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miércoles, 29 de octubre de 2025

Seminci 2025: 6ª jornada

Cuando la vaca de la Seminci no da más leche (de la buena)







No sé si desde el comité de selección de la Seminci creen que los espectadores somos de goma, que podemos tragarnos cualquier cosa, sin sentir la dureza de los asientos diseñados para espectáculos que no suelen superar la hora y media. El próximo año he decidido que vendré con sonda o conejo porque si los autores siguen rodando películas de más de dos horas y no me gustan lanzaré el contenido de mis efluvios a la pantalla. Que me arresten. Así tendré que contar experiencias carcelarias de las que se nutre el arte y la literatura.

A Kristen Stewart la recuerdo por su participación en Crepúsculo que le daría la suficiente pasta como para producir y dirigir esta su primera película: La cronología del agua. Su rostro ya me infunde esa prejuiciosa convicción de que si rodase algo, no sería lineal ni claro ni apto para el hueco de la tarde de A3 para sus telefilmes burgueses. Va sobre abusos sexuales. Me temo que habrá más en la selección -esta mañana se presentaba en rueda de prensa otra más con el agua de por medio titulada Cuando el río se convierte en mar.
 
La cronología del agua -¡vaya título!- está basada en un best seller -así lo indica el folleto del festival- autobiográfico de la ex nadadora Lidia Yuknavitch. Tras el ver el filme, a uno no le entran ganas de devorar el libro por muy bien escrito que esté. 
Stewart se puede gastar el dinero en lo que le dé la gana, pero me temo que, al realizar La cronología del agua, en quien menos ha pensado es en el espectador. La vida de Lidia ha sido devorada por el pederasta de su padre, hombre con buena planta, gafas de los años sesenta que inspira seducción y confianza pero que es un depredador en la noche (más bien de día) dentro de la familia. 
El problema y el acierto -disculpen el oxímoron- es que Kristen Stewart quiere reflejar con planos breves, escenas rápidas y saltos temporales las mente torturada de Lidia. Retrata bien las diferentes adicciones, excesos y búsqueda de salvación de una mujer que solo encuentra en la escritura una manera de salir de su cuerpo, que no de su mente torturada por el dolor. No seré yo quien eche por la borda la labor de la directora, pero la experiencia de ver este resultado te deja como la protagonista: con ganas de huir, ella de su figura paterna; nosotros del patio de Calderón. Convencido de que pilla premio en el palmarés.


Teatro Zorrilla, sede de la Seminci


De Alemania nos viene Mirrors No. 3 de Christian Petzold que hace películas que se ven pero no dejan huella. Esta es otra más. Su estilo es una escritura cinematográfica tan roma y pedestre que no logra cautivarme en casi ninguna escena. Parte de un arranque que se me hace inverosímil, forzado, todo para contar después algo que me convence un poco más: la aparición de una mujer, Laura, que acaba de tener un accidente de automóvil en el que su novio ha fallecido, se ve alojada en la casa de campo donde vive Betty, una misteriosa y extraña mujer. Sin saberlo ella, Laura ocupará el hueco dejado por un ser querido en la vida detenida de Betty. Lo mejor es que dura menos de 90 minutos. Les recomendaría En la habitación de Todd Field o La habitación del hijo de Nani Moretti, de temática similar y mayor calidad.

La tarde nos ofreció la última de la Sección Oficial: la china Vivir la tierra. No me resisto a citar textualmente cómo te venden la moto de una cinta que me ha clavado puñales en los ojos, provocado alteraciones acústicas en los oídos al oír las voces de los intérpretes o sudoraciones previas al desmayo al ver cómo movía y encuadraba la cámara el director Hugo Meng (¡¡¡Mejor Director en Berlín!!!). La película «nos invita al corazón del paisaje rural de la provincia de Henan a través de los ojos inocentes de Chuang, un niño de 10 años que debe quedarse con en su aldea mientras sus padres parten en busca de un futuro mejor. La cámara retrata con ternura la fuerza silenciosa de una familia que resiste, arraigada a una tierra milenaria que comienza a transformarse bajo el peso de la modernización». 
El papel lo aguanta todo. Mis ojos, en cambio, han visto una sucesión de escenas cotidianas sin la mayor vertebración, ni interés y contempladas desde planos generales alejadísimos de los personajes como si estuviera dando testimonio de hechos etnográficos (rituales funerarios, bodas, recogida de siembra, relaciones familiares…). Lo mío ha sido una experiencia de lo más dolorosamente aburrida que he tenido este año en la Seminci. Y encima le darán premio. Mi satisfacción será comprobar que no la verá ni Dios por mucha distinción que le den. Nota: pocos se han marchado de la sala de Cervantes (sala de tortura) antes de acabar. 



