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domingo, 25 de febrero de 2024

La estrella azul (2023)

La supernova de 2023 que se estrena en 2024

 

Javier Macipe, director , logra alegrar el corazón de un cinéfilo ya encanecido en barba, con millas audiovisuales en la retina y poco proclive a la sorpresa grata.


Se ha estrenado el pasado viernes, 24 de febrero de 2024 de Nuestro Señor Jesucristo (así se relataba antiguamente para dejar constancia al mundo de lo sucedido y dar fe) de uno de los acontecimientos cinematográficos del año. Y miren por donde, no verán la imagen del cartel en ninguna marquesina ni en ningún otro soporte publicitario: autobuses, metros, paredes... Ni si quiera en las cadenas de televisión como A3 o Telecinco,  pues la producción no es de Atresmedia ni de Mediaset. Es lo que tiene hacer una película y no invertir un euro en publicidad: bien porque se acabó la pasta (¿pública?) o bien porque no se cree que dará un euro, o porque ya no interesa que se vean en las salas. 

Así que aquí estoy yo con mi poder ilimitado para que miles, que digo, un millón de personas vayan a verla. Reconozco que es el sueño húmedo de todo crítico todopoderoso: hundir o elevar a los altares de la gloria (monetaria) una película. Vamos a poner el cartelito de color azul porque la estrella es...

 

 

Se trata de 'La estrella azul', escrita y dirigida por Javier Macipe y protagonizada por Pepe Lorente. ¿Que no conocen a Pepe Lorente? Un artistazo de Zaragoza. Al menos en el papel de Mauricio Aznar, un rockabilly aragonés que perteneció al grupo Más birras, creadores de 'Apuesta por el rock and rock', que luego versionara, entre otros, Héroes del Silencio

La carrera en el cine de Lorente no es de lo más vistoso (papeles secundarios en 'La maternal' o 'El reino'), algo más en series como 'Élite', pero fundamentalmente curtido en el teatro. Aquí tienen una imagen de él para que se vayan haciendo idea.


 

Atención a la interpretación de Pepe Lorente, a la altura de los grandes


'La estrella azul' se presentó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en septiembre del año pasado. ¿En la sección oficial? Pues no. Los cerebros de la organización decidieron arrinconarla en la de Nuevos Realizadores. Flaco favor le hicieron a la película y al Festival. Gol en propia puerta, que se diría en el argot futbolístico. Y menos se entiende la ceguera del jurado seleccionador de las películas cuando el propio director del certamen, Jose Luis Rebordinos, aseguró en un encuentro con medios que "la película de Javier Macipe va a ser una de las grandes sorpresas de este año, es muy hermosa y va a encantar al público".

Observen la puntuación sacada de Filmaffinity de las películas españolas que participaron en la Oficial y de la que no estuvo. Saquen ustedes las conclusiones:

  1. La estrella azul.......................7,8 ptos...............523 votos
  2. Un amor.....................................6,8 ptos.............2.386 votos
  3. O corno (Concha de Oro).......6,7 ptos.............2.164 votos
  4. Dispararon al pianista............6,4 ptos................840 votos
  5. El sueño de la sultana..............5,4 ptos...............343 votos


La película de Javier Macipe entra desde ya a formar parte de ese póquer musical reciente formado por 'Once' de John Carney, 'Searching for Sugar Man' de Malik Bendjelloui y 'Whiplash' de Damien Chazelle que me han marcado profundamente.

Lo digo desde el principio: para mí fue la revelación del Zinemaldia de 2023. Ni Wim Wenders ('Perfect Days'), ni Bayona ('La sociedad de la nieve'), ni Erice ('Cerrar los ojos'), ni siquiera la ganadora de la Palma de Oro, 'Anatomía de una caída' de Triet, lograron lo que 'La estrella azul' hizo: emocionarme y sorprenderme plenamente como espectador.

Al coproductor, Simón de Santiago, le ha caído la lotería, porque encontrar con un guion como este es "de esos guiones que lees pocas veces en la vida", como afirmó en una entrevista en el Zinemaldia. Y doy fe de que es así.

La pude ver en el Teatro Principal de San Sebastián. Y doy fe de que de las 33 películas que me tragué, esta es, junto con 'La sociedad de la nieve' y 'Cerrar los ojos', la que obtuvo una mayor ovación del público.

Javier Macipe es zaragozano y, a pesar de ser su ópera prima -si exceptuamos un mediometraje-, 'La estrella azul' muestra una puesta en escena propia de un director maduro, sin ínfulas de cine de autor estomagante, que sabe cómo dirigir a actores profesionales (de Goya no solo Pepe Lorente sino el que hace de su hermano Marc Rodríguez) como a los amateurs (Cuti y Mariela Carabajal). Un cine lleno de veracidad y dramatismo, pero que como buen maño -al igual que Luis Buñuel- impregna la historia de  una socarronería que te hace amar a los hermanos protagonistas.

Pepe Lorente interpreta a Mauricio, un roquero de los años 90 en Zaragoza. La escena inicial es tan buena que no sabes a ciencia cierta si ese que está subido en el escenario pertenece o no a una banda de rock auténtica, si el personaje que interpreta existió o no. Ese es el logro de Macipe, hacerte creer que todo tiene una base real. Y sin desvelar nada, algo de eso tiene como lo demuestra el final.

La ficción y la realidad están cosidas de un modo milagroso, es como la prenda con su forro. Macipe llegado el momento muestra el forro, las costuras. Y sorprende y emociona gratísimamente, pues no hay nada artificioso, que chirríe, que esté impostado. Es lo mismo que busca el cantante de rock: la autenticidad. 

 

Pepe Lorente, Mauricio; bailando una chacarera con Mariela Carabajal, actriz no profesional

 

Tres partes

La historia está dividida en tres partes: Zaragoza, viaje a Santiago del Estero (Argentina) y vuelta a su ciudad natal. En Zaragoza asistimos a la descripción del personaje, su familia, su amor (Bruna Cusí), sus ensayos musicales y su crisis personal.

La segunda parte, en su viaje sanador a Santiago, asistimos junto a Mauricio a la impregnación de una música -canción y baile- llamada la chacarera. La oímos y la bailamos a pesar de estar sentados en la butaca. La presencia de don Carlos, un anciano autor de hermosas composiciones chacareras y el recibimiento que le da, hace que esta parte sea hermosísima, pues asistimos a una sanación del alma -al menos, como dice Mauricio, "me has hecho salir del fondo en el que estaba"- y somos, además, copartícipes del milagro de su formación en el guitarreo de las chacareras y de la creación musical. Este encuentro con el maestro argentino encierra una historia preciosa, "que merece una película que llegue al mundo entero", afirma Macipe.

Según el director, el protatonista "representa una figura universal, el hombre que renunció al éxito para perseguir un sueño. Un hombre que se reinventó siempre para mantenerse genuinamente libre, al margen de las modas de la industria. Él medía el éxito con unos parámetros propios, le daba igual tocar en la calle o ante miles de personas".

La vuelta, tercera parte, no estará exenta de realismo duro. Mauricio tendrá que afrontar de nuevo sus demonios internos y familiares. ¿Sabrá vencerlos o alguien arrojará la toalla al verle noqueado en el último asalto de su vida?

Tendrán que verla para averiguarlo. Lo bueno de los artistas es que, aún abandonando el ring, siempre nos dejan su legado artístico. Y, créanme, Javier Macipe director ha empezado con esta magnífica obra a legarnos una película para la Historia.

Al tiempo.

Post data
 
Le comento ilusionado a un periodista de un gran medio vizcaino que poco bombo le ha dado a esta película. Y me responde: "Buff, no pude acabarla. No podía con el actor. Y estoy de artistas torturados... No conecté pero ya sé que está gustando mucho". También me ocurrió lo mismo cuando le dije hace ya más de un cuarto de siglo casi que acababa de ver un peliculón titulado "Deseando amar". Tampoco le gustó. En fin, sobre gustos...



 


domingo, 1 de octubre de 2023

El palmarés del Zinemaldia 2023: ellas los gordos, ellos las migajas

'O corno / The Rye Horn' logra la Concha de Oro de la 71ª edición del Festival de San Sebastián 


La directora Jaione Camborda se llevó la Concha de Oro por O Corno


El largometraje O corno (España-Portugal-Bélgica), dirigido por la donostiarra Jaione Camborda, se ha alzado con la Concha de Oro de la 71ª edición del Festival de San Sebastián. Los que me lean querrán saber la opinión crítica del que esto escribe. Bien, no puedo decir nada porque no la vi. De las 16 películas que iban a concurso, escogí 12. Es un riesgo dejar cuatro sin ver, lo sé. Pero en el menú siempre hay otros platos y sucede que hay que elegir los que crees te van a "alimentar" y con los que vas a "disfrutar" más. Cada vez tengo menos espíritu de sacrificio, y la sección oficial te obliga a inmolarte en la pira del aburrimiento en muchas ocasiones. Películas como MMXX de Cristi Puiu -la gran decepción- cuya duración de 160 minutos fue de récord, la lírica de Raven Jackson con All Dirt Roads Taste of Salt de una morosidad donde ves crecer la hierba o secarse la pintura, o La isla roja de Robin Campillo que no sabe ni él qué es lo que quiere contar sobre los militares franceses en Madagascar o Un silence de Joachin Fosse que, llevados más de 40 minutos de proyección, ¡todavía no sabes si eso que ves es carne o pescado! Y qué decir de ese cine feminista, de empoderamiento de la mujer como el caso de The Royal Hotel de Kitty Green o Un amor de Coixet, donde los indios (hombres) son los malos, y los vaqueros (mujeres) son los buenos, rebuenos.

Lo voy a decir antes de que se me olvide: este año debería haber quedado en blanco la Concha de Oro. El reglamento no lo permite. No ha habido ninguna obra que por su calidad destacase en demasía. Hablo de la ausencia de filmes sobresalientes, ni siquiera notables los ha habido. Incluso los periodistas que han seguido la Oficial al completo -profesionales y con años de experiencia en esto- así me lo declararon a la salida del Teatro María Cristina. ¡Qué rara es la unanimidad!

En mi retina quedan algunas que me han librado de hacerme el harikiri en el Kursaal, en el Teatro Principal o en el Victoria Eugenia. Son The Successor de Xavier Legrand, cuya idea de asistir a un funeral y realmente descubrir que no lloras por el difunto sino por otro deja al espectador conmocionado; Esto va a doler de Christos Nikou, que ha sido ayudante de direccion en películas como Canino de Yorgos Lanthimos o Antes del anochecer de Linklater, que le habrán servido para no aburrir al público y entretenerlo como lo hace este su segundo largo con una idea brillante: un dispositivo para poder saber si la pareja está enamorada, verdaderamente, uno del otro y sus efectos según el resultado; o Ex-husbands de Noah Pritzker que, aunque puede no ser de festival, al menos tiene el coraje de hablar de la soledad a que se enfrentan los hombres maduros y su relación con los hijos. 

Como ya sé de qué palo va este Festival, no me ha extrañado que la cineasta y presidenta del jurado oficial, Claire Denis, haya escogido una película dirigida por una mujer. Hay que empoderar el cine femenino. Son estos tiempos. El resto del Jurado -ignoro en qué grado han sido corresponsables- lo completaban la actriz Fan Bingbing -ganadora de una Concha-, la productora Cristina Gallego, la fotógrafa Brigitte Lacombe, el productor Robert Lantos, la actriz Vicky Luengo y el director Christian Petzold, que presentaba en la sección Perlas su película truño "El cielo rojo", y que fue la única de la que me largué de la sala. En otras ocasiones, he sido masoquista, o bien pudiera ser que en el asiento alguien hubiera derramado Loctite. 

