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sábado, 26 de agosto de 2023

CINE ESPAÑOL EN LA SEMINCI 2023

LA SEMINCI, ESTE 2023 MÁS ESPAÑOLA QUE EL FESTIVAL DE MÁLAGA

 

Faltan apenas dos meses para que la 68 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid se ponga en marcha, del 21 al 28 de octubre de 2023. El equipo dirigido por el recientemente nombrado director del certamen, José Luis Cienfuegos, que dejó el Festival de Sevilla, ha querido marcar seña de identidad.

 

No se entiende si no que el primer anuncio importante sea que la presencia del cine español “en las diferentes secciones competitivas será la mayor de la historia de Seminci. La programación de cine español abarca 15 producciones, con cinco estrenos mundiales, dos europeos y ocho nacionales, poniendo de manifiesto la diversidad y originalidad de la creación cinematográfica en nuestro país”. Contrasta este año con el Zinemaldia, que sólo ha programado cuatro películas en la Oficial, y tan sólo tres a concurso.

 

La 68 edicion de la Seminci del 21 a 28 de octubre repleta de cine español

En un alarde de entusiasmo, la nota de prensa enviada a los medios señala que “la programación de Seminci permitirá al espectador tener una visión de conjunto de las nuevas sensibilidades, temáticas y planteamientos estéticos de los creadores más audaces del nuevo cine español”. Veremos la audacia y el acierto.

 

No sé si estarán contentos los del Festival de Málaga con este acaparamiento. Me he ido a la página web de éste para 2024 y, ¡oh, sorpresa!, en la sección de lo que es el festival, leo que “contribuye poderosamente al desarrollo del cine en español presentando sus mejores documentales, cortometrajes, etc.”. Curioso que  en ese etcétera se incluya el largometraje. No creo que haya tanto cine español “de calidad” como para que San Sebastián, Valladolid y Málaga puedan abastecerse. Pero, claro, es mi humilde opinión.

 

5 PELÍCULAS ESPAÑOLAS A CONCURSO

 

Si bien la Seminci siempre ha tenido gran consideración hacia el cine español, metiendo dos o tres películas en la Sección Oficial –algunas con calzador, la verdad sea dicha–, este año Cienfuegos ha echado la casa por la ventana y ha incluido cinco: El amor de Andrea de Manuel Martín Cuenca, Que nadie duerma de Antonio Méndez Esparza, el esperadísimo tercer largo de Lois Patiño, Samsara, y los debuts en la ficción de Víctor Iriarte con Sobre todo de noche, y Laura Ferrés con La imatge permanent. Todos competirán por la Espiga de Oro de Seminci.  

 

El amor de Andrea narra la búsqueda de una niña por recuperar el amor de un padre ausente, en el film más íntimo y personal de Martín Cuenca hasta la fecha, que tendrá su estreno mundial en Seminci. Con música de Vetusta Morla, cuenta con un reparto debutante. 

 

Que nadie duerma, adaptación de la novela homónima de Juan José Millás dirigida por Antonio Méndez Esparza, cineasta galardonado en festivales internacionales como Cannes o San Sebastián. En su primer film rodado en España, cuyo estreno mundial se producirá en Seminci, cuenta con un reparto encabezado por Malena Alterio -en un registro en el que nunca antes la hemos visto- y Aitana Sánchez-Gijón.

 

En Sobre todo de noche, Víctor Iriarte narra un encuentro emocional en torno a la maternidad de tres personajes que buscan su lugar en el mundo y protagonizan las actrices Lola Dueñas y Ana Torrent, quienes interpretan a dos mujeres que comparten la experiencia de haber sido madres –biológica y adoptiva- de un mismo niño, historia que, partiendo del melodrama, se convierte en una película de cine negro, con un robo y una huída.

 

El esperado tercer largometraje de Lois Patiño con Samsara a concurso en la Sección Oficial


Reconocido y galardonado en grandes festivales internacionales, el gallego Lois Patiño aborda en Samsara, su tercer largometraje, una historia sobre la reencarnación que transcurre entre Nepal y Zanzíbar, y que sirve al cineasta gallego para profundizar en su exploración formal del lenguaje cinematográfico indagando en la representación de lo invisible en el cine.

 

La imatge permanent es un esperado paso para Laura Ferrés, que ganó el Goya, el Gaudí y la Semana de la Crítica con su cortometraje documental Los deshederados (2017). La imatge permanent es una historia dentro de una historia sobre una mujer que persigue a otra mujer, ávida de aventuras; un melodrama con actores no profesionales no exento de pinceladas de humor absurdo, que la cineasta escribe en colaboración con Carlos Vermut y Ulises Porra.

 

OTRAS 4 FUERA DE CONCURSO

 

Por si fuera poco, la Seminci ha programado también en la Oficial, aunque fuera de concurso, los estrenos de cuatro directoras –ya saben que ahora crecen directoras como setas–: Paula Ortiz (Teresa), Patricia Ortega (Mamacruz), Lone Scherfig (La contadora de películas) -todas ellas premiadas en diferentes ediciones de Seminci- y Patricia Font (El maestro que prometió el mar). Sus películas tienen en el plantel actoral a algunos de los más destacados actores españoles: Blanca Portillo, Asier Etxeandia, Kiti Mánver, Enric Auquer, Laia Costa o Antonio de la Torre.

 

Paula Ortiz, premio Pilar Miró en la 56 Semana, estrena mundialmente su film Teresa, adaptación de la obra de teatro La lengua en pedazos, de Juan Mayorga, que protagonizan Blanca Portillo y Asier Etxeandia; Patricia Ortega, estrena Mamacruz, con Kity Mánver como protagonista absoluta de una historia sobre el redescubrimiento del deseo; y la ganadora del Goya al mejor cortometraje Patricia Font, quien dirige El maestro que prometió el mar, film inspirado en la vida del maestro Antoni Benaiges, que protagonizan los también ganadores del Goya Laia Costa y Enric Auquer. Y, por último, Lone Scherfig -Espiga de Oro de la 46 Semana- inaugurará la 68 edición con La contadora de películas.

domingo, 20 de agosto de 2023

"Perlak": cine delicatessen en San Sebastián 2023

LAS PERLAS DE OTROS FESTIVALES EN EL ZINEMALDIA 2023

Les confieso que uno de los motivos por los que sigo asistiendo a mi provecta edad y con (relativo) interés al Zinemaldia es por una sección que, desde hace años, se denomina “Perlak” (Perlas, en euskera). 

 

Muestra del mejor cine de otros festivales en el Zinemaldia

Como indica el Festival, “Perlak” es una sección consistente en una “selección de destacados largometrajes del año, inéditos en España, que han sido aclamados por la crítica y/o premiados en otros festivales internacionales”. No es extraño, pues, que delante del Teatro Principal de la calle Mayor (ahora, Nagusia por aquello del euskera) se formen dos peculiares filas: una, para los críticos y cronistas de cine; otra, para gente que trabaja en esa industria. Nadie quiere perderse la actual Palma, el Oso o el León de las respectivas Cannes, Berlín o Venecia, por nombrar los más prestigiosos galardones.

Me hago una pregunta capciosa, ¿esos mismos festivales elegirían la Concha de Oro para sus secciones de lo mejor de otros certámenes?

Tras salir de un pase, un buen amigo llamado Harry Lime, sí como el personaje de El tercer hombre (1949), atinó al decir que comparar la Sección oficial del Zinemaldia con “Perlak” era como comparar la Segunda División con la Champions League, no hay color. Y no exageraba, salvo para el cine español seleccionado en aquella. No me extraña que al preguntarle por esta sección al director del Festival, José Luis Rebordinos, en mi extinto programa radiofónico, se sintiese un poco incómodo. No era de lo que más le apetecía hablar. Y lo entiendo.

 

CANNES MUY PRESENTE

Este año tendremos 18 largometrajes para paladear. De las diversas secciones de Cannes, tenemos el grueso: ocho películas.

La organización ha seleccionado Anatomía de una caída de la directora francesa Justine Triet, ganadora de la Palma de Oro este año. Un drama judicial sobre la muerte de un hombre que cae de un tejado de su casa familiar. Se abre una investigación por muerte sospechosa y no tardan en inculpar a Sandra, su esposa, a pesar de la ambigüedad del caso: ¿suicidio u homicidio?

De Cannes también procede La zona de interés del inglés Jonathan Glazer. ¿Recuerdan el topicazo sobre que el cine español siempre realizaba películas de la Guerra Civil? Pues ésta confirma que sobre el nazismo y el holocausto judío todavía uno puede aportar algo más a pesar de los cientos de obras sobre ello.

Uno de los más esperados films será, sin duda, el Premio del Jurado: Fallen Leaves de Aki Kaurismäki, una comedia romántica sobre dos seres a los que la vida pondrá obstáculos en su relación sentimental. El director finlandés ya es conocedor del ambiente donostiarra, pues desde 1990 se han proyectado varias obras de su filmografía: La chica de la fábrica de cerillas, Nubes pasajeras, Un hombre sin pasado, Le Havre o El otro lado de la esperanza. Dicen que Kaurismäki está en estado de gracia. Veremos.

Más pereza me da ver Perfect Days de Wim Wenders, pues, salvo documentales como La sal de la Tierra (2014), Pina (2011) o Buena Vista Social Club (1999), lleva tiempo sin ofrecer algo interesante de ficción. Aquí se centra en el retrato de un limpiador de retretes públicos en Tokio, cuyo protagonista, Koji Yakusho, se llevó el premio a mejor interpretación en Cannes.

Del resto, destacan el Premio Donostia y habitual en el Zinemaldia, el japonés Hirokazu Kore-eda, que presenta Monstruo; y Secretos de un escándalo de Todd Haynes, donde Julianne Moore y Natalie Portman cuentan la historia de una profesora que cumplió pena de cárcel por tener relaciones sexuales con uno de sus alumnos, de 13 años.

 

PROPUESTAS DE VENECIA, TORONTO, BERLÍN Y SUNDANCE

De Venecia han seleccionado cinco obras, de Berlín y Toronto sendas dos, y de Sundance una.

 

La nueva visión del accidente de aviación en los Andes hecha por Juan A. Bayona en Perlak

 

Destaco la que provocará más tortazos por sacar entrada en esta 71ª edición de San Sebastián: La sociedad de la nieve del enfant terrible (48 años) del cine español, J. A. Bayona. Tras el paso por la Sección Oficial fuera de concurso de Lo imposible (2012) y Un monstruo viene a verme (2016), Bayona nos presenta la que clausurará Venecia. Basado en el libro homónimo de Pablo Vierci, relata la odisea de los protagonistas del accidente de aviación en Los Andes, de quiénes murieron y quiénes sobrevivieron. Recordemos que de esta tragedia ya se hicieron dos filmes: Supervivientes en los Andes (1976) y Viven (1993).

Interés grande está puesto en la segunda película de Ladj Ly (Mali, 1980), tras el éxito de Los miserables (2019) que cosechó premios y repercusión internacional. A mí me cautivó y me agarró de los dídimos hasta el final. Los indeseables clausurará la sección fuera de concurso, tras su paso por Toronto. El director transmite de nuevo la lucha de una comunidad por encontrar un lugar al que pertenecer.

Y no quiero dejar de nombrar dos propuestas: la del cineasta australiano Craig Gillespie que presentará, tras su estreno en Toronto, Golpe a Wall Street. El realizador de la notable y muy recomendable Yo, Tonya (2017) se centra en esta ocasión en un caso real en torno a la cadena de tiendas minoristas de videojuegos GameStop. Y la segunda es la del italiano Matteo Garrone, que presentará una película por primera vez en San Sebastián. El realizador de Gomorra (2008) y Dogman (2018) competirá en Venecia con Io Capitano, la historia de dos jóvenes que abandonan Dakar para ir a Europa.