Seminci 2025: 5ª jornada

Nacimientos, violaciones, árboles centenarios y el teatro como espacio de verdad y resistencia, protagonistas de la Seminci



Jean-Pierre y Pierre Dardenne presentando ‘Recién nacidas’ 


En la cafetería El Minuto constato ya una doble realidad: la primera es que ya nadie apenas lee el periódico en papel; la segunda es que muchos espectadores que asisten a las sesiones matinales de la Seminci son jubilados que han tenido en el pasado una afición al cine. El día en que mueran, los sucesores de Cienfuegos, director del festival, lo van a tener jodido para llenar el Teatro Calderón, sede principal del certamen.

La jornada de hoy martes arrancó con Recién nacidas de los hermanos Dardenne, Jean-Luc y Pierre. Los belgas, desde que los descubrí en esa peliculita que ganó la Palma de Oro titulada Rosetta, arrebatándosela a El verano de Kikujiro, tienen dos cualidades: siempre hacen cine social y siempre ruedan cámara en mano pegada al personaje. En este caso siguen con su mismo estilo. Recogen en Recién nacidas el caso de tres muchachas en torno a esa edad en que tener un hijo puede truncar la vida de cualquiera porque o bien no has acabado los estudios de instituto, o bien no existe el apoyo familiar o bien no sabes por donde te pega el aire de la vida con sus colmillos. Los tres personajes con o a punto de tener bebés son un muestrario de los casos que se pueden dar: una de las muchachas quiere conocer a la que fue su madre que la abandonó para no repetir la misma historia con su bebé; la segunda sufre el abandono de su novio aunque ella esté colada por él; y la tercera quiere dar en adopción a su hijo debido a que su hogar es un infierno. 

Los Dardenne adoptan un tono moderadamente dramático y con unas resoluciones que son esperanzadoras, pues quieren mostrar historias reconfortantes para el espectador. Eso hace que se vea Recién nacidos con agrado, no aburra y se tome conciencia -para eso se inscribe en el cine social con toques a lo Frank Capra- de que echar un polvo sin protección tiene consecuencias para toda la vida: se llama asumir la responsabilidad  de los actos de uno. 

Sorry, Baby es la segunda propuesta de la Sección Oficial. Es la ópera prima de Eva Víctor que ha aprobado con nota. El tema no sale a relucir hasta bien avanzado la primera mitad, lo que hace que no sepas muy bien si los chistecillos entre dos mujeres jóvenes, una profesora de literatura de la universidad de Nueva Inglaterra y la otra su antigua compañera, sobre tirarse a los tíos, el tamaño del pene y otras banalidades del mundo femenino -que hicieron reír a algunas espectadoras del patio de butacas-era comedia o drama. Pero claro estamos en los tiempos en que estamos. Así que no debía ausentarse el asunto de los abusos y de cómo se recupera uno de ellos. La originalidad está en que transcurre por cauces distintos a los vistos en otros filmes de parecida temática. 

La actuación de la propia directora Eva Víctor, que además es guionista con partes autobiográficas, tiene mucho mérito. Así que no descartemos que esté presente en el palmarés. 



La mayor rareza vista en esta edición hasta ahora ha sido Silent Friend de otra directora llamada Ildikó Enyedi que provocó bostezos y alguna que otra siestecilla en el patio de butacas. Los 147 minutos sobre tres historias con leve argumento en tres épocas distintas del siglo XX se me antojan excesivas. Estamos en un jardín botánico de una ciudad alemana. Ahí se encuentra un árbol bicentenario del que no había hablar jamás: un ginkgo biloba. En torno a él tienen lugar tres historias de interés desigualmente conseguido. Supongo que Enyedi un buen día se preguntaría si las plantas reaccionan ante los estímulos del ambiente, cuál es su sensibilidad ante el mundo. Hay una escena en que Tony Leung, que interpreta a un neurólogo, explica en un aula que estudia cómo perciben el mundo los bebés antes de hablar. Como no puede obtener respuesta de ellos, no le quedan más remedio que observar las respuestas neuronales de sus cerebros. Afirma en la clase que la ciencia solo puede abundar en hipótesis para explicar mediante metáforas el funcionamiento de la naturaleza. Y en eso se embarca Ildikó Enyedi con un resultado no del todo convincente, aburrido en muchos momentos. Creo que en la película abundan en demasía planos donde el elemento floral está omnipresente y, en ocasiones, de manera innecesaria para el fluir de la narración. 


