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domingo, 23 de junio de 2024

Historia de un beso

La SEMINCI se hace un "lifting" de labios a sus 69 años


Presentación de la nueva imagen de la 69ª Seminci 2024. A la derecha su director, José Luis Cienfuegos en su segundo año al mando.


¿Se acuerdan del dicho renovarse o morir? Dicen que se atribuye al filósofo y escritor vasco Miguel de Unamuno la frase de que el progreso consiste en renovarse, que luego dio pie al pueblo, ese soberano ente sabio en ocasiones, para hacerlo suyo y dejarlo en este mencionado refrán. 

El actual director del Festival Internacional de Cine de Valladolid, José Luis Cienfuegos, ha creído conveniente en su segundo año de mandato que había que renovarse empezando por la imagen del certamen. Bueno, ya se empezó en la selección oficial de 2023 otorgándole a Laura Ferrés la Espiga de Oro con una película a la que no han ido a ver ni 3.000 espectadores desde su estreno.

Toda marca, toda institución que se precie, toda organización necesita un logo visual. Y la de Valladolid son unos labios de color carmín. Pues este año lucirá una queiloplastia realizada por la agencia de diseño y creatividad gráfica PobrelaVaca Studio (todo seguido), con sede en Zaratán (Valladolid) y fundada por Ana María Hernández y Félix Rodríguez (Mr. Zé). Si teclean en Google cuánto cuesta un retoque o hinchado de labios, el precio oscila entre 1.500 a 3.000 euros. Lo que no ha trascendido, al menos no ha llegado a mí, es la pasta pública que ha costado este retoque de imagen del Festival.

 

Manuel Sierra, el pintor artífice.

 

El beso del celuloide, logotipo de estética pop diseñado por el pintor Manuel Sierra en 1984 por encargo del director Fernando Lara, supuso en su momento un cambio radical en la imagen del festival, rompiendo con su imagen conservadora.

 

Primer cartel con los labios que besan al cine. 1984

 

Es cierto que tanto el icono de los labios como el acrónimo SEMINCI forman una marca con un valor consolidado por el tiempo y que está muy vinculado al festival y a la ciudad. Lo que no me convence es su justificación, la necesidad de un proceso de renovación basado en mejorar la identidad, no en cambiarla, como afirman desde el comunicado de prensa a los medios. ¿Había necesidad de hacerlo?

Como informa la SEMINCI, esta imagen, aunque revisada en 2015, necesitaba una actualización tras 40 años y, para ello, la actual dirección del festival puso en marcha un proceso de selección a través de concurso por invitación al que han sido convocadas tres empresas de Castilla y León de la Asociación DIME, Diseño de la Meseta. La propuesta ganadora, realizada por PobrelaVaca Studio, incluye además la imagen oficial de la próxima 69ª edición. Esto ha provocado que no se haya celebrado el habitual concurso de carteles abierto al público desde al año 2009 cuando regía el certamen Javier Angulo. 

 

 

Cartel Seminci 2024
Simplicidad, modernización y versatilidad: claves del nuevo diseño y el cartel de este año


La propuesta de PobrelaVaca Studio para la nueva identidad visual de SEMINCI se basa en los conceptos de simplicidad, modernización y versatilidad, y se sostiene sobre dos pilares. El primero de ellos el respeto por la obra anterior y su significado, ese beso al cine que hace ya 40 años Manolo Sierra hizo y que, para los que han asistido y vivido el certamen, se ha convertido en un referente querido y hecho propio. Ahora ese beso se refuerza (?) con una identidad adaptada a los tiempos y formatos, a lo digital. Mi primera reacción al verlo es que yo no beso esos labios ni de coña. El cine es algo carnal, no me gusta besar a un cyborg. ¿Recuerdan el beso a ajos entre Deckard (Harrison Ford) y Rachael (Sean Young) en Blade Runner? Pues lo mismo me sugiere. 

En la red X se escribía de todo menos bonito:

  1. Si frunces el ceño muy fuerte, ves unos labios.

  2. No me gusta, me quedo con los labios de siempre.

  3. ¿En serio? ¿Hacía falta cambiar unos labios naturales por unos operados?

  4. Parece una dentadura postiza.

  5. Otro Eccehomo.

 

El segundo pilar ha sido la creación de una tipografía propia -SEMINCI Sans-, se han hermanado los laureles del Festival, formados por dos ramas de cinco hojas, con los cinco girones ondulados que ocupan el centro del escudo de la ciudad, y se ha optado por una nomenclatura internacional que aúna los idiomas español e inglés.

Todo esto me recuerda una gran verdad que oí en El secreto de sus ojos cuando trataban de descubrir al asesino: El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión... pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión. Y los labios de Manolo Sierra eran mi pasión. Y eso, como los muertos, no se toca, nene.


Evolución de la identidad visual de SEMINCI

 

 

1984. 'El beso del celuloide', cartel diseñado por el pintor Manuel Sierra para la 29 edición por encargo del director de Seminci Fernando Lara, que se empieza a usar como logotipo del festival a partir de la 30 edición.

