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domingo, 11 de septiembre de 2022

La dama de las camelias o Margarita Gautier (1936)

 LA MIRADA INDISCRETA

E

n 1935 la productora Metro Goldwyn Mayer encargó al director George Cukor una nueva adaptación de la novela titulada “La dama de  las camelias” de Dumas hijo. El argumento es bien sabido: Margarita (Greta Garbo), de clase baja pero de gran hermosura, se convierte en una cortesana (lo que en nuestro tiempo llamaríamos ‘escort’) de la alta sociedad parisina del siglo XIX en busca de riqueza.

El teatro era lugar de cortejo y de miradas interesadas, al menos en el pasado. Yo no he ligado nunca en él. En una de las mejores escenas del filme, Margarita acude con una amiga alcahueta a uno de los palcos donde ésta última ha concertado una cita para quedar por primera vez con el rico barón de Varville, y así lograr un matrimonio de conveniencia: él disfrutará de la hermosura y del cutis de Greta Garbo y ésta podrá ser tan manirrota como la billetera del barón lo permita. Pero he aquí que la entrada no corresponde con el palco a donde esperan tener la cita con el barón. El palco está ocupado por la rival Olimpia, otra cortesana, que, sagaz lector, aspira a lo mismo que la Garbo. Sin embargo, esto no es óbice  para que ambas esperen juntas a la llegada de Varville, previo acuerdo de entregar luego una toca de piel a Olimpia si se marcha en el entreacto.

En el descanso de una actuación, Olimpia otea con sus prismáticos la pieza que, como cortesana que es, anhela cobrar sin disparar (las mujeres, ya se sabe, son más civilizadas). Pregunta a Margarita si ve a un hombre de pies (el barón) en el patio de butacas

 

 

A lo que Margarita con los suyos delante de su rostro responde que sí e, intrigada, pregunta por  su identidad. Olimpia sonriente le dice: “Es el fabulosamente rico Barón de Varville”.

El humor de la escena surge en el equívoco del objeto de la mirada, pues mientras Olimpia se fija en el barón, Margarita lo que ve por sus gemelos es al joven Armand Duval (interpretado por un apuesto de 25 años Robert Newton), creyendo por error que es el acaudalado Varville.

 

 

 

De ahí que Margarita añada: “No creí que hubiera hombres ricos con ese aspecto”.

El enredo de las miradas continúa porque ahora es el barón quien, al mirar al palco, sonríe al fijarse en la Gautier, mientras que Olimpia cree que la sonrisa está dirigida hacia ella. De ahí que diga ufana: “He cambiado de opinión. Te puedes guardar tu toca. El barón de Varville viene a este palco y voy a esperar para conocerle”.

La grandeza de esta escena surge, buscando una analogía lingüística, de las relaciones establecidas por los planos entre sí de naturaleza sintagmática, es decir, el espectador al relacionar un plano con el anterior y el posterior posee la clave del enredo. Y eso provoca una sonrisa en nosotros.

Acabo el artículo refiriéndome a la imagen de la que en principio iba a versar el artículo y que lo introduce. 

Decía McLuhan que “el cine nos permite enrollar el mundo real en un carrete para poder desenvolverlo luego como si fuese una alfombra mágica de fantasía”. Pues mientras veía esa alfombra mágica, me di cuenta de que en la escena de una boda, Margarita Gautier besa a la novia tras la ceremonia en dos ocasiones. En la primera, en sendos carrillos, pero en la segunda ocasión me pareció un beso en los labios (contemplese el instante recogido en la fotografía). 

Tal vez mi mirada sea también un enredo mental mío y vea algo que no exista, pero la pertinaz soltería de la actriz Greta Garbo dio pie a múltiples rumores en los medios acerca de su lesbianismo, en una época donde tal conducta sexual no era bien vista. Un beso lésbico captado sutilmente por la cámara… ya se sabe que el cine enrolla el mundo real. Y me imagino a su director George Cukor, homosexual en la sombra, esbozar una sonrisa cómplice y pensando en cómo tratar sortear al código Hays, ese "code to govern the making of motion pictures" que se empezó a aplicar por las fechas de la película.

                                                                                                        

viernes, 9 de septiembre de 2022

Seminci 2022. Preliminares

 

 CALENTANDO MOTORES EN LA SEMINCI

La Semana Internacional de Cine de Valladolid arrancará el 22 de octubre hasta el 29, nueve días que hay que rellenar de películas, actos y premios honoríficos.

A diferencia del Zinemaldia, la sección oficial siempre es más agradecida para el espectador, pues al no ser festival de categoría A puede pescar en otros caladeros sin importar si las películas han sido premiadas o no. 

Desde que llevo asistiendo a Valladolid, allá por 2010, he comprobado que su director, Javier Angulo, ha dado prioridad al cine español a la hora de buscar la película de inauguración, buen escaparate inicial. Salvo los casos de Nanni Moretti, Jacques Audiard o los hermanos Dardenne, el resto han sido directores españoles: Miguel Ángel Vivas (2018), Benito Zambrano (2019), Isabel Coixet (2020), Clara Roquet (2021), etc.

 Image

 

Este año seguimos la norma no escrita de mirar el cine patrio, siendo "No mires a los ojos" de Félix Viscarret (Pamplona, 1975) la elegida. El nuevo trabajo del realizador navarro adapta la novela "Desde la sombra" (publicada en 2016 por Seix Barral) de Juan José Millás y está protagonizada por Paco León, Leonor Watling, Álex Brendemühl y Juan Diego Botto, este último de vuelta de Venecia tras presentar su ópera prima, En los márgenes.

La película, distribuida en España por Universal Pictures International Spain, llegará a las salas de cine el 4 de noviembre. Como ven una semana posterior al fin del certamen, que habrá servido de altavoz mediático.

“No mires a los ojos” es el cuarto largometraje de Félix Viscarret quien, con su primer trabajo, “Bajo las estrellas” (2007), logró un unánime aplauso de crítica y público y dos premios Goya (uno al Mejor Guion Adaptado para el propio Viscarret), de un total de siete nominaciones. Le recuperé la pista en la serie “Patria” (2022).

HOMENAJES

Como decía al inicio, otro de los platos que condimentan el menú son los homenajes. En esta ocasión, la SEMINCI recordará la figura del cineasta Bigas Luna a través de la exposición que celebra el 30 aniversario de su película Jamón, jamón (1992-2022), que supuso la consagración del director y el descubrimiento del trío de actores formado por Javier Bardem, Penélope Cruz y Jordi Mollà. Además, incluirá también la proyección de una copia restaurada en presencia de una parte del equipo que participó en su rodaje.

PAÍS INVITADO

Por último, y como es habitual en el certamen,  este año será Irlanda el país invitado con una retrospectiva que incluirá una selección de su cinematografía a lo largo de las dos últimas décadas.  Un total de 18 largometrajes, cuatro de ellos documentales, constituirán esta muestra de cine irlandés del siglo XXI en el que estarán presentes películas de Jim Sheridan, Neil Jordan John Carney o Mike Newell entre otros.

 

CURIOSIDAD: IMAGEN DEL FESTIVAL

Les dejo por último, con el cartel de la 67 edición de la SEMINCI. Su diseñador es una madrileño llamado José Luis Segovia. Su propuesta la denomina “Espectador expectante ”. Su explicación es sencilla al igual que su diseño, pero no por ello al mirar el resultado a mí, personalmente, me recorre un cierto sentimiento de ternura.

Su propuesta busca mostrar cómo «con la ilusión y expectación con la que un niño observa el trazo de un dibujo al compás de ‘El seis y el cuatro la cara de tu retrato’, el espectador asiste a una sala de proyección expectante al acontecimiento que está por ocurrir. Al cambiar el siete por el cuatro le damos cierta humanidad al grafismo, la sonrisa -el trazo rojo-, el espectador se lo está pasando bien observando la Semana de Cine de Valladolid». Pues eso, disfrutémosla cuando llegue.

 Cartel Oficial 67 SEMINCI - 2022

 

jueves, 8 de septiembre de 2022

LA VIDA PADRE (2022)

 PREMIERE MUNDIAL EN EL GUGGENHEIM


 

Es de agradecer que todo el equipo artístico de La vida padre (2022) se haya acercado a Bilbao para poder presentarla. No en vano la película transcurre íntegramente en el botxo. Así que desde el director, Joaquín Mazón, pasando por sus dos protagonistas, Karra Elejalde y Enric Auquer y acabando por los actores de reparto, Megan Montaner, Lander Otaola, Maribel Salas y Gorka Aguinagalde estuvieron presentes en la rueda de prensa tras la proyección.

La vida padre quiere maridar cocina con familia en tono de comedia “naturalista” y una pizca de melodrama. No en vano ya lo dice el lema del cartel: “Sólo hay algo peor que vivir sin padre, que vuelva”. Y la vuelta de Karra tras 30 años de ausencia por culpa de una amnesia traerá problemas a la familia y al restaurante Ataria en el que trabajan. Bueno, eso y que los Reyes y Javier Clemente quieren cenar en el mismo.

— ¿La película no es sólo comedia, no?

— Joaquín Mazón: Teníamos muy claro cómo queríamos hacer la película. De hecho Karra dejó sentadas las bases en la primera etapa del guión y yo tenía muy claro lo que quería hacer: contar algo más que una simple comedia. Durante el rodaje, el trabajo fue de investigación, es decir, si nos decantábamos más por la comedia o por el drama. Creo que hemos encontrado un punto intermedio en el que no hacemos chistes sobre temas delicados.

— Karra Elejalde: Si un sujeto está en problemas,  puede banalizarlos por cómo los exterioriza. Puedes hacer reír así pero de modo impostado, con trazo grueso. Hemos querido que el tono fuera más naturalista, quizás queda menos humorístico pero queda más verdadero.

— ¿Qué tipo de comedia habéis querido hacer?

— K.E.: Se nos cae la baba con el humor inglés, el humor francés… En nuestro humor también tenemos mil modos porque la comedia no es única. Tenemos la pantomima, el astracán, el vodevil, la farsa latina que es de la que más se abusa en las comedias españolas. En nuestro caso la hemos querido llevar a la comedia naturalista.

— ¿Se puede hacer comedia de las enfermedades?

— K. E.: Hay que tener cuidado a la hora de hacer comedia conjugándola con la enfermedad. Puedes herir sensibilidades  de personas que tienen un familiar en esa situación como es mi caso. Mi madre tiene 93 años y no me conoce. Me han servido muchas cosas de sus reacciones, de su estado de perplejidad cotidiana. Y su estado me ha servido para ser respetuoso con la enfermedad del personaje, amnesia retrógrada o el síndrome de Korsakoff se denomina en la película.

— Tu personaje ,el cocinero Juan, regresa tras 30 años de ausencia pero parece anclado en los 90, ¿qué echas de menos de aquellos tiempos?

— K.E.: Fue el momento de creatividad. Así como hubo la Movida madrileña, en Euskadi estaba el rock radical vasco, en el que estaba muy implicado. Escribí canciones para Hertzainak particularmente o alguna para Korroskada. En los espectáculos de teatro en directo siempre metíamos grupos de rock. Aquellos momentos los vivo con gran emoción. Quería ser pintor, hacíamos camisetas, teatro, escribía letras… Había mucha interrelación (entre nosotros). Ahora cada uno está en su ámbito artístico. Pero si me preguntas por aquel Bilbao o este, me pillas entre dos aguas. Reconozco que aquel Bilbao oscuro, al que veníamos por las fiestas de Bilbo, tenía un encanto especial. Y también reconozco que este Bilbao actual es otra cosa que también tiene su encanto pero no más que aquel industrial y gris.

— ¿La ciudad es un personaje más?

— J. M.: En principio quería rodarla en Donostia-San Sebastián pero fueron nuestros productores, Fernando Bovaira y Urko Errazquin, que vieron, por cómo era la historia, que si había una ciudad que había vivido una transformación desde los años 90 hasta ahora era Bilbao. De hecho no es una simple localización sino la protagonista.

— ¿Modernidad frente a tradición?