El director italiano tras la presentación de Duse en el teatro Carrión 


La propuesta del italiano Pietro Marcello titulada Duse me parece loable, pero fallida en general. Aborda la figura de la actriz de teatro italiano Eleonora Duse de principios del XX, interpretada por Valeria Bruni-Tedeschi, que en momentos me parece histriónica. Tiene dos líneas argumentales que, lejos de retroalimentarse, van en paralelo: la vida teatral de Duse en sus últimos años como lucha contra el dolor del pueblo y contra el conflicto mundial de la I GM; y la descripción de la vida familiar, en la que su hija (buena actuación de Noemí Merlant) le demanda una atención y un cariño que nunca logrará de su madre.

 Por último, Marcello también aborda el contexto histórico, pero en mi opinión de un modo que deja un poso poco convincente al tratar de avisar de que, de la misma manera en que triunfó el régimen de Mussolini, hoy puede volver a acechar movimientos poco democráticos si no se le hace frente con las armas de la cultura. El director de Martín Edén (2019) introduce a lo largo de todo el metraje escenas de la época en color que tratan de dotar de un mayor verismo a la narración pero de manera un tanto confusa. Creo que todas las escenas que aparecen de ensayos y representación teatrales de obras clásicas (Ibsen, etc.) entorpecen más que enriquecer lo que pretende Pietro Marcello. 



martes, 28 de octubre de 2025

Seminci 2025: 4ª jornada

Cómo dos estilos cinematográficos tan radicalmente distintos pueden llegar a alegrarme el día 



Hay personas a las que les gusta el agua de Vichy; otras a las que le pirra el Dom Perignon o el Moët; y, por último, hay -las menos- que se revelan de gustos bífidos, o sea, por ambos líquidos tan extremos. Es lo que me ha pasado hoy en el Teatro Calderon dentro de la S O de la Seminci.

La mañana comenzó con una pequeña película titulada Lionel dirigida por Carlos Saiz Espín. Empieza la cosa que no sabes por dónde va a ir pero poco a poco está roadmovie de viaje sentimental -todo viaje lo es en el fondo- de Murcia a Francia de un padre y su joven hijo en busca de un reencuentro vacacional con la hija y hermana de ambos empieza a cautivarme. Como digo es un viaje emocional más que de peripecias aventureras. Habla, sobre todo, de la necesidad de comunicación entre padres e hijos, de los trapos sucios del pasado que siguen sin limpiarse, de las discusiones diarias, de la necesidad de los abrazos que nunca hubo en la infancia, de las ausencias paternas, de los divorcios que dejan heridas sin coser, de la necesidad de compartir de nuevo los recuerdos… Dice el director que cuando conoció a Lionel, hijo, sintió la necesidad de rodar este largometraje. Yo no habría visto material dramático que rodar, pero el director lo logra. El gran acierto de la película es el tono -me recuerda a Seis días corrientes de Neus Ballús también vista hace años en Seminci-, esas pocas indicaciones que el director daba y esperaba a que en las escenas surgiera una energía que se plasma luego en  Lionel. Cuenta Carlos Saiz que su puesta en el largo viene de un corto previo titulado La hoguera. La clave del éxito es que los tres personajes son auténtica familia y, claro, eso sabe captarlo la cámara. Parece fácil, pero no siempre la realidad es filmable para ser interesante y convertirse en una estimable obra. Es como si fuera un documental ficcionado, donde en muchas escenas la cámara estuviera oculta. Donde cuando el director vaya a decir “¡acción!”, los actores entienden “¡corten!”. Ahí está el gran logro de Carlos Saiz Espín. Un proyecto que le ha costado levantarlo cinco años. Contiene un final entre padre e hijo que justifica todo el trayecto de ida y vuelta: viaje curativo para Lionel hijo, sanador para el espectador.




La segunda propuesta en la Sección Oficial ha sido Sound of Falling de la alemana Marscha Schilinski. Es junto a Resurrection la propuesta más alejada de la narrativa clásica y la más original hasta la fecha. No ha gustado a casi nadie. A mí me parece sobresaliente, solo apta para un espectador que quiera tener una experiencia inmersiva en el lenguaje audiovisual que plantea la directora. Para empezar son cuatro generaciones de mujeres a lo largo de más de un siglo en un único espacio: una granja en Alemania. Ocurre que la narrativa va dando saltos hacia adelante y hacia atrás, con una presentación de personajes nada claro al principio, pero cuyas piezas a lo largo de las más de dos horas y media de duración van encajando. Posee una fuerza en la puesta en escena de lo más sobresaliente visto hasta ahora por el que esto escribe. Schilinski deja que las historias fluyan a través de las imágenes y de los sonidos, con apoyaturas de voces en off de las distintas protagonistas. La descripción de la muerte según épocas, el dolor causado en circunstancias de la vida, la mirada -debería decir las miradas de todas las protagonistas, algo fundamental en el cine-, la memoria conservada en fotografías, y la historia que contextualiza las cuatro generaciones compuestas por mujeres en edades distintas forman un mosaico de enorme valor cinematográfico. 

Hay una escena que puede resumir parte de su esencia. Una joven está sentada en un columpio boca abajo. Lo que ve está invertido. Así es como el cerebro ve las cosas: invertidas porque la lente del ojo, el cristalino, proyecta  la luz de forma invertida. Reflexiona pensando que la vida es dolor y que si invertimos todo ese dolor acabaría convirtiéndose en su reverso: la felicidad. Algunos que salían del pase de prensa la criticaban por ser muy nórdica, pero el cine de esos lares ha dado muestra de obras muy existencialistas y esta no escapa de la sombra germinal de Dreyer, aunque la religión aquí no esté tan presente. 

Sé que no es filme para ver después de comer ni tras la cena, sopena de ser usada como somnífero para quedar roque.

lunes, 27 de octubre de 2025

Seminci 2025: 3ª jornada

 Pillion: Cuando le dan por culo y te gusta el resultado cinematográfico final




La organización de la Seminci ha seleccionado dos películas que, en principio, tenían el atractivo de que se trataba de cine de atracos. Todos recordamos las buenas películas de los setenta y ochenta sobre ese subgénero: Tarde de perros o Deprisa, deprisa. Pues bien tras comerme con patatas crudas la aburrida The mastermind, esta mañana en el teatro Calderón hemos podido ver la segunda propuesta, esta vez del cine quinqui español de los ochenta, titulada Golpes. La dirige un tipo que se estrena en el largometraje llamado Rafael Cobos (que también la escribe junto a Fernando Navarro) y que tiene el mérito de haber sido guionista de películas exitosas como La isla mínima o El hombre de las mil caras. Tiene cierto interés la historia que cuenta sobre dos hermanos en Sevilla que viven en la infancia la desgracia de ver a su padre asesinado a manos de la Guardia Civil en época de posguerra. Ese peso tendrán que sobrellevarlo el resto de sus vidas. Migueli (Jesús Carroza) sale de la cárcel para reunirse con su antigua banda criminal; Sabino (Luis Tosar), su hermano, es policía y encargado de arrestarlo por los “golpes” que está cometiendo su hermano para poder lograr el dinero suficiente para comprar un terreno donde parece se haya enterrado su padre tras el incidente hace años con la benemérita. Y este creo que resulta el mayor lastre de la película: hacer verosímil que ese sea el objetivo que mueva a Migueli para cometer los golpes. Aunar memoria histórica con una relato de robos en bancos, joyerías o fábrica de automóviles puede parecer más una maniobra para lograr subvención que te permita rodar que una necesidad de contar algo que a uno le apetezca y sea comercial. Se trata de otra propuesta que quiere alejarse de lo que ya hemos visto en otras épocas pero que en opinión del que esto escribe no logra convencer Rafael Cobos ni en la dirección de actores, ni en la puesta en escena ni siguiera en lo que parecería ser su fuerte: el guion. Una pena.




La segunda oficial ha sido La chica zurda de la taiwanesa Shih-Ching Tsou. Estuvo presente antes del pase oficial de prensa y comentó que la obra era fruto de veinte años. Bueno, no dejo de alabar dos aspectos sobre la historia de una familia una madre y sus dos hijas que regresan a Taipéi, capital de Taiwan: estar narrada alternativamente desde la perspectiva de las tres protagonistas (desde la pequeña de cinco años que logra enternecerte, pasando por la adolescente de instituto hasta la madre que pone un puesto de comida rápida en un mercado) y el montaje que hace que los sucesos familiares sean contados contado con mucha fluidez. Leo en los títulos de crédito que el mirador es Sean Baker, ya saben el ganador del Oscar por Anora en 2025. Y creo que se nota no solo por el montaje sino por la temática. Vuelvo a criticar que desde que el wokismo los papeles de tíos o bien son decorativos, bien estupidos o bien violentos sin dar mayor explicación ni profundidad. Es como la venganza de cierto feminismo que ha ido fermentando el rencor a paso lento y en barrica de roble.

Sergei Loznitsa es un documentalista reputado. Lo único que conozco de él, y gracias a la Seminci en edición pasada, fue un documental impactante sobre el régimen soviético y la muerte de su dictador Stalin titulado State Funeral (2019). En su propuesta a concurso Dos fiscales el director bielorruso vuelve a la carga contra aquel pasado que tanto marcó a varias generaciones de las repúblicas soviéticas y que hoy en día siguen, como se puede ver, sojuzgadas por el régimen ruso. La diferencia estriba en que ahora usa un relato autobiográfico ficcionado de Georgy Demidov sobre sus experiencias en la URSS de 1937. Un prisionero que dice ser miembro del Partido Comunista logra trasmitir una carta a un recién nombrado fiscal local, Alexander Kornyev, quejándose de la injusticia que se ha cometido con él por acusarle falsamente de ser un pionero político.Los desvelos por averiguar el caso mostrarán al fiscal que aunque llegue a citarse con el fiscal general de Moscú en qué país de paranoicos perdidos se hallaba. La película de Loznitsa tiene un estilo reposado pero que corta con aguja de afeitar la trastienda de un sistema política comunista que revela que por mucho que se afeité seguirá provocando injusticias sinfín. La cámara no se mueve y hay escenas largas de conversaciones pausadas pero reveladoras de cómo funcionaba políticamente la URSS. Hay momentos en que parecen hasta surrealistas como la subida por las escalinatas del Palacio de Justicia donde se haya el Fiscal General de Moscú. A destacar la luz plomiza que describe con gran logro ese ambiente soviético de la época de Stalin.




La noche se cerró lo que para mí ha sido la propuesta más agradable de ver tal vez por lo inesperado. Se titula Pillion (se refiere al lugar que ocupes que va atrás de una moto, el paquete) y la dirige un tipo que se estrena en esto de rodar llamado Harry Lighton, al que le acompañó en su presentación en el Teatro Calderón por la noche uno de los coprotagonistas y que mayores desmayos provocó en la alfombra azul: Alexander Skarsgård. La película en otro tiempo provocaría las quejas de la sociedad bienpensante de Valladolid pero hoy en día lo que Pillion provocó (no voy a exagerar porque el espectador castellano es más serio que otros de festivales de terror por ejemplo) fue arrancar ciertas carcajadas con una historia emotiva y cómica. La relación que inician un tipo de aspecto más bien feúcho -pero al que tienes ganas de que las cosas le vayan bien-, fantástico Harry Melling, con un motorista tan guapo que hasta los pájaros se desvanecen de las ramas de los árboles, es a todas luces inverosímiles. Pero el acierto del guion es que la relación que establecen -de tipo sadomasoquista- logra cautivar a un público que salió muy satisfecho. No me extraña que viniese de ganar el premio de guion en Un Certain Regard de Cannes.

