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domingo, 26 de noviembre de 2023

Mi plano es...

 ¿Cuál es tu plano que simbolice o resuma tu vida?


Sucedió el pasado sábado, 18 de noviembre, en el bar Stop de Astrabudua. La reunión era de amigos de la cuadrilla de la infancia y juventud. Los años pesan y pasan pero encuentro que cada vez que nos reunimos reina una alegría viril, como en las películas de John Ford. En ocasiones también asisten esposas de algunos, la Maureen O'Hara de "El hombre tranquilo" o la Linda Darnell de "Pasión de los fuertes", mujeres de carácter, que hacen y deshacen. Pero he de decir que la alegría es más comedida, distinta, condicionada. En fin, que esa tarde en el Stop, pude entablar conversación con K., tipo al que tengo especial cariño, tal vez porque tiene una manera seductora de hablar, nunca sube el tono, es apuesto, con su pelín de arrogancia como escudo que saca en ocasiones -conmigo no es necesario-, disfruta de la naturaleza y tiene inquietud por todo. "La ignorancia de un hombre se aproxima a cero cuando no queda nada ya por averiguar, tercer principio de la termoignorancia", me dice serio. Y se ríe quedamente.

K. me pregunta por las últimas películas que he visto. Le gusta que le aconseje y, a veces, sigue mis consejos. Lo constato porque tiempo después me comenta que tal y cuál película que le recomendé le gustó, mucho y requetemucho. Y, claro, mi ego se expande. Así que cada vez que me pregunta,  le recomiendo sabiendo que (casi) nunca pincho en hueso. Suena a jactancioso. Y lo es.

La  conversación en un momento dado toma un tono filosófico o, digámoslo de otro modo, trascendental. Me pregunta que si tuviera que elegir un plano de una película para resumir mi vida, con cuál me quedaría. Me quedo pensativo, que es lo que hay que hacer en estos casos para darme la justa importancia y el tono adecuado de intelectualidad que, inmerecidamente, la cuadrilla me asigna. Será, entre otras razones, porque leo a Stefan Zweig al que llevo en el bolsillo del abrigo. Trago el valenciano como si de ese trago dependiese la respuesta. "Pues depende de la época, razono. A los 18 años tendría uno, a los 30 otro distinto, y ahora que tengo... pues sería otro completamente diferente". Él está de acuerdo. Pero insiste en que elija uno para resumir una constante en tu vida, un epitafio gráfico. Y, claro, el que me viene es este:

 

"Deseando amar" (2000) vista en los cines Lauren Getxo.


"¿Una película de Hong-Kong?", me imagino que me dice. "Sí, -le digo-. Es de un director nacido en Shanghai y que fue a Hong Kong a los cinco años. No pudo regresar ya que estalló la Revolución Cultural. A Wong Kar-wai, que es su nombre, le gustaba la fotografía y leía mucho. Empezó estudiando Artes Gráficas aunque lo dejó por el cine. A su madre la volvía loca el cine". "Claro, ahora veo el paralelismo con tu vida", me deja caer como si viese la conexión con él.

Me quedo reflexionando. ¿Podría ser que una película conectase contigo no sólo por ella misma sino de alguna manera misteriosa porque el realizador hasta cierto punto tuviera concomitancias con tu vida propia? K. me sonríe como si hubiera podido oír la pregunta interna que me hago.

Le describo el plano como si estuviera ante un cuadro en el Museo de El Prado, mientras la rasca de la noche cae sobre mi espalda. Ella, Li-zhen, secretaria de una empresa de exportación, está recostada sobre una pared encartelada de ladrillo; él, Chow, redactor de un periódico de Hong Kong, está fumando frente a ella. No se miran. Ella permanece con los ojos cerrados; él dando una calada con la mirada hacia abajo. Li-zhen lleva un vestido floreado; él un traje negro: vida y muerte, deseo y dudas. La luz de tonalidad naranja, nocturna, da una sensación de nostalgia. Parecen novios, pero no lo son. Y ahí reside el drama: ambos están casados... en 1963. En ese plano parece revolotear un secreto, un sentimiento reprimido que trata de luchar por salir de Chow. Ahí está su sombra proyectada hacia la pared, donde ella parece esperar con los ojos cerrados, o imaginar, el sonido de unas palabras reveladoras que no llegan a hablar. Él está sobre la parte del plano en que el director de fotografía, Christopher Doyle, ha dejado en oscuro; ella permanece en la luz mortecina, resplandecientemente hermosa, con el rostro ligeramente caído. Parece el fin de algo... hermoso.

K. me interrumpe en la descripción. No ha visto la película y eso pesa mucho a la hora de conectar con lo que le digo. "De todos formas -me sentencia con su mirada segura-, lo que todo el mundo tiene claro al final de sus vidas es el fundido a negro.Y muestra su rictus tembloroso como si hubiera enunciado una ley fundamental de la vida que se cumple sin tener que ser demostrada.





 Al regresar a casa, con cierto grado de alcohol etílico en vena todavía, me imagino una idea que nadie hasta ahora se le ha ocurrido. Bueno, el Cementerio de Sad Hill dentro de los límites municipales de Contreras y Santo Domingo de Silos podría aproximársele. Ahora que es un tiempo donde la religión por estos pagos ha ido retrocediendo, se me ocurre que, para seguir dando utilidad a los cementerios los cinéfilos, se podrían poner en nuestras tumbas en lugar de cruces un plano que simbolizara lo que fue nuestras vidas.

 



lunes, 20 de noviembre de 2023

La película que verán más de un millón de espectadores en España

'La sociedad de la nieve' de J. A. Bayona se estrena el próximo 15 de diciembre en cines

Abróchense los cinturones porque la experiencia es inmersiva e inclusiva


Bayona no es un director prolífico. En eso se parece a Stanley Kubrick, que cada proyecto se lo tomaba con tiempo. Desde que debutó allá por 2007 con 'El orfanato' hasta el presente tan sólo ha rodado cinco largometrajes, documentales, series de tv y videoclips aparte. Con su quinto proyecto, financiado por la todopoderosa Netflix ¡en español!, ha visitado festivales de prestigio. Clausuró Venecia dentro de la sección oficial fuera de concurso, logró el Premio del Público en el Zinemaldia y fue invitado a su casa, el Festival de Sitges, para recoger en su 56ª edición el Premio Máquina del Tiempo y, de paso, presentar su película. Una obra que ha sido elegida por la Academia de Cine Español para representarla en los Oscar de 2024 y candidata al Premio Forqué. Y queda por hacer más ruido.


J. A. Bayona entrando a la rueda de prensa del Festival de Sitges para presentar 'La sociedad de la nieve' y agradecer el premio La Máquina del Tiempo.

 

El pasado día 10 de octubre tuvo lugar la rueda de prensa en la que el director del Festival de Sitges, Ángel Sala, anunciaba con gran satisfacción la entrega de dicho premio al director barcelonés, que reconocía 'haber vivido grandes momentos de su vida' en este Festival. Les acompañaba una de las coproductoras del filme, Sandra Hermida. La Noche Americana estuvo allí. 

