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jueves, 24 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026. 6ª jornada

 Hoy he visto un peliculón: “La bendición de la tierra”


El equipo de “La bendición de la tierra” del noruego Hand Peter Moland


Tal vez no sean los programadores sino uno mismo quien, al elegir, el subconsciente le lleva a una selección representativa del momento en que vive. La jornada 6ª veo que tiene un asunto común entre las cuatro elegidas:  la supervivencia

En el caso de “En el corazón de la bestia” del impersonal (artesano se decía antaño) David Ayer –y protagonizado por Brad Pitt y un perro– se ha de afrontar dos retos de supervivencia: la de las cicatrices emocionales de su pasado bélico y las que la naturaleza en Alaska les tiene guardadas en ese viaje en hidroavión para pasar unos días apacibles. Porque ya se sabe que un relato de aventuras no es más que unos personajes agarrándose a la larga cuerda aventurera y anudarla cada vez que un evento dramático la rompe, so pena de perder la vida. “En el corazón de la bestia” se ve y se olvida con cierta facilidad. En la rueda de prensa posterior me habría gustado saber de boca de Brad Pitt si le llamó a Leonardo di Caprio para saber por lo que iba a sufrir como le pasó a él en “El renacido”. Bueno, Ayer no se las gasta como el mejicano González Iñárritu, aquel prefiere más el cine hollywoodiense. Película para amantes de los perrihijos. No he visto a Brad Pitt recibir y dar besos de mujeres que las que recibe de su perro con pata postiza en esta película. 


¡Braaaad Piiiiitt!


A la salida del Kursaal, un compañero me comentaba que cómo era posible que este tipo de películas estuvieran en la Sección Oficial (fuera de concurso en este caso). Pues es muy claro, si usted quiere tener a estrellas como Brad Pitt, que van a alterar la tensión arterial de muchos donostiarras, Rebordinos tendrá que ofrecerle algo a cambio: la promoción de su nueva película.

Pocas veces el público del Kursaal 1 es dado a aplaudir en medio de la proyección. Ha pasado este mediodía en una secuencia que pasará a los anales de la historia del cine entre Paul Giamatti y Julianne Moore en “ El debut”. Su director se llama Jesse Eisenberg y su anterior y segunda película, "A Real Pain", tuve el placer de disfrutarla en 2024 en la Seminci con una buena combinación de comedia y drama.

Al igual que la anterior, "The debut" tiene el aroma de las películas que triunfan en el Festival de Sundance. Esta propuesta de Jesse Eisenberg, que también aparece en un pequeñito papel, narra la historia de Mona Fiedman, una ama de casa de clase media con un marido y dos hijos que están a punto de graduarse, pero que no la valoran lo suficiente. Se apunta para aspirar a un papelito en una obra teatral de aficionados en New Jersey. “El debut” propone un interesante y entretenido juego de máscaras: las que nos ponemos en la realidad y con las que se caracterizan los actores. Giamatti, viejo zorro y director teatral, sabe que Mona Friedman es un diamante en bruto pero que su autoestima no la deja explotar todo ese potencial. De ahí que su papel en el musical de un conserje de comunidad le va a permitir (como si de un manual de autoayuda se tratase, lo que para mí es lo peor de este buen filme) que su autoestima se afirme y surja un personaje que le dará unos improvistos problemas al director de la función.


Jesse Eisenberg en la rueda de prensa de su película "El debut"


Decir que Julianne Moore está soberbia (tímida, frustrada y carente de amor por sí misma al inicio; empoderada, vital y renacida en una transformación muy típica del cine yanqui después) y que Paul Giamatti como el director Jerry, que hace de Giamatti, le da contrarréplica oportuna y eficaz, no es decir gran cosa por su obviedad. Moore es desde ya una clara aspirante a premio en el Zinemaldia. Veremos si viene a recogerlo.

La revelación del 74ª Zinemaldia ha venido a las 15:30 en el Kursaal con una película en Sección Oficial y de más de dos horas y media titulada "Growth of the Soil" (o por el subtitulado en castellano "La bendición de la tierra"). Su director noruego se llama Hans Peter Moland y su filmografía anterior no es para echar cohetes. Así que esto  o ha sido un milagro, o ha podido por fin hacer su película, o vaya usted qué astros se han alineado para que salgo esta notabilísima obra. La hora invitaba a sestear, y qué quieren que les diga: sesteé en la primera hora. Su escritura fílmica era proclive a ello: poco diálogo, escasísima banda sonora salvo en los momentos precisos y oportunos, planos de cadencia lírica y contemplativa. Todo esto no lo comento como crítica, sino que no favorecían que mis ojos estuviesen bien abiertos por culpa de una sopa de verduras, un cordón bleu (vamos el san jacobo), arroz con leche y media botella de vino en buena compañía... masculina.

Sospecho que la gran duración se ha debido a que habrá querido adaptar en su gran extensión la novela homónima del premio Nobel noruego Knut Hamsun, cuya edición por parte de Nórdica en su primera edición de 2015 tiene 362 páginas.


El equipo de "La bendición de la tierra" tras la exitosa proyección en Kursaal 1


"La bendición de la tierra" arranca en un tiempo lejano, que pudiera ser finales del s. XIX en un medio hostil como es la zona montañosa en la que aparece nuestro personaje: un desconocido cargando con poco más que su propia determinación de nombre Isak, un hombre sin pasado, y que busca un lugar donde asentarse y labrarse una vida trabajando la tierra. En el arranque vemos cómo se topa con una mujer de labio leporino (aspecto que tendrá gran relevancia en la historia) que quiere cruzar la montaña. Él al ver una figura humana agarra una piedra, pero al reconocer una figura femenina la deja caer. Ella, sin embargo, al ver a un hombre hace lo propio y no la soltará hasta comprobar que mayor enemigo son las condiciones meteorológicas. 

Peter Moland muestra una escritura fílmica notabilíma, donde los planos, las lacónicas frases, la interpretación de Herbert Nordrum y Asta Kamma con sus miradas, el paso del tiempo y el uso del desenfoque y los angulas de cámara, por ejemplo, hace que "Growth of the Soil" te vaya ganando por completo... a pesar de la puta hora ¡porque no quieres dormirte ante el milagro que contemplan tus adormilados ojos! 

Quiero ponerles un ejemplo. Cuando por ciertas circunstancias, la esposa está ausente en la mesa donde se sienta la familia está filmada con un plano desde el plato vacío de ella y, al fondo, el resto de los miembros desenfocados. Tiempo después, cuando las circunstancias han cambiado para ella, ese plano reaparece: ella sentada a trasluz del ventanal, luminosa, henchida de estima; él, en cambio, en el lugar de aquel plato, en la completa oscuridad tanto física como emocional. Debería estar en el palmarés.


El equipo de "Más allá de la sociedad" con J. A. Bayona con el micrófono


Acabo esta crónica con la presentación por parte de Carlos Torres de su serie documental para Netflix de "Más allá de la Sociedad" en el Principe 7 con la presencia también de J. A. Bayona, que ha participado en la creación. Me picaba la curiosidad por ver qué más se podía relatar después del gran éxito que tuvo Bayona con "La sociedad de la nieve" que arrasó en los Goya 2024 y fue candidata al Oscar a película internacional. Creía erróneamente que se trataría de aprovechar en cierto modo todos esos miles de minutos que grabó para la película. En parte así es, pero hay mucho más.

El accidente de los Andes no terminó con el rescate. Hay otra parte que empezó cuando los supervivientes regresaron al barrio donde les esperaban las familias de quienes no volvieron. Mientras el mundo convertía su tragedia en un relato universal, ellos tuvieron que aprender a convivir con el peso de lo que habían hecho. La serie recorre en tres capítulos medio siglo de una comunidad marcada por la grieta entre vivos y muertos. Los títulos ya indican cómo Torres y Bayona han abordado el proyecto documental: "Los vivos", "Los muertos" y "Los cuentitos". En otras palabras, se trata de dar testimonio de los que 16 que sobrevivieron; de dar voz, a través de testimonios de algunos familiares, de los que murieron (especial mención a las madres que abrieron una biblioteca para los más necesitados en memoria de sus fallecidos, un modo de desahogarse). Y, por último, la explotación en los medios y la plasmación de la tragedia a través de un libro al ver que había sinfín de subproductos sensacionalistas y fantasiosos. El libro que recoge horas y horas de grabación de los supervivientes fue ¡Viven! del historiador británico Piers Paul Read, que no sabía ni papa de castellano. Posteriormente, se cuenta la adaptación al cine de la mano de Frank Marshall en 1993 y sus consiguientes derivadas. No sé si el final abordará la obra de Bayona, pues me tuve que ir o perdía el autobús rumbo a Bilbao. Lo que habría supuesto un pequeño drama.


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