Y ahora a degustarlas con cava. No, mejor con champán que estamos cerca de Francia.

viernes, 11 de agosto de 2023

Forrest Gump tiene pluma

 LA CAJA DE CHOCOLATE, NO, LA PLUMA

Llevo dándole vueltas a un plano con el que el director Robert Zemeckis arranca una de sus más famosas películas: Forrest Gump (1994). La otra es Regreso al futuro (1985). El plano se inicia con un día de cielo algo nublado sobre el que revolotea una pluma. Se impresiona encima el título “Paramount Pictures presents”, la productora, y se inicia el tema ya muy popular compuesto por Alan Silvestri.

La cámara sigue esa pluma mecida por el viento, acompañada por unas notas de piano, que parecen también flotar, y por el resto de los créditos. La cámara baja siguiendo la pluma mostrándonos el pináculo de una iglesia y la torre de un edificio rodeado de arbolado. Cuando creemos que caerá sobre el terreno, pues la cámara sigue bajando, dicha pluma empieza a subir hacia el cielo. Cosas del destino. Eso permite un truquillo que el espectador apenas nota, una transición espacial: el objetivo hace un picado y, cuando baja de nuevo la pluma, aparecen ya otros edificios.

Ahora se dirige hacia el parque de una ciudad. Se posa brevísimamente, ¡oh, casualidad!, en el hombro de un ciudadano que va a cruzar un paso de peatones. De pronto se eleva, cruza la carretera y es llevada -¿por el destino?- hacia un banco donde, finalmente, cae a los pies de un tipo que lleva playeras embarradas y calcetines de colores a franjas: es Forrest Gump.

Forrest Gump
Ganadora de 6 Oscar en 1994, incluidos el de Mejor Película, Actor -Tom Hanks- y Director.

 

Discúlpenme si les cuento algo del final. Nada relevante para la trama, pero sí para la idea que me lleva ‘revoloteando’ en la cabeza estos últimos días y que me ha ‘llevado’ a escribir este artículo. Pues bien, Zemeckis o su guionista Eric Roth o ambos, acaban con otra pluma en el plano final junto a los pies de Forrest Gump. ¿Por qué?

Muchos recordarán la frase del personaje: «La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar». Bueno, si es una caja de chocolate, ustedes pensarán que lo que va a sacar de ahí es un… bombón. Así que la vida te sonreirá siempre. A Forrest Gump, pese a todos los avatares de su vida, casi siempre sale bien parado de ellos. Un tipo con… bombones. Ya nos gustaría haber llevado la vida de Forrest tan llena de experiencias-bombón y salir indemne.

Pero ¿y la pluma que aparece al principio y al final?

 Cuando eres como Forrest, con un nivel intelectual por debajo de lo ‘normal’ y carne de cañón en la escuela, es muy razonable pensar en que la vida te zarandeará como el viento hace con la pluma. El protagonista tiene la suerte de tener una madre, que comerciará con su cuerpo para que entre en un colegio al que le niegan la escolarización, una amiga, que acabará siendo su ‘novia’, y una mansión, convertida en casa de huéspedes que les sirve de sustento.

Todos somos Forrest pero no actuamos como él. Schopenhauer decía: «Es un disparate, en efecto, renunciar a una  buena hora presente, o arruinarla deliberadamente con disgustos sobre lo ocurrido o con temores sobre lo que vendrá». Así parece ser Forrest. No se queja del presente, no se agobia por el futuro ni por los sinsabores de la vida. Siempre tiene presente las lecciones de su madre, fuente de esperanza y sabiduría para él. No guarda rencor, aunque le abandonen; ser de palabra, aunque haya desaparecido el motivo para cumplirla; actúa sin pararse a reflexionar en demasía. Si decide dar la vuelta al mundo corriendo, lo hace sin parar mientes en nada más.

