Lo mejor, un documental de 175 minutos sobre la URRS
Si tengo tiempo al final de esta edición 71 de la Seminci, haré un resumen de la temática de la Sección Oficial y me dirán por dónde van los tiros cuando se hace una selección. Este festival que se dice de autor tiene la suerte de programar películas que hayan sido programadas y/o premiadas en otros festivales de renombre. Creo que en muchas ocasiones se confunde el cine de autor con el cine de denuncia o de tesis.
Es el caso de «Prosecution», segunda película de Faraz Sahariat. Una joven fiscal germano-coreana es agredida al recibir un cóctel molotov cuando paseaba en bicicleta. Ella cree que se trata de un atentado con tintes racistas por parte de un grupo nazi. Aunque le recomiendan dejar las investigaciones en manos del fiscal superior, ella (actuación vigorosa y resolutiva con aires de heroína de Chen Emile Yan) no cree lo mismo. Cruzará algunas líneas ilegales para poder desentrañar que ciertos miembros de la justicia alemana miran con cierta condescendencia hacia los movimientos de extrema derecha.
El filme tiene unas hechuras de thriller político poco corriente, según el director, en la cinematografía alemana. Aunque se ve sin que el aburrimiento aflore, molesta en demasía el uso de una fórmula ya vista mil veces y una demagogia demasiado evidente. Ya me entienden: malos malísimos versus buenos buenísimos.
El tema de la pederastia no podía faltar en un festival que se precie. Ya nos informan en los postcreditos de «Un monstruo amable» que se estima que en Europa uno de cada cinco niños han sufrido una agresión sexual. Y, además, el 85% de ellas suceden en el entorno familiar.
Marie Krautzer nos relata en un drama absorbente y de buen ritmo cómo un día una familia recibe la visita de la policía. Acusa al marido de Lucy de un crimen y le incautan todo el material que haya en la casa para ser examinado. La acusación abre una grieta que va a desestabilizar la estabilidad de la pareja, puesto que Lucy (una muy convincente Lea Seydoux) desconfiará de su marido y, posteriormente, le entrarán dudas de su culpabilidad en este execrable asunto de pederastia. Es normal que una madre con hijo común piense en que lo primera que hay que salvar a toda costa es a su hijo. El guion es muy hábil, pues el espectador sigue desde el punto de vista de Lucy por todas las etapas a las que se ve sometida.
«Un monstruo amable» añade también otra historia paralela que trata de enriquecerla: la de la mujer policía encargada de investigar el asunto. En un momento dado, Lucy le pregunta que por qué ha elegido trabajar en este área tan desagradable. Y ella responde que es el mejor trabajo que ha tenido y el que mayor sentido le proporciona. Descubrimos que cuida de su padre que está enfermo y necesita de cuidadora. Pero esta se le queja de que por las noches se ve acosada y no podrá aguantar más decidiendo marcharse. La policía tendrá que asumir las tareas de cuidado. En la cena su padre la confunde con su esposa fallecida. Al irse a la cama, ella cierra con pestillo su habitación para no sentir que su padre trate de entrar. Como vemos, los monstruos no siempre, parece decirnos Marie Kreutzer, están en la calle.
La tercera propuesta del día se titula «Las islas afortunadas» escrita (es un decir) y dirigida (otro decir) por Helena Girón y Samuel Delgado. Nadie la verá ni siquiera en plataformas salvo que alguien le dé por error al play (como se decía antes). Dicen que estamos en el siglo XV en La Graciosa. Allí un tipo que habla francés (!) tiene una esclava llamada Fátima. Es el único tiene agua de un pozo que construyó y los pocos que ahí viven necesitan de ese vital elemento. El resto de la historia es tan plano y aburrido que les ahorro más detalles. Eso sí en los preámbulos un texto nos indica que las islas Afortunadas fueron conquistadas por la Corona de Castilla, sus aborígenes exterminados y colonizada por poblaciones traída de África y de Castilla. De eso nada se ve en la película. O tal vez yo me haya quedado dormido.
Acabo el día con un documental de uno de los mejores documentalista que existen: Sergei Loznitsa. Tras un minuto de silencio por los 68 ya fallecidos en un choque de trenes de alta velocidad en Toledo, me dispongo a ver «Imperium», otro desastre y fiasco de proyecto comunista. Sergei aprovecha las imágenes rodadas de 1970 a 1973 por un grupo de cineastas de ilusiones izquierdistas que quieren ver el sueño comunista realizado en la URRS. Aunque fueron vigilados por agentes del KGB pudieron rodar imágenes que ni a los propios cameraman rusos se les habría permitido. Le preguntó a Sergei Loznitsa si tenía en mente cuál iba a ser la estructura y me responde que la único no, pues fuera recibiendo el material rodado en celuloide tras su paso al digital. A partir de entonces con su montador tuvo claro que quería con esas imágenes pasar de un invierno que se iniciará en Moscú a acabar en otro invierno en San Petersburgo ( en esa época Leningrado).
«Imperium» describe, sin voz en off que nos explique nada, la amalgama de naciones que componía ese conglomerado llamado URRS y cómo era imposible unirlas tan solo por el régimen comunista común a todas ellas. Hasta que en diciembre de 1991 llegó a su fin. No le extraña comentar Sergei que en 1975 ese acuerdo entre gobierno italiano y el ruso terminara al considerar que aquellas imágenes no eran suficientemente adecuadas a la propaganda del régimen.




