obra redonda contiene momentos de gran brillantez en la descripción de un barrio periférico de Barcelona: Vallbona. Como dijo el Jurado, el premio va a "una película que dirige su cámara hacia la periferia, hacia rostros y paisajes pocas veces filmados para trazar una mirada que fluye generosa y humana sobre el tiempo, evocando en ese viaje la esencia misma del cine". Guerín volvía así a triunfar otra vez –hace veinticinco años lo hizo con la espléndida "En construcción– con el mismo Premio Especial del Jurado. 

José Luis Guerín dudaba mucho de que le cayera algo sabiendo que el jurado estaba mayoritariamente integrado por actores y actrices cuando no contaba con actores y actrices en su película. Pero no tuvo en consideración la ayuda del presidente J. A. Bayona, que le confirmó que es del barrio La Trinitat Nova, colindante con Vallbona donde rodó Guerín.

Me temo que no la verá ni dios y pasará al catálogo de Filmin, sección Documentales. Y seguirá sin verse.

Como el wokismo hizo que el Zinemaldia (siguiendo la estela de la Berlinale) sólo concediera, a partir de 2021, un premio a la interpretación principal, pues hecha la ley, hecha la trampa. La Mejor Interpretación sin sexo ni género fue a parar ex aequo a dos actores: uno hombre, José Ramón Soroiz, por su papel en Maspalomas, en el rol de su vida que le han dado Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, y por el que logrará el Goya el próximo año; y otra mujer, la actriz Zhao Xiaohong, por el largometraje chino Her Heart Beats in Its Cage. Tiene la curiosidad esta notable película que Zhao Xiaohong interpreta el mismo papel que tuvo ella en la vida real: haber pasado diez años entre rejas por haber matado a su marido maltratador y tratar de recuperar la relación con su hijo.

Argentina tenia a concurso tres películas. Pues tuvo que ser la más demagógica y panfletaria la que se llevara algo. Camila Plaate obtuvo la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto por su interpretación en Belén. Interpreta a una joven mujer que es acusada de haberse provocado un aborto y, luego de dos años en prisión preventiva, es sentenciada a ocho años de prisión por homicidio agravado por el vínculo. Una abogada tucumana luchará por su libertad junto al apoyo de miles de mujeres y organizaciones, quienes se unirán para cambiar el curso de la historia. Cine para convencidos de las causas.


Jose Ramón Soroiz

 

 

  

Zhao Xiaohong

 


 








Y aquí vino el desvarío completo. Esos momentos en que piensas que los miembros del jurado o bien han sufrido una indigestión, los han drogado o han sufrido una abducción marciana de carácter belga. No sólo uno, sino dos premios obtuvo la floja y mal iluminada propuesta del realizador belga Joachim Lafosse  ya obtuvo la Concha de Plata a la mejor dirección con Los caballeros blancos en 2015. Esta vez ha vuelto a ganar el mismo premio por Six Days in Spring (Bélgica-Francia-Luxemburgo) y también el Premio del Jurado al mejor guion, galardón que comparte con Chloé Duponchelle y Paul Ismaël. En el panel de críticos del Diario Vasco, estaba situada en la antepenúltima posición de los 17 largometrajes que concursaban. Y con baja puntuación. La mía no llegaba al aprobado.

Al Jurado no le parecía mucho dar tres galardones al cine made in Spain, sino que optaron por un cuarto, a todas luces excesivo aunque no desatinado. La distinción a la Mejor Fotografía ha sido para Pau Esteve por su trabajo en Los Tigres. Es verdad que tiene unas tomas submarinas impresionantes y que expresan muy bien la labor de los buzos y la tensión que hay debajo del agua. Y honra que Pau Esteve reconociera que el premio tenía que compartirlo con Eric, el director de fotografía de subacuático, "que es bastante suyo".

 

Jennifer Lawrence, cerca de mí, cerca del cielo.

 
Mis lamentaciones inútiles. Una pena que ni Franz de Agnieszka Holland sobre la figura de Kafka ni Nuremberg dirigida por el norteamericano James Vanderbilt se fueran de vacío. Les regalaré gafas de ver buen cine a estos siete magníficos integrantes del jurado. 