Por cuarto año consecutivo, la Concha de Oro ha sido conquistada por una mujer después de Beginning (Dea Kulumbegashvili, 2020), Blue Moon (Alina Grigore, 2021) y Los reyes del mundo (Laura Mora, 2022). Además, O Corno es la primera película procedente del programa Ikusmira Berriak, coorganizado por el Festival de San Sebastián, Tabakalera y Elías Querejeta Zine Eskola, que consigue el máximo galardón en la Sección Oficial.

Más empoderamiento femenino. El jurado oficial ha decidido otorgar, además, la Concha de Plata a la mejor dirección a Tzu-Hui Peng y a Ping-Wen Wang por A Journey in Spring (Taiwán). Película que tiene su interés creciente en el relato de un anciano con cojera que ha dependido de su esposa a lo largo de los años. Viven en una vieja casa en la periferia urbana de Taipei y las directoras consiguen hacernos interesar por su relación, desgastada por años de matrimonio. Otra parte importante a raíz de un hecho dramático es la relación que hay con sus dos hijos. El uso de flashbacks y la puesta en escena hace que los 90 minutos vayan cobrando mayor interés en el espectador por estos personajes humildes y derrotados por la vida en su expectativas. 



Benjamín Naishtat y María Alché, guionistas de Puan, premios al guión y al actor, Marcelo Subiotto


El Premio al mejor guion ha sido para María Alché y Benjamín Naishtat por Puan (Argentina-Italia-Alemania-Francia-Brasil), largometraje dirigido por ambos. No fue el único premio que se llevó, algo a todas luces excesivo. Pero, ¿qué quieren que les diga? Tras años de quejarme por ningunear este festival las comedias, ahora que le dan dos galardones a una, no me voy a quejar, pues la disfruté. Puan es el nombre de la estación de metro donde se halla la Universidad Pública de Argentina. Relata la vida familiar y la labor docente en Filosofía de Marcelo. Lo mejor es la descripción de un país como Argentina que va al desastre. Lo que no tengo claro es que Alché y Naishtat apunten a las causas de este naufragio tanto de la crisis que afecta a Argentina como a la del protagonista, una especie de Peter Sellers en El guateque. 


PLENO MASCULINO A LOS PREMIOS DE INTERPRETACIÓN


La Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista recayó ex aequo en Marcelo Subiotto y en Tatsuya Fuji por sus respectivos papeles en Puan, de Alché y Naishtat, y Great Absence (Japón), de Kei Chika-ura. Nada que decir de Subiotto, cuya interpretación humorística aumenta en las escenas con Leonardo Sbaraglia, otro profesor de Filosofía que aspira a la cátedra vacante en la universidad. Tatsuya Fuji es un actor de 82 años que tal vez no les suene de nada. Sin embargo, su filmografía va desde de El imperio de los sentidos (1976) de Nagisa Ôshima, pasando por haber trabajado con directores japoneses de renombre como Takeshi Kitano, Takashi Miike o Naomi Kawase. Great Absence la programaron el penúltimo día en el Kursaal 1 con el director y el actor presentes a una hora no cristiana, las 15.30. Tras haber ingerido chuletillas de cordero y una gran copa de tinto Rioja en El Caserío, no estoy en disposición de valorar en su más justos términos una película de 152 minutos. Entre cabezada y cabezada, recuerdo que la película, a ritmo moroso, iba de un actor que ha vivido durante años distanciado de su padre, un profesor universitario jubilado que se divorció de su madre. La llamada de la policía hace que vaya a visitar a su padre, que sufre de demencia. Se topa que está conviviendo con una segunda mujer, que ha desaparecido misteriosamente. El filme no se cuenta linealmente, sino que tiene saltos continuos en el tiempo. Soy testigo de la gran ovación, no sé si porque había gustado al público o porque en Donostia gusta de recibir a los artistas con cariño y respeto -ya lo dijo Jennifer Chastain al afirmar que en ningún sitio te dan la bienvenida como en San Sebastián-.  



La Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto fue para Hovik Keuchkerian por su personaje en Un amor de Isabel Coixet. La verdad es que de esta historia lo único resaltable es la relación que tiene este personaje con la protagonista Nat, encarnada por Laia Costa, que trata de buscar en un pueblecito sin nombre la tranquilidad que no tenía en la ciudad, cuyo trabajo de traductora en -¡cómo no!- una ONG para inmigrantes y refugiados traumatizados, le ha marcado en su ánimo.   


RESTANTES CONCHAS


Isabella Eklöf, contenta al recibir dos distinciones, Premio Especial del Jurado y Fotografía, por su película Kalak


Dirigida por Isabella Eklöf, Kalak (Dinamarca-Suecia-Noruega-Finlandia-Groenlandia-Países Bajos) ha cosechado tanto el Premio a la mejor fotografía para Nadim Carlsen como el Premio Especial del Jurado "porque nos introduce en un mundo que ignorábamos por completo con unas interpretaciones sorprendentes y empáticas, y con una manera de mostrar el país, sus conflictos y su belleza escondida a través de un verdadero arte cinematográfico". No puedo echar pestes de esta película pues no la vi. Los que me hablaron de ella no lo hicieron con entusiasmo, aunque sí me advirtió alguno de que era "típica para premios en el Zinemaldia". Acertó de pleno. El tema de la pederastia, que ha sido tratado en varias películas, está presente aquí también.Jan huye de sí mismo tras haber sido agredido sexualmente por su padre. Viviendo en Groenlandia con su pequeña familia, ansía formar parte de su cultura abierta y colectivista y convertirse en un Kalak, un sucio groenlandés.


En el palmarés hay un debut en el largometraje (A Journey in Spring) y tres segundas películas (O cornoGreat Absence y Kalak).


Tras la gala tuvo lugar el estreno mundial de Dance First (Reino Unido-Hungría-Bélgica), la nueva película de James Marsh, que ha acudido a San Sebastián en compañía de Gabriel Byrne, Sandrine Bonnaire, Aidan Guillen, Fionn O'Shea y Leonie Lojkine. Después, a emborracharse y comer entremeses, que para eso paga el erario público.


OTROS PREMIOS OFICIALES


El Kursaal acogió la gala de clausura de la 71ª edición del Festival, en la que también se ha hecho entrega de otros premios oficiales.


Esta es la película que todos querrán verla cuando se estrene


Así tenemos que el Premio del Público Ciudad de Donostia, que eligen los espectadores de la sección Perlak, ha sido para La sociedad de la nieve de J.A. Bayona, que clausuró el Festival de Venecia. Habiéndola visto, no me extraña que la hayan escogido para los Oscar. Es un peliculón en toda regla. Soy testigo de que, en cierto momento de la proyección en el pase de prensa, el público respiró tras unos minutos de shock por lo que acababa de ver. Bayona ha depurado su estilo, sabe lo que es el montaje, los silencios y la música, los movimientos de cámara, cuándo acabar una escena y cómo crear una angustia y una alegría por ver a esos jugadores de rugby -actores desconocidos por estos pagos- sufrir y batallar por sus vidas tras un accidente de avión en los Andes. Alguno me decía que era muy Steven Spielberg, sin darse cuenta de que, en realidad, estaba siendo un piropo en lugar de un desdoro. Créanme, es la mejor película junto con Cerrar los ojos de Víctor Erice y La estrella azul de Javier Macipe que he visto en el Zinemaldia. 


La película revelación del Zinemaldia 2023: La estrella azul. En el centro su director, Javier Macipe


No me extraña que esta última, La estrella azul, haya conseguido el Premio TCM de la Juventud. No es de recibo que la hayan metido en Nuevos Realizadores, ya que su calidad es sobrada para haber participado en sustitución de alguna de las películas españolas que han estado en la Oficial. Estamos en los años 90 en Zaragoza. Un famoso rockero tiene bolos pero su carácter "especial" y su caída en la droga le hace tomar la decisión de recorrer Latinoamérica para poder salir de su fondo e inspirarse en un folklore auténtico de canciones típicas de Santiago del Estero, las chacareras argentinas. Allí conoce a un anciano músico en horas bajas como él y de su encuentro nace una amistad que le servirá para volver a su Zaragoza natal y tratar de seguir con su carrera musical. Unos diálogos soberbios, llenos de verdad, sequedad y humor, con esa socarronería maña, una historia contada a base de situaciones que sorprenden al espectador. Dará que hablar.

Hay otras películas reseñables, claro. Por ejemplo el Premio del Público a la Mejor película europea se lo ha llevado Io capitano (Yo, capitán) (Italia), con la que Matteo Garrone ganó en Venecia el León de Plata al mejor director y Seydou Sarr el Premio Marcello Mastroianni a mejor intérprete joven. A pesar de la dureza de la historia, Garrone da un respiro al espectador en el seguimiento de esta épica historia de dos primos que abandonan Dakar para ir a Europa.


Finalmente, Bahadur The Brave (India), el debut de la cineasta Diwa Shah, ha conseguido el Premio Kutxabank-New Directors, mientras que el Premio Horizontes ha recaído en El castillo (Argentina-Francia-España), primer largometraje en solitario de Martín Benchimol. El Premio Zabaltegi-Tabakalera ido a parar a El auge del humano 3 de Eduardo Williamsl.

Además, el Premio Irizar al Cine Vasco lo ha ganado El sueño de la sultana (España-Alemania), el debut en el largometraje de la directora de animación Isabel Herguera, mientras que Fingernails (Esto va a doler) (EEUU), segundo filme de Christos Nikou también incluido en la Sección Oficial, ha logrado el Premio FIPRESCI. Esto va a doler es una comedia romántica muy entretenida que mereció alguna distinción, pero ya se sabe que cuando una obra no aborda cuestiones sociales y de índole de izquierdas, lo único que le queda es triunfar en la taquilla.


Premio Donostia 2023 a Víctor Erice


De todos los momentos, me quedo con haber podido estar frente a Víctor Erice, que presentaba en rueda de prensa su testamento cinematográfico Cerrar los ojos. Escucharle hablar te hace aprender, no como la inmensa mayoría de hoy, que no sabe poner sujeto, verbo y predicado en su sitio. Se presentó con una camiseta con imágenes de los orígenes del cine de los Hermanos Lumière. De su intervención a preguntas de la prensa destaco esto:

"De ese proyecto original, sólo queda hoy la sala cinematográfica. Hoy las películas se producen, se realizan y se distribuyen de una manera completamente distinta, es otro mundo al que yo llamo el mundo del audiovisual. Sólo queda la sala y, prácticamente, como residuo. Una verdadera película reclama como medio natural absoluto la sala cinematográfica. Pero hoy sabemos que las grandes corporaciones tienen fundamentalmente una tendencia a apoderarse de todas las ventas, y eso incluye no sólo la televisión, sino las tabletas, los móviles... pero con eso se pierde uno de los proyectos originales del cine desde su nacimiento: ver una película era un acto de contemplación. Lo que ha cambiado es la experiencia de ver películas como una actividad que se desarrollaba en el conjunto de la sociedad -uno abandonaba por unas horas el cerco familiar- y encontraba en la sala de cine a los demás. Era una experiencia ciudadana, compartida. Y el desarrollo tecnológico nos ha conducido al hecho de que contemplar una película tenga lugar en la privacidad doméstica, que ya no es lo mismo. El impulso de las fuerzas que dominan la economía del cine y del desarrollo tecnológico es que nos quedemos en nuestro rinconcito, con nuestro artilugios técnicos. Yo reclamo, reivindico la experiencia pública, la experiencia pública".

Toca cerrar los ojos y escucharle. 





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