Sin que él lo sepa, aplica la filosofía de Séneca: «Singulas dies singulas vitas puta». O sea, valora cada día como si fuera una vida… sin saber lo que te va a tocar.

 Enlace para ver la secuencia inicial en copia nostálgica VHS de Canal +:

https://www.youtube.com/watch?v=aEqTLWwYP3I

jueves, 27 de julio de 2023

De cuando los filmes duraban poco en cartelera.

 LO EFÍMERO Y LO ETERNO

 

Aquí ando dándole a la tecla. El tejado ya lo tenía en la cabeza, ahí arriba está pero lo demás está sin hacer, en blanco, vaya. Y cual pintor con pincel en ristre, ando manchando esta parcela. En la carrera de Periodismo se estudiaba que el titular era lo último tras haber redactado el cuerpo de la noticia. Pero ando anárquico, errático o sin inspiración, vaya. A ver qué sale.

Les cuento una situación que me pasó con un buen amigo ya mayor, para 93 tacos. Le conocí en el cineclub FAS y fue durante una época su presidente en los 70. Su nombre Jesús María Etxano, abogado, sociólogo y filósofo. Ante todo buen conversador de todo, como hoy le pasa a uno si frecuenta bus, bar o metro, que entabla “interesantes conversaciones”… con su móvil.

Un buen día tras quedar con él, me fijé en que tenía desatados los cordones de uno de sus zapatos y, tras comentárselo, pronunció el imperativo bisílabo: “Ata”. Y humildemente doblé la espalda y se los até. No más mención de ello.

 

Cinco tumbas en El Cairo
Franchot Tone, Anne Baxter y Erich von Stroheim en Cinco tumbas al Cairo (1943)

      

En la primavera de 1998, en una calle lateral de Beverly Hills, ocurrió una escena parecida. Un hombre de 40 años acababa de saludar a otro de 91 delante de la oficina de trabajo de éste último. Mientras trata de abrir con la llave la puerta, observa que se le ha desatado el zapato izquierdo. Hace varios años que le es físicamente imposible agacharse cuando está de pie. No se miran pero ambos sienten cierto embarazo, así que el joven se apresura a agacharse para atarle los cordones, y no hacen mención de ello. Entran a su despacho y se sientan para tener una serie de conversaciones, más bien entrevistas, que se irán prolongando durante más de un año. El viejo es Billy Wilder y el joven, Cameron Crowe, director de Jerry Maguire (1996) o Casi famosos (2000). Las conversaciones cristalizaron en un libro: “Conversaciones con Billy Wilder” publicado en España en 2000 por Alianza Editorial.

Repasando con él su filmografía, llegan a “Cinco tumbas al Cairo” (1943). Cameron Crowe le comentaba que, según su coguionista Charles Brackett, la película no había envejecido bien pero le aseguraba que ver la película entonces era como ver un film de aventuras a lo Indiana Jones.

Y la respuesta de Billy Wilder es la que me ha dado pie a empezar este artículo con el título que lo encabeza: “Me encanta oír eso, pero las películas se hacían para que durasen una semana, en el mejor de los casos… y dos o tres días, si no había suerte. Luego se acabó. No se repetía, nada. No sé de dónde ha sacado usted todas esas películas. Ha debido buscar verdaderamente mucho para encontrarlas”. El cine entendido “sólo” como negocio, lo efímero; el cine entendido “también” como arte y testimonio, lo eterno.

La última vez que mi amigo Jesús María Etxano, ya con problemas de sordera y movilidad, vino a ver un filme en sala fue al cineclub de Las Arenas. Quise que aquella efímera tertulia sobre “La gran belleza” (2013) entre cinéfilos quedase grabada para la eternidad. Así que grabé las intervenciones de él y demás integrantes y las intercalé adecuadamente entre fragmentos de la obra de Paolo Sorrentino. Cameron Crowe y yo hicimos algo efímero: atarle los cordones a personas que admirábamos y que no podían ya agacharse por senectud. Pero también quisimos actuar para la eternidad: el uno al registrar en papel unas conversaciones con su admirado Wilder y el otro al registrar sonoramente la voz en una tertulia cinéfila de su apreciado y amigo Etxano.

martes, 18 de julio de 2023

El antídoto a veces funciona

El verano grisáceo y la alegre depresión

 

No crean que pretendo fastidiarles el estío con la lectura de este artículo. Pero lo que les voy a relatar es auténtico. Un trozo de vida. Un recorte que bien podría aparecer en la columna de “noticias humanas” de cualquier periódico si ustedes leyesen periódicos hoy en día. Y si a mí me publicaran.