La actriz Itsaso Arana y el actor Óscar Lasarte presentaron ayer noche la ceremonia de clausura en el Kursaal 1, donde tras desvelarse los galardones tuvo lugar la proyección de Winter of the Crow (La conspiración del cuervo), la película de clausura de esta edición. Los dos numeritos de Óscar Lasarte (el de Gila metiendo en el mismo saco a Trump, Puttin o Milei y el truco mágico con la calculadora) fue de bochorno. Creo que tirándome un pedo con la boca o leyendo la Biblia en hebreo habría provocado mayores carcajadas en el Kursaal, algo al estilo de Tony Clifton. Ya saben, o si no vean la maravillosa Man on the Moon.

 

The End 2025 


 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Miércoles 24

 Bendita Sección Oficial la de hoy que me ha rejuvenecido unos años




Parafraseando a Francisco Umbral, de la misma manera que existen escritores transparentes o pendolistas (persona que escribe con buena letra), existen directores cuya impronta es reconocible y otros que parecen artesanos, sin rúbrica. Prefiero siempre a los primeros aunque no me fascinen en todos los casos. 

Hoy se han dado los dos casos: el cine más autoral (filme chino) y el artesano (la película norteamericana). Y ambos me han convencido. 



Imagen de la película "Her Heart Beats in Its Cage"

 

China me llegó a través del cine de la mano de Zhang Yimou. Puede que si rasgo y pregunto a la IA me salga algún director chino anteriormente. “55 días en Pekín” no la cuento, que era mirada occidental. 

Acabo de ver dentro de la S.O. otra china: “Her Heart Beats in its Cage”, cuyo título en español sería “Su corazón late en una celda”. Y qué quieren que les diga, que puede ser de esas películas que pasan desapercibidas, pero que albergan más cine en su interior de lo que en principio parecería mostrar.  

El título alude a una mujer que lleva diez años encarcelada por haber matado a su marido. Afortunadamente para ella le van a conceder un indulto. Esto supone para Hong, que así se llama, un doble reto para su reinserción en la sociedad comunista china: volver a ganar su hijo preadolescente, el cual durante este tiempo ha estado al cuidado de su suegra, y encontrar un trabajo. 

Hay una idea de iluminación (de fotografía) que recorre la película: el contraluz. Hong, una mujer de carácter, fuerte y sensible (sabe de música y canta) está bañada por esa luz desde atrás que la deja en sombra en muchos planos. Es una idea maravillosa, pues en su vida tendrá que llevar la losa negra del homicidio de su marido maltratador.

Contiene el final más hermoso y sentido de lo que he visto en la Oficial. Y si es hermoso no solo es por las palabras que le dirige su hijo en la pasarela de un tren a su madre en una ausencia total de luz, para, después de pasar un túnel, ella verse iluminada en penumbra por la incertidumbre que le perseguirá. Las rejas que han presidido su vida durante esos diez años seguirán estando presentes en la libertad, mostrada con esa contraluz.


Plano del filme "Núremberg" de James Vanderbilt


En 2013 pude ver “Argo” en el Kursaal 1 y en dos ocasiones se aplaudió durante la proyección. Algo muy infrecuente. La película dirigida por Ben Affleck se llevó el Oscar a mejor película aquel año para tristeza del Jurado del Zinemaldia, pues no le dio el “egun on” obligado en esa edición del Zinemaldia.

Hoy he visto mucho jovencito chino por la película anteriormente comentada. Y, claro, tú ves ahora a las 11:30 en el Teatro Principal una película que dura dos horas y media y que la dirige un fulano al que le conocen en su casa a la hora de comer -si va a comer- llamado -lo consulto porque no me lo sé- James Vanderbilt y flipo. Flipo porque, aunque solo se haya aplaudido una vez y por cuestiones políticas de actualidad, me parece una película que se verá y estará en los próximos Oscar. Queda escrito y mi sabiduría cinematográfica como crítico al que nadie lee queda en juego. 

Estamos ante “Núremberg”, la historia del famoso juicio por el que 22 máximos representantes de III Reich fueron encausados en una corte internacional comanda por EE.UU., Gran Bretaña, Francia y la URSS. 

La película tiene esa forma reconocible de las películas contadas a la manera de Hollywood, pero sin Hollywood. Grandes interpretaciones de Rami Malek y Russel Crowe. El primero hace de Douglas Kelley, psiquiatra que es enviado a Nuremberg a evaluar la salud mental de los prisioneros nazis; en especial de la figura de Hermann Göring, el comandante de la Luftwaffe y el segundo en el régimen nacionalsocialista de Hitler. 

Asistimos a una narración que no deja oportunidad a que vayas al baño, pues todo lo que sucede es emocionante. Me imagino un conjunto de islas a las que debes nadar para llegar a la orilla del continente para salvar la vida. Unos diálogos inteligentes, sustanciosos y pedagógicos entre psiquiatra Kelley y Göring, cuyo resultado contribuye a que se decante el juicio hacia un lado. 

Muchos se dejarán deslumbrar por el narcisismo de Göring interpretado por Crowe, pero yo me quedo con el personaje de Malek. Atención a su escena en la radio y la del duelo interpretativo en la celda de la cárcel entre ambos que será recordada en los anales de la historia del cine. 

Una película que será un éxito allá por finales de noviembre cuando se estrene en salas. Y si me hacen caso y acuden a verla,  debajo les dejo mi dirección por si quieren agradecérmelo con un jamón.


"Olmo" del director Fernando Eimbeck

Poco puedo decir de esta obra del mexicano Fernando Eimbeck presente en la Sección Horizontes Latinos salvo que, al menos, no me dormí tanto como el joven que estaba a mi lado. 

La hora no ayuda, las 16:15, para seguir a Olmo, un chico que debe cuidar a su padre parapléjico junto a su hermana y su madre, agobiada porque tienen riesgo de ser embargados por impago de alquiler.

La primera escena ya da el tono de por donde quiere llevarnos Eimbeck: el padre, postrado en la cama, tiene necesidad de orinar. Pide a su hija, que no viene, pide a su hijo, que acude con desgana y al poner el conejo se lo hace fuera. Gritos, enfados y, al final, será la madre quien organice las tareas de salvar el colchón humedecido.

A esa edad, lo que uno tiene ganas es de enamorarse, fumar el primer pitillo, dar el primer beso o algo más, estar con la peña… En fin, todo menos estar con el vegetal que es tu “viejo”. 

En un momento, le cuenta su progenitor que por qué le puso Olmo a su retoño. Parece ser que era la mejor madera, la más dura para construir embarcaciones. Así que Olmo tendrá que desmostrarselo a su padre a esa jodida edad en la que quieres ser más libre.

Sucede en Nuevo México y es molesto ese cambio del español al inglés y viceversa de los actores para mí por tener que leer los subtítulos. Pero así son las cosas en una zona bilingüe: que ya no sabes si eres una cosa u otra. Otros lo llaman riqueza. 


Fotograma de "Eloy de la Iglesia, adicto al cine"


En Zarauz han nacido dos personajes ilustres: uno es José Ángel Iribar y otro el director Eloy De la Iglesia. El documental sobre la figura de este último se ha podido ver en el Príncipe 2 esta tarde. Asisten a la presentación. Y coloquio posterior su director Gaizka Urresti, el productor y Fernando Guillén Cuervo.

Repasar la filmografía del autor de El pico, El diputado o Callejeros es repasar la vida cinematografía de mi juventud. Es bien cierto que el cine de Eloy fue popular y comercial -como dice Pedro Olea: «yo tenía el favor de las críticas y él, en cambio, más el favor de la taquilla »-. Sin embargo, siempre me pareció  bastante chapucero y poco cuidado en su puesta en escena. Claro, al público en general en aquella época no le ibas a pedir exquisiteces, tan solo quería verse reflejado en sus problemáticas en la pantalla. Sentirse alguien, no un pringado.

Provocador y en cierta manera adelantado a su época, Eloy De la Iglesia abordó un tema fundamental en su carrera: el tema de la represión y, sobre todo. el de la represión sexual por su condición gay.

A nivel formal no es nada del otro mundo, pero tiene el acierto de que Urresti a medida que aparecen los testimonios de aquellos que le conocieron -Pedro Olea, José Sacristán. Marisol Morcillo entre otros- va intercalando fragmentos de sus más de 20 películas que aclaran la figura con sus blancos y sus negros (quince años sin rodar desde La estanqueras de Vallecas a Los novios búlgaros por culpa de la droga).

Cuando murió a los 64 años por un error médico, quiso que sus cenizas fuesen a parar al Cantábrico en la zona de Zarauz. Olea, Guillén Cuervo y un tercero las tiraron con la mala suerte de que un golpe de viento se las devolviese. El director bilbaíno Olea comenta jocoso en el documental que fue una manera de esnifarse a De la Iglesia, mientras de Guillén Cuervo afirmaba que al llegar a la dicha se enjabonó con las cenizas del zarauztarra.

La noche concluyó con la Fiesta de la Prensa. Bueno, con lo que queda en 2025 de ella.



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