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miércoles, 24 de abril de 2024

Fant 2024

Los directores Pedro Olea y el italiano Lamberto Bava premios Estrella del Fantástico del Fant 2024

El actor Javier Botet y el productor bilbaíno de animación Iván Miñambres serán los que recojan el premio Fant de Honor



 
La pasada semana el Ayuntamiento de Bilbao presentó la que será la 30ª edición del Fant, evento de cine fantástico que tendrá lugar del 3, viernes,  al sábado 11 de mayo. La inauguración tendrá lugar en el Teatro Campos Elíseos, el meollo de la programación durante la semana será en la Alhóndiga (cines Golem) y la clausura en la sala BBK.

 

Inauguración

El viernes 3 de mayo arrancará oficialmente la edición 30ª del Fant con una gala que se celebrará como suele ser habitual estos últimos años en el Teatro Campos. Según informaron Justo Ezenarro, director, y Eugenio Puerto, programador del festival, será La mujer dormida (2024) de la directora Laura Alvea, un thriller psicológico protagonizado por Almudena Amor y Javier Rey, la que lo inaugure. Además, se proyectarán 13 cortos vasco dentro de Fant Laburrean-Euskal Filmak.

Dentro de esta sesión de apertura, el Fant entregará sendos premios de honor al actor Javier Botet y al bilbaíno Iván Miñambres. Botet tiene una dilatada filmografía a pesar de sus 46 años. Su peculiar físico, espigado y delgado, le ha permitido intervenir en filmes de suspense con directores de la talla de Jaume Balagueró, Paco Plaza, Andy Muschietti, Aritz Moreno o James Wan. De entre sus películas más conocidas, podemos destacar Rec (2007), Alien: Covenant (2017), Expediente Warren: el caso Enfield (2016) o It (2017).

El portugalujo Iván Miñambres también verá reconocido su labor esa noche por su labor. Fundó Uniko en 2009, productora especializada en animación. Con ella produjo su primer corto Birdboy dirigido por Alberto Vázquez y Pedro Rivero que obtuvo el Goya de animación. Desde entonces ha participado en la producción de 12 cortos -de los que quiero destacar la magnifica sátira distópica titulada Loop (2021)- y 3 largometrajes, de los cuales Unicorn Wars (2022) logró también el Goya.


Sección oficial

 
18 son las películas seleccionadas en esta edición. Se proyectarán en el auditorio Azkuna Zentroa y en los cines Golem Alhóndiga y aspiran a los premios Fant 2024 al mejor largometraje y a los premios de Mejor Guión (concedido por la Asociación de Guionistas Vascos) y a la Dirección más innovadora (dado por el Cineclub FAS). 
 
De entre el cine patrio, vamos a destacar la notable Moscas (2023) del director donostiarra Aritz Moreno, que cuenta con una interpretación magnífica de Ernesto Alterio haciendo de hombre de negocios que se encuentra con un cadáver en su maletero del que tratará de deshacerse. Tuve la suerte de verla en Sitges sentado junto al realizador Paul Urkijo. A ambos nos gustó aunque no entendiésemos el final. Fue rodada en Argentina antes de que el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina se levantara en armas contra Javier Milei y sus tijeras podadoras. La acompañarán el segundo largo de Daniel M. Caneiro, el thriller Deviant (2023), y dos películas más de terror, La sombra del tiburón (2024) de Gonzalo López Gallego y Tú no eres yo (2023) de Marisa Crespo y Moisés Romera.
 
 
 
La fascinante La teoría universal (2023) estará en la sección oficial

 
 
Del cine europeo, destacamos La teoría universal (2023), una película alemana fascinante, dirigida por Timm Kröger, y que ya pasó por Venecia, Sitges y Seminci. No es película fácil, pues la narrativa juega con los saltos temporales que pueden hacerla incomprensible, pero la historia de amor, sus personajes, su fotografía en blanco y negro y la música de Diego Ramos Rodríguez la hacen muy hipnótica. Tiene algo especial. El tiempo dirá si se convierte en un clásico del género fantástico.
 
También hemos de resaltar la coproducción italo-francesa, ¡Linda quiere pollo! (2022) de Chiara Malta y Sebastien Laudenbach, película de animación de 75 minutos de duración sobre las relaciones madre e hija, que tuvo su repercusión en el Festival de Animación de Annecy y en los premios César franceses. De Canadá nos viene Las habitaciones rojas (2023) de Pascal Plante, historia donde una mujer se obsesiona por el caso de Ludovic Chevalier, un asesino en serie, y en el que la realidad y las fantasías morbosas se entremezclan.

Dentro de la comedia de terror subsección zombis, destacamos We Are Zombies (2023), una producción franco-canadiense dirigida a seis manos, con un tono a despiporre y diversión. También canadiense, y dentro de la subsección vampiros, tenemos Vampira humanista busca suicida (2023) de Ariane Louis-Seize que cuenta la histora de una adolescente vampira que tiene problemas con sus colmillos. La historia de venganza de una mujer mayor cuya vida fue destruida por un tutor legal se recoge en otro filme canadiense: The G (2023) de Karl R. Hearne.

De la siempre interesante y prolífica Corea del Sur nos vienen dos películas: Killing Romance (2023) de Wonsuk Lee, una agradable comedia romántica  con tintes de thriller sobre una famosa actriz que, en un bache de su carrera, recibe una propuesta matrimonial de una especie de príncipe millonario extranjero; y dirigida por Jason Yu, Sleep (2023) nos narra la historia de una mujer embarazada que comienza a preocuparse por los problemas de sueño de su esposo que empiezan a ser pesadillescos. El lote de cine asiático se cierra con San gui qing shi (2023) de Siyi Liu.
 

Lluvia ácida (2023) de Just Philippot participará en la sección oficial

 
La sección oficial también ofrece cine serbo-croata con The Uncle (2023), estadounidense con Hippo (2023), francés con la historia de supervivencia y catástrofe medioambiental titulada Lluvia ácida (2023), o inglés con Raging Grace (2023) en torno a los cuidados de un anciano por una inmigrante sin papeles. Por último, la australiana El exorcismo de Eastfield (2023) tocará la temática de las posesiones basada en un caso real.


Clausura y otras proyecciones

El viernes 10 mayo se entregarán en la sala BBK sendos premios Estrella del Fantástico, el principal galardón del Festival, al bilbaíno Pedro Olea y a Lamberto Bava.
 
 
No es bueno que el hombre esté solo (1973)





 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El bosque del lobo (1970)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Olea cuenta con algunas películas dentro del género muy loables y que han aguantado muy bien el paso del tiempo. Me estoy refiriendo a No es bueno que el hombre esté solo (1973) con José Luis López Vázquez y Carmen Sevilla, la cual se podrá ver dentro de la sección Maestros del Fant el jueves 9 en la sala 1 de los Golem; El bosque del lobo (1970) también con López Vázquez en un caso de licantropía muy verista, que se proyectará el domingo 5 en la sala 2; y La casa sin fronteras (1972), una solapada crítica al Opus Dei e interpretada por Geraldine Chaplin y Tony Isbert, programada para el lunes 6 también en la sala 2 de los Golem.

Lamberto Bava es un director, productor y guionista de cine italiano que se ha especializado en cine de terror y películas fantásticas. Podremos ver una muestra de su filmografía en la sala 2: el martes 7, Bahía de sangre (1971), el miércoles 8, Un hacha para la luna de miel (1970) y Shock (1977), de la que fue coguionista y dirigida por su padre Mario Bava.

El Fant también programará en la sala 2 de los Golem la sección Panorama Fantástico con 7 largometrajes y 9 cortos. Las entradas para esta sección son gratuitas hasta llenar el aforo.

 
Mátrix (1999), una renovación del Fantástico, se podrá ver el

 
 
Por último, fiel a su cita, la 30ª edición del Fant vuelve a programar clásicos del género para que se puedan disfrutar en pantalla grande. En esta ocasión tenemos la proyección de la norteamericana Mátrix (1999) de Lana y Lilly Wachowski y El arte de morir (2000) dirigida por Álvaro Fernández Armero, protagonizada por Fele Martínez y María Esteve, un slasher español muy poco valorado.

Y una novedad, se podrá ver Excálibur (1991) de John Boorman dentro de la sección el clásico del público, película que más votos obtuvo entre los seguidores de las redes sociales del festival.


La británica Excálibur (1991) será el Clásico del Público



Entradas y Palmarés


Las entradas para la sesión inaugural y la sesión de cortos vascos podrán adquirirse en el Teatro Campos al precio de 5 euros cada una, y para la gala de clausura y las proyecciones del palmarés en la sala BBK al mismo precio.
 
Las entradas para las proyecciones programadas en el Auditorio Azkuna y la sala 1 de los Golme Alhóndiga también estarán a la vente al precio de 5 €.
Las entradas se podrán adquirir desde el martes 23 de abril con un precio de 4 € si se está en posesión del carné del cineclub FAS o del carné de Azkuna Zentroa.

Finalmente, el acceso a la sala 2 de los cines Golem Alhóndiga será gratuito hasta completar aforo.

El palmarés del Fant 2024 se conocerá el viernes 10 de mayo en la sala BBK. En este mismo lugar se podrán ver los principales títulos premiados en dos sesiones especiales el sábado 11: a las 17:00 el palmarés de la sección Panorama Fantástico y a las 19:00 el palmarés de la Sección Oficial.

domingo, 21 de abril de 2024

Una fecha de estreno: 6-12-1977

¿Quién es Ben Burtt?

 

Una señal inequívoca de que te sientes mayor es que el ojillo izquierdo va hacia el espejo retrovisor de la vida, en lugar de mirar lo que la carretera te ofrece por delante, el futuro. Por eso estos días, en que he sabido del reestreno de La amenaza fantasma (1999), he estado recordando una fecha, bueno la datación del recuerdo es complicada porque no tengo nada material que lo fije (ni foto, ni tique de entrada, ni de autobús, nada). Así que determinaremos la fecha mediante un método indirecto, algo así como la prueba del carbono 14.

Me estoy refiriendo al día en que mi tía Pura me llevó a la sala Astoria de Bilbao, sita en la plaza Campuzano, a ver La guerra de las galaxias (la que luego Lucas apostillaría como Episodio IV: Una nueva esperanza). Tendría diez u once años. Como comprenderán si ir a Bilbao era como salir de la Tierra, ponerte delante de aquella pantalla era como salir a la Vía Láctea. Fanfarria de John Williams y unos títulos de crédito un poco raros: salen de debajo y se disipan en el horizonte y cuando las notas musicales se  ponen misteriosas, ¡zas!, un crucero estelar donde  viaja la princesa Leia aparece en cuadro. Está siendo atacada por... Y aquí viene el milagro de la composición en el cine que no se me podrá olvidar jamás. George Lucas, director, decide que el destructor imperial de Darth Vader entre por la parte superior del plano. Ustedes pensarán que es una tontería, algo poco determinante. Pues no. La impresión de acojone, de majestuosidad, de poderío, de enormidad y de capacidad de aniquilamiento de aquel destructor entrando por la parte superior del encuadre es inmensa y cautivadora. Un hallazgo compositivo impactante. ¿Original? No lo sé. Tal vez haya habido otro director antes que lo usara.

 

🎬 A falta de presupuesto, imaginen el destructor aquí. 

 

Yo era un niño de diez años, algo más talludito que Totó en Cinema Paradiso, pero había nacido para la sensibilitá como diría el bueno de Jep Gambardella. En casa sólo se compraba El Correo los domingos. No me digan por qué. Así que imagino que mi tía, estoy fantaseando, vería un día tal como el 6 de diciembre de 1977 un anuncio de una peli a toda página en el periódico. Un pastón para el dueño del Astoria en aquella época. Algo así como...

 

Excepcional estreno exclusivo quería decir que sólo en ese cine se podía ver durante un tiempo.  Ahora son las plataformas las que tienen estrenos exclusivos.


Y, claro, ella no se podía privar de ver la mejor película del año. Así que me agarró un domingo y allá que me llevó. Como la película se estrenó en el Astoria el 6 de diciembre de 1977 y continuó hasta el jueves 3 de febrero de 1978, debe de ser algún domingo de los que están comprendidos en ese periodo. Al día siguiente la película pasaría al Filarmónica, y allí estuvo hasta el día 17 de marzo en que la cadena Astoria la pondría en el cine Multis 5, permaneciendo hasta el 10 de mayo. En total el empresario de la cadena Astoria, Julián Vinuesa, la estuvo proyectando medio año de seguido en Bilbao.

 

El Sonido, un evocador de imágenes

 

La guerra de las galaxias tenía otro as en la manga: el sonido. Porque ¿cómo debería sonar todo en una película de fantasía, en una space opera?  George Lucas fichó a Ben Burtt, un licenciado de 27 años que había estado pegando un micrófono debajo de prácticamente todo desde la niñez. "Colecciona sonidos raros, curiosos", le pidió Lucas. Así que se puso a grabar sonidos de todo tipo: desde los obtenidos en un aeropuerto hasta los provocados golpeando cables tensores en busca de los mejores sonidos para las naves espaciales, las armas láser y los sables de luz. Lo que finalmente entregaría al director tras treinta años después definiría no solo las películas de La guerra de las galaxias sino los efectos sonoros de ciencia ficción de varias generaciones de espectadores. 

Aquella irrupción en pantalla de dos naves espaciales en batalla desigual había que pintarla sonoramente. Sí, ya sabemos que en el espacio no se oye nada, el más absoluto silencio de Dios, pues nada se transmite al no haber atmósfera. Eso lo veíamos en 2001, una odisea del espacio. Pero el director de American Graffiti lo que quería crear era una fantasía, en el polo opuesto de lo que ofrecía Kubrick. De ahí que una de las obsesiones de Lucas era que cada sonido que se oyera en la película tenía que ser inventado.

Por eso recuerdo casi más toda aquella panoplia de sonidos que aparecían en el filme gracias a Ben Burtt que sus poderosas imágenes. Por ejemplo, las tres voces familiares: R2-D2, C-3PO y la de Darth Vader. Sin olvidar la espada láser, su color y sonido. Mi amigo Gaizka trajo un día al trabajo una réplica y ya contábamos más de 40 tacos, señal de la fascinación que ejerció en nuestra niñez.

El truco para conseguir la voz de R2-D2 lo logró Lucas al grabarse arrullando, pitando y silbando en un magnetófono que luego Burtt pasó por un sintetizador, y fue retocando el tono y la velocidad hasta dar con la voz adecuada para cualquier situación. 

En cuanto a C-3PO surgió durante el rodaje, pues Anthony Daniels, el actor dentro del androide, había hablado a la manera de un quisquilloso mayordomo inglés, algo entendible pues Daniels había nacido en la británica ciudad de Salisbury.

Y, por último, y no lo menos importante, la voz de de Darth Vader. A Ben Burtt se le ocurrió grabarse su respiración a través de una máscara de buceo, pero no tenía idea de cómo sería la voz del personaje. El director pensó en que fuera una voz autoritaria y se acordó de Orson Welles, pero decidió, tal vez con acierto, que quizás fuera demasiado conocida. Así que acudió al actor James Earl Jones, pues tenía una voz grave, natural e intimidante. Jones no quiso aparecer en los créditos pues creía que él solo formaba parte de los efectos especiales.

No sé quién escribió esta reseña crítica en el año 1977 en El Correo porque no está firmada, pero creo que da la clave de por qué George Lucas dio con la clave del éxito, un éxito que siempre se apoya en lo que necesita el inconsciente colectivo de una época:

"El hecho de que esta película USA de fulgurante fantasía y un tanto infantil sea capaz de establecer un récord taquillero de muchos años, es posible tenga la virtud de cambiar la mentalidad  de los productores, relegando a segundo término el género de violencia, drogas y erotismo, ahora en vigor, para volver al cine más optimista y apto para todos los públicos como la presente historia en que el bien termina siempre venciendo al mal".


viernes, 29 de marzo de 2024

Si Larousse levantara la cabeza...

El director de cine Rodrigo Cortés compone un diccionario sui géneris titulado Verbolario




Ha caído en mis manos un librito muy bien editado, es un decir, pues la librería más bien ha echado mano de mi bolsillo para extraerme 20,90 €, no como a los periodistas de la sección de cultura de cualquier medio de prensa que les envían montañas de libros para la reseña correspondiente. Y luego se pavonearán mostrándote su puta biblioteca, si tienes la suerte de que te inviten a su casa. Así yo también monto la librería en casa. Al grano, que me sale la vena de Ignatius C. Reilly👇. 
 
El director salmantino Rodrigo Cortés publicó en 2022 un diccionario curioso que ha titulado Verbolario. Dispongo de la 3ª reimpresión de 2023 editada por Penguin Random House. ¿Que no saben quién es este tipo? Bueno, pues una pincelada antes de ir al lío.


Por su obra (de cine) le  conoceréis

 
La primera pista que tuve de Cortés fue en la edición de 2010 del Zinemaldia. El Festival tuvo el acierto de seleccionar su segunda película, Buried (Enterrado) en la sección Zabaltegi (cajón de sastre y de desastres también). Eran 93 minutos intensos, agobiantes sobre un tipo (Ryan Reynolds) que despierta en un viejo ataúd de madera sin saber quién lo ha puesto ni mucho menos para qué. Sólo dispone de 90 minutos para lograr un rescate antes de que el oxígeno se le agote.Ya, pero la película dura 3 minutos más. Eso son para los títulos de crédito, pesado. Ya, pero tan sólo hay un actor en toda la película, así que 3 minutos me parecen demasiado, vuelve a la carga. ¿Y el personal artístico-técnico no ocupa lugar en los títulos de crédito? 
 
No estaba mal pero yo ya había pasado la crisis de los 40 y me afectó menos de lo que debería angustiarme. La subida del euribor por aquella época sí que me mortificaba. Ah, y los asientos infectos del Teatro Principal donde la vi antes de que los renovasen.

Cortés había rodado tres años antes, Concursante con Leonardo Sbaraglia de prota, el cual tiene la suerte -en cursiva, sí ,pues quiero indicar algo de ironía, ¿lo pillan?- de participar en un concurso de la televisión. Muy premonitorio de lo que pasa hoy: todo el mundo quiere participar, anhela hasta ligar por la televisión. Todavía sigo sin haber visto su ópera prima, así que no la puedo recomendar si no hablaría por boca de ganso. Me ha dicho el ganso, eso sí, que merece la pena.

Rodrigo Cortés ha trabajado posteriormente con actores reputados: Cillian Murphy, la Weaver y De Niro en el thriller sobrenatural Luces rojas o con Uma Thurman en la floja Blackwood. En 2021 recuperó el pulso con El amor en su lugar, sobre unos actores judíos en Polonia durante la II GM que no pude pasar de los 20 minutos el día que la puse. Tal vez un mal día. En total, cinco películas en 17 años -no cuento la que está en posproducción Escape con Martin Scorsese en tareas de productor ejecutivo- para un realizador que cuenta 51 años.

Verbolario

 
La obra surge de los dos mil quinientos días de la germinación del huerto que manchaba cada día en la colaboración en las páginas del diario ABC. Pero el germen surgió el día en que Rodrigo Cortés visitó la casa de la viuda de Antonio Mingote. Isabel le enseñó su hogar y, claro, la biblioteca de Mingote. Empezó a sacar libros al azar y, de pronto, se encontró una edición que llevaba años buscando, la que Galaxia Gutenberg dedicó a El diccionario del diablo de Ambrose Bierce en 2005, la más cuidada y completa. Y la viuda se lo regaló.
 
Al igual que Bierce, que comenzó su diccionario en un periódico semanal en 1881 hasta 1906, el director de cine fue engrosando lo que posteriormente ha visto la luz en forma de diccionario. Bierce usaba el bisturí sarcástico y el ingenio para definir palabras. Veamos un ejemplo:
Palacio.

Residencia elegante y cara, especialmente la de un alto cargo público. La residencia de un alto dignatario de la Iglesia católica también recibe el nombre de palacio; la casa del que la fundó se llamaba establo o cuneta. Queda claro, por tanto, que el progreso existe.

 
Cortés se puso a juguetear con las palabras, imaginando para ellas un significado nuevo, eso sí, sin la causticidad de las palabras definidas por Ambrose Bierce contra un ambiente mojigato y con el miedo al fuego eterno del ambiente familiar en el que se crió éste en el siglo XIX .  Cada creador es hijo de su época. ¡Qué le vamos a hacer! De ahí a aparecer en la tercera del periódico ABC fue algo que surgió sin premeditación. En los diccionarios corrientes, las palabras tratan de vestirse de etiqueta, con el cuidado en el corte de un sastre; sin embargo, Cortés no trata de definir las palabras como si fuera un Balenciaga, sino precisamente de desnudarlas revelando así un significado oculto.
 
He intentado rebuscar en Verbolario aquellas palabras que mariden mejor con la esencia de este blog, es decir, vocablos relacionados con el cine. Y, curiosamente, pensé que siendo Rodrigo Cortés director, guionista y escritor encontraría esas definiciones más afines a este espacio. Pero, oh, desgraciado de mí, apenas he podido pescar algunas que, tangencial o plenamente, tengan algo que ver con el séptimo arte. Así tenemos:
Autocrítica

Reseña de cinco estrellas que se hace a uno mismo.

Agradecimiento

Inventario de nombres con que se recoge un premio (ampliado al día siguiente en nota aparte, por los olvidos).

Crítica

Opinión redondeada en un extremo y afilada en el otro para facilitar la inserción. Estimulación del contrario.

Píxel

Grano de arena en el televisor.

Peliculón

Película que, si es buena, también puede ser pequeña.

Crear

Recrear. // 2. Convertir el dolor en obra.

 


En ocasiones, las definiciones que hace Cortés se aproximan a la greguería o son greguerías.


 Las greguerías de Ramón

De alguna manera, el autor de Buried sigue la estela de Ramón Gómez de la Serna con sus greguerías. Sí, el madrileño nacido a finales de siglo XIX, un humorista y enfant terrible de las vanguardias. Descubrí al bueno de Ramón en el instituto de Erandio. Y sus greguerías, como él las definió, metáfora + humor, me parecieron tan visuales, poéticas y ocurrentes que me marcaron en mi juventud, porque surgían las más de las veces del subconsciente, de asociaciones visuales inesperadas que producen sorpresa y humor. Y porque las soltaba cuando pretendía ligar con alguna mujer ("Al pintarse los labios con la barra de carmín parecía encerrar entre paréntesis un beso posible") con relativo éxito. Con 25 años adquirí la edición de Rodolfo Cardona publicada por Cátedra titulada Greguerías. Ahí tuve un arsenal para el requiebro. No es un diccionario como tal, sino un listado seleccionado de las ocurrencias del bueno de Ramón . He aquí algunas:

La mariposa posándose en todas las flores es la mecanógrafa del jardín.

La pantalla cinematográfica debe tener la anchura de una sábana matrimonial, ya que al final de casi todas las películas se casan sus protagonistas.

La pantalla cinematográfica está orlada de negro porque es una esquela de defunción de lo que va sucediendo en ella.

La ópera es la verdad de la mentira, y el cine es la mentira de la verdad.


Curiosamente, al final del libro Greguerías, se recogen las publicadas, al igual que sucedió con las de Verbolario, en ABC entre 1961 y 1963, año de su fallecimiento en Buenos Aires.

J. Reilly diría que este artículo es un corta y pega, un picoteo aquí y allá, un buceo en la piscina de la memoria de uno, un... El caso es que tiene razón el cabronazo de Ignatius. 
 
Me voy al bar Stop, no sin dejar de recordar la definición de "masturbación" de Rodrigo:
Saque de honor. // 2. Autoestima manual. // 3. Demagogia llevada al extremo.

 

lunes, 25 de marzo de 2024

Fuego en el cuerpo y Magallanes

 ¿Qué pasa si me olvido de meter en la maleta el cepillo de dientes?


Los domingos por la tarde, a eso de la siesta, me suelo acercar al bar Stop de Astrabudua. A esa hora la feligresía es escasa pero no falta. No hay música, se escucha el soniquete del tragaperras de vez en cuando y alguien que pide un cortado, un farias o una copa de sol y sombra. La banda sonora se completa con alguna partida de mus al fondo del bar.  Del pantallón del televisor, tan sólo brotan mudas y vigorosas imágenes de deporte. Esas son las notas.

Me siento enfrente de el Rubius, amigo de la cuadrilla. Tío raro, para qué andarme con rodeos. Mejor, peculiar, que no suena a despectivo. Nunca le conocimos pareja, ni pescao ni carne. Así que si tengo que juzgar por los indicios (pelo rubio con ricitos, ojos claros y en alerta, dispuesto a escapar de la autoridad,  espigada figura cincelada cual si fuera por el Sida, perpetua sonrisa lúbrica y juguetona), diría que se come pescado crudo y a escondidas. Algo así como el secreto de Miguel Bosé en torno a su orientación sexual, largamente oculta  durante sus elepés existosos hasta que estalló todo. El Rubius, aunque no ha estudiado carrera universitaria y tan sólo hizo algo de FP, es un hombre erudito, sobre todo en Historia y Geografía. Ah, y en Arte también se defiende. Hombre leído. Así que no es extraño verle sentado con un libro en la mano mientras se toma algo.

‒¿Qué lees? ‒le pregunto.

‒Estoy leyendo un libro sobre la primera vuelta al mundo ‒responde amablemente. Y añade‒: Está escrito por un excelente autor, Stefan Zweig.

‒Magallanes, el portugués... ‒añado desajustado.

‒Ajá. ¿Has leído algo de Zweig? ‒pregunta.

‒No.

‒Deberías ‒aconseja. Y me ilustra‒: Magallanes parte de Sevilla en 1519 con cinco galeones y unos doscientos hombres bajo juramento de fidelidad a Carlos I. ¿Sabes lo que tardan en cruzar el charco?‒. Me quedo en silencio y prosigue‒: Tardan once semanas en atravesar el Atlántico hasta la bahía de Río de Janeiro.

‒Curioso que le llamaran así a un lugar sin río alguno.

‒Sí. Tal vez la enorme bahía invitaba a pensar que hubiera tras de ella un poderoso río ‒responde‒. Ya sabes que a mí me encanta viajar.

‒¿Y? ¿Piensas ir en barco como Magallanes?

‒No. Lo que me admira es que el portugués estuvo preparando un viaje a lo desconocido ‒y pronuncia esta última con tono evocador e impregnándolo de misterio‒. No sabía cuánto iba a durar y lo que se iba a encontrar. Si viajara solo... Pero detrás de él estaban más de doscientos hombres.

‒Ya. Era enorme la responsabilidad de un viaje a lo desconocido. Yo voy al Zinemaldia y ya me parece una odisea. ‒Y el Rubius se sonríe mientras toma la copa‒. Imagínate que el objeto más insignificante, que por descuido queda en el olvido al emprender el viaje, ya no puede recuperarse.

‒Sí, se menciona eso, que cada rollo de estopa, cada gota de aceite, papel, alimento... representan algo que ni con todo el dinero ni con la propia sangre de uno mismo podrían adquirir. Era una gran responsabilidad, sí‒ concluye‒. Además, el almirante, pues Carlos I le da ese título, se guarda muy mucho de decir a los tripulantes que pueden pasar meses o años antes de que le sea dado renovar sus provisiones.

Se acerca el camarero y me pregunta qué voy a tomar. Le digo lo de siempre. Sobre la mesa deja un platito de aceitunas, cortesía de la casa. Y espanta con la mano una mosca que iba a tomar posesión de las mismas. Me la quedo mirando viendo cómo discurre su trayectoria. Da círculos, en medio del bar, como demorando la partida al exterior.

‒Hoy viajamos sin ninguna preocupación con los móviles ‒reanuda la conversación el Rubius‒. Pero entonces, Magallanes tan sólo disponía de algunos mapas y de noticias. ¡Todo erróneo! ‒Se me queda mirando fijamente para ver mi reacción. Sin embargo,  mientras sigo escuchándole, observo el vuelo de la mosca entre los pinchos de la barra‒. Eso lo descubre al llegar al Río de la Plata.

 ‒¿Y qué hizo Magallanes?

‒Tenía dos opciones como le hicieron ver los demás capitanes del resto de las embarcaciones: regresar o navegar rumbo más al sur.

‒Pero eso no significa acercarse al calor sino a zona polar.

‒Esa era su preocupación y, para mas inri, pierde el galeón más grande y con más provisiones. El estrecho de Magallanes no es más que un ininterrumpido cruce de caminos, laberinto de vueltas y revueltas, bahías, calas, fiordos, bancos de arena... ¡Mira si quieres en ‘Google maps’!

Prefiero imaginármelo, así sus palabras descriptivas se vuelven como esos relatos terroríficos narrados a la luz de la hoguera, aunque el bar Stop no contribuye a la oralidad ancestral y a que a uno se le ponga la piel de gallina mientras crepitan las imágenes deportivas del pantallón televisivo.

Recorro con la memoria el mapa del cono sur y me doy cuenta de algo que manifiesto de viva voz:

‒Supongo que por aquella época, la tripulación no vería ni un alma por esa zona.

‒En el libro, se cuenta que cuando llegan al Sur, ya es invierno. No se ve alrededor ni un ser vivo, pero hombres debe de haber por allí escondidos, pues de noche se ven unas llamas en las tinieblas, por eso Magallanes da el nombre de Tierra de Fuego a esa zona descubierta.

La mosca eleva el ala tras su provisión de grasa para varios vuelos. Su viaje en línea recta la lleva a la puerta, gira a babor y desaparece... ¿a Tierra de Fuego?

 


 

Por extraños vericuetos de la memoria, la palabra fuego me trae a las mientes el título de una película de Lawrence Kasdan que rodó en 1981. 

‒¿Recuerdas Fuego en el cuerpo? La interpreta William Hurt, que hace de un joven abogado. Un día conoce a Matty, una tentadora y sensual mujer casada con un rico hombre de negocios. El abogado pierde la cabeza por ella, no me extraña pues la actriz era Kathleen Turner, que hacía estallar mi olla Magefesa con solo verla en pantalla. Recuerdo el inicio de Fuego en el cuerpo, algo que me marcó. Una voz en off explicaba también qué cargamento debía contener una maleta.

‒¿No te estarás confundiendo con otra titulada El turista accidental?

‒¡Es verdad, la dirigía también Kasdan!

‒Y la interpretaban también Hurt, que era un escritor de guías de viajes para hombres de negocios, y la Turner junto con Geena Davis.

‒Cierto, cierto. El hecho es que la peli arrancaba con una serie de planos detalle de Hurt haciendo una maleta y una voz en off, que no era la suya, decía lo siguiente (abro el móvil y busco):

Un hombre de negocios debe viajar sólo con lo que quepa en su maletín.

Siempre es un engorro tener que facturar el equipaje.

Conviene llevar varios sobres de detergentes para no tener que dar a lavar la ropa en las lavanderías.

Hay muy pocas cosas necesarias que no se vendan en sobres o en paquetitos.

Un solo traje será suficiente si se lleva un frasquito de quitamanchas.

El traje deberá ser gris oscuro. El gris es más sufrido y, además, puede servir para un funeral, por ejemplo, en caso de necesitarse.

El hombre de negocios que viaja, turista accidental, debe llevar un libro para evitar la conversación de los extraños. Las revistas no duran mucho y los periódicos no suelen ser locales. Pero no lleve más de un libro, a menudo se sobreestima la cantidad de tiempo libre y es un sitio innecesario que ocupa en el maletín.

En los viajes, como casi todo en la vida, no llevar nunca nada de valor o tan estimado que su pérdida pueda suponer un disgusto.


Nos quedamos en silencio ambos, un poco absortos. ¿Qué relación, qué hilo tenía la conversación, aventurero del siglo XVI y viajero del XX? O absortos tal vez porque sabíamos que Magallanes perdería la vida antes de acabar la circunnavegación; la mosca la perdería en menos de un mes; el escritor de El turista accidental estaba abatido y apático porque acaba de sufrir la pérdida de su hijo en un accidente y su mujer había decidido abandonarlo. Y yo me había perdido en mi viaje por la memoria confundiendo las dos películas.

Viajar tiene sus peligros. En mi caso, olvidarme de meter un cepillo de dientes. Trágico.

viernes, 15 de marzo de 2024

Los Oscar de 2024

Premios Oscar, Oscars, Óscares... pero ¿a quién le importa?


Hace años, décadas tal vez, los premios Oscar constituían un tema de tertulia, antes y después de celebrarse en el Dolby Theatre de Los Ángeles, habitual escenario. Tengo la sensación de que con el paso del tiempo apenas, salvo para ese círculo masónico de cinéfilos cada vez más añoso, conserva ya la misma importancia. Supongo que hay factores que han contribuido a ese desinterés: dejando aparte lo aburrido que pueden ser tres horas de agradecimientos a padre, madre y demás familia y luego a los compañeros de rodaje, están la disminución de la importancia de la sala cinematográfica, el consumo superficial del cine en canales, la apuesta de las plataformas por las series o miniseries, la diversidad del ocio de hoy en día...

El pasado sábado tuve la suerte de comer con mi cuadrilla. ¿Creen ustedes que a un día vista de la gala salió no ya los Oscar sino algún tema cinematográfico entre los temas que se abordaron en la sobremesa? Tal vez no sea significativo de nada. Pero a mí se me ocurrió pensarlo.

A estas alturas, ya sabrán que el bueno de Christopher Nolan ha ganado con su "Oppenheimer" el Oscar a mejor película y dirección, un relato de 180 minutos absorbente sobre el Proyecto Manhattan y sobre las consecuencias que tuvo en el padre de la bomba atómica. Me alegra saber que los dos actores, Cilliam Murphy y Robert Downey Jr. se hayan llevado los premios de interpretación. 

Desde que empezó a ser conocido, hace ya 24 años con la fascinantemente estructurada "Memento" (2000), ha rodado filmes que ha interesado al público en mayor o menor medida. Y créanme, "Oppenheimer" llenó las  salas cuando creo que nadie lo esperaba. Cine clásico que se amolda a una narrativa que no siempre tiene que salir bien porque nadie, cuando se pone a rodar, sabe a ciencia cierta si eso va a constituir un éxito. Tal vez el hecho de que Puttin esté dando por culo a Ucrania y amenazando con sacar las ojivas nucleares de donde las tenga, haya influido en eso que llaman el subconsciente colectivo. Vaya usted a saber.

Creo recordar que de los 180 minutos de metraje apenas se alude en dos ocasiones a lo que supuso sendos bombardeos en Hiroshima y Nagasaki. Es un pero que leí sobre el filme de Nolan. Pero claro, la historia no iba de las consecuencias en la población civil japonesa. Así debió quedar la Naturaleza en esas ciudades después de soltar los pepinos. Cada vez que veo árboles en estado invernal siento que la destrucción atómica es algo parecido. El contraste con el cielo azulado con ribetes de núbes lo hace más trágico si cabe.

 


 

Oppenheimer acaparó 7 galardones. Después vienen las migajas. Esos Oscar que, cual pedrea en la lotería, alegran un poco y alejan del sabor a hiel del fracaso estrepitoso. "Pobres criaturas" del terrible adulte griego Yorgos Lanthimos  se llevó al zurrón 4 de los 11 a que aspiraba. Poca recompensa para una película logradísima, inteligentísima, divertidísima y todos los -ísimos que puedan imaginar. Sí, es feminista, pero me divertí tanto viéndola y disfrutando de la vitriólica mirada al siglo en que vivieron Mary Wollstonecraft Shelley y Lord Byron que no me salieron sarpullidos. Además, el plantel compuesto por Emma Stone, segundo Oscar tras el de La La Land (2017), Mark Ruffalo (de vacío) y Willem Dafoe hace que los 141 minutos pasen como un suspiro. De admirar el despliegue de decorados y vestuario que tuvieron su justa recompensa en esta edición.

La otra pedrea ha sido para la actriz de reparto Da'Vine Joy Randolph que, dicen los que la han visto en "Los que se quedan" de Alexander Payne, está soberbia. Y la película es muy recomendable. Sobre todo porque la confronta el bueno de Paul Giamatti. 

A Payne le tuve cerquita un año en el Zinemaldia -estaba de presidente en el Jurado- en una proyección de una obra maestra que había sido restaurada: El ladrón de bicicletas (1948). A veces he estado cerca de dioses, aunque mi inglés de la Escuela de Idiomas me ha convertido en un Woody Allen tartaja y timorato.


ESPAÑA SE VUELVE DE VACÍO

Este año el cine patrio presentaba dos solidísimas candidaturas. Por un lado, la magnífica "La sociedad de la nieve" de J. A. Bayona. Desgraciadamente, el nivel en la categoría de Mejor Filme Internacional era altísimo. Todas podrían haberse llevado el premio. Sin embargo, fue "La zona de interés" de Jonathn Glazer quien se llevó el Óscar al agua con una vuelta de tuerca sobre un tema muy llevado al cine: el holocausto judío en la II Guerra Mundial. Atención al uso del sonido en esta película, algo que en el cine no se suele dar importancia pero que aquí es fundamental en muchas escenas.

 


 

 Y en el apartado de largometraje animado, nuestro bilbainísimo Pablo Berger presentaba su candidatura con "Robot Dreams", la relación amistosa entre un perro solitario y su robot de compañía. No ganó porque en frente tuvo al dios de la animación japonesa, que había anunciado hace tiempo que a sus 83 años ya no estaba para más anime. Su obra "El chico y la garza" cuenta un drama que va pasando del realismo a lo fantástico con escenas cada vez más ininteligibles para mí. La tendré que volver a ver con un diccionario Español-Miyazaki. No quiero dejar de recomendar la obra de Berger, sencilla, emotiva, con trazos naífs, que en momentos puede estar a punto de caer en la sensiblería, pero que al salir del cine uno respira más y mejor. Vamos, como si hubieras ido al masajista del alma. Sorprende gratamente cómo el autor de "Blancanieves" adapta de una manera muy personal la novela gráfica de Sara Varon. Es lo que se dice un autor, no un simple adaptador.

No me extrañaría que Damien Chazelle, si se hubiera topado con Pablo Berger en la alfombra roja, le hubiera recriminado que su final era muy semejante al de "La La Land", pero en perruno.




 


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