¿Y si a la primera, la vencida?
La vida de un bloguero es dura: todo lo que escribe es por amor al arte. En este caso al cine. La única recompensa es encontrar una película que dé sentido a esta actividad. Los hoteles de Donostia-San Sebastián están a rebosar, no solo por esa especie cada vez más en extinción llamada crítico de cine, o simplemente por los amantes del cine, sino por “el turista”. Ahora son los “guiris” jubilados o de mochila de cualquier país quienes recorren las calles Fermín Calbeton, Esterlines, Enbeltrán o la Mayor del Casco Viejo, que conducen al santuario cercano a la Basílica de Santa María del Coro llamado Teatro Principal. Ya lo decía Rebordinos, director del certamen siempre tan socialdemócrata: es una pena que la juventud no pueda estar muchos días con los precios de los alojamientos. Es lo que tiene la turistificación de los centros de las ciudades.
El primer día del Zinemaldia ha traído lluvia y poco ambiente festivalero. Tan solo por la tarde algo más de gentío ante los escenarios de siempre: Teatro María Cristina y Kursaal 1.
Los críticos nos alejamos de estos saraos. Hoy
Temo que de lo poco que veré este año, “Minotauro” del ruso Andrey Zvyagintsev será la joya 💎 con la que me tendré que conformar para poder pasar el año soñando con ella. El autor de Leviatán o Sin amor, tiene una filmografía muy corta para los 62 años de almanaque que tiene. Una pena, aunque supongo que un consuelo para el régimen de Putin.
Zvyagintsev aprovecha la historia que narró Claude Chabrol en 1969 titulada “La mujer infiel”. Uno tuerce el morro pensando que el director tiene que pagar el peaje porque no encuentra financiación salvo en Francia. Pero Andrey es mucho Andrey y de la historia de Chabrol solo aprovecha la argamasa para construir otro sopapo a la sociedad rusa y a los cimientos corridos hasta el tuétano de una sociedad en la que no hay escapatoria salvo que seas amigo de Putin o algún derivado político, empresarial, religioso o policial.
Gleb es un empresario de éxito casado con una hermosa mujer con la que tiene un hijo ya adolescente. La situación bélica en la que se halla el país será el telón de fondo, pero no por ello lo menos esencial, que “decora” este drama de celos del marido al sospechar que su mujer se la está pegando con otro.
La fotografía de Mikhael Krichman está basada en el contraluz y en unos tonos cada vez más fríos y oscuros, pues el viaje a los infiernos de Gleb le harán poner a prueba todo lo que tiene y cuanto es. ¿Estará dispuesto a todo por conservar su status social y familiar? Zvyagintsev vuelve al tema que ya abordó en otros filmes: la corrupción no solo de la sociedad sino del individuo.
Tiene varias escenas a lo largo de los 141minutos que dura la película que provocan el éxtasis para el que esto escribe. No puedo dejar de reseñar que la cuidada banda de sonidos, sí, no la de música, que acompaña a la escritura de esta sobresaliente obra es para tenerlo en cuenta.
A partir de aquí, la coreana “Hope”,
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