 

 

 

 

2005. Diseño especial del logotipo del festival con motivo de la 50 edición de Seminci, con Juan Carlos Frugone como director.

 

 

 

 

2010. Daza Diseño & Comunicación rediseña el logotipo por encargo del director Javier Angulo: se incorpora la tipografía, se retoca el diseño de los labios y se elimina el fotograma que los enmarca. En 2014 se añade el lema "Cine de autor" al logotipo.

 

 

2015. Diseño especial para la 60 edición de Seminci.

 

 

 

 

2024. Nueva identidad gráfica de Seminci, creada por PobrelaVaca Studio por encargo del nuevo equipo de dirección, encabezado por José Luis Cienfuegos.

 

domingo, 16 de junio de 2024

Prohibido Smoke

Paul Auster, además de literato, también quiso probar a ser director de cine



 

El pasado 30 de abril de 2024 fallecía el escritor norteamericano Paul Auster. Cuando las bajas en esta guerra, que es la vida, empiezan a ser ingentes, ya no te afectan tanto: sólo quieres que la bomba no te caiga encima... o que te caiga cuanto antes. El ser humano es así: una copa, gusta; tres emborracha, con seis, empiezas a decir tonterías y a la décima empiezas a escuchar tonterías al beodo de tu médico de cabecera al oírle decir que tienes un problema con el alcohol.

¿Tendría que haberme afectado su muerte? Pues aunque no tuve trato directo con él, Auster ha estado en mi vida. Así que debería haberme provocado algo. Bueno, el hecho de que esté escribiendo sobre él de algún modo indica que su muerte ha provocado en mí una reacción. Más bien han aflorado en mí los recuerdos que tengo sobre el fallecido en Nueva York.

En primer lugar, he leído sus obras. Y no me acuerdo de nada. ¿De nada? "Nothing at all", que dirían los ingleses. Como tengo la (¿fea?) costumbre de subrayar los libros, pues ahí que voy en busca de algo que pueda ser interesante para este artículo. Ahora rememoro que leí "Un hombre en la oscuridad" en 2010. Lo sé a ciencia cierta porque tengo el hábito, tardío, de indicar la fecha de inicio de la lectura en el libro: 14 de febrero de 2010. Fue la prescripción de mi amigo Harry Lime al ver que yo pasaba por una depresión fruto de un ruptura sentimental: 

—Toma —me dijo—, te identificarás con uno de los personajes, Owen Brick, un joven mago que despierta en el fondo de un foso de paredes muy lisas y que no puede escalar. 

¿Así me veía? Intuyo que sí.

Por alguna razón que no recuerdo, la primera mitad del libro no está subrayada, salvo dos o tres apuntes. Y creo que fue retrospectivo, es decir, empezaría a leer el libro que me dejó Harry Lime y, luego, al comprármelo subrayaría aquellas partes ya leídas en el de mi propiedad. Un libro sin máculas de tinta es como una persona que no ha vivido. Las cicatrices de la vida en uno son los subrayados a un libro. Ahora que lo pienso, veo con claridad que también era una recomendación cinéfila, pues en el libro se mencionan cuatro películas, que, ¡cómo no!, están resaltadas a lápiz: La gran ilusión, Ladrón de bicicletas, El mundo de Apu y, más adelante, Cuentos de Tokio

Uno de los personajes de la novela, Katya, hace un reflexión interesante sobre lo importante que son los objetos inanimados como medio de expresar emociones humanas. Y rememora las primeras escenas de Ladrón de bicicletas. El protagonista, encarnado por un obrero llamado Lamberto Maggiorani sin experiencia actoral, encuentra trabajo en la Italia de la postguerra, pero para llevarlo a cabo necesita desempeñar su bicicleta. 

 

"Se va a casa sintiendo lástima de sí mismo. Y allí está su mujer, en la calle, cargando con dos pesados cubos de agua. Toda su pobreza, todos los esfuerzos de esa mujer y su familia están contenidos en esos cubos. El marido está tan enfrascado en sus propios problemas, que ni se molesta en ayudarla hasta que casi están dentro de la casa. E incluso entonces, sólo le coge un cubo, dejando que ella cargue con el otro. Todo lo que nos hace falta saber sobre su matrimonio se nos muestra en esos pocos segundos. Luego suben las escaleras hasta su piso, y a la mujer se le ocurre la idea de empeñar la ropa de cama para recuperar la bicicleta. Recuerda la violencia con que da una patada al cubo en la cocina, la agresividad con que abre el cajón de la mesa. Objetos inanimados, emociones humanas. Luego pasamos a la casa de empeños, que no es una casa, realmente, sino un sitio enorme, una especia de almacén de objetos superfluos. La mujer vende las sábanas, y seguidamente vemos a uno de los empleados que lleva el pequeño paquete a los estantes donde se depositan los artículos empeñados. Al principio, las estanterías no parecen muy altas, pero entonces la cámara retrocede, y mientras el empleado empieza a subir, vemos que se alargan hacia arriba cada vez más, hasta llegar al techo, y cada estante y casillero rebosa de paquetes idénticos al que ahora está guardando, y de pronto parece que todas las familias de Roma han vendido la ropa de cama, que toda la ciudad se encuentra en la misma situación de miseria que el protagonista y su mujer (...). En una sola toma se nos ofrece el retrato de toda una sociedad que vive al borde del desastre".

 

 


En aquel momento de lectura creía entrever las sábanas donde había yacido con mi ex junto a la de todo el vecindario de Roma. Y el hecho es que yo ya no podría desempeñarlas

La idea de concentrar emociones humanas en un objeto es fascinante. Emoción y objeto inanimado son antagónicos, pero cuando en el cine cargamos de emoción un objeto estamos ante un milagro. Recuerdo el plano del trineo de la infancia de Charles Foster Kane cuando va a ser pasto de las llamas como un ejemplo perfecto.


Auster y el cine

Auster quiso probar suerte en el cine, primero como guionista y luego como director. No la tuvo o, tal vez, no tuviera el talento suficiente para la escritura fílmica (tanto de guion como de dirección). En el rol de director, su trayectoria fue decreciendo en éxito: codirigió Blue in the face (1995) y emprendió en solitario Lulú on the Bridge (1998) y La vida interior de Martín Frost (2007). Esta última fue su epitafio prácticamente en el escarceo con el cine. Recuerdo que la presentó en el Zinemaldia en la Sección Oficial fuera de concurso. Auster había recibido el premio Príncipe de Asturias de las Letras el año anterior. Supongo que la organización del Festival de San Sebastián tendría bastante más fácil por entonces que Auster viniera con su película debajo del brazo ofreciéndole, además, la presidencia del jurado. Tal vez ningún otro festival la quisiera. Y pa Donostia. Algo muy habitual como sucede en el asunto del cortejo: si no me quieres tú, guapa, ya habrá otra (más fea). 

El ostión que se llevó en el pase de prensa y, supongo, la frialdad con que sería recibida por el público en el Kursaal hizo que la tensión en la rueda de prensa se cortara con cuchillo al percibir que La vida interior... había pinchado en hueso. A mí me produjo bochorno y aburrimiento el resultado. En la revista Dirigido por... señalaban que "para los que gustan del buen cine, sea del tipo que sea, apenas deja huella". Supongo que la decepción fue tal que ya no se puso detrás de una cámara de cine. Abandonó.

Por último, quiero rememorar otra ligazón con el escritor de Nueva Jersey, fruto de haber visto Smoke (1995) de Wayne Wang y cuyo guion era de Auster. En ella se cuenta la historia de Auggie Wren (Harvey Keitel) que regenta un estanco. Allí acuden numerosos clientes, algunos de los cuales le confían sus problemas. En un momento dado, Wren cuenta una interesante historia de cómo consiguió su cámara fotográfica y de por qué se decidió a elaborar su singular colección de fotografías. Un buen día, se la muestra a Paul Benjamin, escritor que atraviesa una crisis. Mientras Benjamin pasa el álbum de fotos le comenta:

—Son todas iguales.

—Así es. Más de cuatro mil fotografías del mismo sitio —responde el estanquero—. La esquina de la Tercera con la Séptima Avenida a las ocho de la mañana. Cuatro mil días seguidos con toda clase de clima. Por eso no me voy nunca de vacaciones. Tengo que estar todas las mañanas en mi sitio a la misma hora —añade.

—Nunca he visto nada parecido —responde Benjamin sorprendido.

—Es mi proyecto. Lo puedes llamar el trabajo de mi vida.

—Es increíble. ¿Qué fue lo que te dio la idea de hacer este... proyecto? —le pregunta curioso el escritor.

—No lo sé. Es mi esquina, donde suceden cosas como en cualquier otro sitio —le responde Wren.

El escritor sigue pasando páginas del álbum y cuando acaba, el estanquero le pasa otro más. Pasa las páginas deprisa.

—Nunca lo entenderás si no vas más despacio, amigo mío —le comenta Wren —. Apenas las miras.

—Pero... son todas iguales —replica Benjamin.

—Son todas iguales pero cada una es diferente de todas las demás. Tienes tus mañanas soleadas, tus mañanas oscuras. Tienes tu luz de verano y tu luz de otoño.

Y entonces dejamos de ver a los dos conversar en la cocina mientras fuman y pasamos a una serie de instantáneas fotográficas realizadas desde la esquina del estanco de Wren. Es el mismo angular y la misma posición de cámara. También el escenario de fondo, la esquina de una edificio de dos plantas de ladrillo, no cambia, así como la farola en el margen izquierdo. Un piano suena mientras vemos pasar un día, otro día y otro ante nuestros ojos: siempre iguales, siempre diferentes.

Los ojos de Benjamin recorren entonces más morosamente el contenido de las fotografías. Descubre de pronto que en una de ellas está su mujer, Ellen, que años atrás fue abatida en un tiroteo. Wren añade: 

—Sí, es ella. Está en unas cuantas de ese año.

La escena se cierra con la foto y la cámara aproximándose a Ellen con un paraguas en plano medio. 

Yo desde entonces cada vez que paso al lado de la señal de Stop que hay cerca de mi casa, de camino al trabajo, suelo hacer lo siguiente, pues es mi "esquina del estanco":

 

 
















domingo, 2 de junio de 2024

El crítico al que (casi) nadie lee y al que (casi) todos ponen verde

 

«No sé si me explico», editado por Espasa, la última gran (auto)crítica de Carlos Boyero


El crítico de cine más famoso hace un repaso a su vida a los 70 años.







Al fondo del bar Stop de Astrabudua hay un pequeño reservado. Nada, son cuatro o seis mesitas donde se sirve comida o cena ligera. Y en ocasiones alguna timba de mus o de póquer. Supongo que la dueña querría incrementar el negocio aprovechando el espacio de ese cuartito reducido. Las paredes están adornadas con carteles de cine y algunas bandas famosas de música. No sé de quién fue la idea pero era algo corriente en los 80 y ahí permanecen como si el tiempo quedase congelado en esas paredes.
 
Allí estaba yo el pasado miércoles con Harry Lime, mi amigo. Como comprenderán, Lime es un apodo, referencia a un personaje fascinante en la historia del cine que aparecía en El tercer hombre (1949). No sé si fue por la época universitaria cuando le bauticé así, o poco más tarde, al darme cuenta de que mis encuentros con él duraban lo mismo que los del personaje-escritor Holly Martins (Joseph Cotten) con Lime (Orson Welles) en la película: un suspiro.

No era fácil quedar con él. Hacía tiempo que no nos veíamos, así que solicité a Cecilia, la dueña, que nos trajera la comida del día para poder alargar el encuentro.

—Al menos aquí no tengo que leer el menú —le dije—, y encontrarme con linguini fra diávolo con mejillones de Bouchot o melón y piña ostomizados en PX y helado de pomelo rosa, como leí el otro día en un restaurante. ¡Coño, que he venido a comer, no a hacer un máster de gastronomía!

 Harry Lime me mira y sonríe. Parco en palabras, hay que sacárselas con abrelatas. Y pregunta:

—¿Qué me cuentas? —Y añade—: ¿Has leído o visto algo interesante?
—El otro día estuve hojeando un libro de Carlos Boyero.
—Ah, el crítico de cine.
—El mismo. 
 
Le recuerdo el día en que Harry Lime se le acercó tras pasar el puente de la Zurriola en el Zinemaldia y le preguntó algo referente a una película que acabábamos de ver.
 
—Era una peli que me había gustado, —rememora—. No recuerdo el título, y le pregunté qué le había parecido. ¡Qué decepción al oírle decir que se había dormido! Siempre se duerme con el cine oriental. 
—Pero tuvo la amabilidad de volver a llamarte tras la respuesta.
—Sí, me dijo que había tenido una "mala noche", así justificó lo de la dormidera en el Kursaal. ¿Cómo se puede hacer una crítica habiéndote dormido?
—Ya. No he comprado el libro, pero lo abrí al azar y me topé con el capítulo "Códigos sagrados. La amistad". Dice que mantiene un grupo de amigos desde hace cincuenta años, que eso quiere decir algo, que ha tenido suerte por ello. Es lo único que le queda, pues vive solo desde hace mucho tiempo. No tiene pareja ni cree que vaya a tenerla nunca. Dice que su estado de ánimo frecuenta la oscuridad y la depresión íntima. Le entiendo porque bastantes de las personas más cercanas ya no están, murieron o se separaron de él.

El ambiente del almuerzo empieza a teñirse de cierta tristeza, tan sólo interrumpida por Cecilia, que trae dos platos de pasta con verduras, agua para él y vino para mí.

—Siempre le vimos solo en el Zinemaldia —añade la frase tras probar el plato.
—Lo explica en el libro. Boyero huye de la gente que quiere ser su amigo, pues es un coñazo, le parece algo falso. El coñazo es uno de los géneros más temibles que existen para él, una de las especies más lamentables. Hay que defenderse de ella con armas de fuego si es preciso. 
—Eso pasa por ser un crítico famoso. A ti no te pasa.
—Confiesa que prefiere tener fama de odioso que de tío educado. La mayoría del personal no le interesa lo más mínimo y puede ser muy borde para espantarlos.
—¡Pues conmigo no lo fue! —sonríe mientras acaba el plato.
—No, contigo no. Nunca le dirigí la palabra en todos estos años en el Zinemaldia, incluso cuando estábamos en la sala de redacción. Le observaba con cierta admiración, era consciente de su dificultad con el ordenador, con la impresora, con toda la tecnología del siglo XXI. Igual que Carlos Pumares, que le tenían que escribir en el pecé sus artículos breves mientras los dictaba con su tono hitleriano.
 
