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lunes, 25 de marzo de 2024

Fuego en el cuerpo y Magallanes

 ¿Qué pasa si me olvido de meter en la maleta el cepillo de dientes?


Los domingos por la tarde, a eso de la siesta, me suelo acercar al bar Stop de Astrabudua. A esa hora la feligresía es escasa pero no falta. No hay música, se escucha el soniquete del tragaperras de vez en cuando y alguien que pide un cortado, un farias o una copa de sol y sombra. La banda sonora se completa con alguna partida de mus al fondo del bar.  Del pantallón del televisor, tan sólo brotan mudas y vigorosas imágenes de deporte. Esas son las notas.

Me siento enfrente de el Rubius, amigo de la cuadrilla. Tío raro, para qué andarme con rodeos. Mejor, peculiar, que no suena a despectivo. Nunca le conocimos pareja, ni pescao ni carne. Así que si tengo que juzgar por los indicios (pelo rubio con ricitos, ojos claros y en alerta, dispuesto a escapar de la autoridad,  espigada figura cincelada cual si fuera por el Sida, perpetua sonrisa lúbrica y juguetona), diría que se come pescado crudo y a escondidas. Algo así como el secreto de Miguel Bosé en torno a su orientación sexual, largamente oculta  durante sus elepés existosos hasta que estalló todo. El Rubius, aunque no ha estudiado carrera universitaria y tan sólo hizo algo de FP, es un hombre erudito, sobre todo en Historia y Geografía. Ah, y en Arte también se defiende. Hombre leído. Así que no es extraño verle sentado con un libro en la mano mientras se toma algo.

‒¿Qué lees? ‒le pregunto.

‒Estoy leyendo un libro sobre la primera vuelta al mundo ‒responde amablemente. Y añade‒: Está escrito por un excelente autor, Stefan Zweig.

‒Magallanes, el portugués... ‒añado desajustado.

‒Ajá. ¿Has leído algo de Zweig? ‒pregunta.

‒No.

‒Deberías ‒aconseja. Y me ilustra‒: Magallanes parte de Sevilla en 1519 con cinco galeones y unos doscientos hombres bajo juramento de fidelidad a Carlos I. ¿Sabes lo que tardan en cruzar el charco?‒. Me quedo en silencio y prosigue‒: Tardan once semanas en atravesar el Atlántico hasta la bahía de Río de Janeiro.

‒Curioso que le llamaran así a un lugar sin río alguno.

‒Sí. Tal vez la enorme bahía invitaba a pensar que hubiera tras de ella un poderoso río ‒responde‒. Ya sabes que a mí me encanta viajar.

‒¿Y? ¿Piensas ir en barco como Magallanes?

‒No. Lo que me admira es que el portugués estuvo preparando un viaje a lo desconocido ‒y pronuncia esta última con tono evocador e impregnándolo de misterio‒. No sabía cuánto iba a durar y lo que se iba a encontrar. Si viajara solo... Pero detrás de él estaban más de doscientos hombres.

‒Ya. Era enorme la responsabilidad de un viaje a lo desconocido. Yo voy al Zinemaldia y ya me parece una odisea. ‒Y el Rubius se sonríe mientras toma la copa‒. Imagínate que el objeto más insignificante, que por descuido queda en el olvido al emprender el viaje, ya no puede recuperarse.

‒Sí, se menciona eso, que cada rollo de estopa, cada gota de aceite, papel, alimento... representan algo que ni con todo el dinero ni con la propia sangre de uno mismo podrían adquirir. Era una gran responsabilidad, sí‒ concluye‒. Además, el almirante, pues Carlos I le da ese título, se guarda muy mucho de decir a los tripulantes que pueden pasar meses o años antes de que le sea dado renovar sus provisiones.

Se acerca el camarero y me pregunta qué voy a tomar. Le digo lo de siempre. Sobre la mesa deja un platito de aceitunas, cortesía de la casa. Y espanta con la mano una mosca que iba a tomar posesión de las mismas. Me la quedo mirando viendo cómo discurre su trayectoria. Da círculos, en medio del bar, como demorando la partida al exterior.

