Visitas de las páginas en total

Mostrando entradas con la etiqueta Albert Serra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Albert Serra. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de febrero de 2026

Tardes de soledad II

Albert Serra, taurino en Las Arenas de Getxo

  

El director de Banyolés Albert Serra en la Escuela de Música Andrés Isasi

 

 

El pasado viernes, 20 de febrero de 2026, tuve la ocasión de asistir por segunda vez (la primera fue en el Zinemaldia, donde ganó una merecida Concha de Oro) a la proyección de un documental titulado Tardes de soledad . Lo dirige el director Albert Serra y tuvimos la suerte de que se presentara al inicio y acudiese al coloquio tras la proyección en la sala de la Escuela Andrés Isasi de Las Arenas en Getxo. Una sala, por cierto, que al verla le gustó tanto que se animó a venir. ¡Lástima que ni la acústica ni la calidad de imagen estén a la altura de un municipio como Getxo!

Albert Serra está nominado este año a los premios Goya por esta joya del cine a Mejor Dirección (extremadamente inusual que un director de cine documental compita en la categoría general de dirección contra obras de ficción) y a Mejor Documental. Como me comentó Serra a la salida, lo tiene complicado: "Creo que hay un 35% contra un 65% de que ganemos". Flores para Antonio, sobre la figura de Antonio Flores y su hija Alba, dirigida a alalimón por Elena Molina e Isaki Lacuesta (el tipo con una flor en el culo) es la favorita. Poco tienen que hacer las restantes.

Transcribo la presentación y la conversación que tuvo Albert Serra con parte del público que llenó prácticamente el patio de butacas del Andrés Isasi. Hubo gente que se marchó. No sabemos si porque se aburrió, porque no soportó ciertas imágenes crudas de las corridas de toros o porque la próstata o la artritis se hacen insoportables cuando el metraje alcanza los 125 minutos. 

A la salida, el autor nos desveló que estaba en pleno proceso de montaje de su nueva obra: Out of This World interpretada por Riley Keough, F. Murray Abraham y Elisaveta Yankovskaya, un thriller sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania. 

Lo que sí puedo afirmar es que escuchar a Albert Serra es una delicia en unos tiempos en que se habla con bozal, se clama o declama con superioridad moral o se destierra el humor en forma de socarronería, sarcasmo o fina ironía en unos tiempos en que se ponen jerseys y chubasqueros a perritos para pasearlos por las calles, se recogen sus caquitas en bolsas de plástico o se les transporta en carritos en un país con la más baja tasa de natalidad. Y si no, aquí tienen resumida su intervención.

Pregunta. –¿Cómo se originó el proyecto de rodar un documental taurino y a un torero como Roca Rey a lo largo de plazas de primera como Las Ventas de Madrid, La Maestranza de Sevilla o Vista Alegre de Bilbao?

Respuesta. ‒El director del Máster de Documental de la Universidad Pompeu Fabra me propuso rodar un documental. Pero no tenía un tema que me interesara para hacerlo. Tenía que ser algo que pudiera conocer, que no fuera una cosa exótica de la que no entiendo nada, sino una cosa que sea relevante de nuestro entorno. Y le digo que no tengo tema, que no me interesan los problemas de los vecinos o cualquier chorrada que haya por ahí. Otros a veces deciden hacer documentales porque, en lugar de escribir un libro, de hacer periodismo, pues dicen voy a hacer un documental, porque son unos vagos y como no van a escribir un libro, les parece más divertido hacer un documental. Pero en este caso mi única teoría para hacer un documental era que el mismo tema no se pudiera tratar con ficción. Así que Tardes de soledad  no se puede simular, no se puede representar y no hay otra forma de tratarlo si no es con la aproximación de voluntad. Entonces ante esta imposibilidad de hacerlo de otra manera me dije, pues mira, el tema taurino, que está aquí al lado, y que de alguna manera me oriento un poco y sé algo, pues tendremos que hacerlo. Y así voy a darles satisfacción a estos de la universidad. 

P. – ¿Tardaste mucho en decidirte entonces?

R. ‒ Cuando les dije que ya tengo una idea para un documental, después de cuatro años que me perseguían, me preguntan que cuál: la tauromaquia. Y me dicen: "¡Nooo! La tauromaquia, ¡no! Va a haber problemas, es un tema controvertido". Y le digo que no se me ha ocurrido nada más, que era él el que me preguntaba, el que me pedía que hiciera algo, que no había ido yo a buscarle. 

P.  –Y al final, ¿qué?

R. –Al día siguiente me llama y me dice que ha pensado en el tema taurino, y pues precisamente porque ahora no toca, vamos a hacerlo. Y yo pensé: "Bueno, tardó 24 horas". Yo a esta conclusión llegué con 0,5 segundos, pero bueno, además más vale tarde que nunca. Y entonces decidimos hacerlo y con una idea en la mente. 

P.  –Esa idea pudiera ser como la que tanto éxito le ha dado a Alauda Ruiz de Azúa, que es el respeto al espectador, que cada uno saque las conclusiones que crea oportuno. 

R.  –Evidentemente es una película que tiene que documentar un hecho, pero al mismo tiempo tenía que ser una película en sí misma, un espectáculo que se justificara por sí mismo, en tanto que espectáculo de cine y que no tuviera necesidad de explicar nada concreto ni de dar ninguna lección, ni de hacer ninguna apología, ni criticar nada. A mí no me interesan las películas que te dan algún tipo de mensaje. 

P.  –Su acercamiento al tema fue... 

R.  –Acercarme con curiosidad, intentando borrar todas mis propias ideas, todas mis propias expectativas y con curiosidad, con inocencia. Empezamos a indagar con la fe en que la cámara revelaría cosas que el ojo humano simplemente no puede ver. Como se puede ver, el punto de vista, la atmósfera está llena de momentos que ni la gente que ha ido mil veces a una corrida  –o los mismos protagonistas – pues no han tenido nunca esta perspectiva de sí mismos ni de lo que hacen, ni de cómo esto puede ser mirado desde fuera, pero con una mirada también artística, que este era otro objetivo; es decir, hacer una película artística y esto lo justifica todo. Entonces hay algo de arbitrario, ya que puedes hacer lo que te dé la gana, porque tú lo que quieres hacer es una obra de arte. Entonces lo de menos es el tema. La gente quiere ver una cosa diferente, que le transforme.

P. – Cuénteme la anécdota que le sucedió en Nueva York en una proyección acerca de esto que habla de la transformación en el espectador.

R. ‒ En el Festival de Nueva York, se me acercó una mujer al final de la proyección y me dijo: "Le felicito, me ha encantado la película. Realmente me ha trastornado. Ha sido una experiencia increíble. Sabe usted, yo soy vegana". (Risas). "Y además, tengo dos perros en casa y siempre he estado muy preocupada por este tema de los animales. Pero no lo he podido evitar: la película me ha gustado mucho. Ha sido toda una experiencia. ¡Es que usted, usted, me ha corrompido!" Bueno, le dije, en todo caso habrá sido la película. (Más risas). 

P.  –¿Cuál cree usted que es la misión del cine entonces, corromper al espectador? 

R.  –La anécdota de la señora me dio a pensar que quizás esta debería ser la misión del cine en general: corrompernos permanentemente. Es decir, hacernos ver las cosas de una manera completamente diferente, desde lo más lejano que nosotros podíamos imaginar. Y a pesar de eso, acabar como esta señora, al final de la proyección, que uno acaba amando lo que detestaba al principio. O a la inversa, que puede acabar detestando lo que antes amaba. Este es el poder del cine y su magia de trastornar de esta manera.

P. – El acercamiento al tema del documental, las corridas de toros, ¿cómo te lo planteaste?

R. ‒Si tú haces un documental con el objetivo artístico en la cabeza, entonces no vas a hacer un panegírico del torero Andrés Rey Roca, de lo que estás viendo, ni una crítica si no tienes ninguna idea a priori, algo que decir sobre el mundo del toreo. Esta es una premisa bastante interesante mía, que es la de que yo no tengo nada que decir. Entonces utilizo las cámaras para ver e intentar buscar cosas que me sorprendan a mí y, que por casualidad, incluso pueden llegar a sorprender a gente que está toda la vida dentro de ese mundo de la tauromaquia. 

P. ‒ Pero tu aproximación estilística se aleja de otros documentales.

R. ‒Sí, trato de buscar que sea una imagen un poco más poética, un poco más ambivalente, un poco más extraña de lo que está sucediendo en la plaza de toros, un poco más profunda, quizás. Pero al mismo tiempo, claro, es un documental. Y he de tener cierto respeto por el tema, tienes que tenerlo. Si no es así, pues haces una película con tu tema y con tu gente, y no vas a molestar a otras personas para hacer, sabes, una crítica. Esto es una cosa muy estúpida, además, porque todas las películas documentales son una crítica de algo, de alguna manera a mí nunca me gustaron, pues siempre pones por delante tu opinión sobre un tema. Ya es mucho más agresivo, digamos, criticar algo que elogiar algo. Da la sensación de que tu opinión es mucho más importante, que realmente tienes como la necesidad de decir algo sobre eso.

P. – Entonces en Tardes de soledad ¿no se plantea si se está a favor o en contra de la tauromaquia sino que hay un cierto acercamiento desde la fascinación?

R. ‒ Lo primero es que no quiero perder mi vida en criticar cosas, no me apetece porque no tengo tanto tiempo. Entonces, si hago algo es ligeramente en positivo, porque me fascina lo que me gusta, que me intriga, por lo que siento curiosidad, por lo que sea, pero no quiero ser negativo. Yo no voy a perder mi vida en criticar cosas, que se espabilen los otros. No es mi problema. No me interesa y me da igual. 

 

Al entrar a matar, nos salió un Mihura, Albert Serra

  

P. – Pero usted, ¿está a favor o en contra de la tauromaquia?

R. ‒ No tengo nada a favor de la tauromaquia. Pero si me dan a elegir, prefiero que exista. Mira, sólo porque existe una cosa diferente. No me gusta que todo el mundo sea igual, que todos los aeropuertos sean iguales, así como todas las ciudades, las mismas tiendas o que todo el mundo piense lo mismo. Prefiero hacer algo un poco diferente y no está mal, sea esto, sea otra cosa.  

P. – La participación de Roca Rey y sus subalternos en el rodaje, ¿supuso alguna modificación en el plan de rodaje o de enfrentamiento de lo que tú querías rodar?

R. ‒ Si te importa, lo justo, para ser respetuoso, es que de alguna manera haya un equilibrio de los elementos que tú has encontrado delante de la cámara y esto se refleja en la película final. Pero al mismo tiempo, sabes, el objetivo es artístico, como dije al principio, siempre será una forma de traición. Siempre habrá algo de arbitrario, digamos, en la visión o en la mirada artística que no va a gustar a los protagonistas. Y esto de alguna manera es el certificado objetivo de la validez de la cosa. No digo que tenga que ser ningún tipo de enfrentamiento ni nada. Los toreros quieren ver una determinada imagen de sí mismos. Y a mí, como artísta, lo que pensaban los toreros me daba igual. Porque el arte no entiende de moral. La película, de todas formas, existe gracias a la generosidad de ellos y de dar un acceso completamente inédito en la historia de la tauromaquia y del cine. 

P. – En cierta manera, usted ha sido un privilegiado al poder rodar el documental como lo ha hecho.

R. ‒ Estoy agradecido, sí. Y la mejor muestra de agradecimiento es dar la mejor película posible. Y esto es una contradicción porque les vas a dar el mejor documental posible y, a su vez, les expones a un nivel de amplificación tan grande, donde uno se ve a sí mismo sin haber tenido experiencia anteriormente, como objeto de una obra de arte con esta ambición. Y al verse distinto a como se hubiera querido ver, habrá siempre un grado de fricción inevitable. Es como una traición a los toreros participantes, pues no puedo rebajar el nivel artístico de la película en aras de que al protagonista le guste. 

P. – Has comentado que cuanto mayores y más peligrosos eran los toros y más importantes eran las plazas, la tensión narrativa de Tardes de soledad mejoraba.

R. ‒ Eso no se puede reproducir en ficción. Si tú quieres filmar un ritual, ¿cómo vas a representarlo con actores? No tiene ningún sentido. Como el componente ritual es tan importante, tan esencial que lo configura todo, no se puede representar, más allá de su propia repetición. Lo que tratamos de hacer en el montaje es reproducir la estructura del ritual taurino a través de la reiteración, como la gente que va a misa. Y es algo no narrativo. Por eso todas las películas que se han hecho sobre tauromaquia han fracasado, pues son obras narrativas, explican problemas que tienen una evolución dramática como El momento de la verdad de Francesco Rosi. 

P. – Entonces, ¿no quisiste rodar un documental narrativo?

R. ‒No, no. No quise hacer un entretenimiento con una estructura narrativa. Desde el principio me dije que Tardes de soledad no era entretenimiento, sino que iba a reproducir el ritual. Y eso es repetición, repetición y repetición. 

P. – ¿Por eso hay tantas escenas de corridas de toros?

R. ‒ Mira, hay gente que me dice que le ha encantado, pero la última corrida ya sobra, ¿no? La idea era simple: que se repitieran [las escenas de los tercios], y que tuviera esa estructura de que no esperaras nada. El ritual taurino, el rito sacrificial, es como una magia en la que esperas algo, que se va renovando.

P. – Has elogiado al documental como modo para contar la esencia de algo tan importante como esto de la tauromaquia.

R. ‒ Hay poca gente que tenga la misma aptitud que yo. Porque a mí me da igual todo. Me da absolutamente igual lo que piensa el público, lo que piense el torero o lo que piense todo el mundo, o si la película va bien o va mal. Me da igual. Y esto es una aptitud muy sana, higiénica para afrontarse con el documental, pero no creo que la tenga mucha gente. Siempre tienen algo que decir, siempre algo de ego, opinión propia. Ves a estos tontainas en los Goya haciendo discursos políticos todo el rato, que hasta un niño de tres años ha pensado. No sienten una curiosidad real por algo, no se ponen en una situación de inocencia, de expectativa por conocer, en este caso, a los toreros. ¿Son gente seria o no, buena o mala gente? Hay gente que trata temas más peligrosos y se juegan la vida propia, no la de los protagonistas de los documentales, rodando en Ucrania, Palestina, Rusia. Algunos con logros artísticos extraordinarios, la mayoría con logros artísticos pésimos. 

P. – El coraje y el logro artístico no siempre van unidos de la mano, ¿no? 

R. ‒ En el documental es algo contradictorio, pues hay de algún modo que estetizar. Y es lo que vemos en Tardes de soledad. El documental para ser artístico tiene que ser una expresión artística de algo. Entonces se da la paradoja para mucha gente de que en realidades muy horrorosas, no ve bien que el artista documentalista embellezca la guerra, por ejemplo. Parece que hace una apología implícita de la violencia al estetizarlo. 

P. –¿Usted no lo cree? 

R. ‒ No. Aquí vemos cómo se muere el toro y hay un plano de cuarenta segundos o de un minuto en el que  vemos cómo la vida se le escapa y parece que lo estés viendo en cámara lenta incluso. Trato de que el espectador vea algo en lo que no se ha fijado antes y está un poco estetizado. En fotografía o en pintura lo hemos visto, pero verlo continuo en el tiempo no se había visto ya que no existía la tecnología adecuada. Todo acto de filmación de realidades violentas u horrorosas sería una apología implícita si lo haces estéticamente, porque sería algo tan bonito... Por eso le criticaron a Luchino Visconti por La caída de los dioses al filmar a los nazis con unos trajes elegantes y que fumasen de manera señorial, así todos quieren ser nazis porque van tan elegantes... El guion critiza el nazismo pero las imágenes que se ofrece de ellos son tan hermosas que parecen ensalzarlos. 

P. – Hay otros casos de lo que comentas como el del documentalista Gianfranco Rosi.

R. ‒Fuego en el mar fue muy criticado también porque mostraba cómo allegaban inmigrantes a la isla de Lampedusa de una manera bonita. Filmaba a los fallecidos en la costa recubiertos de esas mantas térmicas plateadas, como si fuera arte contemporáneo, desapareciendo así, pensaban algunos, la crítica social, y fascinándose por esa cosa ritual de la muerte, aunque fuera horrible, accidental y moralmente execrable. Mi documental aborda una realidad más inocua pero también se da esta paradoja de rodar lo dramático de una manera estética. Yo no soy el responsable de que existan las corridas de toros. Tan sólo lo filmo. Ya existía. Como decía un filósofo catalán, "las tradiciones no hay que matarlas, hay que dejarlas morir". Esta dicotomía entre lo estético y lo moral, y mi documental plásticamente es vistoso, la sangre del toro, los trajes de luces, el traje manchado de sangre, que no sabes si es del toro o del torero, los brillos cuando salen en la Maestranza, que ya no sabes si estás en la realidad o en Marte, o la furgoneta donde va la cuadrilla que parece una nave espacial, todo ello es el logro de la complejidad de la realidad. 

P. – Como introducir el humor al lado de la muerte.

R. ‒ Exacto. O un tipo de poesía popular con la que habla uno de los subalternos de Roca Rey diciendo "con qué verdad has matado a los dos toros", "con verdad plena". ¿Quién diría verdad plena? ¿Cómo se mata a un toro con verdad plena? Y esto es real. No me lo he inventado yo. El sonido me lo encontré al final del rodaje ni miré la imagen tampoco. En la película ese esteticismo puede parecer construido. Pero la captación es supersalvaje, sin ningún tipo de control. 

