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miércoles, 28 de septiembre de 2022

Concha de Oro: Los reyes del mundo

CONCHA COLOMBIANA Y FEMENINA


 

Los reyes del mundo de la colombiana Laura Mora se alzó con la Concha de Oro en la 70 edición del Zinemaldia. Tendríamos que retrotraernos a 2013 cuando otro país hispanoamericano se alzó con el premio gordo, en aquella ocasión Venezuela. O a 2001 cuando fue a Chile para apoyar la cinematografía de aquel país, según justificó el jurado en aquella ocasión.

Laura Mora no es nueva en este festival. Ya con su primer largometraje, Matar a Jesús (2017), recibió en 2017el Premio de la Juventud. Ya se sabe que los festivales son como los clubes con su cantera: hay que cuidarla desde el inicio... sobre todo si (se sospecha que) es buena.

Los reyes del mundo narra la historia de cinco chicos de la calle en Medellín, cinco reyes que evidentemente no tienen nada. Sin ley, ni familia, emprenden un viaje en búsqueda de la tierra que uno de ellos ha heredado de su abuela. Al Zinemaldia le gusta el cine social o político, y este lo es. A la crítica en general le convenció bastante, así que nada, todos contentos o, cuanto menos, una decisión que no cabreó en demasía. 

Eso sí, Rebordinos y muchos se quedaron con la imagen del Festival: la bajada por las escaleras al escenario del Kursaal de los cinco protagonistas llorando y aclamados por el público asistente. Como recuerda Juan Zapater en Noticias de Gipuzkoa, el jurado "se ha movido dentro de esa coherencia parroquial que confunde sensibilidad social y/o corrección política, con calidad artística"

Es el tercer año consecutivo que una película dirigida por una mujer se alza con la Concha. Es como si hubiera una premura por resarcir el olvido del cine hecho por mujeres. Habría que recordar que hasta hace poco, la mayoría lo dirigían hombres.

El segundo premio en importancia, el Especial del Jurado, fue a parar también a otra directora, Marian Mathias por Runner. Es su primer largometraje. Sus 76 minutos se les hicieron a muchos pesadísimos. Es la historia de una chica llamada Haas cuyo padre ha fallecido. En su viaje con el ataúd a Illinois conocerá a Will, que juntos emprenderán un recorrido por el vasto paisaje de Estados Unidos.

La enfermedad del Alzhéimer es el asunto que está presente en A Hundred Flowers, la relación entre una madre enferma y su hijo. Su director, el japonés Genki Kawamura (Yokohama, Japón. 1979), se ha llevado el premio al mejor director. Kawamura ha producido más de treinta películas y era guionista antes de ponerse por primer vez detrás de la cámara. 

Llama la atención que el cine español, que según crítica y público ha presentado un muy buen nivel con Suro, La consagración de la primavera, Girasoles silvestres y La maternal, haya recibido escasa atención en el palmarés. No se puede acusar al Zinemaldia de chovinismo. Tan sólo la directora Pilar Palomero (la tercera mujer que participaba en la sección oficial) logró la pedrea con un premio a una actriz de su película. 

Suro de Mikel Gurrea no se fue de vacío, ya que al menos logró premios no oficiales: el premio Fipresci de la crítica y el premio (casero) al cine vasco.

DESPROPÓSITO DEL JURADO

En cuanto al apartado interpretativo seguimos manteniendo la decisión, errónea a mi modo de ver, de haber suprimido las dos categorías por sexo. Y como no querrían quedarse con un solo premio, se les ha ocurrido que la mejor interpretación se desglose en protagonista y reparto. Soberana estupidez perpetrada al amparo de la nueva oleada feminista.

Volvemos a premiar ex-aequo a dos actores a mejor interpretación protagonista. Paul Kircher por Le Lycéen y Carla Quílez por La maternal. Con Carla es el único premio que el cine español ha arrancado al jurado. Pilar Palomero encontró a la protagonista de La maternal en Instagram. Es la intérprete más joven en ganar la Concha de Plata a la mejor interpretación en el festival. ¿Ustedes creen que es normal esto? Hace años que en los premios Goya no se premia a nadie menor de 16 años. Lo mismo podríamos decir de la edad de Paul Kircher, que ni buscándola en San Google la hallo.

Y ya para rematar el disparate, el premio al mejor reparto fue para otra actriz joven argentina, Renata Lerman. Lo dicho, viva la juventud con talento. Ya veremos qué deparan sus carreras... si es que las tienen.

Como el presidente del Jurado, Matías Mosteirín, era argentino, tuvimos que escuchar que el premio a la fotografía era para una de las peores películas recibidas en la sección oficial: la argentina Pornomelancolía. Menos mal que Glenn Close no estaba.

Jose Luis Rebordinos y su equipo deberían plantearse que no hubiera entre esos doctos miembros del jurado personas de la misma nacionalidad que las películas a concurso. Al menos algunos premios cantarían menos.

