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miércoles, 7 de mayo de 2025

Cine español en el FANT 2025

El fantástico español en el FANT, para sangrar y no echar gota


Poco a la boca que llevarse con la
muestra del cine fantástico español visto

Esta edición del FANT, la 31ª, contenía una buena, buena no, más bien nutrida muestra del fanta-terror español en la Sección Oficial. Cuatro filmes dirigidos por Norberto Ramos (el Pepe Gotera del actual cine hispano), los Hermanos Sepúlveda (realizando un Blade Runner low cost con ínfulas bergmanianas), Juan Albarracín (con una propuesta psico-cinegética que haría palidecer los métodos de Pavlov), y finalmente por Miguel Llansó (que desde Estonia nos enjarreta un tema actual como es el transhumanismo).

Si Ramos lleva encadenando moñigas ensartadas para un público tan minoritario como imaginario o Llansó sigue colocando historias bajo el influjo del LSD o el trasunto de la droga moderna con que se coloquen los jóvenes de hoy, las óperas primas de los Hermanos Sepúlveda o Albarracín quedan muy justitas de calidad para una Sección Oficial que se precie. Y a los de Bilbao nos gusta jactarnos de "kalitatea", sin esta ocasión el "eusko".

No voy a negar que las propuestas, en ocasiones, son más sugestivas de lo esperado; los resultados, en cambio, no son convincentes y, lo que es peor, en ocasiones provocan la temible aparición del vocablo aburrimiento


José Taltavull Sepúlveda (izq.) y Javier Canales
Sepúlveda, directores de Idilia


Idilia de los Sepúlveda es la obra a la que más espectadores han ido a verla (aprox. 120). Ya lo decían en la presentación, que las labores de puesta en escena y de guion se las habían repartido. José se quejaba de que le había sido difícil poner en imagen lo que Javier había vertido en los extensos diálogos. No me extraña. Aún así el primero sale bastante indemne frente a las aguas que hacía el segundo con un guion imposible de digerir y unos personajes cuyo drama ya estaba empezado antes de comenzar la película. 

La idea, empero, es interesante: la organización Idilia trata de reclutar a niños con altas capacidades para hacer que la sociedad avance y mejore el bienestar de la humanidad. Pero la rumorología de que son una secta que se va extendiendo por el mundo y del miedo de los políticos por perder el poder hace que los responsables del proyecto se vean en la picota. Valorar la interpretación de Norma Ruiz Izquierdo que trata de salvar lo insalvable, apoyada por unos actores secundarios bastante dignos.

Lo más interesante en la planificación de todo este artefacto de breve minutaje (73 min) son los 500 planos que hay en los títulos de créditos realizados, según confesión de los creadores, por un programa de inteligencia artificial.


Javier Pereira junto a la otra protagonista Eva Llorach en la presentación de El instinto


En El instinto de Juan Albarracín se nos propone –quiero creer que sin base científica alguna– que la agorafobia que padece el arquitecto (Javier Pereira), recluido en una casa de campo, puede curarse con un método que le propone un vecino (Fernando Cayo). Este anteriormente ha matado en un accidente de tráfico al perro de aquel y se siente en la obligación de compensarle de alguna manera. El método consiste –el director mete a lo largo del filme una serie de reportajes documentales sobre adiestramiento canino–, según le cuenta Cayo, en una adaptación a los humanos de lo que se hace con los perros para poder superar esos miedos instintivos en que cree él que se basa la agorafobia. 

¿Es el hombre capaz de ser sometido como un perro a un orden jerárquico dentro de una manada? Si fuera así, este sometimiento y fe ciega en el líder haría que cualquier instinto primario quedase domeñado por fe ciega al gurú de la manada. La propuesta de tratar al arquitecto como un chucho para poder sacarlo al espacio abierto del campo, y así superar los traumas que subyacen a este trastorno de ansiedad, fracasará. Ni siquiera el inserto de imágenes, al que recurre Albarracín, sobre el pasado familiar del protagonista encarnado por Javier Pereira mientras sufre de ansiedad,  hace que la película recobre mayor interés. Porque todo ese pasado no enriquece en la dramaturgia del presente en mi opinión, tan sólo explica el porqué de esa agorafobia. Al desarrollo de la trama y de la relación entre ambos vecinos le falta turbiedad, siendo demasiado plana y con un desenlace previsible y sin sorpresas para el espectador.