‒Hoy viajamos sin ninguna preocupación con los móviles ‒reanuda la conversación el Rubius‒. Pero entonces, Magallanes tan sólo disponía de algunos mapas y de noticias. ¡Todo erróneo! ‒Se me queda mirando fijamente para ver mi reacción. Sin embargo,  mientras sigo escuchándole, observo el vuelo de la mosca entre los pinchos de la barra‒. Eso lo descubre al llegar al Río de la Plata.

 ‒¿Y qué hizo Magallanes?

‒Tenía dos opciones como le hicieron ver los demás capitanes del resto de las embarcaciones: regresar o navegar rumbo más al sur.

‒Pero eso no significa acercarse al calor sino a zona polar.

‒Esa era su preocupación y, para mas inri, pierde el galeón más grande y con más provisiones. El estrecho de Magallanes no es más que un ininterrumpido cruce de caminos, laberinto de vueltas y revueltas, bahías, calas, fiordos, bancos de arena... ¡Mira si quieres en ‘Google maps’!

Prefiero imaginármelo, así sus palabras descriptivas se vuelven como esos relatos terroríficos narrados a la luz de la hoguera, aunque el bar Stop no contribuye a la oralidad ancestral y a que a uno se le ponga la piel de gallina mientras crepitan las imágenes deportivas del pantallón televisivo.

Recorro con la memoria el mapa del cono sur y me doy cuenta de algo que manifiesto de viva voz:

‒Supongo que por aquella época, la tripulación no vería ni un alma por esa zona.

‒En el libro, se cuenta que cuando llegan al Sur, ya es invierno. No se ve alrededor ni un ser vivo, pero hombres debe de haber por allí escondidos, pues de noche se ven unas llamas en las tinieblas, por eso Magallanes da el nombre de Tierra de Fuego a esa zona descubierta.

La mosca eleva el ala tras su provisión de grasa para varios vuelos. Su viaje en línea recta la lleva a la puerta, gira a babor y desaparece... ¿a Tierra de Fuego?

 


 

Por extraños vericuetos de la memoria, la palabra fuego me trae a las mientes el título de una película de Lawrence Kasdan que rodó en 1981. 

‒¿Recuerdas Fuego en el cuerpo? La interpreta William Hurt, que hace de un joven abogado. Un día conoce a Matty, una tentadora y sensual mujer casada con un rico hombre de negocios. El abogado pierde la cabeza por ella, no me extraña pues la actriz era Kathleen Turner, que hacía estallar mi olla Magefesa con solo verla en pantalla. Recuerdo el inicio de Fuego en el cuerpo, algo que me marcó. Una voz en off explicaba también qué cargamento debía contener una maleta.

‒¿No te estarás confundiendo con otra titulada El turista accidental?

‒¡Es verdad, la dirigía también Kasdan!

‒Y la interpretaban también Hurt, que era un escritor de guías de viajes para hombres de negocios, y la Turner junto con Geena Davis.

‒Cierto, cierto. El hecho es que la peli arrancaba con una serie de planos detalle de Hurt haciendo una maleta y una voz en off, que no era la suya, decía lo siguiente (abro el móvil y busco):

Un hombre de negocios debe viajar sólo con lo que quepa en su maletín.

Siempre es un engorro tener que facturar el equipaje.

Conviene llevar varios sobres de detergentes para no tener que dar a lavar la ropa en las lavanderías.

Hay muy pocas cosas necesarias que no se vendan en sobres o en paquetitos.

Un solo traje será suficiente si se lleva un frasquito de quitamanchas.

El traje deberá ser gris oscuro. El gris es más sufrido y, además, puede servir para un funeral, por ejemplo, en caso de necesitarse.

El hombre de negocios que viaja, turista accidental, debe llevar un libro para evitar la conversación de los extraños. Las revistas no duran mucho y los periódicos no suelen ser locales. Pero no lleve más de un libro, a menudo se sobreestima la cantidad de tiempo libre y es un sitio innecesario que ocupa en el maletín.