 

PREMIOS

Concha de Oro a la mejor película

Los reyes del mundo de Laura Mora

Premio Especial del Jurado

Runner de Marian Mathias

Concha de Plata a la mejor dirección

Genki Kawamura por Hyakka (A Hundred Flowers) 

Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista

Paul Kircher por Le Lycéen (Winter boy) de Christophe Honoré

Carla Quílez por La maternal de Pilar Palomero

Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto

 Renata Lerman por El suplente de Diego Lerman

Premio del Jurado al mejor guión

 Dong Yun Zhou, Wang Chao por Kong Xiu (A Woman)

Premio del Jurado a la mejor fotografía

Pornomelancolía de Manuel Abramovich

 

sábado, 24 de septiembre de 2022

Y la Concha de su madre es para...

 La previa a la Concha de Oro

 


A menudo me tomo Enalapril/Hidroclorotiazida, un medicamento para la hipertensión, sin nada, a palo seco, debajo de la lengua: es amargo... como la vida misma. Es una manera de recordar -aún más- el sabor diario de la vida. A estas alturas del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, SSFII, todo está visto y opinado. El reparto de premios casi siempre ha sido como tomarse enalapril... por su sabor, pero la hipertensión siempre me ha subido. Es lo que tiene no coincidir con el Jurado.

 Ahora será éste el que tenga la última y decisiva palabra. Preside Matías Mosteirín, productor argentino, en sustitución de la caída a última hora la actriz Glenn Close. Junto a él, conforman el tribunal una directora francesa de casting, Antoinette Boulat, una directora y guionista danesa, Tea Lindeburg, una periodista y novelista, Rosa Montero, un cineasta de Lesoto y un director islandés de nombre Hlynur.

El no haber asistido este año, y estar pendiente por diferentes medios de lo que allá se ha cocido, me va a permitir que esta tarde la decisión de quién se lleva tal o cual premio me traiga al pairo. Eso que gana mi salud.

Voy a darles unas pinceladas que he podido contrastar de lo que ha sucedido (o va a suceder) este año frente a otras ediciones que sí he tenido el placer de disfrutar. Empiezo al revés.

  1. La idea de ofrecer el último día una película sorpresa, Blonde (2022) de Andrew Dominik, hace que la película de clausura, Marlow (2022) de Neil Jordan quede eclipsada ante las expectativas de los informadores de cine.
  2. Que de los 7 premios oficiales, uno al menos irá a alguna película de las cuatro españolas que participan.
  3. Otro premio, al menos, irá a una película hispanoamericana.
  4. Y otro a una película de cine de autor: al coreano Hong Sang-soo, al austriaco Ullrich Seidl o a Jaime Rosales.
  5. En la Sección Oficial siempre hay la siguiente distribución en cuanto a calidad: alguna sobresaliente de vez en cuando, de dos a cuatro películas notables, unas seis a ocho pasables y el resto para echar la siesta o, como se hacía antes, al mercado del videoclub (ahora plataformas).
  6. Las ruedas de prensa cada vez son menos numerosas en cuanto a prensa. Tan sólo tengo que recordar cómo se llenaba la sala hace años y ahora ni con Ana de Armas. Cada vez pintamos menos.
  7. El SSIFF sigue siendo un buen termómetro de la calidad del cine español. Salvo Almodóvar, Amenabar, Bayona y algún otro más que está en disposición de elegir otros festivales, quien no está en San Sebastián, malo.
  8. Que al equipo de Rebordinos le cuesta Dios y ayuda encontrar una comedia para la sección oficial. Siguen buscándola año tras año.
  9.  David Cronenberg confiesa que hace años que no pisa una sala. "El streaming es el futuro y la muerte de la vieja forma de ver cine".
  10. La sección Perlas, filmes de otros festivales, sigue siendo la tabla de salvación cuando otras secciones te empujan a odiar la cosecha del año. 
  11. Que el traductor al español sigue siendo el mismo. Y pésimo. ¡Si es australiano!
  12. La ciudad sigue siendo cara: para comer, alojarse y beberse un trago de vez en cuando.

Y una curiosidad. Me ha dado por comparar las votaciones de Filmaffinity, la base de cine en español, con la media de las puntuaciones de diversos medios que aparece en el Diario Vasco. Pues bien, pongo aquí las cinco películas en orden de mejor puntuación en cada caso. ¿Variará mucho?

 

Público Filmaffinity                                                            Crítica

1. La maternal.                                                          1. La consagración de la primavera.

2. La consagración de la primavera.                     2. Sparta.

3. Suro.                                                                        3. Suro.

4. Los reyes del mundo.                                           4. Walk up.           

5. Sparta.                                                                     5. La maternal.

Luego dicen que la crítica y el público suelen distanciarse. Tal vez, el público de hoy no sea tan ignorante como antaño. Alejandro G. Iñárritu llega a decir que "una película que gusta a todo el mundo es muy sospechosa". ¿De qué? Lo sospechoso es que una película no concite el aplauso unánime del espectador.


martes, 20 de septiembre de 2022

Finding Jack Charlton (2020)

ALGO MÁS QUE FÚTBOL


 

Ayer lunes asistí a la inauguración de Thinking Football Film Festival -es ya un hábito usar la lengua de Shakespeare arrinconando las dos nuestras, euskera y castellano- en su 10ª edición. 

Para los que no sepan de qué va el festival les diré brevemente que su temática es el cine y el fútbol y está organizado por la Fundación Athletic Club con la colaboración de la Sala BBK.

Desde su primera edición en el año 2013, el festival ha ido creciendo en prestigio hasta convertirse en uno de los festivales de fútbol y cine más importantes del mundo, al menos eso dice su página web y no seré yo, también de Bilbao, quien lo contradiga.

Acudió el actual presidente del Athletic Club, Jon Uriarte, para dar la bienvenida a los asistentes en la sala BBK de Bilbao, que dicho de paso estaba atestada. Eso sí, las entradas no son al precio de San Mamés: son gratuitas.

Me sorprendió que reconociera que antes de aspirar a la presidencia desconocía el fundamento y la repercusión del festival que organiza la Fundación Athletic; menos me sorprendió que no se quedara, aunque tuviera una buena excusa: viajar a Madrid por la noche por motivos laborales.

Vamos al grano. Les dejo en este enlace la programación de las películas que la organización ha tenido a bien organizar desde el pasado lunes hasta el domingo 25 de septiembre de 2022.

https://thinkingfootballfilmfestival.com/es/programa/

El pasado lunes se proyectó Finding Jack Charlton (2020) de los directores Gabriel Clarke y Pete Thomas. He de reconocer que soy un poco futbolero, antes más pero desde la Ley Bosman, futbolista belga cuyo caso laboral supuso que se aboliera el cupo de jugadores extranjeros de la UE en los clubes, hizo que la sorpresa en el fútbol se redujese. ¿Quién me iba a decir que en época de Franco el Athletic Club tuviera más opciones de ganar la Liga o la Copa que hoy en día? ¿Se acuerdan de aquel mantra de que siempre se favorecía al Real Madrid, el equipo del régimen?

Me centro. Jack Charlton, el protagonista de esta historia, era el mayor de dos hermanos ingleses que tuvieron la suerte de jugar la final de la Copa del Mundo de 1966 en Wembley y, además, ganarla a Alemania (la Federal, pues había dos en aquella época) por 4-2.

El documental -créanme que habría que inventar una palabra distinta porque nada más pronunciarla la gente deja de leer o le entran pocas ganas de verlo-, aborda la vida y obra de este jugador y, sobre todo, entrenador, siempre a la sombra de su hermano menor, Bobby Charlton. Ya saben que los defensas, como era el caso de Jack, siempre lucen menos que los medios o delanteros, como era el caso de Bobby. La viga frente al balcón de un edificio, ya me entienden, luce menos.

 Desde el principio, sabemos que Jack sufre de demencia, una enfermedad neurológica que va destruyendo los recuerdos. De ahí el título de "finding" (buscando), pues, aunque sus directores sabían de la enfermedad del protagonista, no sospechaban que ya estaba tan avanzada y que rodar con él y extraer recuerdos "valiosos" iba a ser tarea ya imposible.

Por ello se rodean de protagonistas que le acompañaron. El documental se centra desde el momento en que un buen día el presidente de la federación irlandesa llama a un inglés (!), Jack Charlton, para entrenar a la selección de Irlanda hasta que dimite, diez años después. Era como llamar al cholo Simeone a que entrenara a nuestro club el Athletic. Y, contra todo pronostico, Jack Charlton logra algo más que congregar a un buen ramillete de jugadores irlandeses (casi todos o todos jugando en la liga inglesa) para clasificarse por primera vez a un torneo internacional, en 1988 para la Eurocopa de ese año y jugar el Mundial de fútbol de 1990 y 1994. Ese logro es más social y político. Lo verán en la película si se animan a verla.

Participan en el documental otras voces destacadas de aquella memorable selección irlandesa de finales de los ochenta y comienzos de los noventa, como Andy Townsend, Paul MacGrath, David O’Learey, Niall Quinn o Pat Bonner.

Una aclaración para los aprensivos como yo. Aunque se aborde la enfermedad de Jack Charlton, la demencia, la obra está repleta  de buenos momentos y de humor. De hecho, el documental acaba con Jack contando un buen chiste mientras discurren los títulos de crédito.

Tres apuntes sobre Finding Jack Charlton en esta crónica a vuela pluma que me permiten hablar de una obra emotiva, interesantísima y recomendable. A lo largo del metraje de 97 minutos aparece una pilastra cubierta de notas manuscritas en las que aparecen frases sueltas sobre indicaciones tácticas futboleras, características de jugadores, actitudes ante el vestuario, etc. de Jack. Son notas que van desentrañando los recuerdos de un entrenador que ya no los tiene. Las palabras, como si fueran relámpagos en la mente del entrenador, sobresalen de las notas en diferentes momentos para ilustrar distintos capítulos.

Un segundo apunte. Escuchar a un jugador, creo recordar, que dice que los recuerdos que más se retienen son aquellos que más emoción nos han provocado. ¿Habrá alguno que no vaya ligado a una intensa emoción? Los recuerdos de un futbolista o de un entrenador son recuerdos emocionantes, pues están fabricados de las alegrías o tristezas de miles de hinchas testigos de sus proezas o fracasos en el terreno de juego.

Y para acabar, el tercer apunte es muy tierno. Cuando los espectadores acuden a los campos o se ponen ante la pantalla del televisor a ver un partido, uno no conoce la intrahistoria de lo que pasa en el vestuario antes de saltar al terreno de campo. Por ello, Finding Jack Charlton nos descubre el episodio de un jugador, Paul McGrath que llegó a sufrir de delirium tremens por el alcoholismo pero que fue un defensa importante en aquella época para el equipo irlandés. En una ocasión, cuenta él mismo, estando en la selección, sufrió de los temblores típicos de los alcohólicos. Él estaba en la cama y el entrenador Charlton se le acercó y arropándolo, le dijo: "No sabía hasta qué punto estabas mal, Paul". Se comportó con el cariño que hubiera recibido Paul si su padre lo hubiera reconocido en lugar de ser un hijo abandonado en un orfanato.

En una nota de esa pilastra, se dice que Charlton era un "dictador amable". En la escena anterior, se resumen tal vez, la esencia de un inglés que se hizo querer en Irlanda. Y no sólo por haber ganado a Inglaterra en el campo de fútbol un 12 de junio de 1988 por primera vez.


 


martes, 13 de septiembre de 2022

El Multimillonario (1960)

 SER OTRO PARA SER UNO MISMO

Aprovecho que por el festival de Venecia ha pasado sin gloria de premios la última obra de Andrew Dominik, Blonde, para hablarles de la Rubia. Nunca una metonimia estuvo más justificada, aunque en la película de la que voy hablar iba de rubia  platino.

La 20th-Fox tenía bajo contrato a Marilyn Monroe en 1960 y era la estrella más taquillera del estudio. Como el director George Cukor ya se había labrado una fama de director de mujeres, pues era capaz (según la actriz Bankhead) "de sacar a relucir lo mejor de cada mujer", el mandamás de la Fox le propuso el rodaje de El multimillonario (1960). A Norma Jean le quedan dos años de vida y una película más.

El argumento se centraba en torno a un adinerado llamado Jean-Marc Clément (Yves Montand) con poca gracia para contar chistes pero dueño de una fortuna y gran inversor en obras de arte. Un buen día se entera por la publicación Variety de que va a ser caricaturizado en una revista musical de título "Let's make love".

Le  pica la curiosidad y asiste al ensayo. Allí se topará con una corista llamada Amanda (la Monroe) que en esos momentos ensaya el tema "My name is Lolita" -todo un guiño a la novela de Nabokov-, y de la que se acabará locamente enamorando. Y yo también, para qué mentirles: ¡ese sueter hasta el ecuador y los dos continentes cubiertos con pantys! 

Clément tiene dos opciones: conquistarla por la vía de epatarla con su estatus y con pulseras de diamantes (cauce habitual con otras) o por la de hacerse pasar por un humilde aspirante a actor con gran parecido a uno de los que se ridiculizan en la obra: él mismo. Elegirá la segunda, con lo que esa falsa identidad será la base humorística de todo diálogo con ella.

Como toda historia de conquista, hemos de crear un tercer vértice en el triángulo dramático. En esta caso, se trata de un actor y cantante alcoholizado -encarnado por un flojo Frankie Vaughan- que participa en la obra. La ternura que muestra Amanda hacia su compañero hace pensar erróneamente a Montand que ésta se haya enamorada de aquel. Pero como bien indica el personaje de Tony Randall, esos abrazos entre actores no tienen mucha importancia pues suelen ser muy afectuosos.

Los que hayan leído mi artículo sobre Margarita Gautier (1936) recordarán que les hablaba de un equívoco como motor de una secuencia. En la escena que les voy a comentar también hay un doble equívoco que la hace especialmente interesante. 

Después de haber puesto innumerables excusas para no cenar con Clément, saboteando los planes de conquista de éste, Amanda en un momento dado acepta. Sin embargo, la cena está basada en dos simulacros. Ella cree todavía que Clément es un aprendiz de actor sin apenas dinero:

-- No se preocupe por la cuenta, pagaremos a medias-, le dice ella durante la cita.

Mientras que Clement cree, ingenuamente, que ha accedido a la invitación, al fin, porque siente algo por él, y no por su dinero porque piensa que es de condición humilde. De este modo, él va tratando de revelar tímidamente durante la conversación su verdadera identidad: "Hablo cinco o seis idiomas... tengo suficiente dinero para pagar la cena..." va dejando caer en la conversación. Y llega la frase que a uno le emociona aunque sé que no son tiempos para el romanticismo:

-- Soy completamente feliz, Amanda. Ahora sé para qué vine al mundo-, afirma Clement mientras abraza con su mirada el rostro pleno de Monroe.

 -- Muy bonito--añade ella, sin comprender bien que se le está declarando, como lo atestigua el que añada--: ¿No encontraría mejor empleo sabiendo tantos idiomas?

 El diálogo sigue por el mismo camino: ella creyendo que es un vendedor de bisutería llamado Alejandro Dumas (!); él no sabiendo que Amanda está haciendo un doble juego al traerle a cenar para que la canción que iba a cantar él la interpretara  su alcohólico compañero en la revista, evitando así su autodestrucción. 


 

La escena da dos giros más de guionista inspirado. Primer giro, Amanda le confiesa que no está enamorado de Frankie Vaughan. A lo que Clement, animado por ello, aprovecha para desvelarle quién es verdaderamente. Esto dará pie al segundo giro: Amanda no le cree y desconcertada huye del restaurante. La frase final de la escena nos provoca la sonrisa:

--¡Amanda, soy el multimillonario!--grita en el local mientras sale detrás de ella.

No sé qué pensarán ustedes si ven la película, pero creo que en el personaje de Amanda hay bastante de Marilyn Monroe. No en vano participó sin acreditar el que era su marido en ese momento, Arthur Miller. De ahí frases referidas a que estudia por la noche en una academia para obtener un diploma, acomplejada por su escasa formación. En otra ocasión, Montand le pregunta cómo miran los que trabajan en las revistas.A lo que ella, confundiendo personaje y actriz, afirma: "Ellos no miran. Puedes andar entre bastidores con muy poca ropa y ni uno solo vuelve la cabeza. En cambio, esa chica muy vestida pasa entre un grupo de empleados de oficina y se quedan embobados".

 En el muy recomendable libro My story: memorias de Marilyn Monroe (con la colaboración de Ben Hecht) hay un célebre frase  atribuída a ella:

"Hollywood es un lugar donde te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma. Lo sé porque rechacé la primera oferta bastante a menudo y siempre exigí los cincuenta centavos".

Así uno puede creerse al personaje de Amanda, que no le interesan los idiotas multimillonarios que no saben qué hacer con su dinero.En cambio, si acaba enamorándose de Clement es porque éste ha decidido el camino más largo: el que evitaba que Amanda sólo le viera por su fortuna, aunque para ello, paradójicamente, tuviera que disfrazarse para ello. Ocultándose se revelaba.

En la vida real, Montand acabó como su personaje: enamorándose. Les dejo con esta imagen. 


Esta forma de abrazarla me reveló cual carrete en el proceso de revelado que entre ellos hubo algo durante el rodaje. Se cuenta, se dice que el matrimonio Arthur Miller y Monroe ya hacía aguas y que la pareja de Yves Montand, la espléndida Simone Signore, consintió como en otras ocasiones. Ustedes juzguen el plano.

                                                                Iñaki González Beltrán


domingo, 11 de septiembre de 2022

La dama de las camelias o Margarita Gautier (1936)

 LA MIRADA INDISCRETA

E

n 1935 la productora Metro Goldwyn Mayer encargó al director George Cukor una nueva adaptación de la novela titulada “La dama de  las camelias” de Dumas hijo. El argumento es bien sabido: Margarita (Greta Garbo), de clase baja pero de gran hermosura, se convierte en una cortesana (lo que en nuestro tiempo llamaríamos ‘escort’) de la alta sociedad parisina del siglo XIX en busca de riqueza.

El teatro era lugar de cortejo y de miradas interesadas, al menos en el pasado. Yo no he ligado nunca en él. En una de las mejores escenas del filme, Margarita acude con una amiga alcahueta a uno de los palcos donde ésta última ha concertado una cita para quedar por primera vez con el rico barón de Varville, y así lograr un matrimonio de conveniencia: él disfrutará de la hermosura y del cutis de Greta Garbo y ésta podrá ser tan manirrota como la billetera del barón lo permita. Pero he aquí que la entrada no corresponde con el palco a donde esperan tener la cita con el barón. El palco está ocupado por la rival Olimpia, otra cortesana, que, sagaz lector, aspira a lo mismo que la Garbo. Sin embargo, esto no es óbice  para que ambas esperen juntas a la llegada de Varville, previo acuerdo de entregar luego una toca de piel a Olimpia si se marcha en el entreacto.

En el descanso de una actuación, Olimpia otea con sus prismáticos la pieza que, como cortesana que es, anhela cobrar sin disparar (las mujeres, ya se sabe, son más civilizadas). Pregunta a Margarita si ve a un hombre de pies (el barón) en el patio de butacas. 

 

 

A lo que Margarita con los suyos delante de su rostro responde que sí e, intrigada, pregunta por  su identidad. Olimpia sonriente le dice: “Es el fabulosamente rico Barón de Varville”.

El humor de la escena surge en el equívoco del objeto de la mirada, pues mientras Olimpia se fija en el barón, Margarita lo que ve por sus gemelos es al joven Armand Duval (interpretado por un apuesto de 25 años Robert Newton), creyendo por error que es el acaudalado Varville.

 

 

 

De ahí que Margarita añada: “No creí que hubiera hombres ricos con ese aspecto”.

El enredo de las miradas continúa porque ahora es el barón quien, al mirar al palco, sonríe al fijarse en la Gautier, mientras que Olimpia cree que la sonrisa está dirigida hacia ella. De ahí que diga ufana: “He cambiado de opinión. Te puedes guardar tu toca. El barón de Varville viene a este palco y voy a esperar para conocerle”.

La grandeza de esta escena surge, buscando una analogía lingüística, de las relaciones establecidas por los planos entre sí de naturaleza sintagmática, es decir, el espectador al relacionar un plano con el anterior y el posterior posee la clave del enredo. Y eso provoca una sonrisa en nosotros.

Acabo el artículo refiriéndome a la imagen de la que en principio iba a versar el artículo y que lo introduce. 

Decía McLuhan que “el cine nos permite enrollar el mundo real en un carrete para poder desenvolverlo luego como si fuese una alfombra mágica de fantasía”. Pues mientras veía esa alfombra mágica, me di cuenta de que en la escena de una boda, Margarita Gautier besa a la novia tras la ceremonia en dos ocasiones. En la primera, en sendos carrillos, pero en la segunda ocasión me pareció un beso en los labios (contemplese el instante recogido en la fotografía). 

Tal vez mi mirada sea también un enredo mental mío y vea algo que no exista, pero la pertinaz soltería de la actriz Greta Garbo dio pie a múltiples rumores en los medios acerca de su lesbianismo, en una época donde tal conducta sexual no era bien vista. Un beso lésbico captado sutilmente por la cámara… ya se sabe que el cine enrolla el mundo real. Y me imagino a su director George Cukor, homosexual en la sombra, esbozar una sonrisa cómplice y pensando en cómo tratar sortear al código Hays, ese "code to govern the making of motion pictures" que se empezó a aplicar por las fechas de la película.

                                                                                                        

viernes, 9 de septiembre de 2022

Seminci 2022. Preliminares

 

 CALENTANDO MOTORES EN LA SEMINCI

La Semana Internacional de Cine de Valladolid arrancará el 22 de octubre hasta el 29, nueve días que hay que rellenar de películas, actos y premios honoríficos.

A diferencia del Zinemaldia, la sección oficial siempre es más agradecida para el espectador, pues al no ser festival de categoría A puede pescar en otros caladeros sin importar si las películas han sido premiadas o no. 

Desde que llevo asistiendo a Valladolid, allá por 2010, he comprobado que su director, Javier Angulo, ha dado prioridad al cine español a la hora de buscar la película de inauguración, buen escaparate inicial. Salvo los casos de Nanni Moretti, Jacques Audiard o los hermanos Dardenne, el resto han sido directores españoles: Miguel Ángel Vivas (2018), Benito Zambrano (2019), Isabel Coixet (2020), Clara Roquet (2021), etc.

 Image

 

Este año seguimos la norma no escrita de mirar el cine patrio, siendo "No mires a los ojos" de Félix Viscarret (Pamplona, 1975) la elegida. El nuevo trabajo del realizador navarro adapta la novela "Desde la sombra" (publicada en 2016 por Seix Barral) de Juan José Millás y está protagonizada por Paco León, Leonor Watling, Álex Brendemühl y Juan Diego Botto, este último de vuelta de Venecia tras presentar su ópera prima, En los márgenes.

La película, distribuida en España por Universal Pictures International Spain, llegará a las salas de cine el 4 de noviembre. Como ven una semana posterior al fin del certamen, que habrá servido de altavoz mediático.

“No mires a los ojos” es el cuarto largometraje de Félix Viscarret quien, con su primer trabajo, “Bajo las estrellas” (2007), logró un unánime aplauso de crítica y público y dos premios Goya (uno al Mejor Guion Adaptado para el propio Viscarret), de un total de siete nominaciones. Le recuperé la pista en la serie “Patria” (2022).

HOMENAJES

Como decía al inicio, otro de los platos que condimentan el menú son los homenajes. En esta ocasión, la SEMINCI recordará la figura del cineasta Bigas Luna a través de la exposición que celebra el 30 aniversario de su película Jamón, jamón (1992-2022), que supuso la consagración del director y el descubrimiento del trío de actores formado por Javier Bardem, Penélope Cruz y Jordi Mollà. Además, incluirá también la proyección de una copia restaurada en presencia de una parte del equipo que participó en su rodaje.

PAÍS INVITADO

Por último, y como es habitual en el certamen,  este año será Irlanda el país invitado con una retrospectiva que incluirá una selección de su cinematografía a lo largo de las dos últimas décadas.  Un total de 18 largometrajes, cuatro de ellos documentales, constituirán esta muestra de cine irlandés del siglo XXI en el que estarán presentes películas de Jim Sheridan, Neil Jordan John Carney o Mike Newell entre otros.

 

CURIOSIDAD: IMAGEN DEL FESTIVAL

Les dejo por último, con el cartel de la 67 edición de la SEMINCI. Su diseñador es una madrileño llamado José Luis Segovia. Su propuesta la denomina “Espectador expectante ”. Su explicación es sencilla al igual que su diseño, pero no por ello al mirar el resultado a mí, personalmente, me recorre un cierto sentimiento de ternura.

Su propuesta busca mostrar cómo «con la ilusión y expectación con la que un niño observa el trazo de un dibujo al compás de ‘El seis y el cuatro la cara de tu retrato’, el espectador asiste a una sala de proyección expectante al acontecimiento que está por ocurrir. Al cambiar el siete por el cuatro le damos cierta humanidad al grafismo, la sonrisa -el trazo rojo-, el espectador se lo está pasando bien observando la Semana de Cine de Valladolid». Pues eso, disfrutémosla cuando llegue.

 Cartel Oficial 67 SEMINCI - 2022

 

jueves, 8 de septiembre de 2022

LA VIDA PADRE (2022)

 PREMIERE MUNDIAL EN EL GUGGENHEIM


 

Es de agradecer que todo el equipo artístico de La vida padre (2022) se haya acercado a Bilbao para poder presentarla. No en vano la película transcurre íntegramente en el botxo. Así que desde el director, Joaquín Mazón, pasando por sus dos protagonistas, Karra Elejalde y Enric Auquer y acabando por los actores de reparto, Megan Montaner, Lander Otaola, Maribel Salas y Gorka Aguinagalde estuvieron presentes en la rueda de prensa tras la proyección.

La vida padre quiere maridar cocina con familia en tono de comedia “naturalista” y una pizca de melodrama. No en vano ya lo dice el lema del cartel: “Sólo hay algo peor que vivir sin padre, que vuelva”. Y la vuelta de Karra tras 30 años de ausencia por culpa de una amnesia traerá problemas a la familia y al restaurante Ataria en el que trabajan. Bueno, eso y que los Reyes y Javier Clemente quieren cenar en el mismo.

— ¿La película no es sólo comedia, no?

— Joaquín Mazón: Teníamos muy claro cómo queríamos hacer la película. De hecho Karra dejó sentadas las bases en la primera etapa del guión y yo tenía muy claro lo que quería hacer: contar algo más que una simple comedia. Durante el rodaje, el trabajo fue de investigación, es decir, si nos decantábamos más por la comedia o por el drama. Creo que hemos encontrado un punto intermedio en el que no hacemos chistes sobre temas delicados.

— Karra Elejalde: Si un sujeto está en problemas,  puede banalizarlos por cómo los exterioriza. Puedes hacer reír así pero de modo impostado, con trazo grueso. Hemos querido que el tono fuera más naturalista, quizás queda menos humorístico pero queda más verdadero.

— ¿Qué tipo de comedia habéis querido hacer?

— K.E.: Se nos cae la baba con el humor inglés, el humor francés… En nuestro humor también tenemos mil modos porque la comedia no es única. Tenemos la pantomima, el astracán, el vodevil, la farsa latina que es de la que más se abusa en las comedias españolas. En nuestro caso la hemos querido llevar a la comedia naturalista.

— ¿Se puede hacer comedia de las enfermedades?

— K. E.: Hay que tener cuidado a la hora de hacer comedia conjugándola con la enfermedad. Puedes herir sensibilidades  de personas que tienen un familiar en esa situación como es mi caso. Mi madre tiene 93 años y no me conoce. Me han servido muchas cosas de sus reacciones, de su estado de perplejidad cotidiana. Y su estado me ha servido para ser respetuoso con la enfermedad del personaje, amnesia retrógrada o el síndrome de Korsakoff se denomina en la película.

— Tu personaje ,el cocinero Juan, regresa tras 30 años de ausencia pero parece anclado en los 90, ¿qué echas de menos de aquellos tiempos?

— K.E.: Fue el momento de creatividad. Así como hubo la Movida madrileña, en Euskadi estaba el rock radical vasco, en el que estaba muy implicado. Escribí canciones para Hertzainak particularmente o alguna para Korroskada. En los espectáculos de teatro en directo siempre metíamos grupos de rock. Aquellos momentos los vivo con gran emoción. Quería ser pintor, hacíamos camisetas, teatro, escribía letras… Había mucha interrelación (entre nosotros). Ahora cada uno está en su ámbito artístico. Pero si me preguntas por aquel Bilbao o este, me pillas entre dos aguas. Reconozco que aquel Bilbao oscuro, al que veníamos por las fiestas de Bilbo, tenía un encanto especial. Y también reconozco que este Bilbao actual es otra cosa que también tiene su encanto pero no más que aquel industrial y gris.

— ¿La ciudad es un personaje más?

— J. M.: En principio quería rodarla en Donostia-San Sebastián pero fueron nuestros productores, Fernando Bovaira y Urko Errazquin, que vieron, por cómo era la historia, que si había una ciudad que había vivido una transformación desde los años 90 hasta ahora era Bilbao. De hecho no es una simple localización sino la protagonista.

— ¿Modernidad frente a tradición?

— J.M.: La película habla de la familia, de las raíces, y el personaje de Enric Auquer (cocinero de alta cocina), llega en un momento a decir “tenemos que volver a nuestras raíces para encontrar hacia dónde queremos ir”. Y eso Bilbao, a pesar de los avances que son necesarios, ha mantenido esa raíz de saber de dónde viene. Eso hace que la villa no sea un decorado sino protagonista también de La vida padre.

 

 — ¿Qué tal fue la relación en el set de rodaje entre Karra y Auquer?

—K.E.: En una película cuando no hay ‘feeling’ lo puedes impostar tranquilamente, somos profesionales. Es muy difícil, nosotros que nos dedicamos a hacer reír, que nos haga hacer reír algo. Y yo con este tío me despepito, está como una verdadera cabra. Los fines de semana nos íbamos con su mujer, que está embarazada, a Getaria y nos comíamos un besugo. Fuimos a donde Carlitos Arguiñano, que nos enseñó la bodega de txakoli. Como ves hacíamos por vernos.

— Esa buena química se ve en la película.

— K.E.: Sí. Además, no nos parecemos ni en el agujero del culo pero como en la película se dice tanto, la gente se lo acaba creyendo. Como en política, tú acaba diciendo muchas veces una cosa que la gente acaba creyéndoselo. Y al final todo el mundo dice ‘sois calcados’ pero ni siquiera la han visto. Es algo mágico (risas).

Y ahora les dejo con el momento sonoro más divertido y surrealista de la rueda de prensa al preguntarle servidor a Lander Otaola por su aparición en La vida padre vestido con la camiseta del Athletic Club.

 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Hollywood al desnudo

 EL CAMINO AL ESTRELLATO

Hoy quisiera hablarles de un tema que aparece en la película “Hollywood al desnudo” (1932) de George Cukor: el del estrellato. Cinéfilos recordarán que es predecesora de películas más logradas sobre el mundillo del cine en Los Ángeles como fueron, primero, “Ha nacido una estrella” (1937) de William A. Wellman y en segundo lugar, la  homónima de Cukor en 1954 en versión musical.

El sueño de muchas chicas lo simboliza el papel interpretado por Constance Bennett, el de materializar el sueño de muchas que aspiraban a ser una famosa actriz de Hollywood, todo ello contado en pocas escenas.  

La idea de que en una sociedad puedes mejorar tu nivel de vida si te lo propones siempre ha sido muy querida en los filmes norteamericanos, no en vano EE.UU. siempre se ha vendido como el país de las oportunidades. Y no digamos en la era de los estudios (hasta finales de los 60). Así según esta película, pasamos de camarera a aspirante de actriz con tan sólo estar en el lugar adecuado, en el momento preciso y con la persona idónea. Y no solo eso sino que encontramos novio millonario en un partido de polo. Contado así, parece inverosímil. Pero narrado como lo hace Cukor al espectador no le da tiempo de ponerlo en duda, gracias a diálogos brillantes y situaciones dinámicas. O tal vez al espectador de aquella época, tras la Gran Depresión, tampoco estaba como para poner en solfa los cuentos de hadas. Que se lo digan a la protagonista encarnada por Mia Farrow en La rosa púrpura de El Cairo de Woody Allen.

En esta ocasión, la camarera Constance atiende en la cafetería  a un director (Lowell Sherman) que está en su cénit. Él la descubrirá. Claro, que ella ha de ser decidida, tener claro lo que quiere y trabajar con empeño. Así lo demuestra en la escena en que, tras haber sido un desastre en el set rodando su primera actuación en un pequeño papel, ella regresa a casa y se pone a repetirlo hasta lograr la interpretación adecuada y convencer al director de que es la idónea para el rol que han ofrecido.

Llegamos a la media hora de película. La protagonista ha ido encadenando trabajos interpretativos cada vez más protagónicos (todo esto en off, claro) Y he aquí cómo Cukor y sus guionistas idean una solución visual magnífica que resumen todo ese esfuerzo en unos pocos segundos mediante el encadenado de elipsis: rostro en primer plano de ella, sobreimpresión de ella en plano entero y posteriormente una sucesión de planos de  marquesinas de diferentes salas de cine:

  •         Su nombre artístico, Mary Evans, aparece a la derecha en pequeño tamaño en la marquesina de un cine anunciando la película “Loves Holiday”.

  •       En el segundo plano encadenado su nombre ya apareca a la altura  de su coprotagonista en el Palace Theatre anunciando “Revenge Is Sweet”.

        

  •       En el tercer plano el nombre de Mary Evans luce esplendorosa con el nombre publicitario que la maquinaria de prensa del estudio le ha puesto (“la chica de América”) y por encima incluso de la propia película: “Playing around”.

  •         Manos del público que la aplaude a rabiar y luces de estrellas que acompañan a la gran estrella en que se ha convertido Mary Evans.

Como ven a medida que su relevancia y éxito crecen, la tipografía le otorga el lugar que merece según su status. Les dejo con estos 19 segundos para que lo saboreen. Eso sí, no pregunten si llegar al estrellato requiere “sangre, sudor y lágrimas”. O como en una ocasión le dice a su director descubridor tras acabar en el domicilio de este, “gracias por no haber intentado…”.  No eran tiempos del “Me too” todavía.



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