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lunes, 9 de junio de 2025

Los gozos y las sombras

 Cuando se ama, hace falta el cuerpo o/y una pantalla de cine


 


No soy de ver series, un consumo que se ha puesto de moda desde hace algunos años con las plataformas de streaming de contenidos. Las series me recuerdan a la institución del matrimonio: mucha inversión de tu vida para que, al final, no sea satisfactoria, pudiendo acabar en divorcio a la primera o segunda temporada. Por eso, sigo manteniéndome fiel a la fórmula de echarse una amante, de relación breve e intensa: el filme. 

En esta ocasión les voy a hablar de una serie española que me parece de lo mejorcito que se ha rodado, con permiso de Patria o Antidisturbios que vi en el incomparable marco del Kursaal 1 del Zinemaldia. Me refiero a Los gozos y las sombras (1982) dirigida por Rafael Moreno Alba. Bueno, más que de la serie en sí, del libro en tres tomos que escribió el ferrolano Gonzalo Torrente Ballester.

La serie se estrenó en RTVE en 1982 y recuerdo que me marcó. ¿O mejor sería decir nos marcó? Protagonizada por Carlos Larrañaga, Eusebio Poncela, Charo López y Amparo Rivelles, el Círculo de Lectores tuvo el buen ojo –tras ver el éxito de la misma– de sacar una edición especial en tres volúmenes titulados: El Señor llega, Donde da vuelta el aire y La Pascua triste.

Sabía que cuando los compré no los iba a leer de inmediato. En aquel tiempo, había un agente de El Círculo de Lectores que te traía una revista bimestral y el pedido que habías hecho en la anterior visita. Me hizo ilusión la edición porque venía en un estuche y era más cuidada que la inmensa mayoría de las publicaciones de Bertelsmann. Tenía demasiado fresca las imágenes y la historia  como para meterme entre córnea y retina las más de mil páginas de la edición no abreviada. Así que durante 42 años los tres volúmenes han estado durmiendo en un estuche el sueño de ser leídos. 

Desde hace algún tiempo suelo subrayar aquellos pasajes en los que aparece alguna referencia al cine. Y en Los gozos y las sombras hay varias. Lo que he descubierto, como algo casual o premeditado de Torrente Ballester, es lo que me ha motivado a escribir este artículo.

La novela transcurre en Galicia durante varios años de la II República. El arranque es así: "La venida de Carlos Deza (Eusebio Poncela) a Pueblanueva del Conde, si bien se considera, no fue venida, sino regreso. La precedieron anuncios, y aun profecías, especie de bombo y platillos con los que se quiso , como de acuerdo, rodearla de importancia". El autor ya nos augura que la llegada de Carlos, tras haber estudiado psiquiatría en Viena, es algo así como la llegada al pueblo de un pistolero revestido de sabiduría, donde esperan que se enfrente a Cayetano Salgado (Carlos Larrañaga), de educación inglesa, socialista y dueño de un astillero, que representa el nuevo poder. Ya se lo advierte doña Mariana Sarmiento (Amparo Rivelles) en su primer encuentro –el otro contrapoder de Pueblanueva–: "Será la primera persona de quien te hablen en el pueblo, antes que de mí, porque a mí me odian, pero a él le temen".





En ese duelo entre los dos bandos (Churruchaos frente a los Salgado), Carlos Deza no querrá verse involucrado. Sin embargo, la atracción que siente por Rosario la Galana, amante de Cayetano, hará que Deza no pueda evitar verse involucrado en un enfrentamiento. 

Carlos también se verá atraído por otra mujer: Clara Aldán (Charo López), pobre, con no buena relación con sus dos hermanos y harta de cuidar a su alcoholizada madre . Será ella la que tenga el privilegio de ser invitada un domingo al cine por Carlos Deza. En mi época de juventud, los años ochenta, cuando invitabas a una chica al cine era como una declaración. Sólo la llevabas al cine si ya te habías declarado o se daba por hecho que había algo entre los dos. Raro era ir con una "amiga" sin que hubiera lecturas secundarias sobre las pretensiones de uno. Curiosamente, en aquella época de los años de la República que cubre la novela, también llevar a una mujer soltera no estaba bien visto si no eran novios.

Clara ve la invitación como una oportunidad de acabar siendo la novia o querida de Carlos Deza, una salida a su miseria. Él no entiende la obsesión que tiene Clara por la ropa, pero ella le confiesa que sólo dispone de "unas bragas y una camisa, cosidas y remendadas, ése es todo mi ajuar. Cuando las lavo y tardan en secar, como hoy, hay que aguatar sin ellas, y dormir vestida". Sabe que todas sus desdichas le vienen de tener un cuerpo bonito, y sabe también que si le sucede algo bueno en este mundo, será por lo mismo.

No es extraño que Clara le confiese su mayor deseo, que es el de ir al cine. Está tan cansada que sueña con meterse "allí y ver cómo otros viven y sufren". No sabe por qué eso descansa tanto, y queda una tranquila. Las películas eran así un escapismo ante las vicisitudes de la vida. Clara le relata que en una ocasión un muchacho le invitó y "me dejé llevar, pero, en cuanto apagaron, quiso meterme mano. Es para eso para lo que me quieren".

El domingo en que van Carlos y Clara al cine, la mujer del boticario, doña Lucía, cuidadora de la virtud de las jóvenes vírgenes de Pueblanueva para que no caigan en el pecado, se acerca a Carlos para increparle por la compañía que lleva al cine. "¡Y yo, que había elegido para usted una de mis amigas! Claro que son chicas de las que no van al cine solas con un hombre". 

Si a menudo oigo que uno no va al cine por la mala educación de los espectadores, Torrente Ballester describe que en la República la educación no era muy distinta: "El público de las butacas alborotaba. Se tiraban cáscaras de cacahuetes, bolas de papel; se llamaban a voces; los niños de las filas delanteras disparaban flechas, se insultaban o se agredían. Un acomodador (...) daba gritos en vano". La diferencia entre el hoy y el ayer se inclina a favor de esta, pues "sosegaron al apagarse la luz. En la pantalla apareció Gary Cooper, oficial de lanceros bengalíes. Cuando mató, de un tiro, a una serpiente, todos exclamaron: ¡Oooh!". Hoy cuando se apagan las luces, se encienden los móviles...

Por cierto, aunque el autor gallego no lo indica, la película que ven Carlos y Clara es Tres lanceros bengalíes (1935) de Henry Hathaway.





La otra mención a la sala oscura, tiene lugar cuando don Baldomero, el boticario, y su mujer, doña Lucía, invitan a Carlos Deza a ver una película de Jean Harlow. Baldomero le confiesa un día a este que podría ser santo si no fuera por las mujeres. Le gustan con las tetas en punta, bien duras. "Es una especie de obsesión", le revela. Pero el boticario sufre porque se casó con una mujer que "no tiene tetas. ¿Ha visto usted todo ese armatoste que se gasta? Postizo. Me engañó. Me dio el puñetero pego con unos cucuruchos de algodón en rama". Al menos don Baldomero se consuela gracias a la existencia del cine. "No piense que estoy del todo contra el cine", le admite a don Carlos un día. "Mire, en cierto modo, es un remedio. Ahí tiene a mi mujer. Gracias al cine, los domingos por la noche se siente cariñosa. Claro que no piensa en mí, sino en un tío guapo que se llama no sé cómo, pero es igual". Si la mujer de don Baldomero se le arrima, él sabe que a quien se arrima en realidad es al tío guapo del cine. Admite de buena gana, al menos, el adulterio mental. 

