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sábado, 26 de julio de 2025

Cinema Paradiso

 «Hagas lo que hagas, ámalo», dice Alfredo

  

Urinarios de un cine actual, de cuyo nombre no quiero ni debo acordarme

 Siempre que miramos hacia atrás, nos surge la misma pregunta: ¿fueron mejores tiempos? Al menos, fueron tiempos vividos, ¿o no? Esto último creo recordar que fue la respuesta de un personaje en una película de la que ya no recuerdo. Y si no es así, la apunto por si rodara alguna.

En ocasiones, tengo tiempo suficiente para hacer cosas poco productivas. Y me he puesto a mirar la cartelera de cine de Bilbao en un viernes cualquiera de los años 1975, 2000 y del presente 2025. Tan sólo sentía curiosidad por ver la desaparición progresiva de las salas de cine en las ciudades –y en los pueblos también–. El resultado lo tienen en esta tabla. Como ven la oferta cinematográfica ha ido disminuyendo: de 32 películas a 20 en Bilbao. Sin embargo, no se ha reducido tan drásticamente (aún habiendo disminuido el número de cines), porque en los noventa se extendieron otro tipo de multicines, lejos de aquellas pequeñas salas de los años setenta del pasado siglo, que los espectadores en general nunca vieron con buenos ojos por diferentes motivos. 

 

Cines en Bilbao

1975

2000

2025

 

Abando

Avenidas

Cinesa Zubiarte

 

Actualidades

Ayala

Golem

 

Albeniz

Capitol

Multis

 

Arriaga

Coliseo Albia

 

 

Artagan

Ideales

 

 

Astoria

Mikeldis

 

 

Ayala

Multis

 

 

Bolueta

 

 

 

Buenos Aires

 

 

 

Campos

 

 

 

Canciller

 

 

 

Capitol

 

 

 

Carlton

 

 

 

Coliseo Albia

 

 

 

Consulado

 

 

 

Deusto

 

 

 

Filmarmónica

 

 

 

Gayarre

 

 

 

Ideal

 

 

 

Ízaro

 

 

 

Liceo

 

 

 

Ocharcoaga

 

 

 

Olimpia

 

 

 

Recalde

 

 

 

Santuchu

 

 

 

Trueba

 

 

 

Urrutia

 

 

 

Vistarama

 

 

 

Vizcaya

 

 

 

Zurbaran

 

 

Nº de películas

32

27

20

 

Los megacines habitualmente se ubicaron fuera del centro de la ciudad, en los recientemente creados parques comerciales, y reunían varias salas de tamaño más considerable que las multisalas, tenían una inmejorable calidad de sonido y, sobre todo, de visión, pues los patios de butacas estaban dispuestos en gradas: ¡nadie que se pusiera en la fila de delante te fastidiaría poder contemplar las piernas de Elsa Pataky subiendo escaleras en Ninette o los subtítulos de una peli de Andréi Tarkovsky!

Si observan la tabla, es curioso señalar que el único cine que perdura son los Multicines (conocidos popularmente como Multis). Todo lo demás ha desaparecido. Justamente los Multis corresponden a esa década de los 70 del siglo pasado en los que muchos cines tuvieron que o bien cerrar o bien dividir sus grandes locales en otros más pequeños. Sin embargo, el caso de los Multis, sitos todavía en la calle bilbaína José María Escuza, fueron construidos ex novo por el empresario Julián Vinuesa Conal. No están en la columna de 1975 porque se inauguraron al público el 15 de septiembre de 1977, dos años más tarde.

Según Alberto López Echevarrieta*, "la idea del empresario era la de aprovechar un local creando salas de cine como habitaciones pueda tener un piso". Alrededor de un vestíbulo, se distribuyen las ocho salas (ahora siete). "Como novedad se anunció que los Multicines no tendrían acomodadores, ya que casa sala dispondría de una luz ambiental que permitiría al espectador encontrar perfectamente su asiento".

No quisiera recurrir a la palabra decadencia al describir en lo que se han convertido los cines de Bilbao en estas últimas décadas. Pero, ¿acaso no vivimos en una deterioro cultural viendo que allí donde había una oferta cultural ahora lo que nos topamos son gimnasios, tiendas de deporte, casinos, residencias de ancianos, clínica capilar, supermercados, hoteles, palacio de justicia, parque infantil, tienda de ropa...? En los años cincuenta, se llegó a hablar del Broadway bilbaíno por el número de salas que había en el bocho. 

In illo tempore, quise hacer un reportaje sobre el antes y después de muchos de esos cines, pero alguien se me adelantó. Aquí tienen el resultado: 

Los cines de Bilbao: 1977-2018. En lo que se han convertido hoy 

Si mal no me falla la memoria, sería por el verano de 1990 cuando llevé a mi novia y a una pareja de amigos a ver Cinema Paradiso (1989) de Giuseppe Tornatore en el cine Gurea de Algorta. Al salir, recuerdo que hablando de ella me emocioné. Solté algo así como que el cine se estaba muriendo, vamos, la contemplación del mismo en salas. Muy melodramático, he de confesarlo, pero cierto. Por aquel entonces, el vídeo y las cadenas de televisión privadas habían corneado a un modo social de ver el séptimo arte. Con la llegada de las plataformas digitales, el resultado en 2025 es el que ven en la tabla: cornada mortal de necesidad.

Cuenta Martín Eguia en su obra Cines y películas a través del prospecto: 1945-1970 una anécdota divertida. Él estudiaba en el colegio de los Escolapios de la calle Alameda de Recalde de Bilbao. En la última planta había un salón de actos/cine. Recuerda que cuando había un beso todo el cine gritaba: "¡Uno cero!”. Nunca se pasaba del 3-0. Entonces el cura, que se encargaba de la proyección, tapaba el proyector con la mano, provocando un follón impresionante de protestas y silbidos. Se paraba la película y bajaba el cura desde la cabina a poner orden. Martín creía que todo estaba preparado, pues debajo de la sala de proyección habían montado un cuarto con un ventanuco en el que se vendían chucherías y no se reanudaba la película hasta que no se atendía a todos los que hacían cola.


 

 

Cinema Paradiso, como todos saben, es la relación entre un niño llamado Salvatore, huérfano, y un proyeccionista de cine de nombre Alfredo en un pueblo ficticio de Sicilia. La sala de cine era un lugar de encuentro y de sueños sin censura; de meterse mano o para descubrir otros mundos que los atlas apenas nos dejaban imaginar, de aprender o de matar el tiempo riendo. 

A la salida del cine Gurea había un cartel de la película, donde se ve a Alfredo y Salvatore montados en una bicicleta que recorre un sendero compuesto por aquellos fotogramas de los besos censurados que el público del pueblo nunca pudo disfrutar. Les conminé a mis acompañantes a que se fijaran en un "tag line" o lema –algo muy habitual entre los publicistas– que decía:

Cuando las luces del cine se apagan empieza la magia

Y después de leerla, me les quedé mirando pensativo con ojos húmedos. "A ellos les robaron los besos, a nosotros nos roban la magia", les dije.

Releo una crítica de aquella época: «Alfredo era un hombre bueno y sabio, capaz de tomar frases de los grandes héroes cinematográficos, de ver cuando está literalmente ciego, de mostrar ternura (...) Mantiene una máxima en la vida: "Hagas lo que hagas, ámalo". La lucidez le lleva a desear para el chico mejor futuro que la cabina de proyección, donde hay demasiada soledad, y a hablar de la vida como algo más duro que el cine».

La ceguera del proyeccionista Alfredo me recordaba a la de Jorge Luis Borges, el escritor argentino. Cuando le preguntaron cómo era convivir con ella, Borges dijo que era una forma de relacionarse con la soledad. De ahí lo mágico de la sala oscura. Nos sentimos solos... hasta que se ilumina la pantalla y dejamos de estar ciegos.

Y ahora que miro hacia delante, ¿aquellos que frecuentan los gimnasios, tiendas de deporte, casinos, residencias de ancianos, clínica capilar, supermercados, hoteles, palacio de justicia, parque infantil, tienda de ropa, que sustituyeron a las salas de cine, se sentirán menos solos? ¿Y menos cultos?



(*) Los cines de Bilbao (2000) 

miércoles, 23 de julio de 2025

Los domingos (2025)

 Alauda Ruiz de Azúa completa la Sección Oficial del Zinemaldia 2025 con Los domingos

 

Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa completa el cuarteto español que pugnará por la Concha de Oro

 

Hace dos semanas el director del Zinemaldia, Jose Luis Rebordinos, anunciaba en Madrid la participación del cine made in Spain en las diferentes secciones. En la de mayor atención mediática, la Sección Oficial, eran tres las anunciadas a competición: Maspalomas de los guipuzcoanos Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, la propuesta del sevillano Alberto Rodríguez titulada Los tigres y, por último, el documental del barcelonés Jose Luis Guerín Historias del buen valle

¿Pocas, muchas? En el corrillo cinéfilo, se comentaba que poca representación había en esta 73ª edición. Pero si repasamos ediciones anteriores, pues comprobaremos que lo habitual ha oscilado entre tres y cuatro obras a competición. Más películas italianas a competición ha programado el Festival de Venecia este año: cinco.

Más raro me resultaba que no hubiera participación femenina. Así que hoy el Festival ha anunciado que habrá una cuarta película en la sección competitiva y, por tanto, aspirará a la Concha de Oro: Los domingos, de la directora baracaldesa Alauda Ruiz de Azúa (1978). Rebordinos no será criticado por falta de cine rodado por mujeres.

Esta tardanza en completar la sección oficial con este cuarto título le hace sospechar a uno que Los domingos pudiera haber sido descartada en otros festivales (Venecia o Toronto por ser los más  próximos al Zinemaldia, siempre en pugna por llevarse lo mejor). Algo así como Nico Williams con el Barcelona F. C. de este verano*.

Ruiz de Azúa optará por primera vez a la Concha de Oro con su tercera película. Cuenta la historia de Ainara, una joven idealista y brillante de 17 años que ha de decidir qué carrera universitaria estudiará. O, al menos, eso espera su familia que haga. Sin embargo, la joven manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de clausura. La noticia pilla por sorpresa a toda la familia provocando un abismo y una prueba de fuego para todos.

La debutante Blanca Soroa y Patricia López Arnaiz, que obtuvo la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista por Los destellos de Pilar Palomero en 2024, encabezan el reparto del filme, en el que también figuran Miguel Garcés, Juan Minujín, Mabel Rivera y Nagore Aranburu.

Ruiz de Azúa debutó con Cinco lobitos (2022), estrenada en la sección Panorama de la Berlinale y ganadora de ocho premios en el Festival de Málaga, incluida la Biznaga de Oro a la mejor película, y el Goya a la mejor dirección novel. Todo este éxito es digno de sociología, ya que desde el punto de vista de la calidad cinematográfica, es muy justito salvo la labor interpretativa de algunos de sus actores.

Netflix vio la ocasión para hacer caja y le propuso que rodara al poco tiempo una comedia romántica que pasó con más pena que gloria: Eres tú (2023). 

También es autora de la miniserie Querer (2024), que formó parte de la Sección Oficial del Festival de San Sebastián fuera de concurso y posteriormente ganó el Premio Forqué, el Premio Feroz y el galardón de la competición internacional del festival Séries Mania.

En fin, que no sé por qué tengo la sensación de que hay directoras que son empujadas por la ola presente, independientemente de que su calidad artística de lo que ruedan sea destacable. El tiempo me lo confirmará o desmentirá. Veremos si Los domingos se me hacen tan desagradables (o no) como cuando de pequeño durante las tardes dominicales rumiaba el amargo pensamiento de que al día siguiente había colegio. Ojalá sea festivo.

 

lunes, 21 de julio de 2025

Una mujer de París (1923)

  ¿Qué pintamos cuando pintamos un retrato o Ceci n’est pas une pipe?

  

Edna Purviance (Marie) elige un vestido para su retrato que le hará Carl Miller (Jean, antiguo novio)




Hacia tiempo que no me pasaba por el bar Stop. Es verano y me gusta tomarme un café con leche con ciertos sacramentos parisinos a primera hora. La temperatura no se ha hecho extremeña y Cecilia, la dueña del barcito, todavía está de buen talante con los clientes. No sé cómo pudo haber traído al mundo cuatro retoños, uno hace tiempo muerto, reflexiono mientras la miro cómo lo prepara. Tal vez su difunto marido tenía su necesidad semanal de "eso" y las estadísticas confirmaron el número de cuatro. En aquel tiempo –en el que sitúo esta escena anacrónica–, lo de la planificación familiar todavía no estaba en boga. 

¿Qué me cuentas? Hace días que no vienes –me interroga Cecilia, queriendo ser amable lo acompaña de un rictus de sonrisa labrado en piedra.

–Liado.

–O con pocas ganas de venir por aquí. Ninguno de los de la cuadrilla ha preguntado por ti últimamente.

Como no quiero responder, paso la verónica preguntando por lo que últimamente me ronda en la cabeza.

–Oye, ¿tú has pensado en tener algún retrato tuyo? –le cambio de tercio.

–¿Para qué? Además, para eso se necesita mucho tiempo de posado, ¿se dice así, no? –me responde mientras me sirve el café con leche en vaso largo con dos bolsitas de azúcar–. ¿Quieres algo más?

–Sí, un cruasán a la plancha –le respondo–. El otro día me surgió la duda de qué pinta un artista cuando está ante el reto de un retrato: ¿la realidad, el ideal del cliente, el ideal del propio artista, una visión sui géneris del pintor? El pincel le ofrece varias posibilidades.

–¡A mí que me pinte más mona de lo que soy! Si no, no cobra un duro –grita desde el fondo en la cocinilla.

La pregunta me surgió a raíz de ver una película, Una mujer de París de 1923, muda. Está dirigida por Charles Chaplin. No es de sus películas más conocidas, en cambio a mí me parece un peliculón. La madurez del cine mudo. Consulté, tras ver la peli, su autobiografía y tan sólo la menciona en tres páginas. Y me quedo con una frase que me parece muy reveladora: "Algunos críticos sostenían que la psicología no podía expresarse en el cine mudo". Vaya que sí lo hizo Chaplin.

–Mi hijo el mayor me dice que han repuesto en las salas de cine La quimera del oro. Pero, ¿quién va a querer ver una película de Charlot del año de la polca... ¡Y muda! –me comenta mientras me trae el cruasán en un platito.

–Será en Madrid. Ya sabes… en las megaciudades, todo es posible.

–¿Y de qué trata Una mujer de París–pregunta sabiendo que nada me detendrá.

–Me alegro de que me hagas esa pregunta, Cecilia. La acción comienza en un pueblecito de Francia. La protagonista se llama Marie St Claire, interpretada por Edna Purviance, y el padre se niega a que se case con un humilde pintor. Ellos deciden fugarse cuando el padre cierra la casa para que ella no pueda entrar tras haberse escapado de noche con el pintor. En la estación, él decide regresar a casa para recoger algo de ropa mientras ella saca los billetes. Sin embargo, un incidente, el fallecimiento de su padre, hace que él no aparezca en la estación y Marie decide coger el tren a París creyendo que la ha abandonado en el último momento.

–De esas historias ya he visto muchas en Astrabudua. Sobre todo cuando ellas quedan preñadas… ¿Qué tiene que ver esto con lo del retrato? –pregunta Cecilia impaciente.

Por la puerta, se acerca el repartidor de periódicos. Dice buenos días y deja tres ejemplares: El Correo, Deia y Egin. La propietaria del Stop empieza a colocarlos en las barras de sujeción.

Pasa un año. Un cartelito nos sitúa en París "donde la fortuna es voluble y una mujer pone su vida sobre el tapete de juego".

–Vamos, en román paladino, que se mete a puta.

–No, digamos que se convierte en la querida de un adinerado caballero encarnado por Adolphe Menjou.

–No sé quién es.

–Un actor de la época. Da igual –le digo mientras me como un trozo del cruasán–. El caso es que ella vive como una reina en un apartamento pagado por él. Por esas casualidades de la vida, Marie St. Claire llama por equivocación a un piso donde se topa con su antiguo amor del pueblo, que ha venido a París a tratar de superar la precaria situación económica.

–Y ella le ayuda de alguna manera. Como si estuviera viendo la película.

–Bueno, le encarga un retrato. Quedan para elegir el vestido, uno plateado, y ahí es cuando él descubre que está liada con un hombre.

–Y ahora es cuando viene la explicación del retrato –y acompaña Cecilia la frase con una triunfal sonrisa mientras se coge un trocito de mi cruasán.

–La escena, que me parece magnífica por lo que tiene de psicológica, es aquella en que la Purviance está posando, ¿se dice así, no? –le guiño el ojo a Cecilia– ante el pintor. Ella bosteza, porque para ella no es más que un retrato del presente. A él, en cambio, le falta unos detalles y le hace prometer que no lo verá hasta que no esté completamente acabado. Sin embargo...

 

Una mujer de París ante los ojos del pintor

 

–Ella no puede aguantar la impaciencia de verse en ese vestido de color plata que había elegido con la complicidad de él cuando fue a verla a su apartamento.

–Exacto –le digo–. Sucede algo muy curioso a nivel artístico y psicológico. Digamos que ambos personajes están en planos mentales-temporales distintos: Marie St. Claire en el presente parisino con su reluciente vida de hedonismo y placer; él, en cambio, todavía en el pueblecito cuando pretendía el amor de ella. 

–¿Y eso cómo lo sabes? –pregunta Cecilia, apoyando los codos sobre la barra mientras lanza una mirada a la puerta por si alguien entra.

–Porque cuando ella levanta el trapo del caballete ve que no está retratada con el elegante vestido que ha elegido, sino con aquel más humilde que llevaba el día en que pretendían fugarse en la estación de tren rumbo a París hace un año. Ella le pregunta mientras mira por la ventana el pasado"Why bring up the past?".

 

Marie St. Claire no quiere traer el pasado al ver su retrato

 

–Que en cristiano significa...

–¿Por qué sacar a relucir el pasado? Su ex novio le responde, claro, en un intertítulo: "Porque te conocía mejor entonces". 

–Digamos que el retrato no respondía al interés de su clienta.

–Digamos que no, Cecilia. En esta ocasión, el retrato obedecía al subconsciente del pintor de querer ver a la Marie St. Claire del pasado, de aquella Marie que ya no lo es.

Solté el dinero. Mientras esperaba la vuelta, observé que en uno de los periódicos podía leer el siguiente titular: "Se encontraron un cuadro de Rembrandt en una inspección de una casa: vendido por más de 1 millón de euros". Sonreí por la casualidad de la noticia, pues se trataba del retrato de una joven. Agradecí la atención de Cecilia y salí por la puerta con la sensación de que el pasado, a medida de que el tiempo transcurre, nos acompaña cada vez más en nuestro retrato de la vida. “¿Qué será de aquel retrato de la Purviance? ¿Lo conservará alguno de los hijos de Chaplin?”, me preguntaba mientras los rayos de sol se iban poniendo extremeños. 

  


 

domingo, 13 de julio de 2025

Zinemaldia 2025: cine español en Sección Oficial

La homosexualidad, la droga como tabla de salvación y la emigración, temáticas de la Sección Oficial en la 73ª edición del Festival de San Sebastián

 

La dupla Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, José Luis Guerin y Alberto Rodríguez, directores que competirán por la Concha de Oro

 

 

 

 Suele ser ya tradición ir a la sede de la Academia Española en Madrid a presentar la programación de cine español que se verá en el Zinemaldia. Su director Jose Luis Rebordinos lo hizo este pasado viernes 11 de julio anunciando que serán 22 títulos de producción española (17 largometrajes, 2 cortometrajes y 3 series) los que podrán verse entre el 19 y el 27 de septiembre en la Sección Oficial y demás apartados. Además, se informó de que el tradicional Premio Nacional de Cine, que otorga el Ministerio de Cultura, será este año para el actor barcelonés de 60 años Eduard Fernández.

La presentación previa la hizo el vicepresidente primero de la Academia, Rafael Portela, que no obvió la situación política mediante este comentario: "Estamos pasando tiempos de incertidumbre con tramas, argumentos y villanos que solo pensábamos que veríamos en películas malas". Seguro que más de algún representante político asistente se removería incómodo en su asiento, o pensaría que con él no iba la alusión. Portela recurrió al tópico de que ante estos tiempos "nos queda el cine, el cine extraordinario que seguro veremos en San Sebastián para entender lo que está pasando, para emocionarnos, entendernos y para que nos ayude «a articular una respuesta», la mejor que podamos". 

Rebordinos, por su parte, comentó que "este es un gran año para el cine español, incluso mejor que el año anterior por el mayor número de películas españolas". Y pasó a demostrarlo señalando la repercusión que ha tenido nuestro cine en recientes festivales como Cannes (compitiendo con Sirât de Oliver Laxe y Romería de Carla Simón), Berlín (Sorda de Eva Libertad) o "la seguridad de que habrá en la próxima edición de Venecia agradables sorpresas para el cine español dentro de su programación".

 

Sección Oficial

Tras el panegírico obligado, el director del Zinemaldia informó de que en la Sección Oficial a concurso estarán tres películas, todas de cineastas que comenzaron sus carreras en San Sebastián, como es el caso de Alberto Rodríguez y el tándem formado por Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, a quienes el Festival ha ido acompañando en sucesivas películas como "parte de su decidido apoyo al cine español". También regresará José Luis Guerin, que ganó el Premio Especial del Jurado en 2001 con la magnífica En construcción

 

Maspalomas
Aitor Arregi (izq.) y Jose Mari Goena en la presentación en Madrid de Maspalomas


 


 

Cine Vasco

Ya lo dijo hace tiempo Rebordinos, que no habría cine vasco a competición por sistema sino por criterios de calidad. No lo hubo el año pasado ni el anterior, pero este año el vacío lo ocupará Jose Mari Goenaga (Ordizia, 1976) y Aitor Arregi (Oñati, 1977), que vuelven a optar a la Concha de Oro con Maspalomas. El actor Jose Ramon Soroiz da vida a Vicente, quien a  sus 76 años, y tras romper con su pareja, lleva la vida que le gusta en Maspalomas, localidad de la isla de Gran Canarias. Su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta.

 

 

 

El colectivo Moriarti, trío de cineastas que se completa con Jon Garaño y que han sido los niños mimados (con justicia) del Zinemaldia durante estos últimos años, ha concitado un cada vez mayor interés en sus propuestas. Participaron en sus inicios con Lucio y 80 egunean. Ya en la Sección Oficial estrenaron con éxito y gran aceptación de público Loreak (2014), Handia (2017), que obtuvo el Premio Especial del Jurado y el Premio Irizar, y La trinchera infinita (2019), Concha de Plata a la mejor dirección, Premio al mejor guion, Premio Irizar y Premio FIPRESCI. Por último, Marco (2024) clausuró Perlak tras estrenarse en la sección Orizzonti de Venecia.

 

Un documental de José Luis Guerin

Si el año pasado la Concha de Oro fue a un documental, o cine de no ficción, en esta ocasión será otro grande de este género el que vuelve a San Sebastián. Casi 25 años después de alzarse con el Premio Especial del Jurado y el Premio FIPRESCI gracias a En construcción (2001), José Luis Guerin (Barcelona, 1960) regresa a la competición oficial con una nueva no ficción, Historias del buen valle, rodada en Vallbona, barrio barcelonés con un importante porcentaje de población migrante.

 

El director José Luis Guerín presenta Historias del buen valle

Guerin ha sido autor presente en festivales, cuya repercusión siempre ha sido bastante limitada entre el gran público. Últimamente su obra ha ido espaciándose y con menor acierto. Sin embargo, si alguien tiene curiosidad le recomendamos las que en mi opinión son sus dos obras más sobresalientes junto a En construcción: la mágica, original y extraña Tren de sombras (1997) y la nostálgica búsqueda de las huellas de John Ford y del rodaje de El hombre tranquilo titulada Innisfree (Zabaltegi, 1990), ambas presentadas en su momento en Cannes.

 

Alberto Rodríguez por partida doble

Habitual por estos lares desde que hace ya 25 años rodara su primer largometraje, Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) presentará Los Tigres, escrita junto a Rafael Cobos, en la que Antonio de la Torre y Bárbara Lennie encarnan a dos hermanos que trabajan como buzos profesionales para el petróleo. Su vida cambia cuando Antonio tiene un accidente y descubren que no puede bucear más. Una situación que puede cambiar cuando dan con un alijo de cocaína escondido en el casco de un petrolero.

 

Los tigres, séptima participación del director Alberto Rodríguez en el Zinemaldia

No le ha ido mal en el Zinemaldia a Rodríguez, que mostró en sus incios El factor Pilgrim (codirigida con Santi Amodeo, 2000) y El traje (2002) en la sección New Directors. Participa por séptima vez en la Sección Oficial, donde presentó 7 vírgenes (2005), con la que Juan José Ballesta obtuvo la Concha de Plata al mejor actor, y La isla mínima (2014), que brindó esa misma distinción a Javier Gutiérrez, además del galardón a la mejor fotografía y 10 premios Goya posteriores. Eduard Fernández consiguió otra Concha de Plata con El hombre de las mil caras (2016), tras la que Rodríguez inauguró el Festival fuera de concurso con Modelo 77 (2022). El cineasta, el primero en estrenar una serie en la Sección Oficial con La peste (2017), fue también uno de los directores de la serie Apagón (2022).

 


 

 

Alberto Rodríguez participará por partida doble y presentará fuera de competición Anatomía de un instante, una miniserie de tres episodios basada en el libro homónimo de Javier Cercas sobre el intento de golpe de estado que España sufrió el 23 de febrero de 1981. En el reparto figuran, entre otros, Álvaro Morte, que da vida al presidente Adolfo Suárez; Eduard Fernández, que interpreta al dirigente comunista Santiago Carrillo; Manolo Solo, que asume el papel del militar y político Gutiérrez Mellado y David Lorente, que encarna al teniente coronel golpista Antonio Tejero.

 

Fuera de concurso y proyecciones especiales

Nunca he entendido ni entenderé por qué se programan en esta sección competitiva por definición obras que no aspiran más que al aplauso (o al bostezo o abucheo) del público. Así en esta 73ª edición, Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) regresa con Un fantasma en la batalla un largometraje inspirado en la mayor operación encubierta contra ETA que cuenta la historia de una joven guardia civil que trabajó durante más de una década como agente encubierta en la organización terrorista. Susana Abaitua encabeza un reparto completado por Andrés Gertrudix, Iraia Elias, Raúl Arévalo y Ariadna Gil. Tal vez es una manera de restañar la criticada no participación del año pasado de Arantxa Echevarría con su película La infiltrada de similar temática.

Por si fuera poco el menú no competitivo, en Sección Oficial se incluirá en su apartado Proyecciones Especiales cuatro títulos fuera de concurso: un largometraje de ficción y otro de no ficción, y dos series.  

 


 

En la serie Zeru ahoak (Bocas de cielo), de cuatro episodios, el donostiarra Koldo Almandoz recupera a los personajes de Hondar ahoak (2020) para urdir un nuevo thriller protagonizado por Nagore Aranburu, Josean Bengoetxea y Ramon Agirre entre otros. El segundo largometraje de Almandoz, Oreina ya ganó el Premio Irizar al Cine Vasco. 

El drama histórico Karmele, dirigido por el vergarés Asier Altuna es una adaptación de la novela de Kirmen Uribe Elkarrekin esnatzeko ordua (La hora de despertarnos juntos), protagonizada por Jone Laspiur, Eneko Sagardoy y Nagore Aranburu. Altuna ha codirigido con Telmo Esnal Aupa Etxebeste! (New Directors, 2005), que ganó el Premio de la Juventud y Agur Etxebeste! (Gala del Cine Vasco, 2019). En solitario, ha participado en la Sección Oficial con dos largometrajes, Bertsolari (2011), proyectado fuera de concurso, y Amama (2015), que ganó el Premio Irizar. 

Flores para Antonio es el título de la película de no ficción con la que Isaki Lacuesta (Girona, 1975) y Elena Molina (Madrid, 1986) exploran la vida y el legado del músico Antonio Flores a través de abundante material de archivo y testimonios de su hija Alba Flores y sus hermanas Lolita y Rosario, así como de un buen número de artistas. Lacuesta es uno de los pocos cineastas que ha ganado incomprensiblemente (un caso de misterio para Iker Jiménez) dos veces la Concha de Oro con Los pasos dobles (2011) y Entre dos aguas (2018). 

 


 

Óscar Jaenada y Ricardo Gómez protagonizan La suerte, una serie de seis episodios dirigidos por Paco Plaza (Valencia, 1973) y Pablo Guerrero (Lorca, 1975) sobre un taxista convertido súbitamente en chófer de un torero y su cuadrilla. Completan el reparto de La suerte Carlos Bernardino, Óscar Higares, Pedro Bachura y Jason Fernández, entre otros. Plaza concursó en la Sección Oficial con La abuela (2021). El año pasado su película Mugaritz. Sin pan ni postre (2024) se alzó con el Premio Culinary Zinema

 

domingo, 6 de julio de 2025

El cautivo (2025)

 Lo importante es saber imponer el relato

 

Cartel promocional de la película de Alejandro Amenabar

 

Pocos directores españoles despiertan el interés del público a la hora de presentar un estreno. Quitando a Pedro Almodóvar, que siempre ha sabido él solito crear expectación por cada obra que presentaba allende nuestras fronteras en festivales de renombre, tan sólo me viene a la mente dos figuras más jóvenes: Juan Antonio Bayona y Alejandro Amenabar. Verdad que hay un listado de notables directores pero no están en esa liga de la llamada "gran expectación" que se suscita con cada proyecto: los Trueba, Coixet, Sorogoyen, Alberto Rodríguez, León de Aranoa, por poner algunos ejemplos, no levantan tanto interés como si fuera un Barcelona F.C.-Real Madrid. 

Es verdad que en ciertas ocasiones son los premios internacionales los que provocan esos anhelos por ir a la sala a verla, como puedan ser los casos más recientes de Sirât de Oliver Laxet, que logró el Premio del Jurado en Cannes, o los casos de 20.000 especies de abejas de Urresola y Alcarrás de Carla Simón por la repercusión que tuvieron en tiempos recientes en Berlín. 

Amenabar y Bayona son dos directores no muy prolíficos: el primero a sus 53 años cuenta con 8 largometrajes; el segundo, con 50 primaveras, ha rodado dos menos. Los paralelismos continúan con los premios: así, Amenabar logró el Oscar por Mar adentro (2004); el realizador catalán estuvo a las puertas con La sociedad de la nieve (2023) si no se hubiera cruzado ese año la también magnífica La zona de interés. En cuanto a los Goyas, Alejandro atesora dos como mejor director y tres a mejor película frente a Bayona que ha logrado tres en dirección y uno a mejor filme. También se asemejan en que junto a proyectos con reputados actores nacionales cuentan con trabajos en los que han intervenido actores internacionales de renombre: Ethan Hawke, Rachel Weisz o Nicole Kidman en el caso de Amenabar, o Sigourney Weaver, Bryce Dallas Howard y Naomi Watts por parte de Bayona.

Por último, querría destacar que mientras Amenabar se ha sentido atraído por figuras históricas (la astrónoma Hypatia de Alejandría, Miguel de Unamuno, y ahora Cervantes) o contemporáneas (Ramón Sampedro símbolo de la eutanasia) que luchan contra un ambiente hostil en sus respectivas épocas, Bayona se ha decantado por narrar historias de personajes que luchan por adversidades no tan ideológicas, políticas o sociales de su tiempo, sino ante desgracias más naturales (familia ante un tsunami, niño frente al duelo por la muerte de su madre o un equipo de deportistas enfrentándose a su supervivencia en la cordillera de los Andes).

 Este año es Alejandro Amenabar el protagonista, el que ha creado expectación con El cautivo, que se estrenará en España el próximo 12 de septiembre, previo estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), dentro de la sección Special Presentations, una de las más prestigiosas del certamen canadiense que celebra este año su 50 edición del 4 al 14 de septiembre. 

El estreno en Toronto marca el inicio del recorrido internacional de El cautivo. Su director, Alejandro Amenabar presentó en la misma sección Mar adentro y Mientras dure la guerra.  La sección Special Presentations acoge películas de autores consagrados y títulos que, por su calidad cinematográfica y el interés que despiertan, se perfilan como protagonistas de la temporada internacional. En ediciones anteriores se han proyectado películas como Los que se quedan, Sin novedad en el frente o Los Fabelman, entre otras. 

 El rodaje ha tenido lugar en la Comunidad Valenciana: Alicante, Santa Pola y los estudios “Ciudad de la Luz” entre otras localizaciones levantinas, así como en los Reales Alcázares de Sevilla.

Con guion de Alejandro AmenábarEl cautivo está protagonizada por Julio Peña y Alessandro Borghi, que junto a Miguel Rellán, Fernando Tejero, Luis Callejo, José Manuel Poga, Roberto Álamo, Albert Salazar, Juanma Muniagurria, César Sarachu, Jorge Asín, Mohamed Said, Walid Charaf y la debutante Luna Berroa, entre otros, completan el reparto.  

  

Julio Peña con el director Alejandro Amenabar observando una escena rodada

 

¿Y qué nos va a contar el autor de Los otros? Pues en lugar de hacer un biopic, parece que se va a centrar en unos pocos años de la vida del escritor de Rinconete y Cortadillo. En concreto, los que comienzan con su cautiverio de cinco años (1575-1560) en Argel, cuando regresaba a España en la galera Sol y esta es apresada por una flotilla turca cerca de la costa catalana. Según nos relata el director, "en 1575 se cerraron las puertas de la libertad para Miguel de Cervantes, pero a cambio se abrieron las de su imaginación y su humanidad. Mientras ideaba arriesgados planes para fugarse de una desoladora prisión árabe, aquel joven soldado se vio empujado a conocer el mundo de sus captores y a interactuar con ellos en suelo enemigo. Y allí, entre sus compañeros de cautiverio, encontró su verdadera vocación como inigualable contador de historias".

 He consultado tres fuentes para redactar este artículo sobre Cervantes. Curiosamente, en una de ellas se afirma que "poco sabemos con absoluta certeza de la vida del más universal de nuestros escritores". De hecho, algo tan básico como la fecha de nacimiento, en una se afirma que "ignoramos el día en que nació (...). Fue bautizado en Alcalá de Henares (9-X-1547)". Y en las otras dos se nos dice que probablemente sea 9-X-1547 y en la otra tan sólo se afirma que nació en 1547. 

Visto lo visto, tenemos que suponer que Amenabar habrá tenido que recurrir para describir en su guion esos cinco años de cautiverio a lo que el mismo Manco de Lepanto recreó en sus obras como la Epístola a Mateo Vázquez, El trato de Argel, Los baños de Argel y el relato del Capitán cautivo que aparece en El Quijote I (capítulos 39-41). Más lo que haya echado a la cazuela la pizquita de imaginación, mucha o poca. Veremos.

En la nota de prensa que nos envían, Amenabar comenta que "entrar en la cabeza y el corazón de uno de los mayores talentos de la literatura ha acabado convirtiéndose en la tarea más intensa y personal de mi carrera. Deseo que la gente conozca a Miguel de Cervantes tanto como creo conocerlo yo ahora. Y que haga un viaje en el tiempo para verse allí, entre corsarios, cautivos, renegados, amigos y enemigos... observando y escuchando a aquel hombre fascinante que ni siquiera sabía aún que era un genio”.

Cuando uno se enfrenta a hechos históricos bastante documentados, no queda más remedio que ceñirse en lo posible a ellos, so pena de ser acusado de interpretar –en el mejor de los casos– o de tergiversar la historia –en el peor–; si no hay suficiente documentación, aquí el creador puede asumir con su imaginación el rellenar los agujeros negros. Y si logra conectar el pasado con el espectador del presente, las lanzas de guerra no se pondrán en posición de combate. Ya le ocurrió con su última obra: Mientras dure la guerra (2019). 


Julio Peña (Cervantes) frente al actor Roberto Álamo

 

 SINOPSIS DE EL CAUTIVO
 
Año 1575. El joven soldado Miguel de Cervantes es capturado en alta mar por corsarios árabes y llevado a Argel como rehén.
 
Consciente de que allí le espera una cruel muerte si su familia no paga pronto su rescate, Miguel encontrará refugio en su pasión por contar historias. Sus fascinantes relatos devuelven la esperanza a sus compañeros de prisión y acaban por llamar la atención de Hasán, el misterioso y temido Bajá de Argel, con el que comienza a desarrollar una extraña afinidad.
 
Mientras los conflictos crecen entre sus compañeros, Miguel, llevado por su inquebrantable optimismo, comenzará a idear un arriesgado plan de fuga.

 

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