En los viajes, como casi todo en la vida, no llevar nunca nada de valor o tan estimado que su pérdida pueda suponer un disgusto.


Nos quedamos en silencio ambos, un poco absortos. ¿Qué relación, qué hilo tenía la conversación, aventurero del siglo XVI y viajero del XX? O absortos tal vez porque sabíamos que Magallanes perdería la vida antes de acabar la circunnavegación; la mosca la perdería en menos de un mes; el escritor de El turista accidental estaba abatido y apático porque acaba de sufrir la pérdida de su hijo en un accidente y su mujer había decidido abandonarlo. Y yo me había perdido en mi viaje por la memoria confundiendo las dos películas.

Viajar tiene sus peligros. En mi caso, olvidarme de meter un cepillo de dientes. Trágico.

viernes, 15 de marzo de 2024

Los Oscar de 2024

Premios Oscar, Oscars, Óscares... pero ¿a quién le importa?


Hace años, décadas tal vez, los premios Oscar constituían un tema de tertulia, antes y después de celebrarse en el Dolby Theatre de Los Ángeles, habitual escenario. Tengo la sensación de que con el paso del tiempo apenas, salvo para ese círculo masónico de cinéfilos cada vez más añoso, conserva ya la misma importancia. Supongo que hay factores que han contribuido a ese desinterés: dejando aparte lo aburrido que pueden ser tres horas de agradecimientos a padre, madre y demás familia y luego a los compañeros de rodaje, están la disminución de la importancia de la sala cinematográfica, el consumo superficial del cine en canales, la apuesta de las plataformas por las series o miniseries, la diversidad del ocio de hoy en día...

El pasado sábado tuve la suerte de comer con mi cuadrilla. ¿Creen ustedes que a un día vista de la gala salió no ya los Oscar sino algún tema cinematográfico entre los temas que se abordaron en la sobremesa? Tal vez no sea significativo de nada. Pero a mí se me ocurrió pensarlo.

A estas alturas, ya sabrán que el bueno de Christopher Nolan ha ganado con su "Oppenheimer" el Oscar a mejor película y dirección, un relato de 180 minutos absorbente sobre el Proyecto Manhattan y sobre las consecuencias que tuvo en el padre de la bomba atómica. Me alegra saber que los dos actores, Cilliam Murphy y Robert Downey Jr. se hayan llevado los premios de interpretación. 

Desde que empezó a ser conocido, hace ya 24 años con la fascinantemente estructurada "Memento" (2000), ha rodado filmes que ha interesado al público en mayor o menor medida. Y créanme, "Oppenheimer" llenó las  salas cuando creo que nadie lo esperaba. Cine clásico que se amolda a una narrativa que no siempre tiene que salir bien porque nadie, cuando se pone a rodar, sabe a ciencia cierta si eso va a constituir un éxito. Tal vez el hecho de que Puttin esté dando por culo a Ucrania y amenazando con sacar las ojivas nucleares de donde las tenga, haya influido en eso que llaman el subconsciente colectivo. Vaya usted a saber.

Creo recordar que de los 180 minutos de metraje apenas se alude en dos ocasiones a lo que supuso sendos bombardeos en Hiroshima y Nagasaki. Es un pero que leí sobre el filme de Nolan. Pero claro, la historia no iba de las consecuencias en la población civil japonesa. Así debió quedar la Naturaleza en esas ciudades después de soltar los pepinos. Cada vez que veo árboles en estado invernal siento que la destrucción atómica es algo parecido. El contraste con el cielo azulado con ribetes de núbes lo hace más trágico si cabe.

 


 

Oppenheimer acaparó 7 galardones. Después vienen las migajas. Esos Oscar que, cual pedrea en la lotería, alegran un poco y alejan del sabor a hiel del fracaso estrepitoso. "Pobres criaturas" del terrible adulte griego Yorgos Lanthimos  se llevó al zurrón 4 de los 11 a que aspiraba. Poca recompensa para una película logradísima, inteligentísima, divertidísima y todos los -ísimos que puedan imaginar. Sí, es feminista, pero me divertí tanto viéndola y disfrutando de la vitriólica mirada al siglo en que vivieron Mary Wollstonecraft Shelley y Lord Byron que no me salieron sarpullidos. Además, el plantel compuesto por Emma Stone, segundo Oscar tras el de La La Land (2017), Mark Ruffalo (de vacío) y Willem Dafoe hace que los 141 minutos pasen como un suspiro. De admirar el despliegue de decorados y vestuario que tuvieron su justa recompensa en esta edición.

La otra pedrea ha sido para la actriz de reparto Da'Vine Joy Randolph que, dicen los que la han visto en "Los que se quedan" de Alexander Payne, está soberbia. Y la película es muy recomendable. Sobre todo porque la confronta el bueno de Paul Giamatti. 

A Payne le tuve cerquita un año en el Zinemaldia -estaba de presidente en el Jurado- en una proyección de una obra maestra que había sido restaurada: El ladrón de bicicletas (1948). A veces he estado cerca de dioses, aunque mi inglés de la Escuela de Idiomas me ha convertido en un Woody Allen tartaja y timorato.


ESPAÑA SE VUELVE DE VACÍO

Este año el cine patrio presentaba dos solidísimas candidaturas. Por un lado, la magnífica "La sociedad de la nieve" de J. A. Bayona. Desgraciadamente, el nivel en la categoría de Mejor Filme Internacional era altísimo. Todas podrían haberse llevado el premio. Sin embargo, fue "La zona de interés" de Jonathn Glazer quien se llevó el Óscar al agua con una vuelta de tuerca sobre un tema muy llevado al cine: el holocausto judío en la II Guerra Mundial. Atención al uso del sonido en esta película, algo que en el cine no se suele dar importancia pero que aquí es fundamental en muchas escenas.

 


 

 Y en el apartado de largometraje animado, nuestro bilbainísimo Pablo Berger presentaba su candidatura con "Robot Dreams", la relación amistosa entre un perro solitario y su robot de compañía. No ganó porque en frente tuvo al dios de la animación japonesa, que había anunciado hace tiempo que a sus 83 años ya no estaba para más anime. Su obra "El chico y la garza" cuenta un drama que va pasando del realismo a lo fantástico con escenas cada vez más ininteligibles para mí. La tendré que volver a ver con un diccionario Español-Miyazaki. No quiero dejar de recomendar la obra de Berger, sencilla, emotiva, con trazos naífs, que en momentos puede estar a punto de caer en la sensiblería, pero que al salir del cine uno respira más y mejor. Vamos, como si hubieras ido al masajista del alma. Sorprende gratamente cómo el autor de "Blancanieves" adapta de una manera muy personal la novela gráfica de Sara Varon. Es lo que se dice un autor, no un simple adaptador.

No me extrañaría que Damien Chazelle, si se hubiera topado con Pablo Berger en la alfombra roja, le hubiera recriminado que su final era muy semejante al de "La La Land", pero en perruno.




 


martes, 5 de marzo de 2024

Fant calienta motores

 EL FANT DE BILBAO PREESTRENA "VINCENT DEBE MORIR" EN EL GOLEM


El próximo jueves, 7 de marzo de 2024, el Festival de Cine Fantástico de Bilbao, FANT, ofrecerá la oportunidad a todo aficionado de poder disfrutar de la película francesa "Vincent debe morir" (Vincent doit mourir, 2023), dirigida por Stéphan Castang

La entrada es libre hasta completar aforo y las invitaciones podrán retirarse en las taquillas del cine el mismo día a partir de las 16:30 horas.

La película parte de una premisa sencilla pero aterradora: Vincent empieza a ser atacado por la gente que lo rodea sin motivo aparente. Su anodina existencia se ve trastocada y, conforme su realidad se descontrola y la violencia se intensifica, se ve obligado a huir. Pero, ¿a dónde?

La película, que es la ópera prima de Stéphan Castang, fue presentada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes el pasado año 2023 y resultó ganadora con los premios Mejor Dirección Novel y Mejor Actor, para Karim Leklou, en el Festival de Sitges de 2023.

La proyección, que se enmarca en el ciclo PreFant, tendrá lugar el próximo jueves a la s19:30 en los cines Golem-Alhóndiga.

Esta es una actividad que lleva haciendo el Festival de unos años hacia acá: el ir soltando películas previamente antes de que venga lo gordo. Y lo gordo, con la selección oficial y las paralelas, no empezará hasta el 3 de mayo y se extenderá hasta el 11 del mismo mes. 



 


El FANT cumple 30 años y el cartel de la nueva edición ha querido hacer un homenaje en esta ocasión al legendario Freddy Krueger como imagen, interpretado por el actor Robert Englund, un poco más feo que yo. Así que este año no entro en el cartel. El Ayuntamiento de Bilbao, que es el que suelta la panoja, tuvo a bien el pasado día 15 de febrero, proyectar dentro del marco del PreFant "Pesadilla en Elm Street" (1984) dirigida por Wes Craven, que junto a David Cronenberg y John Carpenter, conforman un trío fundamental del cine de terror de los años 80 y 90.

Los organizadores no han esperado a que se cumpliese 50 años de la película, así que con 40 les ha sido suficiente para organizar este dispendio pesadillesco.

La cinta impactó de inmediato, con un personaje aterrador que surgía en las pesadillas de los adolescentes de la calle Elm Street (el nombre de la misma vía donde fue asesinado el presidente John Kennedy en 1963), para asesinarlos, pues los actos que Freedy cometía en el mundo de los sueños tenían repercusión en la vida real. ¡Viva Freud y el mundo de los sueños!

De entre los actores, a parte de Robert Edlund, claro, sobresaldría posteriormente un jovencísimo Johnny Depp con 21 añitos.

¿Recuerdan la cancioncilla de la película que cantaban las niñas más tétricas del cine?

"1, 2 Freddy viene a por ti.

3, 4 cierra la puerta.

5, 6 toma el crucifijo.

7, 8 mantente despierto.

9, 10 nunca más dormirás".  

 

 


Para la realización de la imagen, comentan en un comunicado los organizadores del FANT, se ha utilizado una réplica de la máscara, el guante y el sombrero de la firma estadounidense Trick Or Treat Studios, especialista en atrezzo cinematográfico y efectos especiales. No habrá salido barata la broma pero el resultado es bueno. Aunque si he de ponerle alguna pega, diría que no aporta ninguna novedad a la imagen que tenemos del bueno de Krueger. ¡Este año no lleva txapela!
 
  

domingo, 25 de febrero de 2024

La estrella azul (2023)

La supernova de 2023 que se estrena en 2024

 

Javier Macipe, director , logra alegrar el corazón de un cinéfilo ya encanecido en barba, con millas audiovisuales en la retina y poco proclive a la sorpresa grata.


Se ha estrenado el pasado viernes, 24 de febrero de 2024 de Nuestro Señor Jesucristo (así se relataba antiguamente para dejar constancia al mundo de lo sucedido y dar fe) de uno de los acontecimientos cinematográficos del año. Y miren por donde, no verán la imagen del cartel en ninguna marquesina ni en ningún otro soporte publicitario: autobuses, metros, paredes... Ni si quiera en las cadenas de televisión como A3 o Telecinco,  pues la producción no es de Atresmedia ni de Mediaset. Es lo que tiene hacer una película y no invertir un euro en publicidad: bien porque se acabó la pasta (¿pública?) o bien porque no se cree que dará un euro, o porque ya no interesa que se vean en las salas. 

Así que aquí estoy yo con mi poder ilimitado para que miles, que digo, un millón de personas vayan a verla. Reconozco que es el sueño húmedo de todo crítico todopoderoso: hundir o elevar a los altares de la gloria (monetaria) una película. Vamos a poner el cartelito de color azul porque la estrella es...

 

 

Se trata de 'La estrella azul', escrita y dirigida por Javier Macipe y protagonizada por Pepe Lorente. ¿Que no conocen a Pepe Lorente? Un artistazo de Zaragoza. Al menos en el papel de Mauricio Aznar, un rockabilly aragonés que perteneció al grupo Más birras, creadores de 'Apuesta por el rock and rock', que luego versionara, entre otros, Héroes del Silencio

La carrera en el cine de Lorente no es de lo más vistoso (papeles secundarios en 'La maternal' o 'El reino'), algo más en series como 'Élite', pero fundamentalmente curtido en el teatro. Aquí tienen una imagen de él para que se vayan haciendo idea.


 

Atención a la interpretación de Pepe Lorente, a la altura de los grandes


'La estrella azul' se presentó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en septiembre del año pasado. ¿En la sección oficial? Pues no. Los cerebros de la organización decidieron arrinconarla en la de Nuevos Realizadores. Flaco favor le hicieron a la película y al Festival. Gol en propia puerta, que se diría en el argot futbolístico. Y menos se entiende la ceguera del jurado seleccionador de las películas cuando el propio director del certamen, Jose Luis Rebordinos, aseguró en un encuentro con medios que "la película de Javier Macipe va a ser una de las grandes sorpresas de este año, es muy hermosa y va a encantar al público".

Observen la puntuación sacada de Filmaffinity de las películas españolas que participaron en la Oficial y de la que no estuvo. Saquen ustedes las conclusiones:

  1. La estrella azul.......................7,8 ptos...............523 votos
  2. Un amor.....................................6,8 ptos.............2.386 votos
  3. O corno (Concha de Oro).......6,7 ptos.............2.164 votos
  4. Dispararon al pianista............6,4 ptos................840 votos
  5. El sueño de la sultana..............5,4 ptos...............343 votos


La película de Javier Macipe entra desde ya a formar parte de ese póquer musical reciente formado por 'Once' de John Carney, 'Searching for Sugar Man' de Malik Bendjelloui y 'Whiplash' de Damien Chazelle que me han marcado profundamente.

Lo digo desde el principio: para mí fue la revelación del Zinemaldia de 2023. Ni Wim Wenders ('Perfect Days'), ni Bayona ('La sociedad de la nieve'), ni Erice ('Cerrar los ojos'), ni siquiera la ganadora de la Palma de Oro, 'Anatomía de una caída' de Triet, lograron lo que 'La estrella azul' hizo: emocionarme y sorprenderme plenamente como espectador.

Al coproductor, Simón de Santiago, le ha caído la lotería, porque encontrar con un guion como este es "de esos guiones que lees pocas veces en la vida", como afirmó en una entrevista en el Zinemaldia. Y doy fe de que es así.

La pude ver en el Teatro Principal de San Sebastián. Y doy fe de que de las 33 películas que me tragué, esta es, junto con 'La sociedad de la nieve' y 'Cerrar los ojos', la que obtuvo una mayor ovación del público.

Javier Macipe es zaragozano y, a pesar de ser su ópera prima -si exceptuamos un mediometraje-, 'La estrella azul' muestra una puesta en escena propia de un director maduro, sin ínfulas de cine de autor estomagante, que sabe cómo dirigir a actores profesionales (de Goya no solo Pepe Lorente sino el que hace de su hermano Marc Rodríguez) como a los amateurs (Cuti y Mariela Carabajal). Un cine lleno de veracidad y dramatismo, pero que como buen maño -al igual que Luis Buñuel- impregna la historia de  una socarronería que te hace amar a los hermanos protagonistas.

Pepe Lorente interpreta a Mauricio, un roquero de los años 90 en Zaragoza. La escena inicial es tan buena que no sabes a ciencia cierta si ese que está subido en el escenario pertenece o no a una banda de rock auténtica, si el personaje que interpreta existió o no. Ese es el logro de Macipe, hacerte creer que todo tiene una base real. Y sin desvelar nada, algo de eso tiene como lo demuestra el final.

La ficción y la realidad están cosidas de un modo milagroso, es como la prenda con su forro. Macipe llegado el momento muestra el forro, las costuras. Y sorprende y emociona gratísimamente, pues no hay nada artificioso, que chirríe, que esté impostado. Es lo mismo que busca el cantante de rock: la autenticidad. 

 

Pepe Lorente, Mauricio; bailando una chacarera con Mariela Carabajal, actriz no profesional

 

Tres partes

La historia está dividida en tres partes: Zaragoza, viaje a Santiago del Estero (Argentina) y vuelta a su ciudad natal. En Zaragoza asistimos a la descripción del personaje, su familia, su amor (Bruna Cusí), sus ensayos musicales y su crisis personal.

La segunda parte, en su viaje sanador a Santiago, asistimos junto a Mauricio a la impregnación de una música -canción y baile- llamada la chacarera. La oímos y la bailamos a pesar de estar sentados en la butaca. La presencia de don Carlos, un anciano autor de hermosas composiciones chacareras y el recibimiento que le da, hace que esta parte sea hermosísima, pues asistimos a una sanación del alma -al menos, como dice Mauricio, "me has hecho salir del fondo en el que estaba"- y somos, además, copartícipes del milagro de su formación en el guitarreo de las chacareras y de la creación musical. Este encuentro con el maestro argentino encierra una historia preciosa, "que merece una película que llegue al mundo entero", afirma Macipe.

Según el director, el protatonista "representa una figura universal, el hombre que renunció al éxito para perseguir un sueño. Un hombre que se reinventó siempre para mantenerse genuinamente libre, al margen de las modas de la industria. Él medía el éxito con unos parámetros propios, le daba igual tocar en la calle o ante miles de personas".

La vuelta, tercera parte, no estará exenta de realismo duro. Mauricio tendrá que afrontar de nuevo sus demonios internos y familiares. ¿Sabrá vencerlos o alguien arrojará la toalla al verle noqueado en el último asalto de su vida?

Tendrán que verla para averiguarlo. Lo bueno de los artistas es que, aún abandonando el ring, siempre nos dejan su legado artístico. Y, créanme, Javier Macipe director ha empezado con esta magnífica obra a legarnos una película para la Historia.

Al tiempo.

Post data
 
Le comento ilusionado a un periodista de un gran medio vizcaino que poco bombo le ha dado a esta película. Y me responde: "Buff, no pude acabarla. No podía con el actor. Y estoy de artistas torturados... No conecté pero ya sé que está gustando mucho". También me ocurrió lo mismo cuando le dije hace ya más de un cuarto de siglo casi que acababa de ver un peliculón titulado "Deseando amar". Tampoco le gustó. En fin, sobre gustos...



 


domingo, 18 de febrero de 2024

Boceto para un cortometraje

Cuando no lo ves venir

Me despedí como siempre de mi esposa, con un beso leve en la mejilla, aunque aquella tarde su rostro parecía desnortado. No le di importancia. O las prisas por no llegar tarde al trabajo me impidieron dárselas. Ahora sé que hice mal. No lo vi venir.

En la estación del metro de Las Arenas, cuando esperas la llegada de un convoy, te pones a mirar a los viajeros sobre el andén, o los anuncios de onegés o de empresas locales ubicadas en las marquesinas, o dejas que las preocupaciones te invadan la mente. En esa ocasión, pude fijarme en una mancha negra sobre la vía. Me llamó poderosamente la atención. De manera impulsiva, saqué el teléfono móvil e hice estas dos fotos aquella tarde antes de dirigirme a la oficina sita en el centro de Bilbao. Las fotos, que aún no he borrado, son estas:














A las 21:05 recibí una llamada a mi móvil de un viejo amigo, Rafael. Me preguntó a bocajarro:

—¿Estás en casa o en el trabajo?

—En el curro, ¿por?— le respondí.

—¿No te has enterado, verdad?

—¿De qué?

—No hay metro. Bueno, no hay en el centro de Bilbao. Parece que no hay servicio entre Moyua y San Ignacio. Tienes diez minutos para salir de la oficina si quieres que te recoja en la plaza Moyua, frente a la cafetería Astrabudua. Voy a recoger a Laura, pues me ha llamado porque no tiene cómo regresar a casa.

—Gracias. Voy para allá.

Salí de la oficina. Antes cogí un paraguas destartalado pues hacía una noche lluviosa y empecé a correr. La fama de ejecutivo ejecutante de Rafael era conocida y temía que si no estaba en el lugar indicado, pudiese darse a la fuga. Llegué a la plaza sin recordar muy bien en qué punto exacto estaba la cafetería. Pensé que vería a Laura con paraguas delante del establecimiento. No quise agobiarme. Curiosamente fueron ella y otro amigo los que me vieron, manifestando al unísono un desbordante regocijo, justo cuando acababa de cruzar un semáforo.

—¡Qué alegría! ¿Qué haces aquí? —me preguntó Javiertxo, mientras le daba un abrazo y besaba después a Laura.

—Me ha llamado Rafael para comunicarme la incidencia del metro y si quería que me recogiese.

—Joder, pues yo he salido del curro y no sabía qué hacer —comenta con una sonrisa Javiertxo—. ¡Y he visto a Dios! —señala a Laura acompañándolo con una risa con tono de voz de apostante a pelota vasca.

Rafael aparece al instante en el coche. Para ante el semáforo en rojo y entramos los tres como si hubiéramos atracado la Caja Laboral. 

—Buenas. ¡Menudo día de mierda que tengo! Liada en el curro, preparo la cena para los hijos, en la piscina me llama Laura, tengo que venir a Bilbao y...—se lamenta Rafael mientras pega un frenazo a punto de chocar con un bus.

—Rafael, no me hagas otro rayón en el auto, ¿eh? —le dice ella.

—Te noto estresado —le digo, mientras gira bruscamente para adelantar un auto. El parabrisas no para de meter un quejido enojoso, mientras despeja la luneta de la pertinaz lluvia.

—He visto a Dios hoy —comenta Javiertxo. —No sabía cómo volver a casa sin metro. Estaba en la plaza y me topo con Laura. Antes había llamado a Cabify para que me llevara a casa y ¡me pedían 50 euracos! Porque coger un taxi era imposible. Y de pronto alguien me llama. ¡Y es Laura! Me he puesto de contento.

—Haberle dicho a tu amigo Iñaki que te hubiera recogido en su casa — le sugiere Rafael, mientras hace saltar el coche al pasar sin frenar un resalto de la calzada.

—¡Rafael, me vas a destrozar el auto! —le reprende amorosamente Laura.

—Quita, quita, antes prefiero ir a pata, que quedarme en casa de él. Ronca como un demonio.

—¿Sabéis qué ha pasado esta tarde? —pregunto.

 —Parece que alguien se ha tirado a la vía —responde Laura.

—Antes esas noticias se ocultaban en los periódicos, por el efecto llamada, dicen —comenta Javiertxo—. Creo que hay que hablar de la salud mental. Debe dejar de ser un tabú.

—¿Qué puede llevarle a una persona a cometer ese acto? —se pregunta Laura—. Imaginad, además, el palo para el conductor y los que han sido testigos.

—Creo que habrá sido un hombre, no me imagino a una mujer lanzándose a la vía —añado—. Mientras pienso que la noticia aparecerá mañana sin muchos detalles, y después ya nadie se acordará del asunto.

—¿Por dónde voy, por Enekuri o San Ignacio? —pregunta Rafael—. Como sigáis con el tema, os dejo en Sani. Bastante estrés llevo para estar escuchando esto. Además, puede que se haya caído o le hayan tirado.

—¡Sí, la suegra habrá sido! —, apunta Javiertxo. Estallan las risas. 

A la altura de la ría, tras evitar por un suspiro no meternos en un carril sin salida, pasamos a hablar de otros temas: que si cenar mañana, que si no puedo, que si la próxima semana, que si los estudios de los hijos, que si menuda tarde de estrés...

A la altura de Erandio, mi teléfono suena. No me fijo en quién llama. Tan sólo digo:

—¿Sí, dígame? —mientras alguien con voz seria y oficial pregunta si soy el esposo de... De fondo, oigo un sonido agudo, metálico de metro que pasa. 

Poco a poco, mi tono de voz se apaga. En el auto, reina un silencio sepulcral.

No lo vi llegar. Pero creo que el rostro desnortado se me quedará grabado para siempre.


 






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