El día que los tres van al cine, Lucía observa de refilón cómo su marido "tenía los ojos saltones y alargaba hacia adelante el labio superior, mientras clavaba los dedos en el brazo de la butaca". Y el escritor pone en la cabeza de ella una observación sino desternillante sí provocadora de un rictus en la boca del lector: "También eran ganas de engañarse: el brazo de la butaca es duro, y no puede de ninguna manera sustituir a las piernas, o a lo que sea, de Jean Harlow. Pero los hombres son así de ilusos. Van al cine dispuestos a creer que lo que ven es cierto...".

La modernidad en la vida sentimental de Pueblanueva del Conde entra a través de lo que se ve en la pantalla: el cine de Hollywood de los años 30 sin la censura del código Hays todavía. No es extraño que mientras ve la película, doña Lucía se ve sacudida en su moral católica tradicional al ver cómo Jean Harlow quería "divorciarse. ¡La muy pécora! Era de esas que piensan que lo acabado, acabado, y ahí queda eso, como si no hubiera moral". Torrente Ballester en unas pocas líneas nos muestra la hipocresía de la esposa de don Baldomero: ella, una infeliz en su matrimonio, tísica y sin más finalidad en la vida que salvaguardar la moral de las jovencitas del pueblo. Pero cuando ve ante la pantalla todo lo que ella desearía tener, la moral se viene abajo. Jean Harlow, de noche y por las calles de Nueva York, es cogida por la cintura por un galán –que no es su marido– y la besa en la boca. "¡Dios mío, con qué delicadeza!", piensa Lucía. El beso le sacude los nervios hasta la punta de los pies, sintiéndose invadida y arrebatada, "como si el cuerpo de Jean Harlow, todavía abrazada (...), se saliese de la pantalla y envolviese el suyo, lo asumiese y lo llevase consigo, incorporado al beso, al abrazo y a la ternura del galán".

Como dice Gonzalo Torrente, doña Lucía no estaba sentada junto a su marido y Carlos, sino "hecha luz en la pantalla. Sus ojos abiertos sorbían las imágenes que, en su interior, se trasmudaban en vida propia y la hacían reír, llorar, gemir o desvanecerse de dicha. Se olvidó de sí misma".

Así que cuidado si usted todavía es joven y le invitan al cine, puede que encuentre novio o novia o puede que se deshaga en la pantalla. Algo parecido a lo que le sucedía a Mía Farrow mientras veía La rosa púrpura de El Cairo en un cine de Nueva Jersey justamente en 1935, año en el que transcurre una de las mejores novelas españolas del siglo XX.

sábado, 24 de mayo de 2025

The Last Picture Show: Agur, Jaunak

Manu Gómez y Oskar Fernández dicen agur a su labor en el Cineclub de Getxo tras varias décadas

 

 

Unos emocionados Manu Gómez y Óscar Fernández reciben un recuerdo de manos de la alcaldesa de Getxo, Amaia Agirre

 

Las Arenas, 24 de mayo 2025

 

Ayer fue un día emotivo para dos personas que me han acompañado durante cuatro décadas en mis andanzas de cineclub en Las Arenas y Algorta. Son Manu Gómez y Oskar Fernández. Dos personas que han formado pareja dispar y que nos han acompañado en la presentación de los coloquios del cineclub organizado por el Aula de Getxo desde 1982. Son distintos como lo eran en el cine el Gordo (Oliver Hardy) y el Flaco (Stan Laurel) por poner un símil cinematográfico. Uno, Manu, un humilde obrero del metal como se autodefinió, era el que estaba tras las bambalinas, el organizador de la hoja parroquial en la que venían las reseñas de las películas que se programaban, un banco de datos que recordaba cual enciclopedia Espasa tal actor o tal película en blanco y negro; Oskar, por contra, era la cara pública, la del presentador y moderador de los coloquios, la corrección oratoria y exposición pausada y académica –su labor de años como maestro le ayudó–. Ambos hicieron del Getxo Antzokia y del Gran Cinema (Las Arenas) en una primera etapa y, en una segunda, del Andrés Isasi santuarios perfectos para un cineclub señero con coloquio, con permiso del bilbaíno FAS. Porque un cineclub sin coloquio tras la proyección no sería tal.

Durante los años que he asistido nunca supe de que alcalde alguno de Getxo se acercara. Y menos que estuviera en el coloquio. Me soplan que en una ocasión vino el anterior a ver Tarde para la ira (2016) de Raúl Arevalo, ganador aquel año del Goya a Mejor Película. Era tal la cola que formaba el público que quería verla, que ante la imposibilidad de entrar, el Alcalde se marchó... ¿lleno de ira 😉?.


Ohore, Manu eta Oskar


Pero ayer era día especial, obligado para homenajearles y reconocer su labor voluntaria, no remunerada. Y estuvo la alcaldesa: Amaia Agirre (PNV-EAJ). Se dice, se cuenta que tuvieron que fumar previamente la pipa de la paz. ¿Por qué? Porque Oskar y Manu los jubilan, pues han llegado a esa edad, los 70 años, en que es difícil buscar un seguro que, en su tarea "voluntaria" de presentar el cineclub, los cubra por si surge algún percance. Lo llaman edadismo. Se podría pensar también que, como me decía una parroquiana, llegado a estas alturas hay que saber decir "adiós", antes de que te jubilen. 

Ellos querían seguir. No será así. La Alcaldesa, subida al escenario del Conservatorio de Música Andrés Isasi ante un nutrido público que llenaba incluso el anfiteatro, afirmaba que el filme elegido para dar fin a la temporada 2024-25, y despedir a Oskar y Manu, era La última película de Peter Bogdanovich. "Un título muy significativo hoy, pues es el programado por los que han sido los programadores –nuestra pareja de voluntarios– en las últimas cuatro décadas. En estos tiempos de las plataformas digitales, ambos han mostrado un gran amor por el cine en pantalla grande, mediante una cuidada programación y con una gran labor pedagógica". 

Amaia Agirre quiso agradecer y poner en valor su trabajo "durante tantos y tantos años, cuarenta, de manera voluntaria. Desde 1982, nos han presentado más de dos mil películas, compartiendo su amor por el cine y convirtiendo cada proyección  en una experiencia única, acercándonos como siempre las mejores producciones y haciendo de este cineclub un referente tanto de Getxo como fuera. Gracias a ellos, hemos podido disfrutar de películas de gran calidad. Hemos descubierto verdaderas joyas que, a menudo, eran ajenas al circuito comercial y que, de otra manera, no podríamos haber visto y disfrutado de ellas.". 



El público asistente puesto en pie para despedirlos 


Manu Gómez, homenajeado

Oskar Fernández, el otro homenajeado


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La intervención de la Alcaldesa concluyó ante el nutrido público asistente diciendo que "hemos aprendido a comprender el cine desde una mirada cinéfila, manteniendo viva la imagen de la pantalla y, sobre todo, hemos contado con la suerte de su gran saber. Gracias al cual muchas personas han descubierto el Séptimo Arte. En tiempos de plataformas digitales, ellos han defendido la sala oscura, el debate y la mirada cinéfila. Por todo ello, Oskar y Manu de verdad, gracias por vuestra trabajo altruista y por la gran labor que habéis desempeñado semanas tras semanas para mostrarnos lo mejor del Séptimo Arte. Eskerrik asko".

