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domingo, 27 de octubre de 2024

Palmarés de la 69ª SEMINCI

 La Espiga de Oro de la Seminci va a parar a una comedia francesa titulada "Misericordia" del director veterano Alain Guiraudie


Además, Guiraudie logra el Premio a Mejor Guion y las Espigas de Plata a Mejor Película, segundo en importancia, han sido ex aequo para la cinta española Polvo serán de Carlos Marques-Marcet y para la de Singapur Stranger Eyes de Yeo Siew Hua. En cuanto, a interpretación, el de Mejor Actor va a los dos intérpretes de la noruega Sex de Dan Johan Haugerud y el de Mejor Actriz para María Laura Weissmahr, protagonista de Salve María, de Mar Coll.



El francés Alain Guiraudie al los brazos al saberse ganador de la Espiga de Oro


Tras años y años de quejarme de que los festivales siempre han ninguneado las pocas Comedias, así con mayúsculas, que programan a la hora de premiarlas, y ahora que la Seminci va y otorga el máximo galardón a una, pues me sabe mal quejarme. Y si lo hago, se debe a que, de entre las 22 obras que participaban en lograr la Espiga, este año había un ramillete de películas que podía habérsela adjudicado sin que uno pusiera el grito en el cielo. Porque digámoslo ya, la 69ª edición ha reunido una nutrida selección de obras notables y otras buenas películas, pero no he hallado la película que me haya enamorado, que le haga a uno decir: me quedo con esta por encima de todas. 

Aquí dejo a modo de inventario las que, en mi opinión, podrían haberse llevado la gloria y haber escrito en moldes de oro su nombre en la Historia de la Seminci: 

  1. Vermiglio de Laura Delpero, su segundo largometraje. Crónica de una familia del norte de Italia en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Evoca con planos en claroscuros y estáticos, una realidad que pretende ser más pictórica que cinematográfica, donde los personajes y los paisajes del pueblo donde transcurre la historia son más relevantes.
  2. La cocina de Alonso Ruizpalacios. El mexicano logra retratar con una puesta en escena muy poderosa y entretenida el microcosmos de una cocina de un restaurante en el corazón de Nueva York.
  3. Black Dog de Guan Hu. Visualmente embriagadora también como Vermiglio aunque en otro registro, pues su formato es el de los Western aunque llevado al desierto de Gobi con un protagonista que, como el Hombre sin nombre de los filmes de Leone, apenas habla.
  4. Bob Trevino Likes It. Primer largometraje de su directora, Tracy Laymon. Logró emocionar al público del Teatro Calderón (doy fe por los snip-snips oídos) con una historia de una veinteañera que busca un verdadero padre cuando el que tiene no da la talla por su narcisismo. Sus diálogos soberbios y, sobre todo, la química entre Barbie Ferreira y John Wick traspasa la pantalla de cine. Se nota que partía de una experiencia propia de Laymon.
  5.  The Brutalist. Haberla programado para concursar fue un error, pues conociendo cómo se las gastan los jurados, estaba seguro de que no le iban a dar ni las gracias, y menos algún premio. La obra de Brady Corbet estará en las nominaciones a los Oscar, sí o sí. La vida del arquitecto húngaro y judío László Toth en Estados Unidos, tras huir de la persecución nazi, no se verá recompensada como se merece, pues un extranjero en la tierra de la libertad y las oportunidades será siempre un extranjero, con lo que implica esto en cuanto a integración social. La BSO acompaña soberbiamente esta tristísima historia.
  6. Tres kilómetros al fin del mundo del rumano Emanuel Pârvu, si me apuran, también podría haberse llevado el premio gordo. Enmarcada en esa Nueva Ola del cine rumano surgida en 2004, Pârvu narra una historia que se ve con mucho interés sobre la no aceptación de la homosexualidad en la sociedad rumana. Lo mejor es que no hay maniqueísmos ni subrayados de tesis, peligro más que evidente.


La directora de Vermiglio, Maura Delpero, posa para nosotros


El cine español ha estado representado por un buen puñado de obras, con mayor o menor valía. Sin embargo, ninguna de las obras de la sección oficial, salvo Polvo serán -que no pude verla-, han concitado mucho entusiasmo entre la crítica. Unas porque se movían en un terreno artístico más dirigido al gran público (Fin de fiesta, Verano en diciembre); otras por ser obras minoritarias (caso de En la alcoba del sultán) y, por último, las que están un terreno intermedio como puedan ser Salve María o Rita, con una orientación a un público que guste de ciertas temáticas actuales (la maternidad no aceptada o el maltrato doméstico).

Reseñar también la importancia de la restauración y el hecho de poder ver el cine en pantalla grande. Dentro de esta sección denominada Memoria y Utopía pude disfrutar de La mujer sin rostro (1947) del realizador sueco Gustaf Molander con un guion de un joven Ingmar Bergman, en la que ya se apuntaban varios de los temas que abordaría en sus posteriores realizaciones ya como director. Mucho cine de ahora queda a la altura de betún si comparamos cómo se iluminaban las escenas antes y cómo se hacen (si es que se hace) hoy en día.

No quiero dejarme en el tintero el mencionar uno de los eventos ya tradicionales en el marco de las actividades de la Seminci como fue la proyección en el Centro Cultural Miguel Delibes de la película muda La muchacha de Londres (Blackmail, 1929) de Alfred Hitchcock. Mi satisfacción por haber podido llevar a dos niñas de nueve y doce años a una experiencia única: la proyección de una obra en blanco y negro con la interpretación musical en directo bajo la batuta del director estadounidense Timothy Brock al frente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. La BSO de la película se realizó en 2008 gracias al compositor británico Neil Brand, cuya orquestación se encargó el propio Brock. La muchacha de Londres es la última película muda de Hitchcock y la primera sonora que realizó el maestro del suspense, pues rodó dos versiones del filme en 1929, en pleno proceso de transformación de la industria cinematográfica por la irrupción del sonoro. 


Un emocionado Alfred Hitchcock al ver que sigue triunfando entre la juventud con su obra La muchacha de Londres


Espiga de Oro y Guion


El Jurado presidido por la directora ateniense Sofia Exarchou decidió que Misericordia de Alain Guiraudie fuese elevada al altar. Esta comedia con aroma a thriller rural y a modo de cuentito nos relata la llegada de Jérémie (Félix Kysyl) a su pueblo para asistir al funeral del panadero para el que trabajó en el pasado. Jérémie se instala en la casa de la viuda lo que da pie a los recelos del hijo del fallecido y la hostilidad hacia aquel. Conforman el grupo de personajes, un antiguo amigo de la juventud, un cura rural y una pareja de gendarmes que provocan ciertas situaciones cómicas.

El deseo es el tema principal, motor que mueve a los personajes a cometer los actos y conflictos que surgen en la película. Lo que sucede es que aun siendo comedia, este deseo de índole sexual parece arbitrario, deus ex machina en todo momento. Jèrémie es un pan sin sal, que desea y es deseado por el resto de los personajes. Todas las sorpresas del guion están concebidas en mi opinión para lograr la irreverencia gratuita -véase al cura empalmado- o la comicidad de modo un poco forzada -el policía que comete allanamiento de domicilio en busca de pruebas-. 


En primer plano, José Luis Cienfuegos director de Seminci, que acompaña al director de Misericordia, ganadora de este año


Misericordia bebe del cine de Claude Chabrol  con tintes negros y cierta ambivalencia moral -memorable la escena de confesión, donde se invierten los papeles y es el cura el que se confiesa a Jérémie- y con una cierta rememoranza a una obra hitchcockiana como es Pero, ¿quién mató a Harry? en lo argumental y en el tono. "Su ligereza oculta un complejo equilibrio de géneros y tonos, bajo cuya apariencia de thriller-comedia provinciana se esconde una profunda meditación sobre cómo el deseo y la culpa nos hacen predecibles e incomprensibles los unos para los otros", reza el comunicado del Jurado.

Por si no fuera poco, Alain Guiraudie recibió el premio Miguel Delibes al mejor guion. En la rueda de prensa, el director comentaba que adaptó una parte de la novela Rabalaïre, publicada por el propio Guiraudie en 2021. "Su estructura intrincada (!), transiciones de ritmo perfecto (!!), giros e ingenio (poco) que, sin embargo, deja mucho espacio para la fluidez, la gracia y la reflexión" es la justificación  a este premio. Tan sólo memorable es la escena en que el protagonista, viéndose acorralado por la policía, se acerca a un acantilado. Allí aparecerá el cura rural que hace una reflexión muy interesante y justifica el título de la película. Poquito más, créanme.


Espiga de Plata


Raro es una edición en la que no se repartan premios ex aequo. Da la impresión de que o bien ha habido desavenencias entre los miembros del jurado, o bien hay que repartir cuota de "pesca" para que todos estén contentos. Es el caso de la Plata que fue a dos películas muy distintas: Stranger Eyes del singapurense -nunca pensé que tuviera que usar este gentilicio- Yeo Siew Hua y Polvo serán de Carlos Marques-Marcet



Stranger Eyes se llevó la Espiga de Plata, ex aequo


Stranger Eyes es un thriller muy visual. Lástima que lo viésemos en el Teatro Cervantes, una sede que no está a la altura de la Seminci. Narra la desaparición de una niña de dos años de un joven matrimonio en Singapur. La trama en la primera de las dos partes se ve con bastante interés, pues las pesquisas obvian el trabajo policial y se centran en la familia y en la búsqueda que ellos hacen por su cuenta. Además, unas cintas de vídeo que reciben incrementan el misterio, pues son conscientes de que alguien les está grabando en su día a día. La segunda parte presenta un giro inesperado, con una visión desde otro punto de vista, pero que a mí me resultó menos redonda por un guion menos logrado. No deja de tener interés, pues habla de algo muy común hoy en día: la hipervigilancia en la sociedad con las cámaras de seguridad y las personales. Como atinadamente comenta un policía, hoy en día para atrapar al delincuente tan sólo hay que observar.



El director (izq.) Carlos Marques-Marcet junto a los actores Ángela Molina y Alfredo Castro 


De Polvo serán no puedo opinar. El día en que saqué la entrada me confundí de hora y no pude verla. Sé que entre los críticos de cine, gustó bastante. El filme de Carlos Marques-Marcet tuvo el honor de inaugurar el festival. Polvo serán está interpretada por Ángela Molina y Alfredo Castro y "aborda con sensibilidad e incluso alegría el confrontamiento entre la mortalidad y la vida de una familia, gracias a las extraordinarias interpretaciones de auténticas leyendas del cine", indica el Jurado. 

Si ya tuve bastante en el Zinemaldia con el tema de la muerte y sus aledaños, la de Marques-Marcet también lo toca: una mujer diagnosticada con una enfermedad terminal decide ir a Suiza para poner fin a su vida. Lo original de esta realización es que se construye con números musicales coreografiados por La Veronal y por una banda sonora compuesta por María Arnal.


Mejor director


 De China nos vino la única película a concurso: Black Dog. Guan Hu, su realizador, se lleva con todo el merecimiento este premio. Fue una de las sorpresas agradables del certamen, si no la mayor. Venía de ser ganadora de la sección Un Certain Regard (Una cierta mirada) del Festival de Cannes. 


Póster de Black Dog, que se llevó dos merecidísimos premios, dirección y fotografía


La historia nos narra la vuelta a su pueblo de un exconvicto que ha pasado encerrado unos años por un homicidio involuntario. La acción transcurre los días previos a los Juegos Olímpicos de Pekín, allí se encontrará con un pueblo que ya no tiene nada que ver con lo que él vivió, donde entre otras cosas, hay una manada de perros que son causa de muchos problemas para los habitantes. El protagonista habla poco, lo cual es un acierto para esta obra que tiene una potencia visual y un guion impredecible. La dificultad, que está muy bien salvada, es la aglomeración de elementos narrativos, líneas argumentales con ciertas notas de humor, que al final logra casar en un equilibrio que roza la perfección. Dicen que tiene influencias -incluido un cameo- del maestro Jia Zhangke. Pues he de decir que en esta ocasión, el discípulo ha superado al maestro, cuya obra Caught by the Tides -programada en la sección Punto de Encuentro- me resultó tan enervante y aburrida que tuve que marcharme del cine tras media hora de proyección. Un director a tener muy en cuenta en el futuro.


Mejores interpretaciones


Indica la nota de prensa de la Seminci que los actores que han convencido al Jurado comparten, en lo que se refiere a los personajes que interpretan, el cuestionamiento de los roles tradicionales masculinos y femeninos. Yo creía que un actor solía recibir un galardón por una interpretación convincente, emocionante, verosímil, que hiciera reír o llorar, indignar o empatizar, atemorizar o que nos hiciera ver lo ridículo de tal o cual rol. Ahora todo parece apuntar a que lo que se valora es lo ideológico, si está en la misma cuerda de uno, claro.


La sonriente Laura Weissmahr (izq.), actriz ganadora junto a la directora Mar Coll por Salve María


Laura Weissmahr es una actriz de escasa filmografía hasta ahora pero que con una "feroz autenticidad encarnando las múltiples contradicciones de una de las figuras más complejas de la sociedad -una madre reticente y problemática" logra ser la favorita del Jurado. Con su premio en Salve María ya está instalada en el mapa actoral. Reconozco que su labor interpretativa en la obra dirigida por la barcelonesa Mar Coll tiene su mérito. Sin embargo, ni el tema ni la forma en que aborda Coll la experiencia de la maternidad como algo dramático y con tintes de thriller me hace que valore en su justa medida la interpretación de Weissmahr. Gustó a muchas espectadoras, tal vez porque la hayan visto con empatía. No es mi caso, que tuve ganas de asesinarla y a su empanado marido, un pan sin sal encarnado por el actor Oriol Pla. Trata la historia de María Aguirre, una escritora que acaba de tener su primer hijo. Un día ve en televisión la noticia de un infanticidio, lo cual le estimula para investigar las causas de este fenómeno, y así convertirlo en su próxima novela. Pero su recién nacido hijo parece entorpecer lo que a ella más le gusta: escribir.

Mar Coll adapta una novela titulada Las madres no de Katixa Agirre con una envoltura de thriller en lugar de puro drama. No creo que esté acertado. El público decidirá viéndola o no.


Jan Gunnar Roise Thorbjorn Harr lograron el premio a Mejor Actor por Sex


El premio al Mejor Actor lo comparten los dos protagonistas de la película del noruego Dan  Johan Haugerud, Sex: Jan Gunnar Roise y Thorbjorn Harr. Tras pasar unas 23 películas por mis retinas, Sex me sobrevino en mal momento, pues es una realización verborreica sin igual. Me pasé más tiempo leyendo los subtítulos que valorando a estos dos actores que interpretan a dos deshollinadores heterosexuales que empiezan a replantearse sus certezas en torno a la sexualidad. Sex arranca en un descanso de trabajo con sendas confesiones: uno le cuenta que ha tenido un encuentro sexual fortuito con un cliente; el otro le narra un sueño en el que es visto como mujer por David Bowie (!). A partir de ahí, la historia irá alternado secuencias de la vida familiar de ambos: uno porque le confesará su relación sexual esporádica a su mujer, lo que da pie a una crisis matrimonial; y el otro, la parte más cómica, alternará conversaciones impagables con su hijo adolescente y su esposa, cristianos. El filme por momentos parece un ensayo sobre la sexualidad y el rol masculino. Cada secuencia es aireada con planos exteriores de la ciudad donde desarrollan su trabajo los deshollinadores. Si lo edita, tal vez tenga mayores ventas editoriales que con la realización cinematográfica.


 Mejor Fotografía y Montaje


Que la fotografía recaiga en Weizhe Gao por la película Black Dog de Guan Hu es de recibo. Si hubiera recaído en la italiana Vermiglio no habría sido un desvarío. Posiblemente las dos obras cinematográficas más cuidadas en lo expresivo de la luz. No olvidemos que la escritura fílmica se hace con la iluminación, aspecto expresivo que muchos realizadores olvidan, sobre las películas francesas y españolas que hemos visto en sección oficial. El uso maravilloso del paisaje, la luz y el encuadre (formato panorámico o widescream) logra elevar la historia de Black Dog a niveles de epopeya sin hurtar los momentos más emotivos del drama del personaje.


La fotografía de Black Dog mereció su recompensa en la Seminci 2024


El premio José Salcedo al Mejor Montaje ha recaído en una película que me aburrió soberanamente: Grand Tour de Miguel Gomes. Elevado a los altares de la modernez, Gomes articula un argumento mínimo para enjaretarnos durante más de dos horas la huida y búsqueda entre los miembros de una pareja de prometidos que llevan siete años sin verse. La historia arranca a principios del XX. Nos hallamos en Rangún (Birmania) en 1917. Edward es un funcionario del Imperio Británico, el cual huye de su prometida Molly justamente cuando ella arriba a la ciudad. El director portugués nos mete voces en off a lo largo de los viajes por varias ciudades asiáticas que hace Edward, intercalando imágenes del pasado y del presente. Ya cuando el espectador está más que desorientado, vuelve al inicio para contarnos el mismo periplo pero desde el punto de vista de la prometida. En esta ocasión el relato se hace más melodramático y con menos ínfulas artísticas. 