— J.M.: La película habla de la familia, de las raíces, y el personaje de Enric Auquer (cocinero de alta cocina), llega en un momento a decir “tenemos que volver a nuestras raíces para encontrar hacia dónde queremos ir”. Y eso Bilbao, a pesar de los avances que son necesarios, ha mantenido esa raíz de saber de dónde viene. Eso hace que la villa no sea un decorado sino protagonista también de La vida padre.

 

 — ¿Qué tal fue la relación en el set de rodaje entre Karra y Auquer?

—K.E.: En una película cuando no hay ‘feeling’ lo puedes impostar tranquilamente, somos profesionales. Es muy difícil, nosotros que nos dedicamos a hacer reír, que nos haga hacer reír algo. Y yo con este tío me despepito, está como una verdadera cabra. Los fines de semana nos íbamos con su mujer, que está embarazada, a Getaria y nos comíamos un besugo. Fuimos a donde Carlitos Arguiñano, que nos enseñó la bodega de txakoli. Como ves hacíamos por vernos.

— Esa buena química se ve en la película.

— K.E.: Sí. Además, no nos parecemos ni en el agujero del culo pero como en la película se dice tanto, la gente se lo acaba creyendo. Como en política, tú acaba diciendo muchas veces una cosa que la gente acaba creyéndoselo. Y al final todo el mundo dice ‘sois calcados’ pero ni siquiera la han visto. Es algo mágico (risas).

Y ahora les dejo con el momento sonoro más divertido y surrealista de la rueda de prensa al preguntarle servidor a Lander Otaola por su aparición en La vida padre vestido con la camiseta del Athletic Club.

 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Hollywood al desnudo

 EL CAMINO AL ESTRELLATO

Hoy quisiera hablarles de un tema que aparece en la película “Hollywood al desnudo” (1932) de George Cukor: el del estrellato. Cinéfilos recordarán que es predecesora de películas más logradas sobre el mundillo del cine en Los Ángeles como fueron, primero, “Ha nacido una estrella” (1937) de William A. Wellman y en segundo lugar, la  homónima de Cukor en 1954 en versión musical.

El sueño de muchas chicas lo simboliza el papel interpretado por Constance Bennett, el de materializar el sueño de muchas que aspiraban a ser una famosa actriz de Hollywood, todo ello contado en pocas escenas.  

La idea de que en una sociedad puedes mejorar tu nivel de vida si te lo propones siempre ha sido muy querida en los filmes norteamericanos, no en vano EE.UU. siempre se ha vendido como el país de las oportunidades. Y no digamos en la era de los estudios (hasta finales de los 60). Así según esta película, pasamos de camarera a aspirante de actriz con tan sólo estar en el lugar adecuado, en el momento preciso y con la persona idónea. Y no solo eso sino que encontramos novio millonario en un partido de polo. Contado así, parece inverosímil. Pero narrado como lo hace Cukor al espectador no le da tiempo de ponerlo en duda, gracias a diálogos brillantes y situaciones dinámicas. O tal vez al espectador de aquella época, tras la Gran Depresión, tampoco estaba como para poner en solfa los cuentos de hadas. Que se lo digan a la protagonista encarnada por Mia Farrow en La rosa púrpura de El Cairo de Woody Allen.

En esta ocasión, la camarera Constance atiende en la cafetería  a un director (Lowell Sherman) que está en su cénit. Él la descubrirá. Claro, que ella ha de ser decidida, tener claro lo que quiere y trabajar con empeño. Así lo demuestra en la escena en que, tras haber sido un desastre en el set rodando su primera actuación en un pequeño papel, ella regresa a casa y se pone a repetirlo hasta lograr la interpretación adecuada y convencer al director de que es la idónea para el rol que han ofrecido.

Llegamos a la media hora de película. La protagonista ha ido encadenando trabajos interpretativos cada vez más protagónicos (todo esto en off, claro) Y he aquí cómo Cukor y sus guionistas idean una solución visual magnífica que resumen todo ese esfuerzo en unos pocos segundos mediante el encadenado de elipsis: rostro en primer plano de ella, sobreimpresión de ella en plano entero y posteriormente una sucesión de planos de  marquesinas de diferentes salas de cine:

  •         Su nombre artístico, Mary Evans, aparece a la derecha en pequeño tamaño en la marquesina de un cine anunciando la película “Loves Holiday”.

  •       En el segundo plano encadenado su nombre ya apareca a la altura  de su coprotagonista en el Palace Theatre anunciando “Revenge Is Sweet”.

        

  •       En el tercer plano el nombre de Mary Evans luce esplendorosa con el nombre publicitario que la maquinaria de prensa del estudio le ha puesto (“la chica de América”) y por encima incluso de la propia película: “Playing around”.

  •         Manos del público que la aplaude a rabiar y luces de estrellas que acompañan a la gran estrella en que se ha convertido Mary Evans.

Como ven a medida que su relevancia y éxito crecen, la tipografía le otorga el lugar que merece según su status. Les dejo con estos 19 segundos para que lo saboreen. Eso sí, no pregunten si llegar al estrellato requiere “sangre, sudor y lágrimas”. O como en una ocasión le dice a su director descubridor tras acabar en el domicilio de este, “gracias por no haber intentado…”.  No eran tiempos del “Me too” todavía.



domingo, 4 de septiembre de 2022

Una BSO manipulada

La carta de William Wyler

 

Tuve la fortuna de toparme en una librería de Las Arenas (Getxo) con un relato breve titulado La carta de Somerset Maugham. Se trata de una edición de 2022 publicada por Ediciones Invisibles. 93 páginas en formato bolsillo que se leen en un suspiro. El escritor inglés, aunque nacido en París, publicó esta obra en 1927 y dos años después la convirtió en teatro.

Tuvo su primera adaptación al cine en 1929 pero de la que vamos a hablar es de la versión que William Wyler hizo en 1940 para la Warner Bros.

Un joven abogado inglés instalado en Singapur recibe la visita de su amigo Crosbie (Herbert Marshall), propietario de una plantación de caucho. El empresario llega alterado porque su mujer (Bette Davis) ha sido arrestada por el asesinato de Hammond, amigo de ambos, y quiere pedirle que la defienda.

Como curiosidad comentar que el actor Herbert Marshall está presente en ambas películas, aunque en la primera era la víctima de un crimen pasional y en la segunda interpretaba al marido de la autora del mismo.

A medida que lee uno el relato, sorprende la fidelidad al mismo que hizo Howard Koch.  Sin embargo,  hay dos cambios fundamentales. El primero es que el filme empieza por el final de la novela: famosa es la escena inicial en la que Bette Davis baja las escaleras de su casa con un revólver en la mano y descarga las seis balas del tambor sobre su amante. Algo que a su abogado le preocupaba a la hora de defenderla: ¿cómo convencer al jurado de la inocencia de su cliente cuando cuatro de esos disparos parecieran haberse hecho a bocajarro?

El segundo cambio está en el final. ¿Si la película empezaba por el final de la novela, cuál sería el final de aquella? El guionista Howard Koch se vio forzado a modificar el desenlace literario para que la dama no se quedara sin castigo, tal y como obligó el censor de la Oficina del Código de Producción de la época. Este final, en cambio, es un gran hallazgo y mejora incluso el original.

Hace poco pude ver la película en un DVD que Warner Home Video España editó en 2005. Lo terrible, que me ha ocurrido con otras películas del Hollywood clásico editadas por Warner como es La senda tenebrosa (1947), es que en varias escenas la BSO de Max Steiner era sustituida por otra sin ningún tipo de sonrojo. Evidentemente, esto pasaba en la versión doblada al castellano. La razón última de que no se respetara la música original y se metiera otra la desconozco. Tal vez no se conservara en buen estado y se sustituyera a toda prisa por otra. Injustificable. Lo que sí me pareció es que aquello desvirtuaba la obra por completo. ¿Se imaginan las últimas palabras de Rutger Hauer en Blade Runner con otra música que no fuera la de Vangelis? Comprueben lo que les digo.

 



Y comparen con la música original de Max Steiner en la versión original. Nada que ver.


 



 

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