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domingo, 10 de noviembre de 2024

Jurado nº 2 (2024)

  Soy un ohtaku de Clint Eastwood



En muchas ocasiones, ponerme delante de la hoja (ahora es una pantalla pero tan nívea como la cuartilla) se me hace cuesta arriba. No es que no sepa de qué escribir; el bloqueo surge de no saber de qué modo he de escribirlo para que tenga interés para el sagrado lector. Voy a intentarlo.

Esta semana he quedado con Harry Lime, buen amigo de la universidad. Es el único que hice. Bueno, a decir verdad, el único que conservo. Quedamos como si fuéramos dos espías, uno del CNI y otro de la CÍA en el restaurante Ohtaku Ramen de la calle Heros, 14. Sin gabardinas. Supongo que tras haber estado en los dos principales festivales de este país, querría que le pasase información valiosa. Y yo informarme de si Nico Williams seguiría en el Athletic, aunque barruntaba que en el CNI esa información, si la sabían, él no me la iba a dar.

Llegaba tarde. Él había pedido ya y nos dimos un abrazo efusivo vasco. Nos miramos para saber si el paso del tiempo nos había mejorado o no el aspecto. Él me vio inmejorable. Yo callé. También Carmen Maura tenía una aspecto divino en Mujeres al borde de un ataque de nervios y no es que, digamos, lo estuviera pasando fetén, recién embarazada de un doblador (Guillén) que la había abandonado.

—¿Qué películas has visto que merezcan la pena? —me pregunta mientras me indicaba que ya había elegido de la carta un Miso Tantanmen con extra de huevo ecológico de 15,95 €.

La verdad es que esa pregunta, que creí que me lanzaría a bocajarro, no la formuló en toda la comida, mientras la jovencita camarera se acercaba para preguntarme qué es lo que deseaba.

—Quiero una Trufa Tori, también con extra de huevo ecológico —le solicito.

—Eso sube el precio a 16. 50 € si quiere el extra —comenta a modo de aclaración.

—Da igual. Póngame, además, un copa de crianza. ¿No bebes nada? —le pregunto a Harry Lime.

 —No, el plato ya va con mucho caldo.

La camarera se va. Tras una pausa, le comento:

—He visto la última de Clint Eastwood, Jurado nº 2. Está funcionando bien en taquilla. Es una historia sencilla pero que se ve con mucho interés. Puede que la sombra de Doce hombres sin piedad de Sidney Lumet se note. Pero si en esta de lo que se trataba era de dirimir si había una duda razonable para no llevar a la pena de muerte a un acusado de asesinato, en la de Eastwood se añade un dilema.

Vuelve la camarera con los cuencos de comida japonesa y la copa de crianza marca Covila 2,95 €. Lime  me sigue escuchando con interés al tiempo que come con apetito. Echo en falta esos sorbos que tan gozosamente oigo en las películas chinas y japonesas. En Europa, es señal de mala educación. Pero a mí ese sonido me parece gozoso.

—Imagínate que vas a tener un hijo pronto pero te llaman para ser miembro de un jurado. Se juzga un caso en el que un tipo en una noche lluviosa tras una discusión mata a su novia. Se juega la cadena perpetua. Pero te das cuenta, por una sospecha muy poderosa, de que él no ha cometido el asesinato. Sin embargo, si le defiendes alguien de tu familia puede verse implicado y pringar. ¿Qué harías?

—Proteger a mi familia.

—¿A pesar de que el acusado sea inocente?

—Inocente o no inocente, mi familia es lo primero.

Barrunto que Clint Eastwood sonreiría con esa mueca picarona al escuchar la respuesta de mi amigo Lime.

—¿Tiene ya más de noventa tacos, no? —pregunta Lime, mientras remata el cuenco del miso Tantanmen.

—Sí, 94 para ser exactos. Dicen que está en forma, pero a esa edad uno ya no puede más que aspirar a no defraudar... artísticamente hablando. Y, la verdad, con esta peli no defrauda. Billy Wilder llegó a los 95 años pero su última película, Aquí un amigo, la dirigió con 75 años. Después se dedicó a recoger premios y galardones. Los mismos magnates de la industria que le llenaban de honores no le dieron más oportunidades de dirigir nuevas películas.

—Eran otros tiempos.

—Y que Eastwood tiene una productora propia, Malpaso, con la que realizar sus obras que las venderá a la Warner, supongo.

Pedimos los postres. Lime, dos mochis de 5,60 €, y yo helado de chocolate por valor de 2,95 €. 

—Antaño siempre que se estrenaba una obra de Clint Eastwood iba con Molécula. Recuerdo haber visto películas con él como En la línea de fuego, Poder absoluto o Ejecución inminente.

—A mí me llevaste a ver Sin perdón.

—Sí, les llevé a mis aitas y a una novia también. Cuatro veces la vi llevando a las personas que quería.

Se hizo un silencio. Un tiempo ido en el que ir acompañado a ver una de Eastwood era un acontecimiento. ¿Qué será de Molécula?

 

Laura Poitras presentando su documental en el Museo Guggenheim de Bilbao

 

 

—Esta semana se celebra el ZINEBI como ya sabes —le recuerdo. —Fui a ver La belleza y el dolor de Laura Poitras en el Museo Guggenheim. Le han otorgado el Mikeldi de Honor en esta edición.

—¿De qué trata? —me pregunta saboreando la segunda bolita de mochi. 

—Es un documental sobre una reputada fotógrafa llamada Nan Goldin. Estuvo en la contracultura de los 70 y 80 de Nueva York, relacionada con el ambiente gay, el sida y coqueteando con la droga. Me ha gustado mucho por su estructura.

—¿Estructura?

—Sí, vamos, por el montaje. Va alternando su vida descrita con fotografías familiares y hechas luego por ella, fragmentos de cine, vídeos, etc. y la contrapone con una etapa de su vida en la que casi la lleva al cementerio por la toma y dependencia a un medicamento llamado oxycontin.

—¿Eso no es un opiáceo? —pregunta Lime, a la par que alza la mano para pedir la cuenta—. Tengo que volver al CNI —y me guiña un ojo.

—Sí, el oxycontin lo fabricaba la dinastía farmacéutica de los Sackler para el dolor desde 1995. Y se convirtió en un éxito de ventas. El problema...

—Era que creaba dependencia cada vez mayor, ¿no?

—Exacto. Hasta el punto de que más de medio millón de estadounidenses murieron por ello. Esa es la parte que lleva a una emotiva secuencia: Nan Goldin crea una asociación que lleva a los tribunales a la empresa farmacéutica de los Sackler, y les obliga a escuchar ciertos testimonios de lo que ha provocado su medicamento, el oxycontin.

La camarera deja una cajita con la cuenta. La miro y veo un total de 43,95 €. 

—Pago yo —disparo rápido como si fuera Harry Callaham.

Le comento que hay muchas concomitancias entre Nan Goldin y yo. La cámara nos servía para poder relacionarnos con el mundo, ya que la timidez y la fobia social siempre nos ha impedido conectar con el "otro". La fotografía es una manera de poder expresarte, dejar constancia de tu existencia y la de los demás y de la vida a tu alrededor. Cada vez me gustan más los documentales, los buenos, claro, por encima de la ficción. No me extraña que La belleza y el dolor de Laura Poitras ganase en Berlín el Oso de Oro hace dos años. Este año en el Zinemaldia también ganó otro documental: Tardes de soledad de Albert Serra. 

Harry Lime mira el móvil como buscando algo y comenta:

—Es curioso que el título en inglés de la obra de Laura Poitras sea All the Beauty and the Bloodshed —me comenta saliendo del Ohtaku a la calle. —Bloodshed significa matanza, no dolor. Los Sackler en este caso no estaban ante un dilema.

—No, prefirieron seguir vendiendo un fármaco que tenía consecuencias fatales. Tal vez por eso lo tituló matanza. La belleza era lo que Nan Goldin quería captar con su cámara. Era una gran fotógrafa documentalista.

Y así nos despedimos con otro abrazo, efusivo y muy vasco. Lástima que no hiciera una foto del momento. Nan Goldin seguro que lo habría inmortalizado.



lunes, 1 de mayo de 2023

Meryl Streep, más que Princesa en 2023

 

MERYL STREEP, LA REINA DE LOS PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS EN 2023

El pasado miércoles, 26 de abril, se dio a conocer el primero de los ocho galardones de los Premios Princesa de Asturias 2023, el de las Artes. Fue a parar a la actriz norteamericana Meryl Streep. A la hora de justificar el premio, mira que podríamos haber tirado por lo más sencillo y evidente. Street atesora una carrera interpretativa en el cine llena de reconocimientos, con tres premios Oscar, ocho Globos de Oro, dos BAFTA y tres Emmy, además de un sinfín de candidaturas. A lo que podría añadirse, porque ahí estuvo el que esto escribe,  un Premio Donostia en septiembre de 2008. Así que se podría decir eso de que, tras más de cuarenta años de carrera como actriz, Meryl Streep está considerada como una de las mejores actrices contemporáneas y por eso le damos este galardón.


 

POR LA IGUALDAD DE LA MUJER

Pero no, el jurado, formado por 16 personas expertas en diferentes ámbitos de las artes y presidido por Miguel Zugaza Miranda, justificó el premio en su acta “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia”. ¿Qué hay que dignificar hoy en día, el arte de la interpretación femenina? ¿No está dignificado? ¿Si una vida artística no es ética y coherente ya no es merecedora de elogio?

En el acta se añade que es una “activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”. Y ya se metió el tema de la igualdad, como si habría que incorporarlo no como algo accesorio al premio sino como algo básico. Así que parece que si un artista no está luchando en paralelo por la igualdad de los seres desarrapados, ya se puede dar con un canto en los dientes si su trabajo actoral es reconocido. Más parece una justificación para el Princesa de Cooperación o el de la Concordia que de las Artes.

CONOCIMIENTO CARNAL

Mi primer conocimiento de esta actriz, lo recuerdo porque asistí con mi hermosa novia, fue en el cine Gran Vía de Bilbao en 1986 con Memorias de África (Out of Africa, 1985) de Sydney Pollack. Una mujer que sufre mucho porque se ha casado con el barón Blixen, quien además de ponerle los cuernos le pega una enfermedad de transmisión venérea. Fue la época en que no sabíamos lo que era el sida pero pronto lo sabríamos. Afortunadamente, Karen Blixen era una mujer alejada ya  del prototipo de la época dorada de Hollywood, y lejos de interpretar a un ser sufriente, que también, sigue adelante con la plantación de café en Kenia y no se arredra antes los infortunios de la vida. La aparición de un joven aventurero y romántico, encarnado por Robert Redford, hará que la vida en África sea menos dura… hasta que la avioneta se estrelle. También me estrellé con mi novia.

Otra película en la que me acompañó Meryl Streep en mi vida sentimental fue en Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995). La vi en el desaparecido Gran Cinema de Las Arenas con una chica sensible, de voz cautivadora pero lo suficientemente fea, hoy diríamos poco atractiva, como para no enamorarme. De la que sí caí prendido fue de Francesca Johnson en la pantalla, mujer de orígenes italianos que lleva una vida gris, atendiendo en una granja en Iowa a sus dos hijos y a un marido más insípido que las comidas que tomo ahora por la hipertensión.

Rondando ya los 50 años, edad en la que una misma ya empieza a sospechar que nadie la va a mirar con deseo, a Francesca se le aparece un ovni encarnado en un fotógrafo llamado Robert Kincaid (Clint Eastwood), que se acerca al condado de Madison a fotografiar unos viejos puentes para la National Geographic. Aquel dolor de cabeza que me acompañaba mientras la veía en primera o segunda fila (tiempos en que los cine de barrio se llenaban) me obligó a que volviera a verla semanas después, esta vez sí para gozar y sufrir en plenitud de la escena de  la camioneta parada ante el semáforo rojo, mientras la lluvia caía sobre…  mis ojos. ¡Nunca 45 segundos del rojo al verde me parecieron más eternos!

OTRAS PELÍCULAS DESTACABLES

No comparto ese entusiasmo por Las horas (The hours, 2002) de Stephen Daldry, de la que apenas recuerdo más que estaba acompañada por otras dos adorables y admirables actrices como eran Julianne Moore y Nicole Kidman. Película que ha pasado más por el recurso de la nariz postiza y el rostro afeado de la Kidman que por su temática feminista, la homosexualidad y el sida.

Y ya que estamos de recuerdo justificativo del premio Asturias quiero reseñar antes de irme a buscar novia en Meetic que vean dos películas que, si no sobresalientes, sí al menos notables, en la que está la señora Streep. Una es La duda (Doubt, 2008) de John Patrick Shanley. Adaptación homónima de una obra teatral, dirigida por el propio autor, reúne al fallecido y extraordinario Philip Seymour Hoffman y a una joven Amy Adams. Brillantes diálogos sobre una historia rica en temas, principalmente el tema de abusos en un colegio religioso.

Y, por último, Agosto (August, 2013) de John Wells. Otra adaptación de una obra teatral donde Streep, enferma de cáncer, no hace sufrir tan solo a toda su familia sino a todo la platea al verla echar espumarajos por su boca interpretativa de 18 kilates.

Meryl Streep acompañará, cuando reciba allá por octubre dicha distinción, a Luis García Berlanga, Fernando Fernán Gómez, Vittorio Gasman, Woody Allen, Pedro Almodóvar, Michael Haneke, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Ennio Morricone y John Williams en el panteón de las Artes de los Premios Asturias. Única mujer en ese estrellado panteón cinematográfico como pueden ver. Pero la cuarta en estas últimas tres ediciones. Toca compensar.

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