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lunes, 31 de octubre de 2022

SEMINCI 2022: RETURN TO DUST, TRIUNFADORA

 LA ESPIGA DE ORO SE VA A CHINA

Return to dust de Li Ruijun logra el máximo galardón para China, segundo desde que Zhang Yimou lo lograra con Semilla del crisantemo (1990) 

    Algunos de los premiados en la 67ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid

 

La película china Return to Dust del director Li Ruijun se ha alzado con la Espiga de oro en una edición de nivel medio bajo. El film, sexto largometraje del cineasta nacido en la provincia de Gansu (China) en 1983, trata sobre la humilde y sencilla Ma y el reservado Cao, cuyas familias conciertan su boda como única manera de quitárselos de en medio. Ni siquiera podrán disfrutar de una ceremonia de lo pobres y desamparados que se hallan. Sin alardes ni excesos en la narración, la historia de estos campesinos cala en el espectador, pues contemplamos el loable intento de progresar en una comunidad campesina que no le va a echar una mano en ningún momento. Así vemos cómo pasan de tener que abandonar una casa deshabitada porque la van a derruir a tener que construir una propia sin la ayuda de nadie, o el esfuerzo titánico de tener que sembrar un campo con medios escasos y cuyo beneficio se va en pagar el abono y las semillas.

El encadenado de sinsabores que el destino les depara se opone al estoicismo con que lo enfrentan y la buena relación y cariño que existe entre ellos.  Como dice Ma en un momento dado, “nunca creí que podría ser feliz”, pues ella arrastra incontinencia por acoso desde la infancia y una débil salud. Eso sí, apenas hay ninguna crítica al régimen comunista.

Recuerda al neorrealismo italiano, y me viene a la memoria la soberbia Ladrón de bicicletas (1948) de De Sicca sin igualarla. No era mi favorita ni mucho menos pero al menos el jurado no patina en demasía. Un apunte: Return to Dust venía de la sección oficial en Berlín y no obtuvo allí ninguna distinción.

 

 

    El director irlandés Colm Bairéad y su productora Cleona Ni presentan The Quiet Girl

La Espiga de Plata ha ido a parar a The Quiet Girl del irlandés Colm Bairéad. Alguien podría pensar que siendo el presidente del jurado, la actriz irlandesa Kate O’Toole, podría ser un premio patrio de esos de cuota, mucho más si tenemos en cuenta que la Seminci hizo un homenaje al cine de Irlanda este año. Pues, aunque así lo fuera, en mi opinión The Quiet Girl ha mostrado que tras la cámara hay un director con sensibilidad y una manera de hacer cine muy destacada y personal. Tiene una pega para ser redonda: su metraje de 95 minutos es demasiado, algo que pasa con mucho del cine que se hace. Me ratifico al saber que está basado en un relato breve titulado Foster de la escritora irlandesa Claire Keegan, y que básicamente es la adaptación del mismo. La película “presenta la posibilidad de que la familia biológica no siempre sea donde cada cual encuentra la felicidad”. Son palabras del director, la mejor definición del texto fílmico. A destacar el acierto del casting al elegir a la debutante y jovencísima protagonista de 9 años junto a una espléndida Carrie Crowley que dicen más con las miradas que abriendo la boca.

Una de las películas destacables en mi opinión fue Eo por la que el veterano director polaco de 84 años, Jerzy Skolimowski, se llevó el Premio al Mejor Director. Resulta admirable que a su edad pueda rodar una película en la que hay muchas localizaciones y escenas nocturnas para seguir las peripecias de un burro. Y más admirable es que trate de alejarse de formas trilladas de narrar. “Uno está harto de la forma tradicional con la que se cuenta la historia de una película contemporánea, con una narrativa muy lineal en la que todo va de la A a la Z y en la que los personajes se encuentran, se enamoran y se matan”, manifestó Skolimowski en la rueda de prensa que tuvo lugar en la Sala Miguel Delibes del Teatro Calderón.  Es por ello que tanto él como su guionista y pareja, Ewa Piaskowska, sintieran la necesidad de buscar otro tipo de narrativa porque, según lamentaba, “con la narración tradicional, uno ya sabe qué va a pasar después de los primeros 15 minutos de película”.

El Premio a mejor Actriz se lo llevó Lubna Azabal por El caftán azul de la directora marroquí Maryam Touzani. Nada que objetar, pues es un trabajo actoral rotundo. Actriz belga de origen español y marroquí, Lubna interpreta a Mina, una mujer de carácter que regenta una tienda de caftanes (prenda marroquí que llega hasta los tobillos) con su marido. La relación de ambos se tambaleará por el secreto que éste oculta y que acabará revelando en el último momento. Película delicada y con buena fotografía para lo que cuenta pero con un guión previsible y excesivo en su metraje.

 

 



 

Ex aequo fue el Premio al mejor Actor. Derecha, Karra Elejalde. Debajo el actor  búlgaro Ivan Barnev

 

 

 

 

 

 

 

El  premio al Mejor Actor fue ex aequo. Ivan Barnev y el formidable Karra Elejalde se lo llevaron por Vasil de la cineasta valenciana y debutante Avelina Prat. Obra menor que ni siquiera debería estar en una sección oficial. Sin embargo, la historia se sostiene por la interpretación de ambos: Vasil un inmigrante búlgaro que no logra trabajo en España, aún siendo muy válido, y que es recogido provisionalmente en casa de Alfredo, un arquitecto retirado. La oposición de caracteres eleva la calidad de  esta película sencilla y modesta en sus pretensiones.

 

 

 

 

Cristèle Alves Meira por Alma viva se llevó el Premio “Pilar Miró” al mejor Nuevo Director. Alves es francesa hija de inmigrantes portugueses y eso se nota en la película. La mirada de la directora a través de los ojos de una niña, llena de fascinación, recuerdo y etnográfica, hace que lo que cuenta ofrezca algo que se eleva por encima de la mediocridad. Alves regresa al pequeño pueblo de Tras-os-Montes en el que pasaba cada verano su infancia para contar las peripecias de su familia y el fallecimiento de uno de sus integrantes. El humor näif y las supersticiones populares antiguas son ingredientes de este filme portugués, que tiene la virtud de ir de menos a más.

 


 

 

Me parece acertado el Premio “Miguel Delibes” al mejor Guión a la película francesa Los pasajeros de la noche de Mikhaël Hers, coguionista junto a Maud Ameline y Mariette Désert. Era de lo mejorcito que nos ofreció la Seminci en mi opinión. Hers ya comentó en rueda de prensa que la historia, que transcurre en los años 80 sobre una esposa que se separa y tiene que tirar adelante con sus dos hijos, no quería ser nostálgica. La aparición de una joven con problemas de drogadicción y la dedicación de la madre, encarnada convincentemente por la actriz Charlotte Gainsbourg, a la recogida de llamadas para un programa de radio nocturno, son pilares narrativos de esta historia que se ve a gusto y con momentos sensibles. Sorprende ver ciertos acontecimientos al otro lado de los Pirineos muy similares a nuestro país, lo que hace que la película se vea como espejo galo donde retratarnos aquellos que fuimos jóvenes en los 80.

 


 

 

 

 

 La codirectora Charlotte Vandermeersch de Las ocho montañas en rueda de prensa

 

Poco parece el Premio mejor Fotografía a Rubens Impens para la que, a mi juicio y en opinión de muchos, fue sin duda la obra sobresaliente de la 67ª edición: Las ocho montañas dirigidas al alimón por Felix van Groeningen y la actriz Charlotte Vandermeersch. Sobresaliente adaptación de una novela que tuvo un éxito editorial en Italia, la homónima Le otto montagne escrita por Paolo Cognetti y que ardo en deseos de leer. Cuenta la historia de amistad entre dos chiquillos de 12 años, Bruno, el arraigado, y Pietro, el nómada, hasta la edad madura, y tiene como protagonistas los Alpes y el Himalaya.

El título alude al viaje que Pietro hace al Nepal donde un anciano le explicará, a través del dibujo de un círculo cruzado con cuatro líneas, el poético concepto de las ocho montañas:

“Nosotros decimos que en el centro del mundo hay un monte altísimo, el Sumeru. Alrededor del Sumeru hay ocho montañas y ocho mares. Ese es el mundo para nosotros (…). Y decimos ¿habrá aprendido más quien ha recorrido las ocho montañas o quien ha llegado a la cumbre del monte Sumeru?”.

Y esa es la pregunta de la película: ¿habrá vivido más Bruno en una sola montaña o Pietro que recorrió muchas? Dura 147 minutos pero en mi opinión no se hace larga ni le sobra nada.

El último premio oficial es mejor Montaje “José Salcedo” y fue al montador Kim Sang-Bum de Decision to Leave del coreano Park Chan-wood. Habría sido una vergüenza que Chan-wood se fuera de vacío habiendo sido de lo mejor. Parece poco pero menos es nada. Es un policiaco con el estilo inconfundible del surcoreano, con una puesta en escena sugerente, dramática, con giros y dramatismo romántico. La atracción de un policía por una sospechosa china e inmigrante ilegal de asesinato de su marido es el eje donde Chan-wood despliega otra vez el tema que ya aparece en su anterior filmografía: la obsesión. 

Traía el lastre, como le pasaba a Las ocho montañas o a Eo, de haber sido premiadas en otros festivales, en esta ocasión premio en Cannes al mejor director. Ese es el hándicap del Festival de Cine de Autor de Valladolid, que bebe de otros festivales y que necesita premiar, sobre todo, aquello que no ha sido premiado o a aquellas películas que no han estado ya en otros certámenes. Les pongo el cuadro para ver que esta hipótesis se cumple bastante bien como se puede observar. En gris aparecen las películas que han logrado premios en Valladolid y en otro festival en sección oficial.

 

FILME

VENÍA DE…

PREMIOS ANTERIORES

SEMINCI

Return to dust

BERLÍN

 

Espiga de oro

The quiet girl

BERLÍN

(Kplus)

Generation Kplus - Crystal Bear mejor película

Espiga de plata

Premio Fipresci

Premio del Público

Eo

CANNES

Premio del Jurado

Mejor Director

El caftán azul

CANNES

 

Mejor actriz

Vasil

 

 

Mejor actor

Alma viva

 

 

Mejor nuevo director

Los pasajeros de la noche

BERLÍN

 

Mejor guión

Las ocho montañas

CANNES

Premio del Jurado

Mejor fotografía

Decision to leave

CANNES

Mejor dirección

Mejor montaje

Boy from Heaven

CANNES

Mejor guión

 

Before, Now & Then

BERLÍN

Oso de Plata a la Mejor interpretación de reparto

 

Beautiful Beings

 

 

Premio Juventud

Clementina

BACIFI

Mejor película

 

Falcon Lake

CANNES

(Quincena)

 

 

No bears

VENECIA

Premio Especial del Jurado

 

Pamfir

CANNES

(Quincena)

 

 

Nothing

 

 

 

No mires a los ojos

 

 

 

 

    Recogida final de la alfombra verde de la edición 2022 de la SEMINCI

            THE END


lunes, 24 de octubre de 2022

Seminci 2022. Jornada 2ª

 MENÚ CAVIAR Y DE 3 TENEDORES

            La codirectora Charlotte Vandermeersch presentando en Seminci Las ocho montañas


Cuando la organización de la Seminci programa una película por la tarde en un cine que no es el Teatro Calderón (principal), uno tiene la impresión de que lo que va a ver es siempre el relleno de la sección oficial. Si, además, la película dura dos horas y media, como es el caso de Las ocho montañas (Le otto montagne, 2022), vas preparado para sufrir una posible emboscada de fuego enemigo. O como le pasa a uno de los protagonistas, sufrir el mal de altura. Pero en esta ocasión, hemos recibido -siguiendo con la metáfora- un lanzamiento aéreo de avituallamiento por aviación amiga.

Tan sólo he perdonado (y agradecido) al director británico David Lean que hiciera largometrajes de larga duración -recuérdese Doctor Zhivago o La hija de Ryan, por poner dos ejemplos-. Las ocho montañas podría estar dirigida por él, ya que ni le sobra ni le falta nada. En este caso han sido dos directores, los belgas Félix van Groeningen y Charlotte Vandermeersch, esta última presente hoy en Valladolid, los creadores de una fascinante adaptación sobre la relación de amistad viril entre dos amigos. Pietro es un chico de la ciudad de Turín, urbanita, de 12  años que durante las vacaciones pasa sus veranos en una localidad montañesa de los Alpes en la que, casualidades de la vida, tan solo vive hay un niño como él de doce años: Bruno.

Apoyada en una voz en off (la de Pietro, Luca Marinelli), que sirve de contrapunto y no de mero subrayado a las imágenes, asistimos a un vibrante y emotivo periplo vital de casi treinta años. Como toda buena película que se precie, contiene escenas de una gran emoción que van revelando momentos cruciales de la relación entre Bruno y Pietro.

Un aspecto destacable del filme es la influencia paterna en ambos durante todo el metraje, y eso que solo uno de los padres aparece y no en demasía, pero sí lo suficiente para gravitar permanentemente durante el metraje sobre sus vidas. El paisaje forma parte de la vida de ambos chicos. Curiosamente, han elegido los directores un formato cuadrado (4/3) ya que es la verticalidad del paisaje el que impera. La vida de ambos divergirá en un momento dado ya que cada uno toma decisiones vitales distintas a pesar de estar enraizados en la montaña: Bruno quedándose para explotar una cabaña ganadera y Pietro viajando y escribiendo libros mientras trabaja de cocinero. A pesar de las distancias, la relación de amistad perdurará como perduraba en "Dos hombres y un destino". Y la montaña será testigo de ello.

 Las dos películas que conformaron el triplete oficial fueron "Decision to leave" y "Los viajeros de la noche". Ambas muy buenas. La primera la dirige Park Chan-wook y se trata de un thriller policíaco con una gran dosis de romanticismo basado en la atracción del comisario por una china inmigrante ilegal que es sospechosa del asesinato de su marido. El director coreano nos atrapa con una historia que lejanamente en su tono puede recordar a Instinto básico, pues atrapa al espectador hasta un desenlace muy potente. Es verdad que por intentar contar de un modo algo distinto a lo que se ha creado hasta la fecha, Park Chan-wook obliga al espectador a estar en constante alerta para no perderte en la trama.

Los viajeros de la noche (2022) es una propuesta francesa dirigida por . Es una emotiva por momentos historia sobre una familia encabezada por Charlotte Gainsburg y sus dos hijos en la adolescencia. Ella está viviendo la separación de su matrimonio y trata de volver a la vida laboral. Recurre al trabajo nocturno en un programa de radio y más adelante se vuelca en labores en una biblioteca pública. Actividades, para el que escribe, muy queridas. Así que tal vez la valore más de lo que el filme, en una puesta en escena no demasiado brillante y algo funcional, valga. De todas formas, es muy recomendable pues junto al divorcio, presenta otros temas muy de la época en que tiene lugar la historia: los años 80, tales como las drogas, la ilusión por la actividad política y el cine como educación emocional,  presentes en Los pasajeros de la noche. Loable el intento del director de atrapar esa época reciente con la textura del formato y calidad de los vídeos que se usaban en ese tiempo.




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