Visitas de las páginas en total

Mostrando entradas con la etiqueta Leah Nelson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leah Nelson. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026. Jornada 1

 ¿Y si a la primera, la vencida?





La vida de un bloguero es dura: todo lo que escribe es por amor al arte. En este caso al cine. La única recompensa es encontrar una película que dé sentido a esta actividad. Los hoteles de Donostia-San Sebastián están a rebosar, no solo por esa especie cada vez más en extinción llamada crítico de cine, o simplemente por los amantes del cine, sino por “el turista”. Ahora son los “guiris” jubilados o de mochila de cualquier país quienes recorren las calles Fermín Calbeton, Esterlines, Enbeltrán o la Mayor del Casco Viejo, las cuales conducen al santuario cercano a la Basílica de Santa María del Coro llamado Teatro Principal. Ya lo decía Rebordinos, director del certamen siempre tan socialdemócrata él: es una pena que la juventud no pueda estar muchos días con los precios de los alojamientos. Es lo que tiene la turistificación de los centros de las ciudades.

El primer día del Zinemaldia ha traído lluvia y poco ambiente festivalero. Tan solo por la tarde algo más de gentío ante los escenarios de siempre: Teatro María Cristina y Kursaal 1, este último con protestas a favor de Palestina. Los críticos nos alejamos de estos saraos. Sin embargo, hay que justificar el presupuesto con merecidos (no siempre) premios Donostia. El director, guionista y productor alemán Werner Herzog ha recibido esta noche el primer Premio Donostia de la 74ª edición del Festival de San Sebastián, en una gala inaugural celebrada en el Auditorio Kursaal que ha servido para dar comienzo a nueve días de cine.


El director alemán ha recibido el máximo galardón honorífico del Festival de la mano del actor Orlando Bloom, presente en el reparto de su última película, Bucking Fastard, previamente proyectada en el Teatro Victoria Eugenia. El Festival ha querido poner en valor una trayectoria marcada por "la exploración de los límites del cine y por una mirada siempre singular, libre y arriesgada".

Tras recibir una larga ovación, Herzog ha confesado su "conexión" con el pueblo vasco desde que filmó Aguirre, der Zorn Gottes / Aguirre, the Wrath of God (Aguirre, la cólera de Dios, 1972), al tiempo que ha evocado el rodaje de Cave of Forgotten Dreams (La cueva de los sueños olvidados, 2010), durante el que se sintió muy cerca de quienes hicieron las pinturas rupestres hace miles de años.

Werner Herzog y Orlando Bloom



También ha elogiado la cultura vasca y el euskera –"una lengua increíble, la más antigua de Europa"-, y ha mostrado su admiración por los bertsolaris (improvisadores orales) como representantes de una comunidad de poetas. "No sé exactamente de qué hablan, pero siento que hay una comunidad de la que me siento parte. Recibo este premio de un pueblo de poesía", ha concluido.

Por su parte, Bloom ha destacado a Herzog como un "cineasta excepcional" con una "voz inconfundible". "Explorando ya sea lo extremo de la naturaleza, los extraños recovecos del comportamiento humano o los límites entre la realidad y la ficción, Werner siempre ha concebido el cine como una aventura", ha asegurado.

Perlas 

Temo que de lo poco que veré este año, “Minotauro” del ruso Andrey Zvyagintsev será la joya 💎 con la que me tendré que conformar para poder pasar el año soñando con ella. El autor de "Leviatán" o "Sin amor", tiene una filmografía muy corta para los 62 años de almanaque que tiene. Una pena, aunque supongo que un consuelo para el régimen de Putin. 

Zvyagintsev aprovecha la historia que narró Claude Chabrol en 1969 titulada “La mujer infiel”. Uno tuerce el morro pensando que el director tiene que pagar el peaje porque no encuentra financiación salvo en Francia. Pero Andrey es mucho Andrey y de la historia de Chabrol solo aprovecha la argamasa para construir otro sopapo de dimensiones cósmicas a la sociedad rusa y a sus cimientos, corridos hasta el tuétano, en la que no hay escapatoria salvo que seas amigo de Putin o algún derivado político, empresarial, religioso o policial. 

Gleb es un empresario de éxito casado con una hermosa mujer con la que tiene un hijo ya adolescente. La situación bélica en la que se halla el país será el telón de fondo, pero no por ello lo menos esencial, que “decora” este drama de celos del marido al sospechar que su mujer se la está pegando con otro. 
La fotografía de Mikhael Krichman está basada en el contraluz y en unos tonos cada vez más fríos y oscuros, pues el viaje a los infiernos de Gleb le harán poner a prueba todo lo que tiene y cuanto es. ¿Estará dispuesto a todo por conservar su status social y familiar? Zvyagintsev  vuelve al tema que ya abordó en otros filmes: la corrupción, no solo de la sociedad sino del individuo, dinamita toda posibilidad de democratización, justicia y libertad en la sociedad rusa.

Contiene varias escenas a lo largo de los 141minutos que dura la película que provocan el éxtasis para el que esto escribe. No puedo dejar de reseñar que la cuidada banda de sonidos, sí, no la de música sino de los ruidos que acompañan a la escritura visual de esta sobresaliente obra es para tenerlo en cuenta.


El director Aitor Arregi no se quiso perder “Minotauro” en Teatro Victoria Eugenia 



A partir de aquí, la coreana “Hope” de Na Hong-jin, la canadiense "Tangles" de Leah Nelson y la polaca "Fatherland" del siempre interesante Paweł Pawlikowski me resultan muy inferiores. Es lo que tiene probar el jabón de jabugo: después todo sabe a mortadela o jamón York.

Venía con mucha expectación procedente de Cannes, pero "Hope", una especie de thriller, fantástico con monstruo, se me hace excesivamente larga en sus 157 minutos.  Bum-seok, jefe del puesto policial de Hope Harbor, es requerido por unos cazadores que han encontrado en medio de la carretera una vaca que ha sido atacada por algún extraño animal. Lo que parece que pudiera ser un tigre acabará convirtiéndose en un verdadero monstro. Bum-seok contará tan sólo con la agente Sung-ae, para defender una aldea habitada por ancianos. Mientras en las montañas, Sung-ki y los lugareños que salieron a rastrear a la bestia se han convertido en presas. "Hope" funciona muy bien la primera hora en la que la fiera no da la cara. Sin embargo, la segunda parte es una alargada persecución que llega a hacerse excesiva en muchos aspectos. Y el del montaje no es el menor.

La animación en blanco y negro es la característica formal de "Tangles", la ópera prima de Leah Nelson, cofundadora de Giant Ant, un estudio de animación galardonado con varios premios Emmy y con sede en Vancouver. Cuando el alzhéimer comienza a borrar la personalidad de su madre, Sarah deja atrás su vida como artista y activista en la San Francisco de los años 90 para regresar al pueblo pequeño y conservador donde vive su excéntrica familia. Al principio cree que podrá hacerse cargo de la situación, pero pronto comprende que solo aceptando la dura y desconcertante realidad de la enfermedad podrá convertirse en la hija que su familia necesita. "Tangles" se deja ver y, en el caso de la espectadora que tenía a mi lado, se ve con el moquero sobre la nariz. No es mi caso. La veo pero ni me apasiona ni me deja excesivamente frío. Nelson es coherente con su planteamiento, pues la historia siempre está vista desde la mirada de la hija a lo que le ocurre a su madre y al resto de la familia.

Para ser la más corte, se me ha hecho bola "Fatherland". Y mira que el polaco Pawlikowski me fascinó con la ganadora al Oscar internacional "Ida" o mantuvo el tipo con "Cold war", su siguiente película. Pero "Fatherland" me parece demasiado "intelectual", fría y distante hacia el espectador. se centra en la relación entre el escritor Thomas Mann, ganador del Premio Nobel, y su hija Erika, actriz, escritora y piloto de rallies. En el verano de 1949, en pleno auge de la Guerra Fría, padre e hija emprenden un exigente y emotivo viaje por carretera en un Buick negro que los lleva a través de una Alemania en ruinas: desde la Fráncfort dominada por Estados Unidos hasta la Weimar controlada por la Unión Soviética. De regreso a casa tras 16 años de exilio en EEUU, Thomas Mann debe enfrentarse no solo a una patria dividida, sino también a una fractura profunda dentro de su propia familia.
No niego que hay buenos momentos, pero el conjunto creo que le falta una mayor consistencia en el esqueleto dramático. Mann parece no decantarse ni por Mickey Mouse ni por Stanlin, de ahí que en el auto, una vez acabada la gira por ambas zonas, enciende la radio: sintoniza una emisora americana y acto y seguida sintoniza otra rusa. Como parece que ninguna le convence, apaga el transistor. No es de extrañar que en plena Guerra Fría, el escritor alemán decidiera ir a vivir sus últimos años a Suiza.

ÚLTIMO ARTÍCULO PUBLICADO:

Zinemaldia 2026. Jornada 1

 ¿Y si a la primera, la vencida? La vida de un bloguero es dura: todo lo que escribe es por amor al arte. En este caso al cine. La única rec...

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS