Visitas de las páginas en total

domingo, 12 de enero de 2025

La cosecha 2024

 Yo soy más de los Reyes Magos. Punto



 

 Cuando llegan las Navidades uno empieza a recordar a los seres más queridos, con los que todavía sigues manteniendo un vínculo afectivo -como dicen los psicólogos- y optas por enviar mensajes por whatsapp en un intento de concentrar el cariño en un breve texto, como si fuera aceite de oliva virgen extra en un proceso de extracción caliente, como manda el corazón. Antes se usaban las tarjetas navideñas. Si usted las usa en estos tiempos, triunfará.

No les quiero ocultar que en estas Navidades uno ha rozado la depresión. Afortunadamente, el envío de uno de esos tarjetones sin música, con el siguiente texto "Que la vida te sonría en 2025. Y que yo lo vea", surtió el efecto pretendido: al cabo de dos días, la llamada de una de mis ex, a la que llamaré Brigitte Ardot, B. A., me telefoneó para agradecerme el detalle, algo que "la había llegado al corazón en un momento delicado".

Quedamos en un bar restaurante llamado Kazuela en la calle Mayor de Las Arenas. El local me gusta pues tiene una barra larga a la izquierda, al fondo unas mesas para servir y a mano derecha unas escaleras donde te llevan a un reservado. Si lo pienso, se asemeja a mi querido bar Stop de Astrabudua.

Mientras espero a la B. A. apoyado en un extremo de la barra, me doy cuenta de que en las películas del Oeste las barras estaban tan desiertas como los parajes desérticos de Arizona, Utah o California. Tan sólo florecían los vasos y la botella tras la petición de los vaqueros que entraban al local. En cambio, en los bares de hoy uno no podría lanzar el vaso de whisky al otro extremo de la barra sin que colisionase con algún objeto o alimento sobre la barra, tal es la concentración de exuberancia nutricional.

En esto divagaba mi mente, cuando apareció la B. A.: pantalones negros, camiseta con algún mensaje en inglés y un anorak fucsia le acompañaban a una sonrisa con un carmín de color desvaído. Al besarnos, percibí un perfume agradable.

—¿Nos sentamos? —le propongo, mientras le agarro por la cintura y nos trasladamos hacia el fondo.

—¿Qué tal estás? —me inquiere nada más sentarnos sin esperar a la camarera.

— Como tú... o peor. Pero pasará, como pasan todas las Navidades. Tú tienes hijos a los que aferrarte. Yo no.

— Los hijos dan preocupaciones también. Las 24 horas del día. ¿Estás tomando algo para la tristeza?

Serotonina de Houellebecq —le suelto sin saber muy bien si la ocurrencia la entiende.

Se acerca una camarera hispana –ahora ya no encuentras un autóctono en la hostelería, cosas de la natalidad, la inmigración y de los zurdos– y nos pregunta por la comanda. Pedimos mejillones al vapor (ricos), ensalada de bacalao, pan y para beber caña tostada, yo, y un botellín de agua, ella. La felicidad final se concretó en una tarta de zanahoria y en que invité yo.

La comida transcurrió sin besos, ni acercamientos de manos, ni miradas magnéticas, ni sonrisas que pudieran atisbar besos con lengua y aterrizaje en un lecho. Como decía el bueno de Houellebecq, "está claro que no se puede hacer nada con la vida de la gente, ni la amistad ni la compasión ni la psicología ni la comprensión de las situaciones tienen la menor utilidad, la gente se fabrica ella misma el mecanismo de su desdicha, le da cuerda y luego el mecanismo sigue girando, ineluctable, con algunos fallos, algunas debilidades cuando la enfermedad interviene, pero sigue girando hasta el final".

 

 


 

Todo esto lo pensé mientras seguía escuchando las desgracias de Brigitte Ardot, sin comas, sin puntos, todo relatado en una misma y única página figurada de DIN A-3, o mayor. A mi Ardot la hubiera querido preguntar si uno era capaz de ser feliz en soledad y más por estas fechas. Pero para qué. B. A. necesitaba más que yo expeler (¿o sería excretar?) toda la tristeza y preocupaciones que atesoraba como mujer, madre y ex esposa.

Tomamos la tarta de zahanoria en un platito único, una misma ración para los dos. Y como siempre ocurre, el último trozo me lo ofrecía para mí. Al venir la camarera con la cuenta, hubo pugna por pagar pero no soy moderno, 50% y esas mandangas. Hubo forcejeo pero la masculinidad se impuso agarrando la cuenta que la devolví arrugada a la camarera. 

—¿Hubo discusión por pagar? —y sonríe mientras la camarera lo pregunta.

—Ha sido una lucha por hacer feliz al otro —se me ocurre contestar tratando de ser "ocurrente".

—Pues les ha salido barata la felicidad —comenta en un alarde de ejercicio de marketing de la Kazuela.

—43,70 euros, sí.

Nos vamos. Veo que ha engordado un poco pero mi Ardot siempre fue muy delgada, extremadamente delgada para mi gusto. Así que ahora la veo más guapa sin que mi piropo la afecte -para bien- en lo más mínimo.

Ha dejado de llover fuera. Paseamos un poco hablando de los problemas de ella. En alguna ocasión, un paréntesis a lo sumo, abordo mi hundimiento. Yo trato de aconsejarla pero "la gente no escucha nunca los consejos que le dan, y cuando los pide es específicamente para no seguirlos en absoluto, lo que quiere es que una voz externa le confirme que se ha metido en una espiral de aniquilación y de muerte". Otra vez surge la Serotonina de Houellebecq.

Me despido de Brigitte Ardot en la parada del bus. Y de vuelta a casa, pienso que me habría gustado decirle que me siento como un pistolero del Oeste, solitario, amargado y cínico. Y sin caballo. Y sin revolver. Que me habría gustado tener familia para combatir la soledad en Navidad. En esos momentos me viene a la mente una película de Boetticher en la que hay un conversación entre un bandido y su cautivo:

—¿Está usted casado? —le pregunta el bandido.

—No.

—No es bueno vivir solo.

— Tal vez —contesta el cautivo.

—No, no es bueno. Se termina hablando de mujeres y de alcohol, y eso es malo incluso para un hombre con tan pocos escrúpulos como yo... ¿De qué vive usted?

—Tengo un rancho —le responde el cautivo.

—Algún día tendré yo uno.

—¿Lo conseguirá matando?

—A veces no es posible elegir.

Y he aquí lo inexorable de la vida, concentrado en un breve diálogo en una del Oeste, como el aceite virgen extra obtenido del prensado en frío. En el Oeste cuando se preguntaban por la felicidad, tenían claro que la misma estaba en forma de mujer y con ella en un rancho.

Del bolsillo saqué una hoja con una lista. Era una lista de las mejores películas, bueno, de las que a mí me habían cautivado el año pasado. Cuando Brigitte Ardot se fue al extranjero durante unos años, lo cual supuso nuestra ruptura, ella me pedía por Navidad la lista de las diez películas que más me habían gustado. Así durante mucho tiempo nos estuvimos carteando hablando de ellas, nuestro tema en común. Sin que ella me lo pidiera, había escrito las de 2024. Y se me había olvidado dársela: era mi regalo de Reyes Magos, porque yo soy de RR. MM. Ni de Olentzero ni de Papá Noel. Ella, en cambio, me había ofrecido unos tarros de mermelada y albaricoque hechos por ella. Era su manera de hacerme feliz en Navidad. Y lo agradecí.


  1. Parthenope.
  2. The Brutalist. 
  3. Anora.
  4.  Cónclave.
  5. Vermiglio.
  6. Memorias de un caracol.
  7. Bob Trevino likes it.
  8. Black Dog.
  9. Por todo lo alto.
  10. Los destellos.






domingo, 1 de diciembre de 2024

Obituario

 Jesús María Echano, un hombre del Renacimiento... y casi un padre


Jesús María Echano en el centro, rodeado de buenos cinéfilos en 2007


Sábado 30 de noviembre de 2024. 

A las 11:35 de la mañana de lo que iba a presentarse como un día de limpieza en el hogar, un breve mensaje por whatsapp me informa de que "ha fallecido Etxano". El mensaje lo recibo en el bar Stop de Astrabudua, sentado en la mesa del fondo, sacando fuerzas para ir a bregar con la bayeta, la lejía y la aspiradora. Ya no hay ganas. Ni lágrimas. Irán por dentro.

Le pido a Cecilia, la dueña del Stop, que me saque un cognac Napoleón III. A Jesús Mari le gustaba beberlo a poquitos, mientras saboreaba una buena conversación. Cecilia me dice que no tiene. Normal, en Astrabudua no existen Echanos. Es algo sociológico, me diría él. Abunda la gente humilde que bastante tiene con tirar del día a día. Los Schopenhauer, Heydeger, Dreyer, Pollock, Arrabal o su querido Godard quedan lejos del radio de conversación, aunque no para Echano.

Y aquí sigo. Son las 17:30 de la tarde. En la misma silla del fondo. Y con la quinta -o vete tú a saber- copa de Calisay. Es el único sustituto que me encuentra Cecilia. Se lo agradezco. Con el líquido ambarino haciendo su efecto, surge el pensamiento de que Jesús Mari me ha acompañado desde la juventud. 

Con dieciocho años, un buen día cogí los bártulos y me marché de casa. Recalé en el cineclub FAS de Bilbao, sito por aquel entonces en el ya extinto Salón San Vicente de los Jardines de Albia. La primera película a la que asistí allá por 1984 fue La noche del cazador de Charles Laughton con fotografía de Stanley Cortez en blanco y negro. Imprudentemente, participé en aquel coloquio. Era como si Iker Muniain saltase al campo de San Mamés ante el Real Madrid. Y, bueno, me enfrenté "intelectualmente" a lo que por entonces me pareció un Mihura: Echano. Salí corneado pero con las dos orejas. El rabo se quedó en el ruedo. Me di cuenta de que tan sólo era un espontáneo con grandes ganas de triunfar en esa plaza del FAS, la Vista Alegre cinematográfica. No estaba preparado. Como dice mi amigo Enrique, "el saber cuesta, pero no sólo dinero sino también, y sobre todo, tiempo". Así se lo decía Echano: para lograr amueblar la cabeza, se necesita mucho esfuerzo y tesón.

Las heridas de aquella sesión cicatrizaron con el tiempo, gracias a la amistad que poco a poco pude granjearme con él. Imponía por su saber pero no se imponía. Recuerdo que le fascinó Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas del tailandés Apichatpong y tuvo que "enfrentarse" en el coloquio al resto de espectadores que abominó de la misma. Días después, me confesaba que tal vez era él el equivocado. 

Su tono entarimado, por haber sido profesor en la universidad -varias carreras atesoraba-, provocaba cierto repelús a aquellos que no lo conocían a fondo. Echano era como el gordo impaciente que se sienta en el único asiento libre del autobús y te echa por ocupar más espacio intelectual que tú. Había que admitirlo y escucharle. 

En el bar Stop, mientras noto el ardor del alcohol en el estómago, rememoro cuando le operaron de la aorta abdominal. Estaría por la sesentena o en la siguiente, ya jubilado. Disfrutando de la vida. Aunque estoy convencido de que Echano ya llevaba décadas disfrutándola, bebiendo y comiéndosela. Era sartriano, socialdemócrata en ocasiones o liberal en otras, pero vitalista, curioso y hambriento de toda lectura. 

No supe de esa operación hasta años más tarde. Algo muy vasco, por eso era un Echano y de segundo Loizaga. Pero lo que son las cosas, gracias Calisay, recuerdo que un día ya en el cineclub del Getxo Antzokia de Algorta, alabó con una desmesura que me sorprendió una película que nadie en el Stop, sospecho, haya visto: La eternidad y un día de un director griego llamado Theo Angelopoulus. 

El argumento me dio pistas sobre su vida, siempre celoso de ella. El protagonista, Alexander, un escritor griego, le quedan pocos días de vida y necesita resolver un dilema: morir como alguien ajeno a los demás o aprender a amarlos y a comprometerse con ellos. Alexander elige la segunda vía, lee las cartas de Anna, su esposa fallecida, y cierra su casa en la playa. Un día lluvioso, encuentra a alguien que le ofrece la oportunidad de cumplir su compromiso: un niño albanés al que ayuda a pasar la frontera mientras le cuenta la historia de un poeta griego que vivió en Italia y que, al regresar a Grecia, compraba las palabras olvidadas para escribir poemas en su lengua natal. Entonces el niño juega a buscar para vendérselas.

Cecilia se acerca y me dice si retira la botella de Calisay. Intuyo que lo que quiere decirme es que ya he bebido bastante por hoy. Pero la necesito. Hoy necesito la bruma del alcohol que me lleva a La eternidad y un día de nuevo. Pues mi amigo tenía aquella semana posterior al coloquio que someterse a una operación a vida o muerte. Salió vida. Aunque su mujer se enteró años más tarde que, durante unos minutos, su corazón dejó de latir. Y lloró, lloró retrospectivamente.

Alexander tuvo la opción de comprometerse por alguien, por un niño. Mi querido Jesús Mari, en cambio, se fue recluyendo poco a poco. Tuvo el ofrecimiento, me confesó un día, de ejercer de Ararteko (Defensor del Pueblo), pero desconfiaba de la política y de los políticos. Creo que por eso rehusó en una época en que la democracia se consolidaba y las balas silbaban por aquí.

La vejez es una señora vestida con guadaña que nos siega las amistades. A menudo me decía "estoy cada vez más solo". Supongo que la compañía de la generación posterior no arropa como la de uno mismo. Cuestión de lenguaje y de vivencias, supongo. No tuvo niños, tal vez sí que los quisiera. Y en ausencia de ellos, el matrimonio decidió viajar hasta que llegó la jubilación. Se fue como Alexander a una zona costera, en su caso del Levante. Pero allí, aunque no hubiera días lluviosos, no encontraba esas palabras olvidadas para escribir sus poemas. Y regresa a Bilbao en busca de ellas... y del cine.

Desgraciadamente, no pudo viajar lo que quisiera debido a una enfermedad renal. Y eso a su esposa, mujer del hogar como era lo habitual en su época, la afectó, pues viajar le daba la vida. Jesús perdió los riñones y tuvo que sufrir durante muchos años -las muñecas hinchadas y deformadas así me lo mostraban- la diálisis para seguir tirando: martes, jueves y sábados. Los señalados para pasar casi todo el día postrado, era la condena por revivir. Ya no pudo viajar, limitado por ella. 

Lleno la copa de Calisay y le pido que me ponga unos hielos a Cecilia. El bar se va llenando de gente, mientras que la oscuridad empieza a penetrar en el local. Los recuerdos revolotean, mientras miro ausente.

Le acompañé en sus últimos veinte años cuando vivía ya en Aiboa (Getxo), retirado ya de su despacho de abogacía en Bilbao. Me llegó a abrir sus puertas e invitarme a su hogar, como si cruzara el Xanadú de Ciudadano Kane. No fue fácil. La amistad hay que trabajarla, como los conocimientos. Luego ya prefería salir (huir) del hogar y bajar al bar Egarri en la Avenida de los Chopos. Allí recuerdo nuestro último coloquio a dos cuando le llevé un cortometraje en mi móvil ganador del premio Korten del FAS. ¡Qué cara ponía de asombro al ver que en un smartphone se podía tener una pantalla de cine pequeña!

Llegó el acontecimiento de la enfermedad de su mujer. Y tuvo que pensar en la residencia y en deshacerse de su querida biblioteca: todo un frontal de su salón. A mí me donó todo lo relativo al cine, salvo dos o tres libros señeros como ¿Qué ese el cine? de André Bazin. Rememoro que me decía que volvía a ver películas, pero que ya no las podía acabar, o que le parecían peores, o que...

Alguna que otra vez le llevamos a la radio Gorliz Irratia, a nuestro programa La Noche Americana. Allí era como un niño con zapatos nuevos o eso pretendíamos. En otras ocasiones, le llamábamos para hacer conexiones telefónicas. Todo porque Jesús no se sintiese jubilado, en la peor acepción del vocablo.

Los últimos años los pasó en la residencia Andra Mari de Algorta. Allí cada vez se me hizo más difícil ir a verle. No es agradable ver el derrumbe de un ser que te ha marcado para bien. "Se come muy bien", me decía. Era ya el último placer que le quedaba a Jesús Mari. En cuanto llegaba la hora de la cena, la visita tenía su final.

La juventud empieza a llenar el bar Stop ya por la noche. Y sigo clavado al fondo del local. La ayudante de Cecilia me ha sacado algo de picar. Tengo un agujero en el estómago pero tan sólo logro llenarlo de recuerdos nostálgicos.

Uno de los momentos más bonitos fue cuando unos amigos le sacamos de su casa -puede que fuera de la residencia- para ir al último coloquio del cineclub de Getxo. En aquellos tiempos, año 2014, le trajimos a Las Arenas para ver La gran belleza de Paolo Sorrentino. Siempre le gustó lo delicatessen. No le defraudó, pues aunque ya tenía la retina rayada de tanto cine visto y analizado, Sorrentino le llevó por vericuetos inesperados.

En aquella ocasión quise hacer algo especial, en la creencia de que Jesús Mari Echano ya no nos volvería a acompañar en aquellos coloquios posteriores a la proyección, como así fue. Grabé el coloquio y lo monté con fragmentos de la película de Sorrentino. Son 75 minutos de duración. Fue mi (su) testamento cinéfilo y sonoro.

Decía Cicerón al elogiar la vejez, que esta se apoya en los cimientos de la juventud. "Ni las canas ni las arrugas pueden adquirir autoridad de repente, sino que es la vida anterior vivida con honestidad la que toma los últimos frutos del prestigio". Y Jesús Mari fue joven de espíritu y tuvo su autoridad ante muchos de nosotros que lo conocimos. 

"¿Me dices cuánto te debo?", le pregunto a la camarera. Salgo con paso vacilante, el ánimo abatido y bañado por esa oscuridad que en tantas sesiones de cineclub hemos vivido. Pero en esta ocasión no hay banda sonora que acompañe a la palabra "fin". Y afuera ni siquiera llueve... tan solo por dentro. 

Q. E. P. D. Jesús Mari.




domingo, 10 de noviembre de 2024

Jurado nº 2 (2024)

  Soy un ohtaku de Clint Eastwood



En muchas ocasiones, ponerme delante de la hoja (ahora es una pantalla pero tan nívea como la cuartilla) se me hace cuesta arriba. No es que no sepa de qué escribir; el bloqueo surge de no saber de qué modo he de escribirlo para que tenga interés para el sagrado lector. Voy a intentarlo.

Esta semana he quedado con Harry Lime, buen amigo de la universidad. Es el único que hice. Bueno, a decir verdad, el único que conservo. Quedamos como si fuéramos dos espías, uno del CNI y otro de la CÍA en el restaurante Ohtaku Ramen de la calle Heros, 14. Sin gabardinas. Supongo que tras haber estado en los dos principales festivales de este país, querría que le pasase información valiosa. Y yo informarme de si Nico Williams seguiría en el Athletic, aunque barruntaba que en el CNI esa información, si la sabían, él no me la iba a dar.

Llegaba tarde. Él había pedido ya y nos dimos un abrazo efusivo vasco. Nos miramos para saber si el paso del tiempo nos había mejorado o no el aspecto. Él me vio inmejorable. Yo callé. También Carmen Maura tenía una aspecto divino en Mujeres al borde de un ataque de nervios y no es que, digamos, lo estuviera pasando fetén, recién embarazada de un doblador (Guillén) que la había abandonado.

—¿Qué películas has visto que merezcan la pena? —me pregunta mientras me indicaba que ya había elegido de la carta un Miso Tantanmen con extra de huevo ecológico de 15,95 €.

La verdad es que esa pregunta, que creí que me lanzaría a bocajarro, no la formuló en toda la comida, mientras la jovencita camarera se acercaba para preguntarme qué es lo que deseaba.

—Quiero una Trufa Tori, también con extra de huevo ecológico —le solicito.

—Eso sube el precio a 16. 50 € si quiere el extra —comenta a modo de aclaración.

—Da igual. Póngame, además, un copa de crianza. ¿No bebes nada? —le pregunto a Harry Lime.

 —No, el plato ya va con mucho caldo.

La camarera se va. Tras una pausa, le comento:

—He visto la última de Clint Eastwood, Jurado nº 2. Está funcionando bien en taquilla. Es una historia sencilla pero que se ve con mucho interés. Puede que la sombra de Doce hombres sin piedad de Sidney Lumet se note. Pero si en esta de lo que se trataba era de dirimir si había una duda razonable para no llevar a la pena de muerte a un acusado de asesinato, en la de Eastwood se añade un dilema.

Vuelve la camarera con los cuencos de comida japonesa y la copa de crianza marca Covila 2,95 €. Lime  me sigue escuchando con interés al tiempo que come con apetito. Echo en falta esos sorbos que tan gozosamente oigo en las películas chinas y japonesas. En Europa, es señal de mala educación. Pero a mí ese sonido me parece gozoso.

—Imagínate que vas a tener un hijo pronto pero te llaman para ser miembro de un jurado. Se juzga un caso en el que un tipo en una noche lluviosa tras una discusión mata a su novia. Se juega la cadena perpetua. Pero te das cuenta, por una sospecha muy poderosa, de que él no ha cometido el asesinato. Sin embargo, si le defiendes alguien de tu familia puede verse implicado y pringar. ¿Qué harías?

—Proteger a mi familia.

—¿A pesar de que el acusado sea inocente?

—Inocente o no inocente, mi familia es lo primero.

Barrunto que Clint Eastwood sonreiría con esa mueca picarona al escuchar la respuesta de mi amigo Lime.

—¿Tiene ya más de noventa tacos, no? —pregunta Lime, mientras remata el cuenco del miso Tantanmen.

—Sí, 94 para ser exactos. Dicen que está en forma, pero a esa edad uno ya no puede más que aspirar a no defraudar... artísticamente hablando. Y, la verdad, con esta peli no defrauda. Billy Wilder llegó a los 95 años pero su última película, Aquí un amigo, la dirigió con 75 años. Después se dedicó a recoger premios y galardones. Los mismos magnates de la industria que le llenaban de honores no le dieron más oportunidades de dirigir nuevas películas.

—Eran otros tiempos.

—Y que Eastwood tiene una productora propia, Malpaso, con la que realizar sus obras que las venderá a la Warner, supongo.

Pedimos los postres. Lime, dos mochis de 5,60 €, y yo helado de chocolate por valor de 2,95 €. 

—Antaño siempre que se estrenaba una obra de Clint Eastwood iba con Molécula. Recuerdo haber visto películas con él como En la línea de fuego, Poder absoluto o Ejecución inminente.

—A mí me llevaste a ver Sin perdón.

—Sí, les llevé a mis aitas y a una novia también. Cuatro veces la vi llevando a las personas que quería.

Se hizo un silencio. Un tiempo ido en el que ir acompañado a ver una de Eastwood era un acontecimiento. ¿Qué será de Molécula?

 

Laura Poitras presentando su documental en el Museo Guggenheim de Bilbao

 

 

—Esta semana se celebra el ZINEBI como ya sabes —le recuerdo. —Fui a ver La belleza y el dolor de Laura Poitras en el Museo Guggenheim. Le han otorgado el Mikeldi de Honor en esta edición.

—¿De qué trata? —me pregunta saboreando la segunda bolita de mochi. 

—Es un documental sobre una reputada fotógrafa llamada Nan Goldin. Estuvo en la contracultura de los 70 y 80 de Nueva York, relacionada con el ambiente gay, el sida y coqueteando con la droga. Me ha gustado mucho por su estructura.

—¿Estructura?

—Sí, vamos, por el montaje. Va alternando su vida descrita con fotografías familiares y hechas luego por ella, fragmentos de cine, vídeos, etc. y la contrapone con una etapa de su vida en la que casi la lleva al cementerio por la toma y dependencia a un medicamento llamado oxycontin.

—¿Eso no es un opiáceo? —pregunta Lime, a la par que alza la mano para pedir la cuenta—. Tengo que volver al CNI —y me guiña un ojo.

—Sí, el oxycontin lo fabricaba la dinastía farmacéutica de los Sackler para el dolor desde 1995. Y se convirtió en un éxito de ventas. El problema...

—Era que creaba dependencia cada vez mayor, ¿no?

—Exacto. Hasta el punto de que más de medio millón de estadounidenses murieron por ello. Esa es la parte que lleva a una emotiva secuencia: Nan Goldin crea una asociación que lleva a los tribunales a la empresa farmacéutica de los Sackler, y les obliga a escuchar ciertos testimonios de lo que ha provocado su medicamento, el oxycontin.

La camarera deja una cajita con la cuenta. La miro y veo un total de 43,95 €. 

—Pago yo —disparo rápido como si fuera Harry Callaham.

Le comento que hay muchas concomitancias entre Nan Goldin y yo. La cámara nos servía para poder relacionarnos con el mundo, ya que la timidez y la fobia social siempre nos ha impedido conectar con el "otro". La fotografía es una manera de poder expresarte, dejar constancia de tu existencia y la de los demás y de la vida a tu alrededor. Cada vez me gustan más los documentales, los buenos, claro, por encima de la ficción. No me extraña que La belleza y el dolor de Laura Poitras ganase en Berlín el Oso de Oro hace dos años. Este año en el Zinemaldia también ganó otro documental: Tardes de soledad de Albert Serra. 

Harry Lime mira el móvil como buscando algo y comenta:

—Es curioso que el título en inglés de la obra de Laura Poitras sea All the Beauty and the Bloodshed —me comenta saliendo del Ohtaku a la calle. —Bloodshed significa matanza, no dolor. Los Sackler en este caso no estaban ante un dilema.

—No, prefirieron seguir vendiendo un fármaco que tenía consecuencias fatales. Tal vez por eso lo tituló matanza. La belleza era lo que Nan Goldin quería captar con su cámara. Era una gran fotógrafa documentalista.

Y así nos despedimos con otro abrazo, efusivo y muy vasco. Lástima que no hiciera una foto del momento. Nan Goldin seguro que lo habría inmortalizado.



lunes, 4 de noviembre de 2024

Zinebi 2024

 Zinebi proyectará 132 películas de 44 países en su 66ª edición


El Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao entregará sendos Mikeldi de Honor a la cineasta estadounidense Laura Poitras y al director de fotografía José Luis Alcaine


Una tipografía un poquito confusa anuncia la 66ª edición del ZINEBI


La 66ª edición del Zinebi, que organiza el Ayuntamiento de Bilbao, empezará el viernes 8 de noviembre  con la gala de inauguración, que se celebrará en el Teatro Arriaga a partir de las 19:30 horas. El Festival de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao finalizará el 15 de noviembre, viernes, día de la clausura y entrega de premios. 

No sé qué rumbo tendrá este certamen tras el traspaso en la dirección. Será Joseba Lopezortega quien esté al mando esta edición. Difícil papeleta levantar un certamen histórico y de categoría A entre este tipo de festivales que ha vivido en estos últimos años con la anterior directora una etapa de franca decadencia.

Este año se han programado 132 películas procedentes de 44 países, de las que 103 son cortometrajes (tienen una duración máxima de 30 minutos), 3 son mediometrajes (entre 30 y 60 minutos) y 26 son largometrajes (más de 60 minutos). 

Mal empezamos sabiendo que hay paridad entre directores y directoras de entre las obras elegidas. ¿Por qué? Porque ese no debe ser el criterio de una selección. Así que lo que mal empieza...

Lo que llama la atención es que de ese centenar de obras, 59 son de producción vasca: 51 cortos, 1 mediometraje y 7 largos. Ojalá la cantidad no esté reñida con la calidad.

Como suele ser habitual, las proyecciones se integran en dos apartados: la Sección Oficial y otras proyecciones. En el primero, están los cortos (60 obras) y los nueve largometrajes de nuevos realizadores, casi todos tendrán en Bilbao su estreno en el España.

En el segundo apartado, destaca la sección Beautiful Docs-Panorama de Documentales del Mundo, muestra no competitiva que refleja lo que sucede en el panorama internacional del documental; la sección Bertokok Begiradak-Miradas desde Euskadi, producción vasca y dirigida a reconocer el trabajo de aquí.


PREMIOS MIKELDI DE HONOR


Como viene ocurriendo desde hace más de veinte ediciones, ZINEBI reconoce la trayectoria profesional y artística de algunos nombres relevantes del cine contemporáneo. En esta 66ª edición, el Festival otorga estos galardones a la cineasta Laura Poitras (Boston, 1964) y al director de fotografía José Luis Alcaine (Tetuán, 1938).


Poitras lo recogerá el 8 de noviembre en la gala inaugural que se celebrará en el Teatro Arriaga. Fundamenta el certamen este galardón en que la directora ha tenido un "compromiso con la justicia social y la defensa de los derechos y libertades ciudadanas". Autora de una trilogía sobre las consecuencias políticas de los atentados del 11 de septiembre de 2001: My Country, My Country (2006), nominado al Óscar como Mejor Documental; The Oath (2010) y Citizenfour (2014), un anónimo que resultaría ser Edward Snowden, le alertaba de programas de vigilancia ilegales dirigidos por la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., germen del documental.


   José Luis Alcaine, por su parte, recogerá el Mikeldi de Honor en la gala de clausura el viernes 17 de noviembre. Alcaine recibe el premio por "la maestría para resaltar los detalles emocionales y psicológicos de los personajes a través de la fotografía". Ha sido galardonado con cinco premios Goya y en 2006 recibió el premio a la mejor dirección de fotografía de la Academia del Cine Europeo por su trabajo en Volver.

Ha trabajado con directores de gran prestigio dentro de la cinematografía nacional: Pedro Almodóvar, Fernando Fernán Gómez, Vicente Aranda o Pedro Olea entre otros. También trabajó con Montxo Armendáriz en Tasio (1984), razón demás, para que se proyecte en el 40 aniversario de la película y recién restaurada por la Filmoteca Vasca en los laboratorios L'Immagine Ritrovata dependientes de la Cineteca de Bolonia, el día de clausura.


PALMARÉS Y OTROS DATOS


ZINEBI dará a conocer el palmarés el 15 de noviembre, con galardones que ascienden a una cuantía de 83.000 €. El Jurado es de campanillas, formado por la directora de cine argentina Anahí Berneri, la productora ejecutiva de El Deseo, Esther García Rodríguez, el dibujante de cómics suizo Claudius Gentinetta, la actriz vasca Olatz Ganboa y el cineasta croata, ganador de la Palma de Oro en Cannes, Nebojsa Slijepcevic.

Por último, este año la sección Beautiful Docs incluye la proyección de Tardes de soledad del cineasta catalán Albert Serra, ganadora de la Concha de Oro del reciente Festival de San Sebastián. Bilbao será de esta manera la segunda ciudad española en la que se proyecte este documental sobre la tauromaquia.


Tasio (1984) se podrá revisionar en Bilbao dentro del marco de ZINEBI 2024


No podemos olvidar tampoco que cuatro décadas después del estreno en salas de La muerte de Mikel (1984)  dirigida por Imanol Uribe, ZINEBI recupera para esta 66ª edición el segundo largometraje de ficción del cineasta vizcaíno. Será en un marco especial: el Guggenheim de Bilbao el jueves día 14.


Más información  detallada:

Zinebi 2024

domingo, 27 de octubre de 2024

Palmarés de la 69ª SEMINCI

 La Espiga de Oro de la Seminci va a parar a una comedia francesa titulada "Misericordia" del director veterano Alain Guiraudie


Además, Guiraudie logra el Premio a Mejor Guion y las Espigas de Plata a Mejor Película, segundo en importancia, han sido ex aequo para la cinta española Polvo serán de Carlos Marques-Marcet y para la de Singapur Stranger Eyes de Yeo Siew Hua. En cuanto, a interpretación, el de Mejor Actor va a los dos intérpretes de la noruega Sex de Dan Johan Haugerud y el de Mejor Actriz para María Laura Weissmahr, protagonista de Salve María, de Mar Coll.



El francés Alain Guiraudie al los brazos al saberse ganador de la Espiga de Oro


Tras años y años de quejarme de que los festivales siempre han ninguneado las pocas Comedias, así con mayúsculas, que programan a la hora de premiarlas, y ahora que la Seminci va y otorga el máximo galardón a una, pues me sabe mal quejarme. Y si lo hago, se debe a que, de entre las 22 obras que participaban en lograr la Espiga, este año había un ramillete de películas que podía habérsela adjudicado sin que uno pusiera el grito en el cielo. Porque digámoslo ya, la 69ª edición ha reunido una nutrida selección de obras notables y otras buenas películas, pero no he hallado la película que me haya enamorado, que le haga a uno decir: me quedo con esta por encima de todas. 

Aquí dejo a modo de inventario las que, en mi opinión, podrían haberse llevado la gloria y haber escrito en moldes de oro su nombre en la Historia de la Seminci: 

  1. Vermiglio de Laura Delpero, su segundo largometraje. Crónica de una familia del norte de Italia en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Evoca con planos en claroscuros y estáticos, una realidad que pretende ser más pictórica que cinematográfica, donde los personajes y los paisajes del pueblo donde transcurre la historia son más relevantes.
  2. La cocina de Alonso Ruizpalacios. El mexicano logra retratar con una puesta en escena muy poderosa y entretenida el microcosmos de una cocina de un restaurante en el corazón de Nueva York.
  3. Black Dog de Guan Hu. Visualmente embriagadora también como Vermiglio aunque en otro registro, pues su formato es el de los Western aunque llevado al desierto de Gobi con un protagonista que, como el Hombre sin nombre de los filmes de Leone, apenas habla.
  4. Bob Trevino Likes It. Primer largometraje de su directora, Tracy Laymon. Logró emocionar al público del Teatro Calderón (doy fe por los snip-snips oídos) con una historia de una veinteañera que busca un verdadero padre cuando el que tiene no da la talla por su narcisismo. Sus diálogos soberbios y, sobre todo, la química entre Barbie Ferreira y John Wick traspasa la pantalla de cine. Se nota que partía de una experiencia propia de Laymon.
  5.  The Brutalist. Haberla programado para concursar fue un error, pues conociendo cómo se las gastan los jurados, estaba seguro de que no le iban a dar ni las gracias, y menos algún premio. La obra de Brady Corbet estará en las nominaciones a los Oscar, sí o sí. La vida del arquitecto húngaro y judío László Toth en Estados Unidos, tras huir de la persecución nazi, no se verá recompensada como se merece, pues un extranjero en la tierra de la libertad y las oportunidades será siempre un extranjero, con lo que implica esto en cuanto a integración social. La BSO acompaña soberbiamente esta tristísima historia.
  6. Tres kilómetros al fin del mundo del rumano Emanuel Pârvu, si me apuran, también podría haberse llevado el premio gordo. Enmarcada en esa Nueva Ola del cine rumano surgida en 2004, Pârvu narra una historia que se ve con mucho interés sobre la no aceptación de la homosexualidad en la sociedad rumana. Lo mejor es que no hay maniqueísmos ni subrayados de tesis, peligro más que evidente.


La directora de Vermiglio, Maura Delpero, posa para nosotros


El cine español ha estado representado por un buen puñado de obras, con mayor o menor valía. Sin embargo, ninguna de las obras de la sección oficial, salvo Polvo serán -que no pude verla-, han concitado mucho entusiasmo entre la crítica. Unas porque se movían en un terreno artístico más dirigido al gran público (Fin de fiesta, Verano en diciembre); otras por ser obras minoritarias (caso de En la alcoba del sultán) y, por último, las que están un terreno intermedio como puedan ser Salve María o Rita, con una orientación a un público que guste de ciertas temáticas actuales (la maternidad no aceptada o el maltrato doméstico).

Reseñar también la importancia de la restauración y el hecho de poder ver el cine en pantalla grande. Dentro de esta sección denominada Memoria y Utopía pude disfrutar de La mujer sin rostro (1947) del realizador sueco Gustaf Molander con un guion de un joven Ingmar Bergman, en la que ya se apuntaban varios de los temas que abordaría en sus posteriores realizaciones ya como director. Mucho cine de ahora queda a la altura de betún si comparamos cómo se iluminaban las escenas antes y cómo se hacen (si es que se hace) hoy en día.

No quiero dejarme en el tintero el mencionar uno de los eventos ya tradicionales en el marco de las actividades de la Seminci como fue la proyección en el Centro Cultural Miguel Delibes de la película muda La muchacha de Londres (Blackmail, 1929) de Alfred Hitchcock. Mi satisfacción por haber podido llevar a dos niñas de nueve y doce años a una experiencia única: la proyección de una obra en blanco y negro con la interpretación musical en directo bajo la batuta del director estadounidense Timothy Brock al frente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. La BSO de la película se realizó en 2008 gracias al compositor británico Neil Brand, cuya orquestación se encargó el propio Brock. La muchacha de Londres es la última película muda de Hitchcock y la primera sonora que realizó el maestro del suspense, pues rodó dos versiones del filme en 1929, en pleno proceso de transformación de la industria cinematográfica por la irrupción del sonoro. 


