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domingo, 1 de septiembre de 2024

«Rosebud»

Acuérdense de esta fecha: 1 de mayo de 1941

Fecha en la se estrenó en Nueva York una de las obras cumbre de la Historia del Cine: «Ciudadano Kane»  




El día 10 de agosto de cada año se celebra en Astrabudua la fiesta en honor a San Lorenzo de Roma. De hecho, la Parroquia, sita en la calle Consulado de Bilbao, toma su nombre de dicho Santo. Es bien conocido que Lorenzo fue quemado vivo en una hoguera, mejor dicho, en una parrilla. Lo es menos que fue encargado de administrar los bienes de la Iglesia y el cuidado de los pobres. Por esta labor se le considera uno de los primeros archivistas y tesoreros de la Iglesia, así como el patrón de los bibliotecarios.

Curiosamente no sería hasta 1992 que Astrabudua  dispusiera de centro cultural y, dentro de él, una biblioteca. Eran tiempos del alcalde Gotzon Fano, del PNV. El sábado 30 de octubre de ese año, el Alcalde inauguró la nueva plaza Josu Murueta con su Casa de Cultura, pero no todo fue alegría. «El acto congregó a más de mil personas, entre profesionales autónomos, que se quejaban del fuerte aumento del impuesto de actividades económicas, y residentes disconformes con la celebración. La protesta derivó en un enfrentamiento entre los manifestantes y policías locales, que emplearon sus porras». Así lo describía un periodista testigo de aquel día en El Correo.

Tanto tiempo esperando que la Cultura entrase en mi barrio y, cuando lo hace, es con el uso de las porras.

Pero volvamos a lo que me interesa. Anualmente, el 10 de agosto la cuadrilla suele reunirse para comer, beber y lo que se tercie. Este año no he ido; mejor dicho, no me han invitado. Eso por decirlo suavemente. ¿Y cuál ha sido el motivo? Veamos cómo lo explico.

 El día de autos me acerqué al bar Stop por la noche. Había mucho jolgorio, pero no me encontraba de humor. Fui porque mi amigo Rafael había insistido en vernos. Allí estaba él, atornillado a la barra mientras veía bailar y cantar a la juventud y a gente más talludita sentada, bebiendo y charlando animosamente. 

  —¿Cómo estás, tío? Pensé que no ibas a venir —me pregunta al verme cara de circunstancias.

 —Estoy muy decepcionado con todo esto de la comida. Noté desde el mes pasado que algo se fraguaba en mi contra porque el WhatsApp de la cuadrilla dejó de haber flujo de mensajes. Como ya te conté el día del paseo, alguien preguntó por la comida de San Lorenzo. Y Gusa contestó que ya mandaría mensaje. Pero no hubo respuesta. Y me temí algo: un complot para rehuirme.

 —¿Cuál fue el motivo? —inquiere, mientras que pide para mí una cerveza tostada a Cecilia, la dueña del local.

—Un artículo donde no salía bien parado el Rubius en la descripción que hacía de él. —Y le muestro el texto fruto de la polémica:

Enlace del artículo

—Lo que no veo bien es que te hayan excluido de la comida. Me parece una cobardía.

—Me llamó Eugenio para "avisarme" de que podría disgustarle al Rubius el texto. 

—¿Y qué le dijiste? —quiso saber Rafael al tiempo que apuraba su gin-tonic y pedía otro.

—Que el Rubius era un personaje. Y que no iba a cambiar nada, pues no hablaba de nadie real de la cuadrilla. Que me había inspirado en la realidad para ficcionar mi artículo.

Cecilia coloca otra copa de balón mientras con su mirada me saluda. Echa cubitos de hielo industriales y grandes, siempre cinco, ni uno más ni uno menos.  Luego coge la botella de ginebra Tanqueray y eleva la mano a cierta altura, consigue que permita oxigenarse y liberar sus aromas mientras rueda por los hielos.

 —¿Y? —continuó inquiriendo Rafael, contemplando el proceso de elaboración de su gin-tonic.

 —Que yo mismo. Una especie de "atente a las consecuencias".

—Eugenio, siempre el Salvador del mundo y de las causas perdidas.

Cecilia había aprendido la receta en un recorte del ABC que le trajo hace tiempo un parroquiano. En el Stop lo habitual era El Correo, Deia y Gara. Ahora tocaba echar la tónica: inclina la copa de balón y vierte la tónica para que las burbujas no se pierdan.

—Hemos llegado al diez de agosto y nadie me ha avisado. Y en el grupo del WhatsApp un silencio atronador.

— ¡Vaya amigos que tienes!

—Sí, parece que nadie me ha echado de menos esta mañana. 

—Más bien de más —y se carcajea.

—¿Recuerdas Ciudadano Kane?

—¿La película de Orson Welles?

—Sí.

—Vagamente, la vería hace mogollón de años.

—Narra la historia de Charles Foster Kane, un multimillonario fallecido en su mansión de Florida llamada Xanadú. Magnate del periodismo, propietario de periódicos, revistas y de una emisora de radio. Se casó y divorció dos veces y aspiró a la presidencia de la nación, pero falló por causa de un escándalo.

—¿Qué me quieres decir con Kane?

—Pues que Kane no existió. Fue un personaje de ficción. 

—Como el Rubius.

—Como el Rubius. Pero...

Cecilia me mira como esperando a ver cómo concluye la historia. Coge del cubilete una rodaja de limón y la coloca dentro del vaso. Si el Stop no estuviera repleto de clientes, con la piel del mismo habría aromatizado el borde de la copa antes de servir el alcohol. Pero tiene prisa y no lo hace. Y curiosidad.

 —Pero detrás del personaje Kane había una persona real: William Randoph Hearst.

 —¿Quién era?

—Hearts era un plutócrata...

—¿Un qué? —interviene Cecilia acercándole el gin-tonic a Rafael.

—Un tío rico que ejercía su influencia en el Gobierno americano, ya que disponía de una cadena de periódicos. Y claro, cuando supo del estreno de Ciudadano Kane, movió hilos contra ella.

Rafael da un trago a la copa y, tras saborear la mezcla de Tanqueray y Schweppes, pregunta:

—Pero ¿por qué se mosqueó Hearts? ¿Qué había en la película para molestarle?

—El 3 de enero de 1941 un grupo selecto de amigos vio la copia terminada de Ciudadano Kane, que la R.K.O. pensaba estrenar en febrero. Hasta entonces no se había hablado de la relación de la película con Hearst. Welles comete el error de invitar a la proyección a Hedda Hopper, venenosa chismosa de Hollywood pero se olvidó de una peor, Louella Parsons, que era corresponsal de la cadena de Hearst. 

—¿Te preparo otro gin-tonic mientras terminas la historia? —pregunta Cecila. Asiento con la cabeza y prosigo:

—Louella vio la película unos días después y salió como una furia antes de concluir la proyección. Hearts amenazó a la R.K.O., la productora, con un pleito si la película se estrenaba.

 —¿Y qué hizo Welles, el director? —interroga Rafael.

—Suprime de la película 3 minutos de referencias potencialmente ofensivas y se prepara un estreno de gran gala.

—Ya. Sigo sin entender qué había en la película para esta ofensiva de ese magnate llamado Hearst. ¿Por qué arremetió contra una película que tan sólo se  inspiraba en él para crear un personaje de ficción?

—En el arranque del filme, Kane pronuncia en su expiración una palabra: «Rosebud».

Cecilia se me queda mirando antes de verter la tónica para mi gin-tonic. Rafael me mira sin entender qué acabo de pronunciar.

—Antes de morir, el director de la película Welles reveló a su biógrafa que el presunto secreto de «Rosebud» no sería otra cosa que el apelativo cariñoso con que Hearst designaba las partes íntimas de su amante, la actriz Marion Davies.

—Ya, como llamar domingas a las tetas de una —precisó Cecilia.

Rafael se rio a carcajadas mientras que yo tan sólo lograba esbozar un rictus. Cecilia agarró un periódico para espantar una mosca que revoloteaba alrededor de la copa mía con la mala suerte de que la golpeó y se fue al suelo. De su boca salió un grito, mientras dejaba caer el Gara en la barra, periódico con el que había intentado espantar la mosca. Yo proseguía mi argumentación, mientras ella se afanaba en limpiar los restos de cristal.

—El otro día vi Carta a tres esposas de Joseph Leo Mankiewicz. ¿Sabes cómo arranca?

—¿Cómo? —pregunta mi amigo.

—Una voz en off comenta: «Para empezar todos los incidentes y personajes de esta historia son ficticios. Y cualquier semejanza con usted y conmigo será una simple coincidencia. El nombre de la ciudad no es un dato importante. Es una de las muchas que se encuentran a 28 minutos de la capital del Estado».

Rafael se me queda mirando como no entendiendo la argumentación.

—Pues que toda ficción es una arquitectura levantada por la fantasía y la artesanía sobre ciertos hechos, personas, circunstancias, que marcan la memoria de un escritor, o de un bloguero en mi caso. A veces en ese mundo es difícil reconocer material autobiográfico y en otras ocasiones es más claro el nexo de toda ficción con su anverso y antípoda: la realidad real. 

—Ya, el Rubius es ficción pero tiene algo de nuestro amigo de la cuadrilla. Como Kane era ficción pero tenía aspectos de Hearst, aunque en ambos no salieran bien parados.

Le sonrío y levanto la copa que Cecilia me ha preparado rápidamente. Observo que la mosca vuela hacia la luz del exterior. Sale con vida del intento de garrotazo con el Gara que quiso propinarle Cecilia. Fuera del bar Stop, se alcanza a escuchar a Kamikaze, que toca música tributo al grupo Amaral.

 —Pudiera entender el mosqueo de la peña, pero que te hayan hecho el vacío y ni Dios te haya dicho nada para la comida de San Lorenzo me parece una cobardía. Si me topo con alguno de ellos, me van a oír. Vamos a ver si los encontramos.

Y salimos del bar Stop. Tal vez, por fin, la realidad y la ficción se topen y se confronten. Espero que no haya sangre. Suelo de común ser pacífico y la cuadrilla también. Y no sé por qué me acuerdo de que hoy es 10 de agosto, día de San Lorenzo, que acabó en la parrilla. ¿Como yo con la cuadrilla?


 

domingo, 25 de agosto de 2024

Perlas en Zinemaldia 2024

 Diez obras de Cannes, dos de Venecia y una de Berlín, Annecy, Toronto y Cinema di Roma forman las 16 Perlas del Zinemaldia 2024


Paolo Sorrentino, Jacques Audiard, Francis Ford Coppola, Paul Schrader, Hong Sangsoo o Sean Baker, entre otros, competirán en la sección Perlak del Festival de San Sebastián 


Audiard, Arnold, Baker y Coppola aspiran al Premio del Público en el Zinemaldia.


De entre todas las secciones que componen el macroevento cinematográfico de San Sebastián, el de Perlak de otros festivales es el que con más interés se espera. Ni la Oficial, ni Horizontes Latinos, ni New Directors, ni el resto de secciones pueden provocar lo que Perlak concita: expectación e ilusión por ver buen cine. Son películas que han pasado o van a pasar antes que la cita donostiarra por otros festivales y que sesudos asesores marcan con una K, de "kalitatea" para el Zinemaldia. Este año me sorprende, ya veremos si grata o desagradablemente, la concentración de obras provenientes de Cannes: diez películas entre las que está, como no podía ser de otro modo, la ganadora de la Palma de Oro, Anora, y una amplia representación del palmarés. Y aún así se han quedado en el tintero directores de la talla de Leos Carax, David Cronenberg o Yorgos Lanthimos.

13 películas de las 16 que integran la sección podrán aspirar al Premio del Público, que es otorgado por el público asistente al primer pase de la película. Son dos galardones metálicos: el premio a la mejor película, dotado de 50.000 euros, y el premio a la mejor película europea, de 20.000 euros, destinados a las distribuidoras de las películas en España.


Los diez filmes provenientes de Cannes


El director Sean Baker fue elevado a los altares de Cannes tras presentar en 2017 en la Quincena de Cineastas (antes de Realizadores) una peliculita titulada The Florida Project, donde toda la crítica se puso de acuerdo en ensalzar los valores cinematográficos de la historia de una niña pobre donde pasa sus veranos en un motel cerca de Disneyworld. A mí lo que me inspiró fue coger un hacha y acabar con ella y su odiosa familia y demás adultos.

Baker ha logrado con Anora la consagración con la Palma de Oro en Cannes. Plantea la peripecia de una joven trabajadora sexual de Brooklyn -tema el del sexo muy querido, ya tocado en Tangerine (2015) y Starlet (2012)- que se casa con un oligarca ruso. Cuando la noticia de la boda llega a Rusia, su cuentito de felicidad corre peligro pues los padres se desplazan a Nueva York con la intención de anular el matrimonio.

Donde habrá ostias (enfados con el sistema operativo hoy en día) será para coger entradas para ver la película de octogenario Francis Ford Coppola. Su ¿última? obra lleva por título el pomposo título de Megalópolis. No he leído ninguna crítica buena, salvo los que van a contracorriente que no se juegan su puesto de trabajo, sobre esta épica fábula romana (?) ambientada en una imaginaria América. Está protagonizada por el soseras Adam Driver. A modo de anécdota diré que cuando era un don nadie, Coppola se llevó la Concha de Oro en 1969 por Llueve sobre mi corazón


Expectación por ver Emilia Pérez,

Jacques Audiard es uno de los directores franceses más interesantes de las últimas décadas. Le descubrí en la Seminci con De óxido y hueso (2012) con Marion Cotillard haciendo de una Tristana francesa, entrenadora de delfines hasta que pierde una pierna, pero ya tenía películas aclamadas como Un profeta (2009) y De latir, mi corazón se ha parado (2005). Por San Sebastián se pasó hace unos años para presentar uno de los mejores western de estos años: Los hermanos Sisters (2018), producción francesa con actores norteamericanos como Joaquin Phoenix o John C. Reilly.



Este año ha logrado el Premio del Jurado con Emilia Pérez y será la que inaugure Perlak. Aquí habrá apuñalamientos por verla (el pecé de muchos será estampado contra la pared si se enlentece al reservar entradas). Se da la curiosidad de que el elenco femenino integrado por Zoe Saldaña, Karla Sofía Gascón, Selena Gómez y Adriana Paz ganó de modo colectivo el Premio a la Mejor Actriz por esta película. Rita es una abogada de un gran bufete que está más interesado en sacar a los criminales del atolladero que en llevarlos ante la justicia. Se siente infravalorada pero un día se le presenta una oportunidad cuando Manitas, líder de un cártel, la contrata para que le ayude a retirarse de sus negocios y hacer realidad un plan que lleva años preparando en secreto: convertirse en la mujer que siempre ha soñado ser.





He de confesar que el director napolitano Paolo Sorrentino es mi Dios, como otro dios lo fue el napolitano adoptivo, Diego Maradona. No en vano el italiano le dedicó un recuerdo de juventud en Fue la mano de Dios (2021) y tengo una escena grabada en mi retina con Maradona, bueno un sosías, haciendo malabarismos con la pelota en La juventud (2015).  De la primera guardo un desagradable recuerdo. Me la perdí en la cartelera de Bilbao, así que semanas después vi que la proyectaban un lunes en una localidad lejana: Balmaseda. Decidido a verla en sala cogí el automóvil y tras media hora de viaje comprobé que se había proyectado el fin de semana. Un error de cartelera de El Correo indicaba un día incorrecto. Lo único que me consoló fue ver a una maradonita pegando al balón contra la cristalera del Aula de Cultura donde estaba el cine de Balmaseda. Sus padres al lado, la Educación ausente.

He decido comprarme un pecé nuevo para poder reservar entrada para el día en que proyecten para los acreditados Parthenope, su última obra. La sinopsis me da mala espina, pero el hombre que ha rodado La gran belleza (2013) no me puede defraudar. Narra el largo viaje de la vida de Parthenope, desde su nacimiento en 1950 hasta hoy, epopeya femenina rebosante de una pasión inexorable por la libertad, Nápoles y los rostros del amor. Éxtasis o cólico nefrítico.

La directora Coralie Fargeat (París, 1976), que debutó con Revenge (2017) y con la que obtuvo el Premio a la Mejor Dirección en Sitges, presentará La sustancia por la que le otorgaron el Premio al Mejor Guion en Cannes. La protagonizan Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid. La segunda obra de la francesa trata sobre un producto revolucionario basado en la división celular que crea un alter ego más joven, bello y perfecto. Si es la mitad de buena (aun no siendo comedia) que El profesor chiflado (1963) de Jerry Lewis daré por bien invertido las dos horas y veinte que dura.


Fotograma de Parthenope de Paolo Sorrentino, presente en la sección Perlak



Otra muestra de la producción francesa, algo habitual en esta como en la Sección Oficial, es la presencia de la Comedia, así con mayúscula, por ser algo bastante infrecuente. Por todo lo alto de Emmanuel Courcol (París, 1958) presenta la historia de un director de orquesta de renombre que descubre la existencia de un hermano, el cual comparte su pasión por la música. Es su tercer largometraje. Si la senda transita por la misma de su segundo largo, El triunfo (2020), donde un actor dirige un taller de teatro en una penitenciaría, será de esas películas que se  olvidan tan pronto como sales del cine con carita risueña.

Del resto de Cannes, tenemos al director y guionista Paul Schrader con Oh Canada, protagonizada por Richard Gere y Uma Thurman. Puede ser la película con la que salgas del Teatro Principal con ganas de suicidarte o irte al restaurante más caro a celebrar tu buena salud y fundir tu patrimonio antes de enfermar. Leo en la sinopsis que un exiliado en Canadá, Leonard Fife, concede una última entrevista cuando está al borde de la muerte, una confesión filmada delante de su mujer. ¿Entienden lo que les digo? 

De la India, la directora Payal Kapadia nos trae Lo que imaginamos como luz, obra en la que seguimos los pasos de una enfermera que se refugia en el trabajo para suprimir recuerdos dolorosos. Y otra directora, la inglesa Andrea Arnold, mostrará Bird, que narra la historia de una adolescente de  años que vive con su padre y hermano en una casa ocupada en el norte de Kent. Es parte de la cuota de cine social. La cuota política la aporta el cineasta iraní Mohammad Rasoulof con su The Seed of the Sacred Fig, en la que un juez se enfrenta a la paranoia en medio de los disturbios políticos de Teherán. De lo que no hay duda es que el cine iraní no será muy postmoderno, lo cual agradezco, pero tiene la capacidad de contar, de narrar, historias de modo clásico, casi literario, que no aburren aunque su ritmo no sea en general lo más logrado, sobre todo si las ves por televisión.


Las seis películas de otros festivales


Ganas tengo de ver la triunfadora del Festival de Annecy, Memorias de un caracol del director especializado en cine de animación el australiano Adam Elliot. Rara son las veces que la Animación me falla, ni siquiera en San Sebastián. Elliot nos cuenta la historia de una niña solitaria aficionada a coleccionar figuras decorativas de caracoles y que siente un amor profundo por las novelas románticas. Se trata del segundo trabajo largo después de Mary and Max (2009) que también venció en Annecy.


Marco, nuevo trabajo de Garaño y Arregi.




Y lo patrio. Tras su paso por la sección Orizzonti de la Mostra de Venecia, Marco es la nueva propuesta de Jon Garaño y Aitor Arregi. Clausurarán Perlak fuera de concurso en el Velódromo. Lugar al que todavía no he ido ni pienso ir a menos que sea txirrindulari de pista. 



El actor Eduard Fernández, un seguro en toda regla, da vida al personaje real de Enric Marco, un hombre que falseó su biografía para hacerse pasar por superviviente del campo de concentración de Flossenbürg. La triada compuesta por Garaño, Arregi y Goenaga, tanto monta como monta tanto, han sido los hijos predilectos del Zinemaldia, pues han visto nacer al público donostiarra 80 egunean (2010), Loreak (2014), Handia (2017) y La trinchera infinita (2019). Esta vez han cumplido la mayoría de edad yéndose a Venecia. Suerte.

Por último, reseñar otro filme de animación de DreamWorks, Robot Salvaje de Chris Sanders, una especie de Robinsona Crusoe robotizada en una isla desierta en la que tendrá que adaptarse al duro entorno y a la fauna local; Necesidades de una viajera del prolífico, más aún que Woody Allen, el coreano Hong Sangsoo, con otra estajanovista actriz Isabelle Huppert en el papel protagónico; y el brasileño Walter Salles que regresa a San Sebastián con I'm Still Here, que sigue la lucha de la mujer de un político laborista que desaparece durante la dictadura brasileña; y la no ficción María Callas: Letters and Memories, viaje íntimo a través de la legendaria soprano María Callas, interpretada por la actriz Monica Bellucci y dirigida por Tom Volf y Yannis Dimolitsas.





Comprobaremos si Francis Ford Coppola debería haber seguido cultivando viñedos tras ver Megalópolis

domingo, 11 de agosto de 2024

22 títulos del género "poliziesco"

El Zinemaldia ofrece un ciclo retrospectivo titulado 'Italia violenta: el cine policíaco italiano'


22 títulos conforman la muestra e incluye la publicación de un libro monográfico escrito por Felipe Cabrerizo



Uno de los ingredientes más interesantes del menú que cada año prepara el Zinemaldia es el de los ciclos retrospectivos. A veces son dos, en algunas ocasiones tan solo uno y el año del Covid no hubo. Te permiten tener una idea de la evolución de tal o cual director, caso del japonés Hiroshi Teshigahara el año pasado, o de disfrutar de ciclos temáticos, como fue hace años Cine y violencia global, o el que desde 2018 se empezó a denominar Klasikoa(k), películas recuperadas y remasterizadas por filmotecas nacionales y otras instituciones. Este año la retrospectiva le toca a Italia y a un género: el poliziesco.

Serán 22 largometrajes estrenados entre 1943 y 2023 los que integren la retrospectiva de la 72ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián que, con el título "Italia violenta: el cine policíaco italiano", ofrecerá una panorámica del denominado poliziesco. Además del ciclo, el Festival incluye la publicacion de un libro sobre el género escrito por el historiador Felipe Cabrerizo, coordinador de la retrospectiva junto a Quim Casas, crítico y miembro del comité de selección del Festival.

La muestra cuenta con la colaboración del Istituto Italiano di Cultura  para difundir un género que sirve para realizar un acertado retrato del país. 

El ciclo arrancará con Obsesión (1943) de Luchino Visconti, filme basado argumentalmente en la novela de James M. Cain, El cartero siempre llama dos veces. Con él se inicia el género policíaco italiano que será enormemente transitado durante toda la historia del cine italiano. A pesar de la multitud de obstrucciones del régimen fascista, la película resultó ser un gran éxito en su época: la gente vio un filme que no había creído posible. 

Bajo su influjo analizarán Mario Soldati o Fernando Cerchio las consecuencias que la guerra había dejado en el país: el primero con Fuga en Francia (1948), sobre un criminal fascista que intenta escapar clandestinamente con su hijo a Francia; el segundo con Nacido en el odio (1951), sobre un héroe condecorado en la guerra que decide hacer policía para ayudar a los miembros de su banda de gángsteres, rareza policía alumbrada aún por el estilo neorrealista.

El tratamiento del fenómeno creciente de las redes criminales serán abordadas por directores como Pietro Germi y Luigi Zampa. De Germi se podrán ver tres películas: En nombre de la ley (1949), en la que un joven juez trata de aplicar la ley en un pequeño pueblo siciliano acostumbrado a las reglas de la Mafia; La ciudad se defiende (1951), relato del robo a la taquilla de un campo de fútbol y sus consecuencias, y Un maldito embrollo (1959), uno de los filmes más representativos de Germi en el que se relata la investigación de un comisario del robo y asesinato en dos pisos de un mismo edificio. 

De Luigi Zampa se podrá ver Proceso a la ciudad (1952), basada en casos reales de la lucha contra el crimen organizado napolitano, trata de un juez encargado del asesinato de un respetable ciudadano de Nápoles que descubre que pertenecía a una gran organización criminal.


Vida propia del poliziesco


En los sesenta el poliziesco se desvincula de la evidente influencia de  los referentes extranjeros, emprendiendo un nuevo camino centrado en tomar el pulso a la sociedad surgida en Italia tras el colapso del boom económico. Damiano Damiani abrirá con El día de la lechuza (1968) un nuevo prisma sociológico sobre el problema de la Mafia y Elio Petri llevará esta vía política a su punto culminante con Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1969), con la que lograría el Oscar a la mejor película extranjera.

También podremos comprobar la influencia del género polar francés de la mano de Fernando Di Leo con Milán, calibre 9 (1972) o Sergio Sollima con Revólver (1973), en un panorama que fue enriqueciéndose hasta convertir al poliziesco en pilar fundamental de la industria cinematográfica italiana, capaz de estructura todo un star system en el que tendrán particular actores como Franco Nero, Fabio Testi, Gia María Volonté o Giuliano Gemma, protagonista del cartel del ciclo.


El terrorismo en pantalla


 

 

La aparición del terrorismo abocará a Italia a una guerra civil encubierta que encontrará pionera plasmación en La policía agradece (1972), filme de Stefano Vanzina, que se alzaría con la Concha de Plata al mejor director en el Festival de San Sebastián y punto de partida del filón conocido como poliziottesco. El filme narra cómo un grupo organizado se dedica a matar a delincuentes que no pudieron ser juzgados y el comisario Bertone es el encargado de dar con este grupo de vengadores.

La falta de prejuicios de directores como Umberto Lenzi -del que se ofrecerá Milano odia (1974), considerada la más violenta de los filmes italianos y Roma a mano armada (1976)- o Pasquale Squitieri abrirán enfoques de una hiperproducción que plasmó el colapso de todo un país anunciado por Francesco Rosi en Excelentísimos cadáveres (1976), donde Lino Ventura interpreta a un inspector que se encarga del caso de un asesino que ha matado a varios magistrados. Uno de los ejemplares thrillers políticos de Rosi, basado en una novela de Leonardo Sciascia.

El asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas provocará rigurosas reflexiones de realizadores como Giuseppe Ferrara con El caso Moro (1986) o Marco Bellocchio con Buenos días, noche (2003), al tiempo que colapsó una ficción que pareció desbordada por la propia realidad.

Tras unos años de bloqueo, el género resurgirá brillantemente con Gomorra (2008) de Matteo Garrone, película que lo devolvió a una primera línea que se antoja clave para el cine italiano y que en este ciclo se proyectará en un nuevo montaje del director remasterizado en 4K.



                                                                                                                                                                  Milano odia: la polizia non può sparare (1974) de Umberto Lenzi, uno de los 22 filmes del ciclo que se verá en el Zinemaldia 2024



miércoles, 31 de julio de 2024

Zinemaldia 2024. Sección Oficial

 El menú oficial del 72º Festival de San Sebastián está casi servido, lo que provocará diarrea, vómitos y cortes de digestión entre el público

 

El pasado martes 16 la organización presentó las 12 películas que, junto a las ya conocidas 4 españolas, conformarán la Sección Oficial competitiva. Destacan por nombre las obras de François Ozon, Costa-Gabras, Mike Leigh o Maite Alberdi



 

No nos engañemos, cada año que pasa pierdo más interés en lo que puede ofrecerme la sección oficial. La mayoría será como esa comida «fast food» artística, que no alimenta ni el cuerpo ni el alma y, encima, daña la salud del gusto cinéfilo; alguna que otra satisfacción, que no compensará la cantidad de omeprazol tomada, y algún plato combinado que te dará corte de digestión. Por eso, últimamente me mantengo a dieta de lo que ofrece el Kursaal 1, sede del oficialismo: esa cosecha anual que no se ha visto en ningún certamen anterior y que, ¡oh!, será estreno mundial. ¡Como si al espectador de La Concha le importara ese detalle!

La carta de degustación para los días 20 al 28 de septiembre tiene nombres de directores, los cuales algunos ya conoces, otros que no les conocen ni en su casa aunque hayan rodado maravillosas y excelsas obras, y luego están los debutantes: dos directoras, la china Xin Huo con Bound in Heaven (2024), y la lusa Laura Carreira que presenta On Falling (2024). Hay que conseguir la paridad cueste lo que cueste. No espero nada de ellas, ojalá me equivoque.

 En cuanto a países, pues lo de siempre: mayoría de cine español (4 filmes, que para eso se juega en terrero propio) y francés (3, por eso de que están al otro lado de los Pirineos, aunque realmente son 4); luego viene la obligada muestra de cine yanki (nada del estilo Ford, Hawks, Scorsese o Tarantino); representación de cine social inglés, el ¿turbio y duro? cine danés y, cómo no, de Hispanoamérica alguna muestra (siempre algo argentino); del cine asiático, este año algo japonés afrancesado y una muestra china. Sorprende que en el menú no haya un poco de representación del cine coreano ni del centro y este de Europa, que el comunismo está de capa caída por ahí. Veremos cómo se complementa a ultima hora la Sección Oficial.

 


 

Los directores ya clásicos

 

El director francés François Ozon es la sexta ocasión que participa en la Sección Oficial, donde ganó la Concha de Oro y el Premio del Jurado al mejor guion con la notable En la casa (2012), de las pocas veces que no tildé la decisión de incomprensible. Sus películas al menos plantean cuestiones curiosas y  sacuden al público con asuntos de  índole ética (menor de edad que le gusta prostituirse, hombre que le agrada vestirse de mujer...). Se ven con mayor o menor interés y, al menos, no es un cine estomagante o soporífero. Ahí tienen para comprobarlo Una nueva amiga (2014) o Joven y bonita (2013), por ejemplo.

Ozon trae en esta ocasión Cuando cae el otoño (2024), protagonizada por Hélène Vincent y Josiane Balasko. Narra la historia de una mujer jubilada cuya vida cambia al conocer a un hombre, el hijo de una amiga, recién salido de prisión.

El octogenario inglés Mike Leigh será la primera vez que participe en la Oficial, aunque  ya ha pasado por «Perlak» -sección de obras proyectadas en otros festivales- con su obra maestra, Secretos y mentiras (1996). Su filmografía contiene un puñado de buen cine británico realizado en las últimas décadas como El secreto de Vera Drake (2004), Todo o nada (2002) o una que me gusta mucho como es Another Year (2010). Últimamente su producción ha ido espaciándose sin lograr resultados tan redondos.

En esta ocasión, Leigh trae Hard Truths (2024), producción anglo-española y protagonizada por Marianne Jean-Baptiste y Michele Austin. Fiel a su estilo insobornable, la cinta retrata el día a día de una familia londinense y explora temas como las relaciones familiares, el duelo y la salud mental.

Homenajeado con el Premio Donostia en 2019, el nonagenario realizador franco-griego Costa-Gavras regresa a la Sección Oficial, donde presentó El capital en 2012, con su nuevo trabajo El último suspiro (2024). Al igual que Leigh, Gavras ya dio lo mejor de sí hace años, con películas tan notables como Desaparecido (1982), Z (1969) o La caja de música (1989).

Su última obra recoge las reflexiones sobre la vida de un médico de cuidados paliativos y un escritor. Está protagonizado por Denis Podalydès y Kad Merad.

Rodada en francés, aunque dirigida por un veterano director nipón no muy conocido en Occidente, Kiyoshi Kurowasa, Serpent's Path (2024) es una película sobre un hombre que urde un plan para vengar la brutal muerte de su hija. Está protagonizada por Ko Shibasaki, Damien Bonnard y Mathieu Amalric, Es una nueva versión de la homónima que el propio Kurosawa dirigió en 1998. ¿Razones para rehacer? Él sabrá. En la carrera del prolífico autor japonés, destaca la que le dio cierta relevancia por estos pagos, la soporífera La mujer del espía (2020) que incomprensiblemente recibió el premio Mejor dirección en la Mostra de Venecia. Le confundirían con el fallecido Kurosawa.

 


 

El cine hispanoamericano


La chilena Maite Alberdi saltó a la fama -un caso digno de Iker Jiménez- con dos obritas documentales: una es una simpática ocurrencia de convertir a un añoso señor en un espía dentro de una residencia para comprobar si hay maltrato a una anciana, titulada El agente topo (2020), y la pornográfica y edulcorada historia de una relación matrimonial, donde él padece alzheimer y ella es la cuidadora en La memoria infinita (2023), ambas nominadas al Oscar documental.

Alberdi participa por primera vez por la Concha, deja el documental y se pasa a la ficción con El lugar de la otra (2024), adaptación de uno de los casos recogidos en Las homicidas, ensayo de Alia Trabucco Zerán. Cuenta la historia real de la escritora María Carolina Geel, que en 1955 mató a tiros a su amante. Me apuesto el bigote que Alberdi nos convence de que bien asesinado estaba el amante. Al tiempo.

Por otra parte, de Argentina tenemos El hombre que amaba los platos voladores (2024) de Diego Lerman. El director bonaerense regresa por tercera vez a la competición con un filme sobre la creación audiovisual de presencia alienígena más recordada de la televisión argentina. Destacan en el plantel actoral, Leonardo Sbaraglia (atención a su peinado), Sergio Prina y Renata Lerman -hija del director- y que obtuvo, ¡con tan sólo 12 años!, la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto por El suplente (2022), dirigida también por Lerman.


 

Cine norteamericano, inglés y danés


La expectación vendrá por la que es nieta de Francis Ford Coppola y sobrina de Sofía Coppola, Gia Coppola (37 años). Dicen que desde pequeña ya trasteaba por los rodajes de su tía y esperemos que algo se le haya pegado del apellido y de su admiración por el abuelo. Trae The Last Showgirl (2024), con Pamela Anderson, Jamie Lee Curtis y Dave Bautista en el reparto. Su filme es el retrato de una veterana bailarina de 50 años situada en la encrucijada cuando cierra el espectáculo en el que ha trabajado durante 30 años. Como madre, se esforzará en reparar una tensa relación con su hija que no ha sabido atenderla en ese tiempo.

 Tengo algo de esperanza por ver lo que  ha cocinado Edward Berger, cuya película anterior Sin novedad en el frente (2022) ganó varios Oscar, entre ellos el de Mejor película internacional. Se agradece en principio que haya un thriller dramático de índole religiosa como es Cónclave (2024). Tenemos a Ralph Fiennes que interpreta a un cardenal que, tras el repentino fallecimiento del Papa, debe supervisar el cónclave del que saldrá elegido su sucesor. El cineasta alemán ha contado también con otros actores reconocidos y reconocibles: Stanley Tucci, John Lithgow e Isabella Rossellini. 

Acabamos el repaso de la Sección Oficial con The End (2024), la primera incursión en el cine de ficción del tejano Joshua Oppenheimer. Tilda Swinton, Michael Shanno y George MacKay entre otros destacan en este musical distópico sobre una familia adinerada que sobrevive en un búnker dos décadas después del fin del mundo. La obra documental anterior (The Act of Killing o La mirada del silencio) no destacaba por su optimismo en la humanidad y por la alegría de vivir sin violencia. 

Menos mal que al salir del Kursaal 1 podré disfrutar de una comida donostiarra un poco más edulcorada, picantona y sabrosona, sin que me provoque acidez ni amargo regusto. De la comedia, y su ausencia otra edición más, hablamos otro día (salvo que alguna lo sea). Me resuena en los oídos las palabras del director José  Luis Rebordinos en alguna pasada entrevista, «siempre intentamos buscar buenas comedias, pero no las encontramos o no las hay».


lunes, 29 de julio de 2024

Carros de fuego (1981)

 ¡Tráeme mi Carro de fuego!

 

 

 

 

 Ahora que han comenzado los JJ. OO. de París 24, con guiño al cine de los Lumière, Méliès y los Minions, me ha venido a la memoria algo que raras veces sucede ante una pantalla de cine al final de la proyección. Porque lo habitual es salir pitando, como cuando el cura nos decía: «Podéis ir en paz». Y salíamos escopetados de la iglesia de San Lorenzo en Astrabudua a tomar un marianito... y a ligar con las feligresas, ver lo elegantes que vestían, lo alegre y pizpiretas que andaban.

Esto que les cuento de "rareza" en un cine sucedió, creo, en el año 1984 en los cines Ideales de Bilbao. La película que provocó la 'rareza' que les comento -una de las que me llevaría a una isla desierta- es Carros de fuego (Chariots of Fire, 1981). Por alguna razón, que no recuerdo, llegué con mi novia -¿con mi chica, mejor?- y otras amigas suyas de la universidad deustuarra a la sala con la proyección ya empezada. 

«¡Vaya!», me dije, «ya me he perdido la secuencia del arranque». Y continuamos viendo la famosa rivalidad entre dos estudiantes de Cambrigde: Harold Abrahams, hijo de un judío lituano, y Eric Liddell, escocés e hijo de unos misioneros en China. Ambos tendrían que prepararse para llegar a la final de los 100 metros en los JJ. OO. de París de 1924, en el estadio de Colombes. Un enfrentamiento deportivo que no tuvo lugar.

Al finalizar la proyección, nos levantamos para salir. Yo un poco desconsolado. Pregunté a una señora si había "salido" ya el tema principal de Vangelis. «Sí», me dijo, «al principio». Y cuando ya me agarraba a la cintura de mi chica rumbo a las frías, húmedas y oscuras calles bilbaínas de un domingo con fútbol por la tarde, sonó.

Y ahí nos quedamos en éxtasis: mi chica, amigas, yo, señora y algún espectador más deleitándonos con el tema de vanguardia (en aquellos tiempos lo era): "Titles", que posteriormente sería conocido como "Chariots of fire".

Es la primera vez que tengo consciencia de haber esperado a que empezasen los títulos finales de crédito para escuchar 3 minutos 33 segundos de una BSO. Vangelis supo transcribir en una partitura lo que se desarrollaba en pantalla. Nada que ver con los compositores clásicos de la época dorada de Hollywood, cuya música en muchos casos, acompañaba en un divorcio evidente a la narración visual. Relleno.

El tema aparecía al principio con los planos de aquellos jóvenes estudiantes universitarios que, de punta en blanco, se entrenaban en una playa. Como comprenderán, yo también estaba en esa edad, llena de ilusiones, aspiraciones, el futuro por delante lleno de optimismo, bregando por objetivos. La sensación de correr, descalzos o con zapatillas, salpicados por esa arena mojada de mar era euforizante; el aire salado entrando en los pulmones, la brisa y el sonido de las notas de un piano... Y allí estaban, Abraham y Liddell, amigos y oponentes, corriendo a ¡cámara lenta!, acompañados de música electrónica de vanguardia cuando ellos pertenecían a los años del charlestón. El chapoteo del agua, las pisadas sobre terreno mullido y húmedo, las miradas alegres entre ellos, la responsabilidad olímpica todavía lejana... ¿No me digan que no es una secuencia de arranque fascinante? A mí se me pone el vello de punta.


Estreno en Bilbao   

 

Presentada en el Festival de Cannes en 1981 bajo bandera británica, en España el filme de Hugh Hudson se estrenó en Madrid en el cine Alexandra en versión original subtitulada. Dicen las crónicas que debido a la escasa confianza que tenían los importadores en que fuera comercial. Sin embargo, los cuatro Oscar logrados (entre ellos el de Mejor Película) hizo que se gastaran el dinero en el doblaje. A Bilbao llegó el 16 de abril de 1982. La cadena de cines Astoria se jactaba en la prensa de que «salvo uno, todos los Oscar de 1982» estaban en sus salas. Poderío.

 Curiosamente la ganadora del Oscar de aquel año se proyectó en el cine Astoria-2 o 3. Sí, no fue al Astoria bilbaíno situado en la plaza de Campuzano, de 1080 localidades, que luego fue un Forum Sport y ahora un casino -degenerando, degenerando-, sino en el sito en alameda de Urquijo, que también degeneró posteriormente en un negocio de seguros.


Salvo Atlantic City de Louis Malle, todas con premios Óscar se proyectaban en los cines Astoria



Anécdota


Resulta curioso, ahora que lo pienso, que casi durante dos años estuve escuchando el tema de "Chariots of Fire" antes de ver la película. Supongo que, como en otras tantas cosas de la vida, siempre he ido con retraso. Así que cuando fui a verla ya sería una reposición, es decir, que después de haber tenido un primer estreno y pasar por los cines de otras localidades, se volvía a reponer tiempo después en Bilbao. El videoclub todavía no había hecho mucha pupa a las salas, o lo estaba empezando a hacer a principios de los 80.

El hecho es que la casa editora de la banda sonora, Polydor (la del disco negro con fondo rojo), decidió para promocionarla sacar el single "Titles", lo que fue un auténtico bombazo comercial. Convirtió a Vangelis en unos de los compositores más populares a nivel internacional.

Yo, que frecuentaba las máquinas de petacos de bares y demás salas recreativas, era consciente de que el tema que sonaba en las gramolas no tenía mucho que ver con otros estilos musicales. El caso es que el temita me cautivó por su originalidad.

Hice lo posible para convertir ese tema musical en el Santo Grial de mi cuadrilla, de mis amigas de San Ignacio y de todo bicho viviente que me rodeaba. La casete de Polydor en aquella época era para mí algo inalcanzable con mi paga semanal. Los grupos de amigos teníamos la costumbre -sobre todo, cuando eran mixtos- de regalar algo por los cumpleaños. Así que un buen día, me llegó el cumple y el regalo. En lugar de recibir una casete de Carros de fuego de Vangelis -cosa que sí recibió mi amigo Juanjo inexplicablemente, pues su cinefilía se ceñía a Cantinflas y a la comedia española-, yo me tuve que conformar con un muñeco, al que le llamé Mabebe.

Ahí se acabó mi preparación para los JJ. OO. de la vida. ¿Para qué seguir luchando si la mala suerte era mi entrenadora? 

Y hablando de entrenadores, recuerdo al que tenía Harold Abrahams, uno profesional encarnado por Iam Holm (sí, el androide de Alien) y una escena que me encanta. Holm en lugar de  asistir a la carrera de los 100 metros para ver a su pupilo, se queda en la habitación del hotel donde se aloja. Al ver izar la bandera británica desde su ventana, descubre que su alumno ha logrado la medalla olímpica de oro.

En la pista principal de tenis de París, la Philippe Chatrier, hay un lema en un frontal de la grada que afirma: 

«La victoria pertenece a los más tenaces».

Y aquí estoy con mi tenacidad dándole a la tecla aunque pocos me lean, menos me jaleen y nadie  me reconozca. Mantengo así el espíritu olímpico y rememoro algunos versos del poeta William Blake (1757-1827) del que salió el título de la película británica:

 «Bring me my Bow of burning gold;               «Traedme mi Arco de oro ardiente; 

  Bring me my Arrows of desire:                        Traedme mis Flechas del deseo: 

 Bring me my Spear: O clouds unfold!              Traedme mi Lanza: ¡Oh nubes desplegadas! 

Bring me my Chariot of fire                           ¡Traedme mi Carro de fuego


 

 

 



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