Cecilia interrumpe gratamente con el postre: ¿melón, tarta de queso casera o yogur? Se lleva los platos con ese aire rítmico de operario de cadena de montaje.

—He leído que suele ir a Barcelona a visitar a sus amigos Oti Rodríguez y su mujer, María. ¿Te acuerdas de ella?
—Vagamente.
—María estudió con nosotros Periodismo. Lo curioso es que un día en el Teatro Principal de Donostia me la encontré y me presentó a su marido, que era Oti del ABC. Me quedé a cuadros.
—¿Por qué?
—Porque él le saca más de diez años.
 
Y sonrío. Y me sonríe.

—Dice que con ellos se siente "protegido, entretenido y querido". ¿Se puede pedir más a la amistad?
—Pues no —comenta lacónico y con rotundidad.
—¿Sabes con quién suele estar en Navidad y en verano en San Sebastián?
—¿Con quién?
—Con el bueno de José Luis Rebordinos, el director del Festival, ¡el bueno de Rebor se ha hecho amigo del que fuera el crítico más feroz! Si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Volvemos a sonreírnos.
 
 

 
 
 
—Cantabria también aparece en el libro. Algún día tendríamos que ir a La Traina o a donde la Emilia a comer sardinas o bonito.
—¿Y por qué allí?
—Porque allí es donde podemos darle el coñazo a Boyero si nos topamos con él.

Y nos miramos, yo cara de travieso, Lime, sorprendido de la ocurrencia.

—En resumen, que lo único que le importa ya, lo que le endulza la existencia, son sus amigos: los directores Fernando Trueba y José Luis García Sánchez o el bueno de Antonio Resines.
 

Y el silencio tristón, o a mí me lo parece, vuelve a impregnar la mesa. Acabamos los postres y pedimos un cafelito. Harry Lime volverá a su trabajo. No le saco ni una palabra sobre su interesante actividad, aunque le pregunte. Como recordé que me dijo en cierta ocasión, vale más por lo que calla que por lo que habla. Así que llegamos al último tercio en metáfora taurina. Enfrente veo a un tipo que lee el periódico, y me recuerda algo:

—¿Sabes que Boyero sigue yendo a la SER los miércoles a hacer su crítica radiofónica con Francino?
—No, no le sigo. ¿No está jubilado?
—Sí, pero un periodista nunca se retira aunque se jubile. Además, comenta que la angustia desaparece ese día y el jueves.
—¿El jueves?
—Sí, el día en que va a la redacción de El País y queda con su "familia" para ir a comer al Gastro, aunque el nombre es más sofisticado: Feedback Gastrobar.

Y sonrío.
 
Agradecemos a Cecilia su menú casero y acompaño a Harry Lime al metro rumbo a Ibaigane. Nada más dejarle, me abordan las últimas palabras de Boyero del capítulo 15 que dice así:

"Los amigos. Junto con mi madre, lo más importante que tuve. Y lo más  importante que tengo. Lo único importante que me queda".

 

Bien podría ser el epitafio para el día en que me muera. Aunque pensándolo bien, una vez muerto ya no me quedarán ni los amigos. Y sonrío para mis adentros.

 

 
 



domingo, 26 de mayo de 2024

La mujer de paja (1964)

 Una joya oculta me alegra la tarde


Gina Lollobrigida, Sean Connery y Ralph Richardson conforman un triángulo equilatero de dramaturgia casi perfecta

 





Tengo la edad que tengo, es decir, la edad con la que Sean Connery intervino en Indiana Jones y la última cruzada o la edad con la que la Gina se refugiaba en la TV norteamericana en una producción titulada El engaño. Y ahora me siento más dispuesto a rebuscar entre los catálogos virtuales de las plataformas (antes se llamaban videoclubes y tenías que salir de casa) en busca del cine de antaño que de la modernez. Los catálogos estos se asemejan también a los mercadillos, pues entre tanto producto que daña el ojo, puedes encontrar la ganga, un Ecce Homo de Caravaggio del que nadie había prestado atención en casa, pues ya no se sabía de qué familiar provenía.

Al grano, La mujer de paja (juro que el título no lo he puesto yo, en inglés suena mejor, Woman of Straw) es de esas joyitas gangas que rebuscando entre las bragas y demás prendas de lencería barata y kitsch te alegran el corazón y una tarde que, si no fuera por ella, me habría ido al bar Stop a emborracharme un poco.

Si me aprecian, y aprecian mi (buen) gusto cinéfilo, les recomiendo que inviertan 117 minutos de sus vidas en verla. Y luego me lo agradecerán. Está en Filmin, entre morralla varia. Y lo más curioso de todo es que hasta la fecha, y ya peino canas en el poco felpudo capilar que luzco, no he oído a nadie hablar de ella. Ni a Garci, que ya es decir.

