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domingo, 13 de julio de 2025

Zinemaldia 2025: cine español en Sección Oficial

La homosexualidad, la droga como tabla de salvación y la emigración, temáticas de la Sección Oficial en la 73ª edición del Festival de San Sebastián

 

La dupla Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, José Luis Guerin y Alberto Rodríguez, directores que competirán por la Concha de Oro

 

 

 

 Suele ser ya tradición ir a la sede de la Academia Española en Madrid a presentar la programación de cine español que se verá en el Zinemaldia. Su director Jose Luis Rebordinos lo hizo este pasado viernes 11 de julio anunciando que serán 22 títulos de producción española (17 largometrajes, 2 cortometrajes y 3 series) los que podrán verse entre el 19 y el 27 de septiembre en la Sección Oficial y demás apartados. Además, se informó de que el tradicional Premio Nacional de Cine, que otorga el Ministerio de Cultura, será este año para el actor barcelonés de 60 años Eduard Fernández.

La presentación previa la hizo el vicepresidente primero de la Academia, Rafael Portela, que no obvió la situación política mediante este comentario: "Estamos pasando tiempos de incertidumbre con tramas, argumentos y villanos que solo pensábamos que veríamos en películas malas". Seguro que más de algún representante político asistente se removería incómodo en su asiento, o pensaría que con él no iba la alusión. Portela recurrió al tópico de que ante estos tiempos "nos queda el cine, el cine extraordinario que seguro veremos en San Sebastián para entender lo que está pasando, para emocionarnos, entendernos y para que nos ayude «a articular una respuesta», la mejor que podamos". 

Rebordinos, por su parte, comentó que "este es un gran año para el cine español, incluso mejor que el año anterior por el mayor número de películas españolas". Y pasó a demostrarlo señalando la repercusión que ha tenido nuestro cine en recientes festivales como Cannes (compitiendo con Sirât de Oliver Laxe y Romería de Carla Simón), Berlín (Sorda de Eva Libertad) o "la seguridad de que habrá en la próxima edición de Venecia agradables sorpresas para el cine español dentro de su programación".

 

Sección Oficial

Tras el panegírico obligado, el director del Zinemaldia informó de que en la Sección Oficial a concurso estarán tres películas, todas de cineastas que comenzaron sus carreras en San Sebastián, como es el caso de Alberto Rodríguez y el tándem formado por Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, a quienes el Festival ha ido acompañando en sucesivas películas como "parte de su decidido apoyo al cine español". También regresará José Luis Guerin, que ganó el Premio Especial del Jurado en 2001 con la magnífica En construcción

 

Maspalomas
Aitor Arregi (izq.) y Jose Mari Goena en la presentación en Madrid de Maspalomas


 


 

Cine Vasco

Ya lo dijo hace tiempo Rebordinos, que no habría cine vasco a competición por sistema sino por criterios de calidad. No lo hubo el año pasado ni el anterior, pero este año el vacío lo ocupará Jose Mari Goenaga (Ordizia, 1976) y Aitor Arregi (Oñati, 1977), que vuelven a optar a la Concha de Oro con Maspalomas. El actor Jose Ramon Soroiz da vida a Vicente, quien a  sus 76 años, y tras romper con su pareja, lleva la vida que le gusta en Maspalomas, localidad de la isla de Gran Canarias. Su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta.

 

 

 

El colectivo Moriarti, trío de cineastas que se completa con Jon Garaño y que han sido los niños mimados (con justicia) del Zinemaldia durante estos últimos años, ha concitado un cada vez mayor interés en sus propuestas. Participaron en sus inicios con Lucio y 80 egunean. Ya en la Sección Oficial estrenaron con éxito y gran aceptación de público Loreak (2014), Handia (2017), que obtuvo el Premio Especial del Jurado y el Premio Irizar, y La trinchera infinita (2019), Concha de Plata a la mejor dirección, Premio al mejor guion, Premio Irizar y Premio FIPRESCI. Por último, Marco (2024) clausuró Perlak tras estrenarse en la sección Orizzonti de Venecia.

 

Un documental de José Luis Guerin

Si el año pasado la Concha de Oro fue a un documental, o cine de no ficción, en esta ocasión será otro grande de este género el que vuelve a San Sebastián. Casi 25 años después de alzarse con el Premio Especial del Jurado y el Premio FIPRESCI gracias a En construcción (2001), José Luis Guerin (Barcelona, 1960) regresa a la competición oficial con una nueva no ficción, Historias del buen valle, rodada en Vallbona, barrio barcelonés con un importante porcentaje de población migrante.

 

El director José Luis Guerín presenta Historias del buen valle

Guerin ha sido autor presente en festivales, cuya repercusión siempre ha sido bastante limitada entre el gran público. Últimamente su obra ha ido espaciándose y con menor acierto. Sin embargo, si alguien tiene curiosidad le recomendamos las que en mi opinión son sus dos obras más sobresalientes junto a En construcción: la mágica, original y extraña Tren de sombras (1997) y la nostálgica búsqueda de las huellas de John Ford y del rodaje de El hombre tranquilo titulada Innisfree (Zabaltegi, 1990), ambas presentadas en su momento en Cannes.

 

Alberto Rodríguez por partida doble

Habitual por estos lares desde que hace ya 25 años rodara su primer largometraje, Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) presentará Los Tigres, escrita junto a Rafael Cobos, en la que Antonio de la Torre y Bárbara Lennie encarnan a dos hermanos que trabajan como buzos profesionales para el petróleo. Su vida cambia cuando Antonio tiene un accidente y descubren que no puede bucear más. Una situación que puede cambiar cuando dan con un alijo de cocaína escondido en el casco de un petrolero.

 

Los tigres, séptima participación del director Alberto Rodríguez en el Zinemaldia

No le ha ido mal en el Zinemaldia a Rodríguez, que mostró en sus incios El factor Pilgrim (codirigida con Santi Amodeo, 2000) y El traje (2002) en la sección New Directors. Participa por séptima vez en la Sección Oficial, donde presentó 7 vírgenes (2005), con la que Juan José Ballesta obtuvo la Concha de Plata al mejor actor, y La isla mínima (2014), que brindó esa misma distinción a Javier Gutiérrez, además del galardón a la mejor fotografía y 10 premios Goya posteriores. Eduard Fernández consiguió otra Concha de Plata con El hombre de las mil caras (2016), tras la que Rodríguez inauguró el Festival fuera de concurso con Modelo 77 (2022). El cineasta, el primero en estrenar una serie en la Sección Oficial con La peste (2017), fue también uno de los directores de la serie Apagón (2022).

 


 

 

Alberto Rodríguez participará por partida doble y presentará fuera de competición Anatomía de un instante, una miniserie de tres episodios basada en el libro homónimo de Javier Cercas sobre el intento de golpe de estado que España sufrió el 23 de febrero de 1981. En el reparto figuran, entre otros, Álvaro Morte, que da vida al presidente Adolfo Suárez; Eduard Fernández, que interpreta al dirigente comunista Santiago Carrillo; Manolo Solo, que asume el papel del militar y político Gutiérrez Mellado y David Lorente, que encarna al teniente coronel golpista Antonio Tejero.

 

Fuera de concurso y proyecciones especiales

Nunca he entendido ni entenderé por qué se programan en esta sección competitiva por definición obras que no aspiran más que al aplauso (o al bostezo o abucheo) del público. Así en esta 73ª edición, Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) regresa con Un fantasma en la batalla un largometraje inspirado en la mayor operación encubierta contra ETA que cuenta la historia de una joven guardia civil que trabajó durante más de una década como agente encubierta en la organización terrorista. Susana Abaitua encabeza un reparto completado por Andrés Gertrudix, Iraia Elias, Raúl Arévalo y Ariadna Gil. Tal vez es una manera de restañar la criticada no participación del año pasado de Arantxa Echevarría con su película La infiltrada de similar temática.

Por si fuera poco el menú no competitivo, en Sección Oficial se incluirá en su apartado Proyecciones Especiales cuatro títulos fuera de concurso: un largometraje de ficción y otro de no ficción, y dos series.  

 


 

En la serie Zeru ahoak (Bocas de cielo), de cuatro episodios, el donostiarra Koldo Almandoz recupera a los personajes de Hondar ahoak (2020) para urdir un nuevo thriller protagonizado por Nagore Aranburu, Josean Bengoetxea y Ramon Agirre entre otros. El segundo largometraje de Almandoz, Oreina ya ganó el Premio Irizar al Cine Vasco. 

El drama histórico Karmele, dirigido por el vergarés Asier Altuna es una adaptación de la novela de Kirmen Uribe Elkarrekin esnatzeko ordua (La hora de despertarnos juntos), protagonizada por Jone Laspiur, Eneko Sagardoy y Nagore Aranburu. Altuna ha codirigido con Telmo Esnal Aupa Etxebeste! (New Directors, 2005), que ganó el Premio de la Juventud y Agur Etxebeste! (Gala del Cine Vasco, 2019). En solitario, ha participado en la Sección Oficial con dos largometrajes, Bertsolari (2011), proyectado fuera de concurso, y Amama (2015), que ganó el Premio Irizar. 

Flores para Antonio es el título de la película de no ficción con la que Isaki Lacuesta (Girona, 1975) y Elena Molina (Madrid, 1986) exploran la vida y el legado del músico Antonio Flores a través de abundante material de archivo y testimonios de su hija Alba Flores y sus hermanas Lolita y Rosario, así como de un buen número de artistas. Lacuesta es uno de los pocos cineastas que ha ganado incomprensiblemente (un caso de misterio para Iker Jiménez) dos veces la Concha de Oro con Los pasos dobles (2011) y Entre dos aguas (2018). 

 


 

Óscar Jaenada y Ricardo Gómez protagonizan La suerte, una serie de seis episodios dirigidos por Paco Plaza (Valencia, 1973) y Pablo Guerrero (Lorca, 1975) sobre un taxista convertido súbitamente en chófer de un torero y su cuadrilla. Completan el reparto de La suerte Carlos Bernardino, Óscar Higares, Pedro Bachura y Jason Fernández, entre otros. Plaza concursó en la Sección Oficial con La abuela (2021). El año pasado su película Mugaritz. Sin pan ni postre (2024) se alzó con el Premio Culinary Zinema

 

domingo, 6 de julio de 2025

El cautivo (2025)

 Lo importante es saber imponer el relato

 

Cartel promocional de la película de Alejandro Amenabar

 

Pocos directores españoles despiertan el interés del público a la hora de presentar un estreno. Quitando a Pedro Almodóvar, que siempre ha sabido él solito crear expectación por cada obra que presentaba allende nuestras fronteras en festivales de renombre, tan sólo me viene a la mente dos figuras más jóvenes: Juan Antonio Bayona y Alejandro Amenabar. Verdad que hay un listado de notables directores pero no están en esa liga de la llamada "gran expectación" que se suscita con cada proyecto: los Trueba, Coixet, Sorogoyen, Alberto Rodríguez, León de Aranoa, por poner algunos ejemplos, no levantan tanto interés como si fuera un Barcelona F.C.-Real Madrid. 

Es verdad que en ciertas ocasiones son los premios internacionales los que provocan esos anhelos por ir a la sala a verla, como puedan ser los casos más recientes de Sirât de Oliver Laxet, que logró el Premio del Jurado en Cannes, o los casos de 20.000 especies de abejas de Urresola y Alcarrás de Carla Simón por la repercusión que tuvieron en tiempos recientes en Berlín. 

Amenabar y Bayona son dos directores no muy prolíficos: el primero a sus 53 años cuenta con 8 largometrajes; el segundo, con 50 primaveras, ha rodado dos menos. Los paralelismos continúan con los premios: así, Amenabar logró el Oscar por Mar adentro (2004); el realizador catalán estuvo a las puertas con La sociedad de la nieve (2023) si no se hubiera cruzado ese año la también magnífica La zona de interés. En cuanto a los Goyas, Alejandro atesora dos como mejor director y tres a mejor película frente a Bayona que ha logrado tres en dirección y uno a mejor filme. También se asemejan en que junto a proyectos con reputados actores nacionales cuentan con trabajos en los que han intervenido actores internacionales de renombre: Ethan Hawke, Rachel Weisz o Nicole Kidman en el caso de Amenabar, o Sigourney Weaver, Bryce Dallas Howard y Naomi Watts por parte de Bayona.

Por último, querría destacar que mientras Amenabar se ha sentido atraído por figuras históricas (la astrónoma Hypatia de Alejandría, Miguel de Unamuno, y ahora Cervantes) o contemporáneas (Ramón Sampedro símbolo de la eutanasia) que luchan contra un ambiente hostil en sus respectivas épocas, Bayona se ha decantado por narrar historias de personajes que luchan por adversidades no tan ideológicas, políticas o sociales de su tiempo, sino ante desgracias más naturales (familia ante un tsunami, niño frente al duelo por la muerte de su madre o un equipo de deportistas enfrentándose a su supervivencia en la cordillera de los Andes).

 Este año es Alejandro Amenabar el protagonista, el que ha creado expectación con El cautivo, que se estrenará en España el próximo 12 de septiembre, previo estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), dentro de la sección Special Presentations, una de las más prestigiosas del certamen canadiense que celebra este año su 50 edición del 4 al 14 de septiembre. 

El estreno en Toronto marca el inicio del recorrido internacional de El cautivo. Su director, Alejandro Amenabar presentó en la misma sección Mar adentro y Mientras dure la guerra.  La sección Special Presentations acoge películas de autores consagrados y títulos que, por su calidad cinematográfica y el interés que despiertan, se perfilan como protagonistas de la temporada internacional. En ediciones anteriores se han proyectado películas como Los que se quedan, Sin novedad en el frente o Los Fabelman, entre otras. 

 El rodaje ha tenido lugar en la Comunidad Valenciana: Alicante, Santa Pola y los estudios “Ciudad de la Luz” entre otras localizaciones levantinas, así como en los Reales Alcázares de Sevilla.

Con guion de Alejandro AmenábarEl cautivo está protagonizada por Julio Peña y Alessandro Borghi, que junto a Miguel Rellán, Fernando Tejero, Luis Callejo, José Manuel Poga, Roberto Álamo, Albert Salazar, Juanma Muniagurria, César Sarachu, Jorge Asín, Mohamed Said, Walid Charaf y la debutante Luna Berroa, entre otros, completan el reparto.  

  

Julio Peña con el director Alejandro Amenabar observando una escena rodada

 

¿Y qué nos va a contar el autor de Los otros? Pues en lugar de hacer un biopic, parece que se va a centrar en unos pocos años de la vida del escritor de Rinconete y Cortadillo. En concreto, los que comienzan con su cautiverio de cinco años (1575-1560) en Argel, cuando regresaba a España en la galera Sol y esta es apresada por una flotilla turca cerca de la costa catalana. Según nos relata el director, "en 1575 se cerraron las puertas de la libertad para Miguel de Cervantes, pero a cambio se abrieron las de su imaginación y su humanidad. Mientras ideaba arriesgados planes para fugarse de una desoladora prisión árabe, aquel joven soldado se vio empujado a conocer el mundo de sus captores y a interactuar con ellos en suelo enemigo. Y allí, entre sus compañeros de cautiverio, encontró su verdadera vocación como inigualable contador de historias".

 He consultado tres fuentes para redactar este artículo sobre Cervantes. Curiosamente, en una de ellas se afirma que "poco sabemos con absoluta certeza de la vida del más universal de nuestros escritores". De hecho, algo tan básico como la fecha de nacimiento, en una se afirma que "ignoramos el día en que nació (...). Fue bautizado en Alcalá de Henares (9-X-1547)". Y en las otras dos se nos dice que probablemente sea 9-X-1547 y en la otra tan sólo se afirma que nació en 1547. 

Visto lo visto, tenemos que suponer que Amenabar habrá tenido que recurrir para describir en su guion esos cinco años de cautiverio a lo que el mismo Manco de Lepanto recreó en sus obras como la Epístola a Mateo Vázquez, El trato de Argel, Los baños de Argel y el relato del Capitán cautivo que aparece en El Quijote I (capítulos 39-41). Más lo que haya echado a la cazuela la pizquita de imaginación, mucha o poca. Veremos.

En la nota de prensa que nos envían, Amenabar comenta que "entrar en la cabeza y el corazón de uno de los mayores talentos de la literatura ha acabado convirtiéndose en la tarea más intensa y personal de mi carrera. Deseo que la gente conozca a Miguel de Cervantes tanto como creo conocerlo yo ahora. Y que haga un viaje en el tiempo para verse allí, entre corsarios, cautivos, renegados, amigos y enemigos... observando y escuchando a aquel hombre fascinante que ni siquiera sabía aún que era un genio”.

Cuando uno se enfrenta a hechos históricos bastante documentados, no queda más remedio que ceñirse en lo posible a ellos, so pena de ser acusado de interpretar –en el mejor de los casos– o de tergiversar la historia –en el peor–; si no hay suficiente documentación, aquí el creador puede asumir con su imaginación el rellenar los agujeros negros. Y si logra conectar el pasado con el espectador del presente, las lanzas de guerra no se pondrán en posición de combate. Ya le ocurrió con su última obra: Mientras dure la guerra (2019). 


Julio Peña (Cervantes) frente al actor Roberto Álamo

 

 SINOPSIS DE EL CAUTIVO
 
Año 1575. El joven soldado Miguel de Cervantes es capturado en alta mar por corsarios árabes y llevado a Argel como rehén.
 
Consciente de que allí le espera una cruel muerte si su familia no paga pronto su rescate, Miguel encontrará refugio en su pasión por contar historias. Sus fascinantes relatos devuelven la esperanza a sus compañeros de prisión y acaban por llamar la atención de Hasán, el misterioso y temido Bajá de Argel, con el que comienza a desarrollar una extraña afinidad.
 
Mientras los conflictos crecen entre sus compañeros, Miguel, llevado por su inquebrantable optimismo, comenzará a idear un arriesgado plan de fuga.

 

domingo, 29 de junio de 2025

El globo rojo (1956)

El globo flota por el principio de flotabilidad



Hermosa escena en la que dos globos se encuentran: el Rojo y el Azul



Este domingo que pone fin a junio ha traído una temperatura de 35º C. Eso indica al menos la pantalla de mi móvil referida a Bilbao. La sensación térmica, por efecto de la humedad, sol y viento es, en cambio, de 36º C. En el interior de mi pisito, el termómetro arroja una cifra de 29º C. Iberdrola no gana conmigo con el gasto de ventilador pues no lo tengo. Así que aquí estoy con el cerebro medio derretido y la "obligación" de escribir un artículo que pueda tener un mínimo de interés. Habría pedido gustoso un café con hielo en el bar Stop, pero la dueña, Cecilia, todavía no ha implementado el servicio a domicilio tipo Glovo.

Imagínense que estoy en un desierto, sentado ante un escritorio y encima de una duna, con el sol ya cayendo hacia la derrota diaria. Así me siento en estos momentos. O como un Tom Ewell que acaba de dejar a su esposa e hijo rumbo a un destino turístico playero, convirtiéndose así en soltero por unos días calurosísimos en su apartamento de Nueva York. Curioso que a la elevada temperatura de esos días se le junte la sensación térmica que siente nada más ver a la vecina de arriba: M. M., o sea, Marilyn Monroe. No es para menos. En mi caso, mi vecina viste unos 75 años, así que no hay sensación más que de abatimiento. 

Y si logro escribir algo, todavía tengo que desear que el lector no esté –metafórica o físicamente– en el Valle de la Muerte, en el desierto de Gobi o delante de una ventana, escayolado y apunto de presenciar un asesinato en la fachada de enfrente del patio interior. Ya se sabe que para la lectura se requiere de unas condiciones atmosféricas y anímicas adecuadas. Rezo por ello.

¿Saben quién es Albert Lamorisse? Tal vez algún enciclopédico lector tenga noción de él. En mi caso, la primera vez que escuché su nombre fue el año pasado a un buen amigo que abriga los 82 tacos de invierno. Su evocación de Lamorisse, director francés de escasa filmografía –ocho películas, la mayoría documentales– y de su mayor éxito comercial, Le ballon rouge (1956), fue tan entusiasta  los ojillos se le entornaban, cálida se le hacía la entonación de la voz, las comisuras de los labios describían el paraíso perdido de la felicidad infantil – que al principio pensé que era fruto de la chochez de un cinéfilo añoso. 

Craso error. Mi amigo F.J. tuvo la inmejorable suerte de ver este mediometraje a esa edad adecuada, apropiada: unos trece años aproximadamente. Téngase en cuenta que por aquel tiempo, los trece en la mayoría de los casos, sobre todo para los que estaban en un internado, era una edad de niñez todavía. Pues bien, El globo rojo es un mediometraje de 36 minutos maravilloso, en el que se narra las peripecias de un chiquilín que se topa con un globo rojo un tanto fantástico. 

En la infancia, lo fantasioso reina en la vida cotidiana. Creo que es la única manera de que la realidad no te patee el culo inmisericordemente. La infancia es una etapa cruel y llena de peligros, lejos de estos tiempos en los que los papás acolchan a sus querubines entre algodón, se relacionan más con artefactos que con seres, donde los suelos de las zonas de recreo infantiles están fabricadas con caucho aglomerado con poliuretano para que las rodillitas de los infantes no se hagan pupitas, donde te juegas pena de cárcel si le das un azote en el culito de cristal de Bohemia, etc. Infancia hiperprotegida. ¡Metamos a los niños en Alcatraz!

En fin, vean el mediometraje y se darán cuenta de que la infancia es todo menos Walt Disney. Un buen día, el crío protagonista Pascal –por cierto, hijo de Albert Lamorisse– encuentra de camino a clase un globo rojo atado en una farola y lo recoge subiéndose a la misma –como Tom Cruise, que no necesita dobles ni efectos especiales–. A partir de ahí, el globo le acompañará cual si se hubiera topado el infante con un perro vagabundo que le sigue a todas partes. Las peripecias del niño con el globo no harán más que ratificar que entre ambos se ha establecido ese vínculo afectivo, milagroso y anhelante en la infancia, como ese amigo invisible que nos acompaña, nos protege, nos defiende y en el que confiamos hasta que, un buen día, desaparece.

El goblo rojo obtuvo una ristra de premios Oscar al mejor guion original, Palma de Oro mejor corto... a pesar de que no hay diálogos prácticamente. Sólo acompaña la música de Maurice Le Roux y el sonido ambiente de las calles de París. Ah, y la fascinante fotografía de Edmon Séchan en Technicolor. Todos los lugares por los que el niño de cuatro años se pasea con el globo están con unos colores apagados, desvaídos, deslucidos, fríos: callejuelas, fachadas, escuela, mercadillo, escalinatas, tejados... Incluso el protagonista viste una ropa gris. Tan sólo la única nota de color que sobresale en todos los planos es el rouge del globo. Pocas veces, la pintura tiene una importancia trascendental como la que atesora este mediometraje.


El contraste de color realza la relación amistosa entre el niño y el globo rojo


La imaginación en la infancia nos permite flotar sobre la pedestre, grisácea y dolorosa realidad al igual que lo hace un globo gracias al principio de flotabilidad: un objeto como el globo sumergido en un fluido como el aire experimenta una fuerza ascendente igual al peso de ese fluido desplazado. Pero, ¡ojo!, si lo hinchamos 🎈 de la misma manera en que lo inflamos con la boca cuando celebramos un cumpleaños, entonces el principio de flotabilidad no imperará, el globo se vendrá al suelo y empezaremos a patearlo para que suba. Necesitamos rellenarlo de algo más liviano que la Realidad plúmbea: el aliento que inspira el Reino de la Imaginación en la infancia.

Por eso, el globo rojo flota. Y acompaña como un buen perrito de compañía a ese querubín. Ora se aleja, ora se acerca juguetón🎈

Desgraciadamente, he llegado tarde para ver con los ojos de un chiquillo, o incluso de un zagal, este hermoso mediometraje. Recuerdo en estos momentos un libro de Alejandro G. Calvo cuyo título explica muy bien la idea que les quiero transmitir: Una película para cada año de tu vida

En la vida, llegamos tarde a muchas cosas, así pues la impresión ya no será tan intensa y penetrante como lo hubiera sido en el momento idóneo: la infancia. Si tienen niños, apunten esta obra bastante desconocida para el gran público. Sus hijos se lo agradecerán. Y usted a mí.

P. D.: En Youtube hay una copia, pero es de tan mala calidad, tan infecta, que no invitaría a nadie a ver algo con los ojos hinchados por los golpes dados por un adolescente camorrista y celoso. Allá ustedes.

Les dejo el enlace: 

Le ballon rouge

jueves, 19 de junio de 2025

Mediometrajes vascos restaurados

 El Festival de San Sebastián incluirá en su sección 'Klasikoak' 2025 cuatro mediometrajes vascos restaurados por la Filmoteca Vasca y EITB


Los títulos que serán restaurados con la financiación del Gobierno Vasco son 'Ehun metro', 'Zergatik panpox', 'Hamaseigarrenean aidanez' y 'Oraingoz izen gabe'


El Gobierno Vasco con un presupuesto de 80.000 euros financia a través de la Filmoteca Vasca y EITB la restauración de los mediometrajes, Hamaseigarrenean aidanez (Anjel Lertxundi, 1985), Ehun metro (Alfonso Ungría, 1985), Zergatik panpox (Xabier Elorriaga, 1985) y Oraingoz izen gabe (José Julián Bakedano, 1986). Los trabajos de rehabilitación se están llevando a cabo en los laboratorios L’Immagine Ritrovata de Bolonia y se proyectarán en septiembre en la sección Klasikoak del Festival de San Sebastián. Las tres primeras películas fueron en 1985 el primer proyecto íntegramente financiado por el Gobierno Vasco para promocionar el cine en euskera. 

La presentación de este proyecto ha tenido lugar en Tabakalera y ha contado con la presencia de Ibone Bengoetxea (consejera de Cultura y Política Lingüística y vicelehendakari primera del Gobierno Vasco), Joxean Fernández (director de la Filmoteca Vasca), Vanesa Fernández (directora de Cultura y Euskera de EITB), José Luis Rebordinos (director del Festival de San Sebastián) y los directores de las películas Anjel Lertxundi, Alfonso Ungría, Xabier Elorriaga y José Julián Bakedano.

 

 

 La vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística, Ibone Bengoetxea, ha sido la encargada de abrir la presentación. En su intervención ha destacado "la importancia de la colaboración institucional y las apuestas firmes por el patrimonio cultural vasco y el cine vasco". "El euskera y la cultura vasca necesitan el impulso de todos y todas, necesita apuestas sólidas. Porque el euskera y el cine vasco forman parte y son reflejo de nuestra identidad colectiva. Proyectos como el de hoy dan futuro a nuestro pasado, dan futuro al patrimonio cultural cinematográfico vasco".

En palabras de Joxean Fernández, “este proyecto de estrecha colaboración interinstitucional, que marca el camino para el futuro, supone cuatro nuevos trabajos de restauración al más alto nivel para traer a la era digital el patrimonio cinematográfico vasco”. “Es también un reconocimiento a algunos de nuestros cineastas pioneros en el ámbito del euskera, una puesta en valor de nuestra literatura como fuente de inspiración del cine vasco y, finalmente, un nuevo intento de internacionalizar nuestros clásicos cinematográficos”, ha subrayado el director de la Filmoteca Vasca.

 

 

 

Por su parte, Vanesa Fernandez ha señalado que esta colaboración “reafirma nuestro compromiso con la difusión del patrimonio cinematográfico vasco y la transmisión del euskera como pilares de nuestra identidad cultural”. Además de participar en la restauración, EITB recogerá el proceso de rehabilitación de las películas en el documental Itzalak Argitzen (Berde Produkzioak y Koldo Almandoz): “Casi 40 años después de su estreno, los cuatro directores viajarán a Bolonia para ser testigos directos del trabajo que se está llevando a cabo en los laboratorios italianos. Asimismo, el documental recorrerá con ellos los espacios reales y ficticios en los que transcurrieron las historias y documentará también el proceso de restauración de la mano de responsables de la Filmoteca”.

Por último, Jose Luis Rebordinos ha asegurado que la situación actual del cine en euskera es “bien distinta a la de hace 40 años y hoy las películas rodadas en nuestro idioma son cada vez más habituales y numerosas en festivales como el de San Sebastián, donde compiten con producciones de todo el mundo”. Por eso, ha añadido, el Festival ha querido “honrar la labor de aquella iniciativa pionera y programar estos cuatro títulos en la sección Klasikoak”.

 

 

Los directores de las películas, que viajarán a Bolonia la primera semana de julio para supervisar el trabajo de restauración, se han mostrado ilusionados. A juicio de Alfonso Ungría, “la recuperación” es la “gran labor” de las filmotecas, que son “la casa madre donde el público puede encontrar cualquier película”.

 

 

Por su parte, Anjel Lertxundi ha recordado que en aquella época se dieron “grandes pasos” en la literatura, la música y el teatro. “En un momento dado, conseguimos también traer el cine a los ojos del euskera”, dijo.

Asimismo, Xabier Elorriaga ha recalcado que la restauración de Zergatik panpox supone para él “regresar a un proyecto” al que llegó con “casi ninguna formación como guionista o realizador. Y las consecuencias de esto, unas espléndidas, otras regulares y algunas no deseadas son las que seguro me estarán esperando en Bolonia”. “Disfrutaré viendo a los intérpretes, oyendo los textos de Urretabizkaia y la música de Pascal Gaigne y Amaia Zubiria, con las localizaciones, el paisaje y la fotografía de Hans Burmann”, añadió.

 

 

Por último, José Julián Bakedano ha explicado que Oraingoz izen gabe fue “el esfuerzo de un equipo euskaldun para rodar una ficción en euskera con sonido directo y un equipo técnico británico, y el resultado fue un éxito”.

 


Los cuatro mediometrajes y su restauración

Hamaseigarrenean aidanezEhun metro y Zergatik panpox están respectivamente basadas en novelas homónimas de Anjel Lertxundi, Ramón Saizarbitoria y Arantxa Urretabizkaia, y fueron producidas por Irati Filmak con un presupuesto de 100 millones de pesetas aportados íntegramente por el departamento de Cultura del Gobierno Vasco. En lo referido al mediometraje dirigido y producido por Bakedano, el guion de Oraingoz izen gabe fue escrito por Bernardo Atxaga, quien se inspiró en un cuento de Jorge Luis Borges. El filme se estrenó en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián de 1987.

La restauración de las cuatro cintas ha partido de los negativos originales en 35 mm conservados en la Filmoteca Española y la Filmoteca Vasca. El material fotoquímico se limpiará y se preparará mecánicamente para su digitalización. En una segunda fase se eliminarán las imperfecciones derivadas del paso del tiempo, siempre con el objetivo de conservar la autenticidad del archivo original. Después se corregirá el color y el sonido. Los trabajos finalizarán en agosto y han contado con la supervisión del personal técnico de la Filmoteca y el auspicio del Gobierno Vasco.

 
 
Mediometraje
ALFONSO UNGRÍA (ESPAÑA)
País(es) de producción: España - 1985
Intérpretes: Patxi Bisquert, Carlos Zabala, Klara Badiola, Aritz Sarria, Paco Sagarzazu, Joseba Apaolaza, Ramón Aguirre, Enrique Salaberria, Ramón Barea, Santiago Burutxaga, Ramón Balenciaga, Luis A. García, José María Txukarro, Gabriel Begiristáin

Son las ocho de la mañana en un verano de los primeros años setenta. Ion, un militante de ETA, corre desesperadamente por la parte vieja de San Sebastián perseguido por la policía. La ciudad se está despertando y vive su rutina con normalidad. Mientras Ion huye recorre también la historia de su vida. Los recuerdos de la escuela, donde le exigen que renuncie a su identidad, se alternan con la mirada de su padre y con la figura de Madeleine.

 
Mediometraje
ANJEL LERTXUNDI (ESPAÑA)
País(es) de producción: España - 1985
Intérpretes: Felipe Barandiaran, Kontxu Odriozola, Mikel Garmendia, Esther Remiro, Pilar Lerma, Xabier Auzmendi, Kontxa Carmona, José L. Castañares, Federico Santalla, Ana Miranda, Mikel Aizpurua, Lourdes González

Domingo vive para las apuestas. Es corredor en regatas de traineras, frontones y plazas donde se celebran diferentes pruebas. Pero es también una obsesión que le impulsa a tomar muchos riesgos, siempre en colaboración con Kornelio, un personaje cobarde y cínico. La soledad de su mujer, Marcelina, sirve de contrapunto en una historia en la que la tragedia puede estallar en cualquier momento. 

 
Mediometraje
XABIER ELORRIAGA (ESPAÑA)
País(es) de producción: España - 1985
Intérpretes: Arantza Rentería, Juan María Segues, Igor Mendoza, Aizpea Goenaga, Elena Irureta, Idoia Arrizabalaga, Arantxa Urretavizcaya, Zuriñe Uriarte

La película, basada en la novela homónima de Arantxa Urretabizkaia, narra la vida de una mujer de treinta años casada y con un hijo. La protagonista reflexiona sobre los motivos que pudieron empujar a su marido, Txema, a dejarla sola con su hijo. A través de monólogos internos se exploran temas como la maternidad, la soledad y la rutina diaria en la sociedad vasca de finales de los años 70. 

 
Mediometraje
JOSÉ JULIÁN BAKEDANO (ESPAÑA)
País(es) de producción: España - 1986
Intérpretes: Iro Landaluze, Félix Arkarazo, Elene Lizarralde, Luis Iriondo, Eskarne Aroma, Eguzki 

Manuel relata su tranquila vida con su hermano Ramón hasta la llegada de una prostituta que altera su convivencia. La presencia de Esther desencadena tensiones y conflictos entre los hermanos hasta llegar a un desenlace trágico. La película explora las relaciones familiares y las emociones reprimidas en un entorno rural.



lunes, 16 de junio de 2025

Tres kilómetros al fin del mundo (2024)

 Bendita equidistancia en el cine



Fotograma de Tres kilómetros al fin del mundo, película rumana



Recuerdo que el añorado crítico de cine y locutor de radio, Carlos Pumares, decía que el cine en blanco y negro no era tal si no se añadía una coletilla esencial: "...Y una amplia gama de grises". Viene a cuento esto porque nunca me gustó el cine propagandístico, ese en el que los grises o no aparecen o están muy limitados en sus fotogramas (léase comportamientos de buenos buenísimos y malos malísimos). 

El caso más flagrante sería el cine concebido desde la Revolución rusa en 1917 como arma propagandística, cuyo objetivo era combatir el cine burgués ideado como espectáculo que sólo narra historias literarias y teatrales, alejado de toda enseñanza que haga tomar conciencia de clase (trabajadora, por supuesto) al espectador. 

Los géneros de cine político y social no suelen ser los de mi mayor agrado, pues siempre hay un mensaje, bien explícito (que me provoca sarpullidos neuronales), bien implícito (cosa esta última que agradezco, pues es como tomar viagra sin saber el poder oculto que conlleva). 

En estos géneros, siempre anda uno con la mosca detrás de la oreja pensando a ver qué me quiere "vender" el director y/o el que ha producido el artefacto. Si se acercaran a un escaparate, ¿les gustaría que la vendedora saliese y les invitase a entrar a comprar tal o cual producto porque está rebajado, es de mucha calidad o cualquier otro motivo comercial? Pues a mí me pasa lo mismo con el cine de "mensaje": me pongo en guardia... y salgo huyendo.

En la pasada edición de la Seminci, pude ver una película rumana titulada Tres kilómetros al fin del mundo (2024) de Emanuel Pàrvu. Es cine social, cuya idea motriz es mostrarnos cómo cierta parte de la sociedad rumana (no sé si mucha o poca) sigue sin aceptar la homosexualidad. El director nos lleva a una zona turística pero conservadora como es el delta del Danubio que desemboca en el mar Negro. Allí regresa el joven de 17 años Alí, que va a pasar un verano en su pueblo natal. Una noche es brutalmente agredido en la calle y al día siguiente su mundo dará un vuelco.

La homofobia empezará a surgir, sobre todo en el seno familiar de Alí, pues sus padres son católicos que viven integrados en la pequeña localidad conservadora del delta. Lo que me convenció, a pesar de ser una película de tesis (o de propaganda) es que no impone su mensaje al espectador. La puesta en escena de Pârvu es tal que la cámara en muchas ocasiones está alejada de los personajes, de las diferentes situaciones dramáticas que relata. En ningún momento nos señala con el dedo de la cámara: "¡Ved qué malos que son casi todos los del pueblo, que son homofóbicos!". No, cada uno de los personajes expone su opinión, su posición, su ideología, en una trama bien construida y con un interés in crescendo. 

Por momentos me recordaba el cine del iraní Asghar Farhadi, cuya obra Nader y Simin, una separación practica el ejemplo claro de lo que quiero decirles: cada personaje en un divorcio plantea su punto de vista, y el espectador sabrá a qué atenerse sin que el demiurgo te lo imponga.

Al director Pârvu le preguntábamos en la rueda de prensa en Valladolid si todavía existía homofobia en Rumanía, a lo que este contestaba que desgraciadamente seguía existiendo. "Cuando hace unas semanas se estrenó la película en Rumanía, recibí mensajes bastantes duros en las redes sociales, mensajes que me insultaban y que me señalaban que no querían ver en el país películas gays", señalaba Emanuel Pârvu. Cree que la sociedad rumana va en el buen camino: el aceptar que no importe la raza, la orientación sexual, el color de la piel o la religión que uno profese. Lo que le preocupa es, en cambio, la velocidad con que esa aceptación va calando.

La obra de Pàrvu trata de combatir esa mentalidad de los espectadores que siempre está contra las minorías, sean estas las que sean. Ponía un ejemplo muy clarividente: "Yo soy un director rumano que está en España. Soy una minoría aquí por ser extranjero. Imaginemos que tengo una discusión con una persona española aquí en Valladolid. Si empezáramos a elevar el tono de la voz en plena discusión, al final no recibiría un insulto del tipo: estúpido, sino el de estúpido rumano. Porque yo creo que esa es la manera en que pensamos con respecto a las minorías. Siempre vamos a señalarlas por el hecho de serlo. No señalamos a la persona, al ser humano. No insultamos así a la persona, sino a la categoría (por ser homosexual, extranjero, de una determinada religión, etc.). Siempre insultamos en esa dirección hacia lo que es minoritario". 



Emanuel Pârvu
El director rumano Emanuel Pârvu, tras la rueda de prensa




El cine rumano que llega a España suele ser muy interesante. Ahí están los ejemplos de directores nacidos a finales de los sesenta y principios de los sesenta del s. XX: Corneliu Porumboiu (12:08 al este de Bucarést), Cristi Puiu (Sieranevada o La muerte del Sr. Lazarescu), Cristian Mungiu (4 meses, 3 semanas, 2 días) o Constantin Popescu (Pororoca), con estos dos últimos Pârvu ha trabajado de actor curiosamente. Como bien decía en la rueda de prensa, esta Nueva Ola del cine rumano de los últimos 20 años "ha empezado a tratar temas sociales como las minorías, la homofobia o la corrupción política, pues hace 50 años no se abordaban estos asuntos pues era la época del comunismo, del socialismo, en el que había otras preocupaciones". 

Emanuel Pârvu nos afirmaba que "la Nueva Ola del cine rumano puso sobre el tapete muchos temas nuevos, de una nueva sociedad. Los autores han de inspirarse en el tiempo en que viven y deben reflejar ese tiempo. Los problemas de la sociedad de nuestro tiempo nos inspira. Y creo que deberíamos hablar de ellos". 

El hecho de que Pârvu sea director de teatro y también actor de cine, le ha ayudado mucho. Sobre todo cuando escribe el guion, pues "por lo general, de alguna manera interpreto a todos los personajes. Eso me consume mucho tiempo a la hora de reescribir. Con esta historia llegué a tener 40 borradores de guion. Al ser actor, sabes cómo tratarlos, pues son personas muy sensibles. Es fácil humillarlos cuando les criticas en voz alta delante de todos en el set de rodaje. No te das cuenta, pero estás creando una incomodidad muy grande, estás abusando de ellos. Suelo hablar en privado, a solas con los actores. No creo mucho en la actuación, pues la actuación es una muestra de tu mejor versión. Si se nota la actuación, es malo. Por eso hago muchas tomas con los actores. Porque hace falta que el cerebro se habitúe a que seamos el objeto de observación con la cámara, tratamos de mostrar nuestra mejor versión, ocultar barriga, mostrar nuestro mejor perfil. Y no quiero eso. Por eso creo más en la valentía. Para ello se necesita tiempo y que se habitúen al set de rodaje.".  

Quise alabarle el hecho de que en su historia no había personajes intrínsecamente buenos ni malos. A lo que contestó que "no es mi forma de relacionarme con el cine. Nadie se levanta por la mañana para ser malvado. Creo que en todos nosotros hay un deseo de hacer el bien en la sociedad, pero a veces lo que yo entiendo como una buena acción no coincide con tu opinión. Y es ahí donde surge la colisión, los problemas. Cuando queremos hacer algo, no actuamos teniendo en cuenta lo que opina el otro".

Emanuel Pârvu nos ponía un ejemplo que trataba de arrojar luz sobre el tema que trata la película al respecto: "Cuando te peleas con tu mujer, y luego le traes una ramo de flores para disculparte. Pero ella no quiere las flores. A veces las arroja y sigue la pelea e incluso se agrava. Y tú sigues reivindicando tu gesto de generosidad. Pero es que ella no necesitaba esas flores. A lo mejor lo que necesitaba, en cambio, es que fueras agradable o que le acercaras un vaso de agua. Y todo porque no le has preguntado, no les has dicho qué puedo hacer por ayudarte. Es una pregunta muy importante. No siempre tenemos que hacer el bien a nuestra manera propia, sino que hay que preguntar. Es decir, por lo que respecta a la sociedad, es importante hablar de los problemas contemporáneos de la sociedad". 

Y la homofobia en Rumanía lo es.

PD.: Tres kilómetros al fin del mundo se ha estrenado esta semana. Si por casualidad van a verla en sala (o más tarde en una plataforma), tal vez salgan preguntándose por qué lleva este título. Emanuel Pârvu nos comentó en Valladolid que tiene dos sentidos: el literal, el pueblo donde transcurre la historia está literalmente a tres kilómetros del fin de la tierra, donde comienza el mar Negro; por otro lado, está el significado metafórico de la misma, que consiste en que como sociedad, y no hablo solo de mi país sino de la sociedad en conjunto, si seguimos en la dirección de seguir prejuzgando y maltratando a las minorías por serlo, creo que estamos entonces a "tres kilómetros del fin del mundo".

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