'La sociedad de la nieve' es la adaptación homónima del libro de Pablo Vierci sobre la odisea de unos jóvenes pertenecientes a un equipo de rugby que viajaban en el avión que se estrelló en los Andes en 1972 rumbo a Santiago de Chile. En esos 72 días que estuvieron en condiciones inclementes, tan sólo sobrevivieron 29 de los 45 viajeros. El resultado fílmico de esta trágica lucha por evitar la muerte es esta obra sobresaliente.

Pregunta - ¿Qué significa este Premio de la Máquina del Tiempo y para ti este Festival de Sitges?

Bayona. -Sitges es muy especial porque la distancia que hay entre el escenario y el patio de butacas es muy borrosa. Es muy fácil ver a directores a los que admiras sentados en el patio de butacas viendo películas. Y también se da esa cosa tan extraña de que muchos de los que estábamos en el patio de butacas, empezando por el primero que fue Jaume Balagueró, hemos empezado a presentar películas de una forma natural. Me siento un poquito pues como el día cuando presenté mi primera película ('El orfanato'). He visto muchos directores recibir este premio y ahora estoy ahí arriba recibiéndolo. Se me hace extraño pero, por otro lado, me hace mucha ilusión.

P.- Centrándonos en el filme, ¿cómo abordaste un tema tabú como es el del canibalismo en la película? 

Bayona. - Cuando leí el libro, el canibalismo no fue el tema que más me había interesado o impactado, a pesar de estar realmente impactado cuando acabé la obra de Pablo Vierci. Y de hecho recuerdo una conversación con Belén Atienza, coproductora, que me preguntó lo mismo, sobre cómo iba a rodar "esto". Y tardé un par de segundos en entender a qué se refería con ello (las escenas de canibalismo). Porque no era el asunto que más me impactó de la novela. Al contrario de otra obra escrita un año después de la tragedia, '¡Viven', en el que los protagonistas tenían veinti pocos años, el de Vierci está escrito 40 años después. En él está el poso del tiempo que ha pasado y hay una esfera que tiene que ver con lo filosófico, lo espiritual, incluso lo psicológico, que es lo que me impacta del libro, lo grande que es esta historia en todos los sentidos.

P. - ¿Cómo involucraste a todo el equipo técnico y artístico para rodar este tipo de escenas que, aún no siendo escabrosas ni gore, sí que tienen un aspecto tabú?

Bayona. -El acercamiento que tuvimos en el rodaje es como si hubiésemos rodado un documental, porque pasamos todos los días por todos los grandes momentos significativos de la historia. Y la intención siempre fue no dulcificarla . Se rodó todo, incluso esas escenas 'escabrosas', con atrezzo y maquillaje, porque era importante que los actores pasasen por todos los momentos. Y ya en el montaje fue cuando nos dimos cuenta de que todo lo que tenía que ver con los más 'gráfico' (del canibalismo) te sacaba de la película. Porque durante esos 72 días que estuvieron, ellos pudieron acostumbrarse a ese 'comportamiento' de subsistencia y convertirlo en algo anecdótico, mientras que en dos horas de película es imposible hacer que 'eso' se convierta en algo rutinario. Entonces optamos siempre, aparte de respetar la intimidad de los fallecidos, por no entrar en lo 'gráfico'.

P. -Los supervivientes pertenecían a un colegio católico. Hábleme del aspecto religioso del filme y de si ellos te han explicado que en el momento del canibalismo tuvieron que separar sus creencias religiosas de los momentos de supervivencia y cómo lo hicieron para escoger por qué cadáver empezar a alimentarse.

Bayona. -Una de las cosas difíciles de las muchas que tenía la historia era que estaban los supervivientes y los personajes que se quedaron en la montaña. Realmente era muy difícil hablar de 'ellos' porque ese sujeto como tal no existe. Teníamos que encontrar la forma de contar este historia que fue inclusiva. No soy una persona religiosa pero ellos eran personas muy religiosas. Me parecía que limitarlo todo a lo religioso era hacer más pequeña la lectura del drama. He sido muy respetuoso con sus creencias pero he intentado llevarlo a un lugar más espiritual, porque cuando hay un acto de entregar tu cuerpo para que otro 'lo consuma' y pueda vivir, hay algo ahí trascendente.

P. -Al regreso, una de las madres le dice a su hijo que ha sido 'un milagro'. Y él le contesta que no, que ha sido otra cosa.

Bayona.- Es verdad que hay esa frase textual dicha por 'Fito' Strauch a su regreso cuando su madre le dice es un milagro, 'qué milagro, mamá'. Eso da mucho a entender la situación en la que regresan, donde el mundo lo recibe como héroes y con esa figura de Dios muy presente y del milagro, y ellos venían de comerse los cuerpos de sus amigos y de pasarse 72 días con temperaturas bajo cero viviendo en la miseria. Me  parecía mucho más interesante hacer una lectura espiritual a través del acto de entrega  que no una lectura que fuera religiosa en un solo sentido. Eso sería limitar el sentido de la película.

P. -El hecho de hacer tiras de los cuerpos para hacer porciones no lo muestras muy claro, son algunos compañeros que de espaldas hacen este trabajo, ¿lo rodaste, lo eliminaste del montaje final?

Bayona. -El tema de la carne va mucho más allá de lo que está escrito en los libros. Hablando con el psicólogo que les atendió cuando regresaron, y que hizo de traductor para '¡Viven!' de Paul Read, nos contaba que de lo que ellos hicieron en la montaña fue bloquear una parte de su cerebro, de forma que ellos no transitaban por lo que hacían. Las imágenes que ellos te cuentan son incluso mucho más fuertes de las que hay en el libro. Podíamos haber ido muy lejos pero eso le daba un tono que le alejaba de lo que queríamos contar. Ahí estaba el reto: nosotros rodamos cómo cortaban porciones, cómo rasgaban el calcio de los huesos y lo mezclaban con hielo y  lo bebían. Todo eso se rodó y en el montaje fue cayendo porque, al final, tú diriges la película en una dirección y eso no hacía falta.

 

Bayona contestando en rueda de prensa a La Noche Americana. Sitges.

 

P. -¿La escena del accidente aéreo es impresionante y eso que dura poco? En el pase de prensa del Zinemaldia, hubo tras él un espeso silencio en el patio de butacas. Parecía que el espectador lo había sufrido también.