Premio del Público y otros


Sin duda alguna, y en los muchos años que llevo cubriendo festivales, rara vez el Premio del Público se otorga a una mala película. En este caso el voto del público se ha decantado por el cine independiente norteamericano al elegir a Bob Trevino Likes It de Tracie Laymon, una notable obra que entremezcla con acierto el drama y la comedia con dosis suficientes de ternura. Con la directora tuve la suerte de poder toparme en la Plaza dorada de Valladolid y poder hacerme una fotografía junto con mis compañeros de la crítica. Me hizo gracia que Laymon nos pidiese que la votásemos para este premio, cosa que no fue necesaria como se pudo comprobar. Los diálogos de esta obra parecen literatura del Siglo de Oro comparados con la ganadora francesa a Mejor Guion.


En el centro, la directora novel Tracie Laymon junto a afilados críticos de cine. Premio del Público


Poquito premio me parece el que se llevó Emanuel Pârvu con su Tres kilómetros al fin del mundo, que recibió la Espiga Arcoiris, reservada a obras de temática LGTBIQ+. De juzgado de guardia, la Espiga Verde a Jia Zhang-ke con Caught by the Tides, de la que como he mencionado fue la única que no pude acabar de verla entera.


Espiga Arcoíris al director rumano Emanuel Pârvu


THE END










domingo, 29 de octubre de 2023

Seminci 2023: Palmarés y cierto bochorno

La Espiga de Oro de la SEMINCI va para la infumable 'La imatge permanent' de Laura Ferrés

 

La directora italiana Alice Rohrwacher recibe la Espiga de Plata por 'La quimera', historia de un zahorí que tiene el don de hallar tesoros etruscos bajo tierra toscana

 

    Laura Ferrés posa para los fotógrafos tras recibir el anuncio en la lectura del palmarés de la 68º edición de la Seminci vallisoletana de ser la ganadora de la Espiga de Oro



La marcha del director Javier Angulo de la Seminci trajo el nombramiento de Jose Luis Cienfuegos, que venía del certamen de Sevilla y, anteriormente, de Gijón. Momentos antes de la lectura del palmarés de la 68º edición, algunos periodistas ya nos temíamos que el reparto de 'trofeos' iba a ser duro de escuchar y más de aceptar. Cienfuegos comentaba al inicio de la lectura, ¿a modo de autocrítica?, que habían sido siete días muy intensos de una primera edición bajo su dirección que debería de haber sido "más tibia y conservadora". Se puede entender que se refería al tipo de películas que han poblado no sólo la Sección Oficial sino otras como Punto de Encuentro.Vamos, que propuestas más radicales como Samsara, Sobre todo de noche, Música o The Shadowless Tower entre otras iban a ser moneda de curso legal a partir de ahora, en lugar de obras más accesibles para el público 'normalito' como Sala de profesores, El rapto o El maestro que prometió el mar por poner algunos ejemplos.
 
No sé hasta qué punto la sombra de Cienfuegos en el jurado es alargada o no, pero sospecho que el palmarés ha debido de ser de su agrado, pues si 'La imatge permanent' de Laura Ferrés ya venía del Festival de Locarno, certamen que, como bien dice un compañero de fatigas, hay que huir como de la peste, 'Música' de la alemana Ángela Schanelec bien podría haber venido del mismo aunque participó en Berlín habiendo conseguido un inexplicable premio al guion.

Lo que me llamó la atención fue que tan sólo dos miembros del Jurado Internacional de los cinco, el director indio Pan Nalin y  el director y docente Iván Gravosky, subieran al escenario del Salón de los Espejos del Teatro Calderón a dar lectura del palmarés. ¿Señal de que hubo desacuerdo con el resto, la directora Meritxell Colell, el productor británico Mike Goodridge y la directora de la revista Caimán Jara Yáñez? Vete tú a saber. La rapidez con que leyeron el listado -en un momento les dijeron que fueran más despacio, la solemnidad lo requería- parece indicar que se querían quitar el marrón cuanto antes. Al menos  esa fue mi interpretación.

Curiosamente, el director no dio resultados de  asistencia ni otros datos de los que Javier Angulo solía informar. Personalmente, en los pases de Sección Oficial no he visto que se llenasen las plantas superiores del Teatro Calderón, como así ocurría en años anteriores, sobre todo antes de  la  pandemia. También ha habido problemas técnicos en la proyección de varias películas que dan una imagen de un festival como el de la importancia de Valladolid que lo desmerecen, sobre todo cuando cuenta con  tres millones de euros aproximadamente de presupuesto.
 
 

PREMIOS PRINCIPALES

 


 Laura Ferrés recibe la felicitación del director de la Seminci, Jose Luis Cienfuegos

 
 
 
 
Laura Ferrés y el guionista de El viejo roble Paul Laverty
De la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, la ESCAT, están saliendo una hornada de directores que van copando premios en múltiples festivales. Este es el caso de Laura Ferrés con su 'Imatge permanent', cuyo anterior obra ya fue presentada por Valladolid. Había que amamantarla un poco más, pues una vez que un certamen amadrina a su retoño no ha de abandonarlo. 
 
Su trabajo hunde sus raíces en lo biográfico. Si en su primer corto fue su padre y la quiebra de su empresa de autobuses la materia narrativa, en el caso de la obra ganadora de la Espiga de Oro le tocaba el turno a su familia materna, procedente de Andalucía. En el prólogo, trata de ello con unos pseudo actores escogidos con la  única condición de que al sonreír tuvieran los dientes en su sitio. Lo de interpretar ya es otro asunto. Con una ambientación ¿de los años 50? que produce sonrojo, pasamos luego en una elipsis a una época cercana a Barcelona, donde Carmen, una publicista (?) en busca de caras 'reales' para una campaña política, se topa con Antonia, una mujer que emigró a Cataluña hace décadas. Esta vive de hacer perfumes y venderlos como quien vendía aquellos pañuelos de papel en los semáforos. Los que encargan la campaña necesitan personas 'auténticas' y ven en Antonia una opción perfecta. Claro, a los guionistas, Carlos Vermut, sí ese ensalzado por hacer rarezas que encandilan a gafapastas que no pagan la entrada por ver 'Magical girl' o 'Quién te cantará', y Ulises Porra, no se les ocurre otro ardid que hacer que los que pagan la campaña obliguen a Carmen a 'seducir' a Antonia para que participe en la operación publicitaria. Por eso la traerá a vivir a su casa para poder enjaretarnos diversas situaciones pretendidamente cómicas y que yo tildaría de sonrojantes, plúmbeas y subvencionadas. Si ustedes miran la filmografía de Carmen y Antonia en Filmaffinity verán que está en blanco. ¿Me entienden lo que les quiero decir? 
 
Ni que decir tiene que 'Imatge permanent' tiene una idea magnífica, si he entendido algo de una película con un tono docuficticio, moroso y pobretón, es que la Fotografía, así con efe mayúscula, deja un testimonio de nuestras raíces no sólo familiares sino de un tiempo. Carmen publicista llega en un momento a mostrarle ese álbum suyo a una desarraigada Antonia, cuya vida no dejará huella indeleble en ningún álbum vital de nadie salvo por las fotos que Carmen le ha podido hacer en la calle antes de  entablar relación 'interesada' con ella. Alguien me explica que ambas son madre e hija. Yo ya estaba mirando el reloj a los diez minutos de metraje pensando en el café del mediodía. El galardón a Ferrés, constituye la segunda Espiga de Oro a una producción española en la historia del festival y la primera mujer cineasta que gana del país. ¿Lo pillan? Será un éxito de taquilla... dentro de veinte años.
 
 
El protagonista de La quimera busca reencontrarse con su amor perdido

 
La Espiga de Plata fue a parar a otra directora,  la italiana Alice Rohrwacher, por su irregular aunque interesante 'La quimera'. A Rohrwacher la subieron al altar festivalero en Cannes en 2014 con El país de las maravillas y 2018 con Lazzaro felice, única vez en que me fui de los Multis de Bilbao ante el sopor que me provocaba su historia en un viernes de estreno. Con 'La quimera' vuelve a contar con otro personaje introvertido, raro, imposible de empatizar al menos para mí. Se trata del taciturno Arthur, otro ser marginal que vive en una chabola, desarreglado y sin ducharse, muy del gusto de los personajes de la directora, que acaba de salir de la cárcel por tráfico de patrimonio artístico. Tiene el don de localizar cual zahorí con palito tesoros del pasado etrusco diseminados  por la Toscana. Los 130 minutos se dejan sentir encima de lo que hay en la butaca del Calderón, mi culo, pues la guionista, la misma que dirige, mete personajes que en cierta manera lastran la columna argumental principal. Es el caso de los pasajes del personaje interpretado por Isabella Rossellini, Flora, que acoge a Arthur tras su paso por la cárcel como si fuera el hijo que no tuvo, o la excesiva descripción de los amigos ladronzuelos, cuya única manera de sobrevivir es comerciando con antiguos ajuares funerarios arqueológicos extraídos del subsuelo. Arthur estuvo enamorado de una de las hijas de Flora, Beniamina, de la que no sabemos al principio si está desaparecida o muerta. De ahí las imágenes en formato celuloide que evoca a los dos. Rohrwacher juega con la idea de desentrañar de la tierra los objetos funerarios de una civilización tan misteriosa como los etruscos en la región de la Toscana -de ahí que en el cartel y en la película aparezcan imágenes invertidas- con la idea de poder recuperar el amor perdido de Beniamina por parte de Arthur. Contiene uno de los finales más hermosos y trágicos vistos en la Seminci.


Premios de dirección


Fotograma de Música de la directora alemana Angela Schanelec, Espiga a Mejor Dirección


 
Otro desatino fue el Premio a la Mejor Dirección que, en este caso, fue a otra directora de nombre Ángela Schanelec por 'Música'. Se proyectó el miércoles 25 y  obtuvo una desaprobación con abucheos en el pase de prensa del Calderón. Fue la que menos gustó con diferencia. La puesta en escena es del estilo que paso a denominar 'zombie muerto': planos estáticos muy laaargos, actores pasmados, sin aliento, marmóreos, con elipsis que te asaltan cuando estás a punto de morfear, guion críptico para ir de intelectual... Vemos un plano de una ambulancia y un auto de policía llegar a la costa de alguna parte de Grecia. Se me hacen eternos. Y es el arranque. Vemos a unos padres, no sé si están muertos, heridos o qué. La ambulancia deja al bebé en brazos de unos señores que lo acogen. ¿Quiénes son? Ni idea. Se van a la playa. Salto en el tiempo. Ya no estás en la pantalla. Entre plano y plano te ha dado tiempo a hacer la colada y preparar la comida en caso de estar viéndola en casa. Dicen que tiene una estilo minimalista y distanciado. Y ese niño ya es adulto. Y sale de la cárcel por haber cometido un homicidio involuntario. Y una funcionaria se casa con él. Me entero de que acaba ciego. Y el tipo acaba siendo músico. De ahí el título. Hablan de reformulación del mito de Edipo, la tapadera cultural para que el que esto escribe tenga ganas de asesinar al que decidió programar esto. El razonamiento que da el Jurado es de juzgado de guardia: "Ha reconocido en Schanelec su mirada única y la forma de aproximarse a las historias cual compositora que juega a esconder la emoción en el interior de sus imágenes para dejarla estallar de la forma más conmovedora y bella".
 
 
Por si no fuera poco tal desatino, el Jurado decide otorgar -mejor, regalar- otro galardón más a este bodrio: el de Mejor Fotografía a los planos de belleza austera de Ivan Markovíc, despreciando el trabajo de luz de Francesco di Giacomo en una de las mejores películas de la Seminci: 'El rapto'. Si ciego acaba el protagonista de 'Música', ciegos los cinco del Jurado Internacional por dar este premio a una obra rodada con luz natural del Mediterráneo pues no había presupuesto para más. Claro, se habrán puesto ciegos a Ribera del Duero. Ahora lo entiendo.

 
Por si no fuera poco, el premio Pilar Miró a la mejor nueva dirección fue a otra mujer: la británica Molly Manning Walker, por una cinta, 'How to Have Sex', excesivamente alargada y con unos diálogos propios esa parte de la juventud alelada y que solo piensa en beber, drogarse y en follar. Sus 98 minutos no daban sino para un corto. No he visto nada novedoso ni que me haga presagiar que estamos ante una revelación. Cuenta el viaje de tres jóvenes británicas a una localidad turística de Grecia. Ni que decir tiene que el único propósito es el de perder la virginidad y ver quién se tira a más tíos en esos días de asueto. El tema fue abordado con mayor calidad artística en 'Esa clase de amor' (1962) por John Schelinger dentro del movimiento Free Cinema británico. No sé muy bien qué quiere contar con todo ello la directora, o si hay una cierta mentalidad y presión por perder la virginidad o denunciar el trato de los jóvenes con las chicas, que tan sólo piensan en descargar y si te he visto, no me acuerdo. Recibió el Premio de la Juventud. Lógico.
 
Es verdad que al premio Pilar Miró tan sólo cuatro directores podían aspirar a él. El bilbaíno Víctor Iriarte podría haber sido bien merecedor de él con su ópera prima 'Sobre todo de noche', relato de maternidades usurpadas en el régimen de Franco contado con cierta originalidad, tanto en la puesta en escena como incluso en el uso del formato de las imágenes a través de una crónica epistolar de dos mujeres a las que dan vida Ana Torrent y Lola Dueñas. Se tuvo que conformar, que no es poco, con el Premio Fipresci de la crítica internacional. Reconozco que no es plato para el gran público pero al menos siento que ha querido hacer algo que por otros derroteros habría sido más trillado.  

Premio a los actores



Ken Loach, director, y Paul Laverty, guionista, presentan El viejo roble cuyo actor Dave Turner consiguió el premio a Mejor Actor


 
Que hay gente que sin dedicarse a la actuación pudiera dar el salto a la interpretación es un hecho que ya lo confirmaron en el Neorrealismo de los 40 Rossellini, Visconti y compañía. Dave Turner es un ejemplo de ello. Bombero y hostelero de profesión, pasó al cine cuando Ken Loach lo eligió para papeles secundarios en Yo, Daniel Blake (2016) y Sorry We Missed You (2019). El Jurado ha debido ver una actuación premiable en su papel protagonista como el dueño de un pub venido a menos en el norte de Inglaterra en el filme 'El viejo roble'. El pasado de una esplendorosa industria minera ha quedado en el olvido y la depresión económica azota la región. A ello se suma la llegada al pueblo de unos refugiados sirios que sacudirá los más ocultos sentimientos de los habitantes del lugar: racismo y sensación de injusticia. El regente del pub El viejo roble tendrá que apaciguar los ánimos autóctonos y echar una mano a la nueva comunidad que no eligió Inglaterra por gusto. Loach rueda una película flojita, que llega al corazón del público, sí, pero que no oculta su demagogia y su subrayado tanto en el mensaje -la colectividad del  comunismo frente al individualismo del liberalismo para lograr una sociedad más justa- como en la composición de los personajes: sirios refugiados buenísimos, la clase proletaria inglesa malísima, salvo el prota TJ Ballantyne y una mujer oenegeta que ayuda a aquellos en su integración. No es su mejor película ni de lejos pero obtuvo, además, el Premio del Público
 
Aprovecho para comentar que el actor Andrew Scott protagonista de 'Desconocidos' bien pudiera haber sido el que se llevara el gato al agua. Desgraciadamente, la obra del también británico Andrew Haig se fue sin ninguna recompensa. Toda una injusticia para una historia muy interesante y contada con pulso y emoción. El argumento está basado en una novela japonesa y plantea la cuestión de qué pasaría si tuvieras la oportunidad de volver a ver a tus padres fallecidos hace tiempo.

 
 

 
Nada que objetar al premio Mejor Actriz que fue a parar Léa Seydoux por su trabajo en 'The Beast' de Bertrand Bonello. Se trata de la adaptación de un relato corto de Henry James, La bestia en la jungla, escrito en 1903. Bonello lleva este relato a tres momentos temporales: 1910, 2014 y 2044. Se hace larga, confusa en su montaje y reiterativa en su desarrollo. De las tres épocas, es en la primera donde Léa Seydoux está más acertada. El director no acierta en su loable intento de contar una historia mediante tres géneros diferentes: el melodrama, el thriller y la ciencia ficción. El tema moral que aborda James en su relato, el de la necesidad de comprometerse auténticamente en el amor y la pulsión egoísta y evasiva que huye de ese compromiso, se ve confuso en esta adaptación cinematográfica.
 
 

Merecidos los premios de guion y montaje

 

 
'El rapto' del octogenario autor italiano Marco Bellocchio se llevó el premio a Mejor Guion. Sabe a poco, pues esta obra de más de dos horas se merecía mucho más. Curiosamente, un compañero me decía que era un filme clásico, como si eso fuera un desdoro a su valía. Se ve con interés de principio a fin y contiene momentos de gran cine. Bellochio a sus 83 años sabe lo que es una cámara y sabe cuándo debe usar el plano general, el medio y el primer plano, sabe cuándo mostrar Bolonia, sabe cómo iluminar y sabe como dirigir a los actores hasta lograr escenas tan fascinantes como el momento en que un niño en sueños desclava a Jesucristo crucificado o una madre mantiene una tensa y emotiva conversación con un religioso para recuperar a su hijo.
 