Miguel Llansó presentando Infinite Summer, rodada en Estonia


El interés de Infinite Summer de Miguel Llansó estriba en que aborda ciertos avances de la tecnología  que pueden ser aplicadas en las nuevas generaciones. La primera vez que leí el vocablo transhumanismo fue en la obra ensayística de Luisgé Martín titulada El mundo feliz: una apología de la vida falsa. Este subtítulo viene muy a cuenta en la película de Llansó, pues se trata de tres chicas jóvenes que pasan unos días de verano en Estonia. En un momento dado, recurren a una aplicación de citas virtual, en el que aparece un personaje llamado Dr. Mindfulness (ya saben prestar atención consciente al ahora). Este les propondrá el uso de unas máscaras que puestas en la cara les llevará a un plano de felicidad jamás conocido por ellas. La búsqueda de sensaciones que hagan más llevadera la vida en este valle de lágrimas es lo que ofrece este artilugio, aunque sea una vida falsa o artificiosa. En una escena vemos cómo dos de las protagonistas viven lo que podríamos llamar unos orgasmos cósmicos fruto de la tecnología que ofrecen esto artilugios puestos en la cara.

El transhumanismo es un método que propugna la superación de las limitaciones actuales del ser humano, tanto en sus capacidades físicas como psíquicas, mediante el desarrollo de la ciencia y la aplicación de los avances tecnológicos. Lo que no me quedó claro, visto Infinite Summer, es si el director es partidario o no del uso de esas máscaras que te hacen sentir parte de ese universo llamado Naturaleza del que nos hemos alejado, privándonos de sensaciones agradables para el bienestar. Que pregunten a los jóvenes cómo huele la moñiga de vaca, a qué especie animal pertenecen unas cagarrutas en una senda o, simplemente, a qué huele un paseo por un bosque otoñal a las 8 a. m.


Director Norberto Ramos (centro) junto a los actores de Giro final.


Y escribir sobre la última película española, me resulta fútil. Giro final de Norberto Ramos del Val está mal escrita y peor dirigida, por no hablar de la penosa dirección de actores o unos planos que parecen de preescolar. A pesar de todos los males que le aquejan, y el director es consciente de ello, uno la disfruta gozosamente de la misma forma que saborea con placer las hamburguesas de McDonald, aunque estén hechas de perro muerto con cúrcuma. 

El realizador, en la divertida presentación ante los escasos 60 espectadores que asistimos, estaba contentísimo por ver su propia película en pantalla grande. "Siempre se va alguien. No sé si es una tradición o qué. Si alguno se siente muy ofendido y se va, no pasa nada, pues ha pagado la entrada. Aquí todos contentos, el Festival y yo", comentaba con sarcasmo Norberto Ramos.

No sé si recordarán Pink Flamingos (1972) de John Waters. Hay una escena en la que la protagonista, una guarra gorda llamada Divine, se agacha en la acera y recoge una cagada de perro y se la mete a la boca disfrutando de semejante menú. Giro final, sin la pornografía, canibalismo, escatología ni zoofilia que había en aquella, se disfruta si eres consciente y aceptas que el director ha rodado un mierda de película.



 





sábado, 3 de mayo de 2025

Hallow Road (2025)

 Hallow Road inaugura fuera de competición la 31ª edición del FANT bilbaíno


Amaia Domingo, directora del FANT (2ª izq.), el director Daniel Monzón, la actriz Eva Llorach y Babak Anvari, director de la película de la gala de inauguración 


Sábado, 3 de mayo de 2025


El Teatro Campos fue ayer el escenario habitual para dar arranque a la 31ª edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao. A las 7 y media de la tarde se congregaron los más forofos de este género para asistir a un sketch cómico en homenaje este año a la familia de Leather Face de La matanza de Texas (1974). El espectáculo se amenizó con música en directo mientras se fueron presentando los premios honoríficos y el audiovisual de toda la programación.

En primer lugar, subió al escenario a recoger el premio FANT de Honor la actriz Eva Llorach. La actriz murciana agradeció el premio algo sorprendida porque no creía que su trabajo estuviera muy en la órbita del género fantástico. Aún así, quiso demostrar que había trabajado en él mostrándonos, a modo de broma, un corto casero rodado por su sobrino. Eva Llorach se dio a conocer en 2018 por haber trabajado en Quién te cantará a las órdenes del que actualmente está en el ostracismo Carlos Vermut. Gracias a este trabajo le otorgaron el Goya a Actriz Revelación.