De los triángulos en el cine, tenemos muchos y variados: Casablanca, El cartero siempre llama dos veces, Encadenados, Breve encentro, La condesa descalza o Memorias de África son algunos títulos que se me ocurren a bote pronto y bien conocidos. Es una fórmula que ha dado obras sobresalientes. De la que les hablo tiene una característica que no es frecuente, y es que los tres vértices del triángulo dramatúrgico tienen la misma importancia. De ahí lo de equilátero del subtítulo. Y ninguno de los tres personajes nos es al principio atractivo moralmente.

Para empezar con el casting, ¿no les parece un tanto peculiar juntar a la italiana con el escocés y con un actor inglés? Pues cada vez que triangulan la cosa funciona pero que muy bien. Nos falta el contexto para entender mi extrañeza en este reparto. 
 
El bueno de Connery venía de ser elegido, tras una dura elección organizada por el Daily Express, para su papel de James Bond en Agente 007 contra el Dr. No (1962) y que confirmaría con Desde Rusia con amor (1963). Era un don nadie hasta entonces. Dispuesto a no dejarse encasillar, y aprovechando el meteórico ascenso de su cotización a raíz del agente inglés, Connery intervino en 1964 en dos películas con distintos resultados en taquilla: Marnie de Hitchcock, con éxito, y La mujer de paja, que fue de escaso interés y de  poca rentabilidad en taquilla. Su papel de un ocioso y  codicioso sobrino de un multimillonario, dispuesto a cualquier cosa con tal de heredar la fortuna de su pariente, no logró alcanzar ni por asombro el éxito de Bond.

La actriz italiana venía de una carrera internacional que comenzó con otro triángulo notable, Trapecio (1956) de Carol Reed y que poco a poco se iría diluyendo en películas menos memorables en Hollywood. De ahí que volviera a Italia para un mediocre filme histórico y otro que era un mero vehículo erótico. Gina contaba con 37 años pero su belleza y talento no se había mermado como lo demuestra el proyecto británico del que les hablo. Su personaje de María, una enfermera que irá a atender a un rico británico en silla de ruedas y con tanta mala salud como mal genio, muestra que revisando su filmografía es uno de sus trabajos más destacados.

Ralph Richarson es un actor que más les costará ponerle cara. Sin embargo, ha trabajado con reputados directores como David Lean, Sidney Lumet, Rudolph Maté u Otto Preminger por poner tan sólo algunos ejemplos. Está magnífico en su papel de despótico y racista magnate inglés que trata a los criados negros como a perros y a sus perros mejor que a los criados. Los primeros quince minutos describen al personaje como hacía tiempo que no lo había visto hacer.
 
Y qué decir del director, Basil Dearden, un inglés que falleció a los 60 años y que tiene una prolífica filmografía de 41 películas. Sabe lo que es una puesta en escena, dónde colocar la cámara y cuándo moverla, cómo dirigir a los actores (compruébenlo en el momento, por ejemplo, de presentar a la enfermera), cómo iluminar y para qué darle esa luz a la escena (Otto Heller es el director de fotografía), el montaje hace que nada falte y nada sobre y, ante todo, entretiene sin desfallecer. Un director del que habrá que ver si esta obra fue un milagro ocasional o tiene más gangas por descubrir.

No quisiera dejar de mencionar el uso de la música clásica durante la trama. Fragmentos de Berlioz, de Beethoven -a los que se aluden en el guion-, de Mozart o de Rimsky-Korsakov acompañan a la historia de tal modo que parece un trabajo de orfebrería musical de lo bien engarzados que están esos fragmentos musicales. 

Lo dicho. Me voy a celebrarlo al bar Stop. Si me  emborracho será al menos de alegría, la que me ha dado La mujer de paja de Basil Dearden. Ese tipo de cine que no se hace ya ni que se programaría hoy en los festivales del mundo. Seguiré rebuscando entre bragas en el mercadillo.



 

lunes, 13 de mayo de 2024

Palmarés Fant 2024

El jurado de la sección oficial del Fant 2024 otorga su premio a una draculina sin colmillos

 

Vampira humanista busca suicida de la directora quebequesa y novel Ariane Louis-Seize logra el reconocimiento del Fant


Ariane Louis-Seize agradece al Fant el premio a mejor película 2024 en un breve vídeo emitido en la sala BBK el pasado viernes, 10 de mayo


El pasado viernes tuvo lugar la entrega de premios en la sala BBK de Bilbao (antes fue el teatro Gran Vía y después la sala Euskaltel). El momento más emotivo fue la entrega del Fant honorífico a Pedro Olea, director bilbainísimo, que aprovechó para agradecer que "uno sea profeta en su tierra". Un grupo de cantantes desde el anfiteatro le cantaron bilbainadas, algo que emocionó no solo a Olea sino al público asistente que acompañó con palmas la canción.

Como suele hacer el bueno de Santiago Segura, Olea aprovechó para promocionarse comentando que un productor de EE.UU.y otro británico habían comprado los derechos para sacar en blue-ray dos de sus películas por las que antes Sitges y ahora el Fant le han premiado honoríficamente: La casa sin fronteras (1972) y No es bueno que el hombre esté solo (1973). A la que habría que añadir otra que entra en el fantástico y que formó parte de la retrospectiva: El bosque del lobo (1970). Tanto esta como la anterior con un José Luis López Vázquez espléndido. Previamente fue el italiano Lamberto Bava quien recibió esa noche la misma distinción. Director, productor y guionista, Bava encajaba más en este galardón del Fant, pues se especializó en cine de terror y películas fantásticas, entre las que podemos citar Demons (1985) y Demons 2 (1986) y sus cintas de cine giallo como Cuchillos en la oscuridad (1983).

 

    Un emocionado Pedro Olea recibiendo el galardón del Fant Estrella del Fantástico en la sala BBK

 

No quiero dejar de señalar que, a diferencia de lo que en ocasiones pasa, el largometraje de clausura fue una grata experiencia. El último late nigth (2023) de Colin y Cameron Cairnes es una película australiana que te atrapa desde principio a fin. Los Cairnes nos llevan a los años 70 donde los late night televisivos en Estados Unidos tuvieron un gran predicamento. El protagonista, Jack Delroy, es el presentador del programa nocturno Búhos nocturnos. Su nivel de audiencia se resiente desde que su esposa muriese. El día que se emite el programa se celebra la noche de Hallowen, una buena oportunidad para elevar el índice de audiencia y salvar la continuidad del mismo. Sin embargo, nos anuncian que lo que vamos a ver es un footage film, es decir, un metraje encontrado que corresponde al último programa en directo de Búhos nocturnos. Tiene el aroma de La bruja de Blair pero realizado en un estudio y con la continuidad de tiempo y espacio, lo que hace que lo allí vemos vaya in crescendo en interés y dramaturgia. El programa va alternando el directo con las paradas publicitarias en las que vemos los intríngulis de aquello que se le hurta al espectador. Pero realmente lo interesante son los invitados, algunos momentos recuerdan cómo no a El exorcista, película que marcó la década de los 70 en el género del terror.

 

Lamberto Bava, hijo del ya fallecido Mario Bava, sosteniedo "el martillo" como designó al recibirlo a la letra T con perfilado de Frankestein, premio Estrella del Fantástico

 

 

Premios

De las que he podido ver, dos tocaban el tema del vampirismo desde una óptica juvenil. Ha sido la película de la canadiense Ariane Louis-Seize la que se llevó el premio principal, pues En attendant la nuit (2023) de Celine Rouzet no concursaba. 

Vampira humanista busca suicida está interpretada por una joven llamada Sara Monpetit que hace de Sasha. El arranque está espléndido. Sasha preocupa a su familia draculina pues no le salen los dientes para poder alimentarse mordiéndo a sus víctimas. ¡Nos ha salido humanista! La llevan al dentista, al psicólogo pero nada hace que surja su naturaleza vampírica. No puedo calibrar mucho el acierto o desacierto de la experiencia fílmica, pues la proyección en la sala BBK fue espantosa. De los 75 espectadores nadie protestó ante una proyección donde la fotografía de Gordon Willis en El padrino era más brillante que la que se veía en la pantalla de la sala. En esta no se veían los ojos de Marlon Brando pero en la de Ariane Louis-Seize no se veían en ocasiones ni las caras. He tenido que recurrir a un trailer de internet para ver que, aunque todas las escenas se rodasen de noche, al menos se veía mejor que en la BBK. Y luego nos quejamos de que las salas se mueren. La película se va diluyendo porque la historia no da más de sí, aunque los guionistas encuentren el filón que da sentido al título: Sasha halla un suicida del que poder alimentarse y, de paso, hacerle un favor. Pero claro antes de darle matarife y alegrar a su familia porque al fin ha echado los colmillos, podemos alargar la historia hasta los 90 minutos ya que Sasha le pregunta cuál es su última voluntad. El jurado vio en ella una "fantástica historia de amor contada desde la frescura, la juventud y la originalidad de estar conectada con la sociedad actual". Interesará a los antitaurinos, animalistas y a los adolescentes de Crepúsculo.

En attendant la nuit (2023), algo así como Esperando la noche según el traductor de Google, presenta algunos momentos de puesta en escena acertados. Vamos, que sabe escribir fílmicamente. Rouzet vino a Bilbao para recibir el premio Fantrobia, distinción a una figura emergente, una manera de dar un empujoncito a la mujer en su carrera. Con su primer largometraje, tras una labor de documentalista,  ha hecho una relectura del vampirismo también. En este caso como me confesó en rueda de prensa, la directora francesa quería hablar de aquellos que son diferentes, de los que no van a ser aceptados fácilmente por los demás. El caso de su hermano estuvo presente en la escritura de esta documentalista, pues ese "ser diferente" le llevó al suicidio. De ahí que utilizara la figura del vampiro, en este caso un joven que desde que nace en el seno de una familia burguesa, necesita sangre para alimentarse. Excelente el arranque en el que se ve el nacimiento del pequeño. A la hora de mamar su madre tiene dificultades para darle el pecho porque "le duele". Ante el consejo del doctor y la presencia del padre, ven cómo la criaturita al tomar el pecho hace que de él mane sangre llegando a empapar la sábana.

 

La directora Céline Rouzet recibe un dibujo basado en su película del artista Peio Cámara


De la sección Panorama, decir que fue He soñado con olas (2024) de Daniel Moreno García el que se llevó el premio. Lástima que las bases no permitan dejar desierto un galardón. Es cierto que la historia daba para mucho más pero ni la dirección, ni la actuación ni la fotografía ni... están a la altura del Fant. Como labor fin de curso de una escuela de cine, tiene un pase.

Lo más destacable en mi opinión de lo premiado es el premio al corto en Panorama, I am not a Robot de la holandesa Victoria Warmerdam. Son 22 minutos que funcionan como un reloj con alma Citizen y precisión Casio. La idea inicial es brillante: una editora de sonido no puede trabajar con su ordenador porque no supera la prueba del Captcha, sí esa que trata de averiguar si eres un ordenador o un humano para seguir con un programa informático. Tras varios intentos, llama al servicio de asistencia técnica, pues el programa le indica que tiene un setenta y pico por ciento de probabilidades de que ella sea un robot. El desarrollo es intrigante, pues llama a su marido para preguntar si ella es un robot. Y el desenlace está a la altura de las otras dos etapas narrativas. Nunca dos frases de guion pueden ser tan reveladoras de la existencia de un personaje. Ganó también en Sitges el año pasado.

De la cosecha de cine español vista en el Fant, hemos de comentar que la mediocridad ha sido la constante. La que inauguró el certamen, La mujer dormida (2024) de Laura Alvea es un relato fallido de inicio a fin. El relato del triángulo formado por un marido, su esposa que yace encamada y en estado vegetativo y la nueva enfermera (Almudena Amor) resulta inverosímil, predecible y soporífero a más no poder. 

Deviánt (2024), desviado en español, de Daniel M. Caneiro es un filme que se deja ver sobre el tema de la pederastia pero que no aporta ninguna novedad, salvo que se inicia casi como comedia blanca y acaba como comedia negra. A destacar la actuación de Alain Hernández y Fernando Albizu. Está rodada en Amurrio como curiosidad.

 

Tú no eres yo de Marisa Crespo y Moisés Romera parte de una buena idea. La oenegera Aitana (esforzada Roser Tapies) viene por sorpresa a la casa familiar por Navidad con su pareja lésbica y un bebe negro adoptado. Aitana descubre que su familia ha prohijado a una refugiada rumana. Algo que pondrá en solfa sus valores y principios. La puesta en escena es roma, sin el acierto desasosegante de, digamos, La semilla del diablo. Un quiero pero no puedo. El popurrí de idiomas hasta seis creí contar no ayuda. En rueda de prensa los directores tuvieron el valor de afirmar que en ocasiones la búsqueda de financiación pública les obliga a meter aspectos sociales, algo a lo que no han querido doblegarse pues les gusta el terror sin trasfondo social.

 

De izq. a dcha: la actriz Roser Tapias, y los directores de Tú no eres yo Marisa Crespo y Moisés Romera

 

De lo que ví en sección oficial, quiero resaltar varias películas que merecen la pena. En primer lugar, Sleep (2023) del coreano Jason Yu. Obra redonda donde se narra las dificultades de un actor para dormir y cuyas consecuencias empezarán a deteriorar su matrimonio. Funciona sin tiempos muertos en su hora y media, y lo que se inicia como un problema médico va derivando a lo paranormal para volver a la senda de lo racional. Un buen final a la altura de las expectativas del arranque. Como anécdota comentar que el actor Javier Botet nos acompañó en un improvisado cineforum a la salida de la sala y nos reveló su muy atinada interpretación del final.

No quiero dejar de comentar lo sucedido con La teoría universal de Timm Krögger, película que me parece que ha sido despreciada allá por los festivales donde ha pasado: Sitges, Seminci y ahora el Fant. Pero bueno, seré yo el equivocado, y donde veo rosas, otros ven cardos. Y, por último, Moscas de Aritz Moreno, la única película española que se salva con nota de la cosecha patria vista en el Fant. Espléndido Ernesto Alterio (Machi) en una historia que trascurre en la Argentina y donde el hallazgo de un cadáver en el maletero de un automóvil se convertirá en una pesadilla para el empresario Machi.A destacar un actor enano, o como se diga ahora sin ofender al 1,47 m de estatura, Tomás Pozzi que está como un gigante en las pocas secuencias en que aparece. Aritz tuvo la ocurrencia acertadísima de darle el papel de malo. Guasón.

Les dejo con el leitmotiv de esta 30ª edición del Fant. Las actrices nos amenizaron, es un decir, con la rememoración de momentos de Pesadilla en Elm Street de Wes Craven tanto en la sesión inaugural como en la de clausura. Lástima que Freddy Krueger no acabara con ellas. Una pesadilla en escena.

 

 











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