Estamos en 1858 en un barrio judío de Bolonia. Por orden del cardenal de la Santa Inquisición, unos hombres entran en casa de la familia Mortara para llevarse a uno de los hijos, Edgardo, por saberse que ha sido misteriosamente bautizado cristianamente. La ley papal hace que deba recibir una educación católica a pesar de la familia. La lucha por recuperar a su hijo por parte de unos padres angustiados por una situación absurda será el eje dramático. Como telón histórico de fondo, Bellocchio describe muy bien cómo los Estados Pontificios, regidos por el papa Pío IX, van a ser aniquilados para formar parte del nacimiento de Italia como Estado, del mismo modo en que Edgardo irá siendo domeñado hasta convertirse en un buen cura católico. El drama me recuerda a 'Centauros del desierto' (1956) con la búsqueda de la secuestrada sobrina de Ethan por parte de los comanches y la triste recuperación de esta convertida, tras años de búsqueda, en una comanche más. Curiosamente, un compañero me desvela que Edgardo Mortara tiene una calle en la localidad guipuzcoana de Oñate.

 
Sala de profesores de Ilker Çcatak se llevó el premio al Mejor Montaje

 
Otra de las notables películas que hemos visto en esta edición, no hubo en mi opinión obras sobresalientes, se trata de 'Sala de profesores' del alemán Ilker Çatak. Merecido el premio al Mejor Montaje a Gesa Jáger. Es una historia de 94 minutos que se ve con sumo interés y que no permite ir al baño ni al frigorífico -si se está en casa-  hasta que no acaba. Narra la historia de Carla Nowak (fantástica Leonie Benesch, que podría haberse llevado el premio a la interpretación), profesora de un instituto. Se nota que lo suyo es vocacional, se viste por los pies, tiene integridad y respeta a los alumnos, los comprende y los apoya. Cuando se registra una serie de robos en el centro, las sospechas recaen en un alumno. Ella decide buscar al sospechoso y aclarar todo. Sin embargo, su acto tendrá unas consecuencias inesperadas para todas las partes que conforman ese microcosmos: padres, profesores, alumnos y demás personal. Me gusta porque nada es blanco y negro, todo tiene matices en esta historia de suspense y que coloca a Carla, y por ende, a nosotros como espectadores, en un estado de tensión difícilmente soportable. El final es digno de los tiempos educativos en que vivimos. Alemania ha decidido -con gran acierto- enviarla a los Oscar de 2024.

Hasta aquí ha llegado lo que el escaparate de este blog ha podido mostrar en torno a la 68º edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. 17 películas a concurso y muchas más en otras sesiones. De entre las vistas en ellas, no quisiera dejar de mencionar por su valor cinematográfico y para quien quiera tomar nota de una obra que roza lo sobresaliente. Se trata de 'En nombre de la tierra' de DK Welchan y Hugh Welchman, los cuales han usado la técnica de 'paint on glass' - como lo hicieron para Loving Vincent (2017)- para narrar una bella historia en la Polonia rural a caballo entre los siglos XIX y XX. Una joyita que no deberían perderse por la cuenta que les tiene.







lunes, 1 de noviembre de 2021

SEMINCI 2021: gana Last Film Show

LA ESPIGA DE ORO 2021 SE VA A LA INDIA

La película con niño Last Film Show del director Pan Nalin triunfa en lo que es un canto del cisne al cine.


El domingo 24 de octubre tuve la oportunidad de degustar lo mejor que podía ofrecer la Sección Oficial de la Seminci de 2021. Como suele ser (buena) costumbre, antes del largometraje se proyecta un corto. Este fue El limpiaparabrisas (The Windshield Wiper) del madrileño Alberto Mielgo, un corto que aborda con más densidad que cientos de largometrajes las diversas fases del amor. Una obra maestra que tiempo después ganaría el Oscar al mejor corto de animación.






Teatro Calderón, sede principal de la 66ª edición de la SEMINCI de Valladolid

De amor también trata la Espiga de Oro, pero en esta ocasión de amor al CINE. Lo escribo en mayúsculas porque se trata de ese amor puro y lleno de fascinación que sólo puede provenir de un niño, Samay, el prota, que un buen día acaba en el cine Galaxy de su pueblo indio y queda fascinado por el fenómeno de la proyección de la luz que cuenta historias.

Last Film Show, que ese es el título, no es perfecta y, además, tiene el inconveniente de que durante la proyección a uno le venga a la memoria el recuerdo de Cinema Paradiso (1988) de Giuseppe Tornatore. Sin embargo, es tan poético y animoso el empeño que pone Samay en ir paso a paso hasta reconstruir un proyector casero a imitación del que hay en el Galaxy, que su director, Pan Nalin, nos ofrece una media docena de secuencias que pasarán a la historia del cine. O deberían. Si Cinema Paradiso testimoniaba la defunción de una forma de ver cine en la comunidad de una sala, la película india va más allá: confirma la desaparición y transformación del material con el que estaban hechos los sueños hasta 2009: el celuloide. Algo muy espiritual indio hay en observar cómo el contenido de esas viejas latas de celuloide acaban reciclándose en pulseras y collares que lucen unas lindas jóvenes en el vagón de un tren. Y a Samay al menos le queda el consuelo de ver esos bellos ornamentos refulgentes por la incidencia de la luz a través de las ventanillas del tren.

ANÉCDOTA

En la comida que tuvimos algunos críticos de cine el último día de la Seminci, hicimos una quiniela para ver a qué peli le otorgaríamos la Espiga de Oro. Fui el único que apostó por Last Film Show. Gané, aunque jugaba con la ventaja, inestimable, de que la presidenta del jurado de 2021 era la india Deepa Mehta. Era la primera vez que un filme indio ganaba dicha distinción en los 66 años de historia de la Seminci.

