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domingo, 5 de octubre de 2025

Couture (2025)

Los mejillones del bar Stop y los flashes

 

 

Angelina Jolie vino, presentó (Couture) y marchó en ocho horas.

 

Llevaba unos días sin aparecer por el bar Stop desde que este periodista había cubierto el 73º Festival de Cine de San Sebastián. Así que al aparecer por ahí muchos parroquianos quieren saber de ti, de lo vivido, de si has estado con tal actor o cual actriz, de si has hecho muchas fotos... Vamos, que salvo por los flashes y la ausencia de alfombra en el Stop, uno se siente en esos momentos como una estrella de Astrabudua.

Pasados los momentos de euforia, vienen esas preguntas más de autor: ¿qué películas te han gustado?, ¿qué te parece Los domingos?, ¿que si es para tanto la obra de Ruiz de Azúa?, ¿no crees que hay mucho cine patrio premiado?, ¿y Maspalomas está tan bien?, ¿es tan guapa la Angelina Jolie al natural?

Y aquí hago una parada. 

—Cecilia, ponme un platito de esos mejillones que veo en ese expositor de pinchos.

—¿Te los caliento un poco o como están?

—Caliéntamelos y un crianza Campo Viejo, por favor.

La Ceci no pregunta. Tiene trabajo en sacar hoy las raciones domingueras de rabas, calamares rebozados y mejillones. Una experta.

Al fondo del bar, están las Txiribitongas, la cuadrilla femenina, la cara B de la cara A de mi cuadrilla. La Peggy Serna se me acerca y me da dos besos. "¿Qué tal por el Jolivú donostiarra?", pregunta con esos ojos azules del Cantábrico, aunque ella sea salmantina. Y procedemos a una entrevista informal en la que todo empieza por qué tal...

Con el tiempo y ya probando los deliciosos tigres de la Ceci, se me van acercando más miembros de las Txiribitongas: la Maitetxu, la Rosa Rosae, Encarnadilla de Noche, Tulipán Negro... casi todas con sus motes. Porque hace años, en Astrabudua, como en tantos sitios, a la gente se le ponía motes: eso sí, motes cariñosos.

Una de las preguntas estrellas era: ¿Has visto a la Angelina? Y, claro, uno deja de tener ese aura de periodista célebre que ha estado con estrellas en la habitación habilitada del hotel cinco estrellas del María Cristina cuando les dices que yo me dedico fundamentalmente a ver películas de la cosecha 2025. Y que sí, que a algunos personajes del mundo del cine he visto en las ruedas de prensa. 

—¿Te vale con haber visto a José Luis Guerín, Olmo Omerzu, Arregi o Goenaga? —inquiero.

—Esos, ¿quiénes son? —me pregunta una.

Yo no quiero decepcionarlas. Soy el hombre que no he visto a Angelina Jolie en la Concha, en el Hotel María Cristina o en la sala de prensa del Kursaal 1. Y trato de driblar ese momento en que como si estuviera ante un defensa, llamado decepción, les explicas que a la hora en que la Jolie presentaba y defendía su película Couture, yo estaba en el pase de prensa del Teatro Principal viendo Maspalomas. Y veo a una mujer entrar en el baño y me tomo un par de tigres: deliciosos con un cierto sabor a...

—He leído en el Deia que Rebordinos, el del Festival,  comentaba que traer a la Jolie y a la Jennifer Lawrence ha estado un poco por encima de las posibilidades del certamen —me pregunta Mafaldita, la más estudiada de las Txiribitongas—. Al menos a Jennifer la habrás visto, ¿no? ¿Es tan guapa y alta al natural, porque en la tele...?

Ahí sí. Ahí mi aura vuelve a brillar, pues tuve la ocasión entre la marabunta de cámaras hambrientas poder sacar alguna imagen con que impresionarlas. Ellas ven, comentan, analizan, alaban o deprecian, vierten adjetivos laudatorios o de tendencia bajista. Y, yo, por el rabillo del ojo, veo a otra parroquiana esperar ante la puerta del baño del Stop. Me extraño. Y, mientras, me tomo otro mejillón acompañado de un sorbito de Campo Viejo.

Explico que Rebordinos aprovecha traer, cuando puede, a estrellas de relumbrón para que el Zinemaldia esté en boca de todos. Suelen traer una película debajo del brazo: mala o regularcilla habitualmente.

 

 

Angelina Jolie firmando en la presentación en el Kursaal 1 de Couture

 

—Recuerdo que en un episodio de Cámera Café, el Ríchar, el informático, lee en un periódico que Angelina Jolie venía a España. Eso sería por el 2005 o 2006, recuerdo —comenta Peggy Serna.