La actriz Eva Llorach recibe el FANT de Honor 2025



El segundo protagonista de la noche fue Daniel Monzón. Estuvo más locuaz que Llorach al recibir el segundo galardón FANT de Honor de manos de la actual directora del FANT, Amaia Domingo. Recordó que su primera obra como director sí que estaba en la línea del género. Se trata  de El corazón del guerrero (1999) protagonizada por Fernando Ramallo y Neus Asensi. Aunque luego su trayectoria fílmica ha ido por otros derroteros, cosechando éxitos rotundos como fue el caso de Celda 211 (2009) con la que consiguió derrotar a El secreto de sus ojos en la edición de los Goya de2010, o El niño (2014), que recibió dieciséis nominaciones a los Goya. Confesó que había sido un gran fan del cine fantástico y de terror, tragándose, pero al mismo tiempo disfrutando, de bodrios infumables, "porque los fanáticos de este tipo de género, allá en los festivales en los que nos encontramos, somos muy reconocibles". Era incluso capaz de recorrer los videoclubes más lejanos para poder alquilar películas de este tipo por muy malas que fueran.

Daniel Monzón, que este sábado a las 12:00 en el auditorio de Azkuna Zentroa-Alhóndiga se podrá revisitar su El corazón del guerrero con su presencia tras la proyección, anunció ayer que tiene previsto rodar sus dos próximas películas en Bilbao. Y que le hacía ilusión que en algún plano de sus películas poner el galardón (una especie de martillo) para que los seguidores del certamen bilbaíno puedan descubrirlo. Estaremos atentos.



Daniel Monzón recibiendo de modo muy amistoso el FANT de Honor 2025


También estuvieron presentes el director británico-iraní, Babak Anvari, y el director de fotografía, Kit Fraser, creadores de Hallow Road (2025). La película fue estreno en Europa tras su paso por el Festival SXSW de Austrin (Texas) y la distribuye Universal. Babak Anvari advirtió a los espectadores que no se levantaran de sus asientos sin dejar de ver los títulos de crédito finales, pues ahí podría estar la clave para entender el filme.



Babak Anvari (director a la izq.) y su director de fotografía, Kit Fraser, que presentaban Hallow Road


Hallow Road es un thriller que está protagonizada por Rosamund Pike y Matthew Rhys, ambos padres de una adolescente. De madrugada reciben la llamada de esta pues ha tenido un accidente de tráfico en una zona boscosa. Los padres acudirán para tratar de ayudarla a salir del embrollo en que está metida. 

La película de Anvari tiene un buen arranque descriptivo. Pero desde el momento en que Pike y Rhys se meten al automóvil para ir en busca de su adolescente hija la cosa va declinando poco a poco. No logra en mi caso implicarme en la trama, muy esquemática, por lo que asisto superficialmente a los problemas que van surgiendo hasta el ambiguo y misterioso final. 

El tour de force del director por narrarnos esta historia casi siempre desde el automóvil de los padres en conversación continua con su hija no llega a impactar en demasía. Los que somos cinéfilos tenemos ya en la retina dos películas muy superiores a esta Hallow Road como pueden ser Locke (2013) del también director inglés Steven Knight o The Guilty (2018) del danés Gustav Möller. La primera comparte la idea de que la cámara no salga del automóvil donde va el protagonista; la segunda, se asemeja en la idea de que la protagonista que se escucha por el teléfono no aparecerá jamás a los ojos del espectador, jugando con el sonido para imaginar lo que está pasando al otro lado de la línea.

Más interés tiene algunos temas que toca el filme sin profundizar. En especial, el tema de la responsabilidad de los jóvenes y el rol distinto que ambos padres parecen tener ante los problemas que ha de enfrentar su retoño. La responsabilidad tiene consecuencias, las enfrentes o no. Si Rhys está dispuesto a afrontar las consecuencias ante la ley de lo que su hija ha cometido, su esposa, en cambio, cree que esa no es la educación que hay que darle a su vástago. Toda conducta tiene unas consecuencias que hemos de acarrear de por vida, parece decirnos Anvari con su obra.

Tenía muchas ganas de ver lo que Rosamund Pike podía ofrecer en esta tensa historia. Pero aunque está muy bien metida en su papel de enfermera y madre no logra con su interpretación transmitirme ese temor por el drama que está pasando su hija. Tal vez el problema esté en el guion y en que la cámara de Anvari no haga más que ilustrar en mil posiciones distintas pero sin aportar nada más a los diálogos continuos entre los tres protagonistas. Una pena.


Homenaje en el Teatro Campos de La matanza de Texas de Tobe Hooper

domingo, 27 de abril de 2025

A sangre y fuego

Había más de dos bandos: héroes, bestias y mártires

 

 


 

 Hace una semanas entré en el bar Stop de Astrabudua. Tenía necesidad de parar, pues la próstata va presionando la vejiga con tal ahínco que cada vez la botella de litro para retener la orina se hace más pequeña. Así que me introduje subrepticiamente sin que Cecilia, la dueña, se diera cuenta. Eso creí. Recorrí a paso firme pero disimulado, entre el gentío, la distancia desde la entrada hasta el servicio de caballeros que hay al fondo. Tan sólo eran aguas menores, pero me urgía y no me apetecía pedir nada líquido. 

El estrecho WC, de medidas tales que, como dice el chiste, si fuera iglesia las ostias habría que darlas de canto, estaba como casi siempre limpio. El hecho es que, después de hacer mis necesidades, lavarme las manos como Dios manda y secármelas, me percaté de que alguien había escrito en la puerta del baño lo siguiente:

Recomiendo:

Chaves Nogales, Manuel. A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España. Nueve novelas cortas de la guerra civil y la revolución. Santiago de Chile: Ercilla, 1937. 

 Me quedé pensativo. ¿Cómo era posible que en lugar de un buen pollón, una cita revolucionaria, una posturita del Kamasutra o el típico por aquí pasó fulanito para en el inodoro dejar un mensajito hubiera una cita bibliográfica en una aceptable caligrafía?

Ni corto ni perezoso apunté el título en mi cabeza, pues la cosa me intrigó. No había firma ni pista alguna del autor de aquella recomendación. Lo que sí sé es que Cecilia le habría arrancado la cabeza si le hubiera pillado. Buena es ella para las cosas grafiteras: guerracivilista.

Acabo de leer hace poco la obra de Manuel Chaves Nogales sobre la Guerra incivil española. Y he de decirles que es magnífica. La edición que tengo en mis manos (2013) la publica la Espuela de Plata en colaboración con la Diputación de Sevilla. En ella, a diferencia de la impresa en 1937 en Chile, hay dos relatos más (El refugio y Hospital de sangre) alcanzando así los once. 

Me quiero detener brevemente en el primero, pues transcurre en Bilbao. Supongo que Manuel Chaves sacaría el sustrato de su narración de lo acontecido en abril de 1937, cuando la Villa sufrió varios bombardeos por parte de la Legión Condor. Uno de los aviones debió ser alcanzado y en su huida dejó caer sus bombas sobre los barrios populares de Iturribide y Begoña. En Iturribide, a la altura de la fábrica de calzado de Cotorruelo, las bajas entre la población civil se contaron por decenas, entre ellas un bebé como se ve en la fotografía¹. En El refugio, se cuenta cómo unos niños (José Mari, Chomin, Iñasio y Carmenchu) se refugian en un sótano ante las alarmas que señalaban la inminencia de un bombardeo aéreo. Los padres no llegan a tiempo para refugiarse y contemplan atónitos cómo una bomba cae sobre el tejado del refugio sepultando a los allí recogidos. La imagen del final, con las balas de la aviación fascista fustigando el aire y la tierra en torno de la figura del padre que no se mueve ante el cadáver sepultado de su pequeña Carmenchu es impactante, pues el dolor le había hecho invulnerable e invencible.

 


 

No hace falta haber conocido en persona al autor para tener claro, tras la lectura de esta obra, que Chaves no era ni reaccionario (ahora gusta más decir fascista) ni revolucionario. Así lo refleja su pluma en este artefacto literario en forma de mosaico con diferentes historias, que abordan desde el frente a la retaguardia, desde escaramuzas bélicas a situaciones en fábricas o en pleno barrio de Salamanca madrileño, en los que aparecen fascistas, revolucionarios comunistas, milicianos, guardia civiles, militares, cenetistas, moros, población civil, proletarios... Todo con la sensación lectora de que rezuma verismo, de que tales narraciones parecen salir de la realidad. Cuando estudiaba Periodismo en los 80, se hablaba del Nuevo Periodismo americano, y de la novela de Truman Capote A sangre fría. Es un referente para explicar lo que Chaves Nogales relata de forma literaria algo que en su sustrato parece periodismo de testimonio. Sólo que él lo hizo décadas antes en lo que llamamos Periodismo literario o narrativo.

Cuando me separé de mi tercera esposa, la psicóloga que atendía mi depresión, me comentó que cuando se deteriora y rompe una relación siempre hay un porcentaje de responsabilidad de cada uno. Pues ahora que gusta de hablar de malos y buenos, creo que algo parecido pasó en la Guerra Civil de 1936. Cada cual que reparta ese porcentaje entre los bandos.

Ha de tener en cuenta el lector de estas palabras que durante la contienda hubo gente que no quiso ni le convencía posicionarse con uno u otro bando. Es el caso del  periodista Manuel Chaves Nogales. Tenía dos opciones: o quedarse y elegir bando o huir. El primer caso queda claro en el personaje de Daniel que aparece en la narración Consejo obrero. Al final, vencido por el hambre, tiene que batirse heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese. Nogales, en cambio, opta por marchar a París, hallando allí un lugar donde poder mantener a su esposa y sus tres hijos con su escritura. 

Según propia confesión del periodista, los once relatos fueron escritos en el año 1937, en plena contienda, en un barrio de París. Como dice Andrés Trapiello en el prólogo del libro, quiso "contarle al mundo lo que había visto y firmar por ello su sentencia de muerte, civil y literaria. Ni unos ni otros le perdonarían sus escritos". De ahí que durante muchos años, el escritor sevillano sería un completo desconocido. Eso se nos da muy bien, a diferencia de los ingleses o franceses: enterrar a los del otro bando, pero sobre todo olvidarse de la existencia de la tercera España.

Después de acabada la lectura, me preguntaba por qué nadie hasta ahora había intentado trasladar a la pantalla estas historias. El director Amenábar ya había abordado su visión desde el personaje de Miguel Unamuno en Mientras dure la guerra (2019). Incluso Berlanga con La vaquilla (1985) quiso poner su granito de arena en una obra muy de la Transición. Actualmente, Julio Medem se ha estrellado (fracaso de taquilla) con su contribución a la mirada de la contienda civil en 8 (2025). Compruebo que en febrero de este año, en la alfombra roja de los Goya, J. A. Bayona comentaba su intención de rodar una película basada en A sangre y fuego con la ayuda de Agustín Díaz Yanes en el guion. Va a necesitar suerte y acierto, pues me intriga saber cómo va a montar estas historias (una detrás de otra o cruzándolas) o si dejará algunas en el tintero.

Mientras que el proyecto se fragua, aquí estoy de nuevo, en el cagadero del bar Stop con un bolígrafo en la mano para añadir debajo de la pintada revolucionaria en forma de referencia bibliográfica sobre la puerta: 

Gracias por la recomendación literaria. 

Cecilia me sabrá perdonar.

 

lunes, 21 de abril de 2025

Los comulgantes (1963)

El silencio de Dios

 

Los comulgantes dirigida por Ingmar Bergman en 1963. Espiga de Oro en 1966 en Valladolid

 

Es Lunes de Pascua. Abro los ojos y enciendo la radio. En lugar de los «buenos días, cariño» de tu ausente esposa, la palabra de un periodista radiofónico los sustituye. Un corte de sonido con la voz del camarlengo del Vaticano me anuncia que «a las 7:35 de esta mañana, el Obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre». Esas palabras lejos de consolarme, me llenan de cierto desasosiego.

Tras haberme duchado, decido desayunar en el bar Stop. Es fiesta, pero Cecilia no es de cerrar el bar y viajar para gastar el dinero ganado por el extranjero (a Burgos, Asturias o Madrid). Como me dice a menudo, «la viuda ha de mantener tres bocas y el bar no da si se cierra».

El Stop presenta un ambiente de luto: la televisión muda hablando del fallecimiento del Papa; la parroquia ausente, amortajada todavía a las sábanas o desperezándose; el olor de la cocina a torrijas y leche frita propias de la Semana Santa; las mesas limpias y vacías; la calle sin sonidos que la enturbien, salvo los que proceden desde la Iglesia Parroquial de Astrabudúa: tañidos a difunto.

―¿Qué te pongo? ―me pregunta Cecilia.

―Descafeinado de cafetera y una torrija de las que acabas de hacer.

Me deja el periódico en la mesa, mientras espero que me sirva la comanda. Sin embargo, la mirada se dirige hacia la pantalla y de ahí, por misterios de las redes neuronales, me vuelve a resurgir en el recuerdo una escena –que me marcó desde que la vi– perteneciente a una película de Ingmar Bergman: Los comulgantes.

―Qué curioso que ayer fuera Domingo de Resurrección y hoy se muera el papa Francisco.

―La muerte casi siempre llama sin pedir permiso ―responde Cecilia.

―Ya sé que tú no eres de ir a misa, Cecilia. Pero ahora que acabamos la Pascua, he estado rumiando una escena.

―De película, claro. Y ahora me la vas a contar. Pues date prisa antes de que empiece a servir desayunos ―me apremia, mientras sonrío ante la humeante taza de café con leche.

―Se trata de un pastor protestante llamado Thomas (Gunna Björnstrand), que está pasando por una crisis de fe. El fallecimiento imprevisto de su esposa hace un tiempo le ha supuesto un duro golpe del que apenas puede recobrarse. El amor que siente una maestra por él no logra aminorar el dolor y recomponer su creencia religiosa.

―¿Y por qué? ¿Es fea ella?

―No. Justamente el director eligió a Ingrid Thulin en el papel de Marta, que no era una actriz fea que digamos. Lo que pasa es que Thomas todavía sigue anclado en la figura de su querida esposa.

―Que deje pasar el tiempo. Lo cura todo ―recomienda pragmática Cecilia.

―Ya. No soporta los gases de Marta, ni su eczema, ni sus otros problemas de salud... El pastor protestante tampoco sabe cómo reconfortar a una pareja de feligreses que acuden a él. Uno de los cuales acaba por suicidarse ante la impotencia de Thomas. Sin embargo, ese no es el asunto del que quiero hablarte.

―Entre tus reflexiones y las campanas de San Lorenzo, empezamos bien el día ―se lamenta Cecilia.

 

Gunnar Björnstrand como el pastor Thomas
Allan Edwall como el sacristán con dudas



―Voy al grano. En la última misa que va a oficiar Thomas ―continúo sin reparar en sus lamentaciones―, un sacristán le quiere comentar algo que le inquieta. En cierta ocasión, el sacristán no puede dormir a causa de los dolores, y Thomas le sugiere que lea para distraerlos. El ayudante de misa empieza a leer los Evangelios. 

―¡Vaya aspirina que le recetó el cura: la lectura! ―lanzó descreída desde la barra Cecilia.

―Pues de vez en cuando, la lectura de las Sagradas Escrituras le permitía relajarse y conciliar el sueño con más facilidad. Sólo de vez en cuando, Cecilia ―lo digo con una ligera sonrisa mientras la miro afanarse en la barra―. Llega a la lectura de la historia de la Pasión de Cristo. Y le comenta que hay matices que no ha entendido.

―¿Matices? ¿Solo matices? ―me inquiere Cecilia parándose en seco y dejando lo que hacía.

―Sí. Sobre la Pasión de Jesús y su sufrimiento. «¿No cree que el enfoque del sufrimiento de Cristo es un error?», le pregunta el sacristán al pastor Thomas. 

―¿Qué quieres decir? ―me pregunta.

―Verás, el sacristán cree que se hace demasiado hincapié en el dolor físico que padeció Cristo en la crucifixión. Él cree que ha sufrido más dolor físico que el que sufrió Jesús en la Cruz; además, su tormento fue bastante breve. ¿Cuánto duró?

―Tú sabrás.

―Unas horas. El acólito cree que el sufrimiento fue de otro tipo. Y pone el ejemplo de Getsemaní donde tuvo lugar la última cena, en el que sus discípulos se duermen. No habían entendido nada. Cuando llegan los soldados, huyeron. Incluso, Pedro, que además le negó. Habían vivido día y noche con él durante tres años. Le abandonaron, todos y cada uno de ellos. Le dejaron completamente solo. «Eso sí que debe ser doloroso, Padre», le afirma reflexivo.

―Eso pasa a menudo. Cuando vienen mal dadas, no encuentras a nadie en quien confiar. Eso tiene que ser muy doloroso ―me mira fijamente Cecilia y luego a la pantalla del televisor donde se ve al Papa el día anterior sentado en una silla con aspecto fatigado y frágil.

―Sí, pero lo peor aún estaba por llegar, Cecilia―. Cojo un trozo de torrija y me la llevo a la boca. El dulzor contrasta con el tema del que hablo con ella―. Cuando Cristo fue clavado en la Cruz, sufriendo aquel tormento, se desesperó.

―¡Oh, Dios mío, por qué me has abandonado! Lo digo a menudo. Aunque ya no vaya a misa.

―Algo así le comentó el sacristán al pastor Thomas, sí. Es muy duro pensar que, en el último instante de vida, todo en lo que has creído es mentira. Y que tu Padre celestial te abandona. Antes de expirar, las dudas se apoderan de uno. «Sin duda eso debió ser lo peor, ¿verdad, padre?», le dice al pastor. «El silencio de Dios».

Por la puerta, empiezan a llegar a poquitos los parroquianos del Stop. Saludan y unos se acodan en la barra; otros buscan mesa de su agrado. La cafetera pita lastimeramente mientras que Cecilia se afana en servir tazas, torrijas y raciones de leche frita.

Me despido y salgo. El cielo encapotado amenaza lluvia y la temperatura ha bajado. La luz en pleno abril parece invernal, "Winter light", así se tituló el filme en inglés. A Cecilia no le he mencionado que Bergman en la escena relatada va encuadrando a Thomas y al ayudante durante el diálogo que mantienen en la sacristía de manera alternada. Cada vez que se acercan al meollo de las preocupaciones metafísicas de este último, la cámara (la pluma) va aproximándose cada vez más a la angustia de uno y al rostro de inquietud reflexiva del otro. Son aspectos (de estilo) que Cecilia no daría importancia, me temo. Pero para mí son esenciales.

De camino a casa, me asaltan a la memoria unas palabras que el sacristán le dice a Marta cuando llega con el pastor a una iglesia, en la que todavía ningún feligrés –ni lo habrá– ha llegado aún: 

«Las luces eléctricas de hoy que sustituyen a las velas impiden el adecuado recogimiento». 

¿Será por eso lo del silencio de Dios?

martes, 15 de abril de 2025

Fant 2025

 ¡Ya estamos aquííí!

 


 

El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao, Gonzalo Olabarria, Amaia Domingo, nueva directora del Festival de Cine Fantástico de Bilbao que sustituye a Justo Ezenarro, y el programador Eugenio Puerto han presentado esta mañana la programación de la que será la 31ª edición del FANT. Esta se celebrará del 2 al 10 de mayo.

El cartel de este año rinde homenaje a Leatherface (Cara de cuero), personaje famoso por el uso de la motosierra en La matanza de Texas (1974), película dirigida por Tobe Hooper hace 51 años y que la programaron en lo que denominan preFANT.

Los organizadores han querido resaltar que este año el FANT consolida su proyección internacional al formar parte de la Federación de Festivales Internacionales Méliès, convirtiéndose así en "competitive member" de la Federación. Esto supone elegir un premio más, el Méliès de Plata al Mejor Cortometraje Fantástico Europeo, que pasará a aspirar al premio Méliès D'Argen, galardón de Oro a un corto europeo de género fantástico.

El largometraje inaugural, fuera de concurso, será Hallow Road (2025) del director Babak Anvari. Este estreno europeo se podrá ver a las 19:30 el 2 de mayo en el Teatro Campos. Se trata de un thriller interpretado por Rosamund Pike y Matthew Rhys, que encarnan a los padres de una hija adolescente que una noche los llama porque acaba de atropellar a un peatón. Estos van urgentemente al lugar del accidente antes de que nadie más se tope con la escena. A medida que avanza la noche, varias revelaciones inquietantes amenazan con destrozar a la familia.

Junto a este largometraje, pero a las 22:00 en el mismo escenario, se podrán ver los 10 cortometrajes que conforman FANT en corto vasco.

Por su parte, la película que clausura el certamen el viernes día 9 de mayo en la sala BBK será Timestalker (2024), de la directora Alice Lowe. Narra la historia de Agnes que se enamora del hombre equivocado y, luego, se reencarna y se enamora de él una y otra vez, viajando por la Escocia de 1680, la Inglaterra rural de 1790, el Manhattan de la década de 1980 o un siglo XXII apocalíptico.

En esta edición, la Sección Oficial está conformada por 19 largometrajes y 30 cortometrajes. Según el programador Eugenio Puerto, se trata de "la programación más sólida de los últimos años". Todas se proyectarán en el auditorio de Azkuna Zentroa-Alhóndiga Bilbao y en los cines Golem Alhóndiga. 

Destaquemos de entre ellas, El instinto (2024) del realizador español de Juan Albarracín sobre un arquitecto agorabófico que se somete a una cura con un adiestrador de perros; la francesa Mads (2024) del realizador francés David Moreau con un relato sobre un personaje llamado Romain que prueba una nueva pastilla para ir de fiesta y sus inquietantes consecuencias; o la norteamericana Desert Road (2024) de Shannon Triplett, cuya intérprete, la noruega Kristine Froseth, ganó el premio a mejor interpretación femenina en Sitges 2024. No podemos dejar de destacar también la china Breve historia de una familia (2024), debut de Jianjie Lin en el largometraje o del cine franco-belga La noche eterna (2024) de Michiel Blanchart, en la que Mady, un estudiante de día y cerrajero de noche, ve cómo su vida da un giro dramático al abrir una puerta equivocada y, sin querer, se ve involucrado en el crimen organizado.

El equipo organizador ha querido destacar que en algunos de los pases habrá presentación de la película con miembros del equipo artístico. Es el caso de, por ejemplo, Idilia (2024), de los hermanos José y Javier Sepúlveda, que será estreno mundial y se proyectará el sábado 3. Por otra parte, también estarán presentes los actores Eva Llorach y Javier Pereira que participan en el filme El instinto (2024).

 

 

Idilia de los hermanos Sepúlveda se proyectará en la Sección Oficial

 

 PANORAMA FANTÁSTICO Y ÓRBITA FANT

En la sección Panorama Fantástico 2025, se presentan 7 largometrajes que se podrán ver en la Sala 2 de los Golem Alhóndiga. Cabe destacar la nutrida participación de cine español: A nadie le importas (2024) de Cristina Galán y David Suárez, Keratyna (2023) de Miguel Azurmendi, Sinél (2024) del cineasta Emilio Martínez-Borso y Tu sangre (2024) de Guillermo Barreira. 

Por último, en Órbita FANT, conformada por películas que no van a estrenarse en salas sino en plataformas, habrá tres: Bookworm (2024), Azrael (2024) y Daaaaaalí! (2023).

 

PREMIOS HONORÍFICOS

Uno de los apartados especiales de todo certamen que se precie son los premios a personas que han destacado en el mundo del género fantástico. Este año son cinco los grandes nombres que reciben los galardones del FANT en su 31ª edición. Así el Premio Estrella del Fantástico se entregará en la gala de clausura del 9 de mayo en la sala BBK a la actriz, directora y guionista británica Alice Lowe, una de las mujeres más reconocidas del género fantástico.

Eva Llorach se suma al director Daniel Monzón, del que veremos en proyección especial El corazón del guerrero (2000), y al actor Saturnino García, del que se verá Justino, un asesino de la tercera edad (1994), en los galardones FANT de Honor. 

Por otro último, el Premio FANTrobia, que se otorga a una figura emergente dentro del género, es para el director Enrique Buleo por su ópera prima titulada Bodegón con fantasmas (2024). Se podrá ver el jueves 8 en los Golem. Además, el conquense dará una masterclass dentro de las actividades paralelas del festival. 

 

MAESTROS DEL FANT

La misma sala 2 de los Golem acogerá las películas enmarcadas en las sesiones Maestros del FANT. Este año está dedicado al cineasta mexicano Carlos Enrique Taboada (Más negro que la noche (1975), Veneno para las hadas (1986)) y al actor y director Terry Gilliam, del que se verá Brazil (1985). Del mismo modo, se rendirá homenaje a la productor británica Amicus con las proyecciones de Freedie Francis, Las profecías del Dr. Terror (1965), y Roy Ward Baker, con Refugio macabro (1972).

 

ENTRADAS Y ABONOS 

Las entradas para la sesión inaugural podrán adquirirse en el Teatro Campos al precio de 5 euros cada una, y para la gala de clausura y las proyecciones del palmarés en la Sala BBK al mismo precio.

Las entradas para las proyecciones programadas en el Auditorio de Azkuna Zentroa y la Sala 1 de los Golem Alhóndiga también estarán a la venta al precio de 5 euros.

Las entradas se podrán adquirir desde el miércoles 16 de abril. El acceso a la Sala 2 de los cines Golem será gratuito hasta completar aforo. 

La Sala BBK acogerá la proyección de los principales títulos premiados en dos sesiones especiales un día después, el sábado 10, a las 17:00 horas el palmarés de la Sección Panorama Fantástico, y a las 19:30 el palmarés de la Sección Oficial.

 


 

 Consulte aquí la programación del FANT 2025:

👉  Programación FANT 2025

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