                                                                                      







El Jurado 2021 presidido por la directora Deepa Mehta anuncia la Espiga de Oro



ESPIGA DE PLATA: SEIS DÍAS CORRIENTES


Es habitual en los últimos años que, dentro de la sección oficial, venga una muestra del cine catalán, y en este no podía ser menos. Seis días corrientes (Sis dies corrents, 2021) está dirigida por Neus Ballús y narra las peripecias de tres fontaneros, actores no profesionales y de caracteres muy diversos, que van visitando los domicilios de clientes pintorescos. La película venía del Festival de Locarno y con premio bajo el brazo a la interpretación, así que uno, siempre prejuicioso, se esperaba lo peor, en el sentido de ver una película "rara" o "arriesgada" en el argot de los críticos. Pues bien, Seis días corrientes es una entretenida y muy interesante comedia que hizo las delicias del público del Teatro Calderón. Buena prueba de ello es que se llevó el Premio del Público. Inesperadamente también conquistó el segundo premio en importancia de la sección oficial, la Espiga de Plata. No suele ser habitual que el género de la comedia sea tratado como se merece por los jurados de cualquier festival.

Lo más destacable de la historia de estos trabajadores manuales es el tono, una mezcla de comedia documental o documental cómico, donde a pesar de las diferencias entre los tres personajes (no muy diferentes en la vida real de sus roles) se crea una conexión que funciona a las mil maravillas. Pep, perfeccionista y serio en su trabajo, Valero, dicharachero y xenófobo, y Moha, un joven marroquí tímido y eficiente que empieza a trabajar en la empresa de fontanería y electricidad del primero, son personajes que llegas a empatizar con ellos y a disfrutar con sus peripecias, a cada cual más divertida Filme de pequeño presupuesto pero grande en sus resultados.

RESTO DEL PALMARÉS


El premio al mejor director fue a Fred Baillif que con The Fam logra un fresco de la convivencia difícil en un centro de menores cuyas vidas rotas por distintas causas hacen que se vea con cierto interés. El hecho de que Baillif haya sido educador social de estos hogares de acogida hace que la dirección con chavales sin experiencia ante las cámaras le dé la suficiente naturalidad para convencer al espectador de que aquello tiene visos de verosimilitud. Sin embargo, The Fam no aportada nada a lo que hemos visto en películas anteriores de esta temática como pueda ser La clase de Laurent Cantet o Dos días, una noche de los hermanos Dardenne y vista esta última en la edición de 2014, por ejemplo.

Excesivo ya es el hecho de que le dieran un segundo premio, el José Salcedo al montaje. Y no porque no lo mereciera este drama social rodado con cámara en mano, donde la dificultad estaba en manejar en la sala de montaje tantos personajes, cada uno con sus problemas personales o familiares, sino por acaparar dos premios cuando había películas que se fueron de vacío.

La actriz Yllka Gashi por Colmena y el ruso Yuriy Borisov por Compartimento Nº 6 se llevaron sendos premios actorales. Nada que reprochar a la primera, ya que lleva el peso en el rol de una mujer kosovar que, tras ver la desaparición de su marido durante el conflicto que asoló la zona balcánica en 1998, tiene que tirar de su familia creando una empresa de recolección de miel con otras mujeres lugareñas. Sin embargo, el actor Borisov ha tenido la suerte de una edición donde los roles masculinos no eran abundantes ni destacables. Además, su película Compartimento Nº 6 no es para echar cohetes.

Del palmarés queda por destacar el premio Pilar Miró al mejor guión a Paul Schrader por El contador de cartas. Con esta propuesta, Schrader recupera su pulso como director y guionista que muchos pensaron que había perdido, ofreciéndonos la vigorosa historia de un ex militar, un Oscar Isaac notable, que se dedica a jugar al póker en los casinos y donde la aparición de una mujer hará que sus planes se desvíen hacia una plan de redención.

No quisiera dejar en el olvido de esta reseña tres películas que merecieron estar presentes en el palmarés oficial, alguna de ellas lastrada para ello por haber recibido premios en festivales grandes. Una es la que se llevó el premio Fipresci de la crítica, La peor persona del mundo del cineasta noruego Joachim Trier. La actuación de Renate Reinsve como una joven que cruza la treintena en busca de la madurez sentimental es una mezcla de comedia y drama, donde el tema de la maternidad está presente. Atención a la secuencia romántica en la que todo parece (literal) pararse para encontrarse con su nuevo amor. La segunda es I'm your man de la alemana Maria Schrader en la que plantea, cosa que llegará, qué pasaría si tu pareja ideal fuera un robot humano. Y, por último, El acontecimiento de Audrey Diwan en la que al igual que las anteriores la mujer es protagonista. La historia desgarradora, y por momentos de una contundencia brutal, de una joven estudiante de Letras que en los años 60 del anterior siglo se queda embarazada. 


JUAN JOSÉ CAMPANELLA, ESPIGA DE HONOR


La organización de la Seminci cree que dar a tutiplén espigas de honor es una manera de día sí y día también  de que el certamen esté en boca de todos los vallisoletanos y demás seguidores. Siete fueron los galardonados. Junto al director argentino Juan José Campanella, del que tuvieron a bien proyectar su más aclamada película, El secreto de sus ojos (2009) y que tuve el placer de compartir proyección con él en una sala pequeña de los Broadway, fueron premiados también los fotógrafos Vittorio Storaro y José Luis Alcaine, los actores José Coronado, Mercedes Sampietro y Emilio Gutiérrez Caba y el director vasco Álex de la Iglesia. Este último dio una clase magistral en el Salón de los Espejos del Teatro Calderón, abarrotado, que hizo las delicias de los asistentes. Cosa distinta es que sus últimos trabajos, como es el caso de Veneciafrenia, pasen con más pena que gloria, al menos en las salas.




El director Carlos Saura, que estuvo presente fuera de concurso con El rey de todo el mundo, acompaña a la Espiga de Honor, Vittorio Storaro, iluminador de muchas de sus películas.


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