Así que acabé satisfecho con este relato inglés queer donde se comen pollas en lugar de conejos, se usan dilatadores anales o se adornan con candados en lugar de collares. Como me dijo el camarero en el restaurante Colombo al pedirle arroz con conejo: “Es el mejor conejo muerto que vas a comer porque de los vivos ya no los catamos en tiempo”. Constrastes que tiene la vida y el cine. 


domingo, 26 de octubre de 2025

Seminci 2025: 2ª jornada

Bi Gan nos regala una ambrosía de los dioses, un canto de amor simbólico al Cine titulado Resurrection 






Escribo esta crónica apresurada mientras uno desayuna presuroso y de pie en la cafetería El Minuto de Valladolid. Todavía pervive en mí un relato múltiple en tiempo y forma sobre el amor al cine que ha creado un tipo de China llamado Bi Gan. No he visto el resto de su escasa filmografía, pero si las anteriores obras (Largo viaje hacia la noche es una de ellas) son tan ambiciosas y logradas en forma y contenido como Resurrection voy a tener que correr a ponerme al día.

A la salida, al ir a recoger el abrigo en la guardarropía del teatro Calderón, la azafata me comentó que la gente salía bien bufando bien muy satisfecha, no habiendo término medio. Es así ante una película que no es fácil, que plantea varias historias encuadradas en géneros cinematográficos distintos para abordar asuntos sobre la esencia misma del cine: su nacimiento, la llegada del sonoro, la trascendencia del cine, su conservación material… Una puta obra maestra, visualmente apabullante al nivel de mi otro dios actual: Paolo Sorrentino.

Entre el público asistente oía decir que tal vez Bi Gan había tenido demasiada ambición al abordar una obra que es un homenaje a todo el siglo XX de lo que ha sido el cine. “Cada capítulo se corresponde con un género cinematográfico, pero también con los cinco sentidos, que representan el núcleo de mi película”, comentaba en la rueda de prensa Bi Gan. «El cine para mí siempre es un juego. Y estas son simplemente maneras de hacer cine.Lo más importante es el final, son las personas que brillan en la película, la emoción». 



La mañana empezó bien con Subsuelo de Fernando Franco. Sabiendo cómo se las gasta Franco -no es un chiste fácil- me preparaba para lo peor. Pero el autor de su cuarto largometraje nos sumerge en esa institución llamada familia burguesa capaz de lo mejor y lo peor. El coprotagonista, un joven actor llamado Diego Garisa  (que cada vez que aparece el voltaje de la luz eléctrica provoca una tensión que ya la quisiera la central a punto de cerrar de Garoña. Lastima que cuando llega el clímax final, Franco no muestra esas dotes de director sobresaliente dejando su obra en una buena muestra de thriller familiar español.

La película narra en clave de thriller el retorcido y enfermizo vínculo entre dos mellizos, interpretados por Julia Martínez con gran mérito y el excelente y de turbia mirada Diego Garisa, que tras un accidente ven cómo su relación cambia para siempre empañada por la culpa. Secretos, manipulación y deseo contenido son los ingredientes de una satisfactoria película del director de La herida

La segunda sesión matinal y a concurso en el Teatro Calderon  correspondió a  El sendero azul de L cineasta brasileño Gabriel Mascaro. Según declaraciones en la rueda de prensa, quería hacer una película sobre la vida de una persona mayor, interpretada por Denise Weinberg, quería no tratase de la finitud, la muerte o la nostalgia. Creo que es el gran acierto de esta historia, donde llegada a una cierta edad el Estado de Brasil necesita retirar a aquellos individuos que cumplen determinada edad aunque sigan trabajando por no ser suficientemente productivos. Esa construcción de una distopía sin recurrir a ambientes vistos en la fantaciencia es un acierto. La protagonista recorrerá diversos episodios, no todas igual de certeros en el ensamblaje de lo que se quiere narrar pero sí de una gran luminosidad que se agradece en personajes de vida añosa.  

Sufrí horrores con una propuesta que decían rompían con las películas de atracos realizadas en los Norteamérica de los sesenta. The mastermind de la directora Kelly Reichardt relata la historia de JB Mooney, un carpintero de buena familia que está en el paro. No se le ocurre otra idea más disparatada que robar junto con unos amigos suyos más tarados e incompetentes que él que unos cuadros en un Museo de la localidad de Massachussets. Viendo cómo transcurre el golpe y las posteriores peripecias deseas con cada vez mayor intensidad que sus vidas acaben entre rejas y que el coñazo de película que difícilmente se puede adscribir al subgénero de atracos acabe ya.

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