Un emocionado Alfred Hitchcock al ver que sigue triunfando entre la juventud con su obra La muchacha de Londres


Espiga de Oro y Guion


El Jurado presidido por la directora ateniense Sofia Exarchou decidió que Misericordia de Alain Guiraudie fuese elevada al altar. Esta comedia con aroma a thriller rural y a modo de cuentito nos relata la llegada de Jérémie (Félix Kysyl) a su pueblo para asistir al funeral del panadero para el que trabajó en el pasado. Jérémie se instala en la casa de la viuda lo que da pie a los recelos del hijo del fallecido y la hostilidad hacia aquel. Conforman el grupo de personajes, un antiguo amigo de la juventud, un cura rural y una pareja de gendarmes que provocan ciertas situaciones cómicas.

El deseo es el tema principal, motor que mueve a los personajes a cometer los actos y conflictos que surgen en la película. Lo que sucede es que aun siendo comedia, este deseo de índole sexual parece arbitrario, deus ex machina en todo momento. Jèrémie es un pan sin sal, que desea y es deseado por el resto de los personajes. Todas las sorpresas del guion están concebidas en mi opinión para lograr la irreverencia gratuita -véase al cura empalmado- o la comicidad de modo un poco forzada -el policía que comete allanamiento de domicilio en busca de pruebas-. 


En primer plano, José Luis Cienfuegos director de Seminci, que acompaña al director de Misericordia, ganadora de este año


Misericordia bebe del cine de Claude Chabrol  con tintes negros y cierta ambivalencia moral -memorable la escena de confesión, donde se invierten los papeles y es el cura el que se confiesa a Jérémie- y con una cierta rememoranza a una obra hitchcockiana como es Pero, ¿quién mató a Harry? en lo argumental y en el tono. "Su ligereza oculta un complejo equilibrio de géneros y tonos, bajo cuya apariencia de thriller-comedia provinciana se esconde una profunda meditación sobre cómo el deseo y la culpa nos hacen predecibles e incomprensibles los unos para los otros", reza el comunicado del Jurado.

Por si no fuera poco, Alain Guiraudie recibió el premio Miguel Delibes al mejor guion. En la rueda de prensa, el director comentaba que adaptó una parte de la novela Rabalaïre, publicada por el propio Guiraudie en 2021. "Su estructura intrincada (!), transiciones de ritmo perfecto (!!), giros e ingenio (poco) que, sin embargo, deja mucho espacio para la fluidez, la gracia y la reflexión" es la justificación  a este premio. Tan sólo memorable es la escena en que el protagonista, viéndose acorralado por la policía, se acerca a un acantilado. Allí aparecerá el cura rural que hace una reflexión muy interesante y justifica el título de la película. Poquito más, créanme.


Espiga de Plata


Raro es una edición en la que no se repartan premios ex aequo. Da la impresión de que o bien ha habido desavenencias entre los miembros del jurado, o bien hay que repartir cuota de "pesca" para que todos estén contentos. Es el caso de la Plata que fue a dos películas muy distintas: Stranger Eyes del singapurense -nunca pensé que tuviera que usar este gentilicio- Yeo Siew Hua y Polvo serán de Carlos Marques-Marcet



Stranger Eyes se llevó la Espiga de Plata, ex aequo


Stranger Eyes es un thriller muy visual. Lástima que lo viésemos en el Teatro Cervantes, una sede que no está a la altura de la Seminci. Narra la desaparición de una niña de dos años de un joven matrimonio en Singapur. La trama en la primera de las dos partes se ve con bastante interés, pues las pesquisas obvian el trabajo policial y se centran en la familia y en la búsqueda que ellos hacen por su cuenta. Además, unas cintas de vídeo que reciben incrementan el misterio, pues son conscientes de que alguien les está grabando en su día a día. La segunda parte presenta un giro inesperado, con una visión desde otro punto de vista, pero que a mí me resultó menos redonda por un guion menos logrado. No deja de tener interés, pues habla de algo muy común hoy en día: la hipervigilancia en la sociedad con las cámaras de seguridad y las personales. Como atinadamente comenta un policía, hoy en día para atrapar al delincuente tan sólo hay que observar.



El director (izq.) Carlos Marques-Marcet junto a los actores Ángela Molina y Alfredo Castro 


De Polvo serán no puedo opinar. El día en que saqué la entrada me confundí de hora y no pude verla. Sé que entre los críticos de cine, gustó bastante. El filme de Carlos Marques-Marcet tuvo el honor de inaugurar el festival. Polvo serán está interpretada por Ángela Molina y Alfredo Castro y "aborda con sensibilidad e incluso alegría el confrontamiento entre la mortalidad y la vida de una familia, gracias a las extraordinarias interpretaciones de auténticas leyendas del cine", indica el Jurado. 

Si ya tuve bastante en el Zinemaldia con el tema de la muerte y sus aledaños, la de Marques-Marcet también lo toca: una mujer diagnosticada con una enfermedad terminal decide ir a Suiza para poner fin a su vida. Lo original de esta realización es que se construye con números musicales coreografiados por La Veronal y por una banda sonora compuesta por María Arnal.


Mejor director


 De China nos vino la única película a concurso: Black Dog. Guan Hu, su realizador, se lleva con todo el merecimiento este premio. Fue una de las sorpresas agradables del certamen, si no la mayor. Venía de ser ganadora de la sección Un Certain Regard (Una cierta mirada) del Festival de Cannes. 


Póster de Black Dog, que se llevó dos merecidísimos premios, dirección y fotografía


La historia nos narra la vuelta a su pueblo de un exconvicto que ha pasado encerrado unos años por un homicidio involuntario. La acción transcurre los días previos a los Juegos Olímpicos de Pekín, allí se encontrará con un pueblo que ya no tiene nada que ver con lo que él vivió, donde entre otras cosas, hay una manada de perros que son causa de muchos problemas para los habitantes. El protagonista habla poco, lo cual es un acierto para esta obra que tiene una potencia visual y un guion impredecible. La dificultad, que está muy bien salvada, es la aglomeración de elementos narrativos, líneas argumentales con ciertas notas de humor, que al final logra casar en un equilibrio que roza la perfección. Dicen que tiene influencias -incluido un cameo- del maestro Jia Zhangke. Pues he de decir que en esta ocasión, el discípulo ha superado al maestro, cuya obra Caught by the Tides -programada en la sección Punto de Encuentro- me resultó tan enervante y aburrida que tuve que marcharme del cine tras media hora de proyección. Un director a tener muy en cuenta en el futuro.


Mejores interpretaciones


Indica la nota de prensa de la Seminci que los actores que han convencido al Jurado comparten, en lo que se refiere a los personajes que interpretan, el cuestionamiento de los roles tradicionales masculinos y femeninos. Yo creía que un actor solía recibir un galardón por una interpretación convincente, emocionante, verosímil, que hiciera reír o llorar, indignar o empatizar, atemorizar o que nos hiciera ver lo ridículo de tal o cual rol. Ahora todo parece apuntar a que lo que se valora es lo ideológico, si está en la misma cuerda de uno, claro.


La sonriente Laura Weissmahr (izq.), actriz ganadora junto a la directora Mar Coll por Salve María


Laura Weissmahr es una actriz de escasa filmografía hasta ahora pero que con una "feroz autenticidad encarnando las múltiples contradicciones de una de las figuras más complejas de la sociedad -una madre reticente y problemática" logra ser la favorita del Jurado. Con su premio en Salve María ya está instalada en el mapa actoral. Reconozco que su labor interpretativa en la obra dirigida por la barcelonesa Mar Coll tiene su mérito. Sin embargo, ni el tema ni la forma en que aborda Coll la experiencia de la maternidad como algo dramático y con tintes de thriller me hace que valore en su justa medida la interpretación de Weissmahr. Gustó a muchas espectadoras, tal vez porque la hayan visto con empatía. No es mi caso, que tuve ganas de asesinarla y a su empanado marido, un pan sin sal encarnado por el actor Oriol Pla. Trata la historia de María Aguirre, una escritora que acaba de tener su primer hijo. Un día ve en televisión la noticia de un infanticidio, lo cual le estimula para investigar las causas de este fenómeno, y así convertirlo en su próxima novela. Pero su recién nacido hijo parece entorpecer lo que a ella más le gusta: escribir.

Mar Coll adapta una novela titulada Las madres no de Katixa Agirre con una envoltura de thriller en lugar de puro drama. No creo que esté acertado. El público decidirá viéndola o no.


Jan Gunnar Roise Thorbjorn Harr lograron el premio a Mejor Actor por Sex


El premio al Mejor Actor lo comparten los dos protagonistas de la película del noruego Dan  Johan Haugerud, Sex: Jan Gunnar Roise y Thorbjorn Harr. Tras pasar unas 23 películas por mis retinas, Sex me sobrevino en mal momento, pues es una realización verborreica sin igual. Me pasé más tiempo leyendo los subtítulos que valorando a estos dos actores que interpretan a dos deshollinadores heterosexuales que empiezan a replantearse sus certezas en torno a la sexualidad. Sex arranca en un descanso de trabajo con sendas confesiones: uno le cuenta que ha tenido un encuentro sexual fortuito con un cliente; el otro le narra un sueño en el que es visto como mujer por David Bowie (!). A partir de ahí, la historia irá alternado secuencias de la vida familiar de ambos: uno porque le confesará su relación sexual esporádica a su mujer, lo que da pie a una crisis matrimonial; y el otro, la parte más cómica, alternará conversaciones impagables con su hijo adolescente y su esposa, cristianos. El filme por momentos parece un ensayo sobre la sexualidad y el rol masculino. Cada secuencia es aireada con planos exteriores de la ciudad donde desarrollan su trabajo los deshollinadores. Si lo edita, tal vez tenga mayores ventas editoriales que con la realización cinematográfica.


 Mejor Fotografía y Montaje


Que la fotografía recaiga en Weizhe Gao por la película Black Dog de Guan Hu es de recibo. Si hubiera recaído en la italiana Vermiglio no habría sido un desvarío. Posiblemente las dos obras cinematográficas más cuidadas en lo expresivo de la luz. No olvidemos que la escritura fílmica se hace con la iluminación, aspecto expresivo que muchos realizadores olvidan, sobre las películas francesas y españolas que hemos visto en sección oficial. El uso maravilloso del paisaje, la luz y el encuadre (formato panorámico o widescream) logra elevar la historia de Black Dog a niveles de epopeya sin hurtar los momentos más emotivos del drama del personaje.


La fotografía de Black Dog mereció su recompensa en la Seminci 2024


El premio José Salcedo al Mejor Montaje ha recaído en una película que me aburrió soberanamente: Grand Tour de Miguel Gomes. Elevado a los altares de la modernez, Gomes articula un argumento mínimo para enjaretarnos durante más de dos horas la huida y búsqueda entre los miembros de una pareja de prometidos que llevan siete años sin verse. La historia arranca a principios del XX. Nos hallamos en Rangún (Birmania) en 1917. Edward es un funcionario del Imperio Británico, el cual huye de su prometida Molly justamente cuando ella arriba a la ciudad. El director portugués nos mete voces en off a lo largo de los viajes por varias ciudades asiáticas que hace Edward, intercalando imágenes del pasado y del presente. Ya cuando el espectador está más que desorientado, vuelve al inicio para contarnos el mismo periplo pero desde el punto de vista de la prometida. En esta ocasión el relato se hace más melodramático y con menos ínfulas artísticas. 


Premio del Público y otros


Sin duda alguna, y en los muchos años que llevo cubriendo festivales, rara vez el Premio del Público se otorga a una mala película. En este caso el voto del público se ha decantado por el cine independiente norteamericano al elegir a Bob Trevino Likes It de Tracie Laymon, una notable obra que entremezcla con acierto el drama y la comedia con dosis suficientes de ternura. Con la directora tuve la suerte de poder toparme en la Plaza dorada de Valladolid y poder hacerme una fotografía junto con mis compañeros de la crítica. Me hizo gracia que Laymon nos pidiese que la votásemos para este premio, cosa que no fue necesaria como se pudo comprobar. Los diálogos de esta obra parecen literatura del Siglo de Oro comparados con la ganadora francesa a Mejor Guion.


En el centro, la directora novel Tracie Laymon junto a afilados críticos de cine. Premio del Público


Poquito premio me parece el que se llevó Emanuel Pârvu con su Tres kilómetros al fin del mundo, que recibió la Espiga Arcoiris, reservada a obras de temática LGTBIQ+. De juzgado de guardia, la Espiga Verde a Jia Zhang-ke con Caught by the Tides, de la que como he mencionado fue la única que no pude acabar de verla entera.


Espiga Arcoíris al director rumano Emanuel Pârvu


THE END










ÚLTIMO ARTÍCULO PUBLICADO:

Los Soprano

 Charles Foster Kane  homenajeado en Los Soprano      N o me gusta ver series —sobre todo si se tiran varias temporadas —,  ni suelo verlas....

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS