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domingo, 18 de febrero de 2024

Boceto para un cortometraje

Cuando no lo ves venir

Me despedí como siempre de mi esposa, con un beso leve en la mejilla, aunque aquella tarde su rostro parecía desnortado. No le di importancia. O las prisas por no llegar tarde al trabajo me impidieron dárselas. Ahora sé que hice mal. No lo vi venir.

En la estación del metro de Las Arenas, cuando esperas la llegada de un convoy, te pones a mirar a los viajeros sobre el andén, o los anuncios de onegés o de empresas locales ubicadas en las marquesinas, o dejas que las preocupaciones te invadan la mente. En esa ocasión, pude fijarme en una mancha negra sobre la vía. Me llamó poderosamente la atención. De manera impulsiva, saqué el teléfono móvil e hice estas dos fotos aquella tarde antes de dirigirme a la oficina sita en el centro de Bilbao. Las fotos, que aún no he borrado, son estas:














A las 21:05 recibí una llamada a mi móvil de un viejo amigo, Rafael. Me preguntó a bocajarro:

—¿Estás en casa o en el trabajo?

—En el curro, ¿por?— le respondí.

—¿No te has enterado, verdad?

—¿De qué?

—No hay metro. Bueno, no hay en el centro de Bilbao. Parece que no hay servicio entre Moyua y San Ignacio. Tienes diez minutos para salir de la oficina si quieres que te recoja en la plaza Moyua, frente a la cafetería Astrabudua. Voy a recoger a Laura, pues me ha llamado porque no tiene cómo regresar a casa.

—Gracias. Voy para allá.

Salí de la oficina. Antes cogí un paraguas destartalado pues hacía una noche lluviosa y empecé a correr. La fama de ejecutivo ejecutante de Rafael era conocida y temía que si no estaba en el lugar indicado, pudiese darse a la fuga. Llegué a la plaza sin recordar muy bien en qué punto exacto estaba la cafetería. Pensé que vería a Laura con paraguas delante del establecimiento. No quise agobiarme. Curiosamente fueron ella y otro amigo los que me vieron, manifestando al unísono un desbordante regocijo, justo cuando acababa de cruzar un semáforo.

—¡Qué alegría! ¿Qué haces aquí? —me preguntó Javiertxo, mientras le daba un abrazo y besaba después a Laura.

—Me ha llamado Rafael para comunicarme la incidencia del metro y si quería que me recogiese.

—Joder, pues yo he salido del curro y no sabía qué hacer —comenta con una sonrisa Javiertxo—. ¡Y he visto a Dios! —señala a Laura acompañándolo con una risa con tono de voz de apostante a pelota vasca.

Rafael aparece al instante en el coche. Para ante el semáforo en rojo y entramos los tres como si hubiéramos atracado la Caja Laboral. 

—Buenas. ¡Menudo día de mierda que tengo! Liada en el curro, preparo la cena para los hijos, en la piscina me llama Laura, tengo que venir a Bilbao y...—se lamenta Rafael mientras pega un frenazo a punto de chocar con un bus.

—Rafael, no me hagas otro rayón en el auto, ¿eh? —le dice ella.

—Te noto estresado —le digo, mientras gira bruscamente para adelantar un auto. El parabrisas no para de meter un quejido enojoso, mientras despeja la luneta de la pertinaz lluvia.

—He visto a Dios hoy —comenta Javiertxo. —No sabía cómo volver a casa sin metro. Estaba en la plaza y me topo con Laura. Antes había llamado a Cabify para que me llevara a casa y ¡me pedían 50 euracos! Porque coger un taxi era imposible. Y de pronto alguien me llama. ¡Y es Laura! Me he puesto de contento.

—Haberle dicho a tu amigo Iñaki que te hubiera recogido en su casa — le sugiere Rafael, mientras hace saltar el coche al pasar sin frenar un resalto de la calzada.

—¡Rafael, me vas a destrozar el auto! —le reprende amorosamente Laura.

—Quita, quita, antes prefiero ir a pata, que quedarme en casa de él. Ronca como un demonio.

—¿Sabéis qué ha pasado esta tarde? —pregunto.

 —Parece que alguien se ha tirado a la vía —responde Laura.

—Antes esas noticias se ocultaban en los periódicos, por el efecto llamada, dicen —comenta Javiertxo—. Creo que hay que hablar de la salud mental. Debe dejar de ser un tabú.

—¿Qué puede llevarle a una persona a cometer ese acto? —se pregunta Laura—. Imaginad, además, el palo para el conductor y los que han sido testigos.

—Creo que habrá sido un hombre, no me imagino a una mujer lanzándose a la vía —añado—. Mientras pienso que la noticia aparecerá mañana sin muchos detalles, y después ya nadie se acordará del asunto.

—¿Por dónde voy, por Enekuri o San Ignacio? —pregunta Rafael—. Como sigáis con el tema, os dejo en Sani. Bastante estrés llevo para estar escuchando esto. Además, puede que se haya caído o le hayan tirado.

—¡Sí, la suegra habrá sido! —, apunta Javiertxo. Estallan las risas. 

A la altura de la ría, tras evitar por un suspiro no meternos en un carril sin salida, pasamos a hablar de otros temas: que si cenar mañana, que si no puedo, que si la próxima semana, que si los estudios de los hijos, que si menuda tarde de estrés...

A la altura de Erandio, mi teléfono suena. No me fijo en quién llama. Tan sólo digo:

—¿Sí, dígame? —mientras alguien con voz seria y oficial pregunta si soy el esposo de... De fondo, oigo un sonido agudo, metálico de metro que pasa. 

Poco a poco, mi tono de voz se apaga. En el auto, reina un silencio sepulcral.

No lo vi llegar. Pero creo que el rostro desnortado se me quedará grabado para siempre.


 






domingo, 11 de febrero de 2024

Goyas: Bayona 12, Urresola 3, Berger 2, Erice 1

Bayona deja en evidencia cuál fue la mejor película en 2023 con permiso de Víctor Erice

 

La Academia en su 38ª edición de los premios Goya otorga 12 de las 13 estatuillas a que aspiraba al filme 'La sociedad de la nieve' de J. A. Bayona



 

'La sociedad de la nieve' de J. A. Bayona se llevó los premios a mejor película, dirección, fotografía (Pedro Luque), producción, montaje, música original (Michael Giacchino) y demás premios técnicos. Vamos, que arrasó en la noche del cine español que, en esta ocasión, se puso de gala en Valladolid. Se ha convertido en la tercera película española con más premios tras 'Mar adentro' y 'Ay, Carmela'.

El director barcelonés dedicó el premio al público que ha asistido a las salas de cine, 450.000 espectadores según anunció, y eso que las dos grandes cadenas de exhibición en España no aceptaron las condiciones de Netflix para su exhibición en sus circuitos. Allá ellos. No regaló los oídos a los allí presentes -entre otros la plana mayor del Gobierno socialista encabezado por Pedro Sánchez- al manifestar con pesar que "no estamos en un buen momento para hacer películas. Con pocos recursos se están haciendo hoy en día". Dedicó el premio a mejor dirección -como no podía ser menos- a los que sobrevivieron en los Andes y a los que allí quedaron. Quiso plantarse a 4.000 metros en el Valle de las Lágrimas (Andes), lugar donde tuvo lugar el accidente de aviación uruguayo, para pedir permiso a los que allí quedaron de entre los tripulantes, el equipo de rugby y sus familiares para poder hacerla de la mejor manera y lo más respetuosamente posible. Los espíritus se conjuraron para que así fuera junto con el beneplácito de los supervivientes. Ahora a Hollywood.

Lo peor

La nota discordante la tuvo que poner Pedro Almodóvar que, junto a Penélope Cruz, fueron los encargados de anunciar el premio gordo a Mejor película. Justo antes de desvelar lo que ya se intuía, el manchego afirmó con un rotundo "creo en el cine español" su amor al cine... de izquierdas, claro. Y lamentó las palabras del asistente por primera vez a la gala, el vicepresidente de la Junta de Castilla y León de Vox, García Gallardo, que aprovechó la alfombra para llamar "señoritos" a los del cine que cogen las subvenciones para después hacer películas que no va nadie a verlas. Almodóvar llegó a afirmar "que las subvenciones que recibimos los del cine español las devolvemos con creces al Estado. A este hombre lo odio". Ni era el momento, ni el lugar, haciéndose protagonista con sus palabras de un instante en que lo importante era el Goya a Mejor película para 'La sociedad de la nieve'. Pero, claro, quién le va a toser al Dios patrio de media España.

Si no fue poco el bochorno de Pedrito, anteriormente no desaprovecharon sus 'chicas' otro momento que la Academia había preparado para celebrar el 25 aniversario de la exitosa 'Todo sobre mi madre'. Rememorando la escena del sofá, en el escenario se congregaron las actrices del filme, Cecilia Roth, Marisa Paredes, Penélope Cruz y Antonia San Juan hablando que chupar pollas y el tiempo que hacía que no chupaban ninguna. Lástima que el realizador no pusiera un plano de la homenajeada Sigourney Weaver de 74 años para ver su rostro. Bueno, supongo que el nivel de castellano básico la libraría del sonrojo de tener que escuchar el mal gusto de las 'chicas almodovarianas'. O lo que quedan de ellas.

 


 

Lo Mejor

La teniente Ripley supo estar a la altura de la noche al recibir de manos de Bayona, realizador que la dirigió en 'Un monstruo viene a verme' y por la cual fue nominada al Goya de reparto en 2016. Su discurso engrandece estos premios. Una señora de los pies a la cabeza: sabe lo que dice y cómo lo dice.Se ha esforzado mucho por no dejar que Hollywood defina o limite sus elecciones. Sin leer, emocionada y con sinceridad en sus palabras dijo 'estar llena de gratitud' en un aceptable castellano. Aludió a un grande, Luis Buñuel, y a una película, 'Viridiana'. Elogió el cine español, que "ha  dado obras maestras a lo largo de los años, audaces, conmovedoras e inquietantes" y ha sabido producir películas que escapan a lo estandarizado. Y un detalle anecdótico que la hace más grande aún como persona. Mencionó a su amigo Bill Murray, que le comentó que siempre su interpretación es mucho mejor doblada al español. De ahí que 'realmente la actriz que me dobla debería estar aquí arriba también. Me ha doblado en más de 30 películas empezando por 'Alien'. Se llama María Luisa Solá".

 

La noche tenía algo de suspense al inicio ya que Estíbaliz Urresola Solaguren con su '20.000 especies de abejas' venía de haber ganado premios en el Festival de Berlín, Málaga, en los Feroz y también en los Forqué. Pero fue como jugar contra el Real Madrid en el Bernabéu. Sus quince nominaciones, discúlpenme la sinceridad, eran a todas luces desorbitadas. Se tuvo que conformar, que no es poco, con los de dirección novel, guión original y, sobre todo, con el más emotivo al de actriz de reparto, que lo recibió la actriz vasca Ane Gabarain. Esta y la protagonista de '20.000 especies de abejas', la niña Sofía Otero, protagonizaron la escena más tierna y emotiva de la velada al entregar esta el premio a la que hace de tía en la película, una relación francamente lograda en la pantalla.



Los premios a mejor interpretación cayeron en David Verdaguer, por su papel del humorista Eugenio, y para Malena Alterio, que interpreta a una mujer que ha de reinventarse en taxista para seguir adelante en 'Que nadie duerma' de Méndez Esparza, una película que no debería pasar desapercibida para el que esto lee. 

Verdaguer recordó las palabras de Ignatius, "el humor es lo contrario al miedo. Yo he descubierto haciendo esta peli que Eugenio era una persona que tenía mucho miedo. Y la mayoría de las personas que estamos aquí tenemos miedo, pero lo aparcamos y hacemos películas, que quizás las que las vean durante un ratito se olviden de sus miedos".

Malena Alterio recordó la variedad de papeles de las allí nominadas: una vasca (Patricia López Arnaiz), una gallega (María Vázquez), una extremeña haciendo de catalana (Carolina Yuste), una catalana (Laia Costa) y ella, hispano-argentina. ¡Viva la pluralidad!

 


 

El bilbaíno de Nueva York

No debemos olvidar en esta reseña otro gran triunfador de la noche en Valladolid. El vizcaíno Pablo Berger, que aspiraba a cuatro cabezones, se llevó dos: el premio a mejor película de Animación y el mejor guion adaptado. Curioso que la historia muda entre un perro y un robot se haya llevado este último. Pero como dice el autor de 'Torremolinos 73', "antes de director soy guionista", ensalzando la importancia en esta ocasión del 'storyboard'. Quiso dejar claro que la animación no es un género, y expresó el deseo de que alguna vez una película animada esté en el apartado de Mejor película.

 Mención merece la aparición de José Sacristán que, en nombre del homenajeado y no presente, el director de fotografía y mucho más, Juan Mariné, hizo gala de su saber estar. Para empezar usó el Don para un personaje que quizás no sea muy famoso, ni falta que hace, pero que es justo la distinción, pues ha demostrado amor, rigor y dedicación al cine y a la conservación de éste. Consiguió lavar la cara a los haluros de plata que componen el 35 mm para así evitar de la destrucción las imágenes y las voces del patrimonio cinematográfico español. Mariné decía que su retina era casi una emulsión fotográfica. Sus 90 años de sus 103 años actuales así lo atestiguan. No pudo estar presente pero su representante, Sacristán, estuvo a la altura con su poderosa voz.

 


 

Adiós, Erice, adiós 

 Y acabo lamentando la ocasión perdida que los académicos han desperdiciado al no haber premiado a la obra testamentaria de Víctor Erice, 'Cerrar los ojos', más que con un premio de las once candidaturas a las que aspiraba. José Coronado fue el único que pudo subir al escenario para recibir su galardón a mejor actor de reparto. Tuvo que sufrir en la alfombra rosa preguntas del tipo '¿qué te parece que Vox acuda a la gala de los Goya?'. En fin, Erice no estuvo. Seguro que se fue a tocar el clarinete como hacía Woody Allen, otro apestado.

Hubo mucha reivindicación. Lo de siempre: feminismo por aquí, empoderamiento por allá, ecologismo, no a la masacre en Palestina y alguna cosilla más que se me olvida. De  tractores nada. Que debe ser que los actores y directores no comen del campo sino que se alimentan de las subvenciones.

Me despido con un chiste que contó David Verdaguer en la alfombra rosa. Era el que más le gustaba de los que contaba Eugenio pero que no aparece en 'Saben aquell' de David Trueba. Un tipo se acerca a otro con una navaja y le espeta: "¿La chupa o la vida?". Y el otro le contesta sin vacilar: "¡La chupo, la chupo!"

Como ven la 38º edición fue muy fálica. Y 'Un amor' y su directora se fueron sin chupar premio alguno.


Artistas que han sido nominados y que nunca han logrado el Goya


domingo, 4 de febrero de 2024

Kurt Vonnegut y sus senderos de gloria

 ¿Y si proyectásemos la Historia al revés?

 

En Astrabudua hubo un bar Stop. Ahora está en la misma calle, la Consulado de Bilbao, el mismo reformado. Su nuevo nombre es Stop Berria. No es el mismo, el espíritu arquitectónico tal vez sí, pero la decoración ha variado con lo que ha perdido el sabor de lo añejo. Antaño podías ver sentado a Mr. Magoo, un vecino al que su dificultad para ver lo compensaba con el acercamiento a la hoja del periódico o a la página del libro que tuviera entre manos. Prefería gastarse la pensión de invalidez en lectura que en ir al oculista. Es lo que hay.

Recuerdo que un buen día, Magoo -siento no recordar su nombre auténtico- mientras tomaba una cervecita en el antiguo Stop leía un libro antibélico: Matadero cinco: la cruzada de los niños, editado por Grijalbo o Bruguera en aquel tiempo de la década de los 80. Tiempo en que ir a la mili empezaba a estar mal visto y empuñar un arma para la patria, peor. El autor de la obra era Kurt Vonnegut, un escritor americano que lo escribió en 1969, año en que Estados Unidos estaba en guerra con Vietnam. Lo digo para contextualizar. Es bueno y conveniente contextualizar.

 

Edición de Blackie Books de 2021

Magoo dejó el libro y me saludó. Me sacaba muchos años y era lector empedernido. '¿Qué tal está?', le pregunté. 

–Estoy por la mitad. Un poco raro. Trata de un tipo llamado Billy Pilgrim, soldado en la Segunda Guerra Mundial que sobrevivió al bombardeo de Dresde. Hay saltos temporales, escenas biográficas, extraterrestres que le capturan... Vamos, como si se hubiera tomado LSD.

Asiento y pido una San Miguel y una bolsa de patatas 'Los leones'. Y espero que Magoo continúe con su exposición. 

–Oye, a ti que te gusta el cine, he leído un fragmento que me ha gustado mucho y es original– me dice mientras se lleva una aceituna a la boca–. El prota, Pilgrim, está en su comedor y se pone a ver una película sobre los bombarderos estadounidenses en la II GM y los valientes hombres que los tripulan. En un momento dado, se pone a verla hacia atrás y resulta de lo más antibelicista posible. Ni Stanley Kubrick con su 'Senderos de gloria' es tan convincente.

Le miro con curiosidad. Sus ojos tras esas gafas de vaso de chiquitero que ya no le sirven adecuadamente son minúsculos pero inquietos. Y sigue con su relato:

–Ve unos aviones estadounidenses, llenos de agujeros, hombres heridos y cadáveres despegan hacia atrás de un aeródromo en Inglaterra. Al sobrevolar Francia, unos cuantos cazas de combate alemanes vuelan en dirección a ellos hacia atrás y aspiran balas y fragmentos de metralla de algunos de los aviones y sus tripulaciones. Lo mismo hacen con unos bombarderos estadounidenses que hay en tierra y que despegan hacia atrás para unirse a la formación.

Y continúa tras llevarse otra aceituna y pasarla con un trago.

–La formación vuela hacia atrás sobre una ciudad alemana en llamas. Los bombarderos abren las compuertas de las bombas y ejercen un milagroso magnetismo que encoge los incendios, los comprimen en contenedores cilíndricos de acero y los alza hasta el viente de los aviones. Los alemanes abajo tienen sus propios artilugios milagrosos, así los llama Vonnegut, que son largos tubos de acero. Los utilizan para aspirar más fragmentos de los aviones y sus tripulaciones. Cuando los bombarderos vuelven a su base, los cilindros de acero se sacan y se envían de vuelta a EE. UU., donde hay unas fábricas en las que día y noche se desmantelan los cilindros y se separan sus peligrosos componentes en minerales. Oye, se ven sobre todo a mujeres realizando este trabajo.

Le interrumpo para decirle que, en aquel tiempo, las mujeres tuvieron que abandonar el hogar para ocupar el lugar de los maridos, la mayoría en el frente. La II GM trajo algo bueno y me sonrío.

–Ya, ya –me dice–. Bueno, esos minerales –continúa– se envían después a unos especialistas en zonas lejanas. Su labor era enterrarlos y esconderlos para que nunca volviesen a hacer daño a nadie. 

Y se calla esperando el efecto antibélico en mí del fragmento narrado. Y continúa a modo de coda: 

–En la película proyectada al revés los pilotos estadounidenses devolvían sus uniformes y se convertían en estudiantes de instituto.

–¿Estudiantes porque en la II GM, como en tantas otras guerras, la mayoría de los soldados en el frente eran niños o, por lo menos, jóvenes de corta edad que luchaban por su país?– pregunto.

Magoo me sonríe afirmativamente. 

–De ahí su título alternativo o subtítulo según la edición: la cruzada de los niños. Es lo que hay.  Por cierto, ¿sabes que en 1972 rodó George Roy Hill una adaptación del libro? La veré si la encuentro en el videoclub Ruiz.

 

Hoy me imagino este final tras el encuentro con Magoo a raíz de la posibilidad que brinda el cine de proyectar al revés las imágenes:

Tras comer la bolsa de patatas 'Los leones' y apurar la birra, salgo del Stop. El cielo prepara su bombardero en forma de aguacero. Me subo las solapas de la gabardina. Si pudiera proyectar mi vida hacia atrás, podría encontrarme con mi ama fallecida y volver a decirle lo mucho que la quiero. Pero no es posible. Es lo que hay.

domingo, 21 de enero de 2024

Vivir del cuento

 CUANDO LLEVAS AÑOS HACIENDO CRÍTICAS SIN VER LAS PELÍCULAS


Me gusta bajar al bar Stop de Astrabudua después de comer. Dejo a la esposa que recoja, friegue y haga las cosas propias de amas de casa -lo reconozco, en la frase hay algo de provocación-. En el Stop encuentras una fauna humana interesante. Eso sí, has de soportar a veces embestidas, ruidos molestos, humedad, suciedad y demás aspectos de la caza hostelera. Pero créanme, merece la pena si no tienes en cuenta esas molestias asociadas a la actividad cinegética. Ayer antes de tomar las uvas de entrada al 2024, bajé y avisté al fondo del local a  A. M., ya jubilado pero que desde hace años estuvo de crítico de cine en el medio de prensa EC.

A. M. ya sobrepasa esa edad para que le llamemos viejo -olvídense de sucedáneos como senior, maduro, veterano, joven de la tercera edad, etc.-. Fue todo un crack, pues estuvo cobrando de EC durante años por hacer críticas de cine sin ver en muchas ocasiones las películas. Ustedes pensarán que eso es imposible. Pues en este artículo se lo voy a demostrar. A. M. me saluda con esa familiaridad propia de los años que llevamos viéndonos. Y aunque antaño nuestras conversaciones versaban sobre tal o cual película, sobre tal o cual actriz que electrizaba nuestras miradas, ahora que está jubilado parece que le interesa más hablar sobre tal o cual achaque de salud: es el argumento de su vida actual.

Hace unos días me puse a hacer un crucigrama de un ejemplar atrasado de EC. Lo hago en la creencia de que de esta manera me alejaré del Alzheimer o de la demencia senil haciendo trabajar a mis neuronas, de tal modo que, si me preguntan por sinónimo de 'enjabonarse' han de traerme a la memoria 'jabonarse'. Cosas así. Tras acabarlo, por casualidades de la vida, observé que en la otra página del periódico estaba una de las últimas críticas de A. M. antes de jubilarse. Eran 227 palabras sobre una película de un director georgiano llamado Alexander Koberitze: '¿Qué vemos cuando miramos al cielo?'. ¿No me dirán que el título no es sugerente?

'Koberitze', le arrojé el nombre nada más sentarme frente a él en el Stop. Y A. M. me sonríe, como niño que ha sido pillado in fraganti. '¿Cómo lo hacías?', le pregunto. Se remueve en la silla, bebe un poco del botellín y parece que va a confesar.

La reseña crítica empieza con los protagonistas. Dar los nombres siempre da la sensación de que testimonias sobre algo que has visto en primera persona.

 


 Y luego añades algo que está en la wikipedia o en cualquier página web de turismo sobre Georgia. Ya tenemos primera frase introductoria:

Lisa y Giorgi se encuentran de chiripa en una calle de la ciudad georgiana de Kutaisi, fundada hace unos cuatro milenios, por lo que es una de las urbes habitadas más antiguas del mundo.

Luego algo del argumento inicial, nada relevante pero que cree un cierto interés. Para ello recurro al vídeo promocional, lo que antes llamábamos avance o trailer en el cine (la imagen que ilustra el artículo así lo atestigua):

El flechazo es inmediato, pero cuando se separan, no saben si volverán a encontrarse de nuevo. Lo que da pie a una insólita historia de amor, enmarcada en una metrópolis histórica, que en la película adquiere el rango de un personaje más.

En el trailer promocional tienes que estar con los cinco sentidos y añadir pinceladas de los planos que contiene, ya que estas películas de autor son tan ambiguas que pueden significar cualquier cosa. Con el cine norteamericano eso no pasa: un disparo de una Magnum es un disparo de una Magnum, y  no la metáfora de la eyaculación de Harry Callahan  sobre la cara de una mujer. A. M. vuelve a beber un trago, mientras yo escucho con interés. De esta forma, continúa, describimos algunos planos incluyendo el título para ocupar espacio, ya que pagan, y mal, por palabra escrita. Añadimos extradiegéticamente alguna preocupación propia de los tiempos en que vivimos y ya tenemos la tercera frase:

Asimismo, '¿Qué vemos cuando miramos al cielo?' homenajea al fútbol -plano de un balón en un río y otro de una camiseta de Messi-, como ilusión poblada de sueños de gloria, al tiempo que denuncia el  maltrato animal -planos de perros-, en un filme muy lúcido, estrenado en una época apocalíptica espiritual y cultural.

Como vemos sobreimpresionado en el avance promocional la frase "Un cuento de hadas maravilloso" del The New York Times, pues podemos hablar de tono de fábula sobre el amor (pues los protas son dos jóvenes que parecen haber yacido un día) y de ahí filosofamos un poco con frases banales que dicen pero no delatan que no he estado en la sala viendo una película de 150 minutos, y que no va a ver nadie en los Multis de Bilbao, salvo algunas viudas entradas en años que no tienen más cosas que hacer.

El tono de fábula que destila la cinta sugiere de forma delicada que el amor es lo esencial, mientras que el sexo es un mero accidente. El ser humano no es un animal, es carne inteligente (!), aunque, en ocasiones, el amor sea ciego, como la noche inmensa.

A. M. apura la cerveza y le pido al camarero de la barra que nos sirva dos más frías. Añado de nuevo el título, continúa narrando, y ahí mis dotes poéticas se desatan. Ya sabes, me confiesa, un crítico de cine puede ser un director fracasado o un rapsoda sin publicar. La poesía, además, nos permite andar por vericuetos en los que difícilmente un lector puede atisbar que tal vez no hayamos visto la película desde el principio hasta el final. Veamos:

 '¿Qué vemos cuando miramos al cielo?' describe todo ello con mucho encanto, conforme el firmamento se convierte en un vértigo en movimiento, una especie de caída oblicua sobre el mundo. Y, al anochecer, se asoman las buenas gentes, mientras se levantan los árboles frondosos y los enamorados pasean uno al lado del otro, fugitivos (!), cogidos de la mano, pensativos en medio de las flores más oscuras.

Y ya tenemos la crítica de 227 palabras, me dice mientras se le dibuja una sonrisa picarona. Y así muchos años de crítica en EC, y lo acompaña con una risotada que resuena en el bar.

Al acabar la cerveza, me levanto, pago y salgo a la fría tarde ya de anochecida. Y en mi cabeza rondan las flores más oscuras, la caída oblicua y la carne inteligente. Mi señora habrá  finalizado ya la tarea del hogar, me digo, y ahora nos queda pasear uno al lado del otro cual fugitivos cogidos de la mano.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Cuando las series apenas existían

 Un sofá de los años 70



En Astrabudúa hay un tipo peculiar. Le llamamos JR por el famoso actor de la serie Dallas, Larry Hagman. Un buen día, allá por los tiempos en que Franco ya había hecho su retirada de este mundo, se presentó en el bar Stop ante la cuadrilla. Iba calado con un sombrero texano, que luego supimos que era al estilo del protagonista de aquella famosa serie. Y ya ven, un acto de juventud tuvo como consecuencia su bautizo para la posteridad: JR. Y así hasta ahora. También dio la casualidad de que su nombre era Juan Ramón, bueno, también podría ser José Rubiales o Jon Rufaco. Da igual. El caso es que la serie Dallas fue de las primeras de las que uno tiene uso de razón. Se acercó a la barra del bar Stop y soltó un "¡Qué serie más conojuda estoy viendo, colegas!". Y, claro, en aquella época sólo había dos canales de TV y era difícil venir con una exclusiva salvo que te hubieras comprado los discos de Police en Inglaterra o el tema Je t'aime... moi non plus lo hubieras escuchado en Biarritz. 

Recuerdo que ese día le propuse ir al cine. Miramos el periódico que había en la barra del Stop. Y en una de las páginas vimos que en  el Olimpia de Bilbao proyectaban una película sueca titulada "La insaciable" de Paul Gerber. El anuncio era de lo más sugerente para nuestras hormonas adolescentes: "Un estreno que se comentará". Más abajo, se nos revelaba que "la mayoría de las mujeres 'soñaban' con sus aventuras, la insaciable las vive". Para rematar las ganas de verla, debajo del anuncio se avisaba que por su contenido la película podía herir "la sensibilidad del espectador".

Lo más lejos que mi cuadrilla viajaba era a Erandio. Ir a Bilbao ya era un viaje de aventura, por lejanía y duración. Así que ir al cine era un asunto donde para ponerse de acuerdo necesitábamos mucho consenso, más que entre los países miembros de la Unión Europea. Pero la idea de ir al Olimpia se difuminó por el descubrimiento de la serie.

Aquel día, 25 de mayo de 1979, JR trajo la exclusiva de la serie Dallas. Casi nadie veía La 2, la UHF como se la denominaba entonces, y menos tenía el valor de confesarlo a riesgo de pasar por un "raro" o "intelectual". "¡Joder, tiene pinta de ser interesante!", volvió a sentenciar. Debo ser de los pocos que me sustraje a la primera serie norteamericana que se emitió en España. Fue un bombazo durante los tres años que se emitió por la televisión. Creo que las turbulentas relaciones de aquella familia texana lograron el cenit en la tercera temporada, con aquel capítulo titulado "Una familia dividida" en el que JR era disparado. Creo que los espectadores, en especial de centro izquierda, centraron todo su rencor en la figura de JR como si fuera Franco. Como si al fin, en lugar de esperar a que se muriera en la cama, alguien hubiera tomado las riendas del destino y hubiera disparado al Caudillo. Bueno, son cosas mías un poco freudianas.

El otro JR se acuerda bien de aquel capítulo. Era agosto de 1982 y todavía con el sombrero como seña de identidad llevó a su reciente ligue a casa de sus padres aprovechando que estos estaban en Extremadura. Apoyado en la barra, me mira y me dice: "La bala salió y yo la metí", acompañándolo con una sonrisa jactanciosa que no puedo sustraerme a la que ponía Larry Hagman cada vez que tramaba alguna hijoputez por su cabeza. "Vimos el último capítulo después de... Ya sabes". El sombrero le daba pinta de "malote". Yo, en cambio, parecía haber salido de la Primera Comunión. Así que si ligaba era más por mi timidez, que me hacía chico interesante, que por pinta de malote.

Mi amigo JR tuvo éxito mientras duró la serie Dallas. Luego, centró la cabeza con una chica con la que lleva años emparejado. Pero siempre tendré en la memoria el sofá rojo de "scay" de la casa de sus padres. Cada vez que subía, me daba un poco asquito sentarme en él, no fuera a pillar algo de lo que allí hubiera acontecido. Lo recuerdo bien porque con el calor si ibas en pantalón corto, se te pegaba la piel al "scay" y hacía un ruido característico. Supongo que el rojo se llevaba porque era una época en la que la sociedad se habría al erotismo, al destape, al estallido de la represión que durante décadas se había vivido en una sociedad bastante pacata.

Ayer estaba paseando y en un escaparate me topé con el sillón años 70 (el de la foto). Y me vino a la memoria el que JR tenía. Entré y pregunté el precio. No estaba en venta, tan sólo era decorativo. En un momento en que el tendero estaba atendiendo a otra clienta, levanté uno de los cojines y miré por si había alguna muesca de las balas que JR disparó en sus conquistas.

Llegando a casa, recordé que aquella película, "La insaciable", no pude verla en el Olimpia de Bilbao y que podría ser buena ocasión de ver si la encontraba por internet. Yo también necesitaba disparar a JR.

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