Y Amaia Agirre ya les aclaró en el final de su discurso de agradecimiento que la próxima temporada les invitaba "a estar con nosotros, para escuchar vuestras aportaciones y a continuar compartiendo vuestros conocimientos de otro modo, pero entre nosotros". Como ven el adiós lo quiso hacer público y evidente la Alcaldesa ante el auditorio y los homenajeados. Por si cabe duda.

Fue el turno del coprotagonista Manu Gómez, que dejó una frase misteriosa y cinéfila al respetable: "Este es el inicio de una gran amistad". Y reconoció que durante estos años había metido "algunos paquetillos" de películas. Auguró que "el único cine que vamos a ver en pantalla grande en adelante será el proyectado en las aulas de cultura". En ese momento, un espontáneo de entre el público preguntó en voz alta: "¿Vais a estar el año que viene? ¡Queremos que os quedéis!". Hubo aplausos y un momento de desconcierto que no llegó a tensión –salvo en la que pudiera haber en esos momentos en la cabeza de Amaia Agirre–. No hubo revuelta, ni octavillas de protesta cayendo desde el anfiteatro. Son otros tiempos, más civilizados o más anestesiados.

 En la intervención del otro homenajeado, Oskar Fernández, agradeció a aquellos que habían asistido al cineclub y afirmó que "el cine seguirá, cada vez se hace más gracias a las series y a las plataformas, pero haber visto el cine con otras personas, haber disfrutado durante cuatro largas décadas con vosotros, con otras personas que ya no están, en un cine es, sin lugar a dudas, la forma ideal e idónea de disfrutar del Séptimo Arte. Y si encima tenemos la suerte de poder asistir a un cineclub, evidentemente el placer y satisfacción son inmensos. Manu y yo hemos sido felices llevando el cineforum del Cineclub de Getxo durante estas décadas. Y vosotros habéis sido fundamentales, asistiendo y participando, fuente de nuestro placer".

Como suele ser habitual en estas ocasiones, hubo invitados que arroparon la despedida. De los tres que subieron al escenario, y en representación del cine, uno fue Borja Crespo, director getxotarra, historietista y programador cultural. "Me han liado", dijo, "la gente que nos dedicamos al cine y a la cultura, este fin de semana la duda era entre estar en (el Festival) de Cannes o aquí. Evidentemente, hay que estar aquí", provocando la hilaridad de los asistentes. "Veo a dos chavalotes aquí, ¿eh?. Para mí el cineclub, aunque los últimos años los he vivido fuera y no he asistido tanto, es muy importante. Siempre lo digo, y Óscar Belategui también lo sabe periodista de El Correo sentado en primera fila, que en mi memoria emocional y cultural está evidentemente todas las charlas que tuvimos, en las que en muchas discutíamos, pero en las que aprendí muchísimo de cine y por eso lo amo".

En representación de instituciones, no podía fallar un referente cultural y dinamizador de la Villa de Bilbao como lo es el Cineclub FAS, "referente para todo nuestro País y para todo el Estado español", definió Oskar Fernández. En nombre del FAS, Juanjo Ortiz, ex presidente del mismo y aún colaborando en él, comentó que "mucha gente quiere a Manu y a Oskar. De hecho, (Jose Luis) Rebordinos (director del Zinemaldia) no ha podido venir porque estaba en Cannes y hay gente de Nosferatu y Zinemaldia que no ha querido salir. Así que me ha tocado a mí salir". Ortiz vaticinó que "con esto de las plataformas, con lo mal que van las salas y las que se están cerrando, pues tal vez el futuro del cine pasa por verlas en festivales y en salas de cine en las que puedan estar los autores y haya coloquios. Ojalá que los cineclubes permanezcan muchos años más".

La tercera pata representativa en salir fue una espectadora que "acude asiduamente y dinamiza desde la butaca los fórums. Y hace algo extraordinario: con cada una de vuestras participaciones, se enriquece la percepción de la película que hemos tenido. Así que Pantxique os representa", afirmó Oskar Fernández en su presentación. "Con esto no contaba. Ha sido una sorpresa que me han preparado. No puedo decir mas que nos han enseñado a amar el cine", manifestaba una emocionada Pantxique. "Venir cada viernes era como leer un buen libro. Se merecen este homenaje y mucho más porque son un gran equipo. Os animo a que vengáis al cineclub, que abramos todos la mente y podamos discutir de diferentes temas, siempre con todo el respeto", comentó.


Bien acompañados por Borja Crespo (2º izq.), Alcaldesa, Pantxique (5ª izq.) y Juanjo Ortiz


EL OBSEQUIO

Hubo un tiempo en que las empresas solían regalarte un reloj en la jubilación como símbolo de toda una dedicación laboral en ella. El Ayuntamiento de Getxo tuvo el detalle de entregarles una placa de metacrilato con la hoja "parroquial" de la última película proyectada. Seguro que buscarán en alguna pared de sus hogares un hueco donde el sol ilumine una de las frases que aparece en esa hojita informativa tan poco judeo-cristiana como le gustaba decir a Oskar:

"La pantalla es tan solo una sábana con luces y sombras: una completa ilusión. La linterna mágica proyecta imágenes bidimensionales sobre la pantalla blanca, y se produce el hechizo" (Peter Bogdanovich)

 

LECTURA REIVINDICATIVA

No quiero dejar de mencionar que, cuando parecía que nadie iba a levantar civilizadamente la voz contra la Alcaldesa y contra esta jubilación forzada, hubo una persona, Juan Luis Ibarra, expresidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que leyó un escrito dirigido a Amaia Agirre. Manu Gómez le comentó que tal vez no era el momento y lugar indicado, pero el público asistente animó a Ibarra a leerla y lo hizo. Era un agradecimiento a Oskar y Manu por su labor y una petición a la Alcaldía "para que ponga los medios que sean necesarios para que en el próximo curso el Cineclub de Areeta-Las Arenas siga contando con su estrecha colaboración", rezaba el escrito. "Sabemos de su plena disposición para continuar desarrollando la misma colaboración voluntaria que hasta ahora han desempeñado a plena satisfacción", finalizaba la demanda.

La obra elegida para poner el broche final, La última película, es la historia de una doble transición: la del paso de la adolescencia a la madurez vital y emocional de Sonny Crawford (Timothy Bottoms) en un pueblecito llamado Anarene (Texas) con un único cine llamado Royal; y de la evolución del cine en Hollywood donde Bogdanovich era un claro exponente de aquella época.

En la despedida de ayer, también hubo una doble transición: Manu y Oskar dejarán de presentar y moderar los coloquios cinéfilos, pues la sociedad en general y, la administración pública en particular, los obliga a que, a partir de ahora, dejen de ser esos "niños llenos de ilusión" a convertirse en "meros espectadores" de la sala oscura. 

La segunda transición es más cruel. Y no quiero ni mencionarla.

Nos queda, mi querido Manu, poder ver algún día algo de John Ford en el Andrés Isasi o en el Muxikebarri, de la misma manera en que Sonny y su amigo Duane (Jeff Bridges) ven Río rojo en el cine Royal antes de que este cierre y Duane vaya a la guerra de Corea. Ahí sí, volveríamos a ser niños admirando a John Wayne. O tal vez mejor no, no sea que, recurriendo al título del libro de memorias de Fernando Fernán Gómez, El tiempo amarillo, compruebe que lo que albergué en mi memoria no tenga que ver con mis recuerdos en blanco y negro.



sábado, 17 de mayo de 2025

Bodegón con fantasmas (2024)

Hacía tiempo que no me carcajeaba tanto en una sala de cine

 

 

El director conquense Enrique Buleo recibe una ilustración junto con el Premio Fantrobia del FANT


El pasado día 8 de mayo pudimos ver en la sala 1 de los Golem de Bilbao Bodegón con fantasmas del conquense Enrique Buleo. Es su primer largometraje y, desde su estreno el pasado año en el Festival de Sitges, ha ido cosechando buenas críticas e incluso ganó el Premio de la Crítica en Abycine y en la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián. Desgraciadamente, ni siquiera su nominación en los Premios Feroz a Mejor Comedia, que se celebró el pasado 25 de enero, días antes de su estreno en cartelera, supuso un empujoncito a su carrera comercial. Tan sólo 6.000 espectadores se rascaron el bolsillo para ver esta comedia que se aleja de propuestas humorísticas menos arriesgadas o menos originales que sí han recibido el beneplácito del público. Véase Un funeral de locos, El casoplón o Los aitas, por poner tres ejemplos recientes. 

Buleo, a la salida de la proyección, se quejaba ante uno porque creía haber rodado una película que debería haber tenido más repercusión en salas: tiene unos excelentes y socarrones diálogos, una iluminación expresiva de Gina Ferrer y la música que acompaña magníficamente a las historias es obra de Sergio Bertrán. Sin embargo, él era consciente de que no contaba con un cartel actoral de relumbrón (Nuria Mencía, José Carabias, Consuelo Trujillo...) que llamase y arrastrase al espectador. Sin el apoyo de Atresmedia, Telecinco Cinema o Movistar Plus+ detrás, y a falta de productores de raza, la batalla taquillera está perdida... casi siempre.

La razón de la presencia del manchego Enrique Buleo en Bilbao era para recibir el Premio Fantrobia, galardón que se otorga a aquellos directores que despuntan en sus inicios de carrera. Creo que con Enrique Buleo de 46 años tal premio se engrandece. Nunca me había reído tanto en una sala –mi memoria tendría que remontarse a 2011 con Intocable – como me sucedió con Bodegón con fantasmas conformada por cinco relatos. Y eso para mí a estas alturas de la vida es impagable. El hilo de todas ellas, con personajes diferentes y con leves interconexiones entre ambas, es la muerte. Los títulos de todas no tienen desperdicio, pero como no me acuerdo ni las apunté voy a hacer una reformulación de ellos:

  1. Cambio de sexo post mortem.
  2. No dejes nada a medias antes de palmar o la parienta lo terminará por ti.
  3. El purgatorio ya no existe.
  4. Posesión sexual de ultratumba.
  5. Las otras caras de Vélmez o cómo sacar partido (económico) de ello.

No quiero destriparles nada. El próximo 6 de junio se podrá ver en la plataforma Filmin. Si están deprimidos, creo que Buleo será un buen sustitutivo del citalopram, fluoxetina o escitalopram como inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina para sus cerebros. Háganme caso.

La siguiente entrevista está conformada por las declaraciones del director conquense en rueda de prensa y por las declaraciones realizadas tras la proyección de la película ante el público vizcaíno asistente.

 – ¿Qué supone para ti este Premio de la 31ª edición del FANT de Bilbao?

 – A parte de que es un reconocimiento que viene de un Festival muy importante, que conocía sólo de oídas, para cineastas inseguros como yo aunque también tozudo, es un espaldarazo y te ayuda a creer un poco en lo que haces, porque el camino para realizar una película es un camino extremadamente difícil. Tienes que pasar por tantísimos filtros, convencer a tantísima gente y con una ópera prima un poco particular porque tiene una estructura episódica, que recibirlo me hace sentir superorgulloso.

 – ¿Desde tus inicios siempre quisiste hacer cine o llegaste a este mundo un poco por casualidad?

 – Bueno, en la adolescencia quería ser músico y atleta. Sí que es verdad que a mí el arte siempre me había gustado mucho y con los amigos hacíamos cosas con videocámaras caseras. Yo vengo de un pueblo muy pequeño de Cuenca. La Escuela de Cine más cercana está mínimo a 200 kilómetros, mi familia es una familia humilde de agricultores, pensar en un entorno así ser cineasta era prácticamente una locura. Podías pensar en ser algo relacionado con el arte, pero relacionada con algo menos costoso, pues el cine es la disciplina artística más cara. El cine me gustó desde siempre pero hasta los 30 años no tomé consciencia de que podía intentar ser cineasta.

 – ¿Qué formación tiene Enrique Buleo?

 – Yo estudié Bellas Artes. Me pasé mucho tiempo pintando, haciendo música hasta que todo inevitablemente me llevó a hacer mi primer cortometraje. Porque en el fondo era lo que más me gustaba. Sin embargo, lo había desechado por imposible. Era tan improbable que acabara siendo cineasta.... pero, mira, aquí estoy.

 – Ya lo eres.

 –  Me cuesta un poco reconocerme como tal. (Reflexiona) He hecho una película, la verdad, sí.

 –  De los temas que tratas en tu obra cinematográfica, todos muy actuales, ¿cuál es realmente el esencial?

 – Bueno, yo tengo horror vacui. Trato de hablar de doscientas mil cosas. De hecho hay como muchas lecturas. La gente que la ve por segunda vez de repente dice "ay, mira, de esto no me enteré". Con el arte o con la música siempre trato de contar más cosas que las que hay en una primera lectura. Con la película, quise desde el primer momento desdramatizar la muerte, acercarme a ella y que no me doliera tanto. Me había pasado gran parte de mi vida pensando que la muerte era algo que no iba conmigo ni con mi familia. Hace unos años ocurrieron bastantes muertes cercanas de amigos y de familiares que me hicieron un poco a enfrentarme a ese tema de la peor manera posible: me obsesioné. Pasé de no pensar nunca en la muerte a hacerlo a todas horas.

 – ¿Cómo materializaste esa preocupación por los fallecimientos?

 – Siempre estoy escribiendo todas las cosas que me vienen a la cabeza desde hace muchos años. Las escribo en libretas, también en aplicaciones de móviles. Y me di cuenta de que llevaba tiempo escribiendo sobre la muerte. Y entonces pensé: aquí tengo una película episódica. Estaba claro que de todas las historias que tenía apuntadas iban en la misma dirección: desdramatizar la muerte y hacerla más abordable desde el humor o el costumbrismo.

 

Enrique Buleo (izq.) junto al programador del FANT, Eugenio Puerto en la sala 1 de Golem

 

 – Es importante destacar el papel relevante de la figura femenina ya que aparece en la mayoría de tus episodios.

 – Vengo de una España donde el hombre era una figura ausente en casa. Pasé mucho más tiempo con mi madre y mis tías. Dramáticamente siempre me ha resultado mucho más interesante una mujer que un hombre. Tal vez porque aprendí que el abanico de emociones que tenía este era muy escaso: rudeza, ira y poco más. La mujer, en cambio, era otro mundo. Con ella podías ir a cualquier lugar. A veces me fuerzo a que el protagonista no sea una mujer en una historia.

 –Has dirigido y escrito Bodegón con fantasmas, ¿en qué faceta te sientes más a gusto de las tres patas un filme, en lo visual, la dirección actoral o en la escritura?

 – Me gusta mucho más el guion, hago más hincapié en ello. Para mí es la clave. Sin un guion bueno, nunca podrás realizar una buena película por muy buen director que sea, incluso de actores. Además, reivindico la figura del guionista ya que en el mundo de la cinematografía está poco valorado. Se le da más importancia a lo demás, y se deja muy relegado a un aspecto hiperimportante. La dirección de actores, en cambio, es lo que menos me gusta porque no estoy formado en ello y tampoco me interesa especialmente, puesto que el tipo de actuación que me gusta hacer con ellos es un poco como la no actuación, rebajarlos al mínimo para que sea extremadamente natural, sin intención ninguna. Eso a veces es muy complicado.

 –La fórmula de un filme compuesto de varios sketches no es muy del agrado de los productores por ser menos comercial, ¿has tenido problemas a la hora de llevar adelante esta estructura episódica?

 –Sí, pues muchos. Tenía claro que para mi primer filme quería que fuera episódica. Soy muy seguidor y me gustan mucho. Cuando se lo planteé a los productores, me dijeron que adelante, que confiaban. En el Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, el proyecto fue muy bien valorado, obteniendo creo la mayor puntuación en nuestra convocatoria; en otros lugares, tuvimos más problemas para que entendieran que por ser episódica tenía que ser más inaccesible o difícil. Hay filmes que han funcionado muy bien así. Por ejemplo, Relatos salvajes (2011) de Damián Szifrón estuvo nominada a Mejor Película de habla no inglesa, es reciente, clarísimamente episódica, donde no hay ningún tipo de enlace salvo que hablan siempre de venganza. Sin embargo, nos encontramos con que había muchísimos recelos y prejuicios con este tipo de estructuras narrativas.

 – ¿Se os cerraron las puertas?

 – Cuando íbamos a pedir financiación o apoyos, nos decían: "Ya pero como es episódica…". Pero vamos a ver, qué más dará que lo sea. Lo importante es lo que cuentes y cómo lo hagas. Incluso me sugerían que en el último episodio pusiera a todos los personajes de las anteriores historias. No pienso que al meterlos con calzador, los espectadores que vieran Bodegón con fantasmas iban a tener una sensación de mayor unidad. No creo que porque sea episódica vaya a ser mala obra. Y al revés. Pero como ya te dije, de la misma forma que soy inseguro también soy tozudo. Y me dije: va a ser por episodios. 

 –¿Tuviste que hacer cesiones?

 –Tuve que hacer cesiones. De lo contrario, la película no se hubiera hecho. Pero fueron las mínimas.

 –Has tocado el tema de la emigración en un pueblo rural, de pequeña población de Castilla La Mancha, ¿por qué lo has hecho?

 –Pues porque en nuestra sociedad vivimos con personas de otros países. Quería hacer un retrato, a pesar de tener un tono fantástico, en el que los protagonistas fueran gente real de hoy en día. En mi pueblo, Villanueva de la Jara, somos 2.300 habitantes, y de ellas 400 mínimo son inmigrantes, de Hispanoamérica, Marruecos y de Europa del Este. Alguna historia quería que la protagonizara alguna de ellas.

 –¿Y qué pasó?

 –Yo tenía escritos doce sketches para la película y al final se quedaron en cinco. En principio iban a ser 9 episodios para los que escribí una docena. Se fueron cayendo algunas hasta quedar en cinco. Algunas que cayeron estaban protagonizadas por inmigrantes. Aunque sea un filme costumbrista, fantástico y macabro, también es una película social. Y al serlo quería retratar la sociedad actual, llena de gente de otros países. Además, no quería que tan sólo interpretasen el papel de inmigrante. El papel de la rumana (Bianca Kovacs) de la cuarta historia está ahí por ser la viuda de una persona que acaba de morir. 

 – Rodaste en tu pueblo natal del sur de Cuenca, Villanueva de la Jara.

 – No lo conoceréis pues es muy pequeño. No sale muy bonito ya que no quería que fuera un vídeo para FITUR. Es verdad que tiene una basílica, cuatro conventos y otras cosas bonitas, pero intenté mostrar una realidad un poco más árida. Eso iba bien con la película. No tenía mucho sentido mostrar todo el tiempo el patrimonio artístico que tenemos, pues iba en detrimento del filme.

 – ¿Cómo surgió el proyecto de rodar Bodegón con fantasmas?

 – Al principio no tenía mucha convicción de que se pudieran convertir mis escritos en una película, pero en el confinamiento (por el Covid), me di cuenta de que llevaba escribiendo bastante tiempo sobre la muerte y, sobre todo, de la necesidad de transgredir la muerte y desdramatizarla un poco. Entonces me dije que tal vez aquí hubiera una película episódica. A mí me gustan mucho los filmes episódicos por muchas razones. Me puse a escribir y todo salió rodado.

 –  ¿Sentiste vértigo al querer rodar una película de episodios?

 – Vértigo siempre espero, pero como han sido tantos pequeños pasos, nunca he tenido la sensación de vértigo del todo. Porque la primera vez que escribes el guion, piensas que no va a acabarse en una película. Pero de repente te la seleccionan en un sitio, luego vas a un programa de desarrollo, después un productor se interesa, luego consigues una ayuda... Son tantos pequeños pasos que al final no sientes ese vértigo. Eso sí, ha sido complejo y largo.

 – ¿Cómo fue el casting de actores?

 – Siempre había trabajado con actores naturales. Sin embargo, para esta película quería hacer un híbrido entre actores profesionales y naturales. Lo que más miedo me daba era que funcionaran juntos porque cada uno tiene como un registro bastante particular. Hicimos el casting teniendo en cuenta el tipo de actuación que estaba buscando.

 – Eso requeriría más tiempo para ensayar, ¿no?

 – Realmente me hubiera gustado ensayar mucho más de lo que ensayamos, porque ensayé un día con los actores antes del rodaje. Un día puesto que no había más presupuesto ni más tiempo. Luego en el rodaje, mientras preparaban las luces, sí que trabajaba mucho con ellos. Yo estoy bastante contento con el casting pues no era una cosa fácil. Más me daba miedo que unos eclipsaran a otros: o los profesionales a los naturales, pues tienen mucha más facilidad para meterse en el papel, o los naturales a los profesionales puesto que al final son más auténticos, más frescos. Sin embargo, creo que nadie eclipsa a nadie.

 – Quisiera que me hablases de la comicidad del filme. ¿En qué pretendías que fuera o surgiera el humor?

 – Esta pregunta tiene más miga de lo que parece. Yo me relaciono con la comedia de una manera un poco difícil. Como espectador a mí me gusta mucho la comedia. De hecho, me rodeo de gente que tiene mucha gracia, pero no soy nada espectador de cine de comedia. Si voy al cine, la última película en la que me fijo es aquella que pertenece al género de la comedia. Prefiero las pelis de terror, fantástico, drama, thriller... prácticamente cualquier cosa antes que una cómica. 

 – ¿Y como creador o guionista...?

 – Como creador sí que me gustan meter elementos de comedia en las cosas que hago, pero con la balanza equilibrada. En otras palabras, no me gusta que la gente diga es una comedia en la que te ríes muchísimo y ya. ¡Uf! Me duele un poco, la verdad. Lo que intento siempre es que la balanza entre comedia y situaciones macabras o más oscuras o dramáticas estuviera muy equilibrada. De alguna manera que el espectador estuviera entre la sonrisa y el suspiro. 

 – ¿Qué tipo de humor te gusta?

 – Para buscar la comedia tuve que pensar en lo que a mí me hace gracia: una serie de cosas concretas, un sentido del humor muy absurdo, muy macabro y aposté por eso porque es lo único que sé hacer. Si intento hacer un humor más blanco u de otra manera, pues seguramente ni me salga ni me guste. Tiré de lo que a mí me funciona, y rezando para que a alguien más le funcionara, no solamente a mí.

 – ¿No crees que en la comedia española se da una gran variedad de humor dependiendo de la región donde tenga lugar la historia, en tu caso de Castilla La Mancha?

 – Creo que en La Mancha se hace un tipo de humor muy concreto. Bueno, se hacen más, pero es verdad que ese humor medio macabro, medio absurdo que puedes encontrar a veces en directores como José Luis Cuerda o también en Pedro Almodóvar o en Los Chanantes es verdad que es un humor como muy de La Mancha. Sin embargo, también hay otro tipo como el de José Mota que es diferente. Creo que la tierra imprime carácter. En el fondo nacer en un lugar concreto te marca de alguna manera. Pero también es verdad que vivo rodeado de gente de allí y no tiene el mismo humor. 

 –  Y tu humor, ¿de dónde crees que surge?

 – No sé analizar de dónde surge el mío: de mis vivencias, de la gente con la que me junto, de lo que he leído y visto. Es verdad que en mi pueblo, la gente es como bastante bestia con el humor. He llegado a oír cosas tan bárbaras como lo que decía una señora que había tenido dieciséis hijos: "Menos mal que se me mueren si no no sabría qué hacer con tantos hijos". Y lo decía tan tranquila. Ese tipo de cosas, que ponen los pelos de punta y que la gente lo cuenta con tal naturalidad, a mí me encanta. Estoy muy pendiente de todas esas cosas que oigo porque todo lo apunto y luego lo utilizo sin pudor alguno. Creo que mi humor viene de ahí, de que la gente cuenta cosas muy tremendas con mucha naturalidad. Y eso es algo que me gusta utilizar como recurso humorístico. De repente cuentan: "Ah, pues yo quedarme viuda y hacerme los labios, ahí empecé a vivir". Ese tipo de cosas me las inventé, pero podría haber sido perfectamente algo que hubiera oído a mi vecina. 

 

El director Enrique Buleo recibe el premio Fantrobia de manos de la nueva directora del FANT, Amaia Domingo





 

 – ¿Cómo fue apostar por el mítico actor José Caravias, secundario del cine y televisión?

 – Pues muy bien (duda). He hecho muchos coloquios con él y siempre dije que a él le hubiera gustado hacer todos los papeles. De hecho lo probé para tres papeles: para la señora trans de la primera historia y era una maravilla; luego para que interpretara de señor moribundo de la segunda que está haciendo la maqueta de cartuchos. Pero a veces por ser tan flexible y tener tanta capacidad para hacer determinados papeles, acabas siendo asignado al papel que menos te gusta. Era el mejor en el papel que hace en la película, sin embargo, en los otros dos había gente que lo hacía tan bien como él, por lo que al final le dije que le veía más en la última historia. A él no era la que más le gustaba, pero le dije que era el mejor en ella indudablemente y en las dos primeras había gente tan buena como él.

 – ¿Y acertaste?

 – Fue un acierto porque es un actor con muchísimas tablas. Y, además, ayudó muchísimo a los que no eran actores profesionales: los que hacen de su mujer, sus hijos y la alcaldesa.

 – ¿Cómo llevas trabajar con actores "naturales" para tu primer largometraje?

 – Yo había trabajado con ellos en mis tres cortometrajes anteriores. Así que estaba como muy tranquilo porque tenía ya mis trucos para saber o pedirles lo que quería que hicieran. A mí el miedo que me daba era saber cómo iban a funcionar con los profesionales como ya te he comentado antes. Si sabes lo que puedes pedir y sabes lo que te pueden dar y haces un casting concienzudamente, sabiendo que no tienen una flexibilidad muy grande, pero que brilla por su frescura y su autenticidad, creo que entonces no hay ningún problema para trabajar con ellos. La que hace de alcaldesa en el quinto episodio es una actriz no profesional, aunque ahora está haciendo una serie en Atresmedia, por cierto (risas).

 – ¿Y cómo la descubriste?

 – Yo soy de Cuenca, pero antes vivía en Albacete. Para un cortometraje titulado Decorosa que rodé (y que está en la plataforma Filmin), quería gente que fuera muy auténtica y fresca. Para ello me fui a todas las asociaciones de barrio, club de jubilados de Albacete para proponer que se presentaran a un casting. Recuerdo que cuando fui a hablar con ella, estaba haciendo punto o un jersey con un grupo de señoras y le dije que me gustaría hacerle una prueba y me dijo: "No". Ella es muy estoica, tan estoica como en la peli. De hecho, no ha tenido que interpretar mucho (risas). Recuerdo que le dije que se lo pensara, que volvería la semana siguiente. Me dijo que sí, "ya que me ha dicho mi hijo que lo haga". Desde entonces ha estado en todos mis cortos y en este largometraje. Ahora está trabajando en una serie con Ernesto Sevilla, Joaquín Reyes, Carlos Areces... encantadísima. 

domingo, 11 de mayo de 2025

FANT 2025: Palmarés

 La película finlandesa "La muerte es un problema para los vivos" se alza como ganadora del FANT 2025

 

La película ganadora del 31ª del FANT

 Si se preguntara por la calle si han visto alguna película finlandesa (o finesa, que también vale), dudo que hubiera mucha gente que dijera que sí. Y de los pocos que hayan visto alguna producción hecha en ese país perteneciente a la Unión Europea, y con un invierno que dura entre 105 a 120 días, podrán mencionar dos nombres: Aki Kaurismäki y su hermano, Mika. Si me apuran, alguno recordará las recientes Compartimento nº 9 (2021) de Juho Kuosmanen o la vistosamente bélica Sisu (2022) de Jalmari Helander. Desde el pasado 8 de mayo, el FANT ha inscrito en la memoria cinéfila el nombre de Teemu Nikki.

El Jurado del Festival de Cine Fantástico – FANT, organizado por el Ayuntamiento de Bilbao, formado en su Sección Oficial por Diana Rojo, Justo Ezenarro y Soy Una Pringada, concedieron el Premio al Mejor Largometraje de esta 31 edición a “Death is a problem for the living”, de Teemu Nikki “por hacernos ver que no está mal empatizar con los malos de la película y que nos incomode tanto que solo nos quede reír”, tal y como lo ha valorado el Jurado.  

Así reza la nota de prensa enviada a los medios de comunicación. De entre las 18 películas de la Sección Oficial, La muerte es un problema para los vivos estaba en ese grupito de premiables para el que esto escribe. No era mi favorita, aunque ya se sabe que para gustos los colores. Apunten el título de una coproducción chino-danesa por si algún día se topan con él: Breve historia de una familia del chino Jianjie Lin. Es su ópera prima y se estrena en cines el próximo 4 de junio de 2025 en cines. Y estoy convencido de que ninguno de los tres miembros del Jurado la entendieron.

Pero volvamos a Teemu Nikki. Su historia va presentando en un montaje alternado a los dos protagonistas: Risto Kivi, un ludópata con problemas conyugales, y Arto Niska, un pobre diablo que trata de preñar a su mujer y que descubre en una consulta médica que nació con un 85% menos de cerebro que una personal normal. Hasta que ambos no se reúnen en la historia, el espectador tiene dificultad para entrar en la pantalla. La presentación de ambos personajes se va demorando con pinceladas de humor que hacen más soportable la espera de saber por dónde van los tiros. Sin embargo, cuando Risto, que trabaja en una funeraria, le pide ayuda a Arto para transportar un cadáver, el interés de estos dos personajes a la deriva empieza a elevarse. 

Nikki no abandona las historias que tanto se suelen ver en el cine escandinavo en general (danés, sueco, islandés...) de seres abatidos por sus circunstancias, dramáticos, marginales o que la suerte les es esquiva . Sin embargo, lo que la distingue La muerte es un problema para los vivos de otras tantas es su tono de drama con unos toques ligeros de comedia negra. Pongamos un ejemplo. Cuando ambos dejan el cadáver de una mujer al pie de un árbol, Arto descubre entre su documentación  que la chica tiene dos hijas. Risto le comenta inconmovible que "un muerto no tiene hijos".

La deriva de Risto y Arto hacia la desesperación hará que traten de enfrentarse a ella de la peor manera posible: jugándose la vida. Ahí es cuando Teemu Nikki se la juega como director y, en mi opinión, no sale del todo airoso. El director fía su realización más que a la puesta en escena a un guion que construido con un interés in crescendo y apoyado por dos actores (Pekka Strang y Jari Virman) con una actuación que navega en una línea fina entre el drama y la comedia.

Dos temas están presentes en esta historia: uno son las apuestas por internet, pero esas en que sólo aparecen por la web profunda porque no serían legales; el segundo es cómo la difusión de ciertas informaciones sobre la privacidad de una persona puede producir la ruina a todos los niveles.

 

 

Breve historia de una familia, la revelación del FANT

El drama fantástico titulado Breve historia de una familia de Jianjie Lin nos relata la historia de dos jóvenes de 16 años llamados Shuo, estudiante mediocre con unos padres que esperan algo más de él, y un carismático Wei, cuyo padre es alcohólico y la madre falleció tiempo atrás dejándole unas cicatrices emocionales. Ambos se hacen amigos rápidamente tras un incidente en la escuela. Pronto, Shuo se convierte en un invitado frecuente en la casa de la familia Wei, pero a medida que se integra más en sus vidas, comienzan a aparecer los recelos de Shuo al ver que Wei cada vez retiene más atención de los padres de aquel. 

Uno de los aspectos subyacentes de la película es la política nefasta que el régimen comunista chino mantuvo durante muchos años con la prohibición de tener más de un hijo en cada familia. Este hecho es fundamental para entender la frustación de la madre de Shuo, que no pudo tener más. Por otra parte, otra pata de la dramaturgia de la película es que la sociedad china actual está basada en el éxito y la superación. El padre, biólogo, ve que las esperanzas depositadas en su hijo, que no se despega de los mandos de la consola y no se centra en los estudios, van desapareciendo hasta que hace aparición Wei, la cara opuesta de su retoño. 

Atentos al primer plano de la película: Wei está haciendo barras en el patio del colegio. Es un plano fijo que dura bastantes segundos donde le vemos que está colgado. ¿Es posible que un chico de 16 años aguante tanto? Un balonazo le hace caer al suelo. A partir de ahí, todo lo que vemos sobre Wei se plantea como un triple interrogante: ¿es Wei un fantasma? La idea surge por cómo aparece y desaparece de las vidas de esta familia. ¿Es acaso la proyección imaginaria de ese segundo hijo que la madre de Shuo quiso haber tenido para llenar su vacía vida de mujer del hogar? La crítica a la política natalicia china haría más que justificada esta lectura cinematográfica de la obra de Jianjie Lin. ¿O tal vez el joven ideal que toda familia soñaría es el oponente imaginario de Shuo, que no está a la altura de lo que espera su padre? En este último sentido, se puede pensar que así es al ver la escena en que Shuo y Wei luchan en un combate de esgrima con paraguas.

Hacía tiempo que no veía una cinta tan elegante en su puesta en escena, tan perfecta en sus planos para expresar esta historia turbia y, a la vez, magnética, apoyada de un guion inteligente y sutil y de una iluminación y música que apoya la rica interpretación de una historia aparentemente sencilla. Todo un descubrimiento.

 

Desert Road, una muy interesante obra sobre los bucles temporales

 

Por último, querría resaltar una película que bien podría haberse llevado también el premio gordo: Desert Road (2024) de Shannon Tripplet, que también escribe el guion. Venía de haber ganado el pasado año en el Festival de Sitges el premio a mejor interpretación para Kristine Froseth. Y no me extraña porque prácticamente se carga a sus espaldas esta historia donde los bucles temporales son la esencia de la misma. Tras tener un accidente con su coche, una mujer camina por la carretera en busca de ayuda, solo para descubrir que, sin importar en qué dirección camine, siempre termina de nuevo en su coche accidentado. 

La historia de esta joven te atrapa y no te suelta hasta la resolución final. Afortunadamente, el guion no sólo es ágil en la trama, sino que se detiene en dotar al personaje (sensación de fracaso vital, ilusión por ser una gran fotógrafa, etc.) de ciertos rasgos que la humanizan, huyendo de los habituales protagonistas de los que tan sólo vemos que son amenazados por tal o cual peligro.

Esto ocurre en dos películas que podrían haber sido más redondas pero cuyos personajes tienen la entidad del grosos del papel de fumar. Se trata de la francesa MadS (2024) de David Moreau y la argentina Gatillero (2025) de Cris Tapia Marchiori. Ambas tienen en común que el argumento se narra –en un tour de force– mediante un único plano secuencia. En MadS la cámara acompaña en tiempo real a Romain, un joven de 18 años, que antes de ir de fiesta, acude a casa de su camello, prueba una nueva pastilla y mientras conduce, ve e una mujer herida en el arcén y para a socorrerla. Al subir a su coche, silenciosa y con un aspecto muy extraño, empieza a comportarse de forma aterradora. Y este es solo el principio de la noche. 

 

MadS, una metáfora de los malos viajes que puede provocar la droga actual en los jóvenes

 

 


Gatillero, estimable thriller social argentino

 

Gatillero (2025), por contra, tiene otras inquietudes más sociales en la Argentina. En este caso, la cámara sigue a El Galgo, un pistolero que acaba de salir de la cárcel y al que la banda que dirige La Madrina le encarga un trabajillo sencillo como es el de intimidar a un negocio que les debe dinero. Pronto descubre que la siguiente tarea le complicará la vida y la de los suyos hasta que tendrá que decidir si está con los ciudadanos honrados del barrio o con esta banda criminal que la controla con la connivencia de la policía, periodistas y políticos.

Ambas películas tratan de basar su interés en seguir con la cámara a sendos personajes, pero en mi opinión, el espectador llega un momento en que se desentiende de ellos: en la francesa, porque lo abandona por otros personajes en un intento de crear mayor expectación y sorpresa; en la argentina, porque el arranque es muy confuso y no se entiende un carajo lo que dicen los actores.

Se agradece que el FANT apueste por la comedia terrorífica. Este es el caso de la destacable película estonia Las motosierras cantan (2025), de Sander Maran, cuyo desopilante arranque hizo las delicias del público asistente en la sala. Lástima que esta versión de La matanza de Texas con intención transgresora, ritmo y momentos de humor salvaje logrados se vaya desinflando a medida que avanzamos. La comedia necesita no repetirse y llegados a mitad vemos que a Sander Maran se le empiezan a agotar las situaciones gore que en un primer momento nos sorprendieron.

miércoles, 7 de mayo de 2025

Cine español en el FANT 2025

El fantástico español en el FANT, para sangrar y no echar gota


Poco a la boca que llevarse con la
muestra del cine fantástico español visto

Esta edición del FANT, la 31ª, contenía una buena, buena no, más bien nutrida muestra del fanta-terror español en la Sección Oficial. Cuatro filmes dirigidos por Norberto Ramos (el Pepe Gotera del actual cine hispano), los Hermanos Sepúlveda (realizando un Blade Runner low cost con ínfulas bergmanianas), Juan Albarracín (con una propuesta psico-cinegética que haría palidecer los métodos de Pavlov), y finalmente por Miguel Llansó (que desde Estonia nos enjarreta un tema actual como es el transhumanismo).

Si Ramos lleva encadenando moñigas ensartadas para un público tan minoritario como imaginario o Llansó sigue colocando historias bajo el influjo del LSD o el trasunto de la droga moderna con que se coloquen los jóvenes de hoy, las óperas primas de los Hermanos Sepúlveda o Albarracín quedan muy justitas de calidad para una Sección Oficial que se precie. Y a los de Bilbao nos gusta jactarnos de "kalitatea", sin esta ocasión el "eusko".

No voy a negar que las propuestas, en ocasiones, son más sugestivas de lo esperado; los resultados, en cambio, no son convincentes y, lo que es peor, en ocasiones provocan la temible aparición del vocablo aburrimiento


José Taltavull Sepúlveda (izq.) y Javier Canales
Sepúlveda, directores de Idilia


Idilia de los Sepúlveda es la obra a la que más espectadores han ido a verla (aprox. 120). Ya lo decían en la presentación, que las labores de puesta en escena y de guion se las habían repartido. José se quejaba de que le había sido difícil poner en imagen lo que Javier había vertido en los extensos diálogos. No me extraña. Aún así el primero sale bastante indemne frente a las aguas que hacía el segundo con un guion imposible de digerir y unos personajes cuyo drama ya estaba empezado antes de comenzar la película. 

La idea, empero, es interesante: la organización Idilia trata de reclutar a niños con altas capacidades para hacer que la sociedad avance y mejore el bienestar de la humanidad. Pero la rumorología de que son una secta que se va extendiendo por el mundo y del miedo de los políticos por perder el poder hace que los responsables del proyecto se vean en la picota. Valorar la interpretación de Norma Ruiz Izquierdo que trata de salvar lo insalvable, apoyada por unos actores secundarios bastante dignos.

Lo más interesante en la planificación de todo este artefacto de breve minutaje (73 min) son los 500 planos que hay en los títulos de créditos realizados, según confesión de los creadores, por un programa de inteligencia artificial.


Javier Pereira junto a la otra protagonista Eva Llorach en la presentación de El instinto


En El instinto de Juan Albarracín se nos propone –quiero creer que sin base científica alguna– que la agorafobia que padece el arquitecto (Javier Pereira), recluido en una casa de campo, puede curarse con un método que le propone un vecino (Fernando Cayo). Este anteriormente ha matado en un accidente de tráfico al perro de aquel y se siente en la obligación de compensarle de alguna manera. El método consiste –el director mete a lo largo del filme una serie de reportajes documentales sobre adiestramiento canino–, según le cuenta Cayo, en una adaptación a los humanos de lo que se hace con los perros para poder superar esos miedos instintivos en que cree él que se basa la agorafobia. 

¿Es el hombre capaz de ser sometido como un perro a un orden jerárquico dentro de una manada? Si fuera así, este sometimiento y fe ciega en el líder haría que cualquier instinto primario quedase domeñado por fe ciega al gurú de la manada. La propuesta de tratar al arquitecto como un chucho para poder sacarlo al espacio abierto del campo, y así superar los traumas que subyacen a este trastorno de ansiedad, fracasará. Ni siquiera el inserto de imágenes, al que recurre Albarracín, sobre el pasado familiar del protagonista encarnado por Javier Pereira mientras sufre de ansiedad,  hace que la película recobre mayor interés. Porque todo ese pasado no enriquece en la dramaturgia del presente en mi opinión, tan sólo explica el porqué de esa agorafobia. Al desarrollo de la trama y de la relación entre ambos vecinos le falta turbiedad, siendo demasiado plana y con un desenlace previsible y sin sorpresas para el espectador.


Miguel Llansó presentando Infinite Summer, rodada en Estonia


El interés de Infinite Summer de Miguel Llansó estriba en que aborda ciertos avances de la tecnología  que pueden ser aplicadas en las nuevas generaciones. La primera vez que leí el vocablo transhumanismo fue en la obra ensayística de Luisgé Martín titulada El mundo feliz: una apología de la vida falsa. Este subtítulo viene muy a cuenta en la película de Llansó, pues se trata de tres chicas jóvenes que pasan unos días de verano en Estonia. En un momento dado, recurren a una aplicación de citas virtual, en el que aparece un personaje llamado Dr. Mindfulness (ya saben prestar atención consciente al ahora). Este les propondrá el uso de unas máscaras que puestas en la cara les llevará a un plano de felicidad jamás conocido por ellas. La búsqueda de sensaciones que hagan más llevadera la vida en este valle de lágrimas es lo que ofrece este artilugio, aunque sea una vida falsa o artificiosa. En una escena vemos cómo dos de las protagonistas viven lo que podríamos llamar unos orgasmos cósmicos fruto de la tecnología que ofrecen esto artilugios puestos en la cara.

El transhumanismo es un método que propugna la superación de las limitaciones actuales del ser humano, tanto en sus capacidades físicas como psíquicas, mediante el desarrollo de la ciencia y la aplicación de los avances tecnológicos. Lo que no me quedó claro, visto Infinite Summer, es si el director es partidario o no del uso de esas máscaras que te hacen sentir parte de ese universo llamado Naturaleza del que nos hemos alejado, privándonos de sensaciones agradables para el bienestar. Que pregunten a los jóvenes cómo huele la moñiga de vaca, a qué especie animal pertenecen unas cagarrutas en una senda o, simplemente, a qué huele un paseo por un bosque otoñal a las 8 a. m.


Director Norberto Ramos (centro) junto a los actores de Giro final.


Y escribir sobre la última película española, me resulta fútil. Giro final de Norberto Ramos del Val está mal escrita y peor dirigida, por no hablar de la penosa dirección de actores o unos planos que parecen de preescolar. A pesar de todos los males que le aquejan, y el director es consciente de ello, uno la disfruta gozosamente de la misma forma que saborea con placer las hamburguesas de McDonald, aunque estén hechas de perro muerto con cúrcuma. 

El realizador, en la divertida presentación ante los escasos 60 espectadores que asistimos, estaba contentísimo por ver su propia película en pantalla grande. "Siempre se va alguien. No sé si es una tradición o qué. Si alguno se siente muy ofendido y se va, no pasa nada, pues ha pagado la entrada. Aquí todos contentos, el Festival y yo", comentaba con sarcasmo Norberto Ramos.

No sé si recordarán Pink Flamingos (1972) de John Waters. Hay una escena en la que la protagonista, una guarra gorda llamada Divine, se agacha en la acera y recoge una cagada de perro y se la mete a la boca disfrutando de semejante menú. Giro final, sin la pornografía, canibalismo, escatología ni zoofilia que había en aquella, se disfruta si eres consciente y aceptas que el director ha rodado un mierda de película.



 





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