Hace poco quedé con un buen amigo de la universidad. Omito su nombre por respeto. Gordo –en estos tiempos diríamos con exceso de vida gastronómica acumulada–, casi ciego de un ojo –disminución visual en un 50%–, con madre enferma –no hago bromas–, con contrato fijo discontinuo –más de esto que de lo fijo– y con una novia con algún trastorno, me manifestaba, entre sorbo de café y mirada desfallecida, que estaba deprimido. Sí, deprimido. Lo extraño, pensé, es que no estuviera suicidado.

 Como hacen los amigos, escuchan, asienten y callan… mayormente. Me contaba que al preguntarle la psiquiatra qué es lo que sentía, mi amigo me revelaba que todo le daba igual. “La depresión es como ir al cine en verano, a ti que te gusta tanto –me dice con amago de sonrisa–. Te hallas en la sala a oscuras en la sesión de insomnio, la de la noche. No hay aire acondicionado. ¿Para  qué?, ya no va nadie. Y las pelis de estío son… Mientras la pantalla está iluminada, te agarrás a la vida. En cambio, llega el momento de los títulos finales y el apagón. La pantalla está en blanco pero extrañamente se decolora al color de la viudedad. Tú crees que el proyeccionista encenderá las luces. Pues no. Hoy todo está automatizado. Algún fallo se ha producido. Tal vez en tu cabeza. Y ahí estás, mirando el pasillo central iluminado como si fuera una pista de despegue… a la vida mundana. Y te orientas para buscar la puerta de salida pero las luces de emergencia, ya sabes cómo están hoy las salas, no funcionan. Así que palpo las paredes negras, pisando con cuidado el piso enmoquetado negro y respirando con angustiosa negritud como si estuviera en un cuadro de Jackson Pollock”. Silencio.

En ese momento rompí su narración por temor a un mayor descenso. Me vino a la cabeza una escena muy apropiada a lo que me contaba que, pensé, le haría reír. Se trataba del personaje Allan Félix. Un matrimonio amigo le presentan a varias chicas pero sin éxito. En un museo aborda a una visitante joven que está contemplando ensimismada un cuadro. 

 

Sueños de un seductor (1972) - Filmaffinity 

 

– Es un Jackson Pollock precioso –afirma él.

– Sí, lo es –dice ella con una voz a punto de saltar por el acantilado.

– ¿Qué te sugiere? –se hace el interesado.

– Reafirma la negatividad del universo, el terrible vacío, la soledad de la existencia… la nada, el suplicio del hombre que vive en una eternidad estéril sin Dios como una llama diminuta, que parpadea en un inmenso vacío, sin nada salvo desolación, horror y degradación, que le oprimen en un cosmos negro y absurdo –aquí recité de memoria la frasecita con tono cansino, mortuorio y con aroma a velatorio–.

– ¿Qué haces el sábado por la noche? –verónica de Allan.

– Suicidarme.

– ¿Y el viernes por la noche? –insiste. Ella se va.

Nos miramos mi amigo y yo. Ni rastro de media sonrisa. Tras una pausa algo incómoda, me dice: “Yo tengo un Jackson Pollock en la habitación”. Mi amigo está deprimido y es verano.

Ah, por cierto, la escena cuyos diálogos me sé de memoria corresponden a Sueños de un seductor (Play It Again, Sam, 1972) de Herbert Ross. Por si se sienten deprimidos. A mí en ocasiones, me funciona.

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