—¡Anda, mujer! ¡Qué iba a venir! —replica Maitetxu.

—Que sí, que a la directora de la empresa, Victoria, como se le queda pequeña la empresa y necesita asociarse o una campaña que la lance al extranjero, se le ocurre traer a la Angelina a la oficina. «Una cara famosa, ¡menudo espaldarazo para la empresa!», comenta Victoria. 

—Pues algo parecido ha hecho el Rebordinos trayendo a ambas actrices de Jolivú —sentencia Mafaldita.

Mientras escucho, entre mejillón y trago de crianza, veo que la cola de mujeres ante el WC va alargándose. Trato de sacar el móvil y mostrarles algunas fotos con escaso éxito viendo que la conversación toma otros derroteros.

—Y Victoria le pide al Ríchar y a Jesús Posadas, jefe de ventas, una foto al precio que sea de la Jolie en la oficina —continúa rememorando Peggy Serna—. Algunas compañeras en la oficina se quejaban de que la traían porque era mona, otras porque siempre se usan a las mujeres como floreros —ya se venía la marea feminista—. Victoria decide comprar flores para ella y whisky caro para él.

—¿Para quién? —pregunto ya intrigado con mi smarthphone y las fotos que contiene en la mano sin saber si meterlo al bolsillo o qué viendo la deriva de la conversación. Al fondo, la situación era rara: ante la puerta del WC de caballeros había un tipo que no conocía esperando también. Miré al plato y apuré los últimos mejillones.

—Para Brad Pitt, que también venía. 

—Ay, qué rico. Con esos ojos, ese pelo, esa sonrisa... —detalla Maitetxu.

—¡Y ese culo! —completa Rosa Rosae, mientras ríen en una explosión jubilosa.

—En aquella ocasión venía ella a inaugurar una casa de acogida —prosigue Peggy Serna—. Y a Victoria se le ocurre conseguir un sintecho para que se haga con él una foto. Y el informático trae a Braulio, un desarrapado, con barba larga y cana, mano extendida y un carrito del súper con sus cosillas a la oficina. La Cañizares, secretaria de Victoria, trae a un yonqui rehabilitado con pinta de recaer en cualquier momento. Y recuerdo que el sinvergonzón de Quesada trae un lince ibérico en peligro de extinción para darle pena a Angelina Jolie.

—¡Y lo había metido en el baño en el que estaba el rehabilitado! —recuerda ahora Encarnadilla de Noche que se ha añadido a la conversación.

—Pero la Angelina quería niños huérfanos, justo lo que no tenían en la oficina —comenta Peggy Serna.

—Los famosos son así: siempre piden lo que no hay en el menú —anota Mafaldita.

—Al final, le piden a otra secretaria uno de sus hijos para que haga de huérfano y así de gancho para atraer a la actriz —continúa Peggy—. Consiguen la foto pero el niño se queda con Pitt y Angelina.

—Sí, en aquella época tenían la manía de adoptar todo.

—Bueno, ahora ha traído al Zinemaldia una nueva adopción: una peli titulada Couture —trato de traer la conversación al presente, mientras una de las Txiribitongas comenta que tiene que ir al baño.

Oigo voces al fondo. Alguna aporrea la puerta del WC. Yo siento que mi vientre empieza a sentirse mal, y con necesidad de aligerar el equipaje. Y que mis fotos de Jennifer Lawrence por recibir el Premio Donostia no son los suficientemente interesantes para opacar el día en que Angelina Jolie y Brad Pitt vinieron a España y a Victoria de la Vega, la directora de márketing de la empresa, logró lo que yo no había obtenido por ver Maspalomas: una foto de ambos con un niño que hacía de huérfano en la oficina. Vamos, como hizo José Luis Rebordinos, pero sustituyendo al niño por una Alta costura, que es lo que significa Couture.

 Salí del bar Stop dejando al fondo unas súplicas de entrar urgentemente al baño por parte de varios parroquianos. La misma urgencia con la que estuvo la Jolie en San Sebastián, que tras ocho horas enfiló rumbo a Roma para un rodaje. Pero sin necesidad de tomar los mejillones en mal estado de la Ceci. 

 

 

lunes, 22 de septiembre de 2025

Zinemaldia 2025. Domingo 21

Hoy se ha revelado Dios y tiene nombre de Paolo Sorrentino

 

3ª jornada en el Zinemaldia. Y a pesar de la lluvia siempre pongo buena cara, sobre todo porque me acompaña el buen cine.


Fotograma de "Couture"

 

El mundo de la moda es algo que me fascina y si Angelina Jolie está presente qué puede fallar. Pues falla. Hace de directora de cine ¡de terror! y le han propuesto rodar un spot para una pasarela de moda en Paris. Le preguntan para un programa de redes sociales cómo definiría en dos palabras la moda:”Inútil y necesaria”, responde. Pues yo me quedo con la primera palabra para calificar esta propuesta de Alice Winocour. 

La estructura de “Couture” -vocablo francés que significa Alta costura- es interesante y responde a esta secuencia: 1,2,3,0. Siendo cada número un personaje: el 1 para la directora, el 2 para la modelo negra (Anyer Anei) que proviene de Sudán del Sur escapando de la guerra; el 3 es la historia de una maquilladora (Ella Rumpf) que quiere convertirse en escritora y ve vídeos de Margarite Duras; el 0 es para un personaje menos relevante pero que es la que se deja la piel cosiendo los modelos: la modista. Cada historia se presenta alternadamente con algún cruce de personajes esporádicamente. El resultado es un monstruo de Frankenstein donde los remiendos se ven con horror. 

Produce Angelina Jolie y por eso se entiende que la parte de la historia que le afecta tenga tintes autobiográficos. El mundo de la alta costura está lleno de sinsabores, relaciones superficiales, desgaste físico y emocional, pero la descripción de esa trastienda -lo que no se suele ver antes, durante y después del desfile por la pasarela- no tiene el menor alma de verosimilitud. Bellezones a mansalva pero la saturación provoca un interés desigual. 

Eso sí la rueda de prensa llena de fotógrafos amateur que podrán poner en instagram que capturaron la belleza pasajera de la Angelina. Les aseguro que muchos no habrán visto la película. 

El director de "La Grazia", Paolo Sorrentino

 

 Este señor de la fotografía de arriba es hoy en día como si hablásemos de Ford, Hitchcock o Welles por poner tres grandes. En el Victoría Eugenia -¡qué mejor escenario!- hemos podido asistir a las 11:30 al milagro del cine. "La grazia" es la Capilla Sixtina, es otra obra maestra del director de Nápoles que se le añade a "La gran belleza", "La juventud" o "Parthenope". 

Había pensado dejar en blanco este espacio, pues ¿qué puedo garabatear que esté a la altura de no ya de la película, sino de ni siquiera un plano? Cada composición, cada movimiento de cámara, cada nota musical, cada gesto, cada iluminación de plano, cada latido de pixel (antes eran fotogramas), cada línea de guion es un cincelado para la escultura con que está materializada "La grazia".

La emoción que me ha embargado durante los 130 minutos que dura la historia de Jep Gambardella -así será siempre como lo veo a Toni Servillo, que en esta ocasión hace de Mariano de Santis, presidente de la República de Italia- me ha provocado la eyaculación del Festival. Litros y litros han inundado el patio de butacas. Los espectadores han tenido que nadar para no quedar sepultados por esa torrencial lluvia de inspiración lírica audiovisual. Porque Sorrentino es de los pocos directores que escribe poesía visual, alejada de esa prosa concienciada y social que tanto abunda, sobre todo, en este Festival. No significa que no le importe el mundo. ¡Claro que le importa! 

A Mariano de Santis, alias "Hormigón armado", le pesa la gravedad de su puesto: la presidencia italiana de la República. Quiere ya jubilarse y ser ingrávido, él,  un jurista de lo penal que siempre busca la verdad. Y una duda le asalta durante los 40 años: su fallecidad mujer, a la que considera la mujer perfecta para él porque nunca se olvidó de él, le engañó. Y no sabe quién es el amante. La duda lo reconcome. 

Sorrentino busca siempre provocar -en el mejor sentido del término-, dota a su obra de unos diálogos soberbios y la puesta en escena es de una fuerza que parece haber surgido del Renacimiento junto a Rafael, Tiziano, Buonarroti, Rafael...

Alguien podrá criticar afirmando que el autor de "Fue la mano de Dios" parece contar la misma historia: el amor por una mujer, la pasión, el fingimiento, la búsqueda de lo inalcanzable, las dudas, la angustia ante la vejez y la muerte, la pérdida, la belleza, el cambio de sociedad que no se entiende, la música, la familia y la soledad, siempre, la soledad... por mucho que uno intente buscar, como lo hace De Santis, palabras de consuelo en un Papa negro (!).

Es de agradecer que ante tanta trascendecia, surja un Paolo Sorrentino guasón, mordaz, humorístico que provoca en el espectador una sonrisa tan hermosa como la de la Gioconda, mientras ve al soberbio Toni Servillo fumarse un cigarrillo. Desde Humphrey no ha habido otro igual.

 

Imagen del filme "Lurker"

 

 En la sección Zabaltegi, he podido ver "Lurker" en el Trueba 2. Está dirigida por Alex Russell y huele a esas películas que salen de Sundance. Se ve con cierto agrado, sobre todo, si te pones la camisa de los 20 años con las que buscaba cine con aire fresco. Trata de un chico veinteañero que conoce en la tienda de ropa donde trabaja a un cantante en ciernes que busca el éxito. Pero como todos los artistas siempre duda de su creatividad y seguridad. El cantante busca una familia -un grupo de gente de su edad que le dé estabilidad y cierta confianza- y el dependiente ve en ello la oportunidad para acompañarle en la carrera hacia el éxito. 

Lo mejor es el ambiente enfermizo y obsesivo de la relación que se desarrolla entre ambos. No hay necesidad de violencia, pero como sucede en "Taxi driver", poco a poco se va cuajando una turbiedad en la relación que la hace malsana. ¿Hasta cuándo podrá subsistir dicha convivencia en un mundo tan voluble como el del artista musical? Tendrán que verla si quieren averiguarlo.

 

Plano del filme "Los domingos"

En la Sección Oficial he podido ver en el Teatro Principal un rareza en el cine de hoy: cine religioso. Su título es “Los domingos” y está dirigida por esa directora que pasó a tener reconocimiento con su ópera prima “Cinco lobitos” llamada Alauda Ruiz de Azúa. La escritura cinematográfica de Alauda no me seduce, pero he de reconocer que la historia me va conmoviendo poco a poco a medida que descubro el rostro joven y seductor (por la interpretación convincente) de una jovencita que creo no tenía mayor experiencia interpretativa llamada Blanca Soroa. 
He de afirmar que entre un público nada inclinado a la oración mariana ni a la vida monacal como es la prensa que asiste al pase, la obra se ha visto con interés y emoción en algunas escenas donde Blanca Soroa nos agarra de los dídimos con dulzura y nos desarbola. Se tiene fe o no se tiene. Pero en estos tiempos de incredulidad o ateísmo, que Ruiz de Azúa plantee que una chica de casi 18 años quiera ser monja de convento ya son ganas de provocar. Acudirán los votantes de Vox a verla; acudirán los de izquierda abertzale aunque solo sea para oír una versión de Aitormena que tantas veces hemos escuchado del bardo Benito Lertxundi.
Voy a explicar la trama de la película en un símil futbolero. Imagínense que tienen una hija que no quiere ser ni del Real Madrid (como su aita) ni del FC Barcelona (como su madre) sino del Athletic Club. Equipo que está en franca minoría frente a los ganadores, algo así pasa con las vocaciones religiosas de clausura. 
En la familia surgirán posiciones encontradas y enfrentadas. Ruiz de Azúa logra algunas escenas conmovedoras y la interpretación de Patricia López Arnaiz como tía atea que no quiere que Dios le arrebate a su sobrina juega muy bien como contrapeso dramático.  

 

Imagen de la obra "The Stranger" de François Ozón

 Los programadores han tenido la mala baba de programar alas 22:30 una de las Perlas -esas películas que han pasado ya por otros festivales de renombre- un conocido del Zinemaldia: François Ozon. Su adaptación de la novela francesas homónima “El extranjero” de Albert Camus - obra señera de las letras francesas del siglo XX- me provocó ganas de marcharme durante la primera hora. Como decía Jeannette Luc Godard, cualquier obra se puede adaptar al cine, pero lo que hace Ozon -ganador de una Concha de Oro hace años- es tan moroso que cuando llegas a ver algo con cierto interés ya ha dejado de interesarte ese personaje llamado Meaursault. Vive en Argel en los años 30 del pasado siglo en una de esas colonias francesas que luego se independizaron. Y su existencialismo, esa corriente filosófica en la que enfatiza la existencia del individuo, puede que esté muy bien reflejada en la peli. Pero ver al tipo que se la sopla todo -salvo follar con su amiguita-, incluso la muerte de su madre  o el asesinato con un revólver de un árabe en una playa, me provoca hastío. Tal vez porque el hijoputa de profe que tuve de Filosofía tan solo me soltó sus apuntes y me dijo: “Enfréntate tú con los existencialistas franceses”. 

Siento acabar la noche así: escopetado rumbo a mi hotel donde el hueco de la cama me recuerda, a diferencia de Meaursault, que nadie te podrá abrazar para consolarte de “El extranjero”. Ni ganas de leer ya la novela de Camus publicada por Gallimard en 1943.

Otro día más despejado me parezca una obra maestra pero tras ser la quinta el equipaje de imágenes que contienen mis ojos ya está petado.

 

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