Bayona. -Nos propusimos huir de la palabra 'espectacular'. No buscábamos espectacularidad, aunque evidentemente un accidente de avión pues tiene un componente de espectacularidad indisociable que es inevitable. Pero lo que realmente buscábamos era la experiencia inmersiva, de estar ahí dentro con ellos, sabiendo lo mismo que saben ellos, que era poco. De golpe se encontraron con montañas blancas y no sabían qué pasaba. Y antes de darse cuenta ya se estaban estrellando contra las montañas. Buscábamos esa inmediatez por un lado. Y luego también buscábamos algo muy físico, como era el momento del impacto final donde los asientos se salieron de su posición y atraparon a todo el mundo como un acordeón. Sí tenía que doler. Uno de ellos afirmaba que 'aprendimos a palazos'. No fue una aprendizaje gradual, fue cuestión de segundos.

Hermida.- La palabra es 'inmersivo'. Es algo que aprendimos con Jota en 'Lo imposible'. Por ejemplo, la secuencia de la riada, ¿cuál es la sensación que quieres transmitir al espectador? Pues que estés dentro, que te esté pasando a ti, que estés dentro de esa corriente de agua o dentro de ese avión. Vimos lo que necesitaban esos planos. Construimos tres fuselajes y reutilizamos uno para hacer una pieza muy icónica, a la que llamamos el acordeón, y que nos permitió conseguir hacer aplastar literalmente a 45 personas, con lo que eso supone de una combinación de actores, dobles y 'dummies'. Pero siempre guiados por algo en lo que Jota siempre insiste mucho en todos sus proyectos, que sea verdad, que sea real. Apoyarnos en lo físico. Sí que buscábamos la brusquedad, el dolor, el impacto... y la sorpresa. Porque en unos segundos todo vuela por los aires y tú, como espectador, vuelas con ellos con esa dureza y te deja en shock.

P. -'Lo imposible' estaba pensada para una pantalla de cine. Y esta al ser producida por Netflix, se verá en pantalla pequeña. ¿Qué cambios hay a la hora de producir? ¿Cómo lograr que sea inmersivo cuando lo veo en un dispositivo pequeño?

Bayona. - Yo nunca he hecho nada para la pequeña pantalla incluso cuando he trabajado para ella. Cuando hicimos la serie de 'El Señor de los anillos', lo primero que marqué fue un formato de cinemascope porque era la mejor manera de contar con el paisaje. En este caso, además, se tuvo en cuenta desde el principio que se iba a hacer una explotación cinematográfica, por lo que con más razón aún se planteó como cine.La película tiene un formato 2.55:1 (23:9). Cuando te pones a pensar en la imaginería de la película, la cadena de montañas, el fuselaje del avión que es alargado, muchos personajes siempre en el plano, era el mejor formato para contar la historia y disfrutarla en una pantalla lo más grande posible.

P. -¿Cómo ha sido trabajar con Michael Giacchino en la BSO del filme?

Bayona. -Es un gran músico pero es todavía mejor como narrador. Ahora de hecho está dirigiendo películas. El trabajo que hizo él era muy interesante teniendo en cuenta que era una película muy larga, dos horas y media. Los personajes están básicamente durmiendo y comiendo durante 70 días y teníamos que buscar la dinámica de esta historia. Dotó a la montaña de un sonido muy hostil. Lo primero que hizo fue abrir la tapa del piano y empezar a golpear las cuerdas. Hacía referencias a Jerry Goldsmith  de 'El Planeta de los simios' buscando esa hostilidad. 

P. -A nivel musical, no hay tanto exceso como sucedía con la BSO de Fernando Velázquez en 'Lo imposible'.

Bayona. -Lo que hizo Giacchino fue medir mucho toda la parte emocional. Yo le decía que es una película en la que cuando te vas a emocionar, teníamos que cortar a la siguiente escena. De otro modo se podía convertir en un filme que no se iba a poder ver ya que te lleva hacia un lugar emocional muy fuerte. Así que él fue midiendo toda esa emoción. Hizo algo muy brillante que es utilizar las percusiones uruguayas como el candombe, una música típica uruguaya, que tiene que ver mucho con la parte más tribal de la cultura uruguaya, para las expediciones. Así que cuando echan a andar la música tiene que dar la sensación de que lo van a lograr. Hicimos una prueba del rescate sin música, pero parecía más impostada que cuando estaba la música. Era como sin ella, el director estuviera por encima de los personajes.


Bayona junto al director del Festival de Sitges, Ángel Sala (derecha).


P. -¿Por qué elegiste este casting con actores uruguayos y argentinos prácticamente desconocidos y en español?

Bayona. -Desde el principio quisimos rodar en castellano. Rodamos en inglés 'Lo imposible' aunque fuera una familia española. En aquel caso no era tan relevante el que cambiáramos la nacionalidad pues era una familia español que vivía en Japón y veraneaba en Tailandia. En cualquier caso eran caucásicos y daba igual si se contaba en español o en inglés. En este caso no, porque importaba el contexto cultural. Además, esta historia ya se había contado en inglés (¡Viven! de Frank Marshall). Apostamos siempre por actores locales y en español, de alto presupuesto, aunque de presupuesto medio para una película de Hollywood.

P. -¿El idioma pues ha sido un obstáculo para ver este proyecta antes?

Bayona. -El mercado en el que vivimos hoy en día no permite rodar películas de presupuesto medio en Hollywood en español. Y ahí hemos estado diez años intentando levantar una película. Cada vez que yo hacía una entrevista para promocionar películas como 'Un monstruo viene a verme' o 'Jurasic Park', yo decía a ver si mi próximo proyecto es en español porque estaba esperando que esta película se pudiera financiar. Diez años después ha sido Netflix la que ha permitido que este filme se pudiera hacer.

P. -¿Puso alguna condición a Netflix para hacerla?

Bayona. -Una condición sinequanon para que nosotros firmáramos con Netflix para rodarla fue que tuviera una exhibición cinematográfica. Eso no se cuestionó. La hubiéramos querido rodar para ventanas de exhibición convencionales, y no se pudo pues el público no va a ver películas en español a los cines. En Rumanía la gente no va a ver películas en castellano.

Hermida.- No va a estar sólo un mes en cines. Va a estar el tiempo que quiera el público. Lo que pasa es que se simultaneará a partir de enero con la plataforma. Además, Netflix nunca puso pegas con que los actores fueran desconocidos. Fue una apuesta de Jota. Hemos de tener en cuenta de que eran personas muy jóvenes, entre 17 y 25 años. Hubo un casting en pandemia, on line prácticamente.Y la apuesta fue porque no hubiera caras conocidas que pudieran la atención del grupo. 

Bayona. -Hicimos casting con caras conocidas pero el tono no era lo que pretendíamos. Veíamos algún rostro conocido entre un montón de caras desconocidas y no nos gustaba. Hicimos seis meses de casting durante la pandemia. Y ese proceso ya fue muy intenso porque había que hacer cuarentena para los viajes de los actores entre Argentina y Uruguay. Cuando vinieron a España, la mayoría no había salido ni siquiera de su país ni habían visto la nieve siquiera.

P. -Esta película es muy diferente a la de '¡Viven!' de 1993 de Marshall, de aventura y acción, ¿viste la versión del mexicano René Cardona, 'Supervivientes de los Andes' rodada unos cuatro años después del accidente.