P. – ¿Qué dificultades hubo en el montaje?

R. ‒ Un tema muy controvertido, que dio mucho que hablar en esa fase: los insultos al toro, los momentos en que no muere el toro y le llaman “hijo de puta, me voy a tomar una cerveza más fría que tu puta madre”. Hay un mito en la mente del espectador de que el torero, al menos,  tiene un respeto por el toro, que es una lucha noble. No se le insulta así al toro. Sí, claro, pero esto está en la realidad de lo que se rodó. Y yo me preguntaba hasta qué punto podemos poner mucho de esto en el documental. Dependiendo de lo mucho o poco que salga, podemos tergiversar la realidad. Pero resultaba que los toros que aparecen en la película eran toros muy difíciles, para ellos bastante innobles, poco bravos, peligrosos para torear en plazas importantes como las que salen. Les tenían un odio especial porque no les habían dejado lucirse. Si no entiendes esto, lo que pensabas de que la lucha entre torero y toro era algo noble, se convierte en los insultos de un psicópata sádico. Pero esto no siempre es así, porque tengo muchas horas de grabación. Depende del tipo de toro y de corrida. Es como en la guerra entre franceses y alemanes: en paz, son hermanos, de la misma raza, misma religión, pero si tienen que matarse entre ellos, ¿qué se van a decir, ¿simpático? Pues ojalá que se muera el otro y no tú, ¿no? Entonces, elijo poner estos insultos de los toreros en un contexto determinado como son las plazas importantes y con toros difíciles. Espero que el espectador lo entienda, de que lo dicen porque están en corridas complicadas, que todo tiene sus matices. Espero que la gente lo comprenda, si no pues mal.  



P. –En las escenas que transcurren en la furgoneta con la cuadrilla y Rey Roca, no se llega a entender bien. 

R. ‒ El sonido está bien. Lo que pasa es que hablan de modo que con una captación de sonido muy buena se hace incomprensible lo que alguno dice por el acento andaluz. Hay alguna frase al límite de lo comprensible pero es lo que hay. Que le enseñen dicción. Esto es un documenta.. No soy profesor de dicción en la vida real. Soy documentalista. En la ficción, pones a uno con buena dicción, que lo repita veinte veces hasta que lo diga bien. 

P. – Existen tres mundos: la plaza, la furgoneta en la que va la cuadrilla y la soledad del torero en el hotel

R. ‒ Esto era una idea mía desde el principio. Creo que en el documental hay que limitarse por si no la realdiad sería inabarcable. Y a mí me gustaba cuando Roca ya estaba vestido de torero, que se ve como héroe. No me gustaba la vida cotidiana de la persona corriente aunque fuera torero. Tenía que aparecer vistiéndose o ya vestido en plan héroe, en algo que no es en la vida cotidiana. Y esto es bastante paradójico porque para el matador, sobre todo, la vida real es lo que transcurre en la plaza. Y lo otro es como trabajar, es vivir una normalidad anodina. 

P. – ¿Se descartó del montaje final muchas cosas?

R. ‒ Rodamos con unos chicos jóvenes que quería que fuera un prólogo o epílogo. Eran unos toreros en ciernes toreando a la luz de la Luna en la dehesa. Al final como no había sangre, era como algo medio infantil, lo quitamos y nos quedamos con el plano del toro que nos mira al frente. Fue una casualidad este prólogo. Nos gastamos mucho dinero porque es complicado rodar al aire libre, sin barreras, con seguridad, pero al final el resultado era inane. No había sangre. Y el elemento de la sangre es algo que da un interés extraordinario a la película, no como violencia sino plásticamente. 

P. – Tardes de soledad está concebida con planos de detalle.

R. ‒ Esto es bastante raro: el hecho de dar importancia a detalles muy pequeños. Esto no es periodismo sobre si toros sí o toros no. Además, si uno tiene una opinión sobre esto, de qué te sirve la película ya. Esto es una experiencia para el espectador orientada al placer estético, que ambiciona ser una obra de arte, siendo una experiencia cinematográfica. Con estos detalles que se muestran (como el plano que trasncurre en La Maestranza y vemos cómo uno de los subalternos mira a Andrés Roca con una cara de amor, una cosa extrañísima), que hay que estar concentrados para verlos, trato de alejarme de esos directores que tienen ideas que ilustrar porque todo es brocha gorda. Los detalles en ese caso no tienen mucho sentido, pues lo que pretendes es ilustrar una verdad. ¿Cómo vas a trufarla de detalles cuando estos son por definición espontáneos, como apéndices de la realidad? Por eso en la ficción, se simplifica la vida hasta extremos en que se convirtienten en algo para niños. La vida de cualquier de nosotros es infinitamente más compleja que lo que ves en cualquier obra de ficción, es más ambivalente, con más detalles.  

P. – Nos has puesto los toros como si estuvieramos en la barrera, no en los tendidos de arriba que suele ser la experiencia de la mayoría de los espectadores, viendo lo duro que es morir a los toros.

R. ‒ He querido mostrar un punto de vista inédito, que antes no se hubiera visto. Por ejemplo, ver a un torero que se ponga a mirar concentrado a la cara, durante un minuto, ver cómo muere el toro. He querido dejar constancia etnológica de una intimidad taurina que no se había rodado antes por cuestiones tecnológicas y conceptuales ideológicas de los anteriores directores. Ahora se pueden tener transmisores de sonido cosidos en los trajes de luces de los toreros y no hay que cambiar la pila durante cinco horas. 

P. – Los planos en ocasiones son muy cerrados.

R. ‒ Quería retratar la esencia de la tauromaquia. Algunos puristas del torea me ha reprochado que los planos fueran demasiado cerrados, no se ven bien los muletazos o el juego del capote. Pretendía que, incluso para el espectador más obtuso, entendiese la complejidad de lo que está suciendo en la plaza, que todos los elementos estuvieran representados: equilibrar el humor, la poesía popular, la gravedad, el absurdo, lo grotesco, que puede estar en el umbral de lo espiritual o de lo trascendente porque hay un hilo muy fino. El toreo es un canto a la vida porque es la aceptación de la vida en todos sus problemas, en todas su fricciones, en todos sus riesgos y problemáticas, la más grave de todas es que se acaba. Y que puede finiquitarse en cualquier momento. La tauromaquia es un símbolo de aceptar la vida a pesar de todo este dramatismo que la rodea, donde solo hay problemas y fricciones con un final seguro: la muerte. Y aún así se acepta y se repite en el ritual, que nadie te obliga, sino que acudes voluntariamente a ese ritual plásticamente fascinante. 

P. – Rodando tanto tiempo habrá acabado siendo un experto en tauromaquia.

R. ‒ Soy en la historia de la humanidad, en tanto director y montador de la película, que ha visto 700 horas de extrema calidad de filmación sobre tauromaquia con unos operadores de cámara con criterio artístico, que han captado cosas dificil de ver en la plaza e inéditas sobre el tema que yo. No sé quién puede discutir sobre tauromaquia conmigo. Lo digo sinceramente porque la cámara hace visible lo que es invisible al ojo humano. Podría dar consejos a todos los toreros. (Risas).


domingo, 29 de septiembre de 2024

Crónica del Zinemaldia 2024 (p. m.)

 Tardes de soledad de Albert Serra se lleva el rabo en la plaza de cine de San Sebastián

 

En las orejas (dirección ex aequo) hubo disparidad de opiniones, merecida para la directora portuguesa Laura Carreira por On Falling y la protestada por la faena de Pedro Martín Calero, director de El llanto


Foto que al ganador de la Concha de Oro, Albert Serra, le habría gustado para la portada de este artículo


Este año el jurado oficial presidido por Jaione Camborda no ha errado mucho el tiro, es más, en honor a la verdad la principal decisión, la Concha de Oro, ha dado en la diana. Según se comentó ayer en la ceremonia, los miembros del jurado han vivido estos días sin relacionarse con los equipos artísticos de las 16 películas que optaban a la Concha para evitar interferencias. Ese retiro monástico les ha debido de venir bien, pues aunque todo palmarés es opinable, no ha habido decisiones descabelladas como sí las hubo otros años, para desgracia del Zinemaldia y su historia.
 
Esta edición ha sido muy nutrida en protagonistas. Dice su director, José Luis Rebordinos, que de los 14 años que lleva de jefe el año que más estrellas ha concitado. La lista ha sido larga: a los Javier Bardem, Cate Blanchet y Pedro Almodóvar que acudieron  a recoger sendos premios Donostia, se les unieron también tanto actores conocidos por el público (Johnny Depp, Pamela Anderson, Tilda Swinton, Monica Bellucchi o Isabelle Huppert) como directores de prestigio (Mike Leigh, Tim Burton, Rodrigo Cortés o François Ozon). Y la asistencia, a pesar de los días de lluvia y viento, sigue aumentando: más de 160.000 espectadores y más de 5.000 personas acreditadas.

 
El capitán Sparrow presentaba una película que no convenció a la crítíca: Modi, Three Days on the Wing of Madness, sobre la figura del pintor italiano Modigliani en París

 
 

Palmarés

 
He de confesarles que no había visto nada de Albert Serra. Iba con cierto temor. Y más al saber que, como me dijo un periodista de medio importante, él se había comido muchos truños del catalán, un tío valorado y hasta idolatrado en Francia con películas como Pacifiction (varios César), punto de inflexión en su carrera. Ya saben que los franceses les gusta elevar a los altares a los artistas, sobre todo si son de este lado de los Pirineos (forma de darnos por culo a los incultos).
 
 
 
Albert Serra se toma un Vichy Catalán después de recibir buenas críticas por Tardes de soledad (Concha de Oro 2024)


 
Desde que se proyectó el pasado lunes en el teatro Victoria Eugenia a las 8.30 para el pase de prensa, hubo un runrún de haber asistido a algo meritoriamente distinto y único: Tardes de soledad era un duelo en Ok Corral, pero sin la dramaturgia del western, un Gary Cooper solo ante el peligro, armado con una capa taurina y una espada frente a la muerte empitonada vestida de luto. Porque entiendes que ese duelo acabará en luto para uno o para otro. Habitualmente sabes cómo acaba el combate -como las películas de Hollywood hasta los 60-, pero no siempre está ahí la suerte del lado del torero, no siempre le sonríe. 

 
Cuenta el director, Albert Serra, que el proyecto se lo ofrecieron hace años un amigo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que tenía un máster documental pero no tenía un tema para realizarlo. Ni ganas de hacerlo. Pasaron años y, al final, escogió un tema extremo, el taurino, que era lo único que le estimulaba. Serra profesa admiración (!) por directores chinos y rusos que tocan temas serios. Y el toreo es un asunto serio... más en los tiempos animalistas en que vivimos, en que ponemos ropita a las mascotas y las llamamos perrihijos, tortuhijas o gatinueras. Él quería acercarse de manera pura, inocente, aún sabiendo que sería algo controvertido.


Casting en un documental taurino

 
Necesitamos protagonista, humano. Pues de los otros, los astados, no se les pregunta ni se les hace firmar un documento de colaboración para un documental. La mirada de unos toros (negro azabache, mulato o zaíno, no recuerdo bien) al inicio del documental a cámara nos interpela. "No quiero participar en esto", parece decirnos. El ganadero se enfada y les dice que no les va a mantener todo este tiempo sin currar, que ya vale de vivir a cuenta ajena en la dehesa. Y los apuntan. 

