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martes, 22 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026.5ª jornada

 Necesidad de buen cine sin que me den el último adiós amargándome las navidades

  

Joseph Lynn / ©️ Thin Man Films Ltd





 












Les juro que los programadores del Zinemaldia a veces me sorprenden a la hora de configurar la programación. Y hoy martes ha sido uno de esos días. Los muertos han estado presentes en tres de las cuatro películas que he visto, bueno en la última está fuera de campo, pero es un elemento de la trama. Si me han leído en otras ediciones que he comentado sobre el Zinemaldia, en ocasiones tengo la convicción de que alguien con gotero, renegado de Ford o Hawks y con conciencia obrera tiene mucha influencia en el comité de selección. Al grano.

Mike Leigh, ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes y nominado al Óscar, regresa con un nuevo largometraje que continúa su lúcida exploración del mundo contemporáneo. Esto es lo único que se señala en la página del Festival. ¡Coño, ni siquiera indican algo del argumento! Así que voy virgen, pero en guardia porque Leigh es de los que meten el dedo en la herida social de su querida Inglaterra o Gran Bretaña o Reino Unido. Y, claro, los problemas sociopolíticos de allá son semejantes a los de acá. 

Hace dos años Leigh vino en cuerpo presente y con cachava (bueno, bastón) para presentar en el Kursaal 1 su "Hard Truths" (Mi única familia) dentro de la Sección Oficial. Me fastidió la cena para prensa pues preferí acudir a ver qué había rodado el hombre que había creado obras como "Secretos y mentiras" o "Another Year". Me decepcionó mucho.

Así que esta mañana iba con cierto escepticismo. "Tender Loving Care" (Cuidados intensivos) me ha convencido sin ser siquiera un notable alto. Me temo que la Concha de este año sale barata. Arranca con un primerísimo primer plano de un anciano barbudo recostado en una cama de hospital. Es un infartado. Se presenta una mujer de servicios sociales para ocuparse de él porque no saben dónde vive y le comunica que el doctor le ha dado el alta y no puede seguir en el hospital porque "no es el Ritz". Él le dice que habría ahorcado al médico. Y Leigh nos interpela como diciendo para que vivir si no hay nadie que nos cuide. De ahí el título. 

El resto de la historia se dedica a hacer un retrato familiar, íntimo, plagado de anécdotas familiares de Marion Bailey y Paul Jesson, un matrimonio anciano y bien avenido cuya hija, Kate O'Flynn ha dejado una relación de cinco años y ha vuelto a casa de una amiga, Alice Bailey. Estos los cuatro personajes sobre los que Mike Leigh dedica su historia. Algunos dedicarán adjetivos como película de cámara, obra menor interesante o un Leigh que revive los viejos tiempos de juventud. Contiene una escena final que, si hubiera sido John Ford, habría noqueado al público. No lo es ni lo pretende. A pesar de ello me huelo a que estará en el palmarés.


Muestra de la cosecha del cine vasco: Zinemira













Hoy es la Gala de Cine Vasco y yo sin acudir a comerme los canapés un año más. He visto en el Primcipe 3 (cine que detesto porque parece la catacumba para los primeros cristianos-espectadores) “Azken egurra” de Koldo Almandoz. Su recorrido en salas será, auguro, como el de Iñigo Azpitarte y su negocio de servicios funerarios laicos. La película tiene un tono interpretativo a lo Aki Kaurismakis pero a lo vasco. Su protagonista es un desastre total: fracasa en todos los aspectos de la vida y aún así uno no puede dejar de tenerle cariño. “Azken agurra” (Último adiós en castellano) es irregular, pero su humor a mí me funciona en muchos momentos. Arranca dejando claro que es vasca y con dinero público vasco y muy vasco. Estamos en la cima de un monte y los asistentes al funeral civil esperan a que llegue el desastre de Iñigo a dirigir la cemermonia. Se excusa diciendo que ha tenido atasco. Sobre una ikurriña se colocan las cenizas del difunto y, tras un aurresku de honor, se esparcen al aire cubriendo a algunos de los allí asistentes. Almandoz ya deja claro que estamos ante una comedia un tanto absurda sobre un personaje perdedor, incapaz de afrontar la vida. Mucho menos llevar un negocio sobre la muerte.


Fotograma de “Irailak”


En el Trueba 2 asistí a “Irailak” (Septiembres) de Izaskun Arandia. El espectador antaño se quejaba del exceso de filmes sobre la Guerra Civil española, un tópico bastante falso. Hoy en día surgen muchos documentales sobre qué pasó con personas que desaparecieron y que todavía muchos miles de ellas están en fosas comunes sin identificar. Tras décadas de silencio auto impuesto por miedo, las generaciones posteriores han empezado a hacerse preguntas y solicitar respuestas. Es el caso de la directora, cuyo bisabuelo, Miguel Varga, dejó a su familia en Tolosa en 1935 y se fue a su pueblo natal de Burgos. Con el tiempo a la familia le notificaron que falleció en la contienda pero el cuerpo no apareció. En 2018 el programa ADN del Instituto Góngora descubrió tras unos análisis que el cuerpo hallado en una fosa burgalesa era el del bisabuelo de Izaskun Arandia: era el primero. De ahí que junto con su aita, Arandia coja una roulotte y viaje a Burgos para encontrar más claves de por qué desapareció. “Irailak” es casi un “cuaderno audiovisual” interesante como testimonio pero no alcanza ni brillantez ni una emotividad que el material prometía. Una pena. 

De todas formas, contiene unas escenas en el cementerio de Sad Hill en el valle de Mirandilla cerca de donde fusilaron a Miguel Varga, que le permite a su directora hacer una interesante reflexión de cómo un lugar donde se rodó “El feo, el bueno y el malo” está repleto de tumbas vacías, mientras que en fosas se acumulan cadáveres de la guerra incivil que piden yacer en sus tumbas. 


Presentacion en Made in Spain de “Amarga navidad”


Por último, cierro mi jornada con una película de la sección Made in Spain: “Amarga Navidad” de Pedro Almodóvar. La presentación por parte de su productor, Agustín Almodóvar, y dos de sus actores, Vicky Luengo y Patrick Criado, me amargaron la proyección. La duración se alargó tanto que tuve que coger el autobús sin poder ver el final. Así que esta crónica queda coja. Tan solo diré que contiene los peores defectos de su cine (artificio grandilocuente, trascendencia impostada, dramatismo Corte Inglés...) y lo que podrían ser sus virtudes (véase ciertos chistes que en los 80 hacían destornillarse al publico o planos visuales para expresar una idea como la del plano picado de la orilla del mar en Lanzarote) ahora me parecen ya marchitadas. No niego que la trama tenga su interés, mejor dicho, cómo la estructura en la historia ubicada en 2004 de Elsa (Bárbara Lennie), directora de cine y publicidad, y la de Raúl (Sbaraglia) en 2026 que está escribiendo un guion de cine. Ambas historias se conectan, de la misma forma en que realidad y ficción tienen vasos comunicantes. Ya lo dijo Agustín Almodóvar en la presentación: es un peligro estar casado o que en la familia haya un escritor, pues se corre el peligro de que tu vida se vea reflejada un día en su novela. Autoficción parece que lo llaman los franceses. Yo lo llamaría en el caso de Pedro Almodóvar autofelación.

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