Bayona. -La vi pero era dificil verla. Ahora se ha reeditado. Había una versión de muy mala calidad en Youtube y la vi muy por encima. Además era una película que entraba de pleno en lo 'exploit', se vendía mucho por la idea de la comida de los cuerpos. Es más concisa que la de Marshall pero para la preparación de nuestro proyecto no la vi porque la copia que había en su momento era de mala calidad.




P. -Háblame de las localizaciones y de si este rodaje ha sido el más duro al que te has enfrentado.

Hermida. -Desde 2017 empezamos a explorar el norte de Estados Unidos, las montañas de América y Europa para ver dónde era posible hacerla, ya que había un problema enorme como era la nieve. Esta es algo temporal. Después de años de buscar financiación, llegamos a la convicción de que el mejor sitio era en España, al lado de la estación de esquí de Sierra Nevada. Era una montaña que al estar cerca del ecuador tiene muchas horas de luz. Además, Bayona siempre tiene una idea subyacente en todos sus rodajes, que es el de rodar en España siempre que puede y con equipo español. Jota también tenía claro que había que rodar en el lugar donde el accidente, el Valle de las Lágrimas en Argentina, en medio de los Andes. Si tenemos en cuenta el rodaje del inicio y final de la película en Montevideo, hemos estado once meses rodando. 

Bayona. -Lo primero que hice fue trasladarme al lugar donde cayó el avión. Empezamos el rodaje cubriendo todo lo que eran los fondos. En ese primer viaje fui al lugar, pasé una noche horrible el primer día por el mal de altura. Sólo llegar al sitio son tres jornadas de adaptación. Pierdes la noción del tiempo. Hay que vivirla para entender lo que es. Un sitio impresionante, pues no hay nada, ni nada suena ya que no hay nada vivo. Después fuimos a rodar a Sierra Nevada, a 2.500 metros, mil metros por debajo de lo que vivieron ellos. Un aspecto que el público no va apreciar porque están muy bien hechos son los efectos especiales. Todos los fondos de la película, absolutamente todos, están cambiados digitalmente. Son los fondos de las montañas de los Andes y la película se rodó en un 70% en Sierra Nevada.

P. -La película se rodó en digital y luego se pasó a analógico. ¿Por qué no se rodó en celuloide desde el principio?

Bayona. -Si normalmente en una película se rueda unas 40 horas para el resultado final, nosotros rodamos 600 horas. No parábamos de rodar nunca porque teníamos un plantel de actores muy jóvenes pasando por situaciones parecidas a los protagonistas, pasaban hambre, frío y no tenían experiencia de una filmografía larga, como mucho una o dos. Cuando llegamos a la mesa de montaje al acabar la jornada de rodaje, los montadores se quejaban de que no tenían horas en el día para visionar el material que se había rodado.Había un trabajo muy grande de seguir explorando la historia y seguir buscando la forma adecuada en el montaje. Eso en negativo no habría sido posible. 

Hermida. -No hay negativo en el mundo. 

P. -¿Cómo fue el pase de la proyección de 'La sociedad de la nieve' para las familias?

Bayona. -Cuando me reúno con los supervivientes, ellos querían aún más que yo que se hiciera la película. Faltaba algo por contar. Yo me preguntaba qué era. Al dar voz a los muertos en esta historia, de alguna forma se ha equilibrado, hay algo que está presente en el libro y tiene que ver con esa visión más fantástica del relato. Hicimos el rodaje como si fuera una crónica, muy pegados a la verdad. Y esa verdad pasa también por una mirada que interpreta los hechos. Y en esa mirada está la mirada de los muertos. Estos, cuando lees el libro de Vierci, parecen que estén vivos, pues los supervivientes hablan constantemente con ellos. Y la mirada que hay en la película da a entender que esos muertos siguen vivos. Siempre he defendido el cine fantástico como una manera  más verdadera de contar la realidad. En el pase, los familiares de los supervivientes y, sobre todo, los de los fallecidos, pudieron meterse en ese avión, vivir lo que ellos vivieron y entender lo que ellos pasaron para poder aceptar. Hubo un momento casi de curación. Me contaba uno de los supervivientes que su cuñado, hermano del capitán, en cincuenta años no habían hablado de esto. Mucha gente después de 50 años pudo entender por lo que pasaron y por qué hicieron lo que hicieron.






 


domingo, 29 de octubre de 2023

Seminci 2023: Palmarés y cierto bochorno

La Espiga de Oro de la SEMINCI va para la infumable 'La imatge permanent' de Laura Ferrés

 

La directora italiana Alice Rohrwacher recibe la Espiga de Plata por 'La quimera', historia de un zahorí que tiene el don de hallar tesoros etruscos bajo tierra toscana

 

    Laura Ferrés posa para los fotógrafos tras recibir el anuncio en la lectura del palmarés de la 68º edición de la Seminci vallisoletana de ser la ganadora de la Espiga de Oro



La marcha del director Javier Angulo de la Seminci trajo el nombramiento de Jose Luis Cienfuegos, que venía del certamen de Sevilla y, anteriormente, de Gijón. Momentos antes de la lectura del palmarés de la 68º edición, algunos periodistas ya nos temíamos que el reparto de 'trofeos' iba a ser duro de escuchar y más de aceptar. Cienfuegos comentaba al inicio de la lectura, ¿a modo de autocrítica?, que habían sido siete días muy intensos de una primera edición bajo su dirección que debería de haber sido "más tibia y conservadora". Se puede entender que se refería al tipo de películas que han poblado no sólo la Sección Oficial sino otras como Punto de Encuentro.Vamos, que propuestas más radicales como Samsara, Sobre todo de noche, Música o The Shadowless Tower entre otras iban a ser moneda de curso legal a partir de ahora, en lugar de obras más accesibles para el público 'normalito' como Sala de profesores, El rapto o El maestro que prometió el mar por poner algunos ejemplos.
 
No sé hasta qué punto la sombra de Cienfuegos en el jurado es alargada o no, pero sospecho que el palmarés ha debido de ser de su agrado, pues si 'La imatge permanent' de Laura Ferrés ya venía del Festival de Locarno, certamen que, como bien dice un compañero de fatigas, hay que huir como de la peste, 'Música' de la alemana Ángela Schanelec bien podría haber venido del mismo aunque participó en Berlín habiendo conseguido un inexplicable premio al guion.

Lo que me llamó la atención fue que tan sólo dos miembros del Jurado Internacional de los cinco, el director indio Pan Nalin y  el director y docente Iván Gravosky, subieran al escenario del Salón de los Espejos del Teatro Calderón a dar lectura del palmarés. ¿Señal de que hubo desacuerdo con el resto, la directora Meritxell Colell, el productor británico Mike Goodridge y la directora de la revista Caimán Jara Yáñez? Vete tú a saber. La rapidez con que leyeron el listado -en un momento les dijeron que fueran más despacio, la solemnidad lo requería- parece indicar que se querían quitar el marrón cuanto antes. Al menos  esa fue mi interpretación.

Curiosamente, el director no dio resultados de  asistencia ni otros datos de los que Javier Angulo solía informar. Personalmente, en los pases de Sección Oficial no he visto que se llenasen las plantas superiores del Teatro Calderón, como así ocurría en años anteriores, sobre todo antes de  la  pandemia. También ha habido problemas técnicos en la proyección de varias películas que dan una imagen de un festival como el de la importancia de Valladolid que lo desmerecen, sobre todo cuando cuenta con  tres millones de euros aproximadamente de presupuesto.
 
 

PREMIOS PRINCIPALES

 


 Laura Ferrés recibe la felicitación del director de la Seminci, Jose Luis Cienfuegos

 
 
 
 
Laura Ferrés y el guionista de El viejo roble Paul Laverty
De la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, la ESCAT, están saliendo una hornada de directores que van copando premios en múltiples festivales. Este es el caso de Laura Ferrés con su 'Imatge permanent', cuyo anterior obra ya fue presentada por Valladolid. Había que amamantarla un poco más, pues una vez que un certamen amadrina a su retoño no ha de abandonarlo. 
 
Su trabajo hunde sus raíces en lo biográfico. Si en su primer corto fue su padre y la quiebra de su empresa de autobuses la materia narrativa, en el caso de la obra ganadora de la Espiga de Oro le tocaba el turno a su familia materna, procedente de Andalucía. En el prólogo, trata de ello con unos pseudo actores escogidos con la  única condición de que al sonreír tuvieran los dientes en su sitio. Lo de interpretar ya es otro asunto. Con una ambientación ¿de los años 50? que produce sonrojo, pasamos luego en una elipsis a una época cercana a Barcelona, donde Carmen, una publicista (?) en busca de caras 'reales' para una campaña política, se topa con Antonia, una mujer que emigró a Cataluña hace décadas. Esta vive de hacer perfumes y venderlos como quien vendía aquellos pañuelos de papel en los semáforos. Los que encargan la campaña necesitan personas 'auténticas' y ven en Antonia una opción perfecta. Claro, a los guionistas, Carlos Vermut, sí ese ensalzado por hacer rarezas que encandilan a gafapastas que no pagan la entrada por ver 'Magical girl' o 'Quién te cantará', y Ulises Porra, no se les ocurre otro ardid que hacer que los que pagan la campaña obliguen a Carmen a 'seducir' a Antonia para que participe en la operación publicitaria. Por eso la traerá a vivir a su casa para poder enjaretarnos diversas situaciones pretendidamente cómicas y que yo tildaría de sonrojantes, plúmbeas y subvencionadas. Si ustedes miran la filmografía de Carmen y Antonia en Filmaffinity verán que está en blanco. ¿Me entienden lo que les quiero decir? 
 
Ni que decir tiene que 'Imatge permanent' tiene una idea magnífica, si he entendido algo de una película con un tono docuficticio, moroso y pobretón, es que la Fotografía, así con efe mayúscula, deja un testimonio de nuestras raíces no sólo familiares sino de un tiempo. Carmen publicista llega en un momento a mostrarle ese álbum suyo a una desarraigada Antonia, cuya vida no dejará huella indeleble en ningún álbum vital de nadie salvo por las fotos que Carmen le ha podido hacer en la calle antes de  entablar relación 'interesada' con ella. Alguien me explica que ambas son madre e hija. Yo ya estaba mirando el reloj a los diez minutos de metraje pensando en el café del mediodía. El galardón a Ferrés, constituye la segunda Espiga de Oro a una producción española en la historia del festival y la primera mujer cineasta que gana del país. ¿Lo pillan? Será un éxito de taquilla... dentro de veinte años.
 
 
El protagonista de La quimera busca reencontrarse con su amor perdido

 
La Espiga de Plata fue a parar a otra directora,  la italiana Alice Rohrwacher, por su irregular aunque interesante 'La quimera'. A Rohrwacher la subieron al altar festivalero en Cannes en 2014 con El país de las maravillas y 2018 con Lazzaro felice, única vez en que me fui de los Multis de Bilbao ante el sopor que me provocaba su historia en un viernes de estreno. Con 'La quimera' vuelve a contar con otro personaje introvertido, raro, imposible de empatizar al menos para mí. Se trata del taciturno Arthur, otro ser marginal que vive en una chabola, desarreglado y sin ducharse, muy del gusto de los personajes de la directora, que acaba de salir de la cárcel por tráfico de patrimonio artístico. Tiene el don de localizar cual zahorí con palito tesoros del pasado etrusco diseminados  por la Toscana. Los 130 minutos se dejan sentir encima de lo que hay en la butaca del Calderón, mi culo, pues la guionista, la misma que dirige, mete personajes que en cierta manera lastran la columna argumental principal. Es el caso de los pasajes del personaje interpretado por Isabella Rossellini, Flora, que acoge a Arthur tras su paso por la cárcel como si fuera el hijo que no tuvo, o la excesiva descripción de los amigos ladronzuelos, cuya única manera de sobrevivir es comerciando con antiguos ajuares funerarios arqueológicos extraídos del subsuelo. Arthur estuvo enamorado de una de las hijas de Flora, Beniamina, de la que no sabemos al principio si está desaparecida o muerta. De ahí las imágenes en formato celuloide que evoca a los dos. Rohrwacher juega con la idea de desentrañar de la tierra los objetos funerarios de una civilización tan misteriosa como los etruscos en la región de la Toscana -de ahí que en el cartel y en la película aparezcan imágenes invertidas- con la idea de poder recuperar el amor perdido de Beniamina por parte de Arthur. Contiene uno de los finales más hermosos y trágicos vistos en la Seminci.


Premios de dirección


Fotograma de Música de la directora alemana Angela Schanelec, Espiga a Mejor Dirección


 
Otro desatino fue el Premio a la Mejor Dirección que, en este caso, fue a otra directora de nombre Ángela Schanelec por 'Música'. Se proyectó el miércoles 25 y  obtuvo una desaprobación con abucheos en el pase de prensa del Calderón. Fue la que menos gustó con diferencia. La puesta en escena es del estilo que paso a denominar 'zombie muerto': planos estáticos muy laaargos, actores pasmados, sin aliento, marmóreos, con elipsis que te asaltan cuando estás a punto de morfear, guion críptico para ir de intelectual... Vemos un plano de una ambulancia y un auto de policía llegar a la costa de alguna parte de Grecia. Se me hacen eternos. Y es el arranque. Vemos a unos padres, no sé si están muertos, heridos o qué. La ambulancia deja al bebé en brazos de unos señores que lo acogen. ¿Quiénes son? Ni idea. Se van a la playa. Salto en el tiempo. Ya no estás en la pantalla. Entre plano y plano te ha dado tiempo a hacer la colada y preparar la comida en caso de estar viéndola en casa. Dicen que tiene una estilo minimalista y distanciado. Y ese niño ya es adulto. Y sale de la cárcel por haber cometido un homicidio involuntario. Y una funcionaria se casa con él. Me entero de que acaba ciego. Y el tipo acaba siendo músico. De ahí el título. Hablan de reformulación del mito de Edipo, la tapadera cultural para que el que esto escribe tenga ganas de asesinar al que decidió programar esto. El razonamiento que da el Jurado es de juzgado de guardia: "Ha reconocido en Schanelec su mirada única y la forma de aproximarse a las historias cual compositora que juega a esconder la emoción en el interior de sus imágenes para dejarla estallar de la forma más conmovedora y bella".
 
 
Por si no fuera poco tal desatino, el Jurado decide otorgar -mejor, regalar- otro galardón más a este bodrio: el de Mejor Fotografía a los planos de belleza austera de Ivan Markovíc, despreciando el trabajo de luz de Francesco di Giacomo en una de las mejores películas de la Seminci: 'El rapto'. Si ciego acaba el protagonista de 'Música', ciegos los cinco del Jurado Internacional por dar este premio a una obra rodada con luz natural del Mediterráneo pues no había presupuesto para más. Claro, se habrán puesto ciegos a Ribera del Duero. Ahora lo entiendo.

 
Por si no fuera poco, el premio Pilar Miró a la mejor nueva dirección fue a otra mujer: la británica Molly Manning Walker, por una cinta, 'How to Have Sex', excesivamente alargada y con unos diálogos propios esa parte de la juventud alelada y que solo piensa en beber, drogarse y en follar. Sus 98 minutos no daban sino para un corto. No he visto nada novedoso ni que me haga presagiar que estamos ante una revelación. Cuenta el viaje de tres jóvenes británicas a una localidad turística de Grecia. Ni que decir tiene que el único propósito es el de perder la virginidad y ver quién se tira a más tíos en esos días de asueto. El tema fue abordado con mayor calidad artística en 'Esa clase de amor' (1962) por John Schelinger dentro del movimiento Free Cinema británico. No sé muy bien qué quiere contar con todo ello la directora, o si hay una cierta mentalidad y presión por perder la virginidad o denunciar el trato de los jóvenes con las chicas, que tan sólo piensan en descargar y si te he visto, no me acuerdo. Recibió el Premio de la Juventud. Lógico.
 
Es verdad que al premio Pilar Miró tan sólo cuatro directores podían aspirar a él. El bilbaíno Víctor Iriarte podría haber sido bien merecedor de él con su ópera prima 'Sobre todo de noche', relato de maternidades usurpadas en el régimen de Franco contado con cierta originalidad, tanto en la puesta en escena como incluso en el uso del formato de las imágenes a través de una crónica epistolar de dos mujeres a las que dan vida Ana Torrent y Lola Dueñas. Se tuvo que conformar, que no es poco, con el Premio Fipresci de la crítica internacional. Reconozco que no es plato para el gran público pero al menos siento que ha querido hacer algo que por otros derroteros habría sido más trillado.  

Premio a los actores



Ken Loach, director, y Paul Laverty, guionista, presentan El viejo roble cuyo actor Dave Turner consiguió el premio a Mejor Actor


 
Que hay gente que sin dedicarse a la actuación pudiera dar el salto a la interpretación es un hecho que ya lo confirmaron en el Neorrealismo de los 40 Rossellini, Visconti y compañía. Dave Turner es un ejemplo de ello. Bombero y hostelero de profesión, pasó al cine cuando Ken Loach lo eligió para papeles secundarios en Yo, Daniel Blake (2016) y Sorry We Missed You (2019). El Jurado ha debido ver una actuación premiable en su papel protagonista como el dueño de un pub venido a menos en el norte de Inglaterra en el filme 'El viejo roble'. El pasado de una esplendorosa industria minera ha quedado en el olvido y la depresión económica azota la región. A ello se suma la llegada al pueblo de unos refugiados sirios que sacudirá los más ocultos sentimientos de los habitantes del lugar: racismo y sensación de injusticia. El regente del pub El viejo roble tendrá que apaciguar los ánimos autóctonos y echar una mano a la nueva comunidad que no eligió Inglaterra por gusto. Loach rueda una película flojita, que llega al corazón del público, sí, pero que no oculta su demagogia y su subrayado tanto en el mensaje -la colectividad del  comunismo frente al individualismo del liberalismo para lograr una sociedad más justa- como en la composición de los personajes: sirios refugiados buenísimos, la clase proletaria inglesa malísima, salvo el prota TJ Ballantyne y una mujer oenegeta que ayuda a aquellos en su integración. No es su mejor película ni de lejos pero obtuvo, además, el Premio del Público
 
Aprovecho para comentar que el actor Andrew Scott protagonista de 'Desconocidos' bien pudiera haber sido el que se llevara el gato al agua. Desgraciadamente, la obra del también británico Andrew Haig se fue sin ninguna recompensa. Toda una injusticia para una historia muy interesante y contada con pulso y emoción. El argumento está basado en una novela japonesa y plantea la cuestión de qué pasaría si tuvieras la oportunidad de volver a ver a tus padres fallecidos hace tiempo.

 
 

 
Nada que objetar al premio Mejor Actriz que fue a parar Léa Seydoux por su trabajo en 'The Beast' de Bertrand Bonello. Se trata de la adaptación de un relato corto de Henry James, La bestia en la jungla, escrito en 1903. Bonello lleva este relato a tres momentos temporales: 1910, 2014 y 2044. Se hace larga, confusa en su montaje y reiterativa en su desarrollo. De las tres épocas, es en la primera donde Léa Seydoux está más acertada. El director no acierta en su loable intento de contar una historia mediante tres géneros diferentes: el melodrama, el thriller y la ciencia ficción. El tema moral que aborda James en su relato, el de la necesidad de comprometerse auténticamente en el amor y la pulsión egoísta y evasiva que huye de ese compromiso, se ve confuso en esta adaptación cinematográfica.
 
 

Merecidos los premios de guion y montaje

 

 
'El rapto' del octogenario autor italiano Marco Bellocchio se llevó el premio a Mejor Guion. Sabe a poco, pues esta obra de más de dos horas se merecía mucho más. Curiosamente, un compañero me decía que era un filme clásico, como si eso fuera un desdoro a su valía. Se ve con interés de principio a fin y contiene momentos de gran cine. Bellochio a sus 83 años sabe lo que es una cámara y sabe cuándo debe usar el plano general, el medio y el primer plano, sabe cuándo mostrar Bolonia, sabe cómo iluminar y sabe como dirigir a los actores hasta lograr escenas tan fascinantes como el momento en que un niño en sueños desclava a Jesucristo crucificado o una madre mantiene una tensa y emotiva conversación con un religioso para recuperar a su hijo.
 
Estamos en 1858 en un barrio judío de Bolonia. Por orden del cardenal de la Santa Inquisición, unos hombres entran en casa de la familia Mortara para llevarse a uno de los hijos, Edgardo, por saberse que ha sido misteriosamente bautizado cristianamente. La ley papal hace que deba recibir una educación católica a pesar de la familia. La lucha por recuperar a su hijo por parte de unos padres angustiados por una situación absurda será el eje dramático. Como telón histórico de fondo, Bellocchio describe muy bien cómo los Estados Pontificios, regidos por el papa Pío IX, van a ser aniquilados para formar parte del nacimiento de Italia como Estado, del mismo modo en que Edgardo irá siendo domeñado hasta convertirse en un buen cura católico. El drama me recuerda a 'Centauros del desierto' (1956) con la búsqueda de la secuestrada sobrina de Ethan por parte de los comanches y la triste recuperación de esta convertida, tras años de búsqueda, en una comanche más. Curiosamente, un compañero me desvela que Edgardo Mortara tiene una calle en la localidad guipuzcoana de Oñate.

 
Sala de profesores de Ilker Çcatak se llevó el premio al Mejor Montaje

 
Otra de las notables películas que hemos visto en esta edición, no hubo en mi opinión obras sobresalientes, se trata de 'Sala de profesores' del alemán Ilker Çatak. Merecido el premio al Mejor Montaje a Gesa Jáger. Es una historia de 94 minutos que se ve con sumo interés y que no permite ir al baño ni al frigorífico -si se está en casa-  hasta que no acaba. Narra la historia de Carla Nowak (fantástica Leonie Benesch, que podría haberse llevado el premio a la interpretación), profesora de un instituto. Se nota que lo suyo es vocacional, se viste por los pies, tiene integridad y respeta a los alumnos, los comprende y los apoya. Cuando se registra una serie de robos en el centro, las sospechas recaen en un alumno. Ella decide buscar al sospechoso y aclarar todo. Sin embargo, su acto tendrá unas consecuencias inesperadas para todas las partes que conforman ese microcosmos: padres, profesores, alumnos y demás personal. Me gusta porque nada es blanco y negro, todo tiene matices en esta historia de suspense y que coloca a Carla, y por ende, a nosotros como espectadores, en un estado de tensión difícilmente soportable. El final es digno de los tiempos educativos en que vivimos. Alemania ha decidido -con gran acierto- enviarla a los Oscar de 2024.

Hasta aquí ha llegado lo que el escaparate de este blog ha podido mostrar en torno a la 68º edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. 17 películas a concurso y muchas más en otras sesiones. De entre las vistas en ellas, no quisiera dejar de mencionar por su valor cinematográfico y para quien quiera tomar nota de una obra que roza lo sobresaliente. Se trata de 'En nombre de la tierra' de DK Welchan y Hugh Welchman, los cuales han usado la técnica de 'paint on glass' - como lo hicieron para Loving Vincent (2017)- para narrar una bella historia en la Polonia rural a caballo entre los siglos XIX y XX. Una joyita que no deberían perderse por la cuenta que les tiene.







viernes, 20 de octubre de 2023

SEMINCI 2023: Nueva etapa, nueva ilusión

Arranca la Seminci con José Luis Cienfuegos como nuevo director


17 largometrajes compiten en la Sección Oficial de la 68 Semana Internacional de Cine de Valladolid entre los que destacan obras dirigidas por Bertrand Bonello, Marco Bellocchio o Ken Loach




NOVEDADES 


Al llegar hoy a Valladolid, hay cosas que se repiten como las estaciones del año. Una de ellas es ver la fachada del Teatro Calderón con su engalanada fachada anunciando que otro año más por estas fechas de finales de octubre y llegada del otoño empieza nueva edición de la SEMINCI. 68 años cumple ya uno de los festivales de cine más importantes de España. Enfrente del Teatro cuasi bicentenario, está la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias. Angustia es lo que tengo yo este año. Y me explico. Esta edición no la presenta Javier Angulo, pues ha cedido el testigo a José Luis Cienfuegos, el cual ya tiene un amplio bagaje en esto de llevar eventos cinematográficos (Gijón y Sevilla, por ejemplo).

Uno espera que el cambio traiga novedades... o no. Porque si ya funciona bien algo para qué cambiar, salvo algunas cosas que puedan indicar que hay nuevo patrón. Para empezar, en la Sección Oficial se nota la novedad: de las 17 más 6 obras que no van a concurso, hay mucho cine español: La mirada oculta, El amor de Andrea, La contadora de películas, La imatge permanent, El maestro que prometió el mar, Mamacruz, Que nadie duerma, etc., así hasta 10 películas. ¿Demasiadas? Eso dependerá de la calidad. Nuestra Señora de las Angustias me mira con cierta sorna.

Un pequeño cambio a peor. El programa que ahora se regala en todos los kioskos de Valladolid ha empequeñecido. El papel se va achicando. El Zinemaldia de San Sebastián ha dejado este año de editar el programa con toda la programación. Llega lo digital.


José Luis Cienfuegos afronta la dirección de la SEMINCI de Valladolid en la 68 edición.



NUEVAS SECCIONES


Otra de las novedades de Cienfuegos es separar los cortometrajes que acompañaban a cada largo en la sección oficial. Los proyectará en dos bloques. En mi opinión, flaco favor les hace y ya veremos cuánta gente ahora saca entrada para sendas proyecciones.

Punto de Encuentro con 15 títulos de nuevos directores que comienzan a despuntar en el panorama cinematográfico y Tiempo de Historia, que con 12 títulos abordan aspectos cotidianos y colectivos en formato documental, se mantienen. Sin embargo, la directiva actual ha preferido suprimir bloques temáticos de otros años, por la nueva sección Memoria y Utopia, que en palabras de la dirección responde a "quince obras maestras olvidadas, censuradas, perdidas e incluso destruidas y recuperadas ahora gracias a procesos de restauración y conservación". Así tendremos a directores como Hou Hsiao Hsien, Nanni Moretti o Chantal Akerman entre otros.


También novedosa es "Academia del Cine Europeo". Al parecer esta sección ya estaba atada antes de que Javier Angulo dejara el cargo.  El comité ejecutivo de la Academia celebra su reunión anual en el marco de la 68 Seminci y se traen del brazo siete películas que ya tuvimos oportunidad de ver en el Zinemaldia: la Palma de Oro y cuatro candidatas al Óscar por sus respetivos países y autores del prestigio como Aki Kaurismáki, Matteo Garrone, Jonathan Glazer o Christian Petzold.

Otra novedad responde al nombre de "Alquimias", que nace "con la voluntad de presentar historias arraigadas en latitudes diversas que fotografían un momento y un lugar determinados al tiempo que componen un fresco elocuente de la condición humana". Me temo que será lo menos visto.

CINE HINDÚ Y PROYECCIONES ESPECIALES


Este año la cinematografía invitada es la India, espejo de los sueños. Se ofrecen siete películas realizadas en los últimos años junto con otras siete que forman parte de la historia del cine de India, presentadas en copias recientemente restauradas y en su mayoría inéditas en nuestro país.


Como sucede en los últimos años, Seminci realiza proyecciones especiales con música. Esta 68 edición se podrá disfrutar de The Kid Brother, clásico del cine mudo protagonizado por Harold Lloyd, que se proyectará en un concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en el Centro Cultural Miguel Delibres el próximo jueves, 26 de octubre.

Otra proyección especial es la que tendrá lugar con el concierto Plena pausa, que reúne la música de J, de Los Planetas y el cine recuperado del donostiarra Iván Zulueta. No quiero dejar de apuntar la proyección de un filme que no tuvo estreno en España en su día, La habitación verde (1978) de François Truffaut.








ESPIGAS DE HONOR... FEMENINAS


Como viene siendo habitual en los últimos años, la mujer será protagonista. Este es el caso de las que recibirán sendas Espigas de Honor este año: Blanca Portillo, que presenta Teresa de Paula Ortiz fuera de concurso, la británica Charlotte Rampling, que lo recibira en la clausura con la proyección especial de Jupiner de Matthew Saville. La proyección de La habitación verde servirá de marco para una tercera Espiga, esta vez para Nathlie Baye, actriz francesa que acumula cuatro premios César, la Copa Volpi de Venecia y la Concha de Plata donostiarra. Una cuarta Espiga será para Kiti Manver, que presenta Mamacruz de Patricia Ortega, su último trabajo.

Por último, una quinta Espiga irá a parar a una institución como la Academia del Cine Europeo, cuyo lema "unir a cuantos aman el cine europeo", cumple 35 años desde que en 1988 en Berlín Occidental fue capital europea de la cultura y acogió los primeros Premios del Cine Europeo.

Larga vida al cine y a la SEMINCI.

lunes, 16 de octubre de 2023

Zinebi 2023: Iván Zulueta, Wiseman y largometrajes a concurso

Zinebi 2023 recupera la obra inédita de Iván Zulueta y anuncia los ocho largometrajes a concurso


Zinebi proyectará la totalidad de materiales recuperados y digitalizados en 4K por la Filmoteca Española procedentes del archivo del propio director y que habían permanecido inéditos hasta hace menos de un año.

 


 
 
La obra fílmica de Iván Zulueta prácticamente se ciñe a dos obras señeras: 'Un, dos, tres... al escondite inglés' (1970), comedia musical que dicen se rodó sin un guión previo y que trataba de parodiar los concursos musicales como Eurovisión tras el éxito de Massiel, y diez años después la que le ha dado una fama entre un círculo arcano cinéfilo como es Arrebato (1979), interpretada por Eusebio Poncela y Cecilia Roth. 
 
Pues bien, alguien ha debido descubrir un material propiedad de Zulueta de casi ocho horas que se creían perdidos o sobre cuya existencia prácticamente no había ni constancia. El material abarca cinco décadas: desde los años 30 en que eran los padres del propio Iván los que rodaban hasta finales de los años 80. Se lo ha etiquetado como "A/Z Zulueta inédito" y Zinebi ha decidido proyectar parte de todo ese material el miércoles 15 de noviembre -se trata del programa titulado "Apuntes y bocetos", que incluye material rodado por Zulueta entre 1969 y 1987-, mientras que el resto se exhibirán en los Cines Golem Alhóndiga una semana antes de que se inicie el Zinebi. Todo el material fílmico se ofrece sin alterar, tal y como aparecieron en el archivo de Iván Zulueta salvo algunos extractos que no fueron rodados por él mismo.
 
Por otra parte, Zinebi también tiene proyectado para el día 18 de noviembre, sábado, en el Teatro Arriaga la actuación en directo del grupo de rock granadino Los Planetas, que presentará por primera vez en Euskadi "Plena Pausa". Un curioso proyecto musical ya que está basado en la musicalización de parte del archivo fílmico del cineasta guipuzcoano que proyectará Zinebi.
 

Largometrajes a concurso

 
Zinebi también ha anunciado las nueve películas que participarán en el concurso internacional ZIFF, que en 2023 alcanza ya su 8º edición. Las películas seleccionadas competirán por el Gran Premio ZIFF, dotado con 12.000 € (el de mayor cuantía de todo el palmarés del Festival) y por el Premio del Jurado Joven (UPV/EHU), que otorgará un jurado compuesto por estudiantes de cine de universidades de toda España dotado con 2.000 €.
 
De entre los largometrajes a concurso podemos destacar: 'Playland' de Georden West documental sobre el Playland Café, el bar gay más antiguo de Boston (fundado en 1937 y cerrado en 1998) y que compitió en Rotterdam; el debut de la productora guipuzcoana Tamara García Iglesias con 'Zarata', sobre el modo en que la vida privada afecta al arte; 'In the Rearview' del director polaco Maciek Hamela y presentada en Cannes, que ha conseguido convertir una experiencia personal en una película como es el testimonio de sus viajes en furgoneta para poner a salvo en Polonia a los refugiados ucranianos; o, por último, la ficción estrenada en Venecia 'Milk' de Stefanie Polk, que explora el vínculo entre una madre y su bebé muerto.
 
 
 
Milk de Stefanie Polk se proyecta en el Zinebi. La protagonizada por Frieda Barnhard, una de las actrices holandesas más prometedoras de su generación.

 
 

Mikeldi de Honor al documentalista Frederick Wiseman

 
 
Frederick Wiseman, Mikeldi de Honor 2023


Zinebi también ha anunciado que en su 65ª edición entregará su Mikeldi de Honor al maestro del documental Frederick Wiseman. Visitará Bilbao para recoger el premio honorífico en la gala de inauguración del certamen el día 10 de noviembre. Wiseman (Boston, Massachusetts, EE. UU.,1930) fue reconocido en 2016 con el Óscar honorífico por toda su carrera. A sus casi 94 años todavía sigue en activo. Además de su presencia en el Teatro Arriaga, el espectador podrá ver su reciente documental 'Menus Plaisirs-Les Troisgros', presentado en Venecia.
 
El Festival ha decidido galardonarlo por su decisiva contribución a la definición de lo que mayoritariamente entendemos por documental cinematográfico, y específicamente en el ámbito del documental observacional. A sus casi 94 años, su imponente filmografía (cerca de 50 largometrajes) le ha conferido el aura de un cineasta legendario, capaz de seguir exhibiendo en cada obra documental la misma intuición de la que dio prueba en su seminal 'Titicut Follies' (1967), donde retrataba la vida de los reclusos de una prisión psiquiátrica de Massachussets que se desarrola ante una audiencia que todavía hoy queda impactada por la realidad que recoge la cámara "invisible" de Wiseman.

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