Pero los humanos son más suyos, salvo los matadores Roca Rey y Paco Aguado, que se ofrecieron generosamente. Hubo alguno más. La idea era ofrecer el arte taurino entre tres figuras de la fiesta. Al final se centraron en el que más interesó desde la obra documental: el peruano Andrés Roca Rey, con un magnetismo y compromiso admirable. Y la cuadrilla que le acompaña es la que es. Ahí no hubo casting. Y a Albert Serra le sonrió la suerte, porque como bien dice él mismo, "la suerte sonríe a los audaces" y algunos integrantes de la cuadrilla de Roca Rey, por ejemplo el sevillano Antonio Chacón, tienen frases elogiosas poéticas, exageradas ("la vida no vale nada") y humorísticas, que ponen contrapunto a la seriedad de lo que vemos.


Rodaje

 
La fascinación del documental consiste en buscar, buscar con la cámara cosas que se ven y olvidarse de los aprioris. Esta es la esencia del documental, que ahora se puede hacer porque lo digital y su producción no es tan caro como era el celuloide. El autor bañolense rueda con tres cámaras o en ocasiones con más, nunca mira el visor y apenas da indicaciones a sus cámaras, "fue un proceso de aprendizaje, de descubrir aspectos" como las conversaciones de la cuadrilla tras las faenas o previas a ellas, que le sirvieron durante el montaje para darse cuenta de que podían servir para estructurar el documental.
 
Rodar toros es muy difícil porque se mueven, todo es imprevisible, los operadores de cámara tenían que entender cómo podían filmar técnicamente y saber qué era lo interesante, buscarlo. Fue un proceso azaroso, largo, complicado, cada plaza de toros era un mundo para filmar. Además, una corrida puede resultar brillante o muy aburrida o la suerte de tener cogidas o no. Una obra que se ha ido creando en la sala de montaje con las imágenes rodadas. En principio querían filmar en una única plaza donde no se había filmado anteriormente con un montón de cámaras. Al final, ha sido un recorrido por muchas plazas de toros pero se quedaron con las más relevantes, por el tamaño del toro y la importancia de la faena: Vista Alegre (Bilbao), La Maestranza (Sevilla) y Las Ventas (Madrid).
 
 
Javier Bardem recibió el sábado 21 de septiembre el premio Donostia, que no pudo recoger el año pasado

 

El arte por el arte

 
Las fascinación de Tardes de soledad es haber sabido captar planos que, con los ojos humanos, no pueden verse porque estás lejos, no tienes la concentración necesaria, u otra razón. Serra nos sumerge en una atmósfera y desde una perspectiva nunca vista, como si tuviera algo de mágico, burlesco, admirativo y cruel a la vez. La realidad y lo extrañamente antropológico de lo que acontece se enfrentan como el toreo y el macho bovino.
 
¿Cuál es el mérito artístico de este documental? La mirada y el sonido (gracias a los micrófonos inalámbricos de 5 horas de duración). Por un lado, un intento de mostrar algo distinto, único hasta la fecha e inmersivo. Y mira que es difícil por cuanto Canal + ha ofrecido cientos de corridas durante años y años. Y, por otro, que tanto taurinos como antitaurinos  pueden verla desde su burladero mental.  
 
Serra en su documental elide al público, lo folklórico y lo sociológico, que ya estaba visto otras veces. Tan sólo dejar ver la arena, los picaderos, burladeros y, como mucho, el callejón, la furgoneta donde va con Roca Rey la cuadrilla, hoteles, donde se viste Andrés Roca (fascinante esa manera de vestirse que parece una señorita apunto del sacrificio ritual). Y una mujer, sólo una, que llega a hacerse una foto con él... por admiración.
 
Recuerdo la anécdota que tuve al salir de la sesión con un compañero. Él juraba y perjuraba que Tardes de soledad era una brutal denuncia contra lo taurino, donde el director nos mostraba la crueldad del hombre martirizando a un animal, rodando las lágrimas del tauro boqueando su último aliento de vida. Yo, por contra, no era partidario de esta visión con anteojeras y le aseguré que iría a la rueda de prensa para escuchar las palabras del director, en la creencia de que sí había cierta visión admirativa, no exenta de los momentos de crueldad que existe en la tauromaquia. La música con tono fúnebre del final del documental, al acabar la faena, parecía corroborar la opinión de mi compañero. Pero no lo veía yo nada claro. En la rueda de prensa, Conchita Casanovas de RNE pregunta a Albert Serra sobre su posicionamiento de la tauromaquia según lo visto en el documental y su respuesta fue:
"No, sí que se posiciona (el documental) un poco, en el sentido de que, digamos, se nota un cierto aprecio por la tauromaquia. Esto es indiscutible, pero al mismo tiempo la honestidad del relato hace que todos los elementos visualmente más interesantes estén con toda su expresividad y viveza, con algo de humor e ironía. Hay cierta fascinación por el tema y, bueno, un cierto aprecio incluso por el protagonista principal por su compromiso, pero, al mismo tiempo, no se renuncia a hacer una película de arte en sí misma y que tiene que tener esos elementos propios que no están al servicio ni de una causa ni de nada. Están al servicio del cine".

 

Resto de premios del palmarés

 

 La Concha de Plata a la mejor dirección ha ido a parar ex aequo a dos debutantes: Laura Carreira y Pedro Martín Calero por sus respectivos trabajos en On Falling  y El llanto. Loable es que empujen las carreras incipientes de directores, pero si Carreira muestra cierta solvencia en describir el desmoronamiento de una joven portuguesa que curra en una especie de Amazon en Escocia, lo del Martín Calero me parece más cuestionable. Y la idea de esta historia de terror (la presencia de una figura extraña y fantasmal en la vida de varias mujeres en lugares y tiempos distintos con un denominador común: violencia de género) pesa más, sospecho, que las cualidades del realizador vallisoletano.

 

Patricia López Arnaiz, ganadora a mejor actriz protagonista por Los destellos

 

 

La tercera obra de Pilar Palomero, Los destellos, se llevó la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista. Patricia López Arnaiz cumple de sobra en un papel que le va como anillo al dedo. Tenía este año fuertes rivales: Noémie Merlant (Emmanuelle), Mariane Jean-Baptiste (Mi única familia) o Joana Santos (On Falling). Tal vez sepa a poco este premio, pues era una de las historias que más habían convencido. Isabel debe afrontar el cuidado de su exmarido, del que se separó hace ya quince años, por petición de su hija común. Un viaje doloroso pero lleno de ternura y sanación a la vez y que servirá para el crecimiento de madre e hija.

Los dos premios que se llevó Cuando cae el otoño de François Ozon me parece a todas luces excesivos. Nada que decir a la mejor interpretación de reparto para Pierre Lottin que hace de hijo de una amiga de la  protagonista, Michelle, una abuela que vive una jubilación tranquila en un pueblecito de Borgoña. Sin embargo, el Premio del Jurado al de mejor guion a Ozon y Philippe Piazzo me parece que no está a la altura. Ozon ya ganó este premio, junto a la Concha de Oro por En la casa en 2012. Más se lo merecía, por ejemplo, Cónclave de Edward Berger, un absorbente thriller sobre la elección de un nuevo papa con un final sorprendente. Berger ya se lo temía y tan sólo vino él a promocionarla. No pasa nada, recaudará mucho más que el conjunto de muchas de las que han participado en la sección oficial.

Nada puedo decir al galardón a la mejor fotografía a Bound in Heaven, la película china y ópera prima de Huo Xin, pues no pude verla. En opinión de muchos, una obra notable y conmovedora sobre un enfermo terminal y una mujer atrapada por la violencia, historia de un amor que sobrevive a los estragos de la muerte y un fugaz destello de vida entre sus sombras.

El Premio Especial del Jurado, el segundo en importancia, recayó en la norteamericana The Last Showgirl dirigida por Gia Coppola, que se pudo ver el último día del festival. Un tanto extraño esta elección, pues reconocía el trabajo de su elenco de actrices y actores -entre quienes figuran Pamela Anderson, Kiernan Shipka, Brenda Song o Jamie Lee Curtis- "por su alta calidad interpretativa, repleta de verdad y de matices, que con gran sutileza y contención acerca a los sentimientos de un grupo de personas que debe enfrentarse a un oficio que se pierde, a un mundo que se acaba", indicaba el acta. 



On Falling de Laura Carreira, ganadora del premio mejor directora, fue una de las películas destacadas del certamen



Otros premios oficiales

Tan sólo queda destacar que el Premio Nuevos Directores fue a parar a Bagger Drama (Suiza), segunda película de Piet Baumgartner. El Premio Horizontes fue para El jockey, filme de Luis Ortega con el que competirá Argentina en los Oscar y que participó en la última Mostra de Venecia, mientas que el Premio Zabaltegi-Tabakalera recayó en otro título programado también en Venecia, April, segundo largometraje de Dea Kulumbegashvili, cuyo debut Beginning (2020) ganó la Concha de Oro.



Festival pasado por agua pero con glamour.



 

 





martes, 16 de julio de 2024

Cine español en el Zinemaldia 2024

Toros, machismo laboral, cuidados paliativos y llantos terroríficos ofrece la 72ª edición del Zinemaldia de cine español


 

 

 

Suele dictar la tradición desde hace años que José Luis Rebordinos, director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, se desplace a Madrid. Firmará autógrafos, estrechará manos y acabará de tachar muchas obras maestras del cine español cuyos artistas no podrán disfrutar del Hotel María Cristina ni de la playa de La Concha entre otras delicias. 

Rebordinos, en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, anunció el pasado viernes 12 de julio los 17 títulos de producción española seleccionados para el festival: 12 largometrajes, un mediometraje, un corto y tres series, que podrán verse entre el 20 y el 28 de septiembre en la Sección Oficial y en las secciones New Directors, Horizontes Latinos, Zabaltegi-Tabakalera y Velódromo de la 72ª edición del Festival de San Sebastián. 

¿Son muchas? Pues depende de si son buenas o no, de si entretienen o provocan bostezos en los espectadores del Kursaal o en el Teatro Victoria Eugenia. 


Iciar Bollain, una clásica del Festival



La directora Iciar Bollain en la presentación
La actriz Mireia Oriol en Soy Nevenka

 

Soy Nevenka, la historia real de una concejala que pagó un alto precio por atreverse a denunciar el acoso del alcalde, supondrá la quinta participación de Iciar Bollain (Madrid, 1967) en la Sección Oficial. La autora de Te doy mis ojos (2003), Mataharis (2007), Yuli (2018) y Maixabel (2021), que recibieron distintos premios en San Sebastián, volverá a optar a la Concha de Oro con este filme que protagonizan Mireia Oriol y Urko Olazabal. 

El Festival también programó en ediciones anteriores trabajos de Bollain en Proyecciones Especiales, que incluyeron En tierra extraña (2014), y en Made in Spain, que acogió, entre otras, Hola, ¿estás sola? (1996); Flores de otro mundo (1999), galardonada en la Semana de la Crítica de Cannes; Katmandú, un espejo en el cielo (2012), y La boda de rosa (2020).


Otro clásico: siempre hay un novel por descubrir

 

La Sección Oficial acogerá también El llanto, estreno como director de Pedro Martín-Calero (Valladolid, 1983), autor de cortometrajes y numerosos trabajos para la industria musical y publicitaria. 

El guion de su debut en el largometraje está escrito junto a Isabel Peña, coguionista habitual de Rodrigo Sorogoyen en títulos como Que Dios nos perdone (Sección Oficial, Premio del Jurado al mejor guion, 2016), El reino (Sección Oficial, 2018) o As bestas (Perlak, Premio del Público Ciudad de San Sebastián a la mejor película europea, 2022). 

Comprobaremos si la pluma de Peña sigue tan vigorosa sin Sorogoyen. Cuando hay cambio de pareja, el ritmo del baile se desacompasa y se pisan los pies, se tropieza y acaban cayéndose los bailarines. Veremos.

En El llanto, coproducción de España con Argentina y Francia, Ester Expósito, Mathilde Ollivier y Malena Villa interpretan a tres mujeres que, en momentos distintos del tiempo y conectadas sin saberlo, se enfrentan a una amenaza que las trasciende.

 

Otra amadrinada del Zinemaldia

 

Pilar Palomero (Zaragoza, 1980) presentará su tercer largometraje, Los destellos, inspirado en Bihotz handiegia (Un corazón demasiado grande), relato de la escritora Eider Rodríguez. Patricia López Arnáiz, Antonio de la Torre, Marina Guerola y Julián López encabezan el reparto de esta historia sobre una mujer que acepta la tarea de cuidar a su exmarido enfermo pese a llevar más de una década separados. 

La ópera prima de Palomero, Las niñas (Made in Spain, 2020), se estrenó en Generation Kplus del Festival de Berlín y ganó la Biznaga de Oro a la mejor película en Málaga y los premios Goya a la mejor película, mejor dirección novel, mejor guion original y mejor fotografía. Todo un torrente de premios, a todas luces desmedido. 

Tras esta irrupción exitosa, el Zinemaldia acogió en su seno su segunda película, La Maternal.  Concursó así en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián en 2022 y brindó a Carla Quílez la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista (ex aequo con Paul Kircher).

 

Antonio de la Torre, actor en Los destellos

 

 

¿Fichando pestiños?

 

Otra tradición del Zinemaldia, negativa en este caso, es que cuando un enfant terrible o director de prestigio, bendecido en otros tan o más importantes festivales, recae por aquí se debe a que no ha vendido la mercancía "averiada" en aquellos otros. Este puede ser el caso -voy a rezar a la Virgen de los Desamparados para que así no sea- de Albert Serra (Banyoles, 1975), que participará por primera vez en la Sección Oficial con Tardes de soledad. Es una película de no ficción en torno a la tauromaquia, que aborda los estados mentales y espirituales que el torero experimenta en el ruedo. 

Desde sus inicios Serra ha sido seleccionado en citas como la Quincena de Cineastas de Cannes, donde presentó Honor de cavalleria (Made in Spain, 2006) y El cant dels ocells (Made in Spain, 2008). Con Historia de mi muerte (2013) se alzó con el Leopardo de Oro del Festival de Locarno. También logró el Grand Prix en el FID Marseille con Roi Soleil (2016) y Liberté (2019) le granjeó el Premio Especial del Jurado en Un Certain Regard del Festival de Cannes, en cuya Sección Oficial compitió con Pacifiction (Made in Spain, 2022).

 Doy fe de que no me he expuesto a ninguna de sus obras maestras. Dicen las malas lenguas que es más entretenido en persona que cuando se pone a escribir textos audioplúmbeosvisuales. Veremos.


José Luis Rebordinos, director del Zinemaldia (izq.) y equipo artístico de Tardes de soledad (con gafas el director Albert Serra)


Más series, por favor

Desde que en 2020 Rebordinos y su equipo tomaran la decisión de incluir series en el Zinemaldia -una decisión un tanto controvertida-, he de confesar que el tiempo le ha dado la razón. Haber visto Patria o Antidisturbios ha sido de lo más memorable que recuerdo en los últimos años.

Siguiendo con la misma política, la Sección Oficial incluirá una serie fuera de competición. Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, 1978) presentará Querer, que narra la historia de una mujer que tras 30 años de matrimonio rompe con su marido y le denuncia por violación continuada. Nagore Aranburu protagoniza esta miniserie de cuatro episodios en cuyo reparto también figuran Pedro Casablanc, Miguel Bernardeau, Iván Pellicer y Loreto Mauleón. Se trata del nuevo trabajo de Ruiz de Azúa, que presentó su primer largometraje, Cinco lobitos (Clausura Zinemira, 2022), en la sección Panorama de la Berlinale antes de triunfar en el Festival de Málaga, donde obtuvo la Biznaga de Oro a la mejor película española, las Biznagas de Plata a la mejor actriz (Laia Costa y Susi Sánchez) y al mejor guion, así como el premio del público, y en los Goya, donde fue reconocida como mejor directora novel.

 

Proyecciones especiales en la Sección Oficial

 

Por otro lado, dentro de Proyecciones Especiales Yo, adicto contará en seis episodios, el relato de superación del libro homónimo escrito por Javier Giner (Barakaldo, 1977). Giner, a quien encarna el actor Oriol Pla, es también co-creador de la serie junto a Aitor Gabilondo (San Sebastián, 1974), autor de Patria (Sección Oficial Proyecciones Especiales, 2020). En el elenco artístico de Yo, adicto también destacan, entre otros nombres, Nora Navas, Omar Ayuso, Victoria Luengo, Alex Brendemühl, Ramón Barea, Marina Salas e Itziar Lazkano. Javier Giner y Elena Trapé (Barcelona, 1976), autora de Blog (New Directors, 2010), Les distàncies (Las distancias, Made in Spain 2018) y Els encantats (Los encantados, Made in Spain 2023), dirigen los seis episodios de la serie (tres cada uno).

 

 

Najwa Nimri en la serie La virgen roja

      

Las Proyecciones Especiales de la Sección Oficial también acogerán fuera de concurso el nuevo largometraje de Paula Ortiz (Zaragoza, 1979), directora de títulos como La novia (Zabaltegi, 2015) o Teresa (2023). La virgen roja, protagonizada por Najwa Nimri, Alba Planas, Aixa Villagrán, Patrick Criado y Pepe Viyuela, revisita una historia real acontecida en la España de los años 30, donde una joven llamada Hildegart es concebida y educada por su estricta madre para convertirse en la mujer del futuro.

 

ÚLTIMO ARTÍCULO PUBLICADO:

Silver Film Festival 2026

 «Hemos creído que nuestros mayores no tenían sexo», afirma la sexóloga Lorena Berdún en el Silver Film Festival Ángel Miró, Paco Revuelta, ...

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS